¿Por qué ya no confiamos en los expertos?

Texto: Jordi Paniagua. Ilustración: Carlos Sánchez Aranda
Expertos

El valor del experto está a la baja. Las élites intelectuales y académicas que sentaban cátedra hace tan poco tiempo han perdido credibilidad y autoridad moral, ante una sociedad que no acepta ciegamente sus recomendaciones. Los resultados electorales impensables hace unos años nos hacen preguntarnos si estamos ante el ocaso de los expertos.

Los expertos (profesores, médicos o científicos que han dedicado buena parte de sus vidas a estudiar temas complejos) muestran signos de debilidad y se encuentran descolocados ante pseudo-expertos (tertulianos, twitteros y demás homeópatas intelectuales) que copan el espacio mediático y disputan su espacio intelectual. El último ejemplo lo pueden ver en este vídeo, donde una periodista defiende una terapia milagrosa para adelgazar argumentado que el experto (profesor en bioquímica) está gordo.

El debate de expertos en torno a expertos (que seguramente solo leen e interesa a los propios expertos) ha crecido en los blogs especializados y en los estudios académicos. Por ejemplo, el blog de LSE se hacía eco de una encuesta del Centre for Macroeconomics (CFM) que analizaba el papel de los economistas durante la campaña de Brexit. Aunque los expertos están divididos en torno al papel que jugaron (pregúntale a tres economistas algo y obtendrás cuatro respuestas), sí que hay más unanimidad en torno a las razones por las cuales los votantes no tuvieron en cuenta sus recomendaciones: los votantes utilizaron un razonamiento en contra del mainstream económico (ver cuadro). Paul Johnson (Institute for Fiscal Studies) identificaba  tres problemas principales: el fallo en la comunicación, la falta de velocidad en las respuestas y la ausencia de liderazgo.

El Institute for New Economic Thinking, una organización que promueve el pensamiento disruptivo en economía, ha organizado un simposio virtual, con varias aportaciones interesantes al respecto. Sheila Dow (Stirling, emérita) opina que la “gente se ha cansado de los expertos” (citando al ministro de educación británico) ante la incapacidad de los expertos (economistas en particular) de aunar su juicio técnico de consideraciones morales o políticas.

El debate académico en torno a los expertos ha intentado responder a dos cuestiones: ¿Por qué acudimos a un experto? y más recientemente ¿Por qué hemos dejado de confiar en los expertos?

Los economistas relacionan los expertos a ciertos temas complejos que se basan en la confianza. Los economistas denominamos, sin mucha imaginación, este tipo de bienes como “bienes de confianza” (crendence goods) y a los agentes que suministran estos bienes “expertos”. Como no podemos saber de todo (excepto si se trata de fútbol o economía), en muchas ocasiones recurrimos al juicio de expertos. Esto sucede cuando tenemos cierto interés por un tema complejo, pero no disponemos de las herramientas analíticas, experiencia o tiempo para  entenderlo en profundidad. Acudimos al médico porque sabe más de medicina que nosotros.

El mercado de bienes de confianza están muy relacionados con los problemas de información asimétrica expuesto por Arkelof (1970) en su famoso “mercado de limones”. A diferencia del mercado de limones, donde la información asimétrica entre se traduce en oportunidades de intercambio perdidas, el mercado de confianza desplaza ciertos bienes si el experto realiza un diagnóstico equivocado (Mistreatment). Ello se traduce en un nivel de intercambio sub-óptimo de bienes de confianza (aumento de precios, decisiones erróneas, abusos de los expertos).

Las causas del descrédito de los expertos se abordan en un reciente paper del profesor Nathaniel Hilger (Brown) “Why Don’t People Trust Experts?” publicado en el Journal of Law and Economics. La explicación es sencilla: nuestra ignorancia es doble. Alguien que sabe poco de medicina o de economía tampoco tiene elementos de juicio suficientes para valorar las aptitudes profesionales del experto. En términos técnicos diríamos que el no-experto no observa la función de costes del experto (tendría que ser un experto para poder hacerlo). Nos resulta muy complicado comparar el coste o la calidad  del experto. Adicionalmente, el experto puede recomendar tratamientos que sesgados en su propio beneficio. Cuando afloran estos fallos en el mercado de bienes de confianza, el experto se desacredita.

