Comportamiento de los principales índices de los mercados bursátiles de los países avanzados y emergentes, 2000-2019

Desde comienzos de 2019 asistimos a una subida generalizada de las bolsas mundiales.

En el cuadro se presenta la variación porcentual de los principales índices bursátiles de los países avanzados y emergentes (y la variación positiva máxima alcanzada, peak) desde comienzos de 2019.  Como se puede observar, todos los índices registran aumentos desde comienzos de año. Encabeza el ranking positivo el Shanghai Composite de China con un 17,88%, seguido del índice Hang Seng de Hong-Kong con un 13,61%, el índice CA 40 de Paris con un 12,2% y el índice S&P 500 de EE.UU. con un 12,03%. Y ya a más distancia, registran subidas más moderadas los índices DAXX (9,97%), el índice FTSE 100 del Reino Unido (6,38%%), el índice Nikkei de Japón (5,88%) y, por último, el índice Bombay SENSEX de la India (3,34%).

Evolución de los principales índices bursátiles desde enero de 2019

 

En el primer gráfico se presenta la variación porcentual de los principales índices bursátiles de los países avanzados y emergentes desde marzo de 2009, fecha que marca el inicio de la recuperación de los mercados tras el hundimiento provocado por las turbulencias de la crisis financiera internacional de 2007 (índice 9 de marzo de 2009 = 800).

Mercados mundiales desde marzo de 2009.
Evolución de los principales índices bursátiles desde marzo de 2009

 

Todos los mercados de valores presentan variaciones positivas desde marzo de 2009 hasta mayo de 2019, aunque con importantes divergencias. Encabeza el ranking, el índice Bombay SENSEX de la India con un +354,6% de avance, seguido del S&P 500 de EE.UU. (+325,6%) y del Nikkei 225 de Japón (+199,1%). Cierra el ranking el Shanghai Composite de China con un ligero avance del +37,0%.

En el siguiente gráfico se presenta la variación porcentual de los principales índices bursátiles de los países avanzados y emergentes desde el 1 de enero de 2000 hasta el 13 de mayo de 2019 (índice 9 de marzo de 2009 = 800).

Mercados mundiales desde el año 2000.
Evolución de los principales índices bursátiles desde comienzos de 2000

 

Desde el inicio del siglo XXI son las bolsas de tres países emergentes y la de EE.UU. las que han obtenido una mayor revalorización. En concreto, el índice Bombay SENSEX de la India avanza un 590,0%, el Shanghai Composite de China un 106,5% (a pesar del último periodo de caídas iniciado a mediados de 2015), el índice S&P 500 de EE.UU. un 93,2% y el índice Hang Seng de Hong-Kong, con un 64,4%.

El único mercado de valores que acumula pérdidas es el índice CAC 40 de París con un retroceso del 11,1%.

¿La liberalización del cultivo de la marihuana aumenta el consumo?: el caso de EE.UU., 2006-2017

La Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA, por sus siglas en inglés) es una agencia federal del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU. que lidera los esfuerzos de salud pública para mejorar la salud mental de la nación. La misión encomendada a la SAMHSA es reducir el impacto del abuso de sustancias y las enfermedades mentales en los ciudadanos. La agencia fue creada en 1992 por el Congreso de los EE.UU.

Centrándonos en la marihuana, en EE.UU. hay 8 estados (más Washington D.C.) donde el consumo es legal, tanto para fines medicinales como recreativos: Alaska, California, Colorado, Maine, Massachusetts, Nevada, Oregon y Washington. Cabe precisar que para el gobierno federal, la marihuana es ilegal y, por lo tanto, está prohibido llevar la planta a otros estados.

La SAMHSA ha publicado recientemente un informe donde se estima el consumo de alcohol y drogas en 2017 para todos los estados de EE.UU. En lo que concierne a la marihuana en el informe se muestra la evolución de su consumo en la última década (2006-2017). Los estados donde la marihuana medicinal y recreativa es legal generalmente registran  las tasas más altas de uso y también muestran los mayores aumentos de su consumo. Además, la tendencia es creciente desde 2006 (véase gráfico adjunto).

