Inoportunidad

Junto a todo lo demás, la explosión del problema catalán, por sus posibles efectos sobre la reputación exterior de España, puede recortar (¿arruinar?) la magnífica posibilidad que esta tiene ahora de incorporarse al grupo de países que liderarán el deseado reimpulso de la Unión Europea.

Vayamos por partes. Las últimas semanas han sido pródigas en mensajes de aliento para el proyecto común europeo. Primero Juncker y después Macron han sido muy explícitos, revistiendo de buscada solemnidad en cada caso sus declaraciones. El presidente de la Comisión eligió el plenario del Parlamento de Estrasburgo, con ocasión del discurso sobre el Estado de la Unión, para reclamar máxima ambición “ahora que hace buen tiempo”, esto es, los buenos indicadores que arroja la recuperación económica; una “agenda de máximos” que involucre a todos los socios: moneda única para los Veintisiete, conversión del Mecanismo de Estabilidad (Mede) en un Fondo Monetario Europeo, presupuesto para la eurozona y superministro de Finanzas del euro, unión bancaria completada con un fondo de garantía de depósitos común y un fondo de resolución de bancos, ampliación del acuerdo (Schegen) sobre libre circulación de personas, junto con propuestas para afrontar el desempleo (20 millones de parados) y el flujo migratorio. Macron, a su vez, sólo quince días después, seleccionó la noble y hermosa sede de La Sorbona en el centro del viejo París, y con su encendida retórica también pidió la creación de un Fondo Monetario Europeo, un superministro de Finanzas y un presupuesto del euro, pronunciándose a favor de la unión fiscal al tiempo que desgranaba una batería de medidas en materia migratoria, militar y medioambiental.

A continuación, sin apenas pausa, la cumbre informal celebrada en Tallin al terminar septiembre ha servido de espaldarazo a ambos pronunciamientos: no para contenidos concretos —“todavía no hay que hablar de los detalles”, advirtió Angela Merkel—, pero sí en espíritu y propósito: “Europa no puede seguir igual”, sentenció también Merkel con rotundidad.

Y bien, ese no poco enfático relanzamiento del proyecto europeo, si comenzara efectivamente a materializarse, brindaría una excelente ocasión para que España elevase el listón de sus aspiraciones. En una Unión Europea sin el Reino Unido, España tiene muchas bazas para sumarse al “núcleo duro” que normalmente acogerá a Alemania, Francia, Italia y Holanda. La fortaleza de nuestro crecimiento económico nos ha devuelto aprecio y crédito en el exterior. Una oportunidad de oro, quizá equivalente a la que, tres décadas atrás, representó la adhesión al club comunitario, cuando alcanzar lo que había sido un anhelo intergeneracional actuó como palanca de superación.

Durante largos años, Europa ha constituido uno de los vértices del “triángulo virtuoso” —la estabilidad y el entendimiento del acuerdo como “bien democrático” han sido los otros dos— que ha propiciado en la democracia española la modernización económica y social y la apertura exterior; ahora, el coliderar el “renacimiento” de la integración continental puede ser también un formidable revulsivo. Si la eclosión independentista en Cataluña lo obstaculizara, todos los españoles, incluidos los catalanes, perderíamos mucho: además de reprobable, inoportuna.

Un curso crucial

No habrá ocasión de aburrirse: el curso recién comenzado promete intensidad. Su desarrollo no va a ser fácil, sujeto –condicionamientos internos políticos en primera línea- a fuertes tensiones, y su resultado final es muy incierto. El provocador desafío del secesionismo catalán –anteponiendo independencia a democracia- añade un elemento singular y diferencial de enorme envergadura. Un curso crucial. Habrá que afrontarlo con entereza.

Por lo pronto, conviene alejarse de ese pesimismo rampante –trepador, ganchudo, vocinglero- con tanta presencia en los medios y en escenarios públicos. El que describe una situación nacional calamitosa –“España está enferma”, a punto de derribo o de desguace-, y que aprovecha este o aquél indicador económico, como el que refleja la desaceleración del mercado laboral desde finales de junio, para cuestionar el término de una vigorosa expansión en la que nunca creyó.

