El terremoto que ahogó al Castor

castor

Ilustración: Carlos Sánchez Aranda

Texto: Jordi Paniagua

Valencia, 24.10.2015. En la escuela de ingenieros me enseñaron que casi todos los proyectos son técnicamente viables. Existen pocas barreras tecnológicas insuperables: el ingenio humano es prácticamente ilimitado.  Hemos construido aviones, rascacielos y teléfonos móviles. Hemos conseguido aterrizado un cometa que surcaba el espacio a 64,000km/h con la tecnología de un ATARI. Hasta hemos extraído crudo de entre las piedras.

En la facultad de economía aprendí que lo que no se enseña en los grados de ingeniería es que son los economistas los responsables de acotar el ingenio. La principal barrera de cualquier proyecto es viabilidad financiera. La calculadora del contable es mucho más poderosa que la escuadra y el cartabón del ingeniero. Veamos por ejemplo el frustrado Proyecto Castor, un ingenioso depósito de gas natural en las profundidades del mar Mediterráneo frente a las costas de Castellón.

Tras una década de prospecciones y preparativos la primera inyección de gas colchón se inicia en julio del 2013. Paralelamente, las costas de Vinaròs empiezan a sufrir temblores de baja intensidad. Ante la comprensible preocupación de los residentes de la Costa del Azahar, la administración decidió desmantelar en un tiempo récord el Castor aduciendo unas dificultades técnicas insuperables para frenar los microseismos. No se le dio ninguna oportunidad ni a Pigou ni a Coase…

¿Podrían los ingenieros y geólogos haber encontrado una solución a los seísmos? Estoy convencido de ello. Otra cuestión es el coste y la rentabilidad de la explotación del depósito en la actual coyuntura. La empresa promotora no tiene demasiados incentivos para buscar soluciones técnicas para solucionarlos. En el contexto económico y energético actual la indemnización millonaria del Estado es bastante más rentable que la explotación de Castor. Veamos porque.

Un depósito de gas funciona como como cualquier otro almacén. Asegura el abastecimiento de gas frente a variaciones de precios o de suministro. Se trataba de un proyecto estratégico para asegurar la producción industrial de la costa Mediterránea, en especial de las fábricas azulejeras de Castellón. El proceso de horneado del azulejo es muy intensivo en energía y estas fábricas son los clientes naturales de Castor. El proyecto es claramente viable en un contexto de precios de la energía en alza y una producción industrial vigorosa. Básicamente, se compra barato gas barato y tras un tiempo se vende con beneficio.

Sin embargo, el contexto enérgico e industrial de hoy es muy distinto del de principios de siglo. Las gráficas que acompañan a este texto ayudan a comprender la situación.

La primera gráfica muestra la producción industrial de la Comunidad Valenciana y su consumo de gas natural. El entorno económico ha cambiado sustancialmente entre el planteamiento del proyecto Castor (2004) y su ejecución (2013). La coyuntura a principios de siglo era especialmente propicia para el Castor. La pujante producción industrial en la Comunidad Valenciana impulsaba el consumo de energía a principios de siglo. Este periodo coincide con un con los precios del gas al alza. Sin embargo, hoy en día nos sobran dedos de la mano para contar las fábricas que produzcan azulejos en Castellón. La mayoría siguen activas, pero han desviado parte de su producción a otras latitudes. IPI El segundo gráfico muestra la evolución de los precios del gas natural. El precio del BTU (British Thermal Unit) está un 50% más barato que en 2004. El contexto energético nos invita a pensar que puede bajar aún más en los próximos años. Por tanto, no resulta rentable comprar gas hoy para venderlo más barato mañana (si es que alguien lo compra). precios gas Los temblores han dejado satisfechos tanto a los detractores del proyecto como a la propia empresa. Al Castor no lo mató un movimiento de tierras, más bien se ahogó en un tsunami económico. Estén atentos, ya que es probable que se produzcan réplicas cada vez que abran la factura del gas.

Precios de la energía y tasas de inflación: el papel de las expectativas inflacionarias y de la credibilidad de la Reserva Federal de los EE.UU., 1971-2011

La opinión pública norteamericana está afrontando con temor la reciente escalada de los precios de los alimentos y, sobre todo, de los precios de la energía. Piensan que tarde o temprano estas subidas de los precios de la energía provocarán aumentos significativos de la tasa de inflación. Algunos analistas económicos y financieros empiezan ya a comparar la situación actual con lo ocurrido en EE.UU. entre 1971 y 1979, período de tensiones inflacionarias conocido como “Gran Inflación”. En esta entrada del Blog vamos a tratar de explicar como la comparación entre ambos periodos no es correcta.

Durante la década de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado los mercados no tenían confianza en la capacidad de la Reserva Federal de mantener la estabilidad de precios. En el primer gráfico adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) podemos observar como desde 1967 a 1980 (era pre-Volcker) los aumentos de los precios de la energía eran trasladados casi inmediatamente (y de manera proporcional) a la tasa de inflación global. Por el contrario, a partir del nombramiento de Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal (era post-Volcker), este grado de traslación completo entre precios de la energía e inflación general comienza a diluirse, tal y como puede verse en el gráfico. Y este fenómeno continúa desde la era Volcker hasta nuestros días. Más

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