Oregon es el número uno entre todos los estados, con un 20% de la población adulta que admite haber consumido marihuana en el último mes de la encuesta. Vermont (19%), Washington D.C. (18%), Colorado (17%) y Alaska (17%) completan el Top 5. La media en EE.UU. es del 10%.

  

¿La liberalización del cultivo de la marihuana aumenta el consumo? Parece que la respuesta es afirmativa, al menos en EE.UU.

Indicador de coyuntura: Marzo 2019

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta enero de producción industrial, y ventas, y hasta febrero de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en febrero es de 3,7, un poco por encima del valor que tomó en enero de 3,4.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del indicador compuesto han crecido más en la última actualización disponible respecto del mes anterior. La producción industrial, las ventas y la renta crecieron más en enero (1,8%, 2,8% y 4,5%) que en diciembre (-4,2%, 2,1% y 4,5%). Por su parte, los afiliados crecieron en febrero un 2,9% y en enero un 2,8%.

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A pesar de que la economía internacional se enfrenta a una creciente incertidumbre, la economía española parece, de momento, no verse afectada por ella y continúa su ritmo de crecimiento destacado en comparación con otros países de su entorno

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El mantenimiento del ritmo de recuperación económica que se observa (aunque con un progresivo deterioro) desde 2014 en el Ind-ALDE está patente en otros indicadores compuestos de actividad económica como en el que elabora FEDEA y en el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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Ante las elecciones del 28 de abril, ¿pueden los españoles seguir creyendo en las encuestas electorales?

Por José Ignacio Castillo Manzano, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

En un reciente artículo, publicado en la Revista de Economía Aplicada, junto con los compañeros Lourdes López Valpuesta y Rafael del Pozo, intentamos analizar los determinantes de los errores en las encuestas electorales, previas a las dos últimas elecciones generales, es decir, la de 20 de diciembre de 2015 y la de 26 de junio de 2016.

Nuestro primer resultado es que, de media, los errores que cometieron las encuestas con los partidos políticos que se presentaban por primera vez a las elecciones generales, Ciudadanos y Podemos, fueron muy superiores, concretamente un 60 por ciento, a los de los partidos tradicionales, PP y PSOE. Pero lo peor es que no parece haber estrategias exitosas para disminuir esos mayores márgenes de error en un contexto tan volátil, al ser insensibles al tamaño de la muestra, la proximidad de la cita electoral, el método de muestreo o la experiencia de la empresa encuestadora, así como la periodicidad con la que se realiza la encuesta. Sólo cuando dichos partidos dejaron de ser ‘nuevos’, tras las elecciones del 20-D, se consiguió disminuir los errores de cara a las elecciones del 26-J.

De hecho, si hablamos de encuestas y sondeos electorales, parecería que nuestra democracia, como otras de nuestro entorno, estaría inmersa en un círculo vicioso. Ya que la incertidumbre política que ha estado sufriendo la sociedad española, con la emergencia de nuevos partidos, ha aumentado la demanda social de encuestas electorales, que ha sido satisfecha, con generosidad, por los medios de comunicación que han ofertado múltiples sondeos. Cuyos resultados podían cambiar significativamente a corto plazo, anunciado supuestos vuelcos electorales, que no llegaban a materializarse. Su falta de acierto estaría erosionando la confianza no sólo en las propias encuestas y sondeos, sino también en la transparencia del propio sistema electoral y en nuestras instituciones, desde los medios de comunicación hasta, en el caso de las encuestas del CIS “de Tezanos”, el propio Gobierno central. Lo que a su vez generaría más incertidumbre política.

En este contexto, nuestros resultados muestran que las empresas encuestadoras podrían estar adoptando una estrategia defensiva, acercando sus predicciones a las de las encuestas publicadas en los días previos, para evitar equivocarse en solitario. Aunque, el gran éxito del sondeo de GAD3 en las últimas elecciones andaluzas, personalizado en Narciso Michavila, nos mostraría el reverso de la moneda. Es decir, la gran oportunidad que supondría para una firma de estudios de mercado llevarse el prestigio profesional de ser la única que consigue acertar.