Por tanto, el valor del experto se reduce por dos vías. La más habitual ocurre cuando se producen fallos en el diagnóstico o el resultado del tratamiento no es el adecuado (como ha sido el caso antes y durante la crisis). Geroge Stigler, Nobel del 82, ya advertía en su libro  El Economista como Predicador, que ante la complejidad de la economía, la sociedad busca expertos para “sencillamente ordenar los asuntos de una nación frecuentemente desordenada” y sin embargo “los economistas ejercen una influencia menor y escasamente detectable sobre las sociedades donde viven”.

Adicionalmente el experto se devalúa cuando surgen pseudo-expertos o chamanes que apenas se diferencian del experto: tienen títulos académicos, algunos son profesores, publican sus ideas (aunque con métodos diferentes y en otras plataformas), manejan con soltura las redes sociales, donde  difunden masivamente sus razonamientos con convicción y hasta pasión. Realizan diagnósticos y recetan tratamientos sugerentes y aparentemente convincentes, pero convenientemente sesgados. La doble asimetría de Hilger, hace que se complique  enormemente la tarea de identificar a los expertos, incluso para los agentes más formados.

Por tanto, los expertos tienen hoy un doble reto por delante: recuperar credibilidad y desenmascarar al pseudo-experto. No es una tarea sencilla:  Las discusiones de los expertos suceden en ámbitos de análisis más sosegados y con menos componentes mediáticos. Además los profesores disponen de pocos incentivos (y poco tiempo) para difundir y defender sus ideas más allá del ámbito académico, por tanto “los grandes economistas no se han preocupado de la predicación” (Stigler, 1982).

Mejorar la ética profesional, los mecanismos de transmisión de la reputación y comunicación son algunas de las soluciones que propone Hilger en su artículo para  conseguir una mejor identificación experto (y su función de costes). Adicionalmente, como nos recordaba Stigler hace 35 años y más recientemente aquí, puede que sea hora que predicar con el ejemplo y arremangarse.

¿La ANECA acredita y la Universidad se cualifica?

servicio1290504872528Unos de los temas más populares en este y otros blog de economistas académicos son precisamente los profesores universitarios y la universidad en general. Anteriormente hemos hablado sobre temas como la reforma de los grados universitarios o los sexenios. La reciente modificación de lo criterios para la acreditación del profesorado titular y catedrático merece también captar nuestra atención.

Podríamos interpretar el sistema de acreditación del profesorado como un vestigio nuestra tradición de derecho civil  según el cual un entidad pública (la ANECA) certifica la idoneidad de un candidato a profesor universitario. Para ello utiliza una serie de criterios, informes de evolución y comités que examinan la información aportada por el candidato a profesor. Es un hito importante en la carrera académica de cualquier profesor ya que la acreditación es la vía de acceso y promoción más habitual en la universidad española.

En los países anglosajones de derecho común no existe un accésit burocrático y la contratación se realiza de una manera parecida a la del sector privado conocido como tenure track. Se contrata un profesor de manera temporal tras una entrevista (normalmente impartiendo una clase o seminario). Pasado un tiempo (cinco años de media), una comisión académica determina si ha alcanzado el nivel necesario para incorporarse al claustro (normalmente por la calidad de las publicaciones). Este sistema sería el ideal si no fuera porque la realidad de nuestra universidad no es la ideal (como han puesto de manifiesto los recientes casos de plagio y endogamia). La acreditación de la ANECA es un primer filtro calidad ineficiente pero necesario. El día que no necesitemos la ANECA será una buena noticia, como se apunta aquí.

El nuevo sistema incluye novedades que van, a mi entender, en buena dirección. Sin embargo, si analizamos los incentivos que proporciona a los candidatos, plantea algunas dudas sobre si contribuirá a mejorar la calidad y competitividad universidad en un plazo razonable. La cuestión es, ¿qué universidad conformarán los doctorandos que se acrediten dentro 5 ó 10 años?

