Indicador de coyuntura: Octubre 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de septiembre con los datos publicados hasta agosto de producción industrial, ventas, y renta, y hasta septiembre de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante los años 2015 y 2016. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en septiembre es de 2,7, levemente superior al valor de agosto 2,3.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE muestran signos ambiguos. Los indicadores que presentan mejores datos son la producción industrial y las ventas, que crecen 6,8% y 2,2% en agosto frente a los datos de -5,4% y 1,4% en julio; y los afiliados, que crecen 3,1% en septiembre frente al crecimiento de 2,7% de agosto. Sin embargo, la renta pasa de crecer un 6,3% en julio a un 4,4% en agosto.

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 La evolución reciente del Ind-ALdE coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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Las familias con menos ingresos pasan más tiempo en Internet

En economía decimos que un bien es inferior cuando al aumentar nuestros ingresos demandamos una menor cantidad de ese bien. Por ejemplo, realizar viajes largos en autobús es un bien inferior. Al aumentar nuestros ingresos, seguramente elegiremos modos de viajar más rápidos, como el avión, y viajaremos menos en autobús.

Un estudio reciente concluye que Internet también es un bien inferior. Los autores del estudio, Andre Boik, Shane Greenstein y Jeffrey Prince, han analizado los datos de consumo de Internet de 40.000 familias estadounidenses, en el año 2008 y en el año 2013. Los autores muestran que entre las familias que tienen Internet, las que cuentan con menos ingresos (menos de 15,000 dólares al año) pasan alrededor de dos horas más a la semana en Internet que las familias con más ingresos (más de 100,000 dólares al año).

¿Por qué las familias con menos ingresos pasan más tiempo en Internet? La respuesta, según este estudio, se encuentra en un concepto clave en economía: el coste de oportunidad. Las familias con más ingresos tienen más opciones para su tiempo libre que las familias con menos ingresos. Navegar por Internet supone, para las familias con más ingresos, sacrificar alternativas que resultan más atractivas y, por ello, destinan menos tiempo a navegar por la red.

El trabajo de Boik, Greenstein y Prince presenta, además, conclusiones muy interesantes sobre nuestro comportamiento en Internet. Los autores observan que nuestras visitas se suelen concentrar en pocas páginas; además, en la mayoría de los casos estas visitas suelen durar más de 10 minutos. Este comportamiento no se ha alterado entre los años 2008 y 2013. Lo que sí ha variado es qué tipo de contenidos consumimos en Internet. En el año 2008 la categoría más consumida era el chat. Para el año 2013 el peso de esta categoría era ya marginal. En cambio, se observa un aumento muy importante en el tiempo que se dedica a las redes sociales y al consumo de videos. El consumo de noticias también se reduce entre 2008 y 2013. Esto se explica porque las redes sociales, como Twitter, ofrecen una vía alternativa para acceder a estos contenidos. El estudio muestra también que las familias con más ingresos dedican más tiempo a categorías como servicios educativos, noticias, juegos on-line y vídeos. En cambio, el consumo de categorías como el chat, las redes sociales o la pornografía no parece tener relación con los ingresos de las familias.

Internet es el icono de las nuevas tecnologías y el ingrediente básico de las sociedades híper-conectadas. En las últimas dos décadas hemos pasado de no tener Internet a pasar mucho tiempo enganchados a la red. Sin embargo, Internet no es diferente al resto de los bienes; si tenemos alternativas más atractivas apagaremos el ordenador. En todo caso, espero lo hagan una vez que hayan leído este post.

Evolución histórica del tipo de cambio nominal de la libra esterlina/dólar, 1910-2016

La decisión por parte del Reino Unido de salir de la Unión Europea el 23 de junio pasado provocó un verdadero cataclismo en los mercados financieros internacionales. Las Bolsas se desplomaron y la libra esterlina se depreció considerablemente con el dólar y el euro. Pronto empezaron las opiniones que apuntaban que la depreciación nominal de la libra tendría efectos negativos sobre las exportaciones de bienes de EE.UU. y del resto de la Unión Europea hacia el Reino Unido, y en mayor medida, sobre los flujos de turistas británicos. Pero estos malos presagios no tienen en cuenta la evolución histórica del tipo de cambio nominal de la libra y los factores que determinan la depreciación nominal a largo plazo. A pesar de ello, el flujo de los turistas británicos hacia España ha continuado históricamente aumentando.

En el primer gráfico se muestra la evolución del tipo de cambio nominal de la libra con el dólar desde comienzos de 2016 hasta la actualidad. La línea roja vertical señala el día del “Brexit”.

El tipo de cambio de la la libra con el dólar fluctuaba desde comienzos de año y hasta el día de la votación alrededor de 1,45 dólares por libra. Después de la votación, la libra se depreció fuertemente (en relación con el dólar) y el tipo de cambio nominal ha fluctuado alrededor de 1,32 dólares por libra desde entonces. Esta depreciación puede reflejar las expectativas negativas a corto plazo sobre los flujos del comercio internacional (bienes y servicios, incluido el turismo) Reino Unido.

No obstante, el tipo de cambio nominal de la libra con el dólar (y con otras monedas) ha registrado una tendencia a la depreciación en el largo plazo. Hagamos dos zoom que nos van a ilustrar esta tendencia.

En el segundo gráfico se muestra la evolución del tipo de cambio nominal de la libra con el dólar desde comienzos de 1971 hasta la actualidad.

