Ein-Euro-Jobs (Trabajo-por-1€)

Texto: Jordi Paniagua. Ilustración: Carlos Sánchez Arandaeurojob

¿Estaría Usted dispuesto a trabajar cobrando un euro la hora? En Alemania, unos 75,000 desempleados (un 7.5% de total) reciben una compensación de entre 1€ y 2.5€ por hora trabajada. Es una de las medidas un plan que pretende atajar el desempleo estructural conocido como “Arbeitsgelegenheit mit Mehraufwands-entschädigung” (algo así como oportunidades-de-trabajo-con-compensaciones-adicionales). Detrás de este título interminable se esconde un programa de empleabilidad (unos 250 millones de euros al año) consistente en re-introducir en el mercado laboral a desempleados de larga duración pagando una compensación (que no salario) de un euro por hora.

El Ein-Euro-Job es un programa distinto al de mini-jobs (o midi-job), que se remuneran con salarios entre 450€ y 850€ al mes (exentos de cotizaciones sociales), cuyo objetivo es introducir en el mercado laboral a colectivos con más dificultados (por ejemplo los jóvenes). Los mini-jobs se pueden acumular (hasta un límite) y son compatibles con otros trabajos con contratos regulares. Los mini-jobs cotizan para el cálculo de pensiones, desempleo, vacaciones y bajas.

El pago no es un salario al uso, sino más bien compensación por el coste de realizar una actividad laboral (por ejemplo desplazamiento, ropa de trabajo etc). La empresa o el empleador no tienen coste alguno, ya que esta compensación la asume el Estado Alemán. Por tanto, no tiene ninguna contrapartida ni cotización en el régimen de la seguridad social del “empleado”.

El objetivo del trabajo-por-1€ es aminorar la desconexión laboral de quien hace tiempo que no usa el despertador ni tiene una rutina ni está acostumbrado a tener un jefe. Una de las críticas que se hace al sistema el tipo de trabajos que se realizan. Uno de los trabajos por un euro el más interesante es el de comprobador de la integridad de los puzzles de segunda mano.

satellite2El programa no está exento de controversia política y centra buena parte del debate entre conservadores y socialdemócratas alemanes. Curiosamente los políticos en Alemania se dedican a discusiones tan banales sobre cómo emplear a los desempleados y no a temas tan trascendentes como patrios tales como las banderas y fronteras, las fiestas nacionales o el fútbol. Mientras tanto, el desempleo de larga duración no hace más crecer (en hombres se ha elevado 5,2 puntos y en mujeres 6,1 puntos en el periodo 2010-2014) y supera con creces la media Europea.

Los críticos (El SPD que curiosamente fue el partido que engendró el plan con la comisión Hartz en tiempos de Schröder)  sostienen que con este tipo de trabajos apenas se mejoran las capacidades que demanda el mercado laboral. Los promotores del sistema defienden que cualquier ocupación es peor que estar desempleados. Parten de la premisa que la principal causa desempleo de larga duración de la es no estar trabajando.

Uno de aquellos papers maravillosos de antes de los noventa, que resumen la intuición del modelo con ejemplo cautivador, nos ayuda a entender el problema del desempleo de larga duración con un ejemplo que parece inspirador del sistema alemán. El ejemplo que plantean Budd, Levine y Smith “Unemployment, Vacancies and the Long-Term Unemployed” (1988, Economic Journal) es el siguiente: Imaginen una tienda de flores con un ramo de flores con una frescura decreciente. Si los clientes pueden escoger libremente las flores que compran sin variación de precios, se establece un doble sistema de discriminación. Las flores más frescas se venderán antes (state depandance effect), pero algunas flores se mustiarán antes que otras (hetorogeneity effect).  Es decir, que si se venden flores de hace dos días, serán las más frescas de su grupo. Por consiguiente cada día que pasa, el ramo no solo acaba mustiándose más por paso del tiempo, además  pierde las flores más frescas (las que mustien más lento).

El programa trabajo-por-1€ aborda el primer problema, por el cual un empleador prefiere a una persona que ha estado desempleada durante cuatro meses frente a otra desempleada durante seis meses, pero deja sin resolver el hetorogeneity effect. No todos los desempleados son iguales, habrá quien pueda adquirir habilidades que le permitan encontrar trabajo haciendo puzles, pero para muchos otros seguirán sin encajar en el puzle que se ha convertido el mercado de trabajo en Europa, y particular en España.

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¿Podría este programa reducir parte del paro estructural es España? Su éxito dependerá en buena medida de cuál de los dos efectos (dependencia del Estado vs. Heterogeneidad) prima en nuestro país. Los datos sugieren que la mayoría de desempleados de larga duración son un grupo bastante homogéneo (mayores de 50 años con estudios primarios). Por tanto, no sería descabellado profundizar en medidas imaginativas y concretas como la de trabajo-por-1€ para reducir el paro de larga duración en nuestro país.

Paradojas e Imposibilidades: del Brexit al Sorpasso

¿Se acuerdan de la pregunta último referéndum en el que se nos invitó a votar? Probablemente no, pero Wikipedia tiene la memoria que nos falta: ¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa? España, como Fuenteovejuna respondió que sí (y todos a una). Pero resulta que los Holandeses dijeron que no y ahí sigue la constitución Europea, durmiendo el sueño de los justos.

