CONTINGENCIAS EXTERNAS EN 2018

Poco hueco para los aguafiestas dejan los indicadores económicos. La economía global en 2017 ha registrado el mejor ejercicio desde el inicio de la crisis: ha crecido en torno al 3,6%, por encima de la mayoría de las previsiones, y ese crecimiento ha estado bien repartido, alcanzando al mayor número de economías desde 2010, las tres cuartas partes del mundo, la japonesa entre ellas. Países importantes que venían de una recesión – Brasil, Rusia, Argentina- la han superado definitivamente. La novedad más importante es el muy aceptable crecimiento de la eurozona, en claro contraste con la debilidad británica.

Los mercados financieros han reflejado esa expansión sincronizada. Los de acciones han registrado las mejores valoraciones desde el inicio de la recuperación de la crisis, amparados en aumentos de los beneficios empresariales también superiores a los esperados, en una inflación reducida y una todavía muy activa complicidad de las políticas monetarias, con los bancos centrales de la eurozona y Japón compensando el anticipado endurecimiento de la Reserva Federal. No solo las acciones, sino bonos, oro y, desde luego, algunas criptomonedas, han dado cuenta de esa reducción de la aversión al riesgo.

De ese favorable contexto se ha beneficiado la economía española, que habrá crecido un 3,1%. Los principales elementos de contraste frente a las economías más exitosas siguen siendo el mantenimiento de un nivel de desempleo relativamente elevado y una calidad del empleo manifiestamente mejorable: salarios bajos y temporalidad excesiva.

No faltan analistas que proyectan a este año la inercia de la última mitad del pasado y anticipan ritmos de crecimiento incluso superiores, algunos hasta el 4%. En el caso de la economía española el consenso se sitúa algo por encima del 2,5%, justificando la desaceleración en el menor empuje de los vientos de cola – condiciones de financiación algo menos propicias y precios del petróleo más elevados, fundamentalmente- y las posibles perturbaciones adicionales derivadas del conflicto catalán. Con todo, en la anticipación de lo que puede ser este año surgen dudas acerca de algunas de las amenazas geopolíticas que condicionaban los ejercicios de previsión del pasado y otras nuevas, estrechamente asociadas a la bonanza dominante, como es el caso de la sobrevaloración de la mayoría de activos en los que los inversores pueden colocar la abundante liquidez disponible. A su revisión se dedican las líneas que siguen.

Contingencias geopolíticas. Las amenazas extraeconómicas con proyección internacional que se cernían sobre el pasado año apenas se han concretado, o al menos la mayoría de ellas no han generado resultados suficientemente adversos. Pero no es razonable asumir que los obstáculos a la prosperidad que pueden crear hayan sido despejados del camino. No lo ha hecho la retórica proteccionista del nuevo presidente de EE. UU., ni las amenazas de Corea del Norte ni, en toda su extensión, el Brexit. Amenazas latentes son también las asociadas a una no tan gradual como hasta ahora elevación en el precio del petróleo, en especial si la situación en Oriente Medio sigue siendo objeto de alteraciones significativas, como las observadas en Arabia Saudí o Irán, el tercer productor más importante de la OPEP.

La continuidad en la recuperación del volumen de comercio internacional es una de las condiciones para el asentamiento del crecimiento global. Y la actitud de la presidencia estadounidense sigue siendo crucial. En primer lugar porque la Organización Mundial de Comercio (OMC) es objeto de un cuestionamiento permanente en su capacidad de arbitraje, su principal cometido. En segundo, porque la negociación en torno al NAFTA puede tener en este año su momento más decisivo, con la amenaza de abandono estadounidense encima de la mesa si la revisión no es satisfactoria. No hace falta insistir que el impacto en México sería importante, en especial en su industria automovilística. Tampoco puede pasarse por alto las tensiones con China, y su vinculación a los derroteros que tome el contencioso en la península de Corea.

El Brexit por su parte tampoco ha generado consecuencias muy visibles por el momento, lo que no quiere decir que no las manifieste en este año crucial. 2019 es el año de entrada en vigor del artículo 50 que, en ausencia de provisión en contra, determinará el abandono del área comercial más importante del mundo. La persistencia de la incertidumbre podría tener efectos más adversos que los hasta ahora observados sobre una economía ya debilitada. Pero también sobre sus socios más importantes, España entre ellos.

