En memoria de William J. Baumol

El día 4 de este mes de mayo de 2017 falleció el prestigioso economista William Baumol a los 95 años de edad. Nacido en febrero de 1922 en el South Bronx de New York, entonces un enclave de la izquierda social y política norteamericana que más tarde sería bautizado con el nombre de Fort Apache, como a él le gustaba recordar, fue un lector temprano de Karl Marx que compartió los estudios de economía con los de ciencias sociales, historia y matemáticas. Después de trabajar en el Departamento de Agricultura del Gobierno Federal y hacer el servicio militar, en 1947, accedió al programa de doctorado de la London School of Economics, que sólo era seguido por norteamericanos, y en apenas tres meses pasó a formar parte de la plantilla de esa universidad, de la mano de Lionel Robbins y Jacob Viner, con quienes estableció una afable y estrecha relación. En 1949, recién doctorado, William Baumol se incorporó a la Universidad de Princeton, donde desplegó una intensa actividad docente e investigadora hasta 1992, año en que pasó a ser profesor emérito. Pero, buscando un alumnado más diverso y volver a vivir en Nueva York, trasladó en 1971 una parte importante de su actividad a la New York University, en la que trabajó hasta su retiro hace sólo un par de años. Es interesante el recorrido biográfico que ofrece la amplia entrevista concedida al economista Alan B. Krueger en el año 2000 para el Journal of Economic Perspectives (aquí)

William Baumol  compaginó una notable ortodoxia en sus análisis, que extendió a una sorprendente variedad de ámbitos de la economía, con una profunda admiración hacia Karl Marx, a quien consideraba el único economista que, junto con Joseph Schumpeter, comprendió la fuerza transformadora del capitalismo. En sus últimos libros rendiría un especial tributo a ambos autores. Prueba de su respeto al marxismo es la discusión con Paul Samuelson acerca del problema de la transformación de los valores en precios (Michael Roberts la resume aquí).

Entre sus múltiples trabajos, siempre guiados por un afán de introducir nuevos enfoques o perspectivas en el tratamiento de los problemas (como la existencia de economías de escala en la producción), destacan el  desarrollado conjuntamente con James Tobin al principio de la década de 1950, acerca de la demanda de dinero por parte de la población (modelo Baumol-Tobin), el dedicado a la enfermedad de costes de los servicios, en 1966, el de los mercados contestables, publicado en 1982, y diversos ensayos sobre el empresario y la innovación, que corresponden sobre todo al período posterior a 1990, aunque recojan una temprana preocupación ya puesta de relieve en un  artículo publicado en la AER en 1968. Comentaré brevemente los tres últimos, y en especial el tercero, que atrajo la atención de varios economistas españoles y animó a quien escribe este texto a realizar dos estancias cortas en NYU durante los años 2000 y 2001.

La enfermedad de costes de los servicios (Baumol´s cost disease) nace de un estudio sobre la situación de las artes en EE.UU. en la primera mitad de la década de 1960. Ayudado por William Bowen, Baumol descubrió que diversas actividades de servicios, como la educación, la sanidad o las artes son por naturaleza muy intensivas en trabajo, y admiten pocas mejoras en la productividad de éste. La subida de los salarios en las manufacturas, apoyada sobre el notable avance de la productividad del trabajo conseguido en ellas, se traslada a esas actividades de servicios (vía mercado de trabajo), encareciéndolas y haciendo que absorban una parte creciente del gasto de las familias.  Por tanto, en una economía avanzada, se espera que los precios de  los alimentos, los coches o los teléfonos móviles se reduzcan con respecto a los de la educación, la sanidad, el cuidado de los niños, los servicios legales, los conciertos, o la peluquería. El gráfico adjunto, tomado del artículo escrito por Timothy B. Lee (aquí), muestra que en efecto así ha sido en los últimos cuarenta años. Como una parte de estos servicios son de provisión pública, su encarecimiento afecta el presupuesto público, que tiende a crecer. En el sector privado, algunos de los servicios afectados por esta misma enfermedad tienden a desaparecer, como las reparaciones de aparatos domésticos, o algunas actividades de entretenimiento, que son sustituidas por nuevos bienes (salas de cines por películas en vídeos), y otros en cambio, tienden a expandirse, debido a una demanda creciente procedente de familias que gastan menos proporción de su renta en bienes manufacturados. De esta manera, el encarecimiento de todos los servicios que pueden considerarse “estancados” en su productividad no es sino la otra cara de la prosperidad.

Una primera conclusión que se extrae del análisis de Baumol es que el presupuesto de gasto público tiende a crecer en las sociedades desarrolladas, pero no por una creciente ineficiencia de los funcionarios, como con frecuencia sostienen los críticos del Estado. Una segunda es que conforme se abaratan los bienes, las familias disponen de más renta para dedicarla a los servicios intensivos en mano de obra, expandiendo su demanda y producción. Mirando al futuro, en fin, cabría extraer una conclusión adicional, que conforme se extienda la robotización y automatización en la industria y en algunos servicios avanzados, tenderá a crecer la demanda de los servicios intensivos en mano de obra, cada vez más depositarios del grueso del empleo de la población. Pero al mismo tiempo, puede esperarse que  la dinámica salarial responda menos a los impulsos de la productividad de unas manufacturas que cada vez pesan menos en el empleo total. De hecho, se cuenta ya con indicios de ello para los años anteriores a la crisis en España, como muestra el siguiente gráfico adjunto. En los años de recesión, los recortes de los salarios a los funcionarios, primero,  y su congelación posterior,  condicionan mucho la dinámica de los salarios en el conjunto de los servicios.

Otra de las brillantes aportaciones de William Baumol es la teoría de los mercados contestables. Estos son mercados en los que no existen barreras a la entrada y la salida de empresas, por lo que, aunque la oferta esté concentrada en un número reducido de productores, debido a la existencia de economías de escala, el equilibrio del mercado a largo plazo se produce allí donde el precio iguala al mínimo del coste medio total y no hay beneficio alguno, más allá de la remuneración normal del capital. Este tipo de mercado consigue simultanear un reducido grupo de empresas oferentes con el logro de un equilibrio idéntico al de los mercados de competencia perfecta.

Sin embargo, aunque existen bastantes mercados con una elevada concentración de la oferta, que es el dato de realidad que el modelo descrito quiere captar ante todo, no parece haber muchos en los que no existan barreras a la entrada y a la salida de empresas. La propia innovación, a la que W. Baumol dedicó tanta atención, constituye una barrera a la entrada. No obstante, en su principal trabajo dedicado al análisis sistemático de ella (The Free Market Innovation Machine, analyzing the growth miracle of capitalism, Princeton University Press, 2002), el autor se defiende de esta objeción, señalando que la innovación actual se caracteriza por su “rutinización”, su conversión en una actividad habitual más de la empresa, lo que afecta tanto a la empresa incumbente como a la nueva empresa entrante en un mercado (en Revista de Economía Aplicada, vol 10, nº 30, pp. 187-200, puede encontrarse la reseña que en su día hice de este libro). La estrategia actual de las grandes empresas de externalizar su innovación a start ups podría quizá favorecer la contestabilidad de los mercados.

Una amplia literatura discutió durante el decenio de 1980 si el mercado de las líneas aéreas reunía las características de perfectamente contestable, dadas sus reducidas barreras a la entrada y salida. La posibilidad de que lo fuera favorecería su liberalización en EE.UU., porque la regulación gubernamental, limitativa de la entrada de nuevas compañías,  constituía de hecho una barrera artificial al funcionamiento del mercado. Hoy  en día, éste es un mercado muy liberalizado, sometido a una feroz competencia que se traduce en niveles reducidos de beneficios para una buena parte de las compañías.

Centrándonos ahora en los estudios sobre innovación, ha de comenzarse situando su análisis en el marco del libre mercado. William Baumol, atribuye el milagro de las economías capitalistas a la competencia generada por el libre mercado, verdadera máquina del crecimiento. Como Marx y Engels, W. J. Baumol cree que el libre mercado genera leyes inexorables que obligan a los que en él actúan. La primera de ellas es la de innovar. Siguiendo a Schumpeter, reclama un papel central para la innovación en el seno del análisis económico. En el estudio  de sus principales facetas, que despliega en el libro ya citado, The Free Market Innovation Machine, repite de tiempo en tiempo, y a modo de lema, su convencimiento, que muchos economistas compartimos, de que la innovación pertenece al corazón del análisis económico, más que a su periferia, a la que a menudo se le relega. Consigue demostrar que, con la innovación como centro, la potencialidad del análisis microeconómico se incrementa y crece la capacidad de comprensión de la dinámica competitiva de los mercados. De esta forma, además cobra fuerza otra de las premisas más importantes del pensamiento de William Baumol, de clara influencia schumpeteriana, a saber,  que la innovación, y no los precios, constituye el centro del análisis microeconómico.

De la mano de la innovación, se llega al estudio del empresario y el emprendimiento, en el que la contribución de Baumol resulta especialmente disruptiva. En su  artículo “Entrepreneurship: Productive, Unproductive and Destructive (Journal of Political Economy, 1990, vol. 98, nº 5, Parte 1, pp. 893-921), que la editorial del Colegio de Economistas de Madrid incorporó en la traducción española del libro Mercados perfectos y virtud natural (Colegio de Economistas-Celeste Ediciones, 1993),  William Baumol irrumpe en la amplia, y a menudo infructuosa, literatura dedicada al empresariado con un quiebro genial en el planteamiento tradicional de la investigación sobre este tema. Propone dejar de discutir sobre la oferta de empresarios y analizar las razones por las que éstos se asignan a unas u otras actividades, ampliando al mismo tiempo la lista que de ellas ofreciera Schumpeter. En su opinión, la oferta de empresarios viene dada por el conjunto de “personas con ingenio y creatividad para encontrar los cauces que acrecientan su propia riqueza, poder y prestigio”. Así definida, la oferta no es el problema, y por ello puede muy bien considerarse dada. La preocupación de los economistas ha de centrarse en conocer cuáles son los factores que favorecen que la oferta potencial se convierta una oferta real de empresarios productivos, en lugar de improductivos e incluso destructivos. La respuesta reside en el marco de incentivos al emprendimiento y la creación de empresas que la sociedad ofrece. Por ejemplo, la España de la autarquía favoreció más al estraperlista y al contratista del Estado que al empresario innovador y productivo. Para ilustrar su tesis, Baumol repasa todos los múltiples desincentivos que, a lo largo de la historia, han desanimado la innovación y el surgimiento de nuevos empresarios. La principal conclusión que puede extraerse de su análisis es que cuando en una nación o en una región se dice “aquí no hay empresarios”, inmediatamente debe revisarse el marco social y regulatorio que desanima su surgimiento, pues es en éste donde reside el problema.

