Indicador de coyuntura: Septiembre 2018

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de agosto con los datos publicados hasta julio de producción industrial, ventas y renta, y hasta agosto de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en agosto es de 2,8, inferior al que tomó en julio de 3,3, y al que tomó a comienzo de 2018 de 4,6. Por tanto, la dinámica del indicador está en consonancia con una desaceleración en el ritmo de crecimiento de la actividad económica.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del indicador compuesto han mostrado una tendencia dispar. La producción industrial y las ventas crecieron más en julio (2,8% y 3,5%) que en junio (-2,1% y 1,9%). Sin embargo, la renta y los afiliados crecieron considerablemente menos. En concreto, la renta creció en julio 2,7%, a un menor ritmo que sus crecimiento que el 4,2% de junio. Por su parte, los afiliados crecieron un 2,7% en agosto frente a un 3,1% en julio.

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Indicador de coyuntura: Mayo 2018

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de abril con los datos publicados hasta febrero de renta, hasta marzo de producción industrial y ventas, y hasta abril de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en abril es de 3,8, algo inferior al que tomó en marzo de 5,1.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE han mostrado una tendencia a la baja. La producción industrial cayó en marzo un 3,5% frente a la subida de 2,7% en febrero. Por su parte, la renta y los afiliados subieron un 4,2% en febrero y un 2,9% en abril, a un menor ritmo que sus crecimientos de 5,0% en enero y 3,6% en marzo, respectivamente. El único indicador que no mostró síntomas de agotamiento fue en de las ventas, que creció tanto en febrero como en marzo un 3,4%.

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Indicador de coyuntura: Marzo 2018

Antes de comenzar la entrada, es interesante destacar que algunos de los indicadores individuales han sufrido cambios en la metodología seguida para su construcción y presentación. El INE ha publicado el Índice de Producción Industrial por primera vez en base 2015, aunque este cambio no afecta al indicador agregado porque la producción industrial se usa en tasas interanuales. Por su parte, la Agencia Estatal de Administración Tributaria ha realizado cambios en la metodología de elaboración del Índice de Ventas de las Grandes Empresas. El efecto de los cambios sobre el indicador de ventas se puede apreciar en el gráfico siguiente que muestra las tasas interanuales.

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El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta febrero de producción industrial, ventas y renta, y hasta febrero de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en febrero es de 4,7, algo inferior al que tomó en enero de 4,9.

Es importante aclarar que el cambio en la metodología del cálculo de las ventas no afecta a la capacidad del Ind-ALdE para detectar los cambios de tendencia del ciclo económico. El único efecto significativo es el pequeño aumento en el nivel del indicador compuesto después de la recuperación tras la Gran Recesión.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE han mostrado una tendencia dispar. La producción industrial y la renta crecieron más en enero (3,9% y 5,0%) que en diciembre (3,1% y 4,3%). Por su parte, las ventas creció menos en enero (3,2%) que en diciembre (3,5%) y los afiliados crecieron menos en febrero (3,2%) que en enero (2,8%).

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Indicador de coyuntura: Febrero 2018

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta diciembre de ventas, producción industrial y renta, y hasta enero de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en enero es de 2,4, similar al que tomó en diciembre de 2,5.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE han mostrado una tendencia dispar. La producción industrial y las ventas crecieron menos en diciembre (2,8% y 3,0%) que en noviembre (4,9% y 3,6%). Por su parte, la renta creció más en diciembre (4,3%) que en noviembre (4,0%) y los afiliados crecieron más en enero (3,5%) que en diciembre (3,3%).

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Lo que falta

Ocupan un lugar secundario en el contenido informativo de unos y otros medios generalistas, pero los hechos noticiables con signo positivo sobre la economía española no dejan de sucederse. Lo menos estimulante siempre hace más ruido, acaparando protagonismo: solo el bien es silencioso, sentenció memorablemente Goethe.