El sistema de acreditación es hoy por hoy un garante importante de la calidad de la enseñanza superior. Además del diseño institucional y recursos, calidad del profesorado  determina en buena medida la calidad de la enseñanza e investigación. El diseño del sistema de acceso y selección del profesorado influirá profundamente en la universidad. Por el lado positivo, los nuevos criterios priman el margen intensivo frente al extensivo. Se acabó la acumulación de micro-méritos, se reduce la burocracia y se premian méritos con mayúsculas.

Todo ello aumentado en algunos puntos la transparencia publicando explícitamente los criterios. En nuestro ámbito (la Economía) una catedrático notable debe publicar 12 JCR con la siguiente distribución: 8 publicaciones de Nivel 1 (JCR (Q1 o Q2) o SJR (Q1)) y 4 de Nivel 2 (JCR (Q3) o SJR (Q2)). Un titular excelente debe publicar “seis artículos en revistas indexadas en el Q1 JCR, o bien cuatro en el D1 del Journal Citation Reports (JCR).”

A continuación describe una serie de “Méritos complementarios”, de los que hay que aportar al menos cinco. (Ahora ya podemos escoger entre cuatro, cinco y seis). El documento detalla 14 méritos agrupados en áreas: Calidad y difusión, Calidad y número de proyectos competitivos, Movilidad y Otros méritos de investigación. El primer mérito complementario es “Publicación  de  artículos  en  revistas  del  JCR  o  Scimago  Journal  Rank  (SJR)  del  primer  decil  de acuerdo  con  el  índice  de  impacto  o  Eigenfactor  score  (de  1 a 3 meritos)”

Cómo ya ocurrió con los sexenios la ANECA acaba con el monopolio JCR (como ya dijimos aquí), incluyendo el índice SCOPUS. En este índice la inflación de revistas y categorías es mucho mayor que en JCR. Por ejemplo, en Business 1369 revistas y 306 Q1 y Economics 881 y 217 Q1. Es decir, en el índice SJR hay casi tantas Q1 como el total de revistas en JCR. Además, incluye muchas más categorías.

Como nota al margen, parece previsible que los criterios de los sexenios se alineen con los de la acreditación en el futuro. Para obtener un sexenio “basta” con que “cinco  aportaciones  sean  artículos  publicados  en  revistas  que  ocupen  posiciones relevantes” en JCR o SCOPUS. Podría darse el caso que un profesor con varios tramos de investigación reconocidos fuera calificado como mediocre (“B” o “C”) en la acreditación de su actividad investigadora.

Conviene también resaltar que la normativa añade al conocido factor de impacto (basado en el número de citas) el Eigenfactor (número de vistas). El Eigenfactor suele premiar a journals potentes,  generalistas y muy leídos por toda la comunidad científica, como Nature que es el primero de la lista. El factor de impacto criba de entre los lectores cuantos piensas que es la contribución es relevante.

Sin embargo, hay tres aspectos de la reforma que plantean ciertos interrogantes. En primer lugar, el sistema permite la acreditación a CVs con un déficit de investigación. En el anterior sistema era necesario obtener una puntuación mínima en cada apartado (investigación, docencia y gestión) para obtener la acreditación correspondiente. Por ejemplo un titular necesitaba 50 puntos en investigación según un baremo de publicaciones, proyectos etc. Quien no llegaba a un mínimo de 50 puntos no obtenía la acreditación, independientemente de la puntuación en las otras áreas.

Por el contrario, el nuevo sistema de acreditación establece una escala cualitativa ordinal para medir las áreas desempeño académico (investigación, docencia, transferencia, experiencia profesional y gestión académica): A excelente; B notable; C déficit compensable y D insuficiente. Obteniendo dos notables en investigación y docencia se obtiene la acreditación en las dos figuras (titular y catedrático). La ANECA solo ha publicado aquellos criterios habilitantes (por ejemplo una A en titular que habilita a Catedrático a aquellos que sean titulares o una B en cátedra), por lo que no podemos saber con exactitud que se considera un déficit compensable en investigación. Pero nos podemos hacer una idea al estar la C por debajo del nivel de exigencia del notable. A diferencia del anterior sistema, el modelo vigente permite compensar la mediocridad investigadora  con una excelencia profesional o en gestión.