Muy probablemente ni Holandeses ni Españoles nos leímos atentamente la constitución europea antes de votarla y tampoco teníamos una idea clara de cómo nos iba a influir. Al igual que los británicos con su particular “Brexit”, votamos por inercia, por tradición o simplemente porque pensábamos que individualmente nos iría mejor o peor con más integración Europea.

La falta de información, capacidad de compresión o de previsión pueden propiciar situaciones injustas y comprometidas para un amplio espectro de la población. Por ejemplo, hoy se constata la profunda injusticia del Brexit para los escoceses, irlandeses del norte, londinenses y jóvenes británicos, que votaron mayoritariamente por permanecer en Europa.

La organización del sistema de votación puede conducir a situaciones injustas o socialmente ineficientes. Lo sabemos desde el siglo XVII cuando Condorcet publicó su ensayo sobre la paradoja de la votación.  Consecuentemente, la mayoría de democracias parlamentarias (desde la revolución francesa) han implementado mecanismos de control para evitar situaciones injustas. Por ejemplo, el sistema bicameral, las segundas vueltas o una mayoría cualificada para cambiar leyes orgánicas.

Sucede además que la suma de preferencias individuales no tiene que coincidir necesariamente con las preferencias de toda la sociedad, que son mucho más complejas. El problema se complica especialmente cuando ampliamos el número de alternativas posibles. En nuestro país, hasta hace dos elecciones teníamos tan solo dos partidos con posibilidades realistas de gobierno. En este caso las preferencias sociales representaban bastante bien las preferencias individuales (salvando los problemas de desinformación). Una mayoría estaba contenta y la minoría no tanto, pero se podía alcanzar un sistema relativamente justo.

En cambio, ahora podemos elegir entre cuatro alternativas con alternativas reales de gobernar. No se puede calificar de sorpresa el resultado electoral cuando tan solo ha cambiado ligurmente con respecto a las anteriores elecciones la distribución dentro de los bloques, pero no la varianza entre grupos. Tampoco nos puede sorprender si tenemos en cuenta el artículo de premio Nobel Arrow “A Difficulty in the Concept of Social Welfare” (1950). En definitiva, lo que demuestra Arrow es que es imposible agregar las preferencias individuales con más de tres alternativas sin violar principios básicos de justicia social como la existencia de un sistema democrático.

En su teorema de la imposibilidad, Arrow añade también el principio de la independencia de alternativas indiferentes. Este último principio asegura que la preferencia social entre dos alternativas depende exclusivamente de las preferencias individuales entre ellas. Por ejemplo, si la aparición de un tercer candidato no altera las preferencias individuales con respecto a los candidatos ya existentes, no se deberá alterar el resultado electoral. Individualmente, todos lo que participamos en la votación teníamos clara nuestra preferencia acerca del candidato que debería gobernar durante la próxima legislatura. Sin embargo, el resultado final vuelve a reflejar una imposibilidad; en este caso para gobernar de manera estable durante cuatro años.

El propio diseño de votación, el número de alternativas, la claridad de las preguntas (y de las consecuencias) pueden influir en el resultado de las votaciones, que pueden arrojar, bajo ciertas circunstancias, unas situaciones absurdas, paradójicas y con un alto grado de injusticia social.

El precio por llegar tarde ¿un chiste?

Hay pocas cosas más serias que un buen chiste. Por ello, el último viernes de febrero me puse una corbata cuando subí en el AVE en dirección a Madrid a contar chistes. Como ya expliqué hace algún tiempo aquí, los académicos no somos muy de corbatas. De hecho, las jornadas de docencia de ALDE en las que presenté la comunicación “Economía con humor” ha sido la segunda vez que me he puesto una corbata para subir a la tarima de un congreso. La primera vez fue cuando mis directores de tesis me dijeron (con seriedad) que en los congresos de economía se estilaba la corbata. Y con traje, chaqueta y corbata me planté en primera comunicación ante un auditorio de atónitos profesores en tejanos y camisetas. Por suerte es más fácil desprenderse de la corbata cuando sobra que echarla de menos cuando hace falta.

Pero esta ocasión merecía una buena corbata de seda con su nudo Windsor.  El que les escribe se ha curtido a explicando el teorema del límite central en clase o comunicando resultados de regresiones en congresos científicos. Nuestro ámbito de acción suele ser más sosegado, solitario y reflexivo. Era la primera vez que intentaba hacer reír conscientemente a un auditorio de pares (en clase los alumnos se ríen más). Tampoco he participado nunca en una tertulia radiofónica, pero tengo la sensación que hacer reír a 30 profesores debe ser una sensación parecida a la de discutir de economía con periodistas de mensajes telegráficos. Señores del club de la comedia y tertulianos, se han ganado mi respeto (más los primeros que los segundos).

En mi defensa diré que hacer reír a un grupo de economistas académicos no es una tarea fácil. Primero, el auditorio no tiene la misma predisposición que ante un monólogo. También descubrí luego con asombro que incluso hay profesores que se toman muy en serio la innovación docente. Y claro, cuando dije en tono chistoso que la mayoría de nosotros estábamos allí para rellenar la casilla correspondiente de la ANECA no les hizo ninguna gracia.

Tengo mala memoria para los nombres y para los chistes. No es una característica necesariamente negativa, ya que siempre me da pie a romper el silencio incomodo y preguntar algo (aunque sea el nombre). También me puedo reír varias veces del mismo chiste como si fuera la primera vez. Por ello tenía preparado un amplio repertorio de chistes de economistas que he ido recopilando desde hace cursos en mis clases (los mejores chistes de economistas los pueden encontrar aquí, aquí y aquí).

