Evolución histórica del precio del bitcoin, 2010-2017: ¿valor refugio o burbuja especulativa?

En 2009, Satoshi Nakamoto (nombre en clave, se desconoce su identidad real) creó el bitcoin, una moneda virtual que se basa en la tecnología blockchain (cadenas de bloque), que opera como un gran libro de cuentas virtual donde todas las transacciones quedan registradas por lo que es muy difícil manipular su precio de mercado. El bitcoin fue la pionera en el mundo de las criptomonedas, donde actualmente ya existen más de mil.

El bitcoin se ha puesto de moda como inversión muy rentable y valor refugio (como tradicionalmente era el oro) aunque no está exenta de riesgos. Una de las ventajas de esta moneda es que no está sujeta a la regulación de instituciones nacionales o internacionales ni a los bancos centrales que pueda intervenirla, y eso tiene una importante incidencia en su precio de mercado, muy volátil al fijarse solamente por la ley de la oferta y demanda.

La pregunta que se hacen todos los analistas es si el precio del bitcoin aglutina todas las características de una burbuja especulativa que tarde o temprano se pinchará. En la actualidad numerosos analistas financieros le atribuyen un valor cero, con signos claros de haber sobrepasado los umbrales que le llevarían al desplome. Si se diera está circunstancia, al no estar respaldado por ningún bien tangible, banco central, gobierno o empresa, sus inversores se encontrarían completamente desprotegidos.

En el siguiente gráfico se muestra la evolución histórica del precio del bitcoin desde julio de 2010 hasta la actualidad (en realidad el primer bitcoin se creó el 3 de enero de 2009). En julio de 2010 el bitcoin tenía un valor de 0,07 dólares y el 5 de enero alcanzó los 16.834,85 dólares. La ganancia es del 24.049.685 % (¡si más de 24 millones por cien!) en 7 años. Este es el primer signo de una posible burbuja si lo comparamos con la evolución de la exitosa rentabilidad de la acción de Apple. Desde diciembre de 1980 con el inicio de la cotización a 0,51 dólares, las acciones de Apple (sin incluir los dividendos) han subido en 37 años más de un 33.500% hasta su precio actual de 172 dólares. Pero hay que tener en cuenta que Apple es una de las empresas de mayor creación de riqueza mundial de la historia. Además, Bitcoin acumula todavía menos de la mitad de la capitalización de las acciones de Apple, pero lo ha hecho todo esto en poco más de 7 años en comparación con 37 años para Apple. Esto sería otra evidencia de una posible burbuja especulativa.

Los círculos verdes de este gráfico señalan los posibles “mini” pinchazos de la burbuja de los precios del bitcoin.

Fuente: http://www.bespokepremium.com

En el siguiente gráfico en el eje X se muestran los días antes y después del máximo local alcanzado por el precio de 1 bitcoin (eje Y) del primer gráfico. En este segundo gráfico se muestra el precio del bitcoin 90 días antes de un máximo local, así como el precio a la baja entre máximos locales. Parece que cada vez se tarda más en recuperar su precio, lo que podría ser otro signo de posible burbuja en su precio tendencial. Las señales bajistas a corto plazo son evidentes.

Fuente: http://www.bespokepremium.com

Indicador de coyuntura: Diciembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de ventas y producción industrial, y hasta noviembre de renta y de afiliados. Como mensaje para terminar el año 2017, el indicador indica que la recuperación de la actividad que se inició en 2013 se ha mantenido durante todo este período. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en noviembre es de 3,0, en torno a los valores que lleva tomando durante el segundo semestre del año.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan signos diversos. La producción industrial creció en octubre 0,2% y en noviembre 6,9%, mientras que las ventas crecieron 3,5% en octubre y 2,9% en noviembre. Por su parte, la renta mantiene en noviembre el ritmo de crecimiento de octubre del 3,9%, y los afiliados pasan a crecer 3,6% en noviembre frente al crecimiento de 3,5% que registraron en octubre.

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Como es costumbre, en la última entrada del año me gusta hacer un pequeño balance de la evolución económica anual. El 2017 comenzó con valores del indicador cercanos a 1. La evolución del indicador muestra un crecimiento sostenido, aunque brevemente interrumpido entre julio y septiembre, hasta un nivel de 3. En cualquier caso, el indicador muestra la solidez de la recuperación económica, coincidiendo con la dinámica que han marcado otros indicadores de actividad económica como el que elabora FEDEA y el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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La consolidación del ritmo de crecimiento que se aprecia en el movimiento de los indicadores, coincide con la evolución del PIB de la economía española. Durante el primer trimestre del año, el PIB creció un 0,79%, en el segundo trimestre un 0.86% y en el tercer trimestre, desaceleró levemente su ritmo de crecimiento al 0,76%.

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En cuanto a actividad económica, este año será recordado porque España ha recuperado los niveles de PIB precrisis. El siguiente gráfico muestra la evolución trimestral del nivel del PIB, partiendo de un nivel base de 100 en el segundo trimestre de 2008, considerado por el Comité de Fechado de Ciclos de la Asociación Española de Economía como el inicio de la Gran Recesión en España. Según los datos del INE, casi una década después, el PIB recupera los niveles existentes antes de la crisis en el segundo trimestre de 2018.