A ello hay que añadir algunos episodios más cercanos como las elecciones italianas a las que concurren formaciones políticas que cuestionan su pertenencia a la eurozona e incluso a la UE, o la todavía hoy difícil de anticipar gobernación en Cataluña.

Frente a esos episodios, el mundo sigue adoleciendo de una mínima gobernación, al tiempo que en no pocas sociedades sigue subyaciendo una realidad política marcada por la desigualdad creciente y la desafección respecto al sistema económico.

La normalización de los bancos centrales. Son tres los centros de atención en este ámbito. El impacto del relevo en la presidencia de la Reserva Federal y la orientación de los otros dos grandes bancos centrales, el BCE y el Banco de Japón. No debería haber grandes sorpresas. El tono tensionador del primero podría encontrar en el repunte de la inflación razones para acelerar la subida de tipos de interés, especialmente si las reducciones impositivas acaban teniendo un impacto en el consumo superior al esperado. Mas previsible es la reacción de los otros dos bancos centrales, en cuyas economías la inflación, todavía por debajo de los objetivos del 2%, no debería aportar grandes sorpresas. El BCE seguirá comprando activos en el mercado secundario al menos hasta septiembre y es muy poco probable que eleve sus tipos de referencia antes de 2019. No será un ejercicio cómodo. Esa actitud adaptativa hoy previsible seguirá sujeta a las presiones en su Consejo de Gobierno de los halcones, liderados por el alemán Weidmann.

 La valoración de los activos. En ausencia de alteraciones significativas en los dos ámbitos anteriores, la inercia heredada de 2017 puede seguir favoreciendo el clima inversor en activos de riesgo, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes. Pero es verdad que los niveles de revalorización de los que vienen invitan, en el mejor de los casos, a la cautela acerca de cualquier episodio que pudiera desencadenar bruscas correcciones. No es probable, en todo caso, que coexista el conjunto de factores tan favorables que han confluido en 2017 con la volatilidad extremadamente reducida que hemos observado. La estabilidad financiera también podría verse alterada si lo hace la digestión del elevado endeudamiento privado de China.

Las contingencias extraeconómicas anteriores pueden influir en una economía tan abierta como la española. Más allá de la percepción del riesgo asociado a la gobernación en Cataluña, los apoyos externos es probable que no sean tan intensos como en el pasado. Frente a todo lo anterior, cabrían sorpresas favorables. La concreción del plan de perfeccionamiento de la Unión Monetaria sería la más relevante, en la medida en que contribuiría a fortalecer la idea de que 2017 no fue un paréntesis en el cuestionamiento de su viabilidad como zona monetaria. La otra sorpresa sería que la inversión creciera de forma significativa y amparara futuros aumentos de la productividad y de los salarios, que falta hacen, aquí y en el conjunto de Europa.

(Diario El País 14/01/2018)

Indicador de coyuntura: Diciembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de ventas y producción industrial, y hasta noviembre de renta y de afiliados. Como mensaje para terminar el año 2017, el indicador indica que la recuperación de la actividad que se inició en 2013 se ha mantenido durante todo este período. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en noviembre es de 3,0, en torno a los valores que lleva tomando durante el segundo semestre del año.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan signos diversos. La producción industrial creció en octubre 0,2% y en noviembre 6,9%, mientras que las ventas crecieron 3,5% en octubre y 2,9% en noviembre. Por su parte, la renta mantiene en noviembre el ritmo de crecimiento de octubre del 3,9%, y los afiliados pasan a crecer 3,6% en noviembre frente al crecimiento de 3,5% que registraron en octubre.

indica1

indica2

Como es costumbre, en la última entrada del año me gusta hacer un pequeño balance de la evolución económica anual. El 2017 comenzó con valores del indicador cercanos a 1. La evolución del indicador muestra un crecimiento sostenido, aunque brevemente interrumpido entre julio y septiembre, hasta un nivel de 3. En cualquier caso, el indicador muestra la solidez de la recuperación económica, coincidiendo con la dinámica que han marcado otros indicadores de actividad económica como el que elabora FEDEA y el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

FEDEA

isa

La consolidación del ritmo de crecimiento que se aprecia en el movimiento de los indicadores, coincide con la evolución del PIB de la economía española. Durante el primer trimestre del año, el PIB creció un 0,79%, en el segundo trimestre un 0.86% y en el tercer trimestre, desaceleró levemente su ritmo de crecimiento al 0,76%.