Mis alumnos me ayudan a mantenerme al día en materia de chistes. Mis clases suelen ser a primera hora y no hay nada como un buen chiste para empezar con buen pie el día. Sin embargo las clases econometría de las 08:00 se enfrentan a dos dilemas clásicos de la física: la teoría de la relatividad de Einstein y la paradoja de Schrondinger. Primero, el tiempo es relativo (pero suele ser más relativa retrasándose que adelantándose). Segundo, si no hay nadie en clase para recibir la materia impartida, existe una indefinición sobre si la clase está dada o no.

La manera más efectiva de contrarrestar las fuerzas de la entropía que nos abocan a un retraso siempre creciente es contar un chiste. Es decir, un sencillo sistema de incentivos mediante el cual el alumno tiene que asumir el coste por llegar tarde y  pagar un precio: subirse a la tarima y hace reír a sus compañeros. Lo que empezó como una broma, ha acabado siendo una de las mejores maneras para atajar los retraso, mejorar el ambiente en clase y reforzar competencias (como hablar en público, capacidad de síntesis; ver gráfico). Como diría Kierkegaard, la risa es la contradicción indolora.

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Llegar tarde es una práctica habitual en la sociedad española (universidad incluida). Más del 60% de los alumnos han llegado tarde alguna vez y hay un alto número de retrasos sistemáticos (ver figura).

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La impuntualidad no es un chiste, aunque lo a veces lo parezca. Ser impuntual no tiene apenas repercusiones, en parte por la alta tolerancia al retraso y el escaso escarnio social. Según el profesor de INSEAD Erin Meyer somos unos de los países más impuntuales del mundo con un elavado coste social y económico (The Culture Map: Breaking Through the Invisible Boundaries of Global Business).

Para qué queremos construir un AVE, ¿para seguir llegando más rápido tarde? (Aunque del AVE ya hablamos anteriormente aquí). Mitigar la impuntualidad desde la universidad puede contribuir a disminuir su incidencia negativa en la sociedad y en la economía.

¿Ha aumentado el AVE el comercio internacional?

El diario El Mundo publicó una noticia relacionada con un trabajo de Salvador Gil, Rafel Llorca y Jordi Paniagua:

Madrid se lleva el 30% del aumento exportador del AVE y Valencia, nada

¿Ha aumentado el AVE el comercio internacional?

En el artículo Does high-speed passenger railway increase foreign trade? An empirical analysis, publicado en International Journal of Transport Economics 52(3):357-376 (Gil-Pareja, Llorca-Vivero & Paniagua, 2015) nos preguntamos si el despliegue de la infraestructura de las líneas de ferrocarriles de alta velocidad (AVE) ha tenido un efecto sobre el comercio internacional.

Las contribuciones de este trabajo son dos: en primer lugar, el estudio contribuye a entender mejor el papel de las infraestructuras ferroviarias en el comercio internacional. En segundo lugar, el estudio revela un beneficio adicional del AVE que había pasado desapercibido por el escrutinio académico hasta ahora.

El despliegue del AVE no ha estado exento de controversia académica. Primero, por su alto coste en comparación a su beneficio. En segundo lugar, por su efecto dispar en la distribución espacial de la economía. Sin embargo, los estudios realizados hasta la fecha no habían computado un efecto indirecto del AVE sobre las exportaciones.

Los mecanismos que explican este efecto son dos. Por un lado, la duplicidad de líneas ha liberado tráfico de pasajeros por las líneas convencionales. Por tanto, ha aumentado la oferta de slots para mercancías en las líneas ferroviarias. Por otra parte, el AVE ha incrementado la eficiencia en la gestión del tráfico ferroviario de mercancías, ya que los convoyes de pasajeros tienen preferencia.

Para cuantificar el efecto del AVE en el comercio internacional hemos utilizado la ecuación de gravedad para estimar el comercio bilateral entre 119 pares de países durante 1964-2012. Los resultados sugieren que el AVE ha potenciado la capacidad exportadora de las empresas. Los países que disponen de trenes de alta velocidad comercian un 17% más que aquellos países con características similares pero sin líneas AVE. Observamos asimismo una magnitud similar tanto en las exportaciones como en las importaciones. Sin embargo, la elasticidad comercio-kilómetro es relativamente modesta. Por ejemplo, si dobláramos el número de kilómetros de AVE, el comercio aumentaría menos de un 3%. Es decir que el tamaño de la red no importa tanto como el hecho de disponer de un AVE.

El efecto del AVE es significativo en todos los países que han implementado las vías en paralelo a las convencionales. No obstante, un análisis pormenorizado pone de manifiesto una cierta heterogeneidad regional. El efecto es mayor en aquellos países que conectan regiones del interior con un puerto marítimo (como el eje Ankara-Estambul o Madrid-Valencia). Un análisis con una mayor desagregación regional indica que no es el mismo para los dos extremos de la línea. Por ejemplo, el AVE Madrid-Valencia ha tenido un efecto positivo tan solo en las exportaciones madrileñas. Para las exportaciones valencianas, el efecto del AVE no ha resultado significativo.