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¿Qué podemos esperar en el cuarto trimestre? De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de diciembre y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se estima que el avance trimestral del PIB podría situarse entre el 0,8% y el 0,9, situándose en valores cercanos a los del año 2017, y el conjunto del año se cerraría con un crecimiento medio anual entre el 3,1% y el 3,2%. Por tanto, se confirmaría que el crecimiento de la economía española seguiría siendo sólido.

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Evolución histórica de las variables macroeconómicas fiscales de la economía española, 1964-2016, y proyecciones 2017-2019

En esta entrada del Blog se presenta la senda temporal de las principales variables macroeconómicas fiscales de las AA.PP. españolas (medidas en % del PIB) actualizadas para el periodo 1964-2016 y algunas proyecciones para el periodo 2017-2019. Con más detalle, se ha añadido la cifra provisional del año 2016 y se han corregido también todas las cifras anteriores con datos actualizados de las nuevas series elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los datos provienen de las Cuentas Financieras de la Economía Española elaboradas por el Banco de España y de la Contabilidad Nacional de España elaborada por el INE. También se presentan proyecciones de déficit público total (incluyendo los pagos de intereses de la deuda pública acumulada) y del stock de deuda pública bruto (según la metodología del Déficit Público Excesivo, PDE), proyecciones presentadas en el pasado mes de abril por el Ministerio Economía y Competitividad y en el pasado mes de noviembre por la Comisión Europea para el periodo 2017-2019.

Me gustaría destacar los tres últimos periodos de la historia presupuestaria de la economía española: a) el ajuste fiscal del periodo 1996-2007; b) el deterioro brusco y profundo de las finanzas públicas en los años 2008 y 2009, después del inicio de la crisis económica derivada de la crisis financiera internacional; y c) el nuevo periodo de ajuste fiscal que comenzó en el año 2010 que avanza a un ritmo excesivamente lento para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo.

En el primer gráfico (hacer clic para verlo más grande) aparece la evolución de los ingresos totales, los gastos totales y los gastos netos de intereses de la deuda pública o gastos públicos primarios. En primer lugar, destacar el hundimiento de los ingresos en 2008 y 2009, y el espectacular crecimiento de las dos variables representativas de los gastos públicos en los años posteriores a 2008. En segundo lugar, a pesar de los esfuerzos realizados, los gastos totales y los gastos sin intereses de la deuda pública se situaron a finales de 2016 en el 42,7% y el 39,9% del PIB, respectivamente. Por último, los ingresos públicos caen 0,2 puntos porcentuales respecto a 2015 y se sitúan a niveles del año 1994 (38,2% del PIB), lejos todavía del máximo de recaudación alcanzado en 2007 (41,2% del PIB), último año del periodo de expansión económica registrado en la economía española (1995-2007).

En el segundo gráfico se presenta la evolución del ahorro bruto total y del ahorro bruto excluido los pagos de intereses de la deuda pública del total de las AA.PP. La primera variable se obtiene del saldo conjunto de las cuentas corrientes (ingresos y gastos corrientes) de las AA.PP. (cuentas de producción, distribución y utilización de la renta). El ahorro bruto total y primario, que había crecido ininterrumpidamente en una década (desde 1997 a 2007), retrocedió bruscamente en el año 2008 y alcanzó en 2009 niveles negativos no conocidos en esta serie histórica. En el periodo 2009-2016 el ahorro público primario ha registrado una importante mejora (3,6 puntos porcentuales en % del PIB) hasta situarse en cifras positivas (+0,7 puntos porcentuales en % del PIB), mientras que el ahorro público total se ha reducido en tan sólo 2,5 puntos porcentuales en % del PIB por el fuerte aumento de los pagos de los intereses de la deuda pública acumulada. El ahorro público total se sitúa todavía en 2016 en niveles negativos (2,1 puntos porcentuales en % del PIB) no deseables que incumplen la “regla de oro” de la política fiscal (emitir deuda pública solamente para financiar la inversión pública y suponiendo que el componente del ajuste déficit-deuda sea nulo).

En el gráfico 3 se presenta la evolución temporal del superávit o déficit de las AA.PP. total y primario (excluidos los pagos de intereses de la deuda). Con más precisión, se trata de la capacidad (+) o necesidad de financiación (-) total y neta de intereses, obtenida como suma del ahorro bruto y del saldo de la cuenta de capital de las AA.PP. En este caso, se incluye además de los ingresos y gastos públicos corrientes, los ingresos y los gastos de capital de las AA.PP., incluida la inversión pública, entre otras partidas.