La libra cotizaba a 2,40 dólares después de la ruptura del Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods en el periodo 1971-1973, y desde entonces ha continuado una tendencia a la depreciación nominal. El mínimo desde entonces se sitúo en 1,079 dólares por libra en febrero de 1985, lejos aún de la actual cotización de 1,30 dólares por libra.

Hagamos un zoom aún mayor en el tercer gráfico, ampliado el periodo desde 1910 hasta la actualidad.

Ahora queda más clara la evidencia de que la libra esterlina se ha ido depreciando a largo plazo con el dólar: ¡En 1910 cotizaba a 5,0 dólares por libra!.

La depreciación del tipo de cambio nominal de la libra con el dólar a largo plazo no depende de las expectativas negativas que se puedan generar en los mercados financieros por acontecimientos como el “Brexit”. El comportamiento del tipo de cambio nominal a largo plazo de cualquier moneda depende de la influencia conjunta de dos factores: (1) de los cambios en los niveles de precios relativos a largo plazo derivados a partir de los factores monetarios internos, es decir, los cambios de la oferta y la demanda de dinero relativa entre los dos países; (2) de los cambios en el tipo de cambio real bilateral que mide la competitividad exterior de la economía nacional.

Cobertura Sanitaria Universal: ¿ha llegado su tiempo?, por Bienvenido Ortega

Nuestro compañero Bienvenido Ortega (Universidad de Málaga) nos envía esta entrada a propósito de un documento firmado por un amplio número de economistas de diferentes países acerca de la cobertura sanitaria universal.

En Septiembre de 2015 Lawrence H. Summers publicó en la revista The Lancet la “Declaración de los Economistas sobre la Cobertura Sanitaria Universal” (Summers, 2015). En este documento, firmado originalmente por 267 economistas en 44 países, se hizo un llamamiento a los responsables políticos y líderes globales para que consideren como un pilar básico de la estrategia de desarrollo a nivel mundial la construcción de un sistema de Cobertura Sanitaria Universal (CSU) orientado, en particular, a cubrir las necesidades de la población más pobre y vulnerable. En concreto, el documento señala que la CSU tiene como propósito asegurar que toda persona pueda acceder a servicios de salud esenciales de calidad, sin que ello le suponga enfrentarse a dificultades financieras, de forma que el acceso a los servicios de salud se fundamente en la necesidad y no en la capacidad de pago del usuario. En consecuencia, la CSU puede concebirse como una estrategia orientada a lograr avances en tres dimensiones clave de los sistemas sanitarios de los países (Chisholm y Evans, 2010): proporción de la población cubierta por el sistema de salud; catálogo de servicios o intervenciones de salud eficaces que están disponibles para los miembros del colectivo cubierto; proporción de los costes totales de los servicios que están financiados por el sistema. Desde esta perspectiva, el camino que los países deben recorrer hacia la CSU supone realizar progresos en cada una de estas tres dimensiones, teniendo en cuenta que, particularmente, en los países menos desarrollados, esta estrategia debe focalizarse en garantizar la provisión de los servicios de atención básicos, con la total cobertura de la población más vulnerable, minimizando la necesidad de las familias de efectuar pagos directos por la prestación de los servicios que reciben.

Aunque la CSU pudiera parecer un objetivo poco realista en países pobres, en palabras de Amartya Sen (2015), la CSU es “un sueño asequible” también en estos países. Así lo demuestran las experiencias de, por ejemplo, Bangladesh, Costa Rica, México, Tailandia, Vietnam o el estado de Kerala en India. Estos países o regiones han mostrado cómo servicios de salud básicos de calidad pueden ser proporcionados a un coste muy bajo. También han mostrado que la historia, la cultura y la situación política y económica de cada país se combinan de forma diferente para dibujar un camino propio hacia la CSU. Sin embargo, por encima de esa heterogeneidad, pueden extraerse de estas experiencias enseñanzas sobre cómo organizar la gobernanza y financiar la CSU en países con distintos niveles de desarrollo. En este sentido la experiencia muestra que la clave del éxito en estos países no ha radicado exclusivamente en el aumento de los recursos destinados a financiar los servicios sanitarios sino, crucialmente, en la asignación eficiente de los recursos movilizados en intervenciones de alto impacto (Pablos-Mendez et al., 2016). De ahí que no solo sea importante mejorar la eficiencia técnica en la prestación de los servicios sanitarios, sino también la eficiencia asignativa, determinando qué combinación de servicios o intervenciones específicas, y en qué localización, maximizan los resultados en salud en cada país. Comprender hasta qué punto el “mix” actual de intervenciones proporcionado en cada localización es eficiente, es crítico para determinar si pueden obtenerse mejores resultados a nivel nacional con los recursos disponibles (objetivo del proyecto WHO-CHOICE desarrollado por la Organización Mundial de la Salud).

La CSU está poco desarrollada en los países de renta media y baja, particularmente en el África sub-sahariana y del sur de Asia. En estos países el acceso a muchos servicios sanitarios básicos es inadecuado, especialmente en zonas remotas y rurales. Hay regiones en el mundo en las que grandes proporciones de niños menores de cinco años mueren, no como consecuencia de nuevas o exóticas enfermedades para las que no hay tratamiento, sino por desnutrición, malaria, e infecciones intestinales y respiratorias fácilmente prevenibles. Al mismo tiempo, alrededor de 150 millones de personas gastan anualmente más del 40% de su presupuesto destinado a alimentación a financiar tratamientos y servicios de salud (incurriendo en el denominado “gasto catastrófico en salud”) y cerca de un tercio de los hogares en África y en el sudeste asiático tiene que endeudarse o a vender activos del hogar para pagar el tratamiento, forzando incluso a algunas familias a renunciar a la escolarización de sus hijos o a contraer una deuda ruinosa (Kruk et al.,2009).

