Exportar hace mejores a las empresas

Las empresas exportadoras, por término medio, son “mejores” que las empresas no exportadoras. Lo son porque tienen más empleados, porque son más productivas, porque pagan mayores salarios y porque realizan una mayor inversión en investigación, desarrollo e innovación. Por ello, los gobiernos desarrollan programas para tratar que un mayor número de empresas se conviertan en exportadoras.

Los economistas tenemos dos teorías para explicar por qué las empresas exportadoras son mejores que las no exportadoras. La primera teoría defiende que, desde su nacimiento, algunas empresas son más productivas que otras. Las empresas más productivas obtienen más beneficios porque sus precios son más competitivos y venden más, o porque pueden producir un producto de mayor calidad, y cobrar un mayor precio. La exportación exige a las empresas asumir costes adicionales a los que soportan en el mercado doméstico. Estos costes adicionales están ligados a unos mayores costes de transporte, a la existencia de aranceles, y al coste adicional de analizar los mercados exteriores, de encontrar distribuidores adecuados y de adaptar el producto a las características de los consumidores foráneos. Las empresas más productivas son capaces de hacer frente a estos costes adicionales y todavía obtener beneficios en los mercados exteriores. Según esta teoría, la exportación no hace a las empresas mejores. Lo que ocurre es que solamente las mejores empresas pueden exportar. Por ello, observamos una correlación positiva entre exportar y tener unas características empresariales más atractivas. Según esta teoría los gobiernos no deberían gastar un euro en programas de promoción de exportaciones, ya que la capacidad de exportar está ligada a habilidades que están determinadas desde el nacimiento de las empresas.

La segunda teoría sugiere que la propia actividad exportadora mejora la productividad de las empresas. En los mercados exteriores, las empresas exportadoras se ven obligadas a competir con otras empresas que, en muchas ocasiones, son más eficientes que las de su mercado doméstico, lo que les obliga a agudizar el ingenio para ser más competitivas. Asimismo, al exponerse a nuevos mercados las empresas pueden aprender de sus competidores. Finalmente, si los clientes extranjeros son más exigentes con la calidad del producto o del servicio, la empresa se verá obligada a mejorar sus procesos para alcanzar ese mayor nivel de calidad. La recomendación de esta teoría, a diferencia de la primera, es que el gobierno debe incentivar a las empresas a que exporten, ya que la propia actividad exportadora hará a las empresas mejores. Esta intervención pública está especialmente justificada si las empresas se enfrentan a alguna barrera, como la falta de información, que les impide dar el paso de exportar.

Aunque la intuición nos dice que la segunda teoría es muy plausible (no hay nada mejor que echarse al agua para aprender a nadar), los estudios, hasta ahora, no habían encontrado evidencias claras de su validez. En cambio, los estudios confirman sin fisuras la primera teoría. Sin embargo, un reciente trabajo de David Aitkin, Amit Khandewal y Adam Osman, ofrece evidencia empírica muy convincente de que exportar hace mejores a las empresas.

Para realizar el estudio, los autores colaboraron con la ONG estadounidense Ayuda para Artesanos, cuyo objetivo es facilitar la exportación de productos artesanales de los países en vías de desarrollo a los países desarrollados. En el estudio se analiza el programa de esta ONG para facilitar la exportación de alfombras fabricadas en la localidad egipcia de Fowa, que cuenta con un colectivo muy numeroso de artesanos de alfombras, a los países desarrollados. Para implementar este programa, la ONG contactó con una empresa intermediaria en la venta de alfombras de Fowa. La ONG ofreció al intermediario formación en marketing y en las características de las alfombras que se demandaban en Estados Unidos y Europa. La ONG también ayudó al intermediario a encontrar clientes en países desarrollados. Tras un año y medio de trabajo, la ONG y el intermediario lograron un importante pedido de alfombras de un cliente alemán. A continuación, los autores del estudio eligieron de forma aleatoria a los artesanos de Fowa que iban a fabricar las alfombras para este pedido. Al mismo tiempo, eligieron también de forma aleatoria un grupo de control, constituido por artesanos que no iban a fabricar alfombras para el pedido.

El estudio analiza si los artesanos que recibieron el pedido de alfombras mejoraron sus beneficios con relación al grupo de control. Los autores concluyen que los artesanos elegidos para fabricar las alfombras aumentaron sus beneficios por hora trabajada con relación a los artesanos del grupo de control, entre un 16% y un 26%. Este incremento en los beneficios por hora trabajada se debía a que los artesanos exportadores tenían que fabricar una alfombra de mayor calidad que la fabricada por el grupo de control, mayoritariamente destinada al mercado nacional.

El estudio muestra que la oportunidad de fabricar un producto de mayor calidad, y de un mayor precio, es la que incentiva a los artesanos a ser más productivos. Los clientes extranjeros, al demandar un producto de mayor calidad, obligan a los artesanos de alfombras egipcios a convertirse en mejores artesanos. Los autores confirman esta hipótesis mediante tres evidencias. En primer lugar, observan que la productividad de los artesanos elegidos mejora de forma gradual, a medida que van acumulando experiencia en la fabricación de alfombras de mayor calidad. Si los artesanos ya supiesen cómo producir alfombras de mayor calidad, la productividad habría aumentado inmediatamente. En segundo lugar, observan que existe un diálogo continuo entre los artesanos y el intermediario para identificar qué cambios debían realizar en el proceso de producción y qué nuevas técnicas debían aplicar para alcanzar la calidad demandada. En tercer lugar, tras finalizar el pedido, los autores pidieron a los artesanos exportadores y a los artesanos del grupo de control fabricar la misma alfombra con la misma maquinaria y con los mismos productos intermedios. Sistemáticamente, los artesanos exportadores, en el mismo tiempo, fabricaban una alfombra de mayor calidad que los artesanos del grupo de control.

