Convergencia en la Eurozona, ¿será alguna vez real?

La convergencia real supone no sólo mejorar, sino hacer las cosas mejor que los demás.

Recientemente se confirmó que el crecimiento de la economía española fue en 2017 de un 3.1%. Aunque la cifra es provisional, resulta algo tranquilizadora, pues de ello depende la recaudación impositiva y, en principio, el cumplimiento de la cifra de déficit público y la salida de España del Procedimiento de Déficit Excesivo. Sin embargo, junto con el crecimiento del PIB español se anunció el del resto de la Eurozona y de la UE, que fue en ambos casos del 2.5%. Y la previsión es que España crezca alrededor de esa cifra (un 2.4%) en 2018, acabándose el más reciente (y breve) episodio de convergencia para la economía española… cuando más falta hacía que éste fuera prolongado.

Hace unos años se habló mucho de convergencia, vinculada ésta al cumplimiento de los denominados “criterios de Maastricht” que se adoptaron con el fin de determinar qué países pueden formar parte de la Unión Monetaria Europea. Estos criterios siguen aplicándose a los países que aún no son socios y fueron fruto de un acuerdo “ad hoc” más que el resultado de un análisis basado en la teoría económica. De hecho, la “Teoría de las Áreas Monetarias Óptimas” incluye una serie de requisitos que nada tienen que ver con los famosos criterios de convergencia.

En la actualidad, la falta de relevancia económica de los dichos criterios (a los que se denomina “nominales”, pues se referían a inflación, tipos de cambio y tipos de interés nominales, además de déficit y deuda pública) se reconoce abiertamente por la propia Comisión Europea. Por ese motivo, está sobre la mesa una propuesta de la Comisión Europea para la creación de un “Fondo de Acceso al Euro”, con el fin dar asistencia técnica e incluso financiera a los países candidatos. Esta propuesta, realizada en el discurso sobre el Estado de la Unión, se ha concretado en una nota publicada en octubre. Según la Comisión, los criterios de Maastricht no reflejan lo que ocurre en la economía real y ello puede comprometer la capacidad de los países para beneficiarse del euro. Diversos aspectos, como la reforma de los mercados de trabajo y de los mercados de bienes y servicios, se recogieron de manera laxa en la gobernanza de la Eurozona a través de mecanismo abiertos de coordinación. Sin embargo, estos mecanismos se mostraron insuficientes y dichas reformas estructurales no se abordaron por la mayoría de los países miembros a principios de los años 2000, que es cuando se deberían haber realizado. Ahora la Comisión insiste en la importancia de la competitividad y de mejorar el funcionamiento de las instituciones y de los mercados, algo que aún está pendiente en muchos de los miembros de la Eurozona.

En realidad es la convergencia real la que interesa desde el punto de vista de los ciudadanos, pues con ella se mide si nos acercamos en términos de bienestar o riqueza relativa a los países más avanzados de nuestra área. La convergencia real suele medirse en PIB per capita e igualando la capacidad adquisitiva. Recientemente el “think-tank” CEPS ha analizado la evolución de la convergencia real desde la creación del euro, distinguiendo por diferentes grupos de países y desagregado por regiones. El Gráfico 1 muestra la llamada “convergencia beta”, es decir, si en un período determinado las regiones que partían de un menor PIB per cápita han crecido más rápido que las demás. En dicho gráfico las regiones que han convergido en el período 2000-2015 son las que se encuentran en cuadrante superior izquierdo, puesto que partían de una riqueza por debajo de la media (eje horizontal) y han crecido más rápido que la media. También en la parte superior, pero a la derecha, estarán las regiones que, partiendo por encima de la media, han crecido también más que la media. En la parte inferior del gráfico están las regiones de crecimiento negativo. Como puede verse, son las regiones de los países periféricos (triángulos verdes) las que salen peor paradas, puesto tanto aquellas con menor como con mayor renta han experimentado un crecimiento total negativo, empeorando su situación. La única excepción en toda la UE es el País Vasco (un triángulo verde situado un poco por encima del eje horizontal y cerca del 120% de la renta media europea). Convergen (puntos rojos) la mayor parte de los países de Europa Central y Oriental (PECO), mientras que los resultados son variados en las regiones de los países del noroeste (Alemania, Dinamarca, Países Bajos, Países Nórdicos, etc.). En general se mantienen por encima de la media, pero un buen grupo tiene crecimiento negativo.