El segundo problema es el sesgo disciplinar que introduce la normativa al considerar cualquier área incluida en listado JCR. Si publicar es de por sí complicado, en economía todavía más por las razones que ya apuntamos aquí. Pero incluso dentro de las ciencias económicas, la heterogeneidad en las distintas disciplinas es considerable. Ya no tanto por la mayor complejidad de unas frente a otras (que también), sino por el distinta oferta de revistas Q1 según áreas. Por ejemplo, si publicamos en Business (120 revistas en total y 30 Q1), Economics (334 y 86 Q1), Business & Finance (94 y 23 Q1), Management (280 y 70 Q1). Por establecer una línea divisoria: Economía tiene 86 Q1 frente a 123 Q1 de Empresa. Además, las revistas con con una doble indexación que “importan” citas de otras disciplinas subiendo el factor de impacto. Con lo cual, el sistema marca unos incentivos claros para publicar (o intentarlo al menos) áreas limítrofes con más oferta de  Q1. Estoy convencido que tenemos mucho que aportar y aprender de otras disciplinas. Lo que no tengo tan claro es si se tuvo en cuenta los efectos en la composición de la investigación universitaria.

La tercera cuestión es el proteccionismo académico que se destila del sistema de acceso al cuerpo de catedráticos. La normativa impone una barrera de entrada difícil de entender al exigir unos criterios distintos para los titulares funcionarios y para el resto. Mientras que el insider le basta con dos Bs, el outsider debe obtener previamente una A en investigación en la acreditación a titular (6xQ1).

Sin embargo, esta barrera tampoco parece ser una gran preocupación para las mejores universidades (públicas y privadas). Por ejemplo, las tres grandes escuelas de negocios de nuestro país se sitúan al margen de este sistema y apuestan directamente por contratar en el job market con un tenure track. En Catalunya, muchos departamentos iniciaron una apuesta similar con los fondos del ICREA y del GSE Research Endowment. Otras, como Deusto, Comillas y Ramon Llull apuestan por sistemas alternativos parecidos a los de Georgetown, Fordham y Boston College, con quien han han forjado un Campus de Excelencia Internacional.

Para la reflexión: Si llegara a haber un premio Nobel en Economía de nuestro país, ¿dónde creen se habría formado? Y en el caso más improbable que impartiera docencia en España ¿dónde lo haría?

El potencial de China

El proceso aperturista puesto en marcha en China a partir de finales de la década de 1970 del pasado siglo ha llevado a esta nación a convertirse en la primera productora mundial (medido en términos de paridad de poder de compra), la primera exportadora de bienes y servicios y la segunda importadora. Ello ha sido así gracias a un extraordinario crecimiento del PIB durante las últimas tres décadas, apoyado en el incremento en la productividad, que ha conducido a que la renta por habitante experimente un fuerte proceso de convergencia con la economías más avanzadas, si bien todavía queda alejada de las mismas. Este hecho queda patente en su estructura productiva, donde a pesar de los avances experimentados sigue mostrando un sesgo excesivo hacía el sector industrial y, en menor medida, hacia el sector agrario, en detrimento de los servicios.

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PIB China, EEUU y EU

El fuerte crecimiento de la economía China se ha sustentado en la expansión y modernización de un sector industrial muy orientado a la exportación. La evolución de las ventas foráneas de China en comparación con las de Estados Unidos y Alemania muestra con claridad el mayor ritmo de crecimiento de las exportaciones de China a lo largo de todo el período y especialmente desde los primeros años de la década del 2000. Este giro hacia la exportación de dicha economía queda patente en el hecho de que su volumen de ventas foráneas supera en más de un 30% al de Alemania, cuando tan solo veinticinco años atrás era marginal en el ámbito internacional.