Podemos concluir resaltando que William Baumol fue un brillante economista orientado al análisis aplicado, algo que él achacaba al ambiente izquierdista en el que se crió. En la entrevista mencionada al comienzo de este artículo señala: “No estoy interesado en la economía como pura abstracción sino en cómo puede ayudar a eliminar la pobreza y a solucionar todos los problemas que vemos y reconocemos. Creo que sin un análisis sistemático basado, a ser posible, en datos, estadísticos, históricos o de otro tipo, podemos acabar haciendo cosas que parecen racionales pero que más tarde lamentamos”. También fue un economista sensible a los principales problemas sociales. Enfrentado con la profunda crisis mundial vivida durante los últimos nueve años, en una reciente entrevista concecida a Antonio Guarino y Maurizio Iacopetta (aquí) señalaba lo siguiente: “Soy muy consciente de todos los grandes problemas que afectan a la sociedad capitalista, la desigualdad, el desempleo, el deterioro medioambiental.  Mi tesis es que el capitalismo es un mecanismo único en realizar una sóla tarea: crear innovaciones, aplicar esas innovaciones y usarlas para crecer”.

Hace tres años, en 2014, le solicité que colaborara en el número 25 de la  revista Mediterráneo Económico dedicado a las reformas necesarias para albergar un nuevo modelo económico para España. Con gran generosidad, nos envió un artículo titulado “Hacia el crecimiento sostenido. Argumentos a favor de una política racional para combatir la recesión” (aquí). En él muestra sus preocupaciones ante la crisis, apostando por las políticas keynesianas para salir de ella, la solidaridad entre los países del centro y la periferia de la UE y las medidas para favorecer el emprendimiento y el empresariado.

Cobertura Sanitaria Universal: ¿ha llegado su tiempo?, por Bienvenido Ortega

Nuestro compañero Bienvenido Ortega (Universidad de Málaga) nos envía esta entrada a propósito de un documento firmado por un amplio número de economistas de diferentes países acerca de la cobertura sanitaria universal.

En Septiembre de 2015 Lawrence H. Summers publicó en la revista The Lancet la “Declaración de los Economistas sobre la Cobertura Sanitaria Universal” (Summers, 2015). En este documento, firmado originalmente por 267 economistas en 44 países, se hizo un llamamiento a los responsables políticos y líderes globales para que consideren como un pilar básico de la estrategia de desarrollo a nivel mundial la construcción de un sistema de Cobertura Sanitaria Universal (CSU) orientado, en particular, a cubrir las necesidades de la población más pobre y vulnerable. En concreto, el documento señala que la CSU tiene como propósito asegurar que toda persona pueda acceder a servicios de salud esenciales de calidad, sin que ello le suponga enfrentarse a dificultades financieras, de forma que el acceso a los servicios de salud se fundamente en la necesidad y no en la capacidad de pago del usuario. En consecuencia, la CSU puede concebirse como una estrategia orientada a lograr avances en tres dimensiones clave de los sistemas sanitarios de los países (Chisholm y Evans, 2010): proporción de la población cubierta por el sistema de salud; catálogo de servicios o intervenciones de salud eficaces que están disponibles para los miembros del colectivo cubierto; proporción de los costes totales de los servicios que están financiados por el sistema. Desde esta perspectiva, el camino que los países deben recorrer hacia la CSU supone realizar progresos en cada una de estas tres dimensiones, teniendo en cuenta que, particularmente, en los países menos desarrollados, esta estrategia debe focalizarse en garantizar la provisión de los servicios de atención básicos, con la total cobertura de la población más vulnerable, minimizando la necesidad de las familias de efectuar pagos directos por la prestación de los servicios que reciben.

Aunque la CSU pudiera parecer un objetivo poco realista en países pobres, en palabras de Amartya Sen (2015), la CSU es “un sueño asequible” también en estos países. Así lo demuestran las experiencias de, por ejemplo, Bangladesh, Costa Rica, México, Tailandia, Vietnam o el estado de Kerala en India. Estos países o regiones han mostrado cómo servicios de salud básicos de calidad pueden ser proporcionados a un coste muy bajo. También han mostrado que la historia, la cultura y la situación política y económica de cada país se combinan de forma diferente para dibujar un camino propio hacia la CSU. Sin embargo, por encima de esa heterogeneidad, pueden extraerse de estas experiencias enseñanzas sobre cómo organizar la gobernanza y financiar la CSU en países con distintos niveles de desarrollo. En este sentido la experiencia muestra que la clave del éxito en estos países no ha radicado exclusivamente en el aumento de los recursos destinados a financiar los servicios sanitarios sino, crucialmente, en la asignación eficiente de los recursos movilizados en intervenciones de alto impacto (Pablos-Mendez et al., 2016). De ahí que no solo sea importante mejorar la eficiencia técnica en la prestación de los servicios sanitarios, sino también la eficiencia asignativa, determinando qué combinación de servicios o intervenciones específicas, y en qué localización, maximizan los resultados en salud en cada país. Comprender hasta qué punto el “mix” actual de intervenciones proporcionado en cada localización es eficiente, es crítico para determinar si pueden obtenerse mejores resultados a nivel nacional con los recursos disponibles (objetivo del proyecto WHO-CHOICE desarrollado por la Organización Mundial de la Salud).

La CSU está poco desarrollada en los países de renta media y baja, particularmente en el África sub-sahariana y del sur de Asia. En estos países el acceso a muchos servicios sanitarios básicos es inadecuado, especialmente en zonas remotas y rurales. Hay regiones en el mundo en las que grandes proporciones de niños menores de cinco años mueren, no como consecuencia de nuevas o exóticas enfermedades para las que no hay tratamiento, sino por desnutrición, malaria, e infecciones intestinales y respiratorias fácilmente prevenibles. Al mismo tiempo, alrededor de 150 millones de personas gastan anualmente más del 40% de su presupuesto destinado a alimentación a financiar tratamientos y servicios de salud (incurriendo en el denominado “gasto catastrófico en salud”) y cerca de un tercio de los hogares en África y en el sudeste asiático tiene que endeudarse o a vender activos del hogar para pagar el tratamiento, forzando incluso a algunas familias a renunciar a la escolarización de sus hijos o a contraer una deuda ruinosa (Kruk et al.,2009).

En este contexto, la implementación efectiva de la CSU en el mundo contribuirá a eliminar las muertes prevenibles y a desplazar a los gastos catastróficos en salud como principal causa de pobreza extrema. Los argumentos que justifican estas políticas no sólo son de equidad, también de eficiencia económica. The Lancet Commission on Investing in Health (2013) ha estimado que cada dólar invertido en salud en los países en desarrollo generará un retorno entre 9 y 20 dólares a lo largo de los próximos 20 años (teniendo en cuenta tanto los aumentos en la renta nacional como el valor de los años adicionales de vida que ganaría la población en el periodo). Es por ello que la CSU no sólo puede contribuir a mejorar la vida de las personas, sino a mejorar las oportunidades sociales y económicas de la población más vulnerable por medio de una asignación más eficiente de los recursos.

La inclusión de la CSU dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030, como un instrumento útil para lograr los objetivos de garantizar una vida sana y acabar con la pobreza extrema, refuerza la propuesta realizada por este grupo de economistas. Sin embargo, la implementación efectiva de este instrumento dependerá, en última instancia, de la existencia de un compromiso político al más alto nivel e incluso, en muchos países, de un cambio en el contrato social en salud y educación. La CSU ya es considerada como un objetivo global por Naciones Unidas. Esperemos que en los próximos años esto signifique que su tiempo ha llegado.

 

REFERENCIAS

Chisholm, D. & D.B. Evans (2010): Improving health system efficiency as a means of moving towards universal coverage, World Health Report, Background Paper, 28, WHO. http://www.who.int/healthsystems/topics/financing/healthreport/28UCefficiency.pdf

Kruk, M.E., Goldmann, E. & S. Galea (2009): “Borrowing and Selling to Pay for Health Care in Low- and Middle-Income Countries”, Health Affairs, 28 (4): 1056-1066.

Pablos-Mendez, A., K. Cavanaugh & C. Ly (2016): The New Era of Health Goals: Universal Health Coverage as a Pathway to the Sustainable Development Goals, Health Systems & Reform, 2(1): 15-17. http://dx.doi.org/10.1080/23288604.2015.1120377

Sen, Amartya (2015): “Universal healthcare: the affordable dream”, The Guardian, 06/01/2015. https://www.theguardian.com/society/2015/jan/06/-sp-universal-healthcare-the-affordable-dream-amartya-sen

Summers, L.H. (2015): “Economists’ declaration on universal health coverage”, The Lancet, 386 (10008): 2112–2113. http://universalhealthcoverageday.org/economists-declaration/#signatories

The Lancet Commission on Investing in Health (2013): “Global Health 2035: A world converging within a generation”, The Lancet, 382 (9908): 1898–1955.

 

 

EUROPA EN CRISIS

Europa se encuentra hoy inmersa en una crisis general, que se extiende no sólo al ámbito económico, sino también al social y al político. Este es un uno de los temas que, entre otros,  se ha discutido en el workshop organizado por el IGLP de Harvard y el ICEI de la Universidad Complutense de Madrid que se ha celebrado la pasada semana en la ciudad financiera del Banco Santander, en Madrid.

La crisis económica ha puesto de relieve que Europa está lejos de constituir un área monetaria óptima, es decir, un área apropiada para una moneda única. Esto es algo que los economistas ya sabíamos desde hace tiempo, a tenor de los diversos análisis derivados del trabajo seminal de Robert A. Mundell de 1956. Pero el proyecto europeo se justificaba sobre la base de que la optimalidad de un área monetaria se construye también a través del propio proceso de integración económica y monetaria, siempre que los países involucrados participen de un destino común y coincidan en la forma de plantearse y resolver los problemas. Hoy sabemos bien que la Europa unida se encuentra lejos de cumplir este requisito indispensable. Por el contrario, el lograrlo requerirá aún de un esfuerzo muy notable.