De cara al futuro próximo, las elecciones del 28 de abril, el horizonte sigue siendo convulso. Ya que, aunque la situación socioeconómica es sensiblemente mejor y Ciudadanos y Podemos (ahora Unidos Podemos), ya no son nuevos partidos, el enquistamiento de la cuestión territorial catalana y la irrupción de VOX, ambos factores conviviendo en armónica simbiosis, ofrecen un panorama social difícil de desentrañar para las empresas de sondeos. Nuestra recomendación es la máxima prudencia a la hora de presentar los resultados de los sondeos, admitiendo las debilidades de los mismos. A estas empresas de encuestación le valdría la pena tener siempre presente la frase atribuida a Nietzsche, de que “lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”.

 

El sexenio, ¿de transferencia o de transformación?

El pasado viernes se celebraron en Madrid la XV Jornada sobre Docencia de Economía Aplicada organizada por ALDE. Además de las interesantes ponencias sobre como mejorar la docencia en nuestro ámbito de conocimiento pudimos asistir a la contraposición de dos modelos de universidad a través de la evaluación de la calidad del profesorado. Por una parte el modelo el español, presentado por el Presidente del Panel de Transferencia de la CNEAI, Salustiano Mato (qué explicó también el manido sexenio de transferencia) y por otra el modelo británico presentado por la directora de Learning and Teaching in Economics de la Universidad de Sheffield Mª José Gil (qué desgranó el sistema REF/TEF/KEF: Research, Teaching, Knowledge Exelence Framework).

La primera diferencia entre ambos sistemas es que mientras la evaluación española es individual y mide los méritos personales de cada investigados, la evaluación británica es del departamento en su conjunto. Además el periodo británico es común a todas las universidades (actualmente es el 2014-2020). El sistema anglosajón tiene dos ventajas sobre el nuestro. Primero, es administrativamente más eficiente ya que reduce el número de expedientes a revisar y estos se revisan una vez cada seis años. Permite también una evaluación más detallada de cada caso y reduce la carga administrativa sobre los evaluadores. Segundo, presenta incentivos para que los departamentos se gestionen de manera autónoma y decidan las políticas de contratación más adecuadas para alcanzar los objetivos de excelencia en la investigación y docencia. Cada profesor tiene que presentar al menos una contribución relevante en el REF y si no lo hace ve peligrar su status como investigador. También reduce el riesgo de contratar a investigadores mediocres ya que la financiación del departamento (y de la universidad) depende de los resultados de la evaluación de la investigación de todo el grupo. El sistema británico establece un ránking público según el cual se otorgan fondos de investigación y las propias universidades lo tienen en cuenta a la hora de decidir sus propias inversiones.

En el actual sistema nominalista de evaluación de la actividad investigadora en España no proporciona incentivos en términos de excelencia selección de profesores investigadores. La producción científica de nuestros compañeros no redunda directamente en el beneficio del grupo. Tampoco fomenta la colaboración o la creación de grupos de excelencia. Además, el sistema aumenta la presión burocrática sobre el colectivo, una de las causas del mal rendimiento de la universidad como se ha venido denunciado repetidamente aquí o aquí). La comisiones y los expertos que emiten informes repiten cada años la misma labor para cada uno de los profesores individualmente. Llegados a este punto, uno se pregunta qué sentido tiene un sistema que carga a la universidad con burocracia sin ayudarla a progresar en excelencia.

La segunda diferencia reside en cómo evalúan ambos sistemas el impacto de la universidad en la sociedad. El nuevo sexenio de transferencia es un avance y pretende medir la contribución de la universidad en el incremento del bienestar social en términos generales.  Aquí pueden ver un informe detallado del modelo conceptual que ha impulsado la implantación del sexenio de transferencia. Un “molinillo del conocimiento” que haría feliz a Ortega y Gasset, ya que mide en definitiva la contribución social de la universidad que defendía en su escrito “Misión de la Universidad”.