Los resultados de nuestro estudio pueden ser de utilidad a la hora de diseñar futuras ampliaciones de la red. Una mayor capilaridad y descentralización de la red podrían redundar en el aumento de la capacidad exportadora de distintas regiones. Por último, el artículo puede resultar de interés para mejorar el cálculo del coste-beneficio de otras infraestructuras.

¿Es más difícil publicar en Economía?

Texo: Jordi Paniagua. Ilustración: Cárlos Sánchez Aranda

Your Submission

Mi bandeja de entrada tiembla cada vez que leo en el asunto “Your submission”. Leo las primeras frases del email como quien busca el resultado de la lotería en el periódico. Sé que las probabilidades están en mi contra pero aun así sigo albergando esperanzas. Los “odds” son los mismos de a contraer la gripe (10 a 1). Como me suelo constipar cada año, pienso que lo más probable es que al amable “Dear Professor”, le suceda el habitual “unfourtunatelly the paper is rejected”.

En las charlas de ascensor de los congresos de economía, en vez de hablar del tiempo, los economistas solemos romper el hielo comentando lo difícil que es publicar en las mejores revistas especializadas (las JCR) y lo imposible que es publicar en los top-journals. Incluso envidiamos (sanamente) a los colegas profesores de otros campos, que supuestamente publican con más facilidad (aunque pocos de nosotros publica en otros campos ya que no estas publicaciones no cuentan para los tramos investigadores o sexenios). ¿Es realmente más difícil publicar en economía que otros campos o somos los economistas académicos unos “quejicas”?

Sabemos que publicar en economía es un proceso complicado y lento. Tan solo el 5% de los artículos se aceptan (Card y DellaVigna 2013) y la carta a los premiados se demora entre 12 y 30 meses (Ellison 2002). Estas revistan reciben cada vez más y mejores trabajos, pero siguen publicando el mismo número de artículos que hace 30 años (cuando el papel era una limitación importante).

Submissions per year (Card and DellaVigna 2013)

Por tanto es muy difícil publicar en economía, pero ¿es más difícil publicar en economía que otras disciplinas académicas? Zuckerman & Merton (1971) explican la hetorogeneidad en la tasa de rechazo por consenso académico y grado de empirismo. Es más difícil publicar en aquellas áreas con menos consenso y menos números. Por tanto, parece que la economía tiene todas las de perder. Mientras que en medicina por ejemplo, no es habitual leer un paper “teórico”, el número de trabajos empíricos en economía ronda el 60%. La economía es la única ciencia donde se concede un premio Nobel a dos personas por decir exactamente lo contrario.

Sugimoto et al (2013)

Sugimoto et al (2013)

La evidencia empírica reciente apoya esta hipótesis. Sugimoto et al (2013) comparan el índice de aceptación en Business (asimilable a economía), informática, educación, ciencias de la salud y psicología. Su estudio muestra que existe una gran variabilidad por disciplinas.Como puede observarse en el gráfico, es mucho más complicado publicar en economía que en las demás áreas. Además la brecha entre las publicaciones de calidad y el resto es de las mayores. Es curioso que en algunas disciplinas es igual de fácil publicar en revistas JCR (informática y educación).

En el siguiente gráfico se puede apreciar que los economistas hemos tomados dos medidas. Primero, a través del margen intensivo (escribir artículos más largos intentando incrementar la calidad) y el extensivo (colaborar con más autores) para incrementar las posibilidades de publicación. El número medio de co-autores en economía es de 2.5 para artículos de 35 páginas de promedio. Por el contrario, es habitual leer artículos de apenas 5 páginas firmadas por más de 10 autores en otras disciplinas (como informática o medicina). Publicar en economía no solo es más difícil, además el coste por autor es superior.

Co-autores y longitud (Card and DellaVigna 2013)

Además de difícil y caro, la publicación económica es especialmente lenta. En promedio un joven profesor tarda cinco años después de leer la tesis en publicar en un primer cuartil (Conley et al 2011). (A mí me quedan dos años todavía…). Concluyen estos autores que la demora en la publicación económica tiene un efecto perverso especialmente en la promoción profesores más jóvenes.

Conley et al (2011)

Parece que los economistas académicos no solo partimos con desventaja con respecto a otras disciplinas, sino que publicar es hoy más mucho más difícil que hace una década. En cambio, las exigencias para la acreditación son similares y crecientes.

Si hoy es viernes, esto aún es España

Publicado en El Mundo el viernes 9 de Octubre (Día de la Comunidad Valenciana). Texto: Jordi Paniagua

http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2015/10/09/56177a74ca4741653a8b46a3.html

El enredo catalán recuerda a la disparatada comedia Si hoy es martes, esto es Bélgica (1969) en la que un grupo de turistas americanos se proponen visitar la mayor parte de los países europeos en tan sólo 18 días. Sin ocasión de disfrutar del viaje, logran cumplir su reto acumulando fotos frenéticamente, pero sin saber dónde han estado exactamente. En Cataluña, una serie de turistas de la política se ha propuesto un reto similar: acumular el mayor número de votos sin tener la más mínima idea de cómo quedaremos todos al final del viaje.

Si además de viernes, hoy es 9 d’Octubre, en Valencia todavía compartimos país con nuestros vecinos del norte. Parafraseando al gran Vinicius de Moraes: Porque hoy es viernes, hay la perspectiva del sábado. Es imposible huir de esa dura realidad. ¿Qué sucedería si mañana sábado el Sénia dibujara una frontera entre nosaltres el valencians i vosaltres els catalans? Se lo avanzo (por si tienen un cierto hartazgo y prefieren dedicar los minutos de la lectura posterior a preparar la Mocaorà): la independencia tendría un alto coste para Cataluña, pero también para el resto de España y muy especialmente para Valencia.