Hay donde elegir en el curso de las últimas semanas. España ha vuelo a encabezar en 2017 —y ya van tres años— el crecimiento de las principales economías avanzadas, por delante no solo de Alemania, Reino Unido, Francia e Italia, sino también de Estados Unidos, Canadá y Japón; tres ejercicios consecutivos con aumentos del PIB superiores al 3 por ciento, con previsiones prometedoras para los dos próximos. Una más que sobresaliente fase expansiva, aunque todavía muchos se resistan a reconocerlo. Con el empleo ocurre algo parecido: entre 2009 y el final de 2013, la destrucción de puestos de trabajo se aireaba con fuerza mes a mes y trimestre a trimestre; pero la creación de más de dos millones en los últimos cuatro años se tiende a comentar con sordina, incluso si la EPA de turno —como es el caso de la más reciente— apunta evidentes señales de empleos de mayor calidad. Llamativo resulta igualmente el contraste en el tratamiento de los indicadores referidos al respaldo exterior de los mercados. Las alzas de la prima de riesgo española —cuando escalaba hasta cimas superiores a los 600 puntos básicos— fueron noticia destacada casi semana a semana; en cambio, conseguir mantenerse en torno a 100 puntos básicos desde 2015 no ha merecido atención, como tampoco caer ya claramente por debajo de ese nivel en los últimos días del recién concluido mes de enero. Lo mismo cabría decir de la solvencia de la deuda pública española, dándose poco menos que en letra pequeña la mejora del “rating” español con que ha empezado 2018, o el exceso de demanda que se registra en las últimas emisiones de bonos a diez años. Así se procederá también cuando, ya pronto, las autoridades europeas pongan fin al procedimiento de déficit excesivo que se le abrió a España en 2010. Las buenas noticias venden menos.

Y muy buenas son las que, un día sí y otro también, brinda el desempeño internacional de las empresas españolas, aunque no alcance las más de las veces brillo informativo. En menos de un mes, por ejemplo, al menos cuatro son bien reveladoras: las pruebas promocionales completas de la línea Medina-La Meca, el “AVE de los peregrinos”, un complejo proyecto liderado por un consorcio español; el parque eólico marino de Wikinger en aguas alemanas del Báltico, a cargo de Iberdrola; la toma de control por Grifols de la compañía tecnológica estadounidense orientada a la industria farmacéutica, Medkeeper, y la selección del consorcio liderado por ACS y su filial Hochtief para la adjudicación del ambicioso proyecto de modernización del aeropuerto de Los Ángeles. Ingeniería española excelentemente cotizada en el ancho mundo; tecnología española exportable y exportada: una magnífica realidad a la que sigue sin prestársele aquí adentro la atención que merece.

Hacerlo, apreciar debidamente los activos con que contamos —no me importa repetirlo— es tarea tan necesaria como urgente. Eso es quizá lo más importante que nos falta.

Indicador de coyuntura: Enero 2018

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta noviembre de ventas, producción industrial y renta, y hasta diciembre de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en diciembre es de 1,7, inferior al que tomó en noviembre de 3.0.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, casi todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE han mostrado síntomas de agotamiento. En noviembre, la producción industrial, las ventas y la renta crecieron 4,7%, 3,6% y 3,9%, frente al crecimiento de 6,9%, 2,9% y 3,9%, en octubre, respectivamente. Por su parte, los afiliados pasan de crecer 3,6% en noviembre a crecer 3,3% en diciembre.

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La reducción que muestra el indicador a final de año está en consonancia con la ralentización del ritmo de crecimiento del PIB en el cuarto trimestre, cuyo avance ha fijado recientemente el INE en 0,7%.

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CONTINGENCIAS EXTERNAS EN 2018

Poco hueco para los aguafiestas dejan los indicadores económicos. La economía global en 2017 ha registrado el mejor ejercicio desde el inicio de la crisis: ha crecido en torno al 3,6%, por encima de la mayoría de las previsiones, y ese crecimiento ha estado bien repartido, alcanzando al mayor número de economías desde 2010, las tres cuartas partes del mundo, la japonesa entre ellas. Países importantes que venían de una recesión – Brasil, Rusia, Argentina- la han superado definitivamente. La novedad más importante es el muy aceptable crecimiento de la eurozona, en claro contraste con la debilidad británica.

Los mercados financieros han reflejado esa expansión sincronizada. Los de acciones han registrado las mejores valoraciones desde el inicio de la recuperación de la crisis, amparados en aumentos de los beneficios empresariales también superiores a los esperados, en una inflación reducida y una todavía muy activa complicidad de las políticas monetarias, con los bancos centrales de la eurozona y Japón compensando el anticipado endurecimiento de la Reserva Federal. No solo las acciones, sino bonos, oro y, desde luego, algunas criptomonedas, han dado cuenta de esa reducción de la aversión al riesgo.

De ese favorable contexto se ha beneficiado la economía española, que habrá crecido un 3,1%. Los principales elementos de contraste frente a las economías más exitosas siguen siendo el mantenimiento de un nivel de desempleo relativamente elevado y una calidad del empleo manifiestamente mejorable: salarios bajos y temporalidad excesiva.