pib

En cuanto a actividad económica, este año será recordado porque España ha recuperado los niveles de PIB precrisis. El siguiente gráfico muestra la evolución trimestral del nivel del PIB, partiendo de un nivel base de 100 en el segundo trimestre de 2008, considerado por el Comité de Fechado de Ciclos de la Asociación Española de Economía como el inicio de la Gran Recesión en España. Según los datos del INE, casi una década después, el PIB recupera los niveles existentes antes de la crisis en el segundo trimestre de 2018.

pib_evol

¿Qué podemos esperar en el cuarto trimestre? De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de diciembre y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se estima que el avance trimestral del PIB podría situarse entre el 0,8% y el 0,9, situándose en valores cercanos a los del año 2017, y el conjunto del año se cerraría con un crecimiento medio anual entre el 3,1% y el 3,2%. Por tanto, se confirmaría que el crecimiento de la economía española seguiría siendo sólido.

MICA

Indicador de coyuntura: Noviembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de ventas, producción industrial y renta, y hasta octubre de afiliados. El valor que toma el indicador continúa oscilando en los niveles en los que se mantiene en los cuatro últimos años. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en octubre es de 2,5, similar al valor que tomó en septiembre de 2,4.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la evolución de los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE ha sido dispar. La producción industrial, las ventas y la renta pasan de crecer 2,2%, 2,6% y 3,7% en agosto, a crecer 0,2%, 3,4% y 4,9% en septiembre, respectivamente. Por su parte, los afiliados crecen en octubre 3,5%, por debajo del 4,5% de septiembre.

indica1indica2

Los costes sociales de la crisis explican mucho, por Álvaro Anchuelo

Los días 9 y 10 de noviembre se han celebrado las Jornadas de Alicante sobre Economía Española. Se trata de una cita ya clásica (alcanzaban este año su XXXII edición) que destaca por la calidad de sus ponentes. De entre las excelentes presentaciones, la que más me ha impresionado ha sido la de la profesora María Ángeles Davia, de la Universidad de Castilla-La Mancha, sobre la desigual distribución de los costes sociales de la crisis. La mayoría de los hechos que explicó en su ponencia son consecuencias de la crisis con las que estamos familiarizados. Lo impresionante era verlas documentadas con rigor, mediante cifras y gráficos, en forma de visión de conjunto. Cada problema por separado sería grave. Todos juntos resultan demoledores.

La Gran Recesión trajo consigo desequilibrios presupuestarios, en forma de mayor déficit público. La consiguiente acumulación de deuda pública provocó, en países como el nuestro, una crisis de la deuda soberana y la recaída en la recesión. Los posteriores recortes del gasto público han afectado a partidas esenciales de la cohesión social. En los países del Sur de Europa, se ha reducido el gasto público en educación, sanidad, políticas de apoyo a la familia y la infancia, discapacidad y otras formas de protección social. De esta forma, pilares esenciales del Estado del Bienestar se han visto erosionados. Evidentemente, los efectos de estos recortes se reparten de forma desigual: afectan más a los grupos sociales más desfavorecidos.

Esto ha ido acompañado de reformas laborales, que pueden tener efectos positivos desde el punto de vista de la competitividad, pero que tienen así mismo otros efectos sociales negativos. Los trabajadores han visto como sus salarios se reducían o se mantenían congelados durante años. Otras condiciones laborales, relacionadas con los horarios y la movilidad, han empeorado. El despido se ha facilitado. Los nuevos contratos tienden a ser precarios (temporales o a tiempo parcial). La protección al desempleo ha endurecido los requisitos y ya no cubre a los parados de larga duración (casi tres de cada cuatro parados no recibe hoy prestaciones en España, si basamos el cálculo en los datos de la EPA). Las políticas activas de empleo han sufrido fuertes recortes presupuestarios. Va ganado fuerza el fenómeno de la pobreza laboral: personas que están trabajando sin que eso les garantice salir de la marginalidad. Afecta a un 13.1% de los trabajadores españoles, según hemos sabido estos días.

Las consecuencias de tales políticas son las previsibles: tanto la desigualdad en la distribución de la renta como la pobreza han aumentado. En España, el porcentaje de la población que vive en hogares con un nivel de renta indicativo de riesgo de pobreza ronda el 28%. Dentro de esa grave situación general, los problemas son particularmente agudos entre algunos colectivos más vulnerables, como los jóvenes, los niños y las mujeres.