Como se puede observar en el gráfico, un periodo significativo de ajuste fiscal comenzó después de 1995 (año en el que se alcanzó un déficit público récord hasta entonces del -6,6%), para posteriormente reducirse en años sucesivos el déficit hasta el año 2004, y generándose superávit públicos crecientes en el periodo 2005-2007. Nuevamente, el año 2008 marca un cambio de tendencia brusco, al aparecer cifras de déficit público total del -4,5%, cifras no registradas desde el año 1996. En el año 2009 se alcanzó una nueva cifra récord: un -9,4% de déficit público primario y un -11,1% de déficit público total en estos 53 últimos años de historia de la hacienda pública española. El proceso de consolidación fiscal que había tenido relativo éxito en el periodo 2010-2011, se frenó significativamente en 2012, aunque se ha vuelto ha encauzar en los años 2013 a 2016. Con más detalle, el déficit público total se ha reducido desde 2012 en 6,0 puntos porcentuales del PIB, hasta alcanzar el 4,5% del PIB, mientras que el déficit público primario se ha reducido en 5,8 puntos porcentuales del PIB, hasta situarse en el 1,7% del PIB.

No obstante, el déficit público total actual (-4,5% del PIB) se mantiene en una cifra aún alejada del límite del -3,0% vigente para los países de la zona del euro. El problema fiscal refleja tanto la insuficiente caída del gasto público, como la baja recaudación impositiva.

En el gráfico 4 se muestra la senda temporal de dos variables representativas del stock de deuda pública de las AA.PP. La primera es el stock de deuda pública total medido por el conjunto de los pasivos financieros totales de las AA.PP. En el segundo caso, la segunda variable representativa del stock de deuda pública (menor en niveles por las partidas que incluye) es construido según la metodología del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE) incluido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la zona del euro (esta es la cifra oficial que pública el Banco de España y el Banco Central Europeo sobre el total de la deuda pública española). En ambos casos, la reducción es espectacular desde el año 1996 hasta el año 2007, y nuevamente se produce un deterioro muy significativo y persistente desde el inicio de la crisis financiera internacional en el año 2008. Con más detalle, en el año 2016 el stock de deuda pública según la metodología del PDE sigue estabilizado alrededor del 100% como en los años 2014 y 2015, sobrepasando ampliamente el límite impuesto por el Tratado de Maastricht (60% del PIB).

En los gráficos 5 y 6 se han añadido a los gráficos 3 y 4, algunas previsiones disponibles para el periodo 2017-2019 de las cifras del déficit público total y del stock de deuda pública según la metodología PDE. Las previsiones del Ministerio de Economía y Competitividad provienen de la publicación Actualización del Programa de Estabilidad, 2017-2020 remitida a la Comisión Europea el pasado mes de abril, mientras que las previsiones de la Comisión Europea aparecen en el informe European Economic Forecast, Autumn 2017, publicado este mes de noviembre.

Por una parte, las previsiones disponibles para el déficit público total (gráfico 5) del Ministerio de Economía y Competitividad indican que la continuidad del proceso de ajuste fiscal en 2017-2019 posibilitarán que el déficit del conjunto de las AA.PP. alcance a finales de 2017, 2018 y 2019 el 3,1%, el 2,2%% y el 1,3% del PIB, respectivamente, situándose ya por debajo del límite impuesto por el Tratado de Maastricht del -3% a finales de 2018. Las previsiones de la Comisión Europea son un  poco más pesimistas, y los técnicos del organismo estiman que el déficit público total se situará en 2017, 2018 y 2019 en el 3,1%, 2,4% y 1,76%, respectivamente, por encima de las previsiones del Gobierno de España para los dos últimos años.

Por otra parte, las previsiones de la Comisión Europea sobre la evolución del stock de deuda pública según la metodología del PDE (gráfico 6) son más optimistas. Los técnicos del organismo estiman que el stock de deuda pública se situará a finales de 2017 en el 98,4% del PIB, mientras que a finales de 2019 se habrá reducido hasta alcanzar el 95,5% (cifras aún muy alejadas del límite impuesto en el Tratado de Masstricht del 60% del PIB).

MOMENTOS MINSKY

Coincidiendo con la celebración del 19º Congreso del Partido Comunista Chino, el pasado 19 de octubre el gobernador del banco central, Zhou Xiaochuan, advirtió del exceso de complacencia con la evolución de su economía y caracterizó la situación como cercana a un “momento Minsky”: de colapso en los mercados de activos. No solo a los analistas más supersticiosos se le pusieron los pelos de punta. A nadie se le oculta que la significación de la declaración cobraba especial importancia por quien la formuló, pero también por el contexto en que se producía. El máximo responsable del Banco Popular de China es un funcionario altamente respetado dentro y fuera de su país, y en ese congreso se sacramentaba la trayectoria que había seguido la economía china, al tiempo que se trataba de sentar las bases para prolongar la bonanza. El aviso coincidió con el 30º aniversario del “crash” bursátil, de aquel “lunes negro” de octubre de 1987 que marcó una nueva época en la escena financiera. Ese contexto se completa con la sensibilidad en todo el mundo acerca de las consecuencias de la “normalización” en curso de las políticas monetarias: el impacto que la retirada de los estímulos excepcionales de los principales bancos centrales puede ejercer sobre unos mercados financieros globales, donde el descenso de la aversión al riesgo está cada día más extendido.

