Debate académico en el NBER sobre el “Brexit” del Reino Unido

La Oficina Nacional de Investigación Económica (National Bureau of Economic Research, NBER) es una organización sin fines de lucro estadounidense de investigación cuyo objetivo principal es difundir entre los gestores de la política económica, los profesionales de las empresas y la comunidad académica las investigaciones económicas independientes que promueve.

El NBER es la mayor organización de investigación económica en los EE.UU. y la de mayor prestigio. Muchos de los ganadores de los Premio Nobel de Economía y los miembros del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de EE.UU. han sido en el pasado y son en la actualidad investigadores asociados de la organización. El presidente actual del NBER es James M. Poterba catedrático de Economía del MIT (Massachusetts Institute of Technology), Bostón, EE.UU.

El pasado 16 de julio de 2016, el NBER organizó un workshop sobre las “Consecuencias económicas del Brexit” (la salida del Reino Unido de la Unión Europea). Modera el workshop, Jeffrey Frankel, catedrático de Economía de Harvard University, Bostón, EE.UU. Participan en el workshop: Richard Baldwin, catedrático de Economía del Graduate Institute de Ginebra, Suiza; Anil Kashyap, catedrático de Economía de University of Chicago, Chicago, EE.UU.;  Hélène Rey, catedrática de Economía de London Business School, Londres, Reino Unido; y Thomas Sampson, profesor ayudante de Economía de London School of Economics, Londres, Reino Unido.

Espero que sea de utilidad para las clases de mis colegas de Economía Europea y de Economía Internacional. Disfruten del vídeo del workshop y practiquen el inglés:

Convergencia real en la Unión Europea y en la zona del euro, 1999-2014

El Banco Central Europeo (BCE) acaba de publicar un informe sobre la convergencia real de las economías del conjunto de la Unión Europea (UE-28) y de las 12 economías de la zona del euro. El estudio cubre el período desde la implantación de la moneda única en 1999 hasta el año 2014. Una de las ventajas que se esgrimió para la creación del euro fue que se impulsaría la convergencia real de las economías (o la convergencia de los niveles de renta per cápita). Pero ha ocurrido lo contrario.

La convergencia real se mide habitualmente por el PIB real per cápita (en adelante niveles de renta). La convergencia real sostenible es el proceso que propicia que los niveles de PIB per cápita de las economías de renta más baja se aproximen de forma permanente con los de las economías de renta más alta.

En la literatura académica relacionada con el crecimiento económico, la convergencia real se mide con dos indicadores complementarios: la convergencia beta (conocida también como β-convergencia) y la convergencia sigma (conocida también como σ–convergencia). El primer tipo de convergencia se produce cuando las economías de renta más baja crecen más rápidamente que las de renta más alta, por lo que experimentan un proceso de convergencia económica real. Este indicador se mide en términos de PIB relativo per cápita en paridad de poder de compra (PPC) (en inglés, GDP per capita in PPS). El segundo indicador se refiere a una reducción de la dispersión de los niveles de renta entre las economías.

La convergencia real implica que los países de renta más baja puedan crecer de forma sostenible a un ritmo más rápido que los países de renta más alta y, como resultado, se producirá la convergencia de sus niveles de renta con los de los países de renta más alta. Por ello,  la convergencia real corresponde, esencialmente, a la dimensión β de la convergencia, siendo la convergencia σ una condición necesaria para la convergencia β.

En el primer gráfico se representa una aproximación a la convergencia real con el concepto de convergencia beta desde el inicio del euro entre los países de la UE-28 y en los países de la zona del euro. [1] [2] [3]

En el eje horizontal se representa el PIB relativo per cápita en paridad de poder de compra de cada país en 1999 respecto a la media de la UE-28 y en el eje vertical se representa el cambio de ese indicador entre 1999 y 2014.

Del análisis de los datos del gráfico anterior cabe destacar que si ha habido convergencia real en el conjunto de la UE-28 (triángulo verde) entre 1999 y 2014, aunque este resultado muestra procesos de convergencia y divergencia entre los distintos países. En primer lugar, los países de la UE-28 que no pertenecen a la zona del euro (triángulo rojo) y aquellos países que entraron en la zona euro después de 2002 (círculos amarillos) muestran mejor comportamiento relativo en relación al proceso de convergencia real que los 12 países pioneros de la zona del euro (Euro 12, cuadrados azules oscuros y claros). En segundo lugar, los países que muestran mejor grado de convergencia real con la media de la UE-28 son Estonia, Letonia, Lituania, Rumania y Eslovaquia, seguidos por el resto de países del grupo de la Europa Central y Oriental (en inglés, CEE = Central and Eastern Europe). Por último, no se ha producido un proceso de convergencia real entre los 12 países que adoptaron el euro en 1999 y posteriormente en 2001. Por último, en el lado opuesto destacar la divergencia en la renta per cápita registrada en España y Portugal (sólo han logrado mantenerla) y el aumento significativo de la divergencia (Grecia y especialmente Italia).