Los jóvenes han sufrió la lacra del desempleo en porcentajes muy superiores al resto de la población. Los que logran trabajar, padecen de forma desproporcionada bajos salarios, horarios sin límites y empleos precarios. Tienen también dificultades de acceso a la vivienda, lo que impide su emancipación hasta edades tardías. Se ha ido formando una considerable bolsa de NINIs (jóvenes que ni se forman, ni trabajan). No pocos jóvenes españoles, ante semejante panorama, han tenido que optar por la emigración a países extranjeros.

Aún más sangrante resulta la situación de la infancia. El riesgo de pobreza entre los niños es aún más alto que para el conjunto de la población. Los indicadores más amplios elevan la cifra hasta el 40%. El problema suele estar ligado a la falta de empleo de los padres. El riesgo de abandono escolar temprano se suma a este negro cuadro, creando las bases para que lo sufrido en la infancia deje secuelas, se perpetúe y dificulte la movilidad social en el futuro.

Las mujeres son otro grupo que ha sufrido más que la media las consecuencias de la crisis. Los problemas del mercado de trabajo afectan especialmente a la población femenina (por ejemplo, en forma de salarios más bajos y mayor precariedad, con fuerte presencia en el empleo a tiempo parcial involuntario).

En vista de semejante panorama, resultan más fáciles de entender las tensiones políticas y la radicalización que vivimos en los últimos tiempos. Hunden sus raíces en los efectos sociales de la grave crisis económica, agudizados por una deficiente respuesta frente a ella. Como bien supo ver el presidente Kennedy: “Si una sociedad libre no es capaz de ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”.

Álvaro Anchuelo Crego, Universidad Rey Juan Carlos

(Publicado el 15 de noviembre de 2017 en el diario online República de las Ideas)

Indicador de coyuntura: Septiembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de agosto con los datos publicados hasta julio de ventas, producción industrial y renta, y hasta agosto de afiliados. El valor que toma el indicador continúa oscilando en los niveles en los que se mantiene en los últimos cuatro años. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en agosto es de 1,2, un poco por debajo del valor que tomó en julio de 1,3, y notablemente inferior al que tomó en junio de 2,5.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, casi todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE han empeorado, con excepción de afiliados. La producción industrial, las ventas y la renta pasan de crecer 3,3%, 3,9% y 4,1% en junio, a crecer 2,0%, 2,3% y 2,9% en julio. Por su parte, los afiliados crecen en agosto 3,3%, por encima del 2,6% de julio.

indica1

indica2

Esta evolución coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio

isa

o el indicador que elabora Fedea para reflejar la evolución de la actividad económica en España.

FEDEA

La pérdida de vigor en el movimiento de los indicadores coincide con la evolución del PIB prevista para la economía española. Durante los primeros dos trimestres del año, el PIB ha crecido a un ritmo de 0,8% y 0,9% en tasas intertrimestrales. De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de agosto, y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se estima que el avance trimestral del PIB se sitúe en torno al 0,7% o 0,8%.

MICA.png

Por su parte, la previsión de FUNCAS y AIReF para la tasa interanual del PIB, también apunta a la desaceleración del crecimiento

pib_FUNCAS

Indicador de coyuntura: Mayo 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de abril con los datos publicados hasta marzo de ventas, producción industrial y renta, y hasta abril de afiliados. El valor que toma el indicador continua oscilando en los niveles en los que se mantiene desde hace tres años por lo que pensamos que la recuperación económica sigue siendo sólida. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en abril es de 2,4, un poco por encima del valor que tomó en marzo de 1,3.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, ninguno de los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE ha empeorado. La producción industrial pasa de caer un 1,6% en febrero a crecer un 8,9% en marzo. La renta subió un 2,3% en febrero y un 2,9% en marzo. Las ventas mantienen en marzo la tasa de crecimiento del 2,7% que alcanzaron en febrero. Finalmente, los afiliados crecen en abril un 3,7%, por encima del 3,4% de marzo.

indica1

indica2

ES EL CONOCIMIENTO

La economía española sigue huérfana de productividad. Es una constante del patrón de crecimiento desde hace muchos años. Tiene que ver con la especialización productiva, con el tipo de producciones que se llevan a cabo y, consecuentemente, con la dotación de factores que se emplean, no solo con la cantidad, sino fundamentalmente con la calidad. La intensidad inversora, la cualificación de factor trabajo, la disposición de tecnologías de la información, la calidad de la gestión empresarial, son factores que influyen en el crecimiento de la productividad. También lo hacen otros que no dependen tanto de la empresa, sino del entorno, de las instituciones públicas y privadas, desde los sistemas financieros hasta los tribunales de justicia, pasando por las distintas regulaciones. Aumentos en la productividad posibilitan el fortalecimiento de las ventajas competitivas de las empresas, la superveniencia exitosa en entornos internacionales adversos, y, en definitiva, el incremento en el PIB por habitante.