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Evolución Exportaciones

En este contexto, España ha intensificado de forma importante sus relaciones comerciales con el gigante asiático. En concreto, entre 1990 y 2014, las exportaciones de España al gigante asiático han crecido a una tasa media anual acumulativa del 11,5%, lo que ha supuesto que el valor de las exportaciones a este país se hayan multiplicado casi por 18 en dicho período. Por su parte, el ritmo crecimiento de las importaciones de España procedentes de China ha sido todavía más intenso (14,4%), multiplicándose el valor de las importaciones por algo más de 36 desde 1990. Además, durante los 25 años considerados, las exportaciones españolas a China han sido siempre menores que las importaciones españolas de China como pone de manifiesto la tasa de cobertura de España en el comercio con China, que se sitúa en promedio en el 25% a lo largo de este período.

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Evolución comercio España-China

El análisis de la estructura sectorial del comercio exterior de bienes de España con China en 2014 revela que aproximadamente la mitad de las exportaciones se concentra en semimanufacturas (principalmente productos químicos) y bienes de equipo. A estos sectores le sigue en orden de importancia las exportaciones de materias primas (con una participación cercana al 18%), alimentación, bebidas y tabaco (11,71%) y manufacturas de consumo (9,57%). Atendiendo a la vertiente importadora, se observa una fuerte concentración en manufacturas de consumo 38,3%) y, sorprendentemente, bienes de equipo (33,4%).

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Estructura Productiva

En el apartado econométrico utilizamos el modelo de gravedad del comercio internacional para estimar el comercio potencial entre España y China en ambas direcciones a lo largo del período 1990-2014. En su formulación más simple, la ecuación de gravedad plantea que los flujos comerciales bilaterales dependen positivamente del tamaño económico de los países y negativamente de la distancia entre ellos, en analogía a la atracción gravitacional newtoniana. Sin embargo, la literatura especializada ha ampliado la formulación básica de la ecuación de gravedad con variables adicionales de control que tratan de recoger otros factores con influencia sobre los costes de transacción bilaterales, así como la denominada resistencia multilateral al comercio y la heterogeneidad bilateral inobservable.

Flujos comerciales por debajo de su valor potencial

El análisis realizado con datos de 48 países (entre los que se incluyen las principales economías del mundo) a lo largo del período 1990-2014 pone de manifiesto que las exportaciones de España a China estuvieron por encima de los valores predichos por el modelo hasta 1999. A partir de entonces, el valor observado se sitúa sistemáticamente por debajo del valor potencial estimado (70% en promedio) siendo las diferencias entre ambos valores mayores durante los seis últimos años del período analizado en los que la ratio del valor observado sobre el potencial se mantiene estable alrededor del 61%.

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Ratio Comercial Potencial (Real/Potencia) exportaciones españolas a China

Por lo que respecta a las exportaciones de China a España, los resultados indican que a partir del año 1999 (con la única excepción del 2001) los valores observados se sitúan nuevamente por debajo de los valores potenciales que predice la ecuación de gravedad. No obstante, conviene señalar que en todos estos años el valor real de las exportaciones de China a España se ha mantenido relativamente cerca de su potencial, situándose la media de la ratio anual entre el valor real y el potencial (excluyendo el año 2001) en el 85%. En consecuencia, desde comienzos del siglo XXI, en las relaciones comerciales entre España y China en ambas vertientes y, especialmente, en la exportadora, los flujos comerciales están por debajo de su valor potencial lo que sugiere que existe un margen para acrecentar las relaciones comerciales entre ambos países.

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Ratio comercial potencial (Real/Potencial) exportaciones chinas a España

Hemos tomada esta entrada prestada del Blog de Funcas y es un resumen de un artículo de Salvador Gil Pareja, Rafael Llorca Vivero y Jordi Paniagua Soriano titulado El potencial de China , publicado en el número 150 de Papeles de Economía Española. Puede acceder aquí al sumario de la revista.