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Sin embargo, utiliza como variable de medida del impacto social la implicación de cada profesor en la transferencia y en la difusión de su propia investigación a la sociedad. Por tanto, redunda en la exagerada carga de burocracia. Este año se han presentado 16,992 solicitudes que se han recibido por el sexenio de transferencia que deberá resolver una comisión de 10 miembros y 120 expertos. Por otra mide exactamente la implicación  personal del profesor en la trasferencia y no el valor no académico de lo transferido. En cambio, la evaluación del sistema británico evalúa el impacto social de la investigación del departamento independientemente del esfuerzo individual en su difusión (un 25% de la nota final). Miden cosas como el impacto de los artículos de investigación en el diseño de las políticas económicas por ejemplo (mediante citas en documentos oficiales, discursos de los policy-makers etc).

Por ilustrar la diferencia con un ejemplo (que pregunté durante la sesión). Al premio Nobel William Nordhaus no se le hubiera concedido un sexenio de transferencia si se hubiera limitado a escribir los papers que han cambiado la manera que tenemos de enfrentarnos al cambio climático y reducir las emisiones. Que el protocolo de Kioto y sucesivas rondas hayan adaptado los mercados de emisión de CO2 basándonos en sus artículos no demuestran suficiente transmisión de conocimiento ni impacto en la sociedad por parte del Nobel norteamericano. En cambio si tuviera cuenta activa en Twitter o hubiera dado una rueda de prensa en vez de acudir a puntual a su clase (como explican sus alumnos aquí ) posiblemente sí que hubiera obtenido una evaluación positiva.

Afortunadamente el sexenio de transferencia se encuentra en fase de calibración y se podrá ajustar para poder medir con más precisión aquello que Ortega llamaba la transmisión de la cultura, que junto con la formación e investigación conforman las tres misiones de la universidad. Actualmente, el sexenio tiene un error de medida al utilizar la variable transferencia social como instrumento de la transformación social. El sistema británico ha proporcionado resultados evidentes y positivos y podría servir de guía en su mejora. Por tanto, puede que una buena calibración para el sexenio de transferencia sería precisamente la máxima lapidaria de Unamuno en su discusión con Ortega sobre la europeización de España: ¡Que inventen ellos!

 

La primera de tres

En el calendario de la Unión Europea, 2019 trae al menos tres fechas cruciales para la suerte de todo el proyecto común: mucho de su futuro dependerá, en efecto, de lo que entre el final de marzo y el de octubre se dirima. Tal vez, a lo largo de la laboriosa construcción de la Europa integrada, nunca antes se había producido en tan acotado tramo temporal —apenas siete meses— tal coincidencia de citas decisivas.

 Son conocidas, aunque no estén igualmente presentes en el diario caudal informativo. De la que menos se habla por ahora cerrará el mes de octubre, al finalizar entonces el mandato de Mario Draghi al frente del Banco Central Europeo. La gestión de Dragui ha sido poco menos que providencial para evitar lo peor en los episodios más graves de la crisis económica, con actuaciones decisivas para salvar el euro. En la historia de la Eurozona, siempre se considerará un hito aquella comparecencia suya a mediados de 2012 —casi recién llegado a la presidencia— cuando se comprometió públicamente a hacer lo que fuera necesario para superar una situación crítica, transmitiendo una inusitada capacidad de persuasión: “…y, créanme, será suficiente”. No es indiferente, desde luego, quien presida el BCE; basta recordar los azarosos años precedentes a la jefatura de este docto romano, elegante y firme. Y conviene tener presente que el dilema hoy planteado entre mantener la laxitud de la política monetaria y la “normalización” financiera (alza de tipos, neutralización de la expansión cuantitativa), probablemente alcance un punto álgido cuando se produzca el relevo en la presidencia.