Una revisión comparada de la calidad de los factores empleados en la economía española frente a otras economías ayudaría a entender esos pobres resultados de nuestra productividad y, en última instancia, la vulnerabilidad de las ventajas competitivas de muchas de nuestras empresas. Una de las razones, pero en modo alguno la única, es la menor importancia relativa de factores intensivos en conocimiento, empezando por el grado de cualificación del factor trabajo, la utilización de TIC o la dotación de activos intangibles. A pesar de la mayor dotación de esos factores, especialmente antes de la crisis de 2007, el peso de que dispone en España el Valor Añadido Bruto (VAB) basado en el conocimiento lo alcanzaron las principales economías de la OCDE hace más de un cuarto de siglo.

Antes de la crisis, ese patrón de crecimiento de la economía española estuvo dominado por la actividad de sectores especializados en producciones poco intensivas en conocimiento y por un elevado endeudamiento privado. Este, lejos de asignarse a la diversificación fue mayoritariamente aplicado en aquellos sectores tradicionales, menos intensivos en conocimiento. La modernización de los mismos, el empleo de factores más cualificados fue muy limitado. La excesiva captación de ahorro exterior, fundamento último de la severidad de la crisis en España, no se empleó para adaptarse a un entorno competitivo global en el que dominaba la intensidad tecnológica, fundamentalmente en las TIC, soporte fundamental de la economía del conocimiento. En realidad, durante la expansión que concluye en 2007 la economía española acentúa la especialización relativa en sectores tradicionalmente alejados de la economía del conocimiento.

En la recuperación tampoco se observa una intensificación de la productividad. A pesar de que al igual que en el periodo de expansión los factores basados en el conocimiento fueron aumentando, lo hicieron en los sectores tradicionales. Esos factores han ido ganando peso intrasectorial,  pero  la producción no se ha orientado hacia sectores más intensivos en el uso de factores más cualificados

Un nuevo trabajo del IVIE (“El valor económico de las actividades basadas en el conocimiento en España y sus regiones”), realizado en esta ocasión por Joaquín Maudos, Eva Benages y Laura Hernández, contribuye a esclarecer esas dotaciones en la economía española y en sus Comunidades Autónomas. No es la primera vez que esa institución se centra en los determinantes de la productividad de la economía española, de su prosperidad, en definitiva. En realidad, ese trabajo es complementario de otros como el dirigido por el profesor Ernest Reig (“La competitividad de las regiones españolas ante la economía del conocimiento”). Una tradición investigadora, la exhibida por esta institución desde su creación hace 27 años, que se ha materializado en la existencia de bases de datos valiosas y publicaciones tan útiles en la formulación de políticas económicas que revelan una elevada productividad de sus investigadores.

En esta ocasión han construido una base de datos que cuantifica el valor de las actividades económicas basadas en el conocimiento en España y sus Comunidades Autónomas, con un elevado grado de desagregación sectorial, que sirva para cuantificar el VAB basado en el conocimiento. Esos factores son: el trabajo cualificado, los activos TIC, activos intangibles, maquinaria y equipo y material de transporte. Se cuantifica la parte de renta que retribuye los servicios que prestan: su contribución al VAB.

Es importante analizar las diferencias en comportamiento económico de las regiones españolas, en especial en su convergencia en términos de PIB por habitante. Esta fue explícita en los años de expansión, pero la crisis frenó esa convergencia y ahora se acentúa la divergencia. Como no podría ser de otra manera, en el trabajo se pone de manifiesto la estrecha relación existente entre la importancia relativa de los activos basados en el conocimiento, las variaciones de la productividad y el PIB por habitante.