En el segundo gráfico se aproxima la convergencia sigma, es decir, la dispersión de los niveles de renta entre las economías.

Como muestran los datos del gráfico anterior, se ha producido convergencia sigma entre el conjunto de los países de la UE-28, pero también una caída de la convergencia sigma en los 12 países pioneros de la zona del euro (Euro 12).

El informe del BCE destaca el conjunto de factores que han impedido la convergencia real entre los 12 países que adoptaron el euro en 1999 y 2001 (Euro 12): a) la debilidad de las instituciones nacionales (baja efectividad de las políticas y de las gobernanzas, baja calidad de las regulaciones medioambientales y elevada economía sumergida, entre otros); b) las rigideces estructurales en los mercados de productos y trabajo); c) la débil respuesta de la política económica a los ciclos alcistas de los precios de los activos (especialmente en la vivienda y la construcción) y al excesivo endeudamiento de las familias y empresas no financieras; d) y el débil crecimiento de la productividad.

Centrémonos en el papel  clave del crecimiento de la productividad en el proceso de convergencia económica real.  En el siguiente gráfico se muestra la relación entre la renta per cápita en 1999 y el cambio en el crecimiento de la Productividad Total de los Factores (PTF) (en inglés, TFP Total Factor Productivity) de cada país entre 2014 y 1999.  Recordemos que la PTF mide la eficiencia con la que el factor trabajo y el factor capital se utilizan en el proceso de producción y, por lo tanto, aproxima  la contribución del progreso técnico al avance del crecimiento de la productividad del trabajo y, en última instancia, al crecimiento real y potencial de la producción en el largo plazo.

En primer lugar, los países de la UE-28 con niveles relativos de renta per cápita más bajos tienden a exhibir un mayor crecimiento de la PTF, lo que ayuda al proceso de convergencia real en el conjunto de la Unión Europea, aunque este resultado muestra comportamientos heterogéneos en la evolución de la PTF entre los distintos países.

En segundo lugar, los países pioneros de la zona del euro (Euro-12) con niveles de renta iniciales más altos (Alemania, Austria, Holanda, Francia, Bélgica, Finlandia) incluso han tendido, en promedio, a registrar un mayor crecimiento de la PTF que los países de la zona euro con niveles de renta más bajos (España, Portugal y Grecia).  Resulta sorprendente, que a pesar de los importantes flujos financieros canalizados hacia los países de bajos ingresos desde el inicio de la moneda única (en forma de créditos e inversiones netas del resto de la zona del euro)  estos flujos de capital no han logrado generar un proceso de convergencia de la productividad en el período anterior a la crisis económica y financiera de 2008, y ello ha dificultado, sin duda, el proceso de convergencia real. La crisis ha puesto de manifiesto que la abundancia de flujos de capital en los países con niveles de renta más bajos de la zona del euro no ha podido contribuir a una convergencia real sostenible en el tiempo. La causa está en que estos flujos de capital se asignaron de forma ineficiente en sus economías en sectores que no impulsaron la PTF (construcción y vivienda, exceso de consumo apoyado en abundante y barato crédito bancario, gasto público corriente ineficiente).

En tercer lugar, el comportamiento de la evolución de la PTF de Italia es muy negativo para su economía, ya que es el único país (junto a Chipre) que registra una caída de la productividad en el período 1999-2014. Este comportamiento explica en gran medida la significativa divergencia real de su economía con el resto de países de UE-28 que se observó en el primer gráfico.

Finalmente, hay que recordar que para que la convergencia real sea sostenible en el tiempo, el crecimiento del PIB potencial per cápita a largo plazo ha de ser compatible con una expansión de la demanda agregada, circunstancia que no está ocurriendo en algunas de las economías europeas.

———-

[1] Países de la zona del euro 12 representados con un cuadrado azul claro: FI = Finlandia, IE = Irlanda, DE = Alemania, AT = Austria, NL = Holanda, BE = Bégica, FRA = Francia. Países de la zona del euro representados con un cuadrado azul oscuro: PT = Portugal, GR = Grecia, ES = España, IT = Italia. Luxemburgo de los 12 países del euro porque su PIB per cápita está sesgado por el elevado número de trabajadores que cruzan la frontera para trabajar en su territorio.