El estudio nos deja varias lecciones. En primer lugar, las empresas, por término medio, tienen capacidad de mejorar su productos o servicios si tienen incentivos para hacerlo. La exportación ofrece estos incentivos siempre que los productos o servicios demandados sean de mayor calidad. En segundo lugar, la mejora en la productividad se produce a través de una transmisión del conocimiento sobre características del producto y de técnicas de fabricación de los clientes finales, y de los intermediaros, al fabricante. Es importante destacar que en este trabajo la empresa intermediaria era la encargada de la relación con el cliente final y de la logística de la exportación. En los países más avanzados, las empresas también tienen que encargarse de estas actividades, lo que aumenta las posibilidades de aprendizaje y mejora. Exportar sí hace mejores a las empresas. Por tanto, si quiere mejorar, échese al agua de los mercados internacionales.

La bici: economía e ideología

Hace unos meses hubo una polémica sobre la construcción de un anillo ciclista en València (lean por ejemplo aquí y aquí). El anillo ciclista es un carril bici de doble sentido que circunvala el centro de la ciudad. Se ha construido segregado del tráfico y para ello se han eliminado carriles para el tráfico motorizado y plazas de aparcamiento. Los sospechosos habituales de la polémica alrededor del anillo fueron los atascos, el coste de las obras, la posible infra-utilización de la infraestructura y el descenso de ventas en los comercios. Unos meses tras la inauguración, el carril bici está lleno de bicis y los atascos son lo habituales en la centro (ver aquí). La oposición al carril se ha diluido y la bici en general no se entenderá de aquí unos años igual que pasó con la ley anti-tabaco.

Lo curioso de la absurda polémica fue que nos encasillen en una cierta ideología a los que nos desplazamos habitualmente en bici o defendemos estas medidas. Soy ciclista, lo confieso. Uso la bici tanto en su aspecto deportivo y lúdico como medio de transporte urbano (recorro más kilómetros en bici que en coche al final del año).  En pocos deportes como el ciclismo se aplica tan sutilmente el arte de gestionar recursos escasos como en el ciclismo. Muchas veces pienso que todo lo poco que sé de economía lo he aprendido dando pedales cada día (ver aquí).Pero intento que la opción de mi medio de transporte no enturbie mi capacidad de análisis. De hecho, no siempre he estado de acurdo con las medidas que ha tomado el actual ayuntamiento en materia ciclista (como dejé constancia aquí al oponerme a no obligatoriedad del casco).

La bicicleta no tiene ideología, es tan sólo un medio de transporte más. Puede resultar erróneo inferir simpatías políticas de la preferencias ciclistas. De hecho, políticos de todos los colores apoyan el uso de la bici como el conservador británico Boris Johnson que dijo: “imaginad si pudiésemos inventar algo que redujese la congestión del tráfico, el ruido, la contaminación y la mala salud. Algo que mejorase la vida de todo el mundo, de manera rápida, sin el coste de la construcción de nuevas carreteras y líneas de tren. Bueno, lo inventamos hace 200 años: la bicicleta”.

bici caidaNo soy un experto en economía del transporte urbano, pero es un tema un tema bastante estudiado en la literatura especializada. Como economista intento que el resbaladizo terreno de lo ideológico no empantane mi capacidad de análisis (eso lo dejo para la bici, como muestra la foto de la izquierda). Me decanto más por atender lo que dicen los estudios de mis colegas que otras consideraciones sin aval empírico. Hay bastantes evidencias que sugieren que los beneficios superan los costes, que también los hay. Por ejemplo, un análisis en tres ciudades Noruega indican que los beneficios cuadriplican los costes (Sælensminde, 2004). Además de los efectos en la salud y contaminación, lo interesante de este caso fue que la introducción de carril bici no incrementó sustancialmente los atascos. Los conductores eligieron mejores rutas alternativas (avenidas más amplias alejadas del centro) en previsión de congestión y como consecuencia se descongestiona el tráfico del centro de la ciudad.

Como resumen, los estudios más relevantes señalan lo siguiente:

  1. El uso de la bicicleta urbana tiene efectos positivos a nivel individual (salud), colectivo (contaminación) y económico (menor coste, turistas, servicios de alquiler). (Handy, van Wee & Kroesen, 2014)
  2. Hay muchas razones por las cuales decidimos o no utiliza la bici. Una de ellas es disponer de un carril bici (Heinen , van Wee & Maat, 2010).
  3. Existe una relación positiva entre carriles bici y el nivel de actividad ciclista (Buehler & Dill, 2015).
  4. Los carriles bici tienen un coste. Cuando las preferencias están jerarquizadas, recomiendan separar las redes en zonas de alta densidad de flujo de peatones o vehículos (Buehler & Dill, 2015).

Afortunadamente un carril bici no es una infraestructura irreversible. Si los hechos demuestran que el aumento de la bici en detrimento del coche supone un coste superior al beneficio, estaré dispuesto a cambiar de opinión. Mientras tanto, seguiré pedaleando.

La ventaja comparativa frente al talento: un análisis a partir del ajedrez

El 27 de mayo de 2016 moría en Barcelona, a los 84 años de edad, Arturo Pomar. Este nombre quizá sea familiar para las personas de mayor edad, y seguramente lo será para las personas aficionadas al ajedrez. Arturo Pomar está considerado como uno de los grandes talentos que ha tenido España en este juego/deporte. Como comentaba Leontxo García en su crónica en El País el 27 de mayo de 2016, con solo 12 años, Arturo Pomar hizo tablas con el campeón del mundo en aquel momento: Alexánder Alekhine. Sin embargo, a pesar de ese enorme talento, Arturo Pomar nunca llegó a competir por la corona mundial. Parte de la explicación se debe al escaso apoyo que recibió por parte del régimen franquista, que solamente le otorgó un puesto de trabajo en Correos. Como señaló el entrenador soviético Alexánder Kotov, si Pomar hubiera nacido en la Unión Soviética, podría haber aspirado al título mundial.

El caso de Arturo Pomar es un ejemplo de cómo el talento individual, y las características del país, determinan los logros de una persona. Esta situación no es exclusiva del ajedrez. En muchos otros deportes, en las artes, las ciencias o en la economía los resultados que obtiene un individuo o una empresa están determinados por el talento individual y la ventaja comparativa del país. En la mayoría de los casos, resulta difícil estimar cuál es la contribución del talento individual y la ventaja comparativa al resultado final. Esto se debe a que hay muchos factores que inciden sobre el resultado final, o éste es la consecuencia de comportamientos que son difíciles de modelizar.