En este contexto, la implementación efectiva de la CSU en el mundo contribuirá a eliminar las muertes prevenibles y a desplazar a los gastos catastróficos en salud como principal causa de pobreza extrema. Los argumentos que justifican estas políticas no sólo son de equidad, también de eficiencia económica. The Lancet Commission on Investing in Health (2013) ha estimado que cada dólar invertido en salud en los países en desarrollo generará un retorno entre 9 y 20 dólares a lo largo de los próximos 20 años (teniendo en cuenta tanto los aumentos en la renta nacional como el valor de los años adicionales de vida que ganaría la población en el periodo). Es por ello que la CSU no sólo puede contribuir a mejorar la vida de las personas, sino a mejorar las oportunidades sociales y económicas de la población más vulnerable por medio de una asignación más eficiente de los recursos.

La inclusión de la CSU dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030, como un instrumento útil para lograr los objetivos de garantizar una vida sana y acabar con la pobreza extrema, refuerza la propuesta realizada por este grupo de economistas. Sin embargo, la implementación efectiva de este instrumento dependerá, en última instancia, de la existencia de un compromiso político al más alto nivel e incluso, en muchos países, de un cambio en el contrato social en salud y educación. La CSU ya es considerada como un objetivo global por Naciones Unidas. Esperemos que en los próximos años esto signifique que su tiempo ha llegado.

 

REFERENCIAS

Chisholm, D. & D.B. Evans (2010): Improving health system efficiency as a means of moving towards universal coverage, World Health Report, Background Paper, 28, WHO. http://www.who.int/healthsystems/topics/financing/healthreport/28UCefficiency.pdf

Kruk, M.E., Goldmann, E. & S. Galea (2009): “Borrowing and Selling to Pay for Health Care in Low- and Middle-Income Countries”, Health Affairs, 28 (4): 1056-1066.

Pablos-Mendez, A., K. Cavanaugh & C. Ly (2016): The New Era of Health Goals: Universal Health Coverage as a Pathway to the Sustainable Development Goals, Health Systems & Reform, 2(1): 15-17. http://dx.doi.org/10.1080/23288604.2015.1120377

Sen, Amartya (2015): “Universal healthcare: the affordable dream”, The Guardian, 06/01/2015. https://www.theguardian.com/society/2015/jan/06/-sp-universal-healthcare-the-affordable-dream-amartya-sen

Summers, L.H. (2015): “Economists’ declaration on universal health coverage”, The Lancet, 386 (10008): 2112–2113. http://universalhealthcoverageday.org/economists-declaration/#signatories

The Lancet Commission on Investing in Health (2013): “Global Health 2035: A world converging within a generation”, The Lancet, 382 (9908): 1898–1955.

 

 

ALERTAS GLOBALES

Las últimas advertencias las ha formulado el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reciente informe de perspectivas globales: sobre la economía mundial se ciernen una serie de amenazas, no todas de la misma naturaleza, que pueden poner en peligro su crecimiento en los próximos meses. Algunas de esas alertas verifican hechos contemporáneos, nada nuevos, como el impacto adverso de las políticas fiscales basadas en la austeridad, el reducido crecimiento de la inversión o la ralentización del comercio internacional. Otras dan cuenta de amenazas proteccionistas asociadas a desenlaces electorales, en países con un peso específico importante en la economía global: EEUU, Alemania o Francia. Todos ellos impactarán en la economía española, reduciendo un ritmo de crecimiento que ha sido tributario de un entorno internacional favorable.