El encaje de Cataluña nos afecta especialmente en Valencia. Cataluña, además del vecino del norte, es el principal socio comercial de Valencia y la única vía terrestre hacia Europa. La independencia política de momento no tiene el poder para decidir sobre la geografía. A diferencia de otras CCAA, que ya se han preocupado de potenciar el corredor central para hacer llegar sus productos a Europa de manera alternativa, las exportaciones valencianas (60% por medios terrestres) pasan necesariamente por Cataluña.

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Valencianos y catalanes somos más que vecinos. Puede que no compartamos ni identidad ni acento, pero compartimos un mismo espacio común. Ese espacio común que es un estado democrático es mucho más que el conjunto de sus partes o la suma de balanzas fiscales. Podemos expresar nuestras opiniones libremente en varias lenguas y equivocarnos o acertar al elegir a nuestros gobernantes. Tenemos incluso los mecanismos legales para mejorar lo que nuestros padres pensaron hace treinta años que era lo mejor para nuestro futuro presente.

En el interior de los estados suceden cosas sorprendentes que afectan a su economía. El diseño territorial, la regulación, las preferencias de los consumidores o la redistribución fiscal afectan muy especialmente al patrón y a la composición del comercio. Para muchos economistas, una de las facetas más fascinantes de los estados es que se comercie mucho más dentro de sus fronteras que con el exterior.

En 1995 el profesor McCallum descubrió asombrado que a pesar de las abrumadoras similitudes entre el sur de Canadá y el norte de EEUU, las regiones canadienses comerciaban 20 veces más entre ellas que con sus vecinas estadounidenses. Desde entonces, el «efecto frontera» ha sido ampliamente documentado en multitud de investigaciones a lo largo de distintas fronteras. Durante estos veinte años hemos ido observando y entendiendo mejor sus mecanismos. Por ejemplo, los franceses comercian ocho veces más entre franceses que con los alemanes, aunque éstos últimos sólo lo hacen tres veces más. En promedio, la Europa de los doce comercia cuatro veces más dentro de sus fronteras.

Es justo reconocer (precisamente hoy en la fiesta de todos los valencianos), que fueron tres profesores de la Universitat de Valencia los primeros en cuantificar el efecto frontera para España. Pero no piensen que Spain is different, de hecho somos bastante normales, ya que el caso español arroja unos resultados similares a los del resto del mundo. Los valores fluctúan entre 8,5 para Madrid y alrededor de 60 veces para las Islas Baleares. En Valencia estamos cerca del promedio nacional y exportamos 21 veces más al resto de España que al extranjero. Cataluña no es una anomalía. El comercio de Cataluña con el resto de España es 22 veces mayor que con el extranjero (esto significa que las empresas catalanas exportan un 2200% más a otras autonomías que al resto del mundo).

Imaginemos que una Cataluña «libre» fuera un país normal dentro de la UE. En este caso sería razonable suponer que sus patrones comerciales fueran los que observamos habitualmente en economía comercial. Por consiguiente, no es descabellado pensar que observáramos en un hipotético estado Catalán el mismo efecto frontera que en el resto todos los países normales (puede que en Suiza no tanto). Sería sorprendente aspirar a ser un país normal en todos los aspectos menos precisamente en este. Como sucedió entre Eslovaquia y la República Checa tras su ruptura en 1993. Tan sólo en cinco años el comercio entre checos y eslovacos descendió un 20%. Aceptemos a Cataluña como estado de compañía y estudiemos cómo afectaría el cambio del patrón comercial a la economía.

Supongamos que Cataluña se independiza elegante y amistosamente, conservando unas instituciones plenamente democráticas. Sin ningún boicot, dentro de la UE, manteniendo relaciones cordiales con sus ex vecinos y sin realizar ninguna transferencia fiscal. Dibujemos tan sólo una frontera en el Sénia e imaginemos que tenemos las mismas fricciones comerciales con Cataluña que con Portugal. Bajo este escenario, los profesores de la Universidad de Edimburgo, Comeford, Myers y Mora (Revista de Economía Aplicada, 2014), estiman, mediante un equilibrio general para esta nueva economía, un descenso de las rentas catalana y española del 6,1% y 3,9% respectivamente. La desconexión catalana es también una desconexión española y nos afecta a todos.

Son las cifras conservadoras del empobrecimiento mutuo, ya que el análisis presupone que se eliminan totalmente las transferencias fiscales y supone que Cataluña se abre más al mundo (y menos a España). Pero es improbable que un nuevo estado catalán esté exento de un cierto grado de distribución fiscal. Al integrarse en Europa como un país con un PIB por encima de la media, Cataluña sería un contribuyente neto, como Alemania u Holanda. En vez de contribuir a la solidaridad territorial con Andalucía y Extremadura directamente, lo haría a través de la caja en Bruselas junto con las aportaciones para el resto de regiones más desfavorecidas de Europa. Con el nivel actual de transferencia fiscales, el descenso del PIB Catalán sería más del doble, un 12,8%.