En términos económicos, hoy apenas se ha recuperado el PIB anterior a la crisis. En el área euro, esta magnitud sólo alcanzó en 2015 un 0,3% más que en 2008, frente a un 10% más en EE.UU. Alemania, Polonia y algunos países pequeños (Suecia, Irlanda, Malta, Eslovaquia) han conseguido mejores resultados,  superiores a la media, pero España, Portugal, Gracia, Italia, Chipre y Finlandia se encuentran por debajo de los niveles de producción previos a la crisis. En el empleo la recuperación es aún menor, aunque también lo es para EE.UU.

En términos sociales, se ha acelerado la tendencia hacia la desigualdad en la distribución de la renta, en gran parte como producto del aumento del desempleo, y se ha extendido entre una parte importante de la población una actitud de rechazo de la inmigración que ha favorecido el auge de los movimientos políticos involucionistas, contrarios a los valores europeos de solidaridad, integración y libre movilidad de las personas.

En el ámbito político, la capacidad de las autoridades europeas para atajar los diversos problemas y conflictos, comenzando por el importante asunto de la crisis griega, ha sido muy limitada. Alemania ha mostrado una gran resistencia a asumir un liderazgo clarividente y solidario, y el eje franco-alemán, en otro tiempo muy fructífero, apenas ha funcionado,  sin que quepa esperar su pronta reconstrucción. Por ello, puede decirse que la gobernanza europea se encuentra hoy huérfana, reclamando la contribución positiva de todos los países, que no se antoja fácil, dadas las divisiones con respecto al futuro del proyecto comunitario.

Este ha sido el marco propicio  para que Brexit se haya producido y también para que la ya anémica situación de la banca italiana se acentúe, introduciendo más incertidumbre acerca del futuro y ralentizando la recuperación económica. Las previsiones acerca de la evolución del PIB se han reducido al endémico 1.5%, tanto para este año como para el que viene.

Por otra parte, el desconcierto de las autoridades europeas ha alcanzado límites notorios. La falta de soluciones claras a problemas urgentes (los refugiados) y la excesiva preocupación por temas menores (las multas a España y Portugal) amenazan con agravar los conflictos abiertos y con multiplicarlos. El incremento del número de atentados terroristas añade a estos factores el miedo de la población.

En este escenario crítico y confuso, cobra más relieve el considerable avance logrado en la construcción de un área monetaria óptima: la consolidación de un  fuerte y activo Banco Central Europeo, a pesar de las reticencias alemanas. Es esta institución quien ha salvado a Europa de una crisis económica más profunda.

Parece obvio que resulta necesario seguir avanzando con paso firme en la integración europea, primero con la unión bancaria europea, cuya construcción debe ser bien administrada (no provocando heridas en Italia), y después, a través del incremento del presupuesto común, que dote de mayor capacidad de acción a las autoridades comunitarias ante nuevos shocks, simétricos y asimétricos. También mediante la emisión de deuda pública común (eurobonos), como clara señal dirigida a los mercados financieros del compromiso común en la defensa del euro.

Además, es urgente construir una mejor y más transparente gobernanza europea, con un extenso acuerdo entre países, y probablemente, con diferencias en los caminos hacia una mayor integración (dos velocidades). De entrada, ha de buscarse un buen acuerdo con el Reino Unido.

Estas acciones deben ser el centro de una estrategia general dirigida a hacer valer los beneficios de pertenencia a la UE, en lugar de resaltar sus servidumbres, que debe incrementar la seguridad de la población europea, hoy confusa y asustada, y favorecer nuevas cesiones de soberanía nacional en aras de un futuro común.  La  Europa Comunitaria tiene que convertirse en un proyecto no sólo exigente, sino también atractivo, al que más y más países quieran incorporarse  y del que ninguno quiera abdicar.

La sofisticación de las exportaciones españolas, por Elisa Álvarez y Josefa Vega

Nuestras compañeras de la Universidad de Valladolid, Elisa Álvarez López y Josefa Vega Crespo, nos envían esta nueva entrada que actualiza los cálculos acerca de la sofisticación de las exportaciones españolas, utilizando datos de 2014.

Junto a una oferta cada vez más adaptada a la demanda mundial, y la incorporación de un creciente número de empresas de elevada productividad media, la rápida expansión de las exportaciones españolas en los últimos años se explica también por el aumento del nivel de calidad de los productos y por su diferenciación con respecto a los de los rivales.

Una de las formas de aproximarse a este último aspecto es a través del cálculo del nivel de sofisticación de las exportaciones, siguiendo los trabajos del equipo de investigadores que encabezan Ricardo Hausmann y Cesar A. Hidalgo (Hausmann y Klinger, 2007; Hidalgo et alia, 2007). Minondo y Requena (2012) ofrecieron un primer acercamiento a este asunto, utilizando una desagregación de seis dígitos de las estadísticas de comercio exterior, que, con los mismos datos de base,  se transformó en una versión más agregada en Myro et alia (2013).  Aquí se poresenta un análisis más completo y actualizado, referido a 2014 y partiendo de una desagregación de cuatro dígitos de los datos.

El análisis de la sofisticación de los productos exportados- en el que se aúnan aspectos como su contenido tecnológico, su diseño, su diferenciación o el prestigio de la marca- se basa en la idea de que el nivel de renta asociado a las exportaciones de un país aproxima el nivel de productividad obtenido en su producción. En consecuencia, a escala mundial, es posible medir la productividad media conseguida en un bien a través de la productividad del conjunto de los países que lo exportan, ponderada por el peso relativo de cada uno de ellos en dicho bien. Un valor más elevado de este indicador, denominado PRODY, implica que el producto del que se trate precisa de las ventajas en la dotación factorial, tecnología y comportamiento individual de las economías con superior renta por habitante. Su expresión es la siguiente : Sofisticacion 6

donde Sij,t denota la participación del producto i en las exportaciones totales del país j en el año t  y Yj,t es la renta por habitante del país j en ese año.

A partir del PRODY, se halla el índice de sofisticación de las exportaciones de los países (EXPY), que resulta útil para conocer qué productos favorecen el ascenso de su complejidad media. Se calcula como la suma del valor PRODY de los productos exportados por el país, ponderada la participación de cada uno de ellos en las ventas totales del país, esto es:Sofisticacion 4

La información que se ha utilizado para calcular estas expresiones en este trabajo procede de la base de datos Trade Map, suministrada por el International Trade Centre, que se nutre fundamentalmente de la base Comtrade de Naciones Unidas. Se han extraído valores nominales de las exportaciones con un nivel de desagregación de cuatro dígitos según la nomenclatura del Sistema Armonizado de Designación y Codificación de Mercancías en su versión de 2012 (SA-2012), que diferencia 1.258 partidas. A su vez, los productos considerados se han agrupado en 24 sectores de actividad por medio de la correspondencia establecida entre la SA-2012 y la Clasificación Industrial Internacional Uniforme (CIIU-Rev.3). Por otro lado, los datos de PIB por habitante en paridades de poder de compra se han obtenido de la base World Development Indicators editada por el Banco Mundial.

Con arreglo a los valores PRODY obtenidos, cabe distribuir los productos considerados en cinco grupos ordenados de menor a mayor nivel de sofisticación, de modo que en el quinto quintil se reúnen los productos más sofisticados. Como puede comprobarse en el Cuadro 1, dentro de este segmento de superior sofisticación, cerca de la tercera parte de los productos se encuadran en el sector de la química, al que, a distancia, siguen maquinaria y equipo mecánico, instrumentos médicos, ópticos y de precisión y metálicas básicas como las actividades que aglutinan un mayor número de partidas de elevada complejidad. Asimismo, y excepción hecha de metálicas básicas, los sectores mencionados, junto con productos farmacéuticos, presentan la mayor cantidad de productos entre los cincuenta con un valor PRODY más alto.

 

Sofisticación 1

 

España obtiene un índice de sofisticación de sus exportaciones, un valor de EXPY, de 23.830 $ PPC,  algo más bajo que el de Alemania o Francia (26.674 y 26.206 $ PPC, respectivamente) e incluso que el de Italia (25.226 $ PPC). Este menor valor guarda relación con su menor renta per cápita, pues existe una relación apreciable por países entre niveles de sofisticación y niveles de renta per cápita, como puede verse en el Gráfico 1, donde el valor que corresponde a España aparece marcado en rojo.

 

Sofisticación-gráfico

 

Aún así, casi la mitad de las exportaciones españolas (el 46,6%) se clasifican en los quintiles Q4 (media-alta sofisticación) y Q5 (alta sofisticación). Esto puede verse en el Cuadro 2 (con un click sobre el se amplía), en el que aparecen marcados en gris los sectores con ventaja comparativa revelada en la exportación, definida, siguiendo a Balassa, como el peso relativo de un sector  en el total de las exportaciones españolas, comparado con el mismo ratio para el mundo. Entre paréntesis se recoge el número de subsectores en los que se asienta esa ventaja. El mayor peso comercial corresponde al quintil Q4, de sofisticación media alta, lo que fundamentalmente obedece a que el sector con una presencia más destacada en el patrón exportador español, vehículos de motor, concentra en él por encima del 80 por 100 de sus ventas. A ello se une la aportación de otras actividades con una -aunque inferior- significativa entidad en nuestra estructura comercial, que también agrupan aquí una proporción relevante de sus ventas (entre el 50 y el 70 por 100) maquinaria y equipo mecánico, maquinaria y aparatos eléctricos, productos farmacéuticos y medicamentos y otro material de transporte. Además, las industrias de maquinaria mecánica y farmacéutica, junto con la química -resaltadas anteriormente por incluir un mayor número de productos altamente sofisticados- localizan en el quintil Q5 un porcentaje notable de sus envíos al exterior (más de la tercera parte en el caso de la química, el tercer sector en importancia en la exportación española).

Sofisticacion f2

Algunos sectores potentes de la exportación española, que deberían seguir aumentando peso en el total de las ventas exteriores en los próximos años, no son de alta sofisticación, como los alimentos, bebidas y tabaco o el textil y la confección, de forma que no es en absoluto deseable que todo el patrón de exportación gire en torno a los más sofisticados. Por otra parte, los productos de estos sectores si pueden diferenciarse y poseer diversas calidades, pero el análisis efectuado de sofisticación difícilmente alcanzará a reflejar estos aspectos.

