Indicador de coyuntura: Noviembre 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de producción industrial y ventas, y hasta octubre de renta y afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante los años 2015 y 2016. No obstante, una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en octubre es de 1,1, inferior al valor de septiembre 2,9. Esta caída está en consonancia con la moderación en el ritmo de crecimiento de la economía española que ha constatado recientemente el INE.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE, salvo las ventas, muestran una moderación en el ritmo de crecimiento. La producción industrial y las ventas crecen 1,2% y 3,6% en septiembre frente a los datos de 7,4% y 2,3% en agosto. Por su parte, la renta y los afiliados crecen 3,4% y 2,6% en octubre frente al 4,5% y 3,1% en septiembre.

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Próximos exámenes

La travesía ha durado prácticamente todo un año, el transcurrido desde la convocatoria de elecciones generales el 20D hasta el nombramiento de Rajoy como presidente. El trayecto ha sido largo, no ha estado exento de riesgos y ha incurrido en costes, pero deja un puñado de motivos alentadores.

Primero: la interinidad gubernamental no ha sido sinónimo de vacío institucional. Conviene resaltarlo. El no siempre fácil juego de iniciativas e intentos por unos y otros para asegurarse la investidura, ha discurrido siempre por los cauces constitucionalmente delimitados. En la Jefatura del Estado la prudencia se ha combinado con la profesionalidad. Y las ruedas de la Administración no se han detenido. El cuadro institucional básico de la democracia española ofrece solidez.

Segundo motivo: el buen comportamiento de la economía, tanto en términos macroeconómicos como desde la perspectiva empresarial. Contrariamente a tantos pesimistas vaticinios, el ejercicio de 2016 va a cerrarse con un notable muy alto en ritmo de crecimiento del PIB, en creación de empleo y en actividad exportadora. Una economía —unas empresas– con musculatura.

Y tercero: la consistencia del tejido social, capaz de seguir asimilando el severo impacto que un muy elevado desempleo —en particular, el de larga duración: casi dos millones suman quienes buscan empleo desde hace más de dos años, y cerca de un millón y medio de familias tiene a todos sus miembros en paro— y la precarización laboral tienen sobre la distribución de la renta y la movilidad social. Una dura realidad ante la que la sociedad española no ha bajado los brazos, aportando todos los días muestras de dinamismo y expresiones de solidaridad —dentro y fuera del ámbito familiar— más que elogiables.

Si lo consideráramos una prueba, el año con Gobierno en funciones habría obtenido buena nota. Ahora, en todo caso, hay que pasar otros exámenes, todos los cuales requerirán, para superarse, del nutriente esencial de las mejores democracias: capacidad de negociación y de acuerdo. La negociación como pilar fundamental de la democracia, ahuyentando los excesos del principio de la mayoría (“ese abuso de la estadística”, que dijera Borges). El acuerdo como bien democrático, el compromiso que no es claudicación, que no es traición. Capacidad y disposición para buscar puntos de encuentro al servicio de intereses generales. Los problemas de fondo que están en la sala de espera así lo demandan, desde luego. El independentismo catalán —“el reto más grave que tiene España”: lo ha certificado el propio Rajoy—, el sistema de pensiones —urgido de replantear una insuficiente financiación mediante cotizaciones sociales, dado el aumento tendencial de las prestaciones y el envejecimiento de la población—, la educación, el mercado de trabajo, la financiación autonómica y la limpieza de la vida pública son los principales: una buena carga de deberes insoslayables para la legislatura.

Qué tendrá su primera piedra de toque —una auténtica reválida— en los presupuestos generales del Estado para el próximo año. Una obra delicada que exigirá precisamente de esa voluntad —e inteligencia— que conduce a pactar, la única vía que las sociedades plurales y complejas, como es la española hoy, tienen para afrontar los grandes desafíos que el tiempo trae.