  1. Comercio internacional, incertidumbre política y proteccionismo. En el descenso del crecimiento del volumen de comercio internacional están concurriendo transformaciones de carácter estructural como la tercerización creciente de muchas economías, o el repliegue doméstico de procesos de producción internacionales y alteraciones en las cadenas de producción de empresas multinacionales. Pero el principal factor sigue siendo la debilidad de la demanda agregada, y la caída de la inversión. Es esta última, como destaca el FMI, la que en mayor medida contribuye a la generación de flujos de comercio bajo la forma de bienes de capital e inputs intermedios. Además de ello, no han sido pocos los países que han adoptado medidas claramente proteccionistas. La Organización Mundial de Comercio ha dado cuenta del incremento de las mismas en los últimos meses en el seno del G20. Y los ministros de economía de esta formación acaban de alertar con razón de la inflexión en la dinámica de globalización.Los procesos electorales que abordan en los próximos meses países importantes en la escena global no están exentos de amenazas, asociadas a la emergencia de opciones políticas partidarias de limitaciones a las libertades de circulación de personas, mercancías y servicios. Tendencias nacionalistas, también en el ámbito económico, que acotando la dinámica de intercambios puede hacerlo con el crecimiento global. En EEUU son explícitas. En Europa, la señal más inquietante es la concreción del Brexit, pero no es la única. La contestación a la moneda única, o en el mejor de los casos, a las políticas adoptadas por el BCE para defenderla, son objeto de amplia contestación en algunas economías centrales de la eurozona.Para la economía española esas tendencias pueden contribuir a una desaceleración adicional a la observada recientemente en el propulsor más virtuoso de su recuperación, las exportaciones de bienes y servicios, y llegar a registrar drenajes en el crecimiento originados por un renovado déficit en la balanza de pagos por cuenta corriente. Tampoco hace falta recordar el impacto favorable que están teniendo las políticas monetarias sobre la economía española. Sin el apoyo del BCE España soportaría tipos de interés que harían difícil atender el elevado endeudamiento público y privado. Si el BCE dejara de comprar deuda pública española en las cuantías que lo hace, la dichosa prima de riesgo reflejaría en toda su extensión las limitaciones de nuestra economía y su singularidad política. Y los ajustes presupuestarios serían mucho más severos que los que vienen.
  2. Inestabilidad financiera. La crisis ha dejado secuelas en muchas entidades financieras de difícil superación. Desde luego en el seno de la eurozona. No se trata solo de la difícil coexistencia de la intermediación bancaria con tipos de interés nulos o negativos. También de la aceleración de la obsolescencia en que han quedado los modelos de negocio en la banca al por menor. Los problemas del Deutsche Bank o los de los bancos italianos y portugueses en modo alguno han sido superados. Algunos gobiernos se verán obligados a seguir financiando la digestión de los excesos de la crisis en algunas entidades, o la difícil adaptación a la nueva situación de otros sectores en economías centrales, como el de las compañías de seguros en el ramo de vida. La inestabilidad financiera también puede emerger una vez la Reserva Federal normalice su política monetaria con sucesivas elevaciones de tipos de interés. Las repercusiones serán más explícitas en aquellas economías más endeudadas en dólares. Si la Fed ha retrasado su endurecimiento ha sido precisamente por el deterioro de las condiciones económicas internacionales. Pero serán las emergentes las que sufran, no solo por esa deuda, sino por el menor atractivo de la inversión extranjera cuando los tipos de interés en EE.UU. sean más elevados. Ante un panorama tal nuestro sistema financiero, los bancos concretamente, seguirán expuestos al fácil contagio de episodios de tensión con los que compartimos moneda, política monetaria y mercados interbancarios.
  3. Crecimiento mundial decepcionante. No ha de extrañar, por tanto, que el crecimiento anticipado para la economía mundial sea decepcionante y plagado de riesgos a la baja. El más destacado es el constituido por las presiones deflacionistas que siguen estando presentes en las economías más avanzadas, de forma especial en la eurozona. La baja inflación no favorece la reducción de la deuda, del exceso de capacidad de muchos sectores, ni la ampliación del crecimiento potencial de las economías.

En la eurozona, a pesar del mantenimiento de los tipos de interés oficiales en niveles históricamente bajos, las expectativas de una débil inflación seguirán reduciendo la eficacia de la política monetaria, con tipos de interés reales más elevados de lo deseable. La española no es ahora precisamente la economía más inflacionista de la eurozona, pero si es una de las más endeudadas, y la deflación no es precisamente el mejor acompañante de los deudores.

Frente a un panorama tal, el curso de acción políticamente más eficaz es el aumento de la inversión pública propiciadora de la expansión de la privada, y del consiguiente aumento del empleo y la productividad. De forma prioritaria la de aquellas economías con margen suficiente en sus finanzas públicas, como es el caso de Alemania, con un abultado superávit público por tercer año consecutivo. Pero, en todo caso, la inversión susceptible de concretar de forma mancomunada, como la propuesta por las iniciativas asociadas al Plan Juncker, hasta ahora demasiado dependientes de la financiación privada.

Todas las instituciones multilaterales, y desde luego el propio BCE, han verificado la incapacidad para que la política monetaria disponga de más eficacia en la neutralización de ese riesgo de estancamiento, de “japonizacion”, de la eurozona. La defensa de la austeridad fiscal a ultranza hace tiempo que exhibió sus efectos depresivos. El propio presidente Draghi ha sugerido la conveniencia de incrementos salariales que contribuyan a anclar expectativas de inflación y de paso paliar la extensión de la desigualdad creciente en la distribución de la renta y la consiguiente desafección de los ciudadanos. Sin menoscabo de ello, más fácil de instrumentar y de efectos más inmediatos en el fortalecimiento del mercado interior europeo sería que instituciones especializadas como el Banco Europeo de Inversiones aprovecharan los ínfimos costes de capital vigentes para concretar programas de inversión en destinos favorecedores del desarrollo tecnológico, de la vertebración intraeuropea y, en definitiva, de la modernización económica de Europa. Haciéndolo, se favorecerá también la instrumentación de reformas en las economías nacionales ampliadoras del crecimiento potencial y las no menos urgentes en la gobernación de la UE, expuesta a las mayores tensiones centrífugas desde su creación. @ontiverosemilio

Diario El País (16/10/2016)

Ein-Euro-Jobs (Trabajo-por-1€)

Texto: Jordi Paniagua. Ilustración: Carlos Sánchez Arandaeurojob

¿Estaría Usted dispuesto a trabajar cobrando un euro la hora? En Alemania, unos 75,000 desempleados (un 7.5% de total) reciben una compensación de entre 1€ y 2.5€ por hora trabajada. Es una de las medidas un plan que pretende atajar el desempleo estructural conocido como “Arbeitsgelegenheit mit Mehraufwands-entschädigung” (algo así como oportunidades-de-trabajo-con-compensaciones-adicionales). Detrás de este título interminable se esconde un programa de empleabilidad (unos 250 millones de euros al año) consistente en re-introducir en el mercado laboral a desempleados de larga duración pagando una compensación (que no salario) de un euro por hora.