 

Referencias

-Hausmann, R. y Klinger, B. (2007): “The Structure of the Product Space and the Evolution of Comparative Advantage”, CID Working Paper, nº 146.

-Hidalgo, C.A; Klinger, B.; Barabási, A.L. y Hausmann, R.(2007): The product space conditions the development of nations, Science, vol. 317, nº 5837, pp. 482-487.

-Minondo, A. y Requena, F. (2012): “Análisis de competitividad de las exportaciones españolas. Un enfoque shift-share a nivel de producto”, Economistas, nº 130, pp. 63-75.

-Myro, R.; Álvarez, E. ; Rodriguez, D.; Fernández-Otheo, C. y Vega Crespo, J.(2013): Fortalezas competitivas y sectores clave en la exportación española, Instituto de Estudios Económicos, Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una visión más favorable de la industria española, por Rafael Myro

La Contabilidad Nacional de España con base en 2010 ofrece una imagen sustancialmente mejor de la que hasta hace muy poco teníamos de la evolución de la industria manufacturera durante los años anteriores a la crisis. También la CNE con base en 2008 mejoró la imagen ofrecida por la CNE con base 2000, pero sólo en lo referente a la productividad del trabajo, y en detrimento de la creación de empleo.

De acuerdo con los últimos datos, y centrándonos en el período más comparable, de 2001 a 2007, el VAB manufacturero creció a una tasa media real del 2% anual, y no del 1,1% (CNE2008), ni del 1,2% (CNE2000). Es decir, que se elevó 0,9 décimas anuales más de lo que contabilizábamos en estos últimos años. Por su parte, el empleo manufacturero (medido en puestos de trabajo), que aumentó según la CNE2000, se redujo sensiblemente según la CNE2008 (-1,1% anual), mientras que en la nueva estimación decrece más moderadamente (-0,6% anual). Como consecuencia, la productividad del trabajo, que apenas crecía en la primera estimación con base en 2000 ha pasado a aumentar a un ritmo del 2,6% anual en la última, la de 2010. No está nada mal, sólo medio punto menos que el avance logrado en Alemania, y ello a pesar del fuerte incremento de la inmigración en España, que ha incentivado producciones intensivas en trabajo.

Estos datos revelan pues un crecimiento apreciable de las manufacturas en el período considerado, con un notable aumento de la productividad y sin una elevada pérdida de empleo (menor que en otros países)

¿Qué ha podido ocurrir para que el INE ofrezca semejante revisión al alza? Al margen de posibles factores ligados a la nueva metodología de cálculo de las magnitudes económicas, cuya incidencia se me escapa, mi sospecha es que el crecimiento del VAB ofrecido hasta ahora se compatibilizaba mal con la expansión experimentada por las exportaciones de bienes (el 82% son manufacturas), que en el mismo período alcanzaron una tasa media anual de aumento del 4,4% en términos reales. Como es sabido, la crisis ha hecho que miráramos más y mejor a nuestras exportaciones.

Como puede verse en el Gráfico 1, existe una estrecha relación en el periodo contemplado entre el crecimiento por países del VAB real y el de las exportaciones de bienes. Ahora España se sitúa en el lugar apropiado. Y es que en contra de la creencia extendida de que el avance de nuestras exportaciones es algo reciente, propio de esta crisis, la realidad es que cuenta con una trayectoria muy larga, con crecimientos a tasas muy elevadas, superiores a las de otros países europeos, desde hace ya bastante tiempo (en la década de 1990 a la tasa real del 11,1% anual)

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También puede observarse en el gráfico citado que España superó en crecimiento del VAB manufacturero a Francia, Italia y Gran Bretaña, quedando sólo por debajo de Alemania, entre las grandes economías. Las pequeñas y de más reciente incorporación a la EU fueron las que más crecieron.

A mi juicio, lo expuesto avala tres conclusiones para las que también existen otros muchos elementos de apoyo: a) que los problemas de la industria española están íntimamente relacionados con la profunda crisis económica que ha atravesado nuestro país desde 2008. No son anteriores; b) más en concreto, están ligados a la formidable caída de la demanda y a la restricción financiera;  c) que nuestro modelo productivo es más fuerte de lo imaginado; no podría ser de otra forma dada la evolución de las exportaciones.

Podría añadirse a ellas que la recuperación de la demanda interna y externa probablemente encontrará en la industria española una sólida respuesta en términos del aumento de la oferta, pero desconocemos el alcance de los daños originados por la crisis, el efecto de la destrucción de miles de establecimientos y empleos. Por otra parte, no cabe duda de que se requieren profundos cambios en el modelo productivo para garantizar un firme crecimiento industrial a largo plazo. Comenzando por un serio esfuerzo innovador. Aunque la productividad del trabajo en las manufacturas creció sólo algo menos que en Alemania, lo hizo con mucho mayor apoyo en el capital por trabajador y con parcas ganancias de PTF.

Podría objetarse a lo señalado hasta ahora que las manufacturas españolas podrían haber crecido más, puesto que la demanda interna española aumentó con mucha rapidez. Sin embargo, si aceptamos una estimación de la elasticidad de la demanda de importaciones de bienes de 2,13 (1), resulta que las importaciones crecieron menos de lo esperado, en un momento de alza relativa de los costes laborales y de encarecimiento del euro (Gráfico 2). Este hecho añade una conclusión más a las ya expuestas con anterioridad, las exportaciones son clave para el crecimiento de la industria y para la reindustrialización que necesita nuestra economía. A corto plazo no hay vías de sustitución de importaciones, porque la industria española tiene ya una acrisolada especialización inter e intra-índustrial. A medio plazo tal vez si, siempre que nos tomemos en serio la ciencia y el capital humano.

Importaciones

(1) García, C.; Gordo, E,; Martínez-Martín, J. y Tello, P.(2009): Una actualización de las funciones de exportación e importación de la economía española, Banco de España, Documentos Ocasionales, nº 0905

 

 

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El programa económico de Podemos, inicio de su decadencia, por Francisco J. Ferraro

He pedido a nuestro compañero Francisco Ferraro, catedrático de economía aplicada de la Universidad de Sevilla, que nos permita recoger en una entrada el texto que publicó hace algunas semanas en el Diario de Sevilla, que ofrece un pormenorizado análisis del programa económico de la nueva formación política Podemos.

En la propuesta de programa económico para Podemos presentada por los profesores Navarro y Torres (“Un proyecto económico para la gente”) coexisten consideraciones y propuestas compartibles con otras nada recomendables o económicamente inviables. Sobre las más significativas de estas últimas se ocupa este artículo.

El diagnóstico

Los autores del documento parten señalando que “las propuestas deben basarse en un diagnóstico realista, (…) que evite el fraude intelectual que tan a menudo han cometido los dirigentes del PSOE y del PP”. En su diagnóstico hacen referencia a la situación del mundo, de la UE y de España. Consideran que “la situación del mundo bajo el predominio del capitalismo es hoy día decepcionante y cruel”, lo que sin duda se corresponde con vivencias de muchas personas y colectivos que sufren guerras, persecuciones, hambre y otras desgracias, pero no parece un diagnóstico muy ponderado cuando los indicadores de los organismos internacionales ponen de manifiesto la notable mejoría que conoce la humanidad en tasas de pobreza, esperanza de vida, alfabetización, personas desnutridas, conflictos armados, etc.

En cuanto al diagnóstico económico de España, es compartido por casi todos los economistas que la situación se caracteriza por problemas de entidad, entre los que destacan el paro y el elevado endeudamiento, y que el origen de la presente situación hay que encontrarlo en la crisis financiera internacional y en el estallido de la burbuja inmobiliaria, como se señala en el documento, pero no se puede compartir que otra causa haya sido “el descenso del poder adquisitivo de la población” tal como enuncian en primer lugar, pues la fase de expansión de la economía que precedió a la crisis se caracterizó por un notable aumento de la renta y los salarios.

Las propuestas por el lado de la demanda

El núcleo del proyecto programático para salir de la crisis es “generar demanda efectiva e ingresos para poder crear empleo suficiente y decente”, para lo que “es preciso crear más empleo e ingresos aumentando la actividad y el gasto de las familias, de las empresas, del sector público o del exterior en nuestra economía”, y para ello se proponen, entre otras medidas, “aumentar el gasto privado y público en nuevas formas de consumo sin promover consumismo” (no se precisa la autoridad que discriminaría entre consumo y consumismo); “aumentar el porcentaje de los salarios en la renta nacional” (no se sabe si se prohibiría que nuevos autónomos o pymes puedan obtener beneficios si superan el porcentaje de salarios); “incremento extraordinario de las cotizaciones sociales empresariales” (lo que no animaría a los empresarios a crear empleo); aumento del salario mínimo (desincentivaría la contratación de los jóvenes sin formación); retraso en la edad de jubilación a los 65 años (lo que haría más inviable el sistema de pensiones); 35 horas de trabajo semanales y reparto del trabajo.

Como se deduce de las anteriores consideraciones, el soporte propositivo del documento es como si la economía española sólo tuviese un problema de demanda, por lo que con mayor gasto se recuperaría la economía y se crearía empleo. Es decir, como si en el flujo circular de la renta, que iguala en una economía cerrada tres agregados económicos (la producción, la renta y el gasto), pudiese aumentarse uno de los agregados independientemente de los otros dos, y como si la economía de un país fuese efectivamente cerrada.

Ninguno de estos supuestos se cumple. Por una parte porque si no se ha generado suficiente renta habrá que financiar el aumento del gasto, es decir, aumentar el endeudamiento, provocando un problema de financiación de difícil solución para un país tan endeudado como España, y en un marco de previsible desconfianza de los mercados financieros. Y, por otra parte, porque la economía española también tiene limitaciones de oferta, por lo que, en el supuesto de que se acumule renta para elevar el nivel de demanda, no existiría suficiente oferta competitiva adicional en todas las actividades que aumentan la demanda ni se podría improvisar en un corto periodo de tiempo, por lo que el aumento artificial de la demanda podría derivarse al exterior (importaciones), como de hecho se ha producido en cuanto ha repuntado ligeramente el consumo este año. Tanto es así que desde el inicio de la crisis todos coincidimos en la necesidad de un “nuevo modelo productivo”, que genere más valor añadido y provea de empleo a los excedentes de los sectores de la construcción e inmobiliario, sin que hasta ahora se hayan logrado avances significativos.