Estabilidad

Como los agoreros proliferan y se multiplican entre nosotros, no estará de más prestar atención a lo que de alentador nos trae el curso de los días. Anticipar males y desdichas se vende mucho mejor, desde luego, que el discreto apunte de hechos positivos, pero no por ello hay que desistir. En determinadas ocasiones —se ha dicho con autoridad— el optimismo es una obligación moral, y aún más si esa actitud o propensión del ánimo encuentra respaldo en datos o situaciones perceptibles.

Reparemos, por ejemplo, en los resultados de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco. Nos son pocas las conclusiones que pueden obtenerse en dirección contraria al rampante derrotismo en tantos medios. Dos tienen especial relevancia. Primera: se han mantenido los porcentajes de quienes, sobre el censo total de votantes, han acudido a las urnas, lo que supone un nivel de participación comparativamente alto en términos europeos. El “hartazgo” de política, como se repite sin tregua, hasta hoy, no se traduce afortunadamente en indiferencia o abandono ante el llamamiento electoral (ahora en Galicia la participación ha sido superior a la de 1989, 1997 y 2001, y en el País Vasco a la de 1986, 1990 y 1994). En segundo lugar, y fundamental, en ambas consultas los votos se han inclinado mayoritariamente por refrendar trayectorias de pragmática gestión pública y realizaciones materiales frente a programas ideologizados más o menos radicales, apostando en definitiva, tanto en Galicia como en Euskadi, por la estabilidad, un bien que tantos beneficios nos ha dado durante siete lustros (y que solo se valora cuando se pierde). Si a ello se suma, en el caso del País Vasco, la firme decantación del PNV hacia una vía claramente distanciada del nacionalismo independentista catalán, el balance es todo menos negativo. No estamos ante una ciudadanía desnortada, ni ante una democracia vaciada por el alejamiento masivo de quienes han de sostenerla, tentados eventualmente de situarse extramuros del sistema: la temida polarización se ha revelado más mediática que real. Tómese nota.

Las previsiones de crecimiento de la economía española ofrecen otro campo abonado para los cultivadores del desánimo, encargándose los registros del PIB, trimestre a trimestre, de poner en solfa vaticinios pesimistas. Un ejemplo llamativo: si la situación política generada por las dificultades para formar Gobierno se prolongara seis meses más, se decía a bombo y platillo en febrero de este año por sesudos analistas, la variación anual del PIB perdería entre 0,4 y 0,7 puntos porcentuales en 2016, generando una subida de la prima de riesgo de nuestra deuda de 70 puntos básicos y la pérdida de bastante más de 100.000 empleos; y bien, ocho meses después esa cuantificación se ha dado de bruces con la realidad, conservando la economía española un encomiable pulso, que es sobresaliente en el marco de toda la UE, y no solo de la eurozona. Conviene ser muy cauto al aventurar predicciones en economía, y presentarlas sin demasiado ruido para no tener luego que responder de ellas, por más que la memoria sea corta.

¿Cuándo nos decidiremos a poner en valor lo (mucho) bueno que tenemos? Un poco más de autoestima también contribuiría a la estabilidad.

Dos puntos de inflexión

Es lo que suponen —o podrían suponer— los resultados del 23 y del 26J. Siempre es aconsejable distanciarse de lo que acontece antes de proceder a valoraciones, pero la doble sorpresa que han deparado las consultas de la semana pasada incita a pronunciarse.

El triunfo de los partidarios del “Brexit” corta, desde luego, un proceso que después de seis décadas parecía irreversible: la construcción de la unión europea, ampliando sucesivamente el número de países y de competencias. En ese sentido, más que una curva en el camino es una vuelta atrás. Un club cuyo problema hasta ahora, con relación al número de socios, era acordar las condiciones y el calendario de quienes solicitaban ingresar en él, se enfrenta abruptamente a que uno de ellos –y no el menos importante, por cierto- opta por desvincularse, impulsando con ello de paso eventuales apetencias análogas entre quienes quedan dentro.