Es aconsejable rehuir esa cantinela y pertrecharse con lo estimulante que hoy ofrece la realidad española. Una realidad viva y pujante, desde luego, en el plano económico, donde el récord turístico se suma al no poco asombroso incremento de las exportaciones y a la importante creación de empleo desde 2013, con muy notoria recuperación de la confianza de empresas y familias, como constata el fuerte tirón de la demanda interna, tanto el consumo como la inversión. Consecuentemente, oportunidades para el emprendimiento y profesionales de muy diverso tipo se multiplican, lo que explicaría un dato que no debe pasar desapercibido: el número de titulados que regresan comienza a superar, tras bastantes años, al de los que se marchan buscando fuera de España posibilidades para el despliegue de su talento.

Regresan a una sociedad con buen pulso y atributos muy valiosos. Por ejemplo, algunos que en el curso de los meses estivales han sobresalido: apertura y receptividad, hasta hacer irrelevantes las muy minoritarias manifestaciones en contra del caudaloso flujo de turistas; patente solidaridad, con llamativas muestras en las organizaciones no gubernamentales que atienden a quienes no aciertan a salir de la zona de sombra donde los relegó la crisis y a quienes quieren acceder a lo que aquí se ofrece; ausencia total de xenofobia y pulsiones antiinmigratorias: un país sin guetos, con un colectivo de musulmanes que se aproxima ya a los dos millones de personas; y esa admirable capacidad mezcla de valor y generosidad que demostraron mucho con ocasión de los atentados terroristas del 17 de agosto.

En fin, es verdad que la fortaleza del tejido institucional de nuevo se pone a prueba, pero tampoco hay razones para dudar de su consistencia: repárese en la más que apreciable nota que la calidad de nuestra democracia consigue en el más reputado indicador al respecto: el elaborado por “The Economist”, a través de “The Economist Intelligence Unit”, que en su más reciente edición sitúa a España entre las únicamente 19 “democracias completas” existentes en el conjunto mundial.

Economía, sociedad y marco institucional aportan, en definitiva, buenos argumentos para encarar las dificultades planteadas. Y también para presentar credenciales valiosas en la nueva etapa que en la Unión Europea se iniciará a partir de las elecciones de Alemania el próximo día 24. La encrucijada es también oportunidad.

ESPAÑA 2017: MENOR INERCIA EXPANSIVA

Sin necesidad de esperar a los datos definitivos, puede concluirse que en 2106 la economía española ha tenido un comportamiento mejor que lo esperado. Se han sorteado aceptablemente dos categorías de condicionantes que no permitían hace un año cifrar grandes esperanzas sobre la intensidad del crecimiento registrado en 2015. La incertidumbre del entorno internacional, por un lado, y la interinidad política doméstica por otro, fueron condicionantes menos vinculantes de lo que al inicio del año se temía.

La relevancia del primero era importante en la medida en que gran parte de la tracción del crecimiento económico provenía de factores externos – el descenso en el precio de los hidrocarburos y la orientación expansiva de la política monetaria del BCE- y, afortunadamente, ambos mantuvieron su empuje. La situación política interna ha demostrado no limitar el crecimiento económico ni el empleo, favoreciendo incluso la adopción durante el periodo electoral de una orientación fiscal más cómplice con la expansión de la demanda interna, tanto a través de menores contenciones en el gasto público, como más directamente en las reducciones de impuestos, que contribuyeron a liberar renta disponible.

Junto a ellos, la moderación de los salarios siguió contribuyendo al fortalecimiento de la competitividad de las exportaciones españolas. Los costes laborales unitarios (por unidad de producción), el índice más expresivo de esa competitividad, siguieron creciendo menos que los de los principales competidores, a pesar del pobre comportamiento de la productividad. Esa evolución en los salarios ha sido la principal responsable de la mejora en el saldo de la balanza comercial, que junto a un año turístico nuevamente excepcional han posibilitado un saldo por cuenta corriente positivo.

Al enfrentar el nuevo año esos cómplices del crecimiento económico no disponen de la misma intensidad, como ya se han revelado en los dos últimos trimestres. Esa es la razón por la que la totalidad de las previsiones de crecimiento son inferiores al registro de 2016: un punto menos desde el 3,2% o 3,3% que se registrará en 2016. Revisemos su previsible comportamiento en este año.

1.Petróleo y dólar más caros.

El barril de petróleo y la moneda en la que se denomina, el dólar estadounidense, serán más caros este año, reduciendo esa inercia expansiva. La razón fundamental es la disposición mostrada por los productores de crudo a limitar la oferta. En realidad, la combinación con la apreciación del dólar frente al euro ya ha encarecido de forma significativa la factura del petróleo a lo largo del año pasado.