Sin embargo, dada su simplicidad, el ajedrez es una actividad idónea para identificar la contribución de la ventaja comparativa del país y del talento individual al desempeño de un jugador. En primer lugar, el ajedrez es un juego fácil de aprender y requiere una infraestructura mínima. En segundo lugar, la calidad de un jugador de ajedrez está determinada por su talento innato, pero también por las oportunidades que le ofrece su país para jugar al ajedrez, aprender técnicas de juego y estrategias, y de contar con financiación para dedicarse a esta actividad si se tienen muy buenas aptitudes. Finalmente, en el ajedrez el desempeño de los jugadores se mide de forma homogénea en todo el mundo a través de la puntuación ELO.

En un trabajo reciente, he utilizado la puntuación ELO de más de 150,000 jugadores, para analizar el número de ajedrecistas de alto nivel en cada país. La puntuación ELO que he utilizado para determinar si un jugador es experto es 2.200, ya que esta puntuación es la que otorga el grado de Candidato a Maestro. Como el talento está homogéneamente distribuido en el mundo, y se juega al ajedrez en casi todos los países, mi intuición era que el número de jugadores expertos como porcentaje de la población debería de ser similar en todos los países. Gran error. La realidad es que existen enormes diferencias en el número de ajedrecistas expertos, en porcentaje de la población, entre países. Por ejemplo, Bolivia y Hungría tienen una población similar; sin embargo, el número de jugadores expertos en Hungría es 70 veces superior al de Bolivia. Estos resultados sugieren que deben existir notables diferencias entre países en su “tecnología” para generar jugadores expertos en ajedrez. Y ciertamente las hay. Los países que aparecen liderando el ranking son Armenia, Eslovenia, la República Checa, Hungría y Georgia. España se sitúa en la mitad superior del ranking. Los países que aparecen en las últimas posiciones son Botsuana, Madagascar, Mali, Namibia y Panamá.

Lógicamente los países que tienen ventaja comparativa en ajedrez son los que tienen una gran afición por este deporte. Esto permite que un mayor número de potenciales jugadores se acerque a este deporte y que el país desarrolle “tecnologías”, como introducir el ajedrez como asignatura en el colegio, tener numerosos clubs y campeonatos, y tener una amplia oferta de entrenadores que permiten elevar el nivel medio de los jugadores. El ajedrez es un ejemplo más de cómo una preferencia puede generar una ventaja comparativa.

¿En qué medida las diferencias en ventaja comparativa explican las diferencias en el número de jugadores expertos entre países? Cuando establezco la referencia de calidad en jugadores que son, al menos, candidatos a Maestros, la ventaja comparativa explica el 85% de las diferencias entre los países, y el talento individual solamente el 15%. Sin embargo, cuando establezco la referencia en el grado de calidad más alto, Grandes Maestros, la contribución de la ventaja comparativa se reduce al 54% y la del talento individual aumenta hasta el 46%. Estos resultados muestran que el peso del talento individual crece cuando medimos niveles de calidad que son muy difíciles de alcanzar. En estos casos, el que un país cuente con un jugador de muchísimo talento se debe en gran parte al azar. En todo caso, es llamativo que incluso para niveles de calidad tan elevados la contribución de la ventaja comparativa del país sea tan alta.

En el trabajo analizo también si la expansión de Internet, y la aparición de páginas web que permiten jugar al ajedrez en línea, y aprender técnicas de ajedrez, han reducido las diferencias en la ventaja comparativa entre países. El argumento es que si la ventaja comparativa del país se debe a las mayores oportunidades que ofrece a sus habitantes para jugar al ajedrez y aprender técnicas de ajedrez, la expansión de Internet ha podido reducir estas ventajas. Sin embargo, los resultados indican que durante el periodo 2001-2015 no se ha producido ninguna convergencia en la ventaja comparativa entre países.

En este mundo globalizado, tendemos a atribuir las diferencias de renta entre personas a su talento individual. Sin embargo, el ejemplo del ajedrez nos pone de manifiesto que el desempeño individual está en gran parte explicado por una ventaja colectiva. Arturo Pomar fue un claro exponente de esta realidad.

La tasa de desempleo en las regiones de la Unión Europea en 2016

La oficina europea de estadística Eurostat ha publicado recientemente las cifras de la tasa de desempleo (porcentaje de parados sobre la población activa) de las regiones de la Unión Europea. Las cifras no son homogéneas entre las regiones, ya que varían de un mínimo de tasa de desempleo del 2,1% a una tasa máxima del 31,2%. En el gráfico adjunto se muestran las cifras de la tasa de desempleo de la regiones por rangos.

Con más detalle, las tasas de desempleo más bajas se registran en Niederbayern-Baja Baviera (2,1%) en Alemania y Praga (2,2%) en la República Checa, seguidas por las regiones alemanas de Oberbayern-Alta Baviera (2,4%), Mittelfranken y Unterfranken (ambas con un 2,5%) y Tübingen (2,6%).

En el lado opuesto, las regiones con la mayor tasa de desempleo son Dytiki Makedonia-Macedonia Occidental (31,3%) en Grecia, la Ciudad Autónoma de Melilla (30,8%) en España, Dytiki Ellada (29,8%) en Grecia, Andalucía (28.9%) y Extremadura (27.5%) en España, y Mayotte (27,1%) en los departamentos de ultramar de Francia.

De las 275 regiones de la Unión Europea, 60 tienen una tasa de desempleo igual o menor al 4,3%, la mitad de la media de la Unión Europea (8,6%). En estas regiones privilegiadas se incluyen 24 regiones de Alemania, 18 del Reino Unido, 6 de la República Checa, 3 de Hungría y Austria, 2 de Bélgica y Rumania y una de Italia y Holanda. Por el contrario, 32 regiones han registrado una tasa de desempleo de al menos el 17,2%, el doble de la media de la Unión Europea. En este grupo se encuentran 12 de las 13 regiones de Grecia, 10 de España y 5 de Italia y Francia (todos los departamentos de ultramar).