El Ein-Euro-Job es un programa distinto al de mini-jobs (o midi-job), que se remuneran con salarios entre 450€ y 850€ al mes (exentos de cotizaciones sociales), cuyo objetivo es introducir en el mercado laboral a colectivos con más dificultados (por ejemplo los jóvenes). Los mini-jobs se pueden acumular (hasta un límite) y son compatibles con otros trabajos con contratos regulares. Los mini-jobs cotizan para el cálculo de pensiones, desempleo, vacaciones y bajas.

El pago no es un salario al uso, sino más bien compensación por el coste de realizar una actividad laboral (por ejemplo desplazamiento, ropa de trabajo etc). La empresa o el empleador no tienen coste alguno, ya que esta compensación la asume el Estado Alemán. Por tanto, no tiene ninguna contrapartida ni cotización en el régimen de la seguridad social del “empleado”.

El objetivo del trabajo-por-1€ es aminorar la desconexión laboral de quien hace tiempo que no usa el despertador ni tiene una rutina ni está acostumbrado a tener un jefe. Una de las críticas que se hace al sistema el tipo de trabajos que se realizan. Uno de los trabajos por un euro el más interesante es el de comprobador de la integridad de los puzzles de segunda mano.

satellite2El programa no está exento de controversia política y centra buena parte del debate entre conservadores y socialdemócratas alemanes. Curiosamente los políticos en Alemania se dedican a discusiones tan banales sobre cómo emplear a los desempleados y no a temas tan trascendentes como patrios tales como las banderas y fronteras, las fiestas nacionales o el fútbol. Mientras tanto, el desempleo de larga duración no hace más crecer (en hombres se ha elevado 5,2 puntos y en mujeres 6,1 puntos en el periodo 2010-2014) y supera con creces la media Europea.

Los críticos (El SPD que curiosamente fue el partido que engendró el plan con la comisión Hartz en tiempos de Schröder)  sostienen que con este tipo de trabajos apenas se mejoran las capacidades que demanda el mercado laboral. Los promotores del sistema defienden que cualquier ocupación es peor que estar desempleados. Parten de la premisa que la principal causa desempleo de larga duración de la es no estar trabajando.

Uno de aquellos papers maravillosos de antes de los noventa, que resumen la intuición del modelo con ejemplo cautivador, nos ayuda a entender el problema del desempleo de larga duración con un ejemplo que parece inspirador del sistema alemán. El ejemplo que plantean Budd, Levine y Smith “Unemployment, Vacancies and the Long-Term Unemployed” (1988, Economic Journal) es el siguiente: Imaginen una tienda de flores con un ramo de flores con una frescura decreciente. Si los clientes pueden escoger libremente las flores que compran sin variación de precios, se establece un doble sistema de discriminación. Las flores más frescas se venderán antes (state depandance effect), pero algunas flores se mustiarán antes que otras (hetorogeneity effect).  Es decir, que si se venden flores de hace dos días, serán las más frescas de su grupo. Por consiguiente cada día que pasa, el ramo no solo acaba mustiándose más por paso del tiempo, además  pierde las flores más frescas (las que mustien más lento).

El programa trabajo-por-1€ aborda el primer problema, por el cual un empleador prefiere a una persona que ha estado desempleada durante cuatro meses frente a otra desempleada durante seis meses, pero deja sin resolver el hetorogeneity effect. No todos los desempleados son iguales, habrá quien pueda adquirir habilidades que le permitan encontrar trabajo haciendo puzles, pero para muchos otros seguirán sin encajar en el puzle que se ha convertido el mercado de trabajo en Europa, y particular en España.

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¿Podría este programa reducir parte del paro estructural es España? Su éxito dependerá en buena medida de cuál de los dos efectos (dependencia del Estado vs. Heterogeneidad) prima en nuestro país. Los datos sugieren que la mayoría de desempleados de larga duración son un grupo bastante homogéneo (mayores de 50 años con estudios primarios). Por tanto, no sería descabellado profundizar en medidas imaginativas y concretas como la de trabajo-por-1€ para reducir el paro de larga duración en nuestro país.

Estabilidad

Como los agoreros proliferan y se multiplican entre nosotros, no estará de más prestar atención a lo que de alentador nos trae el curso de los días. Anticipar males y desdichas se vende mucho mejor, desde luego, que el discreto apunte de hechos positivos, pero no por ello hay que desistir. En determinadas ocasiones —se ha dicho con autoridad— el optimismo es una obligación moral, y aún más si esa actitud o propensión del ánimo encuentra respaldo en datos o situaciones perceptibles.

Reparemos, por ejemplo, en los resultados de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco. Nos son pocas las conclusiones que pueden obtenerse en dirección contraria al rampante derrotismo en tantos medios. Dos tienen especial relevancia. Primera: se han mantenido los porcentajes de quienes, sobre el censo total de votantes, han acudido a las urnas, lo que supone un nivel de participación comparativamente alto en términos europeos. El “hartazgo” de política, como se repite sin tregua, hasta hoy, no se traduce afortunadamente en indiferencia o abandono ante el llamamiento electoral (ahora en Galicia la participación ha sido superior a la de 1989, 1997 y 2001, y en el País Vasco a la de 1986, 1990 y 1994). En segundo lugar, y fundamental, en ambas consultas los votos se han inclinado mayoritariamente por refrendar trayectorias de pragmática gestión pública y realizaciones materiales frente a programas ideologizados más o menos radicales, apostando en definitiva, tanto en Galicia como en Euskadi, por la estabilidad, un bien que tantos beneficios nos ha dado durante siete lustros (y que solo se valora cuando se pierde). Si a ello se suma, en el caso del País Vasco, la firme decantación del PNV hacia una vía claramente distanciada del nacionalismo independentista catalán, el balance es todo menos negativo. No estamos ante una ciudadanía desnortada, ni ante una democracia vaciada por el alejamiento masivo de quienes han de sostenerla, tentados eventualmente de situarse extramuros del sistema: la temida polarización se ha revelado más mediática que real. Tómese nota.