 Antes, con la primavera avanzada, elegiremos a quienes nos representarán durante el próximo quinquenio en el Parlamento Europeo. Una elección que esta vez se plantea como un pulso entre quienes apuestan por dar continuidad a lo construido, con unos u otros propósitos de reforma y mejora, y quienes confiesan sin pudor su “eurofobia”, esa suerte de antieuropeismo que se cultiva con no poca pasión desde tribunas y plataformas populistas, mezclando en muchas ocasiones xenofobia y pulsiones antidemocráticas. Como no se puede descartar que tales posiciones favorables a volver a una Europa con marcadas fronteras —y monedas— nacionales alcancen en el Parlamento de Estrasburgo una “minoría de bloqueo” (235 sobre los 705 asientos, vacíos ya los que corresponderán al Reino Unido), el 26 de mayo será otra cita crucial.

 Y ya mismo, antes de que termine este mes de marzo, la primera de las tres, que no solo a Jean-Claude Juncker le produce “fatiga”: el Brexit, cuando el día 29 se cumplan los dos años de la solicitud formal por parte del gobierno de Theresa May para ejecutar el mandato del referéndum de junio de 2016, en el que “una escasa mayoría de votantes británicos eligió la nostalgia por el siglo XIX sobre lo que les pudiera prometer el siglo XXI” (Joshka Fischer). Ahora toca contener la respiración: comenzó con acentos épicos (“Brexit is Brexit”, acuérdense), pero ha discurrido después con tonos más bien melodramáticos cuando no de comedia de enredo, con el riesgo —si terminara el plazo fijado sin acuerdo— de provocar un enorme caos económico e inseguridad jurídica. ¡Vivir para ver!

 

El diferencial de tipos de interés largo-corto plazo de la deuda pública como indicador adelantado del ciclo económico: ¿Se acerca EE.UU. a una recesión?

El Catedrático de Economía Arturo Estrella del Rensselaer Polytechnic Institute en Nueva York (y antiguo economista de la Reserva Federal de Nueva York) ha propuesto desde finales de los años ochenta la utilización de la pendiente de la curva de rendimientos (o el diferencial de los tipos de interés a largo y a corto plazo de los rendimientos de los Bonos del Tesoro) como un indicador adelantado de la actividad económica real futura y, en última instancia, de la probabilidad de la recesión o expansión de la economía americana en los siguientes 12 meses.

En síntesis, en las situaciones históricas en que el diferencial entre los Bonos del Tesoro a largo plazo (a 10 años) y a corto plazo (1 año) ha aumentado se podría esperar que el crecimiento económico mejore en un horizonte cercano (de cuatro a seis semestres), y viceversa. En el terreno empírico, la curva de rendimientos ha sido de gran utilidad como indicador adelantado de las recesiones y expansiones económicas de EE.UU. desde 1953, así como de las contracciones y expansiones en las economías de otros países, especialmente Alemania, Canadá y el Reino Unido. En general, el diferencial de tipos o la curva de rendimientos es capaz de predecir con precisión recesiones o expansiones económicas en comparación con otros indicadores económicos, incluidos los principales índices tradicionales y sus componentes, y otras variables potenciales con capacidad de predicción. Indicadores tales como los precios de las acciones y los tipos de interés pueden tener una capacidad de predicción en el futuro similar a la curva de rendimiento en determinados horizontes temporales, pero ninguno es capaz de mejorar a la curva de rendimientos como un indicador estadístico adelantado de la actividad económica real.

En el primer gráfico, se muestra para el periodo 1956 a 2018, las fechas en el que apareció la curva de rendimientos invertida (negativa) y las recesiones económicas en EE.UU.

En la primera y en la segunda columnas se muestran, respectivamente, el inicio y el final de la recesión. En la cuarta y en la quinta columnas se indica, respectivamente, el comienzo de la curva de rendimientos invertida y en cuantos meses se adelanto el inicio de la recesión económica. Por ejemplo, la última recesión económica en EE.UU. comenzó en diciembre de 2007 y finalizo en junio de 2009. En este caso la curva de rendimientos se volvió negativa en junio de 2006, con un anticipo de la recesión 23 meses antes.