En el siguiente cuadro se muestran las regiones europeas con las cifras de las tasas de desempleo juvenil (población entre 15 y 24 años) más bajas y más altas. La media de la Unión Europea se sitúo a finales de 2016 en el 18,6%.

Las menores tasas de desempleo juvenil se registraron en regiones de Alemania, en particular en Schwaben (4,3%), Oberbayern-Alta Baviera y Tübingen (ambas con el 4,6%), Weser-Ems (5,6%) y Freiburg (6,0%), mientras que las mayores tasas de desempleo juvenil se registraron en la Ciudad Autónoma de Melilla (69,1%) y la Ciudad Autónoma de Ceuta (63,3%), ambas en España. En más de las tres cuartas partes de las regiones de la Unión Europea, la tasa de desempleo juvenil era al menos el doble de la del desempleo total.

Dos homenajes

El azar ha querido que solo tres días hayan separado dos acontecimientos políticos de altura presentados como sendos actos de homenaje, uno en España y otro a escala de toda Europa. Entre nosotros, con ocasión de conmemorar el cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones libres, que franqueó los pasos subsiguientes de la Transición; en el Parlamento Europeo, al tributársele un emocionado y singular reconocimiento al excanciller Helmut Kohl, fallecido dos semanas antes. Ambas solemnes convocatorias, tan cercanas entre sí, invitan a subrayar su respectivo significado y también a hacer alguna comparación.

El acto de la Eurocámara, magistralmente diseñado —“el protocolo es la semiótica de la política”, se ha recordado con acierto—, reuniendo a decenas de líderes y personalidades con proyección internacional, ha cumplido a la perfección un doble cometido. Por lo pronto, poner en valor el aporte del excanciller a la historia reciente de Europa, en tanto que gran protagonista de ese episodio capital que une la caída del muro de Berlín (9 de noviembre de 1989) y la unificación de Alemania (3 de diciembre de 1990), para desembocar un año después en la desintegración de la URSS (22 de diciembre), ofreciendo con ello un nuevo horizonte a la larga docena de países durante décadas privados de libertad. Si en su primera etapa en la cancillería, Helmut Kohl ya había coprotagonizado junto al presidente Mitterrand otro acto (23 de septiembre de 1984) con enorme carga simbólica para lo que es hoy la Unión Europea —el recuerdo de las víctimas mortales de la batalla de Verdún: 360.000 franceses y 325.000 alemanes—, en el ecuador de su mandato se erigió como el gran impulsor de la integración europea, con un papel central en el Tratado de Maastricht (1992) y el dibujo de la unión monetaria. Reconocer todo ello ha servido a la vez —el otro fin perseguido con el funeral de Estado en Estrasburgo— como apoyo a quienes, con Merkel y Macron al frente, se proponen ahora relanzar el proyecto común, alentados por el veredicto muy unánime de unas urnas en contra de los partidos y movimientos eurófobos. Un doble objetivo, pues, plenamente logrado.

¿Puede decirse lo mismo del acto de las Cortes? Solo en parte. Aunque sobradamente justificado —aquel 15 de junio de 1977 quedará siempre como una fecha memorable de la España contemporánea—, las carencias detectadas le han restado de algún modo trascendencia. De un lado, se ha perdido la oportunidad de subrayar abiertamente el más notorio y fructífero rasgo de nuestras cuatro décadas más recientes: la estabilidad, sobre todo en los dos planos, institucional y social, que han devenido fundamentales para los logros —también los económicos— de la democracia española. De otro lado —y volvemos al tema de las formas, a la cuestión protocolaria—, la clamorosa ausencia del Rey emérito —cuya actuación resultó del todo imprescindible para hacer posible lo que se conmemoraba—, una ausencia difícilmente explicable que ha empañado la merecida celebración.

Dos homenajes bien oportunos pero no igualmente resueltos. Dos ocasiones propicias para afirmar deseables apuestas pero con desigual aprovechamiento.

La rentabilidad de la inversión en el largo plazo: el caso de EE.UU., 1975-2017

En esta entrada del Blog se compara la rentabilidad nominal a largo plazo (horizonte de 42 años de la inversión) de tres activos alternativos: vivienda, acciones y oro. En este caso, nuestros ahorros se invertirán en dos activos de EE.UU. y en un activo internacional.

En concreto, en el gráfico adjunto (hacer clic para verlo más grande) se muestra la evolución de los índices de precios representativos de tres activos seleccionados para el periodo enero de 1975-junio de 2017:

– Wilshire US Real Estate Investment Trust Total Market Index (Wilshire US REIT): Es un Fondo de Inversión en Bienes Raíces (inmobiliario) de EE.UU. y es un subconjunto del índice Wilshire US Real Estate Securities IndexSM (Wilshire US RESI). Es muy útil para aproximar la inversión inmobiliaria directa al excluir los activos cuyo valor no siempre están vinculados al valor de los bienes raíces subyacentes. Este índice recoge la reinversión de los dividendos de esta cartera.

– Wilshire 5000 Total Market Index: Es el indicador más aceptado para medir la evolución del mercado de renta variable de los EE.UU. y registra el rendimiento de todos los valores de renta variable incluidos en el índice (3818 valores desde el 30 de julio de 2014). Este índice recoge la reinversión de los dividendos en esta cartera.

– Gold Fixing Price London Bullion Market: Es el principal indicador internacional de la evolución del precio del oro. El precio se fija cada día a las 15 horas de Londres.

De las cifras del gráfico se deduce que en el largo plazo la rentabilidad nominal de la vivienda y de las acciones son bastante similares y muy superiores a la inversión en oro.

Unión Bancaria Europea: un paso adelante, dos pasos atrás

El 1 de junio de 2017 la Comisión Europea comunicaba los términos del acuerdo alcanzado con el gobierno italiano en relación al rescate del Monte dei Paschi. En síntesis, y contraviniendo el principio básico de la Directiva Comunitaria de Recuperación y Resolución Bancaria (evitar que los contribuyentes sufraguen los costes de las crisis bancarias), la Comisión acepta que de forma excepcional y preventiva se recapitalice con fondos públicos el citado banco argumentado que se trata de un apoyo de carácter temporal a una entidad en principio solvente. Dado que la entidad reconoció públicamente una mala comercialización de esos productos acepta también que las autoridades italianas no impongan en la práctica quitas a los tenedores de títulos de deuda júnior (subordinados y preferentes). Son pues evidentes las diferencias con el caso español, en donde el mecanismo de compensación se creó a posteriori y tuvo además que ser defendido y valorado caso por caso.

