Indicador de coyuntura: Abril 2017

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta febrero de ventas, producción industrial y renta, y hasta marzo de afiliados. El valor que toma el indicador continua oscilando en los niveles en los que se mantiene desde hace tres años por lo que pensamos que la recuperación económica sigue siendo sólida. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en marzo es de 1,1, un poco por debajo del valor que tomó en febrero de 1,6.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan valores dispares. La producción industrial pasa de subir un 7,2% en enero a caer un 1,6% en febrero. Por su parte, las ventas y la renta subieron un 2,1% y un 1,5% en enero pero un 3,1% y un 2,2% en febrero. Finalmente, los afiliados mantienen en marzo el ritmo de crecimiento del 3,4% en febrero y marzo.

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Indicador de coyuntura: Marzo 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de febrero con los datos publicados hasta enero de ventas, producción industrial, y renta, y hasta febrero de afiliados. El valor que toma el indicador continua oscilando en los niveles en los que se mantiene desde hace tres años por lo que pensamos que la recuperación económica sigue siendo sólida. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en febrero es de 1,6, un poco por encima del valor que tomó en enero de 1,1.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan valores dispares. La producción industrial pasa de caer un 1,4% en diciembre a subir un 7,1% en enero. Por su parte, las ventas y la renta subieron un 2,8% y un 3,2% en diciembre pero solo un 2,1% y un 1,5% en enero. Finalmente, los afiliados crecen un 2,8% en enero pero un 3,4% en febrero.

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Indicador de coyuntura: Enero 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta noviembre de ventas y producción industrial, y hasta diciembre de renta y de afiliados. El valor que toma el indicador continua oscilando en los niveles en los que se mantiene desde hace tres años por lo que pensamos que la recuperación económica sigue siendo sólida. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en diciembre es de 1,6, un poco por encima del valor que tomó en noviembre de 1,3

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, casi los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan un incremento mayor. La producción industrial y las ventas crecen en noviembre 4,6% y 3,4%, por encima de los valores que presentaron en octubre de -2,2% y 2,4%. Por su parte, los afiliados pasan de crecer 3,0% en noviembre a crecer 3,2% en diciembre. El único indicador con un crecimiento menor es la renta, que pasa de crecer 3,9% en noviembre a 3,2% en diciembre.

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Complejo pero bueno

Así puede ser para España este año recién inaugurado. Frente a quienes a base de temerlo hacen más factible lo peor, apostemos una vez más por lo razonablemente promisorio. A veces el optimismo no es mero juego voluntarista.

Fuera de nuestras fronteras, la complejidad se reviste de incertidumbre. Sus principales fuentes están identificadas. Primera, las decisiones que se tomen en la Casa Blanca a partir del próximo día 20, y tanto de orden geopolítico como de política económica, desde la monetaria a la comercial. Segunda, el pulso electoral que el populismo —xenófobo y antieuropeísta— se dispone a echar en tres de los países nucleares del proyecto de la Unión Europea: Holanda, Francia y Alemania, tres firmantes del fundacional Tratado de Roma (el 25 de marzo se conmemora su 60º aniversario). Tercera, la caja negra que en este momento es el Brexit, que comenzará a negociarse también en primavera. Cuarta, el foco de inestabilidad financiera derivado de la crisis bancaria italiana, con sus nocivos efectos sobre la ya muy deteriorada confianza de la eurozona. No es completa, desde luego, pero esta sucinta relación no deja lugar a dudas: nuestro 2017 se va a desenvolver en un marco internacional incierto, tanto el más próximo como el que —solo en el mapa— nos queda más lejos.

De puertas adentro, es “riesgo político” lo que puede enrarecer más el ambiente. En la primera mitad del año, como consecuencia del calendario de los congresos de los principales partidos, con eventuales desenlaces (Podemos, Ciudadanos y PSOE) susceptibles de alterar el reparto de papeles y el movimiento de todo el escenario. Y un mes sí y otro también la tensión independentista en Cataluña, con capacidad no solo de atraer la atención de propios y extraños, sino también de eclipsar muchos logros.