Las previsiones de crecimiento de la economía española ofrecen otro campo abonado para los cultivadores del desánimo, encargándose los registros del PIB, trimestre a trimestre, de poner en solfa vaticinios pesimistas. Un ejemplo llamativo: si la situación política generada por las dificultades para formar Gobierno se prolongara seis meses más, se decía a bombo y platillo en febrero de este año por sesudos analistas, la variación anual del PIB perdería entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales en 2016, generando una subida de la prima de riesgo de nuestra deuda de 70 puntos básicos y la pérdida de bastante más de 100.000 empleos; y bien, ocho meses después esa cuantificación se ha dado de bruces con la realidad, conservando la economía española un encomiable pulso, que es sobresaliente en el marco de toda la UE, y no solo de la eurozona. Conviene ser muy cauto al aventurar predicciones en economía, y presentarlas sin demasiado ruido para no tener luego que responder de ellas, por más que la memoria sea corta.

¿Cuándo nos decidiremos a poner en valor lo (mucho) bueno que tenemos? Un poco más de autoestima también contribuiría a la estabilidad.

¿Es mejor dar el pez que enseñar a pescar?

Seguramente todos habremos escuchado alguna vez ese antiguo proverbio chino que reza “Dale un pez a un hombre, y comerá hoy. Enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”. Este proverbio ha guiado la ayuda al desarrollo durante mucho tiempo, convirtiendo a la educación en una de sus partidas más importantes.

Sin embargo, durante las últimas décadas, algunos países han comenzado a aplicar variantes de este proverbio chino. Por ejemplo, en algunas comunidades pobres se observaba que, a pesar de la inversión en escuelas y profesores, los niños no acudían a la escuela. Esto se debía a que los niños tenían que trabajar para apoyar los ingresos de la familia. Para romper este círculo de pobreza, a partir de la década de 1990, países como México y Brasil comenzaron a transferir dinero a las familias más pobres a condición de que los hijos fuesen a la escuela, y cumplieran con algunos requisitos sanitarios, como la vacunación. Estos programas de ayuda a los pobres, que siguiendo el proverbio chino denominaríamos “Te doy el pez, si aprendes a pescar”, se han extendido por un gran número de países. Como señalaba  el Banco Mundial en este informe, la mayoría de los estudios de evaluación concluyen que los programas de transferencia de efectivo condicionados han mejorado los indicadores de salud y educación de los hijos de las familias más pobres.

Al calor del éxito de estos programas, algunas personas se han preguntado si realmente las transferencias de efectivo deben tener condiciones aparejadas para que resulten efectivas. Como señalaba uno de los mayores expertos en desarrollo, el profesor Abhijit Banerjee, dar dinero directamente a los pobres era algo impensable en los círculos de la ayuda al desarrollo. El argumento era que las personas pobres no sabrían cómo utilizar el dinero para salir de la pobreza, y lo malgastarían en tabaco y alcohol. Sin embargo, la ONG GiveDirectly, que cuenta con el respaldo de Google, ha cuestionado este argumento, y transfiere directamente dinero a las personas más pobres. Esta ONG le ha dado completamente la vuelta al proverbio chino y plantea “Dar el pez, en vez de enseñar a pescar”.

Un reciente estudio, publicado en la prestigiosa Quarterly Journal of Economics, ha analizado el impacto de las transferencias de esta ONG en una comunidad pobre en Kenia. El trabajo muestra que las familias que recibieron una transferencia en efectivo destinaron parte de la renta adicional al consumo y parte a la inversión. Con relación al consumo, la renta adicional no se malgastó en alcohol o tabaco. Por su parte, la inversión se realizó en herramientas o en ganado, lo cual permitió a las familias aumentar su ingreso de una forma estable. Sin embargo, estas familias no aumentaron sus gastos en educación o en sanidad. Los autores también encuentran una mejora significativa en la salud psicológica de las familias que recibieron la transferencia. Finalmente, los autores comparan si las familias en las que la mujer gestionó la transferencia tuvieron mejores resultados que las familias en las que lo hizo el hombre. A diferencia de estudios anteriores que concluían que la mujer gestiona los fondos de manera más adecuada para la unidad familiar, el presente estudio no encontró ninguna diferencia.

Los resultados del estudio sugieren que “dar el pez, en vez de enseñar a pescar” puede ser una buena estrategia para el desarrollo. Además, es una estrategia mucho más barata que las anteriores. Sin embargo, como señala otros de los expertos en desarrollo, el profesor Chris Blattman, cada estrategia tiene su lugar. Las inversiones en salud y en educación, y las transferencias condicionadas a estos objetivos, son importantes para asegurar el bienestar de las personas en el futuro. Además, desde el punto de vista político, parece más fácil justificar las ayudas al desarrollo, si éstas están condicionadas que si no lo están. Por su parte, las transferencias directas de efectivo pueden ser muy efectivas para sustituir los programas en los que los gobiernos otorgan directamente algún bien a las familias más pobres. Por ejemplo, en la India el gobierno vende gas para cocinar, o arroz a precios subvencionados, a las personas más pobres. El problema de esta política es que muchos productos destinados a los pobres desaparecen por el camino, y se venden en el mercado negro a personas que no son beneficiarias de este programa. Para atajar este problema, en vez de vender los productos a precios subvencionados, el gobierno indio ha iniciado un programa para transferir directamente efectivo a las personas pobres para que utilicen ese dinero para comprar aquellos productos y servicios que más contribuyen a superar la pobreza. La experiencia de Kenia, que hemos comentado anteriormente, confirma que los pobres no malgastan el dinero.