No faltan analistas que proyectan a este año la inercia de la última mitad del pasado y anticipan ritmos de crecimiento incluso superiores, algunos hasta el 4%. En el caso de la economía española el consenso se sitúa algo por encima del 2,5%, justificando la desaceleración en el menor empuje de los vientos de cola – condiciones de financiación algo menos propicias y precios del petróleo más elevados, fundamentalmente- y las posibles perturbaciones adicionales derivadas del conflicto catalán. Con todo, en la anticipación de lo que puede ser este año surgen dudas acerca de algunas de las amenazas geopolíticas que condicionaban los ejercicios de previsión del pasado y otras nuevas, estrechamente asociadas a la bonanza dominante, como es el caso de la sobrevaloración de la mayoría de activos en los que los inversores pueden colocar la abundante liquidez disponible. A su revisión se dedican las líneas que siguen.

Contingencias geopolíticas. Las amenazas extraeconómicas con proyección internacional que se cernían sobre el pasado año apenas se han concretado, o al menos la mayoría de ellas no han generado resultados suficientemente adversos. Pero no es razonable asumir que los obstáculos a la prosperidad que pueden crear hayan sido despejados del camino. No lo ha hecho la retórica proteccionista del nuevo presidente de EE. UU., ni las amenazas de Corea del Norte ni, en toda su extensión, el Brexit. Amenazas latentes son también las asociadas a una no tan gradual como hasta ahora elevación en el precio del petróleo, en especial si la situación en Oriente Medio sigue siendo objeto de alteraciones significativas, como las observadas en Arabia Saudí o Irán, el tercer productor más importante de la OPEP.

La continuidad en la recuperación del volumen de comercio internacional es una de las condiciones para el asentamiento del crecimiento global. Y la actitud de la presidencia estadounidense sigue siendo crucial. En primer lugar porque la Organización Mundial de Comercio (OMC) es objeto de un cuestionamiento permanente en su capacidad de arbitraje, su principal cometido. En segundo, porque la negociación en torno al NAFTA puede tener en este año su momento más decisivo, con la amenaza de abandono estadounidense encima de la mesa si la revisión no es satisfactoria. No hace falta insistir que el impacto en México sería importante, en especial en su industria automovilística. Tampoco puede pasarse por alto las tensiones con China, y su vinculación a los derroteros que tome el contencioso en la península de Corea.

El Brexit por su parte tampoco ha generado consecuencias muy visibles por el momento, lo que no quiere decir que no las manifieste en este año crucial. 2019 es el año de entrada en vigor del artículo 50 que, en ausencia de provisión en contra, determinará el abandono del área comercial más importante del mundo. La persistencia de la incertidumbre podría tener efectos más adversos que los hasta ahora observados sobre una economía ya debilitada. Pero también sobre sus socios más importantes, España entre ellos.

A ello hay que añadir algunos episodios más cercanos como las elecciones italianas a las que concurren formaciones políticas que cuestionan su pertenencia a la eurozona e incluso a la UE, o la todavía hoy difícil de anticipar gobernación en Cataluña.

Frente a esos episodios, el mundo sigue adoleciendo de una mínima gobernación, al tiempo que en no pocas sociedades sigue subyaciendo una realidad política marcada por la desigualdad creciente y la desafección respecto al sistema económico.

La normalización de los bancos centrales. Son tres los centros de atención en este ámbito. El impacto del relevo en la presidencia de la Reserva Federal y la orientación de los otros dos grandes bancos centrales, el BCE y el Banco de Japón. No debería haber grandes sorpresas. El tono tensionador del primero podría encontrar en el repunte de la inflación razones para acelerar la subida de tipos de interés, especialmente si las reducciones impositivas acaban teniendo un impacto en el consumo superior al esperado. Mas previsible es la reacción de los otros dos bancos centrales, en cuyas economías la inflación, todavía por debajo de los objetivos del 2%, no debería aportar grandes sorpresas. El BCE seguirá comprando activos en el mercado secundario al menos hasta septiembre y es muy poco probable que eleve sus tipos de referencia antes de 2019. No será un ejercicio cómodo. Esa actitud adaptativa hoy previsible seguirá sujeta a las presiones en su Consejo de Gobierno de los halcones, liderados por el alemán Weidmann.