Pocos días después, el 6 de junio para ser exactos, asistíamos al estreno de la Junta Única de Resolución. Tras ser declarado “failing or likely to fail” por el BCE, y ante la falta de soluciones privadas, la Junta interviene por razones de interés público el Banco Popular y lo “vende” por un euro al Santander. Accionistas, tenedores de bonos contingentes convertibles (CoCoS) y de títulos de deuda subordinada lo pierden todo; depositantes y bonistas sénior quedan por el contrario totalmente protegidos.

El 23 de junio la Junta Única de Resolución vuelve a actuar para hacer frente a la crisis del Veneto Banca y Banca Populare de Vicenza. Tras ser consideradas, como en el caso anterior, entidades “failing or likely to fail” por el BCE, la Junta decide que no se dan en este caso las condiciones para que proceda su intervención. Esto es, dado el reducido tamaño de las entidades citadas se considera que su caída no supone un riesgo para el sistema y se remite pues el caso al Banco de Italia para que en su calidad de autoridad nacional de resolución proceda a su liquidación ordenada aplicando las normas de insolvencia italianas. Buscando reforzar la estabilidad de su sistema bancario, y como ya ocurriera en el caso del Monte dei Paschi, las autoridades italianas deciden emplear recursos públicos en la operación de liquidación de los dos bancos venecianos, razón por la cual se ven obligadas a negociar con Bruselas los términos de la operación, que incluye finalmente tres grandes medidas: el traspaso a Intesa Sanpaolo al precio simbólico de un euro de los activos sanos, la concesión a la citada Intesa de recursos y garantías públicas por un importe cercano a los 17.000 millones de euros y la imposición, esta vez sí (visto el trato dispensado a los bonistas júnior del Popular hubiera sido un escándalo no hacerlo!), de pérdidas a los accionistas y acreedores subordinados de las dos entidades liquidadas.

Vista la disparidad de criterios utilizados para solucionar estos tres episodios de crisis bancaria no parece que se haya avanzado mucho en la consecución de un marco de actuación común. La distribución de las cargas entre acreedores y contribuyentes sigue dependiendo en gran medida de la capacidad negociadora (no es lo mismo que los fondos para rescatar un banco los ponga el Estado afectado o los contribuyentes europeos) y de la voluntad de las autoridades nacionales (¿podía el Estado español inyectar fondos públicos en el Popular?, ¿debía hacerlo?). Parece asimismo evidente que es preciso mejorar los sistemas de liquidación (¿tiene sentido utilizar fondos públicos para liquidar entidades consideradas no sistémicas?). Queda asimismo claro lo importante que es para los gobiernos y reguladores honrar los compromisos adquiridos con los bonistas sénior. No en vano, junto con la protección de los depositantes, es lo único que tienen en común los tres episodios de crisis que acabamos de comentar.

Tipos de interés reales y expectativas de inflación en EE.UU., 2003-2017

En los últimos años, la emisión de bonos indiciados a la inflación (o protegidos contra la inflación) ha experimentado un fuerte crecimiento en los principales mercados de deuda pública. Los bonos indiciados más conocidos son los emitidos por el Tesoro de los EE.UU. Se trata de los bonos de deuda pública conocidos como Treasury InflationProtected Securities (TIPS).

La característica principal de los bonos indiciados es que su rendimiento se encuentra protegido ante la inflación futura, ya que se compensa al comprador tanto en los cupones como en el capital invertido (al vencimiento) por la pérdida de poder adquisitivo ocasionada por la inflación. De este modo, mientras en los bonos de deuda pública “convencionales” su rentabilidad vendría determinada por el tipo de interés nominal en los bonos indiciados a la inflación la rentabilidad vendría determinada por los tipos de interés reales.

En la literatura económica se ha sugerido desde mediados de la década de los noventa el uso de los bonos indiciados para medir el tipo de interés real y las expectativas de inflación de los mercados financieros. Dicha descomposición tiene como justificación teórica la conocida ecuación de Fisher, la cual determina que el rendimiento nominal de un bono se puede aproximar por la suma del tipo de interés real requerido y la tasa de inflación esperada como promedio durante el periodo de vida del título hasta el vencimiento: R= rπe. [1] Por ello, los bonos indiciados son uno de los instrumentos (junto a las encuestas de expectativas macroeconómicas) que utilizan los bancos centrales para el seguimiento de las expectativas de inflación a largo plazo dentro de su estrategia global de política monetaria.

En el primer gráfico se muestra la senda temporal de la rentabilidad nominal de los bonos de deuda pública “convencionales” a 5 años (5-Year Treasury Constant Maturity Rate) y la rentabilidad de los TIPS equivalentes a 5 años (5-Year Treasury Inflation-Indexed Security) que aproxima al tipo de interés real. En el segundo gráfico se ha calculado el diferencial  o spread entre el bono convencional y el TIPS (5-Year Breakeven Inflation Rate) que aproxima la inflación esperada en los próximos 5 años.

Los tipos de interés negativos son imposibles en los bonos de deuda pública convencionales, porque ello implicaría que el inversor recupera menos dinero del que ha invertido. Sería más lógico dejar el dinero en la cuenta corriente sin remuneración alguna. Sin embargo, sí son posibles tipos de interés negativos en los bonos indiciados con la inflación, ya que en este caso la remuneración no es el tipo de interés nominal (R) sino el tipo de interés real ( re).

Es en en este contexto donde ha surgido otra anomalía monetaria derivada de la crisis financiera internacional de 2007-2008. Por primera vez desde el inicio de la emisión de bonos indiciados contra la inflación a 5 años (enero de 2003) la rentabilidad de estos bonos se situaron por debajo de cero en septiembre de 2010. Desde esa fecha, los tipos de interés de los TIPS a 5 años han cotizado con tipos de interés negativos en numerosas ocasiones, alcanzando el mínimo en septiembre de 2012.