La experiencia de la ayuda al desarrollo es que a veces hay que enseñar a pescar, a veces hay que dar el pez si se aprende a pescar, y que a veces es mejor dar el pez. Lo importante es saber qué proverbio debemos aplicar en cada situación.

La paella de la reforma universitaria española, por Cecilio Tamarit

El pasado 21 de agosto el diputado Antonio Roldán escribía un artículo en El País sobre las condiciones necesarias para el “buen gobierno” en España. Nos decía que para conseguir ese objetivo hacen falta instituciones transparentes, ecuánimes y con reglas predecibles para todos y que dichas instituciones sólo pueden alcanzarse cambiando los incentivos del sistema. Sin embargo, el “quid” de la cuestión se encuentra en cómo cambiar dichos incentivos. A mi entender, de forma acertada, el autor comparaba la construcción del buen gobierno con la condimentación de una buena paella: “requiere una combinación de ingredientes que, aplicados en su justa medida, refuercen conjuntamente sus cualidades positivas. No sirven las medidas aisladas. Es necesaria una reforma institucional integral para salir del mal equilibrio”. En efecto, como valenciano, no podría estar más de acuerdo: una combinación adecuada de ingredientes a lo largo del tiempo es la clave para un buen arroz; sin embargo, si las proporciones no son las justas, o el “timing” no es el adecuado, el resultado puede ser un arroz pasado o, pero aún, “quemado”. Este efecto también puede darse en las instituciones.

Actualmente son muchas las voces que claman ante el mal estado de la Universidad española, indicando la necesidad de llevar a cabo reformas que le permitan desplazarse hacia situaciones de equilibrio más virtuoso. Uno de los principales problemas que se ha señalado como causante del declive de la Universidad española es su mecanismo de selección y promoción del profesorado. El hecho de que la Agencia Nacional de Evaluación y Calidad (ANECA) esté ultimando durante estas fechas los nuevos criterios de acreditación nacional para el acceso a los cuerpos docentes universitarios ha abierto de nuevo el debate sobre cómo deben diseñarse y su grado de exigencia. Mi primera reflexión es que la degradación experimentada en los criterios de evaluación aplicados por la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) desde su integración en la ANECA me hace ser bastante pesimista al respecto.

La CNEAI es un claro ejemplo de buena práctica que ha contribuido notablemente a mejorar la Universidad española. La CNEAI se creó en 1989 (RD 1086/1989) por un equipo en estado de gracia, el del ministro Javier Solana, como un instrumento derivado de la LRU de 1983 y de la Ley de la Ciencia de 1985 con el único objetivo de efectuar la evaluación de calidad para aplicar el complemento de productividad investigadora. Sin embargo, el impacto producido por la CNEAI en la comunidad científica española ha trascendido su objetivo formal; las sucesivas normas que fueron precisando los criterios y procedimientos de evaluación así como el proceder de los comités de evaluación han actuado como directrices de referencia, por lo que la CNEAI ha tenido una gran influencia en el incremento en calidad y cantidad de la investigación que se realiza actualmente en España. Seguramente, la clave de su éxito fue establecer un sistema sencillo, barato, eficiente y flexible para la evaluación de la investigación que consiguió de forma progresiva un consenso en la comunidad académica. Sin embargo, este proceso nunca estuvo exento de peligros, especialmente en el caso de las ciencias blandas, como la Economía, con menor tradición científica en España y, por tanto, con procedimientos menos estandarizados internacionalmente, apareciendo de forma periódica grupos de presión que intentaban (y siguen intentando con éxito creciente) mantener sus intereses particulares con la menor rendición de cuentas posibles a la sociedad.

Lamentablemente, en mi opinión, la ANECA más que ser una solución al problema, ha constituido un motor para la degradación del sistema universitario en los últimos años por un mal diseño de sus programas de evaluación (no sólo el de acreditación del profesorado) desde el mismo comienzo de su funcionamiento, contribuyendo notablemente a la burocratización de la Universidad, diseñando un sistema complejo, caro y absurdo que insiste más en el control de calidad de los medios utilizados que en el éxito de los objetivos del sistema universitario: la calidad docente, investigadora y, hasta cierto punto, la empleabilidad y la transferencia de conocimiento que deberían derivarse de las dos anteriores.