La desconsideración de las restricciones de la oferta es general en el programa, pues un aumento de los asalariados hay que combinarla con un aumento de la dotación de otros factores productivos, y esto no se produce porque lo diga un programa o un decreto, sino porque se abran nuevas empresas, nuevas líneas de producción, nuevos mercados. También parecen desconocer que si se aumentan los salarios algunas empresas podrían soportarlo, pero otras  dejarían de ser competitivas y tendrían que cerrar. Igualmente se olvidan de la oferta al parecer desconocer que una disminución de la jornada laboral restringiría la productividad, pues si bien podría ser factible en algunas unidades de producción, en otras difícilmente se trocea el trabajo para sustituir 5 horas semanales de 7 trabajadores a la semana por un trabajador adicional. La actividad económica exige flexibilidad, y en un mundo globalizado no parece que los casos de 35 horas semanales abunden como una fórmula de éxito, ni que los países que tienen mayor crecimiento lo consigan con la reducción de las horas de trabajo. En definitiva, es poco comprensible que en un programa económico para un país avanzado con dificultades económicas en un siglo XXI globalizado esté tan ayuno de la perspectiva de la competitividad, a excepción de lo que recoge en el apartado 5.2.5 (“aumentar la competitividad sin empobrecernos”), en donde denuncian que “el error de las políticas actuales es creer que la demanda externa puede convertirse en el motor más potente y más favorecedor de la economía española”.

Las actuaciones por el lado de la oferta

No obstante, en el programa se incluye el apartado 5.2.3 (“aumento de la inversión empresarial sostenible”), en el que se critica la política de grandes inversiones en infraestructuras de los últimos años, y se propone como alternativa invertir en “infraestructura social”, reforzando los servicios públicos como la educación, la sanidad y los servicios sociales. Tienen razón al criticar los excesos en infraestructuras de transporte subutilizadas, pero, en cualquier caso seguirá siendo necesario invertir en su mantenimiento y en otras infraestructuras por las que apuesta la Comisión Europea.

También en este apartado critican la colonización de la economía española por el capital extranjero, y proponen una nueva política fiscal que penalice la no reinversión de los beneficios, lo que no constituye precisamente un estímulo a la inversión, máxime si se suma a las propuestas ya comentadas de elevación de salarios, reducción de jornadas o el aumento de la cuota empresarial de la Seguridad Social. Sí es fácil estar de acuerdo con otras propuestas (no muy originales y sin concreción), como “realizar reformas administrativas que eliminen al máximo de lo posible los costes innecesarios que produce el mal funcionamiento de la administración” o “reducir los costes que imponen a las empresas productivas las que operan en servicios básicos de nula o muy baja competencia”, lo que imagino que se resolvería con un funcionamiento más independiente y ejecutivo de los órganos reguladores de los mercados.

Los autores no parecen tener suficiente consciencia de la limitada influencia de los gobiernos en la actividad económica de cualquier país desarrollado. Primero porque actúan en una economía abierta y globalizada, lo que determina una interacción de flujos económicos (mercancías, servicios, trabajo, rentas, capitales, tecnología,…) a los que es imposible sustraerse por el interés de los ciudadanos. Esa dependencia internacional se acentúa cuando, como es el caso de España, se participa en múltiples acuerdos internacionales y, especialmente, en la Unión Europea y el área euro, de las que emana la mayor parte de nuestra legislación económica, y que no puede modificarse a nuestro antojo porque solo representamos el 9,2% en términos demográficos y el 7,7% en PIB de la UE. Además, aunque estuviésemos aislados, en este país existen 47,7 millones de personas y 3,1 millones de empresas cada una de las cuales son libres para adoptar las decisiones económicas que estimen conveniente. En consecuencia, no se les puede obligar a consumir, ahorrar, producir o invertir lo que los gobernantes quieran. Los gobernantes podrán producir normas que generen incentivos favorables a determinados comportamientos, pero las normas también pueden generar incentivos negativos a muchos ciudadanos y empresas.

El derecho más exótico

El proyecto de programa se completa con algunos derechos adicionales, tales como a la vivienda, renta de inserción, permisos por nacimiento y/o adopción a cada progenitor pagados al 100%, universalización del derecho a la educación infantil desde los cero años, cobertura universal a las personas dependientes, disminución de la carga hipotecaria de las familias, Etc. Entre ellos, el más exótico es el derecho al crédito, pues los autores proponen el  “reconocimiento en nuestra Constitución de un principio que consagre el crédito y la financiación a la economía como un servicio público esencial”, para lo que proponen la “creación de banca pública y bancos ciudadanos de interés público” y “asegurar que la financiación llegue a las pequeñas y medianas empresas y a las familias que lo necesitan con tanta urgencia”. Dado que no se especifican los criterios para las concesiones de crédito es imaginable que los créditos se concederían no en función de la solvencia, sino de las necesidades de los demandantes interpretadas por los responsables políticos de turno, lo que equivale a que el derecho al crédito se convierta en derecho a tener dinero. Nunca la tradición de los partidos políticos españoles de pujar en sus programas con más y más derechos había llegado tan lejos. Además, se sigue apostando por la banca pública después de la experiencia de las cajas de ahorro.

¿Quién paga todo esto?

La gran restricción de todas las políticas de demanda y de servicios sociales es de carácter financiero. ¿Cómo financiar el extraordinario aumento del gasto público (92.000 millones de euros para las políticas sociales estimaba Pablo Iglesias, a lo que se sumaría la demanda de crédito público y otras inversiones)? En el apartado 5.2.4 del documento (“Mejorar la gestión pública y aumentar los ingresos del Estado”) deberíamos encontrar la respuesta. Sin embargo, en el apartado se establecen algunas medidas poco novedosas (“Combatir la economía sumergida y el fraude fiscal”), de escasa trascendencia presupuestaria (“Plan inmediato de ahorro público que detecte y permita evitar todo tipo de gasto innecesario”), enunciados de buena voluntad (“Reforma de la función pública que la haga ágil, compleja, versátil y flexible”), o expresiones sin concreción (“gran pacto entre las diferentes nacionalidades y comunidades que reconozca su singularidad y diversidad como elemento constitutivo de un nuevo equilibrio basado en la cooperación y en la corresponsabilidad ciudadana”).

Mayor precisión contienen las propuestas de reforma del sistema fiscal en las que se plantea un aumento de la recaudación basada en el aumento del impuesto de sociedades, la recuperación del impuesto sobre el patrimonio, mejora del IRPF para que paguen más los más ricos y una tasa a las operaciones financieras, lo que sumado a lo recaudado combatiendo el fraude fiscal aportaría unos ingresos adicionales de unos 77.000 millones de euros según Navarro y Torres, lo que no deja de ser una estimación muy optimista.

En el caso de que sean factibles estas reformas los ingresos que se recaudarían no bastarían para cubrir el extraordinario aumento del gasto y, además, los grandes cambios que proponen no se podrían aplicar de un día para otro, por lo que hasta que estuviesen operativos no quedaría más remedio que apelar a unos mercados financieros que, según los autores no estarían encantados con la llegada de Podemos al Gobierno, por lo que “muy previsiblemente encarecería la financiación, incrementando la factura por gastos financieros”.

La reestructuración de la deuda

El recelo de los mercados financieros a Podemos debe provenir de su primera propuesta económica en el programa para las elecciones europeas (“pagaremos solo la deuda justa”), y que ahora adquiere una formulación más ponderada (“reestructuración lo más ordenada posible”). Por reestructuración de la deuda se entiende la reducción de los tipos de interés, la ampliación de los plazos para pagarla, una quita en el monto total, o una combinación de estas alternativas. Su posibilidad tiene múltiples antecedentes, aunque no para países de la entidad económica de España, contaría con el rechazo de Alemania y la mayoría de los países europeos, exigiría la intervención de nuestro país por organismos internacionales, expulsaría a España de los mercados financieros, obligaría a pagar las obligaciones presupuestarias a tipos de interés mucho más elevados y tendría graves y perdurables efectos en nuestra reputación. Por otra parte, el volumen de nuestra deuda pública, aun siendo alta no es de las mayores del mundo, ni siquiera de Europa. Tal vez por estas consideraciones los autores del documento instan a una “estrategia cooperativa” con los países de la periferia europea, pero es poco imaginable que éstos quieran abordar un conflicto de esta envergadura que tendría graves costes de inestabilidad a corto plazo. Por otra parte, el volumen total de endeudamiento va disminuyendo, como también los intereses, y la integración del sistema monetario europeo debe permitir en plazos no muy lejanos la mutualización de la deuda a través de los eurobonos. Por todo ello, la reestructuración es una alternativa inoportuna e improbable.

El modelo sueco como referente

Según los líderes de Podemos el programa se inspira en el modelo socialdemócrata sueco, pero parecen desconocer que: a) el actual nivel de desarrollo económico, social e institucional de Suecia es consecuencia de décadas de desarrollo diferenciado, en los que no sólo se ha afianzado el Estado de Bienestar, sino también un sólido sistema económico basado en una intensa inversión en I+D, en empresas multinacionales innovadoras, en una cultura cívica y del trabajo que tiene sus bases en una moral más puritana, en un sistema educativo excelente y en una democracia envidiable con instituciones transparentes desde el siglo XVIII; y b) que en Suecia y otros países escandinavos la socialdemocracia ha sabido adaptarse más rápida y eficazmente a las características de un mundo globalizado que exige ser más productivo y flexible.

Por ello, el programa económico de Podemos suena a las propuestas e ideas de la socialdemocracia emergente en la Europa de la década de los sesenta. Algunos han encontrado un paralelismo entre el programa de Podemos y el del PSOE para las elecciones de 1982, programa que Felipe González tuvo que guardar en un cajón cuando accedió al gobierno. También otros gobiernos se han desdicho de su programa electoral en España. El último fue el de Rajoy tras las elecciones de 2011, pero esa inmoralidad no es aceptable en un país que está harto de degradación democrática, y no hay nada más degradante en el juego político que la mentira institucionalizada.