Todo un “shock”. No puede restársele importancia. Sí, en cambio, puede aprovecharse para hacer de él un auténtico punto de inflexión en la trayectoria seguida por la UE en los últimos años, tan titubeante. Primero fue el largo “impasse” institucional a consecuencia de la frustración del Tratado Constitucional tras el rechazo —en sendos referendos, por cierto— de Francia y Holanda. Acto seguido, el impacto económico y social de la Gran Recesión, cuando comenzaba a digerirse la adhesión de doce nuevos países y a rodar una moneda sin apoyaturas. Entre medias, el fiasco de la “Primavera árabe”, con recurrentes estallidos del “gran magma islámico” —según la metáfora orteguiana—, que convierte al flanco sur de Europa en una frontera vulnerable, con letales impactos también tierra adentro. Casi simultáneamente, tensiones conflictivas en la frontera oriental, tras la anexión de Crimea por Rusia. Todos, como el propio triunfo del Brexit, acontecimientos no previstos —aunque quizá no imprevisibles—, que han zarandeado un proceso que tiempo atrás, consumada la unificación de Alemania, parecía tener el camino expedito. Con el resultado conjunto de avances entrecortados y siempre un poco agónicos, perdiendo en el camino crecientes proporciones de opinión ciudadana, que hoy bascula del euroescepticismo a la eurofobia. Por eso el 23J debe ser un punto de inflexión. O fortalecerse o morir. Más que nunca, el aliento político —paz y metas comunes de libertad y progreso— que está en la base de lo que hoy es la Unión Europea, tiene que adquirir fuerza suficiente para desbrozar una senda que, en términos retrospectivos, tan buenos réditos ha dado ya a tres generaciones de europeos y que, si se mira hacia delante, es la única que puede salvar de la irrelevancia a la UE —y no solo a cada uno de los países que la integran— en un mundo global cuyo centro de gravedad se aleja cada vez más de nuestro continente.

Como constituiría otro pronunciado viraje el que los resultados del 26J se proyectaran sobre el mapa electoral europeo. La pérdida de votos de las candidaturas abiertamente populistas refuta el supuesto crecimiento imparable de las fuerzas de ese signo, que en tantos casos —aquí y en toda Europa— mezclan reivindicaciones domésticas con rechazo de la mundialización y la democracia. Lo ocurrido en España como pauta a seguir: otro deseable punto de inflexión.

Paradojas e Imposibilidades: del Brexit al Sorpasso

¿Se acuerdan de la pregunta último referéndum en el que se nos invitó a votar? Probablemente no, pero Wikipedia tiene la memoria que nos falta: ¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa? España, como Fuenteovejuna respondió que sí (y todos a una). Pero resulta que los Holandeses dijeron que no y ahí sigue la constitución Europea, durmiendo el sueño de los justos.

Muy probablemente ni Holandeses ni Españoles nos leímos atentamente la constitución europea antes de votarla y tampoco teníamos una idea clara de cómo nos iba a influir. Al igual que los británicos con su particular “Brexit”, votamos por inercia, por tradición o simplemente porque pensábamos que individualmente nos iría mejor o peor con más integración Europea.

La falta de información, capacidad de compresión o de previsión pueden propiciar situaciones injustas y comprometidas para un amplio espectro de la población. Por ejemplo, hoy se constata la profunda injusticia del Brexit para los escoceses, irlandeses del norte, londinenses y jóvenes británicos, que votaron mayoritariamente por permanecer en Europa.

La organización del sistema de votación puede conducir a situaciones injustas o socialmente ineficientes. Lo sabemos desde el siglo XVII cuando Condorcet publicó su ensayo sobre la paradoja de la votación.  Consecuentemente, la mayoría de democracias parlamentarias (desde la revolución francesa) han implementado mecanismos de control para evitar situaciones injustas. Por ejemplo, el sistema bicameral, las segundas vueltas o una mayoría cualificada para cambiar leyes orgánicas.

Sucede además que la suma de preferencias individuales no tiene que coincidir necesariamente con las preferencias de toda la sociedad, que son mucho más complejas. El problema se complica especialmente cuando ampliamos el número de alternativas posibles. En nuestro país, hasta hace dos elecciones teníamos tan solo dos partidos con posibilidades realistas de gobierno. En este caso las preferencias sociales representaban bastante bien las preferencias individuales (salvando los problemas de desinformación). Una mayoría estaba contenta y la minoría no tanto, pero se podía alcanzar un sistema relativamente justo.