La Comunidad Autónoma con mayor peso del VAB basado en el conocimiento es Madrid, seguida del País Vasco y Navarra, que son también las que encabezan los mejores registros de productividad y PIB por habitante. Extremadura es la que dispone de un PIB per cápita menor y también de un peso menor en los activos basados en el conocimiento. Es importante subrayar este último punto: las diferencias que existen entre regiones en el peso de la economía basada en el conocimiento no se deben tanto a diferencias de especialización, sino a la intensidad con que utilizan recursos más cualificados, muy especialmente el del factor trabajo. Este es el factor cuya retribución absorbe la mayor parte de la renta generada y, por ende, la generación del mayor VAB. Las excepciones más destacadas en ese ámbito de la especialización productiva son, por un lado, Madrid, donde los sectores intensivos en conocimiento son más importantes y, por otro, Baleares, donde el dominio de las actividades de hostelería o inmobiliarias condiciona su posición en esa clasificación.

Las orientaciones que se deducen de ese trabajo para la política económica son claras. Para que aumente el PIB por habitante es importante que haya alteraciones en la especialización productiva, que ascienda la importancia de sectores más intensivos en conocimiento, pero también lo es que lo hagan otros aspectos que condicionan el uso eficiente de esos factores basados en el conocimiento. La dimensión de las empresas y la calidad de la gestión empresarial, de la que se ocupó esta columna hace un mes, son igualmente determinantes. La evidencia es amplia a este respecto: dimensiones excesivamente reducidas impiden la incorporación de todos esos factores intensivos en conocimiento y la distancian de capacidades de gestión capaces de diferenciar suficientemente la oferta de las empresas. Es decir, de generar ganancias de productividad, de competitividad y, por tanto, de favorecer el ascenso de la renta por habitante del conjunto de la economía.

Siendo responsabilidad principal de las empresas disponer de la suficiente intensidad en conocimiento, las administraciones públicas también han de procurar el apoyo a las mismas. Han de hacerlo con decisiones de asignación de recursos públicos a una adecuada educación,   a inversión, así como a las actividades de I+D, todas ellas sacrificadas durante la gestión de la crisis. También han de reforzar los mecanismos de supervisión de la competencia y mejorar la calidad de las demás instituciones que condicionan la actividad empresarial, en  mayor medida la de las pequeñas unidades. En ausencia de esa visión más larga, de ambos agentes, la vulnerabilidad de nuestra economía a condiciones globales menos favorables, seguirá siendo elevada.

(Diario El País, 07/05/2017)

Indicador de coyuntura: Abril 2017

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta febrero de ventas, producción industrial y renta, y hasta marzo de afiliados. El valor que toma el indicador continua oscilando en los niveles en los que se mantiene desde hace tres años por lo que pensamos que la recuperación económica sigue siendo sólida. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en marzo es de 1,1, un poco por debajo del valor que tomó en febrero de 1,6.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan valores dispares. La producción industrial pasa de subir un 7,2% en enero a caer un 1,6% en febrero. Por su parte, las ventas y la renta subieron un 2,1% y un 1,5% en enero pero un 3,1% y un 2,2% en febrero. Finalmente, los afiliados mantienen en marzo el ritmo de crecimiento del 3,4% en febrero y marzo.

indica2indica1

Razones para la autoestima

No ha escogido bien el momento el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, para hablar mal de España en la Universidad de Harvard. Mal de su economía —un país alejado de la eficiencia económica y con llamativos signos de atraso— y de su democracia, descalificándola por no cumplir la Carta Europea de los Derechos Humanos y permitir comportamientos coercitivos propios de Estados con muy escasa calidad institucional. Lo hizo en la conferencia que allí pronunció el pasado 27 de marzo. Tal vez tampoco el auditorio fuera el más apropiado —un total de 90 asistentes, principalmente estudiantes—, pero desde luego no ha tenido al calendario como aliado: la semana elegida para dar a conocer el proceso catalán en Estados Unidos ha coincidido con alentadoras nuevas en el plano económico y en el político.

En el primero, la llegada de la primavera está siendo generosa. Según los indicadores ahora anticipados para el primer trimestre del año, la recuperación se mantiene fuerte (con 2017, tres años en torno al 3 por ciento), muy por encima de los valores medios de la eurozona. Se sostiene con holgura igualmente el dinamismo exportador y la inversión en bienes de equipo, con empresas además menos endeudadas. La creación de empleo sigue también siendo muy intensa, acelerándose incluso. Justo en el curso de esa semana última de marzo hemos sabido que por primera vez en una década España cumple el objetivo de déficit público exigido por Bruselas, y se ha firmado un acuerdo entre Hacienda y los sindicatos para hacer la mayor oferta pública de empleo de la democracia. Apretado final de mes que se ha cerrado con la aprobación por el Consejo de Ministros del proyecto de Presupuestos, donde se dibuja un escenario macroeconómico como mínimo estimulante, y esta vez —no es ocioso señalarlo— avalado por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. Nada de ello, ciertamente, trasmite la imagen de una economía renqueante y rezagada en el marco europeo.