Ein-Euro-Jobs (Trabajo-por-1€)

Texto: Jordi Paniagua. Ilustración: Carlos Sánchez Arandaeurojob

¿Estaría Usted dispuesto a trabajar cobrando un euro la hora? En Alemania, unos 75,000 desempleados (un 7.5% de total) reciben una compensación de entre 1€ y 2.5€ por hora trabajada. Es una de las medidas un plan que pretende atajar el desempleo estructural conocido como “Arbeitsgelegenheit mit Mehraufwands-entschädigung” (algo así como oportunidades-de-trabajo-con-compensaciones-adicionales). Detrás de este título interminable se esconde un programa de empleabilidad (unos 250 millones de euros al año) consistente en re-introducir en el mercado laboral a desempleados de larga duración pagando una compensación (que no salario) de un euro por hora.

El Ein-Euro-Job es un programa distinto al de mini-jobs (o midi-job), que se remuneran con salarios entre 450€ y 850€ al mes (exentos de cotizaciones sociales), cuyo objetivo es introducir en el mercado laboral a colectivos con más dificultados (por ejemplo los jóvenes). Los mini-jobs se pueden acumular (hasta un límite) y son compatibles con otros trabajos con contratos regulares. Los mini-jobs cotizan para el cálculo de pensiones, desempleo, vacaciones y bajas.

El pago no es un salario al uso, sino más bien compensación por el coste de realizar una actividad laboral (por ejemplo desplazamiento, ropa de trabajo etc). La empresa o el empleador no tienen coste alguno, ya que esta compensación la asume el Estado Alemán. Por tanto, no tiene ninguna contrapartida ni cotización en el régimen de la seguridad social del “empleado”.

El objetivo del trabajo-por-1€ es aminorar la desconexión laboral de quien hace tiempo que no usa el despertador ni tiene una rutina ni está acostumbrado a tener un jefe. Una de las críticas que se hace al sistema el tipo de trabajos que se realizan. Uno de los trabajos por un euro el más interesante es el de comprobador de la integridad de los puzzles de segunda mano.

satellite2El programa no está exento de controversia política y centra buena parte del debate entre conservadores y socialdemócratas alemanes. Curiosamente los políticos en Alemania se dedican a discusiones tan banales sobre cómo emplear a los desempleados y no a temas tan trascendentes como patrios tales como las banderas y fronteras, las fiestas nacionales o el fútbol. Mientras tanto, el desempleo de larga duración no hace más crecer (en hombres se ha elevado 5,2 puntos y en mujeres 6,1 puntos en el periodo 2010-2014) y supera con creces la media Europea.

Los críticos (El SPD que curiosamente fue el partido que engendró el plan con la comisión Hartz en tiempos de Schröder)  sostienen que con este tipo de trabajos apenas se mejoran las capacidades que demanda el mercado laboral. Los promotores del sistema defienden que cualquier ocupación es peor que estar desempleados. Parten de la premisa que la principal causa desempleo de larga duración de la es no estar trabajando.

Uno de aquellos papers maravillosos de antes de los noventa, que resumen la intuición del modelo con ejemplo cautivador, nos ayuda a entender el problema del desempleo de larga duración con un ejemplo que parece inspirador del sistema alemán. El ejemplo que plantean Budd, Levine y Smith “Unemployment, Vacancies and the Long-Term Unemployed” (1988, Economic Journal) es el siguiente: Imaginen una tienda de flores con un ramo de flores con una frescura decreciente. Si los clientes pueden escoger libremente las flores que compran sin variación de precios, se establece un doble sistema de discriminación. Las flores más frescas se venderán antes (state depandance effect), pero algunas flores se mustiarán antes que otras (hetorogeneity effect).  Es decir, que si se venden flores de hace dos días, serán las más frescas de su grupo. Por consiguiente cada día que pasa, el ramo no solo acaba mustiándose más por paso del tiempo, además  pierde las flores más frescas (las que mustien más lento).