En cambio, ahora podemos elegir entre cuatro alternativas con alternativas reales de gobernar. No se puede calificar de sorpresa el resultado electoral cuando tan solo ha cambiado ligurmente con respecto a las anteriores elecciones la distribución dentro de los bloques, pero no la varianza entre grupos. Tampoco nos puede sorprender si tenemos en cuenta el artículo de premio Nobel Arrow “A Difficulty in the Concept of Social Welfare” (1950). En definitiva, lo que demuestra Arrow es que es imposible agregar las preferencias individuales con más de tres alternativas sin violar principios básicos de justicia social como la existencia de un sistema democrático.

En su teorema de la imposibilidad, Arrow añade también el principio de la independencia de alternativas indiferentes. Este último principio asegura que la preferencia social entre dos alternativas depende exclusivamente de las preferencias individuales entre ellas. Por ejemplo, si la aparición de un tercer candidato no altera las preferencias individuales con respecto a los candidatos ya existentes, no se deberá alterar el resultado electoral. Individualmente, todos lo que participamos en la votación teníamos clara nuestra preferencia acerca del candidato que debería gobernar durante la próxima legislatura. Sin embargo, el resultado final vuelve a reflejar una imposibilidad; en este caso para gobernar de manera estable durante cuatro años.

El propio diseño de votación, el número de alternativas, la claridad de las preguntas (y de las consecuencias) pueden influir en el resultado de las votaciones, que pueden arrojar, bajo ciertas circunstancias, unas situaciones absurdas, paradójicas y con un alto grado de injusticia social.

Alineamiento y corrupción política

Recientemente hemos disfrutado en Sevilla del XIX Encuentro de Economía Aplicada. El premio ALdE Jóvenes Investigadores 2016 fue para Miguel Angel Borrella Mas, quien nos ha enviado una entrada del trabajo ganador que podeis encontrar aquí. Mi más sincera enhorabuena al premiado.


ALINEAMIENTO Y CORRUPCIÓN POLÍTICA. TEORÍA Y EVIDENCIA EMPÍRICA EN ESPAÑA

La corrupción política observada a nivel local se ha convertido en uno de los principales problemas del país en los últimos años, con más de 200 municipios acusados formalmente de prácticas corruptas entre 1999 y 2011 (Jiménez et al, 2013).

Examinar el alineamiento político entre gobiernos locales y regionales es importante para entender este fenómeno. Por ejemplo, el efecto podría ser positivo si los municipios alineados se benefician de un control más laxo por parte del gobierno regional cuando el mismo partido controla ambos niveles. El análisis se realiza con de una base de datos propia creada a partir de un amplio conjunto de noticias publicadas online en los últimos 15 años, relacionadas principalmente con fraude en sobrefacturación, desvío de fondos públicos y sobornos entre 1999 y 2011. Como medida de control, se ha comprobado caso por caso cuando el escándalo de corrupción publicado en los medios realmente ocurrió.

Comparando la probabilidad de ser corrupto entre el grupo de municipios alineados, gobernados al mismo tiempo por el mismo partido, y el grupo de no alineados, se muestra que los primeros son significativamente más corruptos. Específicamente, el alineamiento político incrementa la corrupción política local en 2.2 puntos porcentuales, con respecto al 5.7% de media en los municipios no alineados. Además, el análisis heterogéneo del efecto de estar alineado revela que el mismo es más pronunciado en aquellos municipios alineados con i) un tamaño presupuestario por encima de la media, ii) más de 10.000 habitantes, iii) el principal partido de centro-derecha controlando ambos niveles y iv) mayoría absoluta en el gobierno regional.

Estos resultados empíricos son consistentes con una extensión de un modelo simple de rendición de cuentas electorales, desarrollado en Persson and Tabellini (2000). En el mismo, los políticos en el poder maximizan la probabilidad de reelección decidiendo el nivel óptimo de rentas públicas que extraen para su propio beneficio personal, aprovechando que las mismas no son perfectamente observadas y, por lo tanto, no se castigan con certeza. La extensión se introduce al permitir que tanto la competencia de los políticos desarrollando su cargo como la probabilidad de detectar casos de corrupción sean dependientes del alineamiento entre los gobiernos locales y regionales.