La inflación acusará ese encarecimiento, acercándose al 2%, erosionando, en definitiva las rentas constantes, las de los asalariados y pensionistas. Aunque en menor medida, esa mayor inflación también se registrará en la eurozona presionando al alza los tipos de interés.

2. Política monetaria menos expansiva.

El BCE ha prorrogado, contra viento y marea, la excepcional orientación expansiva de su política monetaria. Pero será algo menor, especialmente en la financiación de la deuda pública. Como consecuencia de ello, los tipos de interés a largo plazo serán más elevados, como ya hemos verificado en las últimas semanas. Estos serán igualmente sensibles a las perturbaciones geopolíticas, y a la verosimilitud que los gobiernos transmitan acerca de sus propósitos correctores del déficit público.Aunque los tipos a corto sigan manteniendo su estrecha vinculación a los tipos oficiales del BCE, especialmente el euribor al que la mayoría de las familias tienen referenciadas su hipoteca, podríamos asistir a elevaciones graduales acompañando a la inflación.En definitiva, el mayor servicio de la deuda pública y privada drenará más renta disponible. Y cualquier alteración en las muy favorables condiciones actuales de financiación podría complicar las cosas en una economía tan altamente endeudada, especialmente con el exterior.

3. Política fiscal.

La relajación fiscal del año anterior será compensada en el actual. Tras sortear las sanciones de la UE por el incumplimiento repetido de los objetivos de déficit en 2017 la orientación de la política fiscal española también contribuirá a frenar la inercia expansiva. Además del aumento en el impuesto de sociedades y en los especiales, tendrán lugar reducciones de gasto público, en el contexto del compromiso con la Comisión Europea de alcanzar el objetivo de déficit del 3,1% del PIB.

4. Perturbaciones internacionales.

Esa menor contribución de los factores que empujaron el crecimiento en estos dos últimos años influirá tanto en la desaceleración de la demanda exterior como más probablemente en la nacional. El consumo privado y la inversión empresarial crecerán algo menos que en 2016, acusando el menor ritmo de creación de empleo, aun cuando el paro siga bajando, aunque con menor intensidad. En ausencia de perturbaciones adicionales explican ese promedio del 2,3% en el que se sitúan la mayoría de las previsiones de crecimiento de la economía española en este año. Una tasa que sería más que aceptable si no mediaran perturbaciones exteriores que podrían limitarlo.

La nueva presidencia en EEUU es una de ellas. Las variables financieras –tipos de interés, tipos de cambio, cotizaciones bursátiles- pero también los precios de algunas materias primas, se mostrarán sensibles a las decisiones de Donald Trump. El volumen de comercio y la estabilidad financiera son vulnerables a la eventual concreción de algunas de las promesas electorales de Donald Trump, avaladas por los nombramientos más cercanos a este ámbito.El aumento del proteccionismo, la emergencia de guerras comerciales, serían consecuencias nada descartables si se cumplen los propósitos del nuevo presidente de establecimiento de elevados aranceles discrecionales a las importaciones de México o China, o de revisar algunos acuerdos comerciales.

No serán solo las desavenencias comerciales con China las que pueden enrarecer la escena global, sino las dificultades en este último país, del que dependen muchos otros, para digerir los problemas derivados del excesivo crecimiento del endeudamiento privado, parte del mismo en un dólar apreciado.

La estabilidad financiera también puede quedar amenazada si se concretan las intenciones de Trump de eliminar o reducir las regulaciones establecidas en ese sector tras la crisis. En este ámbito, la situación de la banca en la eurozona vuelve a constituirse en un centro de atención, especialmente en Italia, Portugal y la propia Alemania. Siguen siendo más que razonables las dudas acerca de la suficiencia de la ayuda gubernamental al Monte dei Piaschi, como lo son las que consideran que ese sea un problema acotado a Italia, incapaz de contaminar el conjunto de la eurozona.