A pesar de su temprana muerte, en 1996, Hyman Minsky es considerado uno de los académicos que analizó con mayor detenimiento y agudeza el potencial de inestabilidad asociado a la actividad de los mercados financieros y las crisis de esa naturaleza. Keynesiano de pro, enseñó en Chicago y en Harvard, donde fue ayudante de Alvin Hansen, también de gran actualidad por haber acuñado en los años treinta el término “secular stagnation”. Fue tras la emergencia de la crisis de 2007 cuando la obra de Minsky renovó una vigencia escasamente reconocida en los medios académicos durante su vida, quizás por el abrumador dominio durante el último tercio del siglo veinte de la presunción de eficiencia de los mercados financieros difundida por Eugene Fama. En una columna en estas mismas páginas, de 4 de enero de 2009, hacíamos referencia a la vigencia de la obra de este autor (https://elpais.com/diario/2009/01/04/negocio/1231078468_850215.html). Su ahora ampliamente conocida “hipótesis de inestabilidad financiera” desarrolla el proceso de alimentación de una crisis a través de largas fases de crecimiento económico, de general complacencia, a las que se asocian intensos ascensos en los precios de los activos de toda naturaleza y, muy especialmente, elevaciones en todo tipo de endeudamiento. Minsky distinguió tres según su riesgo: el más prudente, destinado a cubrir aumentos de la capacidad productiva de las empresas, el que el calificaba de especulativo, destinado básicamente a pagar intereses, o la “financiación Ponzi” , cuando el prestatario no dispone de medios líquidos para pagar ni el principal ni los intereses, confiando en este último caso en que la revalorización de las cotizaciones de los activos sea suficiente para pagar unos y otros. Ya se sabe quién fue Ponzi, su recuerdo tras el escándalo Madoff y por la acumulación de operaciones excesivamente apalancadas que precedieron a la explosión de la crisis de las hipotecas de alto riesgo en el verano de 2007 en EE. UU. El término “Minsky moment” lo acuñó Paul McCulley, de PIMCO, durante la crisis asiática de 1997, la suspensión de pagos de la deuda doméstica rusa y la consiguiente devaluación del rublo un año más tarde. Desde entonces ha quedado asimilado a un desplome en los precios de los activos financieros determinado fundamentalmente por el exceso de endeudamiento, de esa tercera modalidad de apalancamiento demasiado confiado en la revalorización de las inversiones que financia.

No ha sido Zhou Xiaochuan el primer banquero central en apelar a Minsky. La propia Janet L. Yellen, le dedicaría una muy citada conferencia en 2009, poco antes de llegar a la presidencia de la Reserva Federal de EE. UU. También se han referido a él los dos últimos gobernadores del Banco de Inglaterra. Ahora llovía sobre mojado, especialmente en el territorio financiero chino. Antes de la advertencia de Zhou Xiaochuan, otras instituciones, el FMI de forma destacada, han invocado el nombre de Minsky, no precisamente en vano. En sus últimos informes de perspectivas globales y en el de estabilidad financiera, del pasado octubre, esa institución subraya como la combinación de una trayectoria de elevada deuda y reducción del espacio fiscal disponible para responder en caso de un ajuste abrupto, conforma una exposición elevada a tensiones financieras. Las familias, los ayuntamientos y las empresas chinas han contribuido a que el endeudamiento se haya más que duplicado en relación con el PIB en los últimos diez años, algo que incluso supera lo ocurrido en España en la década previa a la crisis de 2008.

Además de China, la vinculación al momento actual tiene algunos rasgos cercanos a la caracterización del “momento Minsky”: la reducción de la aversión al riesgo, en gran medida obligada por unos tipos de interés históricamente bajos son propiciatorios del endeudamiento creciente, así como de la búsqueda de rendimientos en activos de riego superior al habitual. La desaparición de las primas de riesgo ha sido paralela al aumento de la deuda en todo el mundo hasta más del 320% del PIB, desde niveles del 265% a principios de la década. Hace pocas semanas observábamos como los bonos de baja calidad crediticia, de “elevado rendimiento”, cotizaban con precios históricamente elevados: con tasas de rentabilidad inferiores al 2%. A partir de ahí, cualquier episodio, que altere el precario equilibrio, como un alza en los tipos de interés, puede desencadenar una escalada de ventas de activos por los inversores con el fin de pagar deudas, una crisis en toda regla.

Por eso eran razonables los avisos del gobernador chino y las recomendaciones de un control ordenado de la excesiva expansión del crédito. Frente a ello, no faltan analistas que minimizan el alcance de esas advertencias, debido a un improbable desapalancamiento forzoso y generalizado, que se considera el determinante de un “momento Minsky”. Es verdad que no son excesivas las inversiones extranjeras de cartera en China, que provocarían las ventas iniciales ante un chispazo, y las autoridades disponen de recursos y capacidad de maniobra suficientes para responder a eventuales escaladas vendedoras de activos estabilizando el sistema financiero, desde luego los más expuestos bancos estatales. Ninguno de esos analistas menos alarmistas, sin embargo, pasan por alto los riesgos que sobre el crecimiento de la segunda economía del mundo puede generar un frenazo en esa dinámica crediticia y de endeudamiento. Frenazos que pueden venir dados por la adaptación a un entorno de mayor endurecimiento en las condiciones monetarias.