Este artículo extiende la literatura evaluando el alineamiento político, que se había centrado en mostrar un incremento en las transferencias recibidas por gobiernos locales alineados (Bracco et al., 2014; Brollo and Nannicini, 2012; Solé-Ollé and Sorribas-Navarro, 2008), investigando si el alineamiento afecta directamente a la corrupción. También contribuye a la literatura estudiando las causas de la corrupción, la cual había encontrado que la misma se fomenta tanto con un gobierno central débil (Shleifer and Vishny, 1993) como al tener recursos adicionales en la economía local (Brollo et al, 2013; Tella and Alles, 1999), analizando si las características del sistema electoral, la riqueza en los municipios y el signo del partido político gobernándolos afectan a la corrupción.

En conclusión, la estructura del escenario político español, donde i) cualquier partido puede estar al frente de diferentes niveles de gobierno al mismo tiempo, ii) el sistema electoral se basa en la representación proporcional y iii) los políticos son elegidos mediante listas de partido cerradas, puede contribuir a aumentar la corrupción en las administraciones locales (Persson et al., 2003). La mayor habilidad de los políticos alineados para obtener contratos públicos y proyectos, por ejemplo en la interacción con las empresas que proveen productos y servicios a distribuir como bienes públicos, puede constituir un ejemplo de cómo explotar los diversos canales que un partido puede tener al controlar tanto el gobierno local como el regional.

Enlace al artículo completo:

https://www.dropbox.com/s/rq48cwph288d22w/Borrella_corruption_jobmarketpaper.pdf?dl=0

REFERENCIAS

Bracco, E., Lockwood, B., Porcelli, F. and Redoano, M. (2015). Intergovernmental grants as signals and the alignment effect: Theory and evidence. Journal of Public Economics, 123 (C), 78-91.

Brollo, F. and Nannicini, T. (2012). Tying your enemy’s hands in close races: The politics of federal transfers in brazil. American Political Science Review, 106, 742-761.

Brollo, F. and Nannicini, T., Perotti, R. and Tabellini, G. (2013). The Political Resource Curse. American Economic Review, 103 (5), 1759-96.

Persson, T. and G. Tabellini (2000): Political Economics: Explaining Economic Policy, vol. 1 of MIT Press Books, The MIT Press.

Persson, T., G. Tabellini, and F. Trebbi (2003): Electoral Rules and Corruption, Journal of the European Economic Association, 1, 958-989.

Shleifer, A. and R. W. Vishny (1993): Corruption, The Quarterly Journal of Economics, MIT Press, 108, 599-617.

Solé-Ollé, A. and P. Sorribas-Navarro (2008): The Effects of Partisan Alignment on the Allocation of Intergovernmental Transfers. Differences-in-Differences Estimates for Spain, Journal of Public Economics, 92, 2302-2319.

Tella, R. D. and A. Ades (1999): Rents, Competition and Corruption, American Economic Review, 89, 982-993.

Volver a las urnas

Cesen las lamentaciones. Ni el país está “colapsado”, ni la nuestra es una democracia “fallida”, ni está determinado que España encare un “devenir sombrío”. Basta con salir a la calle cualquier día a cualquier hora y en cualquier ciudad o pueblo para desmentirlo. Lo efímero de la legislatura no ha repercutido ni en la economía ni en el buen pulso diario del país, y han funcionado las instituciones más directamente concernidas (comenzando por la Corona, impecable). Lo que comienza a ser insoportable es el incesante goteo del diagnóstico derrotista en sus múltiples versiones por parte de columnistas y tertulianos sin nada mejor que hacer: el “pesimismo complacido” del que ha hablado severamente Claudio Magris, el autor de un memorable libro: “El Danubio”.