El comienzo de la decadencia

Podemos irrumpió en la escena política española con un extraordinario resultado en las elecciones europeas. Con el malestar ciudadanos por las implicaciones de la crisis económica, y con los caldos de cultivo del movimiento 15-M, antidesahucios y otros, supieron explotar la rabia social por los casos de corrupción y la degradación institucional, lo que sus líderes supieron combinar con habilidad dialéctica y radicalidad de planteamientos. El creciente apoyo popular según las encuestas les llevó a plantearse la posibilidad de convertirse en un partido de gobierno, por lo que decidieron cambiar el programa que presentaron a las elecciones europeas, para lo que encargaron su elaboración a dos profesores universitarios con un curriculum respetable.

El resultado ya se conoce: han cambiado su programa político de forma sustancial en unos meses, lo que no ofrece seguridad sobre sus planteamientos futuros, pero lo más significativo es que al hacerlo público han perdido la candidez y han expuesto a la luz su inviabilidad e inconsistencia.

España en la inversión directa internacional

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Un amplio grupo de colegas hemos publicado una extensa investigación acerca la IED española, que profundiza en su evolución, sus determinantes y sus efectos sobre la economía española. A continuación, resumo algunos de sus principales aspectos.

1.- Evolución comparada de la IED española

El análisis de la inversión exterior directa de España ha de insertarse en el marco de imparable aumento del stock acumulado de inversión mundial durante las tres últimas décadas, con crecimientos espectaculares en los años finales del decenio de 1990 y en buena parte de los años 2000, en los que por fin ha tenido lugar una destacad desviación de los de las operaciones de las empresas multinacionales (EMN) hacia las economías emergentes, auspiciando más su desarrollo, al tiempo que atraídas por él.

Pues bien, España ha participado de forma muy notoria de este proceso, más pronto como receptor neto de inversiones exteriores que como emisor sobresaliente, situación en la que alcanza relieve ya mediada la década de 2000. En efecto, las inversiones procedentes del exterior iniciaron su rápido ascenso en torno a 1990, cuando ya anotaron el 3,2 por 100 del total mundial, un porcentaje que perderían enseguida, dada la notable expansión de los flujos internacionales, pero que recuperarían en 2007. En cambio, la inversión de las empresas españolas en el exterior es un proceso más lento en sus orígenes, pero se convierte en espectacular en el decenio de 2000, logrando el 3 por 100 del total mundial en 2007.

Así pues, durante la década de 2000, España avanza a pasos agigantados por la senda propia seguida por los Países desarrollados, pasando de receptor neto de inversiones a importante inversor en el exterior, con un volumen de stock de capital de las EMN extranjeras en el territorio nacional que iguala el que poseen en el exterior las EMN con origen en España.

La crisis actual ha hecho a España retroceder posiciones relativas, pero sin que se haya resentido el volumen de ambos stocks financieros, el de las inversiones recibidas y el de las enviadas al exterior, que, por el contrario, ha seguido creciendo, y más que en otros países europeos. Esta aparente paradoja se explica porque todos los Países Desarrollados se han visto negativamente afectados en sus cuotas en la inversión mundial por el ascenso de los Países en Desarrollo, no sólo como receptores, sino también como activos emisores de inversiones exteriores, realizando por un amplio elenco de nuevas multinacionales.

En la atracción de inversiones exteriores, España ha alcanzado ya ratios de intensidad inversora, es decir de stock de inversión recibida en relación al PIB, solo inferiores a los de Reino Unido. Aumentarlos supone pues todo un reto, que debe y puede conseguirse. Las inversiones realizadas en otros países permiten aún un recorrido más amplio, dado que es posible aspirar a detentar los mismos porcentajes de actividad inversora con respecto al PIB que poseen los otros socios comunitarios de gran dimensión. Baste decir al respecto que la relevancia de las EMN españolas como compradoras de empresas extranjeras es todavía débil en comparación con la que registran como vendedoras, rasgo que las separa de las alemanas, británicas o francesas.

2.- Distribución sectorial

Desde una perspectiva de los grandes agregados sectoriales, las inversiones recibidas por España se han implantado sobre todo en las actividades de servicios, si bien anotan una magnitud desproporcionada, en comparación con los países comunitarios de mayor dimensión, en energía, agua y electricidad, fundamentalmente merced a la venta de la empresa Endesa a la italiana Enel. En las manufacturas, sobresalen las posiciones de las EMN extranjeras en minerales no metálicos, alimentos bebidas y tabaco, metalurgia, química, vehículos automóviles y productos farmacéuticos. Todas estas actividades, excepto la química, acrecientan su peso en el total durante el periodo contemplado. Algunas, como alimentos, complementan un tejido productivo muy extenso creado por el capital nacional, pero las demás han contribuido a generar una estructura productiva con un buen desarrollo de los sectores de contenido tecnológico medio-alto y medio-bajo, lo que pone de manifiesto el interés de las empresas extranjeras de buscar los huecos existentes en el mercado nacional, sustituyendo con frecuencia importaciones. De ahí el carácter horizontal de la IED recibida. Esta inclinación hacia los espacios menos competidos por las firmas nacionales se capta bien en los análisis realizados acerca de los determinantes de las inversiones recibidas.

Las inversiones de las firmas españolas en el exterior han seguido un patrón sectorial análogo al de las empresas de los países comunitarios de mayor dimensión, primando igualmente las actividades de servicios, sobre todo las de intermediarios financieros y telecomunicaciones, y las de energía. En las manufacturas, sobresalen los productos de minerales no metálicos, metalurgia, química y alimentación, bebidas y tabaco, y vehículos y piezas.

3.- Países de origen y destino

En lo que concierne a este aspecto, hay que señalar la importancia de los países europeos en ambos frentes, más en las inversiones recibidas que en las realizadas en el exterior. Entre los inversores en España también despunta EEUU. El período más reciente ha visto afirmarse el peso de Italia, cuyas empresas detentan el primer lugar por volumen de stock de inversiones en 2011, y una creciente penetración de economías en desarrollo, particularmente México y Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Israel y Argentina, a las que se une Portugal.

En la distribución de las inversiones extranjeras dentro del territorio nacional, se han calculado “efectos sede”, que indican una fuerte disociación entre la localización de las sedes -y en especial del stock de IED- y la de los activos reales, representados por el inmovilizado material. La Comunidad de Madrid es la región que cuenta con “efectos sede” de forma generalizada, en el plano agregado y en las agrupaciones sectoriales, percibiéndose la aparición de más regiones con efectos sede en algunas de las diversas actividades manufactureras, Cataluña especialmente. Resulta interesante comprobar que el reparto regional de los inmovilizados materiales de las filiales del capital extranjero guarda una relación mucho más palmaria con la dimensión de las regiones que el reparto de los capitales accionariales de las empresas.

Como en el caso de las recibidas, en las inversiones realizadas en el exterior se aprecia también una clara especialización en Iberoamérica, explicable por los lazos culturales e idiomáticos de España con esa zona, que resulta paralela a la que otros países tienen, por razones semejantes, en otras áreas (Reino Unido en Norteamérica, Asia y África). En todo caso, España disminuyó con celeridad la entidad de América Latina en la localización de sus inversiones exteriores en los primeros años de este siglo, continuando la trayectoria de progresiva y amplia diversificación propia de los países más desarrollados y el notable estímulo recibido de la integración en la Unión Europea. No obstante, tiene pendiente una mayor penetración en los países asiáticos, en los que los socios comunitarios (con apenas relieve en América Latina) gozan de una superior implantación.

4.- Rentabilidad

La rentabilidad implícita de las inversiones en España, tanto de las realizadas por EMN extranjeras en el territorio nacional, como de las acometidas por empresas ubicadas en España en otros países, se encuentran en línea con las alemanas y por encima de las francesas e italianas, todas ellas inferiores a las británicas. Durante los años de crisis, la rentabilidad se ha aminorado, aunque manteniéndose en niveles muy aceptables en el caso de la inversión de España en el exterior. La apreciable rentabilidad obtenida es un resultado sumamente relevante, porque indica la presencia de estímulos y atractivos esenciales de cara a la continuidad de ambos tipos de inversiones y, sobre todo, porque sanciona y consolida las estrategias practicadas por las EMN extranjeras y nacionales, con promesas de continuidad que deberían facilitar el ascenso de la actividad inversora en los años venideros.

Más concretamente, los resultados económicos cosechados por las EMN extranjeras que se obtienen del Registro de Inversiones Exteriores han sido notables, no muy distintos de los de sus competidoras nacionales, máxime en la etapa expansiva de 2003 a 2007, un año este último con cifras del 14,2 por 100 en relación a los fondos propios de las empresas. La crisis ha reducido estas cifras sensiblemente.

En lo que se refiere a la rentabilidad de la inversiones españolas en el exterior creció con enorme pujanza entre los años 2003 y 2007, alcanzando en el último de ellos una cifra ciertamente muy elevada (17,1 por 100), empujada por la expansión del PIB mundial. La situación cambió radicalmente en 2008 y 2009 con motivo de la crisis, al reducirse las cifras prácticamente a la mitad. Pero su singular impacto acaba aquí, pues en los años siguientes, en este plano agregado, la rentabilidad no se aleja mucho del promedio de la fase expansiva, beneficiándose del mayor crecimiento de las economías en desarrollo.

Por lo demás, la rentabilidad obtenida por las empresas españolas en el exterior supera la que se obtiene en el plano nacional, por firmas nacionales y extranjeras, lo que debe interpretarse como un respaldo de la estrategia seguida por las empresas españolas en sus inversiones exteriores, que ha redundado en su fortalecimiento competitivo. Es también la expresión de que el acceso a los mercados en rápida expansión ha sido un determinante principal, como concluyen los estudios disponibles sobre los determinantes de esta inversión.

5.- Determinantes de la IED

En la vertiente de la IED recibida, el acceso al gran mercado español en rápida expansión figura como el principal determinante, especialmente en las actividades de intensidad tecnológica media-alta y alta, muy dependientes de las importaciones. La integración en la Unión Europea también ha desempeñado un notorio papel, pues ha incrementado significativamente el atractivo de España como país de establecimiento de EMN, al garantizar políticas más abiertas y competitivas, en mayor sintonía con las de sus socios comunitarios. La estabilidad macroeconómica y el crecimiento sin desequilibrios aparecen también como grandes atractivos.

De aquí se infiere que la recuperación económica y un crecimiento más equilibrado, asentado en una economía más flexible y con funcionamiento más competitivo de los mercados, con menos trabas para los negocios y una decidida apuesta por la innovación y el capital humano, son piezas claves del estímulo de la IED recibida.