Sin embargo, el flujo fiscal tiene una segunda derivada: ayuda a compensar los flujos y tensiones migratorias entre países y regiones. Es cierto que nadie paga con una sonrisa los impuestos, sobre todo cuando no se disfruta proporcionalmente de la inversión y servicios públicos. Pero la evidencia empírica nos indica que cuando se corta el tren del dinero, se fleta el tren de la migración. Migración, comercio y desigualdad van de la mano. Puede que el sistema actual de solidaridad interterritorial no sea ni óptimo ni justo y se podría mejorar sin duda. Es cierto que la subvención limita el desarrollo del sur. Pero las experiencias pasadas (en los tiempos donde no existían transferencias de renta) nos invitan a pensar que en un sistema sin apenas transferencias disminuye el bienestar social neto.

Por tanto, la redistribución fiscal no es una aportación enteramente altruista. Salimos ganando todos. La solidaridad entre territorios viene normalmente acompañada de una relación comercial. El mecanismo es parecido a la máxima franciscana: «dando es como se recibe». Parte del aumento de la renta de las regiones receptoras se destina a importar productos y servicios de las regiones que más recursos aportan a las arcas del estado. En teoría, la balanza comercial compensa la fiscal y todos salen favorecidos. El problema es que en el caso catalán esto no sucede.

Cataluña comercia principalmente con las otras CCAA que presentan un déficit fiscal como Valencia, Aragón, Madrid, País Vasco y Baleares. Exceptuando Andalucía, que es el principal destino de las exportaciones catalanas, las CCAA con una balanza fiscal positiva son las que menos comercian con Cataluña. Es decir, que Cataluña da pero no recibe tanto. Este es uno de los puntos centrales que esconde el argumentario independentista, dando no se recibe, o al menos no se recibe tanto.

En cambio, en Valencia la situación es diferente. Las balanzas fiscal y comercial se ajustan mejor en Valencia que en Cataluña. La mayor parte de nuestras exportaciones regionales van dirigidas hacia Cataluña, más del doble que a cualquier otra CCAA. Pero a diferencia de Cataluña, el comercio valenciano es más intenso con CCAA netamente receptoras (Andalucía, Murcia, Castilla la Mancha) y nuestro déficit fiscal se compensa en parte con un superávit comercial.

Un parón brusco en la solidaridad interterritorial provocaría bien una carga sobre las CCAA donantes o una disminución de las cantidades recibidas por las receptoras. En cualquiera de los dos casos, la economía valenciana se vería perjudicada. Bien porque aportaríamos más a la hucha común o porque nuestros principales socios comerciales tendrían menos dinero disponible para comerciar con nosotros. Por lo tanto, la caída del PIB Valenciano estaría más cerca del 12% catalán que del 6% español.

Más allá de las balanzas comerciales y fiscales, existe un tercer factor que habitualmente pasa desaparecido. El efecto frontera no afecta únicamente al volumen del comercio, también incide sobre su composición. No todas las empresas son iguales, las menos productivas abastecen al mercado doméstico y a partir de cierto umbral de productividad, las empresas se lanzan a la exportación. El umbral de productividad entre Valencia y Cataluña aumentaría, ya que sería más difícil exportar productos «made in Catalonia» o «made in Valencia (Spain)». La evidencia empírica nos hace pensar que las barreras administrativas inciden negativamente sobre el umbral de productividad necesario para comerciar. Esto significa que empresas que antes comerciaban libremente descubren que ya no les sale a cuenta hacerlo. Una hipotética secesión relegaría a las empresas menos competitivas al mercado doméstico.

Las empresas con una productividad media o alta también se verían afectadas. La reciente crisis es un desgraciado laboratorio para estudiar este tipo de efectos. Investigaciones recientes demuestran que algunas de estas empresas ajustarían la calidad de sus productos a la baja para hacer frente a shocks exógenos en la demanda de productos o en la disponibilidad de crédito. Una rebaja de la calidad permite vender más barato a menos coste y superar el corte. Sin embargo, la mayoría de empresas no pueden variar demasiado la calidad de sus productos. Estas empresas se ven abocadas a vender los mismos productos a precio menor para mantenerse a flote. A corto plazo, la única opción realista para muchas empresas con una productividad media-baja (como la mayoría de las empresas de nuestro entorno) es bajar los salarios. Parte de estas empresas lograrían seguir exportando, pero no por su mejor calidad o valoración, sino vía deflación salarial. A corto plazo las empresas catalanas y valencianas se embarcarían en un viaje a la deflación y la mediocridad.

Sin embargo, con el paso de los años la situación se estabilizaría para volver a niveles parecidos a los de hoy en día. Pero ese largo plazo estaría precedido de un corto plazo con salarios más bajos y una caída estimada del PIB diez veces superior a la de la crisis del 2007. Ha pasado casi una década desde el inicio de la crisis y aun no hemos logrado niveles de empleo parecidos a los de entonces. Pero parece poco probable que la amalgama política salida de las urnas del 27-S acepte alegremente asumir más recortes para llegar a un destino incierto de aquí 10, 20 ó 30 años. Más bien al contrario.

¿Cómo se puede construir un país normal sin asumir los costes normales de ser un país? Incrementar la soberanía nacional en una economía global conlleva un coste. Si no se está dispuesto a asumir el coste económico se pagará un peaje democrático. Una frontera soberana entre países democráticos empobrece a ambos, por ejemplo disminuyendo el comercio. En cambio, países opacos, por ejemplo los paraísos fiscales, gozan de las ventajas del comercio y de la soberanía simultáneamente.