En el segundo gráfico (hacer clic para ver el gráfico mas grande),  se muestra la evolución temporal de las tasas de rendimientos de los Bonos del Tesoro americano de 10 años (largo plazo) y de 1 año (corto plazo) desde 1953 a 2018. El diferencial positivo entre el tipos a largo plazo y a corto plazo alcanzo su pico positivo desde el comienzo de la la recesión de 2007 en enero de 2010 (+3,38%), y desde esa fecha se ha ido reduciendo (la curva se está aplanando). De hecho, el diferencial positivo ha registrado su mínimo en diciembre de 2018 (+0,17%) por lo que se podría invertir próximamente y, en teoría, anticiparía una nueva recesión en la economía americana.

Hay que tener cuenta – cómo mostramos en el primer cuadro – que el retraso entre la inversión de la curva y una recesión varía en el tiempo. En concreto, el retraso se sitúa históricamente entre 7 y 24 meses, con un promedio de aproximadamente 14 meses. Pero la cuenta atrás podría haber empezado.

Los Presupuestos Generales del Estado y el cuento de la lechera

Artículo publicado en Valencia Plaza el 27 de enero de 2019

Nuestras cuentas públicas se someten a escrutinio por la UE y continuamos dentro del procedimiento de déficit excesivo

Nos encontramos nuevamente a comienzos de año sin tener un presupuesto aprobado. Sin embargo, existe ya un proyecto de ley de presupuestos respaldado por el consejo de ministros y que se encuentra en trámites en el Congreso de Diputados.

Recordemos que este proyecto, aunque bastante similar, no se corresponde con el pactado hace varios meses por el líder de Podemos, Pablo Iglesiasy el presidente del gobierno, Pedro Sánchez. El primero estaba condicionado al aumento del techo de gasto (que había sido aprobado previamente por el gobierno de Mariano Rajoy) y que necesitaba el visto bueno del Senado, que no obtuvo.

Los Presupuestos Generales del Estado son complicados de elaborar y se encuentran, desde las últimas reformas de la gobernanza en la Unión Europea, sometidos a escrutinio, en especial si el país en cuestión ha incurrido en déficit excesivo. Desde 2009 España se encuentra dentro de dicho procedimiento, habiendo pactado una senda de reducción del déficit público que, como puede verse en el gráfico 1, se cumplió por primera vez en 2017 y que también debería haberse cumplido a finales de 2018. De no ser así, seguiremos siendo el único país de la eurozona sometido al procedimiento de déficit excesivo. Como puede verse también en la tabla 1, procedente del resumen del proyecto publicado por el Ministerio de Hacienda, se sigue presentando en la documentación un objetivo de -1,8%, cinco décimas más de déficit de lo autorizado. Dado que la cifra de discrepancia son 5.000 millones de euros (aproximadamente un mes de recaudación de IVA), se ideó un truco, que la AIReF (siglas de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) no ha avalado, y que consiste en contabilizar como ingresos de 2019 el IVA de diciembre de 2018 más los doce meses de 2019.

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Gráfico 1: Desviaciones de la senda aprobada para reducir el déficit excesivo. Fuente: Ministerio de Hacienda (2019)

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Tabla 1: Saldo de las finanzas públicas, por administraciones. Fuente: Ministerio de Hacienda (2019)

Con todo ello, ¿qué cifras cabe retener de las cuentas públicas del año 2019? En primer lugar, los gastos de la Administración central y los organismos que dependen de ella suponen algo más de 470.000 millones de euros, un 40% del PIB (que ronda en la actualidad los 1,2 billones de euros). Sin embargo, la cifra que suele manejarse es 345.361 millones de euros, que es el gasto en operaciones no financieras, que se obtiene al detraer activos y pasivos financieros. El gasto se divide entre cuatro grandes entes: el Estado (164.000 millones), los Organismos Autónomos(40.000 millones), la Seguridad Social(163.000 millones) y otros 8.000 millones que van al resto de entidades. La suma llega a 375.000 millones porque hay transferencias entre ellos.