Porque también es alta la probabilidad de que el año cuaje aquí buenos resultados. En el plano político, si el Parlamento mantiene el protagonismo que ha alcanzado en las primeras semanas de la legislatura, la cultura de la negociación y el pacto puede dar valiosos frutos, haciendo —como bien se ha dicho— que la fragmentación parlamentaria devenga en fortaleza democrática. Y en el campo económico, es esperable seguir avanzando por la senda de notable crecimiento de los dos últimos ejercicios. No es cuestión de previsiones, casi todas coincidentes en situar el crecimiento del PIB durante 2017 holgadamente por encima de la media europea; ni de mayor o menor permanencia de los “vientos de cola” que nos han empujado. Se trata de algo con mayor trascendencia: de la severa crisis padecida, la economía española ha salido con pertrechos renovados que justifican una mirada esperanzada: el crecimiento de la demanda interna se ha hecho compatible con la mejora de la balanza comercial y un saldo final positivo por cuenta corriente, rigurosa novedad en nuestra historia económica de mucho tiempo; con el ritmo de aumento actual del PIB se crea mucho más empleo que el que se conseguía años atrás con parecidas tasas de incremento de la actividad productiva; en fin, la consistencia de nuestro sistema financiero es hoy mucho mayor que la de hace un decenio.

No va a ser 2017 un año fácil, pero arranca con activos no poco prometedores.

ESPAÑA 2017: MENOR INERCIA EXPANSIVA

Sin necesidad de esperar a los datos definitivos, puede concluirse que en 2106 la economía española ha tenido un comportamiento mejor que lo esperado. Se han sorteado aceptablemente dos categorías de condicionantes que no permitían hace un año cifrar grandes esperanzas sobre la intensidad del crecimiento registrado en 2015. La incertidumbre del entorno internacional, por un lado, y la interinidad política doméstica por otro, fueron condicionantes menos vinculantes de lo que al inicio del año se temía.

La relevancia del primero era importante en la medida en que gran parte de la tracción del crecimiento económico provenía de factores externos – el descenso en el precio de los hidrocarburos y la orientación expansiva de la política monetaria del BCE- y, afortunadamente, ambos mantuvieron su empuje. La situación política interna ha demostrado no limitar el crecimiento económico ni el empleo, favoreciendo incluso la adopción durante el periodo electoral de una orientación fiscal más cómplice con la expansión de la demanda interna, tanto a través de menores contenciones en el gasto público, como más directamente en las reducciones de impuestos, que contribuyeron a liberar renta disponible.

Junto a ellos, la moderación de los salarios siguió contribuyendo al fortalecimiento de la competitividad de las exportaciones españolas. Los costes laborales unitarios (por unidad de producción), el índice más expresivo de esa competitividad, siguieron creciendo menos que los de los principales competidores, a pesar del pobre comportamiento de la productividad. Esa evolución en los salarios ha sido la principal responsable de la mejora en el saldo de la balanza comercial, que junto a un año turístico nuevamente excepcional han posibilitado un saldo por cuenta corriente positivo.

Al enfrentar el nuevo año esos cómplices del crecimiento económico no disponen de la misma intensidad, como ya se han revelado en los dos últimos trimestres. Esa es la razón por la que la totalidad de las previsiones de crecimiento son inferiores al registro de 2016: un punto menos desde el 3,2% o 3,3% que se registrará en 2016. Revisemos su previsible comportamiento en este año.

1.Petróleo y dólar más caros.

El barril de petróleo y la moneda en la que se denomina, el dólar estadounidense, serán más caros este año, reduciendo esa inercia expansiva. La razón fundamental es la disposición mostrada por los productores de crudo a limitar la oferta. En realidad, la combinación con la apreciación del dólar frente al euro ya ha encarecido de forma significativa la factura del petróleo a lo largo del año pasado.

La inflación acusará ese encarecimiento, acercándose al 2%, erosionando, en definitiva las rentas constantes, las de los asalariados y pensionistas. Aunque en menor medida, esa mayor inflación también se registrará en la eurozona presionando al alza los tipos de interés.