Lejos, desde luego, de esa propensión —tan infecunda—, la cita del 26J suscita por lo pronto una doble consideración. Primera: a tenor de los sondeos, otra vez las urnas expresarán la preferencia actual del electorado por un modelo multipartidista, con cuatro “noganadores” –en acertada expresión de José Juan Toharia—, pues ninguno de ellos, por sí solo, podrá formar Gobierno. Dicho de otro modo, el bipartidismo que garantizaba gobiernos fuertes y estables no parece que vaya a regresar de inmediato. Lo que equivale a decir que los españoles, como reacción precisamente a las malformaciones que se han adherido a la hegemonía de los dos grandes partidos, nos decantamos por una composición parlamentaria que, por su diversidad, favorecerá el debate y el contrapeso, haciendo imprescindible la negociación y el pacto, el entendimiento del acuerdo como bien democrático, el posibilismo frente al maximalismo, como también se ha apuntado con acierto. No será un mal menor. Si tal mensaje se sabe aprovechar, se abrirá una posibilidad real de revitalizar modos y procedimientos, ganando calidad la democracia española. Las reformas institucionales de calado que hoy están sobre la mesa requieren ambiciosos pactos para llevarlas a buen término; lo que no se ha hecho en una larga legislatura con mayoría absoluta en ambas cámaras, deberá acometerse ahora sumando las fuerzas precisas.

La segunda nota ha tenido una oportuna ilustración durante este 1º de mayo: el tono de las manifestaciones que han recorrido las ciudades españolas contrasta, a favor nuestro, con el tenso y violento registrado en no pocas capitales europeas. El riesgo de movimientos antisistema “extra-muros” se ha reducido entre nosotros sustancialmente. Quienes hasta hace poco no se sentían representados en las instituciones que forman el tejido básico de la democracia, ahora pugnan por tener voz y voto dentro de ellas; no siempre se respetan las formas, pero estas son más fácilmente reversibles que la violencia. En paralelo, han decaído las manifestaciones colectivas de protesta y ha bajado a mínimos la conflictividad social. El ambiente ciudadano, contrariamente a lo que recita tanta salmodia, no es agrio ni bronco. La confrontación es cosa de platós televisivos y estudios radiofónicos, de tribunas periodísticas y mítines políticos, no de la convivencia diaria en los escenarios públicos de toda España. Otra excelente —y fundamental— base desde la que construir una democracia de mayor calidad.

Indicador de coyuntura: Mayo 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de abril con los datos publicados hasta marzo de ventas y producción industrial, y hasta abril de renta y de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante el año 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en marzo es de 3,2, levemente superior al valor de febrero 2,2.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE muestran signos ambiguos. Los indicadores que presentan datos en abril indican una leve mejoría de la situación económica mientras que los indicadores que se publican en el mes de marzo muestran un leve empeoramiento. Entre los primeros, los valores de renta y afiliados suben de 4,9 y 2,5 en marzo a 6,0 y 3,2 en abril. Entre los segundos, la producción industrial y las ventas bajan de 5,4 y 2,1 en febrero a -1,6 y 1,6 en marzo.

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La evolución reciente del Ind-ALdE coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio, aunque se encuentra disponible hasta marzo.

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Indicador de coyuntura: Abril 2016

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta febrero de ventas y producción industrial, y hasta marzo de renta y de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante el año 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en marzo es de 2,4, marginalmente superior al valor de febrero de 2,2.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la mitad de los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE repiten los valores registrados en el mes anterior mientras que la otra mitad mejoran el dato. La producción industrial y las ventas crecen en febrero 5,9% y 2,1%, frente a los valores que presentaron en enero de 0,7% y 1,5%. Por su parte, la renta y los afiliados crecen 4,9% y 2,6% tanto en febrero como en marzo.

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El precio por llegar tarde ¿un chiste?