Gráfico 1: Convergencia beta por regiones europeas. 2000-2015.

Países de Europa central (rojo), periferia (verde) y Noroeste de Europa (negro)

 

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Fuente: CEPS(2018)

 

 Es cierto que los resultados habrían sido distintos si hubiésemos dividido el período en dos bloques (antes y después de la crisis). Con el fin de poder ver la evolución de España, he confeccionado un gráfico que compara la evolución del PIB per cápita en España y Alemania, utilizando también datos en paridad del poder de compra (Gráfico 2). Como puede verse, las crisis del petróleo y el aumento del desempleo de los años 80 abrieron la brecha entre ambos países antes de la entrada en la UE en 1986. Sin embargo, dicha brecha se mantiene prácticamente constante hasta el inicio del milenio: sólo con la entrada en la Eurozona ésta se va cerrando (España va convergiendo en términos reales hacia Alemania). La crisis financiera internacional ha vuelto a ampliar la brecha. Desde 2014 (éste es el último dato del gráfico) España ha crecido sustancialmente más que Alemania y ha compensado una parte del diferencial, pero éste sigue siendo preocupante. ¿Por qué? Pues porque para converger es necesario crecer sistemáticamente y durante muchos años a una tasa mayor que el país al que queremos alcanzar. No lo hemos logrado, ni siquiera lo hicimos de forma decidida con la entrada en la UE. Hay un problema claro de falta de eficiencia y margen para mejorar. Seguimos necesitando reformas, eliminar duplicidades, repartir las competencias de forma eficiente y organizar adecuadamente nuestras instituciones. Aunque el nivel de vida en nuestro país haya aumentado y sea difícil reconocer, con ojos de hoy, la España de la Transición, los demás países también se han modernizado y han seguido avanzando. La convergencia real supone no sólo mejorar, sino hacer las cosas mejor que los demás. Siento dar malas noticias: aún no lo hemos logrado y queda mucho por hacer. La política debería favorecer la consecución de los cambios necesarios y no actuar como freno a los mismos.

Gráfico 2: Evolución de la renta per cápita en paridad del poder de compra, España y Alemania 1950-2014

 

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Fuente: Penn World Tables (2018) y elaboración propia

 

Valencia Plaza (5/2/2018)

 

¿Cambio de régimen? El euro y el papel de Europa en el mundo

Probablemente estemos asistiendo a un cambio en el sistema monetario internacional no sólo en términos económicos sino también geoestratégicos

En el año recién nacido se conmemoran diversos aniversarios. En España, los 40 de la Constitución, en Europa (y en el resto del mundo), los 100 años del final de la Primera Guerra Mundial (IGM). Pero también 1918 marcó un cambio de época: el fin de diversos imperios (el austro-húngaro y el turco) y la aparición de una nueva potencia, Estados Unidos, que iría sustituyendo paulatinamente a Gran Bretaña.

De la misma forma que hace un siglo comenzaron importantes cambios geopolíticos que se consolidaron tras la Segunda Guerra Mundial (IIGM), probablemente nos encontremos ahora mismo en un momento parecido, aunque carecemos de la perspectiva necesaria para poderlo apreciar, como suele suceder en la mayoría de los procesos históricos.

Las monedas internacionales o divisas tienen como función principal la pecuniaria (unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor), pero algunas se usan más que otras a nivel internacional por motivos de seguridad, de liquidez o por la amplitud de los mercados financieros a los que se vinculan. Sin embargo, tendrían también una segunda función, como activo de reserva, y se mantendrían por motivos estratégicos, diplomáticos e incluso militares. En este caso la moneda sería un indicador del poder relativo de los países y otros países las mantendrían por motivos geoestratégicos. Desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta 1918 la libra desempeñó ese papel, coincidiendo con los años de mayor esplendor del Imperio Británico. Después de la IIGM el dólar (y Estados Unidos) sustituyó a la libra en el sistema monetario de Bretton Woods, manteniéndose como principal moneda de reserva internacional tras el final de dicho sistema en 1973 y hasta la actualidad.