Con más detalle, en septiembre del 2012, los bonos de deuda pública convencionales a 5 años cotizaban con una rentabilidad del 0,67% (R), mientras que la rentabilidad de los bonos equivalentes TIPS a 5 años cotizaban con una rentabilidad del -1,47% (re). Está rentabilidad negativa supone que los inversores que adquieren estos activos demandan una rentabilidad “segura” (se “conforman” con una rentabilidad) de 1,47 puntos porcentuales por debajo de la tasa de inflación media esperada hasta el vencimiento del TIPS. En definitiva, si se cumple el Efecto Fisher, los mercados estarían anticipando que la tasa de inflación americana se iba a situar en los siguientes 5 años en una media de al menos el 2,14%  (πe ).

Los últimos datos disponibles correspondientes finales mayo de 2017 muestran que los bonos de deuda pública convencionales a 5 años tenían una rentabilidad del 1,82% (R), mientras que la rentabilidad de los bonos equivalentes TIPS a 5 años era del +0,08% ( re). En definitiva, si se cumple el Efecto Fisher, los mercados estarían anticipando en este caso que la tasa de inflación americana se podría situar en los próximos 5 años en una media de al menos el 1,74% ( πe ). En este caso, los inversores que adquieren estos activos demandan una rentabilidad “segura” con rentabilidad cero hasta el vencimiento del TIPS.

Por último, destacar los cambios estructurales registrado en el comportamiento paralelo del diferencial o spread (5-Year Breakeven Inflation Rate).

Por un lado, desde julio de 2008 y hasta el 16 de enero de 2009, el diferencial fue cayendo hasta pasar a niveles negativos. En este periodo, los inversores esperaban que la tasa de inflación sería negativa en los próximos cinco años, es decir, estaban anticipando la posibilidad de un periodo de deflación o caída generalizada de los niveles de precios en la economía americana.

Por otro lado, la introducción entre finales del 2008 y el primer trimestre de 2009 del primer programa QE-1 de compra masiva de bonos de deuda pública (y otros activos) por parte de la Reserva Federal provocó el cambio de tendencia del diferencial. Desde entonces -y sobre todo desde el anuncio de la introducción del nuevo programa QE-2- se ha registrado un cambio de expectativas en la tasa de inflación futura. En consecuencia, las posibilidades de deflación se alejaron y el diferencial se volvió positivo como consecuencia del temor de un repunte de la tasa de inflación futura. En esta situación nos encontramos en la actualidad.

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[1] Sobre el significado económico de la ecuación fisher, véase el artículo Bajo-Rubio, O., Díaz-Roldán, C. y Esteve, V. (2010): “Testing the Fisher effect in the presence of structural change: A case study of the UK, 1966-2007”, Economic Issues, Vol. 15, Part 2, 1-16.

Laudatory speech for Prof. Bergstrand

In 1676 Sir Isaac Newton coined the expression: “standing on the shoulders of giants”, which is still used by Google scholar as its motto. There’s not a more appropriate aphorism to describe Dr. Bergstrand: “If I have seen further, it is by standing on the shoulders of giants.” For several reasons, and not the obvious one related to his height (although Nobel laureate Angus Deaton might disagree).

First, Prof. Bergstrand stands on the shoulders of gigantic giants like Robert Baldwin and André Sapir. His great- gran mentors include names like Paul Samuelson, Ludwig von Mises and John Maynard Keynes.

Second, Prof. Bergstrand has devoted most of his academic career to Newtonian economics. He has been “married” to the gravity equation nearly as long as to his wife: 39 years.  In doing so, he has set the theoretical and empirical foundations, along with other giants, of the gravity equation of trade.

Third, Prof. Bergstrand is an academic giant in at least three ways. The scientific community has been lucky to read in the major journals his insights on international trade flows, economic integration agreements, foreign direct investment, and multinational firms, which have led to a better understanding of international economics. His work has escaped the golden walls of universities and have shape today’s trade policy. He worked with the European Commission between 2007-2009 on the initial economic analyses on the TTIP. He was one of the 15 experts selected to advise the Council of Economic Advisors and the US Trade Representative’s Office on the TPP (Trans-Pacific Partnership) agreement at the White House in May and September 2016.

The teaching dimension of success academics is frequently shadowed by their research accomplishment, which in the case of Dr. Bergstrand’s is immense. His work has been cited more 12,000 times, and his 30 most cited papers have cited more than 30 citations. This is not the case of Dr. Bergstrand who is also chalk giant. Three days ago, some of us had the opportunity to attend his course in international economics. Although he made us sweat in some exercises, we discovered an excellent teacher, as you will shortly appreciate. I’m convinced that he has left a print in most of the 10,000 students who have attended his lectures in the University of Notre Dame.

Fourth, Prof. Bergstrand is a communication giant. He’s been only four days in Valencia and he’s all over the news. If you search him in google news, you can read about his thoughts in local newspapers like Las Provincias, La Vanguardia, Valencia Plaza and international media like CNN and much more which we cannot find about because google news is banned in Spain.

Last but not least, Dr. Bergstrand is smiling giant. After google scholar, google news, please try google images. You won’t find a single photo we’re he is not smiling. Aside from this cross-sectional evidence, I’ve always seen him smiling, when not laughing. This denotes a positive, charming and generous giant. Evidence to support this hypothesis is found hidden in page 20 of his CV (20!) we can read about his community service. It is really astonishing that he has had the time to serve as Elder and Church Council President, Council Vice-President, Financial Secretary and member of the Investment Committee and Financial Committee.

If we are to see further, it is by standing on the shoulders of giants like Jeff.