Hay pocas cosas más serias que un buen chiste. Por ello, el último viernes de febrero me puse una corbata cuando subí en el AVE en dirección a Madrid a contar chistes. Como ya expliqué hace algún tiempo aquí, los académicos no somos muy de corbatas. De hecho, las jornadas de docencia de ALDE en las que presenté la comunicación “Economía con humor” ha sido la segunda vez que me he puesto una corbata para subir a la tarima de un congreso. La primera vez fue cuando mis directores de tesis me dijeron (con seriedad) que en los congresos de economía se estilaba la corbata. Y con traje, chaqueta y corbata me planté en primera comunicación ante un auditorio de atónitos profesores en tejanos y camisetas. Por suerte es más fácil desprenderse de la corbata cuando sobra que echarla de menos cuando hace falta.

Pero esta ocasión merecía una buena corbata de seda con su nudo Windsor.  El que les escribe se ha curtido a explicando el teorema del límite central en clase o comunicando resultados de regresiones en congresos científicos. Nuestro ámbito de acción suele ser más sosegado, solitario y reflexivo. Era la primera vez que intentaba hacer reír conscientemente a un auditorio de pares (en clase los alumnos se ríen más). Tampoco he participado nunca en una tertulia radiofónica, pero tengo la sensación que hacer reír a 30 profesores debe ser una sensación parecida a la de discutir de economía con periodistas de mensajes telegráficos. Señores del club de la comedia y tertulianos, se han ganado mi respeto (más los primeros que los segundos).

En mi defensa diré que hacer reír a un grupo de economistas académicos no es una tarea fácil. Primero, el auditorio no tiene la misma predisposición que ante un monólogo. También descubrí luego con asombro que incluso hay profesores que se toman muy en serio la innovación docente. Y claro, cuando dije en tono chistoso que la mayoría de nosotros estábamos allí para rellenar la casilla correspondiente de la ANECA no les hizo ninguna gracia.

Tengo mala memoria para los nombres y para los chistes. No es una característica necesariamente negativa, ya que siempre me da pie a romper el silencio incomodo y preguntar algo (aunque sea el nombre). También me puedo reír varias veces del mismo chiste como si fuera la primera vez. Por ello tenía preparado un amplio repertorio de chistes de economistas que he ido recopilando desde hace cursos en mis clases (los mejores chistes de economistas los pueden encontrar aquí, aquí y aquí).

Mis alumnos me ayudan a mantenerme al día en materia de chistes. Mis clases suelen ser a primera hora y no hay nada como un buen chiste para empezar con buen pie el día. Sin embargo las clases econometría de las 08:00 se enfrentan a dos dilemas clásicos de la física: la teoría de la relatividad de Einstein y la paradoja de Schrondinger. Primero, el tiempo es relativo (pero suele ser más relativa retrasándose que adelantándose). Segundo, si no hay nadie en clase para recibir la materia impartida, existe una indefinición sobre si la clase está dada o no.

La manera más efectiva de contrarrestar las fuerzas de la entropía que nos abocan a un retraso siempre creciente es contar un chiste. Es decir, un sencillo sistema de incentivos mediante el cual el alumno tiene que asumir el coste por llegar tarde y  pagar un precio: subirse a la tarima y hace reír a sus compañeros. Lo que empezó como una broma, ha acabado siendo una de las mejores maneras para atajar los retraso, mejorar el ambiente en clase y reforzar competencias (como hablar en público, capacidad de síntesis; ver gráfico). Como diría Kierkegaard, la risa es la contradicción indolora.

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Llegar tarde es una práctica habitual en la sociedad española (universidad incluida). Más del 60% de los alumnos han llegado tarde alguna vez y hay un alto número de retrasos sistemáticos (ver figura).

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La impuntualidad no es un chiste, aunque lo a veces lo parezca. Ser impuntual no tiene apenas repercusiones, en parte por la alta tolerancia al retraso y el escaso escarnio social. Según el profesor de INSEAD Erin Meyer somos unos de los países más impuntuales del mundo con un elavado coste social y económico (The Culture Map: Breaking Through the Invisible Boundaries of Global Business).

Para qué queremos construir un AVE, ¿para seguir llegando más rápido tarde? (Aunque del AVE ya hablamos anteriormente aquí). Mitigar la impuntualidad desde la universidad puede contribuir a disminuir su incidencia negativa en la sociedad y en la economía.

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