2. Política monetaria menos expansiva.

El BCE ha prorrogado, contra viento y marea, la excepcional orientación expansiva de su política monetaria. Pero será algo menor, especialmente en la financiación de la deuda pública. Como consecuencia de ello, los tipos de interés a largo plazo serán más elevados, como ya hemos verificado en las últimas semanas. Estos serán igualmente sensibles a las perturbaciones geopolíticas, y a la verosimilitud que los gobiernos transmitan acerca de sus propósitos correctores del déficit público.Aunque los tipos a corto sigan manteniendo su estrecha vinculación a los tipos oficiales del BCE, especialmente el euribor al que la mayoría de las familias tienen referenciadas su hipoteca, podríamos asistir a elevaciones graduales acompañando a la inflación.En definitiva, el mayor servicio de la deuda pública y privada drenará más renta disponible. Y cualquier alteración en las muy favorables condiciones actuales de financiación podría complicar las cosas en una economía tan altamente endeudada, especialmente con el exterior.

3. Política fiscal.

La relajación fiscal del año anterior será compensada en el actual. Tras sortear las sanciones de la UE por el incumplimiento repetido de los objetivos de déficit en 2017 la orientación de la política fiscal española también contribuirá a frenar la inercia expansiva. Además del aumento en el impuesto de sociedades y en los especiales, tendrán lugar reducciones de gasto público, en el contexto del compromiso con la Comisión Europea de alcanzar el objetivo de déficit del 3,1% del PIB.

4. Perturbaciones internacionales.

Esa menor contribución de los factores que empujaron el crecimiento en estos dos últimos años influirá tanto en la desaceleración de la demanda exterior como más probablemente en la nacional. El consumo privado y la inversión empresarial crecerán algo menos que en 2016, acusando el menor ritmo de creación de empleo, aun cuando el paro siga bajando, aunque con menor intensidad. En ausencia de perturbaciones adicionales explican ese promedio del 2,3% en el que se sitúan la mayoría de las previsiones de crecimiento de la economía española en este año. Una tasa que sería más que aceptable si no mediaran perturbaciones exteriores que podrían limitarlo.

La nueva presidencia en EEUU es una de ellas. Las variables financieras –tipos de interés, tipos de cambio, cotizaciones bursátiles- pero también los precios de algunas materias primas, se mostrarán sensibles a las decisiones de Donald Trump. El volumen de comercio y la estabilidad financiera son vulnerables a la eventual concreción de algunas de las promesas electorales de Donald Trump, avaladas por los nombramientos más cercanos a este ámbito.El aumento del proteccionismo, la emergencia de guerras comerciales, serían consecuencias nada descartables si se cumplen los propósitos del nuevo presidente de establecimiento de elevados aranceles discrecionales a las importaciones de México o China, o de revisar algunos acuerdos comerciales.

No serán solo las desavenencias comerciales con China las que pueden enrarecer la escena global, sino las dificultades en este último país, del que dependen muchos otros, para digerir los problemas derivados del excesivo crecimiento del endeudamiento privado, parte del mismo en un dólar apreciado.

La estabilidad financiera también puede quedar amenazada si se concretan las intenciones de Trump de eliminar o reducir las regulaciones establecidas en ese sector tras la crisis. En este ámbito, la situación de la banca en la eurozona vuelve a constituirse en un centro de atención, especialmente en Italia, Portugal y la propia Alemania. Siguen siendo más que razonables las dudas acerca de la suficiencia de la ayuda gubernamental al Monte dei Piaschi, como lo son las que consideran que ese sea un problema acotado a Italia, incapaz de contaminar el conjunto de la eurozona.

No menos importante es el riesgo asociado a las convocatorias electorales que tendrán lugar en países de la eurozona. Las presidenciales francesas de forma destacada, en la medida en que las expectativas siguen amparando las posibilidades del partido de Marie le Pen cuya promesa mas emblemática e inquietante sigue siendo el abandono de Francia de la moneda única. Lo que ocurra en Alemania será relevante si se traduce en mayor tolerancia para la adopción de políticas de estímulo de la demanda agregada que alejen de una vez por todas el temor a ese largo estancamiento, no solo del crecimiento económico, sino de la más inquietante afección por el proyecto europeo. De cómo resista la eurozona esos episodios dependerá en gran medida la continuidad de la inercia expansiva española, y de la reducción del desempleo, principal y persistente preocupación de los españoles.