Y ya se sabe, en las circunstancias actuales, si China estornuda el resto del mundo debemos empezar a abrigarnos, especialmente los que más cerca tenemos la adaptación a un entorno de menor complicidad monetaria, de también obligada redefinición de la aversión al riesgo, tan marginada del escenario financiero desde que los bancos centrales nos salvaron de males peores. El cambio de actitud de ellos mismos podría ser uno de los detonantes de modificaciones de alcance global en las carteras, y de reversiones en los flujos de capital por aquellos inversores que han tratado de buscar rendimientos donde el margen era cada día más reducido.

(Diario El País, 26/11/2017)

Evolución histórica de las temperaturas en la Tierra, 1880-2016

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés) es una agencia científica del Departamento de Comercio de los Estados Unidos cuyas actividades se centran en las condiciones de los océanos y la atmósfera del Planeta Tierra.

Los últimos datos publicados para 2016 por la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) muestran que el calentamiento de la tierra y de los océanos sigue su avance imparable.

En el primer gráfico se muestran las anomalías de la temperatura de la atmósfera a finales de cada año (período 1880 a 2016) respecto a la temperatura media del período 1910-2000 [grados Celsius (°C) en la escala izquierda y grados Fahrenheit (°F) en la escala derecha]. El inicio sostenido de los récords de temperatura de la atmósfera comienzan a finales de la década de los setenta del siglo XX. Lo últimos récords se han alcanzado en 2015 y 2016, con +1,33 y +1,43 grados, respectivamente.

En el segundo gráfico se muestran las anomalías de la temperatura de los océanos a finales de cada año (período 1880 a 2016) respecto a la temperatura media del período 1910-2000. El inicio sostenido de los récords de temperatura de los océanos comienzan a principios de la década de los ochenta del siglo XX. Lo últimos récords se han alcanzado también en 2015 y 2016, con +0,74 y +0,76 grados, respectivamente.

El incremento de las temperaturas de la atmósfera y de los océanos está ya influyendo en la migraciones y afectando negativamente a las actividades productivas y a las infraestructuras en buena parte del planeta.

Indicador de coyuntura: Noviembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de ventas, producción industrial y renta, y hasta octubre de afiliados. El valor que toma el indicador continúa oscilando en los niveles en los que se mantiene en los cuatro últimos años. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en octubre es de 2,5, similar al valor que tomó en septiembre de 2,4.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la evolución de los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE ha sido dispar. La producción industrial, las ventas y la renta pasan de crecer 2,2%, 2,6% y 3,7% en agosto, a crecer 0,2%, 3,4% y 4,9% en septiembre, respectivamente. Por su parte, los afiliados crecen en octubre 3,5%, por debajo del 4,5% de septiembre.

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Ranking 1000 de universidades CWUR 2017: España en el Top-10 en algunas disciplinas científicas

Recientemente se ha publicado un nuevo ranking de universidades a nivel internacional elaborado por el Centro de Clasificación Universitaria Mundial (CWUR, en su acrónimo inglés). Este estudio ha evaluado a 1000 universidades de mayor relevancia mundial (de las casi 27.000 existentes).

Para calcular la puntuación de cada universidad el CWUR utiliza un Indicador Sintético Ponderado que mide la calidad de la educación y la formación de los estudiantes, así como el prestigio de los miembros de la facultad y la calidad de sus investigaciones. Con más detalle, se utiliza ocho indicadores objetivos:

  1. Calidad de la Educación, medida por el número de alumnos de una universidad que han ganado importantes premios internacionales, premios y medallas en relación al tamaño de la universidad [25%].
  2.  Empleabilidad de los alumnos, medida por el número de alumnos de una universidad que se han obtenido empleo de CEO (Director Ejecutivo) de las principales compañías del mundo en relación al tamaño de la universidad [25%].
  3. Calidad de la universidad, medida por el número de profesores que han obtenido reconocidos premios internacionales, premios y medallas [25%].
  4. Publicaciones, medido por el número de artículos de investigación que aparecen en revistas de prestigio [5%].
  5. Influencia, medido por el número de artículos de investigación que aparece en revistas de alto impacto [5%].
  6. Citas, medido por el número de artículos de investigación citados en revistas de alto impacto [5%].
  7. Alto impacto, medido por el índice de la universidad [5%] .
  8. Patentes, medida por el número de solicitudes de patentes internacionales [5%].

En el primer lugar, el siguiente cuadro presentamos el ranking de las 10 primeras universidades a nivel global (hacer clic sobre la imagen para verla más grande). Como se puede observar, 8 de las 10 universidades con mayor puntuación son de EE.UU., con Harvard University (EE.UU.) liderando el Top-10. Completan el ranking dos universidades del Reino Unido, University of Cambridge y Oxford University, que ocupan los puestos cuarto y quinto, respectivamente.