En la esfera de la inversión realizada por España en otros países, el condicionante básico ha sido la expansión de las compañías españolas, buscando afirmar sus economías de escala de empresa y rentabilizar sus activos intangibles, con mercados cercanos geográfica y culturalmente y con gran potencial de crecimiento, como los de los países al norte de España, y máxime los de Iberoamérica. Han escapado así de las limitaciones del mercado nacional y de las barreras de entrada para introducirse en esos otros mercados a través de las exportaciones, que en el caso de los servicios derivan de la naturaleza propia de las actividades. Es un proceso que ha avanzado de la mano de la expansión de las exportaciones, protagonizado por las compañías de mayor tamaño y productividad más elevada, que son también las que se han dirigido a destinos más lejanos.

De ello se deduce que el fortalecimiento de las empresas españolas, el incentivo al acrecentamiento de su productividad y a la acumulación de intangibles son puntos esenciales del avance en sus inversiones. En realidad, las mismas políticas que atraen inversiones exteriores auspician inversiones en el exterior.

6.- Efectos sobre la economía española

El impacto de la actividad de las filiales de EMN extranjeras sobre la economía española ha sido positivo, propiciando el crecimiento del PIB, el aumento del empleo y de las exportaciones y una mayor eficiencia de las empresas nacionales. A través de un modelo de equilibrio general computable, este libro ofrece una valoración global de los efectos de diversa índole derivados de sus inversiones en España entre los años 2006 y 2013, concluyéndose que habrían ayudado a elevar el empleo en un 5,25 por 100, a recortar la tasa de paro en 3,15 puntos porcentuales, a incrementar los salarios reales en un 1,89 por 100, brindando con ello un aumento del bienestar de los españoles de un 2,79 por 100. Por otro lado, también se estima la contribución de las EMN a las exportaciones que resulta ser apreciable (un 30 por 100 del total), sobre todo en aquellos sectores en los que su presencia es mayor.

También ha sido muy favorable el impacto de las inversiones realizadas por las empresas ubicadas en España en otros países. En efecto, a pesar de tratarse fundamentalmente de inversiones horizontales, potenciales sustitutivas de las efectuadas en el mercado interior, la repercusión sobre el empleo nacional parece haber sido positiva, según se desprende de la estimación contenida en este libro, y también parecen haberlo sido los efectos sobre la cualificación laboral, el esfuerzo tecnológico y las exportaciones de las empresas involucradas, aspectos sobre los que igualmente se ofrecen sendos análisis.

Las empresas inversoras en el exterior, entre las que se encuentra una apreciable proporción de las filiales extranjeras en España, destacan por su dimensión, su productividad del trabajo, su esfuerzo tecnológico, la cualificación de su mano de obra y su elevado gasto en formación, aspectos que probablemente remiten a una mayor calidad de su gestión.

Pues bien, esta incidencia positiva de la IED sobre la economía española debe actuar como estímulo para reforzar la política de promoción de la inversión exterior seguida, que merece una alta calificación, pero cuyos frutos pueden aumentarse en los próximos años, complementando las buenas prácticas que caracterizan a sus agencias de promoción, con el ICEX en un lugar muy prominente, con algunas otras que exhiben las oficinas más innovadoras de algunos de los países desarrollados.

 

Universidades: ¿cambio de curso?, por Juan Antonio Vázquez

Nuestro compañero Juan Antonio Vázquez nos envía esta entrada sobre universidades, muy oportuna en estas fechas de inicio del nuevo año académico.

En la Universidad suenan tambores de cambio. De un cambio que va mucho más allá de las medidas de reforma que el ministro Wert propone en este comienzo de curso: ligero maquillaje de la acreditación del profesorado; suave lifting en la creación de Universidades y Centros (olvidando cuestiones fundamentales); y cambio (opcional) de 4+1 a 3+2 en la estructura de las enseñanzas (bienvenida la propuesta para las universidades con capacidad de aplicarla, pero ya se pueden preparar muchas otras para el lío que se avecina).

No parece, sin embargo, que con eso baste para “cambiar el curso” que están siguiendo las universidades ni para afrontar la envergadura de sus verdaderos retos. La transformación es consustancial a la Universidad, pero ahora se apuntan tendencias que podrían modificar sensiblemente el mundo universitario tal como lo conocemos y entre las que destacan algunas de tanto alcance como las siguientes.

1) La renovación de la demanda de enseñanzas, cualificaciones y modelos educativos. Los modelos que han venido funcionando hasta ahora están puestos en cuestión y se abren paso nuevos modos de organizar y ofrecer las enseñanzas, que han de adaptarse a una renovada y cambiante demanda de cualificaciones y a un reforzamiento de los lenguajes universitarios relacionados con la empleabilidad y el desarrollo económico.

Las formas en que los estudiantes participarán de la educación también experimentarán transformaciones muy significativas, con cambios en la presencialidad y dedicación a tiempo completo y en la propia duración de los estudios, con estudiantes que tomarán cursos de distintas instituciones, con diversas modalidades y estrategias.

Por lo demás, se diluirá la importancia de los títulos formales y con reconocimiento que ahora otorgan las universidades, con la emergencia de patrones de titulaciones alternativos y paralelos a los actuales, que tendrán más relevancia para más estudiantes en más partes del mundo. Los títulos académicos pueden perder, por ello, importancia frente a programas y credenciales que tendrán para los empleadores un valor similar al de las certificaciones universitarias.

2) El aumento de la educación transnacional y la oferta educativa. Esos cambios en la demanda irán acompañados por cambios en la oferta, en los que se aprecian tendencias significativas. Por un lado, una creciente diferenciación entre universidades y en especial un aumento de la brecha entre las universidades de élite y el resto.

Por otro lado, una recomposición de la oferta a favor de nuevas áreas universitarias emergentes, en particular asiáticas, y de nuevas instituciones y agentes proveedores de educación, que romperán definitivamente el monopolio universitario de la enseñanza superior y pueden llegar incluso a amenazar su hegemonía.

Además, se asistirá a una expansión de la educación transnacional, canalizada a través de diversas vías, como las ramas de campus internacionales (concebidas como “hubs” o bases educativas), nuevos mercados y enseñanzas a distancia, y cambios en las vías tradicionales de movilidad, combinando los intercambios de estudiantes con la exportación de enseñanzas.

3) El desarrollo de nuevas dinámicas de competencia y cooperación universitaria. La dinámica del escenario universitario global es la de una mayor presión de la competencia, guiada por un mercado principal basado en la reputación universitaria, asentada en una mayor diferenciación de las universidades y soportada por instrumentos como los ranking, convertidos en elementos de institucionalización de esa competición y árbitros de la excelencia universal.

Esa competencia se plasmará en todos los terrenos: en la captación en número y calidad de estudiantes, en la intensificación de la carrera por la atracción de talento, en el impacto de la investigación y en el prestigio de la institución.

Pocas universidades pueden afrontar por sí solas los desafíos de esa competición y ello lleva a la necesidad de una mayor cooperación entre instituciones y a nuevas estrategias que apuntan al desarrollo de alianzas estratégicas y de redes de colaboración para compartir capacidades complementarias y ofrecer programas conjuntos e integrados.

4) La irrupción del componente educativo “on line”. Las nuevas tecnologías están revolucionando el orden que conocemos en el mundo educativo. Los recursos docentes están en abierto en la red, la gente desea estudiar a la carta, dónde, cuándo y como quiere. Las experiencias de aprendizaje ya están tanto dentro como fuera de las aulas.

El desarrollo de las enseñanzas “on line” y, en particular fenómenos como el de los MOOCs, suponen un hecho casi disruptivo de amplio alcance y consecuencias. Las certificaciones (pagadas) de cursos “on line” (gratuitos) pueden inundarnos de titulados por las universidades de mayor prestigio y plantean la cuestión de cómo afectará a la organización de los actuales títulos académicos.

Todo ello tiene efectos, cuyo alcance completo no percibimos plenamente todavía, que nos llevan a revisar nuestros roles como educadores, a desarrollar modelos híbridos y colaborativos, pasar de los libros a las “app” y las tabletas y comporta cambios radicales para la docencia, la investigación, la organización y los recursos, exigiendo profundos esfuerzos de adaptación y transformación a la universidad tradicional

5) La aparición de nuevos esquemas de financiación y organización. Tendencias como las que se acaban de señalar, facilitan el desarrollo de modelos de bajo coste y comportan transformaciones de alcance en la configuración de las estructuras universitarias.

Se abren paso, además, nuevos esquemas organizativos en que los objetivos de eficiencia se imponen; en que priman las técnicas de carácter más gerencial y las estructuras más descentralizadas, flexibles, ágiles y adelgazadas; y en que se abre paso la necesidad de revisar la actual configuración de los sistemas de gobierno universitarios.

Asimismo se aprecian tendencias hacia una mayor participación de la financiación privada o de la soportada por los propios usuarios que, al tiempo que amenaza el carácter de la educación superior como bien público, obliga a las universidades a diversificar sus fuentes de financiación y obtener mayores rendimientos y recursos de su funcionamiento, actividades y servicios.

Este conjunto de profundas transformaciones comporta indudables riesgos para las instituciones que no consigan adaptarse a los cambios, pero ofrece igualmente valiosas oportunidades para las que sean capaces de desarrollar las estrategias adecuadas de adaptación a esas nuevas tendencias. Y ése es el gran desafío para la universidad española. Algo que va mucho más allá, desde luego, de la anunciada mini-reforma del ministro Wert y hacia lo que debería orientarse toda reforma que aspire a algo más que a resultar un puro maquillaje y a promover, desde este inicio del curso, un verdadero “cambio de curso” en la trayectoria de las universidades.

Un nuevo modelo económico para España. Reformas estructurales para la recuperación y el crecimiento. Número 25 de la revista Mediterráneo Económico

He coordinado este número de la revista Mediterráneo Económico que edita la Fundación Cajamar. Recojo a continuación el comienzo de la introducción, así como la dirección de la página web desde la que se pueden descargar los artículos que lo integran y también el número completo (http://www.publicacionescajamar.es/publicaciones-periodicas/mediterraneo-economico/).