En la Seguridad Social el mayor capítulo son las pensiones, que superan los 135.000 millones sólo en las contributivas. Respecto a los organismos autónomos, el principal es el Servicio Público de Empleo, que destina 23.000 millones, entre otras cosas, a las transferencias por desempleo. Otros organismos autónomos del Estado son el Fondo Español de Garantía Agraria, el INE o el Consejo Superior de Deportes. Las Agencias Estatalesreciben casi 8.000 millones de euros, incluyendo, entre otras, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia(3.800 millones), la Agencia Tributaria (1.100) o la Agencia Estatal de Investigación (732 millones).

El Estadodispone de una cifra relativamente modesta, 164.197 millones de euros, de los cuales más de 30.000 millones son los intereses de la deuda pública(más altos que las prestaciones por desempleo), mientras que 41.403 se destina a la financiación territorial. De esta cifra, casi 37.000 se dirige a los entes territoriales. Finalmente, los Ministerios (véase la Tabla 2) reciben algo menos de 59.000 millones. Los Ministerios con mayor presupuesto son Fomento, Defensa, Interior y Trabajo.

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Tabla 2: Presupuesto no financiero por secciones. Incluye detalle de Ministerios. Fuente: Ministerio de Hacienda (2019)

Todos estos datos son importantes porque permiten hacer una rápida comparación entre partidas. Además, hay un par de aspectos que muchas veces no se tienen en cuenta. En primer lugar, que hay impuestos cedidos totalmente a las autonomías (Patrimonio, Sucesiones y Transmisiones) y otros parcialmente (IRPF e IVA) de los que el 50% va directamente a las CCAA de régimen general. Por ello, como puede verse en la Tabla 3, el total que perciben las CCAA supera los 110.000 millones de euros (y no los 37.000 mencionados anteriormente). La segunda puntualización es que dichos fondos no son finalistas. Las CCAA elaboran los presupuestos atendiendo a sus prioridades y políticas, siendo aprobados en sus parlamentos. Evidentemente, la mayor parte del presupuesto de las CCAA se destina a Sanidad y Educación, competencias transferidas y de cuya gestión son responsables.

Ello explica que los ministerios de Educación y Sanidad tengan presupuestos bastante pequeños: 2.300 en el caso de Educación (más otros 2.400 de Universidades e Investigación) y 3.100 en el caso de Sanidad. En Educación, el gasto viene explicado en un enorme porcentaje por las becas generales (1.600 millones). La principal labor de los ministerios, en el actual sistema, es elaborar la legislación básica y coordinar las políticas con las autoridades de las CCAA. Otra cosa, muy diferente, es que se haga dejación, en muchas ocasiones, de dichas obligaciones. Pero eso es otra historia…

No obstante, resta saber no sólo si se aprueban sino cuáles van a ser los efectos sobre la recaudación de las diferentes medidas tomadas en un contexto mundial de desaceleración. Hemos repasado los gastos previstos, pero poco hemos hablado de los ingresos y lo que conocemos hasta ahora se parece bastante al cuento de la lechera: están en el aire. El ciclo económico, a este respecto, es implacable. Aunque el FMI no haya reducido las cifras previstas de crecimiento para España, tanto los impuestos tradicionales como los cambios introducidos en este presupuesto (impuesto Google y Tasa Tobin) son muy sensibles a la actividad económica externa e interna, siendo de esperar una recaudación bastante por debajo de lo que prevén las cuentas públicas. Es decir, el déficit rebasará los límites previstos.