En memoria de William J. Baumol

El día 4 de este mes de mayo de 2017 falleció el prestigioso economista William Baumol a los 95 años de edad. Nacido en febrero de 1922 en el South Bronx de New York, entonces un enclave de la izquierda social y política norteamericana que más tarde sería bautizado con el nombre de Fort Apache, como a él le gustaba recordar, fue un lector temprano de Karl Marx que compartió los estudios de economía con los de ciencias sociales, historia y matemáticas. Después de trabajar en el Departamento de Agricultura del Gobierno Federal y hacer el servicio militar, en 1947, accedió al programa de doctorado de la London School of Economics, que sólo era seguido por norteamericanos, y en apenas tres meses pasó a formar parte de la plantilla de esa universidad, de la mano de Lionel Robbins y Jacob Viner, con quienes estableció una afable y estrecha relación. En 1949, recién doctorado, William Baumol se incorporó a la Universidad de Princeton, donde desplegó una intensa actividad docente e investigadora hasta 1992, año en que pasó a ser profesor emérito. Pero, buscando un alumnado más diverso y volver a vivir en Nueva York, trasladó en 1971 una parte importante de su actividad a la New York University, en la que trabajó hasta su retiro hace sólo un par de años. Es interesante el recorrido biográfico que ofrece la amplia entrevista concedida al economista Alan B. Krueger en el año 2000 para el Journal of Economic Perspectives (aquí)

William Baumol  compaginó una notable ortodoxia en sus análisis, que extendió a una sorprendente variedad de ámbitos de la economía, con una profunda admiración hacia Karl Marx, a quien consideraba el único economista que, junto con Joseph Schumpeter, comprendió la fuerza transformadora del capitalismo. En sus últimos libros rendiría un especial tributo a ambos autores. Prueba de su respeto al marxismo es la discusión con Paul Samuelson acerca del problema de la transformación de los valores en precios (Michael Roberts la resume aquí).

Entre sus múltiples trabajos, siempre guiados por un afán de introducir nuevos enfoques o perspectivas en el tratamiento de los problemas (como la existencia de economías de escala en la producción), destacan el  desarrollado conjuntamente con James Tobin al principio de la década de 1950, acerca de la demanda de dinero por parte de la población (modelo Baumol-Tobin), el dedicado a la enfermedad de costes de los servicios, en 1966, el de los mercados contestables, publicado en 1982, y diversos ensayos sobre el empresario y la innovación, que corresponden sobre todo al período posterior a 1990, aunque recojan una temprana preocupación ya puesta de relieve en un  artículo publicado en la AER en 1968. Comentaré brevemente los tres últimos, y en especial el tercero, que atrajo la atención de varios economistas españoles y animó a quien escribe este texto a realizar dos estancias cortas en NYU durante los años 2000 y 2001.

La enfermedad de costes de los servicios (Baumol´s cost disease) nace de un estudio sobre la situación de las artes en EE.UU. en la primera mitad de la década de 1960. Ayudado por William Bowen, Baumol descubrió que diversas actividades de servicios, como la educación, la sanidad o las artes son por naturaleza muy intensivas en trabajo, y admiten pocas mejoras en la productividad de éste. La subida de los salarios en las manufacturas, apoyada sobre el notable avance de la productividad del trabajo conseguido en ellas, se traslada a esas actividades de servicios (vía mercado de trabajo), encareciéndolas y haciendo que absorban una parte creciente del gasto de las familias.  Por tanto, en una economía avanzada, se espera que los precios de  los alimentos, los coches o los teléfonos móviles se reduzcan con respecto a los de la educación, la sanidad, el cuidado de los niños, los servicios legales, los conciertos, o la peluquería. El gráfico adjunto, tomado del artículo escrito por Timothy B. Lee (aquí), muestra que en efecto así ha sido en los últimos cuarenta años. Como una parte de estos servicios son de provisión pública, su encarecimiento afecta el presupuesto público, que tiende a crecer. En el sector privado, algunos de los servicios afectados por esta misma enfermedad tienden a desaparecer, como las reparaciones de aparatos domésticos, o algunas actividades de entretenimiento, que son sustituidas por nuevos bienes (salas de cines por películas en vídeos), y otros en cambio, tienden a expandirse, debido a una demanda creciente procedente de familias que gastan menos proporción de su renta en bienes manufacturados. De esta manera, el encarecimiento de todos los servicios que pueden considerarse “estancados” en su productividad no es sino la otra cara de la prosperidad.

Una primera conclusión que se extrae del análisis de Baumol es que el presupuesto de gasto público tiende a crecer en las sociedades desarrolladas, pero no por una creciente ineficiencia de los funcionarios, como con frecuencia sostienen los críticos del Estado. Una segunda es que conforme se abaratan los bienes, las familias disponen de más renta para dedicarla a los servicios intensivos en mano de obra, expandiendo su demanda y producción. Mirando al futuro, en fin, cabría extraer una conclusión adicional, que conforme se extienda la robotización y automatización en la industria y en algunos servicios avanzados, tenderá a crecer la demanda de los servicios intensivos en mano de obra, cada vez más depositarios del grueso del empleo de la población. Pero al mismo tiempo, puede esperarse que  la dinámica salarial responda menos a los impulsos de la productividad de unas manufacturas que cada vez pesan menos en el empleo total. De hecho, se cuenta ya con indicios de ello para los años anteriores a la crisis en España, como muestra el siguiente gráfico adjunto. En los años de recesión, los recortes de los salarios a los funcionarios, primero,  y su congelación posterior,  condicionan mucho la dinámica de los salarios en el conjunto de los servicios.

Otra de las brillantes aportaciones de William Baumol es la teoría de los mercados contestables. Estos son mercados en los que no existen barreras a la entrada y la salida de empresas, por lo que, aunque la oferta esté concentrada en un número reducido de productores, debido a la existencia de economías de escala, el equilibrio del mercado a largo plazo se produce allí donde el precio iguala al mínimo del coste medio total y no hay beneficio alguno, más allá de la remuneración normal del capital. Este tipo de mercado consigue simultanear un reducido grupo de empresas oferentes con el logro de un equilibrio idéntico al de los mercados de competencia perfecta.

