Proteccionismo versus libre comercio: la guerra comercial de los EE.UU.

El nuevo presidente de EE.UU., Donald Trump, ha empezado a poner en marcha una nueva política comercial basada en el proteccionismo y la no participación de su país en los Acuerdos de Libre Comercio (ALC) en vigor o en fase de negociación.

Pero quizá el eje más radical de esta nueva orientación económica es el inicio de guerras comerciales con el resto del mundo.

En esta entrada del Blog vamos a poner al día las decisiones que suponen la imposición de aranceles a las importaciones de bienes de EE.UU. y las represalias arancelarias que han tomado algunos de los países afectados. Las medidas están actualizadas a 30 de junio.

a) Nuevos aranceles a las importaciones de bienes de EE.UU.

b) Represalias arancelarias de los países afectados a las exportaciones de bienes de EE.UU.

La tesis del Presidente Trump para apoyar su políticas comerciales proteccionistas es que su país no puede seguir soportando el enorme déficit comercial que registra con el resto del mundo. Pero como se puede observar en los dos gráficos siguientes el déficit comercial (o de bienes) no es tan elevado: 68.265 millones de dólares en mayo de 2018, el mismo que hace 10 años. Y si lo comparamos con el PIB de EE.UU. su importancia se relativiza (-4.42% del PIB, el mismo que en 2002).

Pero hay más argumentos para contrarrestar las tesis de Donald Trump: el comercio internacional no se refiere solo a los bienes; también involucra a los servicios. Y aquí, EE.UU. realmente disfruta de un superávit en la sub-balanza conjunta. Así, en el siguiente gráfico de la balanza comercial de bienes y servicios se muestra que a finales del primer trimestre de 2018, el déficit con el exterior era de tan sólo el -3.12% del PIB, claramente por debajo del déficit comercial.

¿Ha perjudicado el libre comercio a la industria manufacturera de EE.UU.?: el caso de la industria del automóvil, 2000-2016

Uno de los lemas preferidos de Donald Trump en la campaña de la Presidencia de los EE.UU. fue: Yes, We Can “Make America Great Again”. Pero los instrumentos que propone para lograr recuperar los puestos de trabajo perdidos en la industria manufacturera americana en las últimas décadas no parecen los más adecuados.

El ya electo Presidente propone una combinación de mayor proteccionismo comercial, mediante la imposición de aranceles y otras barreras no arancelarias al comercio, junto a la derogación de Tratados Comerciales de Libre Comercio en vigor y la paralización de las conversaciones de los nuevos Tratados Comerciales en curso.

Un ejemplo que debería tener en cuenta Trump – que va en la línea contraría de sus propuestas – es el de la industria automovilística americana. El anterior Presidente Obama logro salvar de la bancarrota a esta industria en 2009 con cuantiosas ayudas públicas. En concreto, GM y Chrysler, recibieron las ayudas y sólo Ford quedo fuera del rescate.

En el gráfico adjunto se muestra la evolución de la producción y del empleo de la industria del automóvil de los EE.UU. desde enero de 2000 a septiembre de 2016.

Las cifras muestran la caída de más del 50% en la producción y en el empleo entre el año 2000 y el 2008, aunque la caída de la producción se concentró en los años 2007 y 2008, coincidiendo con el inicio de la crisis financiera internacional. El aumento de los precios del petróleo y de los combustibles, la caída del crédito al consumo, el aumento acumulado de los costes laborales unitarios y la especialización en coches con un alto consumo de combustible, fueron las principales causas de la crisis reciente de la industria del automóvil americano.

A partir de la intervención del Gobierno Federal (y el de Canadá) el panorama cambia por completo. Las cifras de la producción se disparan e incluso el empleo se esta recuperando desde 2009. Los factores que han propiciado esta recuperación son la introducción de nuevas tecnologías para el ahorro de combustible, la inversión en I+D+i, la reducción de costes y el aumento de la eficiencia productiva de las plantas.

Este es el camino que deberían seguir el resto de sectores manufactureros (muebles, textil, producción de acero, entre otros). El otro camino – la utilización del proteccionismo comercial- , que propugna Donald Trump es el equivocado a largo plazo.

Y para terminar, es interesante destacar como un defensor a ultranza del proteccionismo comercial (sobre todo con China)  lleva en su campaña corbatas de seda que no son fabricadas en EE.UU.:

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