RICOS Y ¿FELICES?

Por Carmen Ródenas Calatayud, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad de Alicante.

El pasado mes de octubre el EUROSTAT difundió la información del módulo especial de la EU-SILC del año 2018 que, como en 2013, mide el pulso de la sensación de felicidad y de satisfacción con la vida de los ciudadanos de los países de la UE (ver el informe aquí y los datos aquí). No es una rareza, pues está aumentando el interés por estudiar la felicidad, el bienestar de las personas y su cuantificación estadística; de hecho, cada vez es mayor y más frecuente la disponibilidad de informes y datos a nivel internacional (ver el World Happiness Report de 2019, entre cuyos editores se encuentran Richard Layard o Jeffrey D. Sachs).

En el caso del EUROSTAT, en el cuestionario del módulo correspondiente al fichero individual de la EU-SILC de 2018, se pregunta a los encuestados por el grado de satisfacción global con “la vida en la actualidad”, con “la situación económica del hogar”, con “el trabajo actual” y, entre otras, con “sus relaciones personales con familiares, amigos, vecinos y conocidos”. Cada uno de estos ítems es valorado en una escala de 0 a 10.

De acuerdo con las respuestas a la pregunta general sobre la satisfacción con la vida, EUROSTAT ha elaborado el gráfico 1, en el que podemos ver los países ordenados de mayor a menor porcentaje de personas que, cuando en 2018 fueron encuestadas, declararon estar felices a lo largo de las cuatro últimas semanas:

Gráfico 1.

Podemos ver que los belgas son los que encabezan la lista del optimismo con un 76% de personas felices, y que Holanda, Austria y Finlandia presentan valores similares. Tras ellos, Luxemburgo con un 74% y en sexta posición no Italia o Francia sino España, con un 72% de gente dichosa. Conviene resaltar esto pues España es el único país del grupo sur-mediterráneo -y rescatado en la crisis del euro- que supera la media comunitaria. Por el contrario, entre los países menos dichosos se encuentran Grecia, Rumania, Lituania, Croacia, Bulgaria y en el último puesto Latvia/Letonia con un 31% de personas felices, la mitad de la media de la UE.

Es interesante conocer las variaciones en la puntuación media entre 2013 y 2018, las dos fechas para las que tenemos información, en tanto que recogerían la apreciación social de la mejora de las condiciones económicas y de salida de la crisis. Así, EUROSTAT nos ofrece el gráfico 2 en el que puede comprobarse que mientras que en Bulgaria y Chipre la sensación de mejora es grande (la puntuación media ha aumentado más de un 12%), en Lituania ha empeorado la percepción, disminuyendo la puntuación un 4,5%. Curiosamente, algunos de los mayores cambios –en uno y otro sentido- se han producido puestos de la “cola” de la felicidad que veíamos en el gráfico anterior. Por lo que respecta a España, nuestra media ha crecido un 2,6%, pasando de 6,9 a 7,3 puntos, participando de una mejora común a la mayoría del resto de países, excepto Holanda, Dinamarca y Suecia, donde se observa una ligerísima reducción.

Gráfico 2.

La información que ha difundido el EUROSTAT no solo permite comparar la sensación de felicidad en plena crisis con la que se tiene en la actualidad, sino que permite indagar algo más sobre por qué la gente se siente más satisfecha con su vida. Si ponemos en conexión las respuestas de satisfacción global con “la vida en la actualidad”, con las de satisfacción con “la situación económica del hogar”, con “el trabajo actual” y con “sus relaciones personales con familiares, amigos, vecinos y conocidos”, podemos obtener algunas pistas generales.

En una primerísima aproximación, he calculado unos sencillos coeficientes de correlación entre las puntuaciones medias por país para cada uno de estos aspectos de la felicidad. Los resultados son los siguientes:

Aquello de que “quien tiene un amigo tiene un tesoro”, es cierto que aparece en la correlación positiva del 0,75 entre la satisfacción general y la satisfacción con las relaciones personales, pero lo que la tabla revela es que la relación más fuerte se produce entre la sensación de satisfacción general y la de satisfacción financiera, con una correlación del 0,95. Parece, cuando menos, que el dinero sí da bastante felicidad… En cuanto a las asociaciones entre las posibles fuentes de satisfacción, llama la atención una correlación positiva del 0,80 entre trabajo y relaciones personales. Puede haber un mundo ahí dentro, pero apostaría a que los buenos trabajos conducen a las buenas relaciones sociales (amistades, vecindad…).

En el gráfico 3 he representado las puntuaciones de cada país ordenadas de mayor a menor satisfacción general en 2018. Además, he calculado y dibujado la media de las puntuaciones de los tres elementos parciales de satisfacción: trabajo, finanzas y relaciones personales. Puede apreciarse que las relaciones personales son las que más satisfacción nos dan y la situación financiera es la que menos dicha nos reporta (puntuaciones más altas y más bajas, respectivamente). La satisfacción que nos proporciona el trabajo se encuentra cercana a la puntuación de la satisfacción global con la vida.

Aquí destaca, asimismo, lo bien que se ajustan los niveles y las variaciones de las series de satisfacción general (línea negra continua) y la dibujada a partir de la media (línea negra punteada) de los tres componentes anteriores. Y resulta sorprendente porque es como si las personas encuestadas hubieran calculado inconscientemente su propio promedio para dar su score general de satisfacción. Esto es muy tranquilizador para quien trabaja con encuestas, y se llama coherencia en las respuestas.

Grafico 3. Puntuaciones medias por país en las diferentes preguntas de satisfacción, 2018

El gráfico es muy ilustrativo por otro motivo. Puede observarse que cuanto menor es la puntuación global, el intervalo entre la puntuación correspondiente a la satisfacción con las relaciones personales (línea anaranjada) y la satisfacción financiera (línea cobre) se amplía. Esto puede verse muy bien para los países en la parte derecha como Bulgaria, Croacia o Lituania. Ahora bien, los valores las series tanto de satisfacción en el trabajo como de la de las relaciones personales son bastante más estables para el conjunto de países que los de la serie de la satisfacción financiera. Esta última muestra una inclinada pendiente y es la que, claramente, tensiona hacia abajo la serie de las puntuaciones generales de satisfacción.

De nuevo, y para qué decirlo de otra manera, parece que (a primera vista) el dinero sí da la felicidad…

 

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