Sin embargo, aunque existen bastantes mercados con una elevada concentración de la oferta, que es el dato de realidad que el modelo descrito quiere captar ante todo, no parece haber muchos en los que no existan barreras a la entrada y a la salida de empresas. La propia innovación, a la que W. Baumol dedicó tanta atención, constituye una barrera a la entrada. No obstante, en su principal trabajo dedicado al análisis sistemático de ella (The Free Market Innovation Machine, analyzing the growth miracle of capitalism, Princeton University Press, 2002), el autor se defiende de esta objeción, señalando que la innovación actual se caracteriza por su “rutinización”, su conversión en una actividad habitual más de la empresa, lo que afecta tanto a la empresa incumbente como a la nueva empresa entrante en un mercado (en Revista de Economía Aplicada, vol 10, nº 30, pp. 187-200, puede encontrarse la reseña que en su día hice de este libro). La estrategia actual de las grandes empresas de externalizar su innovación a start ups podría quizá favorecer la contestabilidad de los mercados.

Una amplia literatura discutió durante el decenio de 1980 si el mercado de las líneas aéreas reunía las características de perfectamente contestable, dadas sus reducidas barreras a la entrada y salida. La posibilidad de que lo fuera favorecería su liberalización en EE.UU., porque la regulación gubernamental, limitativa de la entrada de nuevas compañías,  constituía de hecho una barrera artificial al funcionamiento del mercado. Hoy  en día, éste es un mercado muy liberalizado, sometido a una feroz competencia que se traduce en niveles reducidos de beneficios para una buena parte de las compañías.

Centrándonos ahora en los estudios sobre innovación, ha de comenzarse situando su análisis en el marco del libre mercado. William Baumol, atribuye el milagro de las economías capitalistas a la competencia generada por el libre mercado, verdadera máquina del crecimiento. Como Marx y Engels, W. J. Baumol cree que el libre mercado genera leyes inexorables que obligan a los que en él actúan. La primera de ellas es la de innovar. Siguiendo a Schumpeter, reclama un papel central para la innovación en el seno del análisis económico. En el estudio  de sus principales facetas, que despliega en el libro ya citado, The Free Market Innovation Machine, repite de tiempo en tiempo, y a modo de lema, su convencimiento, que muchos economistas compartimos, de que la innovación pertenece al corazón del análisis económico, más que a su periferia, a la que a menudo se le relega. Consigue demostrar que, con la innovación como centro, la potencialidad del análisis microeconómico se incrementa y crece la capacidad de comprensión de la dinámica competitiva de los mercados. De esta forma, además cobra fuerza otra de las premisas más importantes del pensamiento de William Baumol, de clara influencia schumpeteriana, a saber,  que la innovación, y no los precios, constituye el centro del análisis microeconómico.

De la mano de la innovación, se llega al estudio del empresario y el emprendimiento, en el que la contribución de Baumol resulta especialmente disruptiva. En su  artículo “Entrepreneurship: Productive, Unproductive and Destructive (Journal of Political Economy, 1990, vol. 98, nº 5, Parte 1, pp. 893-921), que la editorial del Colegio de Economistas de Madrid incorporó en la traducción española del libro Mercados perfectos y virtud natural (Colegio de Economistas-Celeste Ediciones, 1993),  William Baumol irrumpe en la amplia, y a menudo infructuosa, literatura dedicada al empresariado con un quiebro genial en el planteamiento tradicional de la investigación sobre este tema. Propone dejar de discutir sobre la oferta de empresarios y analizar las razones por las que éstos se asignan a unas u otras actividades, ampliando al mismo tiempo la lista que de ellas ofreciera Schumpeter. En su opinión, la oferta de empresarios viene dada por el conjunto de “personas con ingenio y creatividad para encontrar los cauces que acrecientan su propia riqueza, poder y prestigio”. Así definida, la oferta no es el problema, y por ello puede muy bien considerarse dada. La preocupación de los economistas ha de centrarse en conocer cuáles son los factores que favorecen que la oferta potencial se convierta una oferta real de empresarios productivos, en lugar de improductivos e incluso destructivos. La respuesta reside en el marco de incentivos al emprendimiento y la creación de empresas que la sociedad ofrece. Por ejemplo, la España de la autarquía favoreció más al estraperlista y al contratista del Estado que al empresario innovador y productivo. Para ilustrar su tesis, Baumol repasa todos los múltiples desincentivos que, a lo largo de la historia, han desanimado la innovación y el surgimiento de nuevos empresarios. La principal conclusión que puede extraerse de su análisis es que cuando en una nación o en una región se dice “aquí no hay empresarios”, inmediatamente debe revisarse el marco social y regulatorio que desanima su surgimiento, pues es en éste donde reside el problema.

Podemos concluir resaltando que William Baumol fue un brillante economista orientado al análisis aplicado, algo que él achacaba al ambiente izquierdista en el que se crió. En la entrevista mencionada al comienzo de este artículo señala: “No estoy interesado en la economía como pura abstracción sino en cómo puede ayudar a eliminar la pobreza y a solucionar todos los problemas que vemos y reconocemos. Creo que sin un análisis sistemático basado, a ser posible, en datos, estadísticos, históricos o de otro tipo, podemos acabar haciendo cosas que parecen racionales pero que más tarde lamentamos”. También fue un economista sensible a los principales problemas sociales. Enfrentado con la profunda crisis mundial vivida durante los últimos nueve años, en una reciente entrevista concecida a Antonio Guarino y Maurizio Iacopetta (aquí) señalaba lo siguiente: “Soy muy consciente de todos los grandes problemas que afectan a la sociedad capitalista, la desigualdad, el desempleo, el deterioro medioambiental.  Mi tesis es que el capitalismo es un mecanismo único en realizar una sóla tarea: crear innovaciones, aplicar esas innovaciones y usarlas para crecer”.

Hace tres años, en 2014, le solicité que colaborara en el número 25 de la  revista Mediterráneo Económico dedicado a las reformas necesarias para albergar un nuevo modelo económico para España. Con gran generosidad, nos envió un artículo titulado “Hacia el crecimiento sostenido. Argumentos a favor de una política racional para combatir la recesión” (aquí). En él muestra sus preocupaciones ante la crisis, apostando por las políticas keynesianas para salir de ella, la solidaridad entre los países del centro y la periferia de la UE y las medidas para favorecer el emprendimiento y el empresariado.

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