No menos importante es el riesgo asociado a las convocatorias electorales que tendrán lugar en países de la eurozona. Las presidenciales francesas de forma destacada, en la medida en que las expectativas siguen amparando las posibilidades del partido de Marie le Pen cuya promesa mas emblemática e inquietante sigue siendo el abandono de Francia de la moneda única. Lo que ocurra en Alemania será relevante si se traduce en mayor tolerancia para la adopción de políticas de estímulo de la demanda agregada que alejen de una vez por todas el temor a ese largo estancamiento, no solo del crecimiento económico, sino de la más inquietante afección por el proyecto europeo. De cómo resista la eurozona esos episodios dependerá en gran medida la continuidad de la inercia expansiva española, y de la reducción del desempleo, principal y persistente preocupación de los españoles.

(Diario El País 08/01/2017)

Próximos exámenes

La travesía ha durado prácticamente todo un año, el transcurrido desde la convocatoria de elecciones generales el 20D hasta el nombramiento de Rajoy como presidente. El trayecto ha sido largo, no ha estado exento de riesgos y ha incurrido en costes, pero deja un puñado de motivos alentadores.

Primero: la interinidad gubernamental no ha sido sinónimo de vacío institucional. Conviene resaltarlo. El no siempre fácil juego de iniciativas e intentos por unos y otros para asegurarse la investidura, ha discurrido siempre por los cauces constitucionalmente delimitados. En la Jefatura del Estado la prudencia se ha combinado con la profesionalidad. Y las ruedas de la Administración no se han detenido. El cuadro institucional básico de la democracia española ofrece solidez.

Segundo motivo: el buen comportamiento de la economía, tanto en términos macroeconómicos como desde la perspectiva empresarial. Contrariamente a tantos pesimistas vaticinios, el ejercicio de 2016 va a cerrarse con un notable muy alto en ritmo de crecimiento del PIB, en creación de empleo y en actividad exportadora. Una economía —unas empresas– con musculatura.

Y tercero: la consistencia del tejido social, capaz de seguir asimilando el severo impacto que un muy elevado desempleo —en particular, el de larga duración: casi dos millones suman quienes buscan empleo desde hace más de dos años, y cerca de un millón y medio de familias tiene a todos sus miembros en paro— y la precarización laboral tienen sobre la distribución de la renta y la movilidad social. Una dura realidad ante la que la sociedad española no ha bajado los brazos, aportando todos los días muestras de dinamismo y expresiones de solidaridad —dentro y fuera del ámbito familiar— más que elogiables.

Si lo consideráramos una prueba, el año con Gobierno en funciones habría obtenido buena nota. Ahora, en todo caso, hay que pasar otros exámenes, todos los cuales requerirán, para superarse, del nutriente esencial de las mejores democracias: capacidad de negociación y de acuerdo. La negociación como pilar fundamental de la democracia, ahuyentando los excesos del principio de la mayoría (“ese abuso de la estadística”, que dijera Borges). El acuerdo como bien democrático, el compromiso que no es claudicación, que no es traición. Capacidad y disposición para buscar puntos de encuentro al servicio de intereses generales. Los problemas de fondo que están en la sala de espera así lo demandan, desde luego. El independentismo catalán —“el reto más grave que tiene España”: lo ha certificado el propio Rajoy—, el sistema de pensiones —urgido de replantear una insuficiente financiación mediante cotizaciones sociales, dado el aumento tendencial de las prestaciones y el envejecimiento de la población—, la educación, el mercado de trabajo, la financiación autonómica y la limpieza de la vida pública son los principales: una buena carga de deberes insoslayables para la legislatura.

Qué tendrá su primera piedra de toque —una auténtica reválida— en los presupuestos generales del Estado para el próximo año. Una obra delicada que exigirá precisamente de esa voluntad —e inteligencia— que conduce a pactar, la única vía que las sociedades plurales y complejas, como es la española hoy, tienen para afrontar los grandes desafíos que el tiempo trae.

Estabilidad

Como los agoreros proliferan y se multiplican entre nosotros, no estará de más prestar atención a lo que de alentador nos trae el curso de los días. Anticipar males y desdichas se vende mucho mejor, desde luego, que el discreto apunte de hechos positivos, pero no por ello hay que desistir. En determinadas ocasiones —se ha dicho con autoridad— el optimismo es una obligación moral, y aún más si esa actitud o propensión del ánimo encuentra respaldo en datos o situaciones perceptibles.