A su vez, en el plano político no son pocas las novedades con igual signo positivo. Y tanto por lo que atañe a la proyección exterior de España como por lo que mira adentro. El “Brexit”, al descolgarse el Reino Unido de la mesa de “los grandes”, está ofreciendo a España la posibilidad de una casi inédita interlocución en el seno de la Unión Europea. Así lo visibilizó la presencia de Rajoy en Versalles (6 de marzo), acompañando a los mandatarios de Francia, Alemania e Italia, los países que pueden liderar la renovación del proyecto europeo. O la convocatoria en Madrid (10 de abril) del grupo informal constituido por los países del sur de la UE. Y en nuestro patio interior, junto con el recobrado pulso de la vida parlamentaria durante las últimas semanas y que volverá a exteriorizarse de inmediato en la tramitación presupuestaria, marzo se ha despedido con el anuncio de una nueva e importante prueba de la victoria de la democracia frente al terrorismo: la entrega de armas por parte de ETA (no dejen de leer, si todavía no lo han hecho, la novela de F. Aramburu, “Patria”, cuyo extraordinario éxito, con más de 200.000 ejemplares vendidos, 40.000 de ellos en el País Vasco, expresa que tampoco el discurso o “la narrativa” terrorista va a prevalecer). Buenas señales que emite nuestra democracia, tan ignoradas en aquella aula de Boston.

PRODUCTIVIDAD Y FUNCIÓN EMPRESARIAL

Se ha hecho tópica con razón aquella afirmación que formuló Paul Krugman en su libro “La era de las expectativas limitadas” (1994): “la productividad no es todo, pero en el largo plazo es casi todo. La capacidad de un país para mejorar sus condiciones de vida depende casi enteramente de su habilidad para elevar la producción por trabajador”. La hemos vuelto a recordar con ocasión de la reciente presentación del muy recomendable libro de Juan Francisco Jimeno, “Crecimiento y Empleo. Una relación turbulenta e incomprendida”, cuyo propósito central es desmontar las simplificaciones acerca de los factores determinantes de la creación de empleo y, en concreto, la propensión a concretar umbrales del PIB a partir de los cuales el empleo se intensifica. Esa relación, en efecto, no es lineal ni simple, depende de no pocos factores y, siendo importante, va más allá de la estricta organización del mercado de trabajo, de su regulación más o menos disfuncional y de la mejor o peor ejecución de las políticas de empleo.

Asumiendo la complejidad del análisis de ese vínculo entre crecimiento económico y empleo lo que queda evidenciada es la relación positiva a largo plazo entre el crecimiento del empleo y la productividad; más concretamente, la productividad total de los factores (PTF, las mejoras que tiene lugar más allá de la eficiencia de cada uno de los factores de producción), de la que hemos hablado en esta columna en diversas ocasiones. Lo hemos hecho tras verificar que de forma continua, desde luego desde mediada la década de los noventa, la PTF española apenas crecía.

En esta juegan un papel importante aspectos externos como la calidad de las políticas y de las instituciones, privadas y públicas, con las que las empresas interactúan, incluidas, desde luego, las relativas al mercado de trabajo. Pero no menos relevantes son aquellos otros que permiten una asignación eficiente de los recursos, una continua adaptación competitiva de las empresas, que son en última instancia las que de forma agregada determinan esas mejoras de eficiencia. Y en este punto, la organización de las empresas en su acepción más amplia, es esencial: su capacidad innovadora no solo en la generación de nuevos productos o servicios, sino en la mejora de los procesos. En la adecuación de las organizaciones, la calidad de la función empresarial, de la gestión y, desde luego, la dimensión de las empresas son aspectos esenciales.

Las circunstancias que presiden la creación de empresas, los incentivos u obstáculos que existen para que buenos talentos decidan emprender, las formas de crecimiento de las empresas, las probabilidades de supervivencia que tienen, son aspectos que han cobrado una importancia creciente en la explicación de los registros de productividad de las economías. Las “cajas negras”, no siempre atendidas en la modelización macroeconómica, han pasado a recabar una atención cada día mayor en las investigaciones aplicadas. También, y de forma bastante meritoria en nuestro país. Y es que los resultados agregados en este campo son los que explican las posibilidades de aumentar el bienestar conjunto de la economía, el aumento sostenido del PIB por habitante.