Jordi Paniagua es profesor de la Universidad Católica de Valencia e investigador asociado del Instituto de Economía Internacional.

¡Qué roben otros!

En cuanto la interpretación de los resultados electorales del paso domingo caben dos interpretaciones no necesariamente excluyentes. La primera sería el grito profundamente Ortegiano “¡Qué roben otros!” Es decir una sustitución de un partido y unos dirigentes marcados por la corrupción por otros partidos con personas en principio honestas (o que no han estado en posición de poder corromperse). La segunda interpretación sería un cambio en las preferencias de la población sobre la política económica y en particular el gasto público a nivel local y autonómico.

Sin desmerecer el factor Ortegiano, la segunda explicación tiene unas implicaciones más profundas en las políticas que implementen nuestros dirigentes a partir de ahora. La más evidente es que la austeridad simplemente no funciona. No es que los modelos macro de reacción fiscal se equivoquen (que también podría ser) ni por el acierto de las políticas Keynesianas de expansión del gasto público.

La austeridad no funciona porque la propensión marginal al suicidio político tiende a cero. Puede que las medidas de adelgazamiento de a deuda, reducción del gasto público, racionalización del sector público, devaluación interna y reducción de salarios para aumentar la competitividad, apertura comercial etc. sean justo lo que necesite nuestra economía en estos momentos. Pero atendiendo a los resultados electorales, ningún político tiene incentivos para continuar con este tipo de políticas, ya que los votantes han premiado a los partidos con políticas opuestas a las ortodoxas. Es decir, era previsible que los votantes se hartaran de esperar pacientemente recorte tras recorte a que se ajuste la economía en periodo indeterminado.

Tal como lo explicaba Keynes en The Economic Consequences of Mr. Churchill (1925):

The working classes cannot be expected to understand (..) Those who are attacked first are faced with a depression of their standard of life, because the cost of living will not fall until all the others have been successfully attacked too; and, therefore, they are justified in defending themselves. Nor can the classes which are first subjected to a reduction of money wages be guaranteed that this will be compensated later by a corresponding fall in the cost of living, and will not accrue to the benefit of some other class. Therefore they are bound to resist so long as they can; and it must be war, until those who are economically weakest are beaten to the ground”.

¿Qué alternativas hay para compatibilizar las preferencias de los votantes a corto plazo con un modelo de crecimiento a largo plazo? La primera es la Marxista: “Estos son mis modelos, si no le gustan, tengo otros”. La segunda es la Ortegiana: “¡Qué recorten otros!” La tercera es confiar que entre los miles de papers que producen las mentes económicas más brillantes haya al menos uno que encuentre la solución.

Alien vs Predatory (journals)

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Texto: Jordi Paniagua. Imagen: Carlos Sánchez Aranda.

“Whoever wins… we lose” es el subtítulo de la película de ciencia ficción Alien vs Predator (2004). La cinta coge prestados los personajes del clásico de Ridley Scott Alien, el octavo pasajero (1979) y Predator (1987), protagonizada por el ex-gobernador de California Arnold Schwarzenegger, y nos presenta un futuro alternativo en la que la tierra es el escenario de una guerra (o más bien una caza) entre especies alienígenas. La especie humana es un convidado de piedra en descarnada batalla a muerte. Si ganan los aliens de Scott, nos acabarán cazando por instinto o hambre. Si salen victoriosos los predators de Schwarzenegger, les serviremos de cebo por diversión. En cualquier caso, tenemos todas las de perder.

En el mundo de las publicaciones académicas se está librando una batalla similar entre dos grupos de revistas. Por un lado están los “Predatory journals” (un término acuñado por el bibliotecario académico Jeffrey Beall). Al otro lado, las editoriales comerciales tradicionales (generalmente de pago por visión o suscripción).

Un Predatory journal es una revista de acceso abierto con prácticas cuestionables o poco éticas y sin un mínimo rigor académico. Son revistas con una revisión por pares deficiente cuyo objetivo dista mucho de la difusión del conocimiento académico.

La conocida como lista de Beall” se ha convertido en una auténtica lista negra para editoriales y revistas independientes. Los criterios de inclusión son bastante transparentes, por ejemplo no revisar artículos, aceptar artículos deliberadamente falsos, enviar emails masivos, o mentir acerca de la ubicación o acerca de cualquier otro criterio, como el factor de impacto. La lista cuenta con más de 700 editoriales cuestionables y va creciendo día a día.

Un reciente trabajo de Xia et al. (2014) disecciona el tipo académicos que publican en estas revistas. Suelen ser investigadores inexperimentados de países en vías de desarrollo.  Algunos profesores con una dobles afiliación señalan que reciben mucho más spam predatorio en sus emails del sur. Lo cual no deja de ser preocupante, ya que este tipo de editoriales predatorias aumentan la distancia científica entre el norte y el sur.

Las alarmas sonaron cuando un paper deliberante falso fue aceptado por más 150 revistas académicas, como resultado de un experimento publicado en Science. Muchos de los predatory journals aceptaron un trabajo que debería haber rechazado cualquier revisor con unos mínimos conocimientos científicos. Sin embargo, algunas revistas de editoriales prestigiosas (Sage o Elsevier) también lo aceptaron y otras supuestamente predatorias lo rechazaron tras la revisión.