De las españolas, la primera clasificada es la Universidad de Barcelona, en el puesto 103, seguida de la Universidad Autónoma de Barcelona (229), la Universidad Complutense de Madrid (230) y la Universidad de Valencia (287), situadas en la horquilla del 201 al 300. En el siguiente escalón, del 301 al 400 están la Universidad Autónoma de Madrid (304), la Universidad Pública de Navarra (326), la Universidad Pompeu Fabra (368) y la Universidad de Granada (373). Completan el Top-10 español (véase siguiente cuadro) en el escalón del 401 al 500, la Universidad Santiago de Compostela (414) y la Universidad de Sevilla (444).

Se podría pensar que la posición de las universidades españolas es relativamente baja a nivel internacional, pero esto no es cierto si nos centramos en los ranking mundiales por categorías científicas. En este caso, situamos a 8 universidades españolas en los Top-10 de algunas ramas del conocimiento.

CWUR realiza también un ranking de universidades a nivel internacional por categorías científicas (227) según la clasificación temática de la base de datos JCR elaborada por Clarivate Analytics (anteriormente propiedad de Thomson Reuters).

Estos son los puestos en el Top-10 a nivel mundial de nuestras universidades en diferentes categorías científicas (los puntos son en relación al primer puesto que se le asigna el valor de 100):

1. La Universidad de Barcelona ocupa el puesto 2 mundial en Gastroenterología y Hepatología, el 3 en Química Inorgánica y Nuclear, el 4 en Farmacología y Farmacia, y el 9 en Química Analítica.

2. La Universidad de Valencia ocupa el puesto 2 mundial en Química Inorgánica y Nuclear, el 4 en Biología Reproductiva, el 8 en Física de Partículas y en Ciencia de la Imagen y Tecnología Fotográfica, y el 9 en Teledetección.

3. La Universidad Politécnica de Cataluña ocupa el puesto 4 mundial en Ingeniería (multidisciplinar) y en Matemáticas (aplicaciones multidisciplinares), y el 9 en Construcción y Tecnología de la Construcción.

4. La Universidad Autónoma de Barcelona ocupa el puesto 8 mundial en Ciencias Ambientales y en Ciencias Veterinarias.

5. La Universidad de Navarra ocupa el puesto 10 mundial en Etica.

6. La Universidad Carlos III de Madrid ocupa el puesto 7 mundial en Historia de las Ciencias Sociales.

7. La Universidad de Granada ocupa el puesto 10 mundial en Mineralogía.

8. La Universidad de Castilla-La Mancha ocupa el puesto 10 mundial en Ornitología.

Destacamos especialmente ocupando el puesto 2 mundial en Gastroenterología y Hepatología con la Universidad de Barcelona sólo superada por Harvard University:

Y también destacamos, en mayor medida, en Química Inorgánica con las Universidad de Valencia y la Universidad de Barcelona ocupando los puestos 2 y 3, respectivamente, y sólo superadas en este caso por Nanjing University de China.

El “café para todos” tan típicamente español debería ser “cortado” aprovechando la aprobación del próximo Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020, asignando más fondos a estos equipos de investigación españoles. Pero eso es otra historia.

El comercio internacional y la desigualdad

La renta de las personas de clase media-baja de algunos países desarrollados, como Estados Unidos, es la que menos ha crecido en el mundo durante el periodo 1988-2008.  Una de las razones que explica el menor crecimiento de la renta de las personas de clase media-baja en los países desarrollados es el comercio internacional con los países en vías de desarrollo y, en especial, con China. El aumento de las importaciones de estos países, concentrados en productos intensivos en trabajo poco cualificado (prendas de vestir) o en productos con etapas de producción intensivas en trabajo poco cualificado (el ensamblaje de un smartphone), ha reducido la producción de estos bienes en los países más desarrollados. Esta caída en la producción ha reducido la demanda de los trabajadores poco cualificados en los países desarrollados. Estos trabajadores han sido expulsados del mercado laboral, o han tenido que aceptar un menor salario para tener un empleo. El comercio internacional genera perdedores, pero también genera ganadores. Estos son los trabajadores, mayoritariamente cualificados, que trabajan en empresas en las que ha aumentado la producción por la demanda de los países desarrollados. Por ejemplo, las exportaciones de aviones de Estados Unidos a China se multiplicaron por 33 durante el periodo 1995-2015.

El comercio internacional, al aumentar la demanda de los trabajadores cualificados y al reducir la demanda de los trabajadores poco cualificados aumenta la desigualdad en los países desarrollados. Sin embargo, el comercio internacional también puede tener un efecto positivo sobre la desigualdad en los países desarrollados. Este efecto positivo se produce a través de los precios. En concreto, si gracias al comercio internacional cae el precio de los productos que son consumidos en mayor proporción por las personas de rentas bajas, la apertura al exterior estará reduciendo la desigualdad. Pablo Fajgelbaum y Amit Khandelwal analizan esta cuestión en un trabajo publicado en Quarterly Journal of Economics. Estos autores concluyen que si los países se cerrasen al comercio, por término medio, la renta real de las personas más pobres (las que se sitúan en el percentil 10 de la distribución de la renta) caería un 63%, mientras que la renta real de las personas más ricas (las que se sitúan en el percentil 90) caería solamente un 28%. En el caso de España, la renta real de las personas más pobres caería un 53%, y la renta real de las personas más ricas caería solamente un 12%.