(Diario El País 08/01/2017)

Indicador de coyuntura: Diciembre 2016

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de ventas y producción industrial, y hasta noviembre de renta y de afiliados. Como mensaje para terminar el año 2016, el indicador indica que la recuperación de la actividad que se inició en 2013 se mantiene en 2016. No obstante, parece que el ritmo de la actividad económica ha perdido un poco el vigor con el que iniciaba 2016. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en noviembre es de 1,2, un poco por debajo de los valores que presentaba a principio de año cercanos a 2,5.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan signos diversos. La producción industrial y las ventas crece en octubre -2,2% y 2,4%, por debajo de los valores que presentaron en septiembre de 1,1% y 3,7%. Por su parte, la renta y los afiliados pasan de crecer 3,5% y 2,6% en octubre a crecer 3,9% y 3,1% en noviembre.

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Como es costumbre en la última entrada del año me gusta hacer un pequeño balance de la evolución económica anual. El 2015 comenzó con valores del indicador cercanos al 2,5 aunque desde el pasado verano la evolución del indicador muestra ciertos síntomas de agotamiento. Esta evolución coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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La pérdida de vigor en el movimiento de los indicadores coincide con la evolución del PIB de la economía española. Durante los primeros dos trimestres del año ha crecido un 0,8%, mientras que en el tercer trimestre, desaceleró levemente su ritmo de crecimiento al 0,7%.

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¿Qué podemos esperar en el cuarto trimestre? De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de diciembre y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se estima que el avance trimestral del PIB podría alcanzar un 0,8%, situándose en valores cercanos a los del año 2016. Por tanto, se confirmaría que el crecimiento de la economía española seguiría siendo sólido.

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Indicador de coyuntura: Noviembre 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de producción industrial y ventas, y hasta octubre de renta y afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante los años 2015 y 2016. No obstante, una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en octubre es de 1,1, inferior al valor de septiembre 2,9. Esta caída está en consonancia con la moderación en el ritmo de crecimiento de la economía española que ha constatado recientemente el INE.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE, salvo las ventas, muestran una moderación en el ritmo de crecimiento. La producción industrial y las ventas crecen 1,2% y 3,6% en septiembre frente a los datos de 7,4% y 2,3% en agosto. Por su parte, la renta y los afiliados crecen 3,4% y 2,6% en octubre frente al 4,5% y 3,1% en septiembre.

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Próximos exámenes

La travesía ha durado prácticamente todo un año, el transcurrido desde la convocatoria de elecciones generales el 20D hasta el nombramiento de Rajoy como presidente. El trayecto ha sido largo, no ha estado exento de riesgos y ha incurrido en costes, pero deja un puñado de motivos alentadores.

Primero: la interinidad gubernamental no ha sido sinónimo de vacío institucional. Conviene resaltarlo. El no siempre fácil juego de iniciativas e intentos por unos y otros para asegurarse la investidura, ha discurrido siempre por los cauces constitucionalmente delimitados. En la Jefatura del Estado la prudencia se ha combinado con la profesionalidad. Y las ruedas de la Administración no se han detenido. El cuadro institucional básico de la democracia española ofrece solidez.

Segundo motivo: el buen comportamiento de la economía, tanto en términos macroeconómicos como desde la perspectiva empresarial. Contrariamente a tantos pesimistas vaticinios, el ejercicio de 2016 va a cerrarse con un notable muy alto en ritmo de crecimiento del PIB, en creación de empleo y en actividad exportadora. Una economía —unas empresas– con musculatura.