En un trabajo reciente de Eichengreen, Mehl y Chitu, publicado en el NBER americano y resumido en el blog voxEU, estos autores analizan el papel que tendría el componente geopolítico en la elección de la moneda de reserva internacional. Su tesis es que los países con mayor dependencia militar de Estados Unidos han mantenido un mayor porcentaje de dólares que aquellos con arsenal nuclear propio. Puede verse en el gráfico 1 que tanto en Gran Bretaña (GB) como en Arabia Saudí (SA) el comercio con EEUU supone un 12% del total. Sin embargo, mientras GB tiene un 40% de sus reservas en dólares, todas las de Arabia Saudí (100%) están denominadas en la moneda americana. Rusia, Israel, China y la India son potencias nucleares que mantienen relativamente pocos dólares en sus reservas. Corea, Taiwan, Japón y Alemania se encontrarían en el extremo opuesto. Gracias a esta preferencia por los dólares, Estados Unidos se financia a mucho menor coste en los mercados internacionales y mantiene déficits mucho mayores que si su moneda no cumpliera este papel de reserva internacional. Eichengreen y sus coautores concluyen que, dada la actual política de Trump de mayor aislacionismo, en el futuro no sólo el dólar perdería una buena parte de su peso internacional, sino que sus costes de financiación aumentarían sustancialmente, al tiempo que no podría endeudarse tanto como ahora.

Gráfico 1: Porcentaje de reservas extranjeras en dólares en la era moderna (% de comercio con EEUU en el eje vertical y % de dólares como reservas en el horizontal)

Gráfico 1: Porcentaje de reservas extranjeras en dólares en la era moderna (% de comercio con EEUU en el eje vertical y % de dólares como reservas en el horizontal)

Nota: Los puntos oscuros se corresponden con países con arsenal nuclear propio y los rombos grises son aquellos países que dependen de EEUU en materia de seguridad exterior Fuente: Eichengreen et al. (2017)

Por otro lado y, a pesar de esta tendencia, en la actualidad hay tan sólo dos monedas, el dólar y el euro, que pueden considerarse verdaderas monedas de reserva internacional. En otro trabajo también publicado en el NBER americano en 2017, Ilzetzki, Reinhart y Rogoff  analizan cuáles han sido las principales monedas de referencia desde el final de la IIGM. En los dos mapas pueden apreciarse los cambios ocurridos desde entonces. Mientras en 1950 el dólar (rojo), la libra británica (verde), el rublo (naranja) y el franco francés (azul claro) tenían cada una importantes áreas de influencia, en la actualidad sólo el euro (azul oscuro) se mantiene como segunda moneda internacional, junto con el dólar. En términos totales, a fecha de hoy, los países que tienen el dólar como principal reserva suponen entre el 70 y el 75% de la renta mundial, mientras que en el caso del euro sería tan sólo de entre un 15 y 20%. No ha sido así durante todo el período: el dólar perdió peso en las décadas de los 80 y de los 90, bajando del 50% del total de reservas internacionales, mientras que el euro ha salido de la reciente crisis muy debilitado, pues llegó a suponer el 25% del total.

Mapas: Países donde una determinada moneda es la principal reserva internacional, 1950 y 2015

 

mapas

Fuente: Ilzetzki et al. (2017)

 

 

Por otro lado, desde el año 2000 y, en especial, tras las crisis financiera internacional, han aumentado sustancialmente las reservas internacionales mantenidas a nivel mundial, con un peso enorme de los países en desarrollo y emergentes. En la actualidad suponen el 120% del PIB de Estados Unidos.

Lo que no debemos perder de vista es que en estos primeros años del siglo XXI se han invertido las tornas: los países avanzados representan el 40% del PIB mundial, mientras que el 60% restante corresponde a los países en desarrollo y emergentes. Sin embargo, las principales monedas de reserva internacionales son emitidas por EEUU y la eurozona, áreas económicas cuyo peso está disminuyendo. Probablemente estamos asistiendo a un cambio en el sistema monetario internacional relacionado no sólo con el creciente peso en comercio y producción de las economías emergentes, sino también por el cambio de posición estratégica de Estados Unidos, más replegado hacia sus fronteras. Es difícil saber si el remimbisustituirá al dólar o si el euro recuperará o aumentará su papel como reserva internacional. Quizá cabría interpretar en este sentido el impulso dado recientemente a la política de defensa europea en una eurozona reforzada (en todos los sentidos del término).

 

 

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