El impacto más favorable del comercio internacional sobre las personas pobres se explica por dos razones. En primer lugar, las personas pobres gastan una parte más importante de su ingreso en productos que se comercializan internacionalmente (por ejemplo, alimentos o prendas de vestir); en cambio, las personas más ricas gastan una parte más importante de sus ingresos en servicios que son menos comercializables internacionalmente (por ejemplo, restaurantes). En segundo lugar, las personas pobres gastan una mayor parte de su renta en productos importados que son más difíciles de sustituir por los productos domésticos. Por tanto, si el país se cerrase al comercio, el impacto sería más negativo sobre las personas pobres que sobre las ricas.

Las conclusiones del trabajo de Fajgelbaum y Khandelwal ponen de manifiesto que el comercio internacional también tiene efectos positivos sobre las personas pobres. Es importante tener presente esta conclusión ante los devaneos proteccionistas de algunos dirigentes políticos.

Tasa de dependencia demográfica por países, 2016

La tasa de dependencia demográfica es una variable clave para el crecimiento económico a largo plazo de los países. Se define como la ratio de la población mayor de 65 años respecto a la población activa (población de 15 a 64 años). En el gráfico adjunto (hacer clic para verlo más grande) se muestra la tasa de dependencia demográfica (en %) alrededor del mundo en el año 2016. Los diversos colores agrupan a los países en función del rango que aparece en la leyenda.

Desde el punto de vista económico, una elevada tasa de dependencia condiciona los gastos públicos en pensiones y los gastos públicos en sanidad del país. En otras palabras, más jubilados dependen de la población potencialmente en edad de trabajar y, en última instancia, de la recaudación actual impositiva, incluida las cotizaciones sociales.

Entre los países industrializados lidera la tasa de dependencia demográfica Japón, con un 44,51%. Las cuatro grandes economías de la zona del euro registran elevadas tasas relativas: Alemania (32,63%), Francia (31,39%), España (28,81%) e Italia (25,73%). Otras grandes economías de la OCDE como Estados Unidos y Canadá, registran tasas de dependencia demográficas relativamente menores a las europeas, un 22,97% y 24,53%, respectivamente.

En el lado opuesto se encuentran los países en desarrollo que tienen tasas de dependencia demográficas mucho más bajas:  China (13,75%), Brasil (11,72%), México (10,04%), India (8,87%), Indonesia (7,85%) y Tailandia (6,61%), por ejemplo.

FACILIDADES EMPRESARIALES

La eurozona sigue convaleciente. Fortalecimiento institucional y políticas económicas adecuadas son las conclusiones que la Comisión Europea ha deducido como necesarias y simultáneas para que la Unión Monetaria (UME) siga funcionando. Las primeras tienen en la creación de un Fondo Monetario Europeo (FME) y un presupuesto específico de la eurozona, su principal referencia. En las segundas se hace hincapié en las reformas de los mercados de trabajo y de productos, con el fin de aumentar la capacidad de resistencia frente a futuras crisis y aumentar el crecimiento potencial de las economías. A este último respecto la Comisión en su último Informe trimestral sobre la eurozona ( https://ec.europa.eu/info/publications/economy-finance/quarterly-report-euro-area-qrea-vol-16-no-1-2017_en) destaca la conveniencia de no llevar a cabo de forma aislada reformas en el mercado laboral. Se aporta evidencia econométrica de los efectos favorables cuando las reformas de los mercados de trabajo y de bienes y servicios se abordan simultáneamente. Las consecuencias adversas a corto plazo derivadas de reformas aisladas y prioritarias en el mercado de trabajo se atenúan si coexisten con otras reformas, así como con el apoyo en actuaciones macroeconómicas que compensen sus efectos depresivos sobre la demanda.

No se ha hecho así en algunos casos. En realidad, cuando se hace referencia a reformas estructurales destinadas a mejorar la eficiencia de las economías, desde luego de la española, se piensa casi exclusivamente en el mercado de trabajo. Es un error. Y así lo viene a certificar ese informe. Son tan necesarias o más las que se concretan en los mercados de bienes y servicios, en las instituciones, etc. Además, cabría añadir, es necesario que los impulsos reformistas no sean discontinuos, sino que formen parte de una tensión permanente en todos los ámbitos que condicionan la actividad económica, que puedan llegar a obstaculizar innecesariamente el funcionamiento de las empresas, incluido su nacimiento.

En esta ocasión la Comisión se incorpora a los numerosos analistas que utilizan los indicadores que aporta el informe “Doing Business” (DB) del Banco Mundial como base para facilitar la generación de ganancias de productividad. Es una de las áreas más importantes de reforma estructural, la que recae sobre las regulaciones y calidad de las administraciones públicas, como determinantes del entorno empresarial. La evidencia de su influencia en la calidad del crecimiento existe desde hace años: un mejor entorno empresarial genera efectos favorables sobre la inversión privada, así como una mayor movilidad empresarial y eficiencia asignativa. Y ahora es considerado con razón un área de prioridad en la segunda fase hacia la profundización de la UEM.