El programa trabajo-por-1€ aborda el primer problema, por el cual un empleador prefiere a una persona que ha estado desempleada durante cuatro meses frente a otra desempleada durante seis meses, pero deja sin resolver el hetorogeneity effect. No todos los desempleados son iguales, habrá quien pueda adquirir habilidades que le permitan encontrar trabajo haciendo puzles, pero para muchos otros seguirán sin encajar en el puzle que se ha convertido el mercado de trabajo en Europa, y particular en España.

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¿Podría este programa reducir parte del paro estructural es España? Su éxito dependerá en buena medida de cuál de los dos efectos (dependencia del Estado vs. Heterogeneidad) prima en nuestro país. Los datos sugieren que la mayoría de desempleados de larga duración son un grupo bastante homogéneo (mayores de 50 años con estudios primarios). Por tanto, no sería descabellado profundizar en medidas imaginativas y concretas como la de trabajo-por-1€ para reducir el paro de larga duración en nuestro país.

Paradojas e Imposibilidades: del Brexit al Sorpasso

¿Se acuerdan de la pregunta último referéndum en el que se nos invitó a votar? Probablemente no, pero Wikipedia tiene la memoria que nos falta: ¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa? España, como Fuenteovejuna respondió que sí (y todos a una). Pero resulta que los Holandeses dijeron que no y ahí sigue la constitución Europea, durmiendo el sueño de los justos.

Muy probablemente ni Holandeses ni Españoles nos leímos atentamente la constitución europea antes de votarla y tampoco teníamos una idea clara de cómo nos iba a influir. Al igual que los británicos con su particular “Brexit”, votamos por inercia, por tradición o simplemente porque pensábamos que individualmente nos iría mejor o peor con más integración Europea.

La falta de información, capacidad de compresión o de previsión pueden propiciar situaciones injustas y comprometidas para un amplio espectro de la población. Por ejemplo, hoy se constata la profunda injusticia del Brexit para los escoceses, irlandeses del norte, londinenses y jóvenes británicos, que votaron mayoritariamente por permanecer en Europa.

La organización del sistema de votación puede conducir a situaciones injustas o socialmente ineficientes. Lo sabemos desde el siglo XVII cuando Condorcet publicó su ensayo sobre la paradoja de la votación.  Consecuentemente, la mayoría de democracias parlamentarias (desde la revolución francesa) han implementado mecanismos de control para evitar situaciones injustas. Por ejemplo, el sistema bicameral, las segundas vueltas o una mayoría cualificada para cambiar leyes orgánicas.

Sucede además que la suma de preferencias individuales no tiene que coincidir necesariamente con las preferencias de toda la sociedad, que son mucho más complejas. El problema se complica especialmente cuando ampliamos el número de alternativas posibles. En nuestro país, hasta hace dos elecciones teníamos tan solo dos partidos con posibilidades realistas de gobierno. En este caso las preferencias sociales representaban bastante bien las preferencias individuales (salvando los problemas de desinformación). Una mayoría estaba contenta y la minoría no tanto, pero se podía alcanzar un sistema relativamente justo.

En cambio, ahora podemos elegir entre cuatro alternativas con alternativas reales de gobernar. No se puede calificar de sorpresa el resultado electoral cuando tan solo ha cambiado ligurmente con respecto a las anteriores elecciones la distribución dentro de los bloques, pero no la varianza entre grupos. Tampoco nos puede sorprender si tenemos en cuenta el artículo de premio Nobel Arrow “A Difficulty in the Concept of Social Welfare” (1950). En definitiva, lo que demuestra Arrow es que es imposible agregar las preferencias individuales con más de tres alternativas sin violar principios básicos de justicia social como la existencia de un sistema democrático.

En su teorema de la imposibilidad, Arrow añade también el principio de la independencia de alternativas indiferentes. Este último principio asegura que la preferencia social entre dos alternativas depende exclusivamente de las preferencias individuales entre ellas. Por ejemplo, si la aparición de un tercer candidato no altera las preferencias individuales con respecto a los candidatos ya existentes, no se deberá alterar el resultado electoral. Individualmente, todos lo que participamos en la votación teníamos clara nuestra preferencia acerca del candidato que debería gobernar durante la próxima legislatura. Sin embargo, el resultado final vuelve a reflejar una imposibilidad; en este caso para gobernar de manera estable durante cuatro años.