En el otro lado del campo de la batalla, también hay revistas que se comportan como las predatories. Estas revistas no están incluidas en la lista de Beall, ya que se ocupa solo de revistas de acceso abierto. Este hecho, entre otros, ha generado polémica entre los expertos en biblioteconomía. Crawford (2014) ataca sin piedad a Beall acusándolo de una triste obsesión enfermiza contra todos las editoriales de acceso abierto. Señala que una cosa es una revista mediocre o amateur y otra cosa es se deliberadamente malintencionado.

Crawford (2014)  critica que no denuncie casos similares en editoriales comerciales. Recientemente el índice de referencia (Journal Citation Reports JCR) eliminó cautelarmente a 38 revistas del índice. En concreto, 23 por auto-citas y 15 por “citation stacking” o lo que viene a ser un cártel académico. Como nos desvela Thompson Reuters, estas revistas recibían la mayor parte de sus citas de otras revistas satélites generando una inflación de citas y distorsionando el índice de impacto. Es decir, revistas “serias” de editoriales de prestigio comportándose al más puro estilo predatory.

Por tanto ni la lista de Beall es tan negra ni la lista del JCR es tan blanca. Ante un paper acabado, nos encontramos muchas veces como el profesor de la viñeta. En medio de una batalla editorial donde gane quien gane tenemos las de perder, al más puro estilo Alien vs Predator.

Para aliviar el mareo editorial, Berger y Cirasella (2015) nos recetan mirar más allá de listas negras y listas blancas. En caso de duda, acuda a su bibliotecario de cabecera y déjese aconsejar por un profesional.

Hombres sin corbatas

Un hombre sin corbatas

“Llevaré corbata cuando salga de la crisis” fue la respuesta de primer ministro griego a su homólogo italiano cuando le regaló a principios de febrero una corbata (italiana, por supuesto). Con este gesto, el premier griego presenta la imagen de un político sin ataduras (por el juego de palabras en inglés).

Tsipras llega tarde, ya que a principios de los años 90 el visionario y diseñador de moda italiano Giannu Versace escribió un curioso libro “Men without ties“.  El diseñador italiano anunciaba la muerte de la corbata y explicaba el motivo por el cual había decidió eliminar sus colecciones la corbata como complemento de moda masculino. Versache argumentaba que la corbata “ya no es un símbolo de distinción, pues se la ponen hasta los bandidos”.(Tsipras diría que la corbata no es un símbolo de dignidad, pues se la ponen hasta los miembros de la troika).

Por fin nos habíamos liberado (los hombres) de las ataduras y podríamos enfrentarnos a las jornada laboral y entrevistas de trabajo sin ligaduras. La ciencia ha acabado dándole la razón a Versace, ya que la corbata aumenta la presión intraocular, según un estudio publicado por Teng et al (2013) en British journal of ophthalmology.

Sin embargo, a pesar de Tsipras, Versace y Teng et al 2013, las estadísticas sobre las ventas de corbatas indican que este complemento sobrevive, con unas ventas de más de 800 millones de dólares en USA un año después de la crisis del 2007.

¿Cómo puede explicarse que un complemento sin ninguna función específica, contra el que se han unido políticos, médicos y diseñadores se siga vendiendo y utilizando? Una respuesta plausible la encontramos en el lipstick effect, acuñado por el CEO de Estée Lauder, de Leonard Lauder  y estudiado  por Hill et al. (2012), en Journal of personality and social psychology.

Según el lipstick effect, el patrón de consumo de productos de lujo cambia durante las recesiones. Hill et al. (2012) argumentan que durante las recesiones desciende la demanda de casi todos los bienes de lujo, excepto la de aquellos que incrementan el atractivo personal y las probabilidades de encontrar pareja – como el pintalabios.

La corbata es el pintalabios masculino y corporativo por excelencia. Lanza una señal de responsabilidad (y atadura), por lo que aumenta la probabilidad de encontrar trabajo. Ante la duda, la mayoría de nosotros nos la anudaríamos antes de enfrentarnos a una entrevista de trabajo. Es más fácil quitarse la corbata si no resulta apropiada (por ejemplo una entrevista para ser ministro griego) que ponérsela de manera apresurada.

Según el lipstick effect, nos cortaremos la corbata cuando acabe la crisis. Para entonces, puede que los hombres sin corbatas ya no las necesiten para encontrar trabajo. Precisamente por esto, posiblemente veremos a Tsipras con un nudo Windsor cuando busque trabajo (o una refinanciación de la deuda griega en la city).

El lema de la reforma universitaria o cómo 3=4

Texto: Jordi Paniagua

Lema. Los grados universitarios de tres años son equivalentes a los de cuatro años.
Demostración. Sean a y b dos cursos universitarios de grado equivalentes, por lo que:

a=b           (1)

Multiplicado ambos cursos por a obtenemos:

a^{2}=ab           (2)

Restando b^{2} a cada miembro de la ecuación:

a^{2}-b^{2}=ab-b^{2}            (3)

Y factorizando la expresión resulta ser:

(a+b)(a-b)=b(a-b)           (4)

despejando el término común (a-b) obtenemos:

a+b=b            (5)

y como en (1) a=b,

2b=b\rightarrow 2=1           (6)

Por lo que al añadir dos cursos iniciales:

3=4

Q.E.D.

Sirva esta valiente y divertida demostración del lema universitario para ilustrar que con los métodos adecuados se pueden implantar sin problemas grados de tres años equivalentes a los de cuatro.

Animo al lector a descubrir el “fallo” en la demostración!

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