Reparemos, por ejemplo, en los resultados de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco. Nos son pocas las conclusiones que pueden obtenerse en dirección contraria al rampante derrotismo en tantos medios. Dos tienen especial relevancia. Primera: se han mantenido los porcentajes de quienes, sobre el censo total de votantes, han acudido a las urnas, lo que supone un nivel de participación comparativamente alto en términos europeos. El “hartazgo” de política, como se repite sin tregua, hasta hoy, no se traduce afortunadamente en indiferencia o abandono ante el llamamiento electoral (ahora en Galicia la participación ha sido superior a la de 1989, 1997 y 2001, y en el País Vasco a la de 1986, 1990 y 1994). En segundo lugar, y fundamental, en ambas consultas los votos se han inclinado mayoritariamente por refrendar trayectorias de pragmática gestión pública y realizaciones materiales frente a programas ideologizados más o menos radicales, apostando en definitiva, tanto en Galicia como en Euskadi, por la estabilidad, un bien que tantos beneficios nos ha dado durante siete lustros (y que solo se valora cuando se pierde). Si a ello se suma, en el caso del País Vasco, la firme decantación del PNV hacia una vía claramente distanciada del nacionalismo independentista catalán, el balance es todo menos negativo. No estamos ante una ciudadanía desnortada, ni ante una democracia vaciada por el alejamiento masivo de quienes han de sostenerla, tentados eventualmente de situarse extramuros del sistema: la temida polarización se ha revelado más mediática que real. Tómese nota.

Las previsiones de crecimiento de la economía española ofrecen otro campo abonado para los cultivadores del desánimo, encargándose los registros del PIB, trimestre a trimestre, de poner en solfa vaticinios pesimistas. Un ejemplo llamativo: si la situación política generada por las dificultades para formar Gobierno se prolongara seis meses más, se decía a bombo y platillo en febrero de este año por sesudos analistas, la variación anual del PIB perdería entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales en 2016, generando una subida de la prima de riesgo de nuestra deuda de 70 puntos básicos y la pérdida de bastante más de 100.000 empleos; y bien, ocho meses después esa cuantificación se ha dado de bruces con la realidad, conservando la economía española un encomiable pulso, que es sobresaliente en el marco de toda la UE, y no solo de la eurozona. Conviene ser muy cauto al aventurar predicciones en economía, y presentarlas sin demasiado ruido para no tener luego que responder de ellas, por más que la memoria sea corta.

¿Cuándo nos decidiremos a poner en valor lo (mucho) bueno que tenemos? Un poco más de autoestima también contribuiría a la estabilidad.

Indicador de coyuntura: Julio 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de junio con los datos publicados hasta mayo de ventas y de producción industrial, y hasta junio de renta y de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado desde el año 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en junio es de 2,8, inferior al valor de abril (3,3) y ligeramente superior al de mayo (2,2).

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE muestran signos ambiguos. Los indicadores que presentan datos en mayo indican una ralentización de la recuperación económica, mientras que los indicadores que presentan datos para el mes de junio muestran una leve mejora. Entre los primeros, los valores de renta y afiliados suben de 4,5 y 2,1 en mayo a 5,4 y 2,9 en junio. Entre los segundos, la producción industrial y las ventas bajan de 8,9 y 4,9 en abril a 4,0 y 2,2 en mayo.

Alineamiento y corrupción política

Recientemente hemos disfrutado en Sevilla del XIX Encuentro de Economía Aplicada. El premio ALdE Jóvenes Investigadores 2016 fue para Miguel Angel Borrella Mas, quien nos ha enviado una entrada del trabajo ganador que podeis encontrar aquí. Mi más sincera enhorabuena al premiado.


ALINEAMIENTO Y CORRUPCIÓN POLÍTICA. TEORÍA Y EVIDENCIA EMPÍRICA EN ESPAÑA

La corrupción política observada a nivel local se ha convertido en uno de los principales problemas del país en los últimos años, con más de 200 municipios acusados formalmente de prácticas corruptas entre 1999 y 2011 (Jiménez et al, 2013).

Examinar el alineamiento político entre gobiernos locales y regionales es importante para entender este fenómeno. Por ejemplo, el efecto podría ser positivo si los municipios alineados se benefician de un control más laxo por parte del gobierno regional cuando el mismo partido controla ambos niveles. El análisis se realiza con de una base de datos propia creada a partir de un amplio conjunto de noticias publicadas online en los últimos 15 años, relacionadas principalmente con fraude en sobrefacturación, desvío de fondos públicos y sobornos entre 1999 y 2011. Como medida de control, se ha comprobado caso por caso cuando el escándalo de corrupción publicado en los medios realmente ocurrió.