La economía española se encuentra hoy a las puertas de una frágil recuperación de la profunda crisis económica que ha atravesado durante los últimos seis años. El ritmo que alcance esta recuperación depende crucialmente de la expansión de la demanda efectiva en España y en el resto del mundo, hacia el que se dirigen, en elevada y creciente proporción, los productos españoles. No depende fundamentalmente de las reformas estructurales que se realicen. Como acertadamente recuerda Paul de Grauwe, uno de los analistas europeos más distinguidos, estamos ante una crisis de demanda, no de oferta, y los instrumentos fundamentales para atajarla son las políticas macroeconómicas expansivas. Cuando los economistas de hoy buscan resolver problemas de demanda con herramientas propias de la oferta se equivocan, como lo hicieron también en los años setenta del pasado siglo al intentar hacer lo contrario, resolver problemas de oferta, los derivados del alza del precio del petróleo y otras materias primas, así como de los salarios, con herramientas de demanda, que solo provocaron más inflación y desempleo.
¿Quiere esto decir que las reformas que se discuten y anuncian no son necesarias? Nada de eso, son fundamentales desde tres perspectivas. La primera de ellas, conseguir acciones más decidas y am¬biciosas de Alemania, Francia y otros países europeos para expandir la economía europea, enterrando la equivocada política de austeridad seguida hasta ahora. Este es el efecto más importante de las reformas realizadas hasta ahora. La segunda perspectiva, maximizar la respuesta de la producción y el empleo españoles ante la esperada recuperación de la economía europea; y la tercera, sin duda la más importante, asegurar el crecimiento económico futuro de España sobre bases más firmes y sostenidas, esto es, con menor propensión a los desequilibrios macroeconómicos, y siguiendo sendas más apacibles, más semejantes a las de nuestros socios comunitarios.
No cabe duda de que las reformas realizadas hasta ahora, principalmente la del mercado de trabajo y la del sistema bancario, han conseguido el beneplácito de las autoridades comunitarias, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, así como del Fondo Monetario Internacional, organismos que siguen pidiendo nuevas reformas, y la profundización en las ya realizadas, aunque no siempre con mucho fundamento ni convicción, a menudo solo como un eco de los grupos aferrados a la equivocada idea a la que hemos aludido al comienzo de este texto: que las políticas de oferta son la clave en la resolución de la actual crisis de demanda. Tampoco caben muchas dudas de que el beneplácito conseguido de las instituciones señaladas ha restaurado en una medida apreciable la confianza de los inversores internacionales en la economía española, favoreciendo nuevas entradas de capital extranjero, y ello a pesar del evidente deterioro institucional que vive España, que amenaza su estabilidad social y política.
En todo caso, el elenco de reformas a realizar es muy amplio, tanto como la magnitud de la crisis vivida. No hay espacio de las instituciones económicas que no requiera arreglo, y en muchos casos, la eficacia de las nuevas reglas y ordenamientos va a depender de cambios en las instituciones políticas. Por otra parte, aunque en la tipología de países que ofrece el World Economic Forum, España se sitúa entre los más avanzados, es decir, entre aquellos en los que la clave para el crecimiento de la productividad del trabajo se encuentra en la innovación y singularización de los productos, las reformas no pueden limitarse a fortalecer este aspecto clave, sino que deben cubrir aún un am¬plio espacio para la mejora de la eficiencia económica, a través de una regulación más eficaz de los mercados de factores, bienes y servicios, así como de las actividades e ingresos de la Administración pública. En lugar de avanzar en este terreno, la década de 2000 supuso un retroceso, como muestra el estancamiento en la Productividad Total de los Factores (PTF), el indicador preferente de eficiencia y progreso técnico. Por otra parte, la innovación exige un mayor esfuerzo en I+D pero trasciende con mucho este requisito básico. Requiere también de un sistema tecnológico mejor diseñado (más eficiente en protección de la innovación, y en transferencia y difusión del avance tecnológico), de la mejora de la financiación de las empresas, hoy sensiblemente restringida por la crisis bancaria, y de avances muy sustanciales en el capital humano, de la apuesta por los mercados exteriores, más exigentes y fuente de nuevos productos, así como de unidades productivas de mayor tamaño. Las relaciones estrechas entre tamaño empresarial, innovación e internacionalización, que se alimentan mutuamente, constituyen un centro clave de reforma en una economía madura como la española. Pero como se desprende de los trabajos que se incluyen en este número, descansan de manera crucial en el capital humano, un activo algo abandonado durante los años de crisis, y que, en todo caso, no ha adquirido la dimensión y el respeto que merece en nuestra sociedad.
Pues bien, siguiendo estas pautas, este nuevo número de la colección Mediterráneo Econó¬mico que se introduce aquí, el 25, reúne diecinueve contribuciones de especialistas y profesionales destacados en diversos ámbitos económicos, y se ordena en cinco apartados, que son los siguientes: 1) flexibilización de los mercados; 2) fiscalidad y reforma de la Administración pública; 3) capacidad empresarial, financiación e internacionalización; 4) innovación y política industrial; y 5) capital humano. Esta ordenación destaca en los dos primeros lugares aquellas reformas que reclaman una mayor urgencia, y de hecho están siendo abordadas o lo serán en un breve plazo. No son sin embargo las únicas iniciadas ya; otras, como la sanidad, las pensiones y la educación también lo han sido aunque con diverso grado de acierto. Así mismo, difieren en el grado de urgencia que poseen y en el horizonte en el que pueden conseguirse, como se puede deducir de los artículos incluidos en este número monográfico. En particular, en los dos últimos lugares figuran las más importantes, difíciles de realizar y con un horizonte temporal de implementación más largo: innovación y capital humano, aquellas en las que España tiene el reto más formidable, y que de ser adecuadamente abordadas la situarán de nuevo en el camino de una rápida convergencia con los países líderes de Europa.

Relocalización del calzado, por Carmen Martínez Mora y Fernando Merino de Lucas

Los profesores Carmen Martínez Mora (Universidad de Alicante) y Fernando Merino de Lucas (Universidad de Murcia) nos envían esta interesante entrada acerca de un tema en el que trabajan desde hace algún tiempo y en el que son pioneros.

Estamos asistiendo en los últimos cinco años a un proceso creciente de relocalización en los países más avanzados (EEUU y Europa) de producciones desplazadas en años anteriores a países de menor desarrollo, fundamentalmente al Sudeste Asiático. Así se describe el fenómeno en diferentes medios de comunicación en los que con frecuencia se difunde la noticia (The Economist, 2012; The New York Times, 2013; El País, 2013; ALdE, 2013,…). Sin embargo por ser este hecho tan reciente y por la dificultad de encontrar datos del mismo, disponemos todavía de muy pocos estudios empíricos que lo analicen.
Quienes firmamos estas líneas hemos estudiado este proceso para el sector del calzado de la provincia de Alicante, donde se concentra el 65 por ciento de la producción de toda España (FICE, 2012). Las conclusiones obtenidas en el estudio para este caso pretenden contribuir a explicar lo que está sucediendo en relación con estos aumentos de fabricación en los países más desarrollados y sus implicaciones en las deslocalizaciones que previamente se habían llevado a cabo. Destacamos las siguientes.
A finales del siglo pasado y principios de éste se produjo en el sector del calzado español un proceso importante de deslocalizaciones, concentradas mayoritariamente en China, tras una etapa previa de deslocalizaciones en el mismo país de los principales líderes internacionales (Industrial Commodity Statistics Yearbook 2001). En todos los casos la actividad deslocalizada fue la fabricación, manteniendo en España las tareas de diseño, marketing, calidad, innovación, distribución y cierto grado de la fabricación. Esta estrategia consistía en localizar la fabricación de un producto intensivo en mano de obra en el país que en aquellos años disponía de las mayores ventajas comparativas en costes laborales, de acuerdo con las previsiones del análisis teórico (Ricardo, Heckscher-Ohlin). Asimismo respondía a la misma estrategia previa de los principales rivales internaciones, de modo que, en el contexto de globalización existente, parecía la estrategia óptima para no perder cuota de mercado e incluso para permanecer en el mismo (Knickerbocker).
Sin embargo, en el transcurso de los últimos cinco años todas las empresas del estudio que deslocalizaron están aumentando la fabricación en España por razones diversas.
En los casos en los que la estrategia deslocalizadora se considera fallida al no generar los resultados de crecimiento perseguidos, las empresas han relocalizado su fabricación a España, sin intención de volver a fabricar en el extranjero, y potenciando el distintivo “Hecho en España”. Se trata, en su mayoría, de calzado de gama media-alta y alta. Para este tipo de producto, la literatura teórica predice que la estrategia adecuada es la que mantiene internalizada en el extranjero la fabricación a través de filiales propias (Antràs, 2003; Antràs y Helpman, 2004; Myro y Fernández-Otheo, 2008), a diferencia de lo que habían hecho las empresas mediante la práctica de subcontratación.
En los demás casos (calzado de gama media), la fabricación en España está aumentando, no por fallos de la estrategia de deslocalización, que se ha desvelado como irreversible, sino por factores externos a las empresas. Estos factores no existían cuando se acometieron los procesos de deslocalización y, en la coyuntura actual, hacen que relocalizar resulte una estrategia para mantener su competitividad.
Estos cambios recientes son de tres tipos. Primero, la reducción del diferencial de costes de fabricación en China y España de los últimos años, provoca que sólo sea rentable contratar allí cantidades a gran escala, pero no cuando son reducidas. Segundo, la crisis económica ha debilitado la demanda, por lo que las empresas reciben de los clientes minoristas pedidos más pequeños que antes y en función de la evolución de las ventas piden reposiciones, que no se pueden cubrir con fabricación china por cuestiones de cantidad y de plazos de entrega. Y tercero, se está imponiendo en los últimos años un cambio en el patrón de distribución, que supone el incremento de las temporadas tradicionales en las que se introducen nuevos modelos. Se ha pasado de dos temporadas a cuatro, lo que requiere de pequeños lotes que han de fabricarse en plazos de tiempo cortos para las colecciones adicionales, lo que tampoco es viable subcontratándolo a China.
Uno de los objetivos de esta relocalización es una distribución más eficiente, que se está convirtiendo en uno de los pilares de competitividad de las empresas del sector, sin que ello suponga una renuncia al desarrollo de nuevas deslocalizaciones. Por otro lado, si estas tendencias se confirman en el tiempo podrían llegar a constituir la base de una cierta recuperación para actividades industriales en España.

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