Y tercero: la consistencia del tejido social, capaz de seguir asimilando el severo impacto que un muy elevado desempleo —en particular, el de larga duración: casi dos millones suman quienes buscan empleo desde hace más de dos años, y cerca de un millón y medio de familias tiene a todos sus miembros en paro— y la precarización laboral tienen sobre la distribución de la renta y la movilidad social. Una dura realidad ante la que la sociedad española no ha bajado los brazos, aportando todos los días muestras de dinamismo y expresiones de solidaridad —dentro y fuera del ámbito familiar— más que elogiables.

Si lo consideráramos una prueba, el año con Gobierno en funciones habría obtenido buena nota. Ahora, en todo caso, hay que pasar otros exámenes, todos los cuales requerirán, para superarse, del nutriente esencial de las mejores democracias: capacidad de negociación y de acuerdo. La negociación como pilar fundamental de la democracia, ahuyentando los excesos del principio de la mayoría (“ese abuso de la estadística”, que dijera Borges). El acuerdo como bien democrático, el compromiso que no es claudicación, que no es traición. Capacidad y disposición para buscar puntos de encuentro al servicio de intereses generales. Los problemas de fondo que están en la sala de espera así lo demandan, desde luego. El independentismo catalán —“el reto más grave que tiene España”: lo ha certificado el propio Rajoy—, el sistema de pensiones —urgido de replantear una insuficiente financiación mediante cotizaciones sociales, dado el aumento tendencial de las prestaciones y el envejecimiento de la población—, la educación, el mercado de trabajo, la financiación autonómica y la limpieza de la vida pública son los principales: una buena carga de deberes insoslayables para la legislatura.

Qué tendrá su primera piedra de toque —una auténtica reválida— en los presupuestos generales del Estado para el próximo año. Una obra delicada que exigirá precisamente de esa voluntad —e inteligencia— que conduce a pactar, la única vía que las sociedades plurales y complejas, como es la española hoy, tienen para afrontar los grandes desafíos que el tiempo trae.

Estabilidad

Como los agoreros proliferan y se multiplican entre nosotros, no estará de más prestar atención a lo que de alentador nos trae el curso de los días. Anticipar males y desdichas se vende mucho mejor, desde luego, que el discreto apunte de hechos positivos, pero no por ello hay que desistir. En determinadas ocasiones —se ha dicho con autoridad— el optimismo es una obligación moral, y aún más si esa actitud o propensión del ánimo encuentra respaldo en datos o situaciones perceptibles.

Reparemos, por ejemplo, en los resultados de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco. Nos son pocas las conclusiones que pueden obtenerse en dirección contraria al rampante derrotismo en tantos medios. Dos tienen especial relevancia. Primera: se han mantenido los porcentajes de quienes, sobre el censo total de votantes, han acudido a las urnas, lo que supone un nivel de participación comparativamente alto en términos europeos. El “hartazgo” de política, como se repite sin tregua, hasta hoy, no se traduce afortunadamente en indiferencia o abandono ante el llamamiento electoral (ahora en Galicia la participación ha sido superior a la de 1989, 1997 y 2001, y en el País Vasco a la de 1986, 1990 y 1994). En segundo lugar, y fundamental, en ambas consultas los votos se han inclinado mayoritariamente por refrendar trayectorias de pragmática gestión pública y realizaciones materiales frente a programas ideologizados más o menos radicales, apostando en definitiva, tanto en Galicia como en Euskadi, por la estabilidad, un bien que tantos beneficios nos ha dado durante siete lustros (y que solo se valora cuando se pierde). Si a ello se suma, en el caso del País Vasco, la firme decantación del PNV hacia una vía claramente distanciada del nacionalismo independentista catalán, el balance es todo menos negativo. No estamos ante una ciudadanía desnortada, ni ante una democracia vaciada por el alejamiento masivo de quienes han de sostenerla, tentados eventualmente de situarse extramuros del sistema: la temida polarización se ha revelado más mediática que real. Tómese nota.