[2] Otros países de la zona del euro 18 (no euro 12) representados por un circulo amarillo: LT = Lituania, EE = Estonia, LV = Letonia, SK = Eslovaquia, SI = Eslovenia, MT = Malta, CY = Chipre.

[3] Resto de países de la UE-28 que no forman parte de la zona del euro representados por un triángulo rojo: RO = Rumania, BG = Bulgaria, PL = Polonia, HU = Hungría, HR = Croacia, SE = Suecia, DK = Dinamarca, UK = Reino Unido, CZ = República Checa.

Mayo electoral

Dos recientes titulares periodísticos han acertado al apuntar al centro de las preocupaciones que suscita la próxima cita de los ciudadanos de la UE ante las urnas para renovar la Eurocámara. “Europa contra Europa” (ABC) y “No son unas primarias” (EL PAÍS, resumiendo un documento del Círculo Cívico de Opinión).

El primero, a su vez, tiene dos rostros. Uno, la muy elevada abstención prevista: desde el 62 por ciento en 1979, cuando se convocaron por primera vez, la participación ha caído sostenidamente, hasta el 43 por ciento de hace cinco años, con fundado temor de que esa baja cota se reduzca ahora, expresando una desafección que los efectos sociales de la crisis económica ha hecho crecer con fuerza. Los eurobarómetros son inequívocos: si antes de ensombrecerse el escenario económico, en 2007, el nivel de confianza en las instituciones europeas alcanzaba el 57 por ciento, hoy ha bajado hasta el 31 por ciento. Desempleo, empobrecimiento, y desigualdad, además del afloramiento de tantos llamativos casos de malas prácticas de gestión, tanto en el ámbito público como en el privado, pasan una elevada factura no contrarrestada por los importantes avances en el proceso de integración alentados por la propia crisis, desde el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la UEM, hasta la Unión Bancaria, con pasos determinantes ya bien fechados: supervisor único, que empezará a ser operativo en este mismo año, el Mecanismo Único de Resolución, que entrará en vigor en enero de 2015 y el Fondo Único de Resolución, previsto para enero de 2016.

Esa desconfianza que no deja de aumentar es el terreno propicio para el cultivo de la “eurofobia”, el otro inquietante aspecto sugerido por el rótulo que enfrenta a Europa contra sí misma. La desafección con el proyecto europeo y el auge del populismo están dando alas a partidos y formaciones políticas que cabe tildar genéricamente de “eurófobos”. La mayor parte son de derecha o de extrema derecha, pero es una toma de posición que ha permeado también a sectores de la izquierda del espectro político, que culpan a la UE de los recortes sociales en estos años. Comparten, eso sí, propuestas comunes: sabiendo que el euro y la libertad de circulación de personas constituyen hoy el núcleo de la identidad de la UE, preconizan consecuentemente la vuelta a las monedas de cada país y el cierre de las fronteras nacionales a los inmigrantes comunitarios o extracomunitarios. Según las encuestas más recientes, en intención de voto, son ya la primera o segunda fuerza electoral en Francia, Reino Unido, Italia, Holanda, Austria, Grecia, Hungría, Polonia y República Checa, y tercera o cuarta en Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Eslovaquia, Lituania y Bulgaria, ganando también enteros en países donde tradicionalmente no han estado presentes, como Alemania o Suecia. Trasladado a números, ello supone que, aún siendo un universo heterogéneo y fragmentado, los eurófobos de uno u otro tono podrían alcanzar cerca de los 200 eurodiputados, una suma con la que les será factible influir decisivamente sobre las grandes fuerzas parlamentarias o más europeístas (socialistas, conservadores y liberales). Europeos contra Europa.

Y no son unas primarias las elecciones europarlamentarias, por más que los partidos políticos las planteen en clave nacional. Es cierto que al dirimirse en un sistema basado en circunscripciones y listas nacionales, es grande la tentación, con cada convocatoria, de convertir las elecciones europeas en unas elecciones intermedias o primarias de las generales. Pero este proceder supone hurtar la posibilidad de un debate informado sobre la Unión Europea en el que los ciudadanos tengamos la oportunidad de juzgar las políticas adoptadas y, a la vez, señalar como queremos ser gobernados durante el próximo lustro. Utilizar estas elecciones como unas primarias de las generales no sólo devalúa la democracia: también disminuye la relevancia y la capacidad de acción de Europa como actor global en un mundo cambiante y multipolar.