En el caso del programa para la acreditación de profesores a los diferentes cuerpos universitarios, la laxitud con la que ha actuado la ANECA ha ido generando una bolsa de profesores acreditados que ya se cuenta por miles y que actúa como un nuevo grupo de presión en el sistema. Hay que señalar que desde 2007 se sustituyó el sistema de oposiciones para puestos de profesor funcionario por un sistema de acreditación en el que una comisión juzgadora no compuesta por especialistas del área sino por representantes de áreas más amplias (nada que ver con las comisiones de la CNEAI), designada por el Ministerio de Educación (no por sorteo), recibe un listado de los méritos de los candidatos, los valora según un baremo cuantitativo y, en su caso, acredita a los profesores para poder presentarse a concursos y oposiciones. Sin embargo, el verdadero problema viene después, pues una vez obtenida la acreditación, se ha generalizado la creencia interesada de que ésta genera un derecho individual a la promoción automática y son las propias universidades las que convocan las plazas (especialmente en periodos próximos a elecciones) a través de concursos públicos donde, en la práctica, en muchos casos, son los candidatos los que designan a los miembros de los comités que van a valorarles, sancionando la arraigada endogamia de la Universidad española. Las plazas se convocan en función de los candidatos acreditados y no por la necesidades existentes en cada Departamento. Esto lleva a absurdos organizativos. Es como si una entidad bancaria tuviera que abrir tantas oficinas como personas capacitadas para ser director de sucursal o, por el contrario, que todos los empleados de una oficina fuesen directores y no hubiese ni administrativos ni interventores. Creo que cualquier persona convendrá conmigo en que este sistema de organización tiende a ser poco eficiente y muy caro para el contribuyente. Al final, la única restricción que existe es la presupuestaria. Es por eso que en algunas universidades se han establecido algunas ratios, más o menos arbitrarias, entre distintas categorías profesionales, pero esto es la excepción más que la regla y por motivos equivocados.

Como todo es susceptible de empeorar, el Ministerio de Educación, tal vez de forma bienintencionada, con la idea de fomentar la movilidad, aprobó un RD hace ahora un año, por el que se establecen plazas de “turno libre” (en teoría, abiertas a la competencia) y “plazas de promoción interna” a las que no se pueden presentar desde otras universidades y, por tanto, cerradas a la competencia (ya no sólo de facto, sino también de iure). Se supone que la mitad de las plazas debían adoptar una u otra naturaleza. De nuevo, en la práctica, las universidades han reservado las plazas de “turno libre” para titularidades (donde la competencia es menor), concentrando la práctica totalidad de las nuevas cátedras de universidad en las plazas de promoción interna, a las que sólo puede presentarse el candidato de la casa o, a lo sumo, un compañero de su propio departamento, pero no de otras universidades. Todo ello, ahora, de forma legal. Este es un claro ejemplo de que cuando nos movemos entre dos equilibrios que son subóptimos, hay que ir con mucho tiento para no empeorar la situación inicial. Bien por incompetencia o mala fe, esta reforma promovida por el equipo del nuevo ministro de educación está consiguiendo los efectos contrarios a los anunciados.

En la práctica, es la ANECA la que con su acreditación designa a los nuevos funcionarios quienes creen que generan un derecho individual. Ante esta situación, es lógico que sea muy importante que los nuevos criterios que marque la ANECA para la acreditación a cuerpos universitarios sean rigurosos y supongan un avance respecto a los aplicados hasta ahora. Sin embargo, en mi opinión, tanto o más importante que los criterios de acreditación, son las condiciones para la configuración de los comités evaluadores. Los criterios pueden ser relativamente generales, pero son los comités de expertos de cada área los que deberían ir actualizándolos en el tiempo según el grado de desarrollo de las diferentes disciplinas y aplicando un siempre necesario grado de discrecionalidad técnica. En otro caso, podemos entrar en disquisiciones bizantinas sin fin y, en muchos casos, sin principio que las sustente más allá de los intereses partidistas. Junto a esto, debería quedar claro que para entrar en un cuerpo de la administración del Estado, no basta un concurso “local”. Esto podría ser suficiente, tal vez, para un contrato de empleo público en un organismo autónomo local pero no para convertirse en funcionario y menos del Estado. Seguramente esto podría solucionarse estableciendo una diferencia entre ambos tipos de puestos que, por otra parte, deberían tener funciones y capacidades académicas distintas. Se deberían establecer los incentivos necesarios para ello y transitar hacia un sistema como el alemán o el holandés.

Por último, me gustaría dejar claro que la Universidad española funciona de forma muy razonable para cómo está organizada. Seguramente es por la calidad humana e intelectual de la personas que se sienten atraídas a desarrollar su vida profesional en ella, pues en la mayoría de los casos es una actividad claramente vocacional. También creo que, en un entorno más competitivo, una buena parte de los profesores habría podido desarrollar una carrera profesional similar. Sin embargo, dada la perversión del sistema, nunca lo sabrán.

Cecilio Tamarit, Universidad de Valencia

Diario Levante (06/09/2016)

Evolución de la participación de la remuneración de los asalariados en el PIB de los EE.UU., 1947-2015

En el gráfico adjunto (hacer click sobre el mismo para verlo más grande) se muestra la evolución histórica de la participación de la remuneración de los asalariados en el PIB de los EE.UU. para el periodo 1947-2015.

Los datos nos indican que hay clara tendencia desde 1947 a la actualidad a una caída en la participación de la remuneración de los asalariados en el PIB en los EE.UU. El máximo se sitúa en 1970 con el 51,7% de la remuneración de los asalariados en el PIB y el mínimo histórico se ha situado en el 42% en 2011, en plena crisis financiera y económica. El último dato publicado para 2015 registra una ligera recuperación (44,3%) desde el mínimo de 2011.

Pero de estos datos no se puede derivar un caída de las rentas de los hogares. Este descenso se puede compensar con una subida de otras rentas que no sean remuneración de los asalariados, por ejemplo, pensiones, rentas de los trabajadores autónomos, alquileres, dividendos, y otras rentas del capital percibidas por los hogares.

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