 La valoración de los activos. En ausencia de alteraciones significativas en los dos ámbitos anteriores, la inercia heredada de 2017 puede seguir favoreciendo el clima inversor en activos de riesgo, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes. Pero es verdad que los niveles de revalorización de los que vienen invitan, en el mejor de los casos, a la cautela acerca de cualquier episodio que pudiera desencadenar bruscas correcciones. No es probable, en todo caso, que coexista el conjunto de factores tan favorables que han confluido en 2017 con la volatilidad extremadamente reducida que hemos observado. La estabilidad financiera también podría verse alterada si lo hace la digestión del elevado endeudamiento privado de China.

Las contingencias extraeconómicas anteriores pueden influir en una economía tan abierta como la española. Más allá de la percepción del riesgo asociado a la gobernación en Cataluña, los apoyos externos es probable que no sean tan intensos como en el pasado. Frente a todo lo anterior, cabrían sorpresas favorables. La concreción del plan de perfeccionamiento de la Unión Monetaria sería la más relevante, en la medida en que contribuiría a fortalecer la idea de que 2017 no fue un paréntesis en el cuestionamiento de su viabilidad como zona monetaria. La otra sorpresa sería que la inversión creciera de forma significativa y amparara futuros aumentos de la productividad y de los salarios, que falta hacen, aquí y en el conjunto de Europa.

(Diario El País 14/01/2018)

Indicador de coyuntura: Diciembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de ventas y producción industrial, y hasta noviembre de renta y de afiliados. Como mensaje para terminar el año 2017, el indicador indica que la recuperación de la actividad que se inició en 2013 se ha mantenido durante todo este período. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en noviembre es de 3,0, en torno a los valores que lleva tomando durante el segundo semestre del año.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan signos diversos. La producción industrial creció en octubre 0,2% y en noviembre 6,9%, mientras que las ventas crecieron 3,5% en octubre y 2,9% en noviembre. Por su parte, la renta mantiene en noviembre el ritmo de crecimiento de octubre del 3,9%, y los afiliados pasan a crecer 3,6% en noviembre frente al crecimiento de 3,5% que registraron en octubre.

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Como es costumbre, en la última entrada del año me gusta hacer un pequeño balance de la evolución económica anual. El 2017 comenzó con valores del indicador cercanos a 1. La evolución del indicador muestra un crecimiento sostenido, aunque brevemente interrumpido entre julio y septiembre, hasta un nivel de 3. En cualquier caso, el indicador muestra la solidez de la recuperación económica, coincidiendo con la dinámica que han marcado otros indicadores de actividad económica como el que elabora FEDEA y el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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La consolidación del ritmo de crecimiento que se aprecia en el movimiento de los indicadores, coincide con la evolución del PIB de la economía española. Durante el primer trimestre del año, el PIB creció un 0,79%, en el segundo trimestre un 0.86% y en el tercer trimestre, desaceleró levemente su ritmo de crecimiento al 0,76%.

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En cuanto a actividad económica, este año será recordado porque España ha recuperado los niveles de PIB precrisis. El siguiente gráfico muestra la evolución trimestral del nivel del PIB, partiendo de un nivel base de 100 en el segundo trimestre de 2008, considerado por el Comité de Fechado de Ciclos de la Asociación Española de Economía como el inicio de la Gran Recesión en España. Según los datos del INE, casi una década después, el PIB recupera los niveles existentes antes de la crisis en el segundo trimestre de 2018.

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¿Qué podemos esperar en el cuarto trimestre? De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de diciembre y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se estima que el avance trimestral del PIB podría situarse entre el 0,8% y el 0,9, situándose en valores cercanos a los del año 2017, y el conjunto del año se cerraría con un crecimiento medio anual entre el 3,1% y el 3,2%. Por tanto, se confirmaría que el crecimiento de la economía española seguiría siendo sólido.

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Indicador de coyuntura: Noviembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de ventas, producción industrial y renta, y hasta octubre de afiliados. El valor que toma el indicador continúa oscilando en los niveles en los que se mantiene en los cuatro últimos años. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en octubre es de 2,5, similar al valor que tomó en septiembre de 2,4.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la evolución de los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE ha sido dispar. La producción industrial, las ventas y la renta pasan de crecer 2,2%, 2,6% y 3,7% en agosto, a crecer 0,2%, 3,4% y 4,9% en septiembre, respectivamente. Por su parte, los afiliados crecen en octubre 3,5%, por debajo del 4,5% de septiembre.