Nuevos derechos anti-dumping de la Unión Europea a la importación de baldosas cerámicas de China

Con una industria bajo un mercado de competencia imperfecta con productos homogéneos, las empresas pueden cobrar precios distintos en diferentes países y lo harán siempre que dicha estrategia de discriminación de precios le resulte rentable. Bajo está estrategia, el dumping consiste en la venta por parte de una empresa extranjera de un producto en el mercado exterior a un precio inferior al que vende en su mercado nacional (o alternativamente, con un precio de venta en el mercado exterior inferior al coste medio de producción).

El dumping es una práctica habitual en el comercio internacional [1] y las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) permiten que un país importador pueda establecer aranceles al producto que la empresa extranjera está exportando en condiciones de dumping. Este derecho arancelario se denomina arancel o derecho anti-dumping y se calcularía como la diferencia entre el precio nacional del exportador y el precio con dumping en el mercado del país importador. Hay que tener en cuenta que el arancel anti-dumping hace aumentar el precio pagado por los consumidores nacionales y genera una pérdida de eficiencia productiva en el país importador.

En la Ronda Uruguay de negociaciones comerciales de la OMC (1986-1994) se aprobó un Acuerdo relativo a la aplicación del artículo VI (medidas anti-dumping) del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio de 1994[2] Este “Acuerdo Anti-dumping” se centra en la manera en que los gobiernos pueden o no reaccionar ante el dumping y desarrolla los principios fundamentales establecidos en el artículo VI del con miras a su aplicación a la investigación, determinación y aplicación de derechos anti-dumping.

La Comisión Europea ha aprobado recientemente un nuevo reglamento por el que se establecen derechos anti-dumping a la importación de baldosas de cerámica originarias de China[3] El procedimiento sobre el posible dumping se ha desarrollado con datos del período comprendido entre el 1 de abril de 2009 y el 31 de marzo de 2010. El procedimiento se abrió tras una denuncia de la European Ceramic Tile Manufactures’s Federation (Federación Europea de Fabricantes de Baldosas de Cerámica) en nombre de las empresas que representan más del 30% de la producción total de baldosas de cerámica de la Unión Europea.

El reglamento comunitario establece los derechos anti-dumping a las importaciones de este producto fabricado en China por un periodo de 5 años y con dos tipos de aranceles: i) entre el 26,3% y el 36,5% para las cuatro empresas o grupos de empresas chinas que han cooperado con la investigación; ii) el 69,7% para las empresas o grupos de empresas chinas que no cooperaron con la investigación y que suponen más de dos tercios de las exportaciones originarias de China con destino a la Unión Europea.

Del reglamento comunitario se pueden destacar algunas conclusiones relevantes sobre el perjuicio del dumping de las empresas chinas sobre la industria de baldosas cerámicas de la Unión Europea:

  • El aumento de la  cuota de mercado de las importaciones chinas coincide con la reducción de los beneficios de la industria de la Unión Europea y con el aumento del volumen de existencias.
  • La industria de la Unión Europea y los importadores comunitarios de baldosas de cerámicas chinas vendían en gran medida a los mismos clientes, lo que supone que la industria de la Unión Europea competía directamente con las importaciones objeto de dumping para conseguir pedidos.
  • La presión de los precios y no sólo los volúmenes de las importaciones de China fue lo que provocó la reducción de la rentabilidad de la industria de la Unión Europea y el deterioro significativo de otros indicadores.

Los objetivos de los derechos anti-dumping a la importación de baldosas de cerámica originarias de China quedan claros en el texto de este reglamento:

  • Efectos beneficiosos en las condiciones competitivas en el mercado de baldosas de cerámica de la Unión Europea.
  • Impacto limitado en los consumidores e importadores comunitarios de baldosas importadas de China que podrán abastecerse gracias a una gran variedad de proveedores del mercado comunitario y de terceros países.

Finalmente, recordar que en 2010 la industria de baldosas cerámicas de la Unión Europea facturó en 2010 cerca de 9000 millones de euros y empleó de forma directa a 75.000 trabajadores, con más de 500 empresas, de las cuales un 80% son pequeñas y medianas empresas. El sector cerámico español daba empleo directo en 2010 a unos 16.200 trabajadores en empresas que, en su mayoría, son pequeñas y medianas empresas. Se calcula que la industria española genera más de 5.000 empleos indirectos. De la facturación global de la industria cerámico español, el 65% corresponde a exportaciones y el resto de las ventas se destinan al mercado nacional.

———

[1] Lista de casos tratados en la OMC en relación a la aplicación de derechos anti-dumping.

[2] GATT en sus siglas en inglés.

[3] Las medidas se aplican a baldosas de cerámica, esmaltadas o no, para pavimentación o revestimiento; a mosaicos, esmaltados o no; y a artículos similares de cerámica sean o no rectangulares, incluso con soporte.

Visita nuestra web para información sobre actividades

http://www.alde.es