Las previsiones de crecimiento de la economía española ofrecen otro campo abonado para los cultivadores del desánimo, encargándose los registros del PIB, trimestre a trimestre, de poner en solfa vaticinios pesimistas. Un ejemplo llamativo: si la situación política generada por las dificultades para formar Gobierno se prolongara seis meses más, se decía a bombo y platillo en febrero de este año por sesudos analistas, la variación anual del PIB perdería entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales en 2016, generando una subida de la prima de riesgo de nuestra deuda de 70 puntos básicos y la pérdida de bastante más de 100.000 empleos; y bien, ocho meses después esa cuantificación se ha dado de bruces con la realidad, conservando la economía española un encomiable pulso, que es sobresaliente en el marco de toda la UE, y no solo de la eurozona. Conviene ser muy cauto al aventurar predicciones en economía, y presentarlas sin demasiado ruido para no tener luego que responder de ellas, por más que la memoria sea corta.

¿Cuándo nos decidiremos a poner en valor lo (mucho) bueno que tenemos? Un poco más de autoestima también contribuiría a la estabilidad.

Dos puntos de inflexión

Es lo que suponen —o podrían suponer— los resultados del 23 y del 26J. Siempre es aconsejable distanciarse de lo que acontece antes de proceder a valoraciones, pero la doble sorpresa que han deparado las consultas de la semana pasada incita a pronunciarse.

El triunfo de los partidarios del “Brexit” corta, desde luego, un proceso que después de seis décadas parecía irreversible: la construcción de la unión europea, ampliando sucesivamente el número de países y de competencias. En ese sentido, más que una curva en el camino es una vuelta atrás. Un club cuyo problema hasta ahora, con relación al número de socios, era acordar las condiciones y el calendario de quienes solicitaban ingresar en él, se enfrenta abruptamente a que uno de ellos –y no el menos importante, por cierto- opta por desvincularse, impulsando con ello de paso eventuales apetencias análogas entre quienes quedan dentro.

Todo un “shock”. No puede restársele importancia. Sí, en cambio, puede aprovecharse para hacer de él un auténtico punto de inflexión en la trayectoria seguida por la UE en los últimos años, tan titubeante. Primero fue el largo “impasse” institucional a consecuencia de la frustración del Tratado Constitucional tras el rechazo —en sendos referendos, por cierto— de Francia y Holanda. Acto seguido, el impacto económico y social de la Gran Recesión, cuando comenzaba a digerirse la adhesión de doce nuevos países y a rodar una moneda sin apoyaturas. Entre medias, el fiasco de la “Primavera árabe”, con recurrentes estallidos del “gran magma islámico” —según la metáfora orteguiana—, que convierte al flanco sur de Europa en una frontera vulnerable, con letales impactos también tierra adentro. Casi simultáneamente, tensiones conflictivas en la frontera oriental, tras la anexión de Crimea por Rusia. Todos, como el propio triunfo del Brexit, acontecimientos no previstos —aunque quizá no imprevisibles—, que han zarandeado un proceso que tiempo atrás, consumada la unificación de Alemania, parecía tener el camino expedito. Con el resultado conjunto de avances entrecortados y siempre un poco agónicos, perdiendo en el camino crecientes proporciones de opinión ciudadana, que hoy bascula del euroescepticismo a la eurofobia. Por eso el 23J debe ser un punto de inflexión. O fortalecerse o morir. Más que nunca, el aliento político —paz y metas comunes de libertad y progreso— que está en la base de lo que hoy es la Unión Europea, tiene que adquirir fuerza suficiente para desbrozar una senda que, en términos retrospectivos, tan buenos réditos ha dado ya a tres generaciones de europeos y que, si se mira hacia delante, es la única que puede salvar de la irrelevancia a la UE —y no solo a cada uno de los países que la integran— en un mundo global cuyo centro de gravedad se aleja cada vez más de nuestro continente.

Como constituiría otro pronunciado viraje el que los resultados del 26J se proyectaran sobre el mapa electoral europeo. La pérdida de votos de las candidaturas abiertamente populistas refuta el supuesto crecimiento imparable de las fuerzas de ese signo, que en tantos casos —aquí y en toda Europa— mezclan reivindicaciones domésticas con rechazo de la mundialización y la democracia. Lo ocurrido en España como pauta a seguir: otro deseable punto de inflexión.

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