Comparando la probabilidad de ser corrupto entre el grupo de municipios alineados, gobernados al mismo tiempo por el mismo partido, y el grupo de no alineados, se muestra que los primeros son significativamente más corruptos. Específicamente, el alineamiento político incrementa la corrupción política local en 2.2 puntos porcentuales, con respecto al 5.7% de media en los municipios no alineados. Además, el análisis heterogéneo del efecto de estar alineado revela que el mismo es más pronunciado en aquellos municipios alineados con i) un tamaño presupuestario por encima de la media, ii) más de 10.000 habitantes, iii) el principal partido de centro-derecha controlando ambos niveles y iv) mayoría absoluta en el gobierno regional.

Estos resultados empíricos son consistentes con una extensión de un modelo simple de rendición de cuentas electorales, desarrollado en Persson and Tabellini (2000). En el mismo, los políticos en el poder maximizan la probabilidad de reelección decidiendo el nivel óptimo de rentas públicas que extraen para su propio beneficio personal, aprovechando que las mismas no son perfectamente observadas y, por lo tanto, no se castigan con certeza. La extensión se introduce al permitir que tanto la competencia de los políticos desarrollando su cargo como la probabilidad de detectar casos de corrupción sean dependientes del alineamiento entre los gobiernos locales y regionales.

Este artículo extiende la literatura evaluando el alineamiento político, que se había centrado en mostrar un incremento en las transferencias recibidas por gobiernos locales alineados (Bracco et al., 2014; Brollo and Nannicini, 2012; Solé-Ollé and Sorribas-Navarro, 2008), investigando si el alineamiento afecta directamente a la corrupción. También contribuye a la literatura estudiando las causas de la corrupción, la cual había encontrado que la misma se fomenta tanto con un gobierno central débil (Shleifer and Vishny, 1993) como al tener recursos adicionales en la economía local (Brollo et al, 2013; Tella and Alles, 1999), analizando si las características del sistema electoral, la riqueza en los municipios y el signo del partido político gobernándolos afectan a la corrupción.

En conclusión, la estructura del escenario político español, donde i) cualquier partido puede estar al frente de diferentes niveles de gobierno al mismo tiempo, ii) el sistema electoral se basa en la representación proporcional y iii) los políticos son elegidos mediante listas de partido cerradas, puede contribuir a aumentar la corrupción en las administraciones locales (Persson et al., 2003). La mayor habilidad de los políticos alineados para obtener contratos públicos y proyectos, por ejemplo en la interacción con las empresas que proveen productos y servicios a distribuir como bienes públicos, puede constituir un ejemplo de cómo explotar los diversos canales que un partido puede tener al controlar tanto el gobierno local como el regional.

Enlace al artículo completo:

https://www.dropbox.com/s/rq48cwph288d22w/Borrella_corruption_jobmarketpaper.pdf?dl=0

REFERENCIAS

Bracco, E., Lockwood, B., Porcelli, F. and Redoano, M. (2015). Intergovernmental grants as signals and the alignment effect: Theory and evidence. Journal of Public Economics, 123 (C), 78-91.

Brollo, F. and Nannicini, T. (2012). Tying your enemy’s hands in close races: The politics of federal transfers in brazil. American Political Science Review, 106, 742-761.

Brollo, F. and Nannicini, T., Perotti, R. and Tabellini, G. (2013). The Political Resource Curse. American Economic Review, 103 (5), 1759-96.

Persson, T. and G. Tabellini (2000): Political Economics: Explaining Economic Policy, vol. 1 of MIT Press Books, The MIT Press.

Persson, T., G. Tabellini, and F. Trebbi (2003): Electoral Rules and Corruption, Journal of the European Economic Association, 1, 958-989.

Shleifer, A. and R. W. Vishny (1993): Corruption, The Quarterly Journal of Economics, MIT Press, 108, 599-617.

Solé-Ollé, A. and P. Sorribas-Navarro (2008): The Effects of Partisan Alignment on the Allocation of Intergovernmental Transfers. Differences-in-Differences Estimates for Spain, Journal of Public Economics, 92, 2302-2319.

Tella, R. D. and A. Ades (1999): Rents, Competition and Corruption, American Economic Review, 89, 982-993.