Merece la pena, por tanto, detenerse en ese análisis de las facilidades empresariales aprovechando la reciente publicación del correspondiente a 2017-18, ((http://www.doingbusiness.org/~/media/wbg/doingbusiness/documents/profiles/country/esp.pdf) en lugar del precedente que es el maneja el informe de la Comisión y, además, el específico sobre España (http://www.doingbusiness.org/~/media/WBG/DoingBusiness/Documents/Profiles/Country/ESP.pdf). No es la primera vez que se hace referencia en esta columna a la significación creciente que han cobrado esos informes en el análisis académico y profesional del potencial de las 190 economías escrutadas cada año, de su capacidad para regenerar el tejido empresarial y para atraer inversiones extranjeras directas. Evalúa la facilidad o la dificultad para la gestión de una empresa pequeña o mediana, incluida su creación, cumpliendo todas las regulaciones del país en cuestión. Son diez aspectos los considerados esenciales a ese respecto, desde las facilidades para la constitución de una empresa, hasta la obtención de los permisos necesarios para obtener los suministros básicos, o para acometer proyectos de construcción, pasando por regulaciones de solvencia, fiscales, o la obtención de crédito.

El informe ha ido enriqueciéndose con más indicadores. Como la propia institución admite tiene algunas limitaciones metodologías, como son las derivadas de dejar fuera de su alcance aspectos relevantes como la proximidad a grandes mercados, la calidad de las infraestructuras de algunos servicios, la seguridad, la transparencia de las contrataciones públicas o las condiciones macroeconómicas, que otros informes como el del World Economic Forum incluyen. En realidad, los indicadores están referidos a empresas de dimensión mediana, normalmente de propietarios individuales, de responsabilidad limitada, que operan en grandes ciudades.

Los progresos realizados en los últimos años por la mayoría de las economías no pueden ocultar las marcadas diferencias entre países dentro de la UE. Los mejores resultados siguen siendo los obtenidos por economías no pertenecientes a la moneda única: Dinamarca es el mejor calificado, tercero en la lista global, pero también destacan favorablemente Suecia o Reino Unido. Estonia, Finlandia, Letonia, Alemania e Irlanda son los mejores de la eurozona. España no queda muy bien, un año más. Y es difícil entenderlo porque las reformas consecuentes con los indicadores de ese registro son baratas, no incorporan grandes esfuerzos presupuestarios.

En el correspondiente a 2017, España está en la posición 32ª, desde la 33ª del año anterior, por debajo del promedio de la OCDE. La mejor ciudad que sale en la clasificación general es Logroño, seguida de Madrid; Barcelona es la 6ª. En el indicador correspondiente a la apertura de una empresa la posición de nuestro país es la 85º (requiere 7 procedimientos, se tarda de media 13 días, el coste es equivalente al 5% de la renta per capita y el capital mínimo necesario del 12,9%), un empeoramiento de seis posiciones respecto al año anterior. Madrid vuelve a aparecer en este indicador en segundo lugar, detrás de Sevilla, y Barcelona en la 9ª posición. Entre las diferentes categorías de indicadores, España lidera la clasificación global en materia de comercio transfronterizo y ocupa una posición aceptable en la resolución de insolvencias (18). Más bajas son las relativas al cumplimiento de contratos (29), protección de los inversores minoritarios (32) y pago de impuestos (37).

Complementario del anterior es el Global Competitiveness Índex (GCI), elaborado por el Word Economic Forum, al que también se refiere el FMI en su último informe sobre España. Se trata de una síntesis de 12 indicadores correspondientes a otros tantos pilares considerados expresivos de la capacidad competitiva de una economía: instituciones, infraestructuras, educación y formación profesional, eficiencia de los mercados de bienes y de trabajo, desarrollo financiero, adaptación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación empresarial e innovación.

En su última edición, la correspondiente a 2017, aparecemos en la posición 34º dos lugares por debajo de la del año pasado. Los mejores pilares son infraestructuras (12) y tamaño de mercado (17). En el listado de factores más problemáticos para la actividad empresarial, el indicador más comparable con el DB del BM, los resultados no son buenos. Burocracia gubernamental, fiscalidad, ineficiencias en el mercado de trabajo, dificultades para innovar, nos diferencian adversamente. Los mejores resultados en esos 12 pilares los obtenemos en infraestructuras y en salud y educación primaria, tamaño de mercado y adaptación tecnológica. Este último contrasta con la posición que ocupa nuestro país en el DESI (Digital Economy and Society Index), que sintetiza los indicadores relevantes de adaptación y competitividad digital de los países de la UE. Con una puntuación de 50,5, frente al promedio de la UE, de 49,4, pero muy por debajo de las economías nórdicas que también aquí lideran la clasificación.

La conclusión es obvia. Observar las buenas prácticas de las economías más eficientes y competitivas debería marcar la pauta para su adopción. En mayor media, como es el caso en casi todas ellas, si las decisiones consecuentes para adaptarlas a nuestra economía apenas comportan esfuerzos presupuestarios significativos.

(Diario El País 15/10/2017)

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