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Tabla 3: Recursos recibidos por las CCAA del régimen general y ciudades autónomas. Fuente: Ministerio de Hacienda (2019)

Independientemente de que se aprueben estos presupuestos o se prorroguen los de 2018, la comparación muestra que, en la mayor parte de los casos, son continuistas. Otra cosa es ir al detalle: por ejemplo, un simple cálculo nos muestra un incremento medio en los fondos percibidos por las CCAA de un 6.3% y Comunidad Valenciana vuelve a quedarse por debajo de la media (su incremento es un 5.4%). Los fondos destinados a Madrid y Andalucía aumentan justo la media, mientras que Cataluña lo hace en un 8.1%. Es decir, que parezca que las cosas cambien para que se queden igual.

En “modo elecciones”

Desde el comienzo del pasado otoño, este es el “ajuste” en que hemos colocado nuestro smartphone nacional. A partir de la precampaña andaluza, el mes de septiembre, no es otro, en efecto, el tono dominante en el escenario político español, marcando movimientos y declaraciones, actuaciones y discursos. El denso calendario electoral que abrió Andalucía y que se prolongará con una triple cita fija en mayo (europeas, y locales y autonómicas de régimen general) y otras pendientes de señalar (generales y, quizá también, en alguna Comunidad Autónoma de régimen particular), lo condiciona todo. Campaña electoral permanente: casi nada en 2019 podrá escapar a tal sino. Su protagonismo deja en la sombra o en un plano muy secundario cualesquiera otras circunstancias, comenzando por el “listado bastante largo” de riesgos que a escala global y europea detecta Draghi y los temores expresados por Lagarde, para continuar por los toques de atención que insistentemente transmiten ciertos indicadores económicos, propios y ajenos.

Era presumible que el final de esta Legislatura (la XII de la España democrática) no iba a ser fácil con un Gobierno en minoría en el Congreso de los Diputados y la enrevesada aritmética de votos que necesita para sostenerse, cuando el curso de los acontecimientos en el desafío independentista parece fuera de control en muchos aspectos, y en primer término dentro de la misma Cataluña. Un difícil final que está acarreando costes tan significativos como el bloqueo en la renovación de órganos institucionales del mayor rango, como son los del poder judicial. Pero es el poblado horizonte electoral lo que está provocando una suerte de “inflamación”, responsable de llamativas mudanzas –y también tribulaciones– en los partidos y del endurecimiento y radicalización de mensajes, como si la “bronca constante” fuera el hábitat de los interlocutores políticos (un medio natural bien distinto, afortunadamente, del que da cobijo a la inmensa mayor parte de la ciudadanía española).

La política económica –medidas que se adoptan, intenciones que se confiesan– no queda al margen, por supuesto, de la situación. La “exuberancia normativa” que revela el Boletín Oficial solo es comparable con la “declarativa” de los responsables de unos y otros Ministerios con competencias económicas. Todo dominado por las prisas: se revierten reformas (en el terreno del mercado laboral o de la gestión de los fondos para la formación, las más recientes) y se adoptan o anticipan medidas sin conocer el alcance de sus efectos (señaladamente, en el ámbito industrial y energético, por una parte, y en el fiscal, por otra). El colofón, unos Presupuestos Generales cuya consistencia han cuestionado razonadamente la AIReF, primero, y luego el Banco de España, poco después, por cierto, de que en la tribuna de Davos el presidente Sánchez afirmara su convicción de que “este presupuesto es el inicio de una historia de éxito, de una nueva era de España…”.

Estamos en “modo electoral”, no hay duda. Dejémoslo ahí, olvidándonos por un momento de la advertencia que Lawrence Freedman, un buen experto en estrategia, anota en su más reciente libro: “la historia la hacen personas que no saben qué va a pasar a continuación”.

 

Indicador de coyuntura: Enero 2019

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta diciembre de producción industrial y de ventas, y hasta noviembre de renta y de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en diciembre es de 3,7, un poco por encima del valor que tomó en noviembre de 2,3.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del indicador compuesto han tenido una evolución dispar. La producción industrial y las ventas crecieron menos en noviembre (-2,8% y 2,1%) que en octubre (3,6% y 3,1%). Sin embargo, la renta y los afiliados crecieron más en diciembre (4,0%, y 3,2%) que en noviembre (3,1%, y 2,6%).

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