Esa evidencia pone de manifiesto, en primer lugar, que las facilidades en España para la creación de empresas no son precisamente las mejores. Las posiciones de nuestro país en el conocido indicador “Doing Business” del Banco Mundial siguen situándose por debajo de la posición 30º, con trámites y plazos de constitución superiores al promedio de las economías avanzadas. A las dificultades en el nacimiento se añade la dimensión reducida con que nacen, muy inferior al de otros países: en realidad, muchas empresas nacen sin trabajadores, y son estas las que registran una menor tasa de supervivencia. En esas dificultades de partida influyen aspectos regulatorios, en el mercado de trabajo o en la legislación concursal, pero también de naturaleza financiera, de un sistema poco orientado a la financiación de proyectos con riesgo diferencial o, simplemente, a la asignación de financiación a empresas poco productivas.

Según el Directorio Central de Empresas (DIRCE) del INE, de las 3.236.800 empresas que existían en España en enero de 2016 (último dato disponible), solo el 15,8% de las activas tenía una edad igual o superior a 20 años, mientras que el 20,1% tenían menos de dos años. Con datos a esa misma fecha, más de 1,79 millones de empresas no emplearon a ningún asalariado. Esta cifra supuso el 55,3% del total. Además, otras 895.574 (el 27,7% del total) tenían uno o dos empleados. Es decir, el 83% de las empresas españolas ocupaban a dos o menos asalariados; solo el 4% tenían más de 20 trabajadores. Son cifras que contrastan con el promedio europeo, pero especialmente con las economías más competitivas. No son necesarios más datos para asumir que esa dimensión media o la baja tasa de supervivencia de las empresas no favorecen el aumento de la productividad: no facilitan la incorporación de capital humano, físico o tecnológico suficiente y de calidad. Ayudan a entender, en suma, la baja propensión innovadora de la mayoría de las empresas españolas, su reducida inversión en intangibles, en I+D en particular, muy inferior al promedio de la OCDE. En consecuencia, las posibilidades de generar ganancias de productividad, de mejorar su capacidad competitiva, son inicialmente menores que las disponibles para la mayoría de las empresas de las economías de nuestro entorno. Y ello se percibe en ese otro aspecto relevante que es la calidad de la propia función empresarial, difícil de cuantificar, pero altamente correlacionada con la PTF.

Son muy escasas las aproximaciones empíricas a este ámbito en nuestro país. Las realizadas por los profesores de Economía de la Empresa Emilio Huerta y Vicente Salas son de las más destacadas. De sus trabajos comparados sobre dimensión empresarial y productividad se deduce que la calidad de la gestión empresarial (el uso de técnicas adecuadas para organizar el trabajo, coordinar y motivar a las personas en la organización) explica también la distribución por tamaños de las empresas. Junto a ella, o dentro del mismo concepto de calidad de la función empresarial, la capacidad para fortalecer la confianza entre los principales actores de la empresa, disponen de mayor influencia en las diferencias de tamaños medios empresariales que las existentes en el funcionamiento de los mercados de productos y factores. Son conclusiones similares a las destacadas recientemente por el Presidente del BCE (“Moving to the Frontier: Promoting the Diffusion of Innovation”) subrayando como la difusión tecnológica, no solo la propia generación de innovación, requiere de calidad de la gestión empresarial, capaz de propiciar adaptaciones organizativas que absorban nuevas tecnologías, nuevas técnicas de gobernar las empresas, en definitiva.

Estas referencias a los aspectos más directamente vinculados al interior de la“caja negra” no significa que los relativos al entorno, a la reducción de barreras limitativas de la competencia, a la calidad de las instituciones y las políticas, incluida la educación y la inversión pública en I+D,o la adecuada asignación de financiación, sean poco importantes. Su eficacia, en todo caso, sería mucho mayor si la composición del censo empresarial y la calidad de los que dirigen la amplia mayoría de las empresas, fueran más adecuadas. Ejemplos no faltan, dentro y fuera de nuestro país, para descartar que se trate de limitaciones imposibles de superar.

(Diario El País, 26/03/2017)

Anteriores Entradas antiguas

Visita nuestra web para información sobre actividades

http://www.alde.es