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Los costes sociales de la crisis explican mucho, por Álvaro Anchuelo

Los días 9 y 10 de noviembre se han celebrado las Jornadas de Alicante sobre Economía Española. Se trata de una cita ya clásica (alcanzaban este año su XXXII edición) que destaca por la calidad de sus ponentes. De entre las excelentes presentaciones, la que más me ha impresionado ha sido la de la profesora María Ángeles Davia, de la Universidad de Castilla-La Mancha, sobre la desigual distribución de los costes sociales de la crisis. La mayoría de los hechos que explicó en su ponencia son consecuencias de la crisis con las que estamos familiarizados. Lo impresionante era verlas documentadas con rigor, mediante cifras y gráficos, en forma de visión de conjunto. Cada problema por separado sería grave. Todos juntos resultan demoledores.

La Gran Recesión trajo consigo desequilibrios presupuestarios, en forma de mayor déficit público. La consiguiente acumulación de deuda pública provocó, en países como el nuestro, una crisis de la deuda soberana y la recaída en la recesión. Los posteriores recortes del gasto público han afectado a partidas esenciales de la cohesión social. En los países del Sur de Europa, se ha reducido el gasto público en educación, sanidad, políticas de apoyo a la familia y la infancia, discapacidad y otras formas de protección social. De esta forma, pilares esenciales del Estado del Bienestar se han visto erosionados. Evidentemente, los efectos de estos recortes se reparten de forma desigual: afectan más a los grupos sociales más desfavorecidos.

Esto ha ido acompañado de reformas laborales, que pueden tener efectos positivos desde el punto de vista de la competitividad, pero que tienen así mismo otros efectos sociales negativos. Los trabajadores han visto como sus salarios se reducían o se mantenían congelados durante años. Otras condiciones laborales, relacionadas con los horarios y la movilidad, han empeorado. El despido se ha facilitado. Los nuevos contratos tienden a ser precarios (temporales o a tiempo parcial). La protección al desempleo ha endurecido los requisitos y ya no cubre a los parados de larga duración (casi tres de cada cuatro parados no recibe hoy prestaciones en España, si basamos el cálculo en los datos de la EPA). Las políticas activas de empleo han sufrido fuertes recortes presupuestarios. Va ganado fuerza el fenómeno de la pobreza laboral: personas que están trabajando sin que eso les garantice salir de la marginalidad. Afecta a un 13.1% de los trabajadores españoles, según hemos sabido estos días.

Las consecuencias de tales políticas son las previsibles: tanto la desigualdad en la distribución de la renta como la pobreza han aumentado. En España, el porcentaje de la población que vive en hogares con un nivel de renta indicativo de riesgo de pobreza ronda el 28%. Dentro de esa grave situación general, los problemas son particularmente agudos entre algunos colectivos más vulnerables, como los jóvenes, los niños y las mujeres.

Los jóvenes han sufrió la lacra del desempleo en porcentajes muy superiores al resto de la población. Los que logran trabajar, padecen de forma desproporcionada bajos salarios, horarios sin límites y empleos precarios. Tienen también dificultades de acceso a la vivienda, lo que impide su emancipación hasta edades tardías. Se ha ido formando una considerable bolsa de NINIs (jóvenes que ni se forman, ni trabajan). No pocos jóvenes españoles, ante semejante panorama, han tenido que optar por la emigración a países extranjeros.

Aún más sangrante resulta la situación de la infancia. El riesgo de pobreza entre los niños es aún más alto que para el conjunto de la población. Los indicadores más amplios elevan la cifra hasta el 40%. El problema suele estar ligado a la falta de empleo de los padres. El riesgo de abandono escolar temprano se suma a este negro cuadro, creando las bases para que lo sufrido en la infancia deje secuelas, se perpetúe y dificulte la movilidad social en el futuro.

Las mujeres son otro grupo que ha sufrido más que la media las consecuencias de la crisis. Los problemas del mercado de trabajo afectan especialmente a la población femenina (por ejemplo, en forma de salarios más bajos y mayor precariedad, con fuerte presencia en el empleo a tiempo parcial involuntario).

En vista de semejante panorama, resultan más fáciles de entender las tensiones políticas y la radicalización que vivimos en los últimos tiempos. Hunden sus raíces en los efectos sociales de la grave crisis económica, agudizados por una deficiente respuesta frente a ella. Como bien supo ver el presidente Kennedy: “Si una sociedad libre no es capaz de ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”.

Álvaro Anchuelo Crego, Universidad Rey Juan Carlos

(Publicado el 15 de noviembre de 2017 en el diario online República de las Ideas)

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