Indicador de coyuntura: Mayo 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de abril con los datos publicados hasta marzo de ventas y producción industrial, y hasta abril de renta y de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante el año 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en marzo es de 3,2, levemente superior al valor de febrero 2,2.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE muestran signos ambiguos. Los indicadores que presentan datos en abril indican una leve mejoría de la situación económica mientras que los indicadores que se publican en el mes de marzo muestran un leve empeoramiento. Entre los primeros, los valores de renta y afiliados suben de 4,9 y 2,5 en marzo a 6,0 y 3,2 en abril. Entre los segundos, la producción industrial y las ventas bajan de 5,4 y 2,1 en febrero a -1,6 y 1,6 en marzo.

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La evolución reciente del Ind-ALdE coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio, aunque se encuentra disponible hasta marzo.

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Indicador de coyuntura: Abril 2016

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta febrero de ventas y producción industrial, y hasta marzo de renta y de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante el año 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en marzo es de 2,4, marginalmente superior al valor de febrero de 2,2.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la mitad de los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE repiten los valores registrados en el mes anterior mientras que la otra mitad mejoran el dato. La producción industrial y las ventas crecen en febrero 5,9% y 2,1%, frente a los valores que presentaron en enero de 0,7% y 1,5%. Por su parte, la renta y los afiliados crecen 4,9% y 2,6% tanto en febrero como en marzo.

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Negociación y pacto

Ambos términos —que requieren obligadamente, claro está, un tercero: diálogo— es el mandato que con mayor frecuencia viene saliendo de las urnas en los países europeos. Tampoco ahora España constituye excepción alguna. El resultado de las elecciones irlandesas de la semana pasada, con un voto más fragmentado que en ocasiones anteriores, es la enésima expresión de un fenómeno de alcance general. Dicho de otro modo: si hay algo que aquí ha sido rechazado por quienes votamos el pasado 20 D es la pretensión de gobernar en solitario o de trazar “líneas rojas” o “cordones sanitarios” contra unas u otras formaciones políticas con representación parlamentaria. En el tiempo político que se ha abierto, la capacidad de diálogo será atributo capital. Que haya buena o mala “química” entre los líderes no es lo relevante; su trabajo ahora es entenderse, su oportunidad y su responsabilidad.

Y proceder con diligencia. La alternativa a la falta de entendimiento aboca a repetir las elecciones, una opción que hará crecer la incertidumbre y que consumirá un tiempo precioso para afrontar retos que no pueden esperar sino al precio de agravarse. El Círculo Cívico de Opinión (www.circulocivicodeopinion.es) lo ha resumido en cinco puntos que merece atender.

Mayor incertidumbre, primero, por lo que supone toda demora en afrontar un desafío de enorme magnitud como es la decisión del gobierno catalán de “desconectar” con España y de fortalecer el independentismo hasta alcanzar la mayoría social. Problema que hace irrenunciable el mantenimiento de la legalidad, pero también la búsqueda urgente de un nuevo pacto territorial consensuado en todo el país, para que pueda encontrar cabida una Cataluña renovada en una España renovada.

Segundo, por la urgencia de cuestiones como es el calendario para la refinanciación de los altos niveles de endeudamiento que nos siguen hipotecando, el ajuste del déficit, y otras medidas de carácter económico y social que no está en condiciones de encarar un gobierno en funciones.
Tercero, porque estaríamos en precario para participar como actor relevante en la actual encrucijada de Europa –crisis de los refugiados, terrorismo yihadista, Brexit-, en plena revisión de sus funciones y políticas. No cabe esperar de Europa la solución a nuestros problemas, y es urgente que cancelemos nuestro ensimismamiento para contribuir a fortalecerla. España, además, está perdiendo posiciones importantes en todo el escenario internacional —señaladamente en Iberoamérica— que un gobierno en funciones no puede cubrir con toda la energía necesaria.

Cuarto, porque es del todo probable que el resultado de unas nuevas elecciones, a celebrarse a finales del mes de junio, no garantice un cambio sustancial en la representación de las distintas fuerzas políticas, sin facilitar tampoco mejores condiciones para un pacto de gobierno, que con las pautas actuales no se conseguiría hasta el próximo otoño.

Y quinto, por las indeseables consecuencias que tendría para el prestigio y la legitimidad de las fuerzas políticas, como un todo, y de la misma reputación internacional de España.

Lo que ocurra estos días será una piedra de toque.

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