El propio diseño de votación, el número de alternativas, la claridad de las preguntas (y de las consecuencias) pueden influir en el resultado de las votaciones, que pueden arrojar, bajo ciertas circunstancias, unas situaciones absurdas, paradójicas y con un alto grado de injusticia social.

El precio por llegar tarde ¿un chiste?

Hay pocas cosas más serias que un buen chiste. Por ello, el último viernes de febrero me puse una corbata cuando subí en el AVE en dirección a Madrid a contar chistes. Como ya expliqué hace algún tiempo aquí, los académicos no somos muy de corbatas. De hecho, las jornadas de docencia de ALDE en las que presenté la comunicación “Economía con humor” ha sido la segunda vez que me he puesto una corbata para subir a la tarima de un congreso. La primera vez fue cuando mis directores de tesis me dijeron (con seriedad) que en los congresos de economía se estilaba la corbata. Y con traje, chaqueta y corbata me planté en primera comunicación ante un auditorio de atónitos profesores en tejanos y camisetas. Por suerte es más fácil desprenderse de la corbata cuando sobra que echarla de menos cuando hace falta.

Pero esta ocasión merecía una buena corbata de seda con su nudo Windsor.  El que les escribe se ha curtido a explicando el teorema del límite central en clase o comunicando resultados de regresiones en congresos científicos. Nuestro ámbito de acción suele ser más sosegado, solitario y reflexivo. Era la primera vez que intentaba hacer reír conscientemente a un auditorio de pares (en clase los alumnos se ríen más). Tampoco he participado nunca en una tertulia radiofónica, pero tengo la sensación que hacer reír a 30 profesores debe ser una sensación parecida a la de discutir de economía con periodistas de mensajes telegráficos. Señores del club de la comedia y tertulianos, se han ganado mi respeto (más los primeros que los segundos).

En mi defensa diré que hacer reír a un grupo de economistas académicos no es una tarea fácil. Primero, el auditorio no tiene la misma predisposición que ante un monólogo. También descubrí luego con asombro que incluso hay profesores que se toman muy en serio la innovación docente. Y claro, cuando dije en tono chistoso que la mayoría de nosotros estábamos allí para rellenar la casilla correspondiente de la ANECA no les hizo ninguna gracia.

Tengo mala memoria para los nombres y para los chistes. No es una característica necesariamente negativa, ya que siempre me da pie a romper el silencio incomodo y preguntar algo (aunque sea el nombre). También me puedo reír varias veces del mismo chiste como si fuera la primera vez. Por ello tenía preparado un amplio repertorio de chistes de economistas que he ido recopilando desde hace cursos en mis clases (los mejores chistes de economistas los pueden encontrar aquí, aquí y aquí).

Mis alumnos me ayudan a mantenerme al día en materia de chistes. Mis clases suelen ser a primera hora y no hay nada como un buen chiste para empezar con buen pie el día. Sin embargo las clases econometría de las 08:00 se enfrentan a dos dilemas clásicos de la física: la teoría de la relatividad de Einstein y la paradoja de Schrondinger. Primero, el tiempo es relativo (pero suele ser más relativa retrasándose que adelantándose). Segundo, si no hay nadie en clase para recibir la materia impartida, existe una indefinición sobre si la clase está dada o no.

La manera más efectiva de contrarrestar las fuerzas de la entropía que nos abocan a un retraso siempre creciente es contar un chiste. Es decir, un sencillo sistema de incentivos mediante el cual el alumno tiene que asumir el coste por llegar tarde y  pagar un precio: subirse a la tarima y hace reír a sus compañeros. Lo que empezó como una broma, ha acabado siendo una de las mejores maneras para atajar los retraso, mejorar el ambiente en clase y reforzar competencias (como hablar en público, capacidad de síntesis; ver gráfico). Como diría Kierkegaard, la risa es la contradicción indolora.

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Llegar tarde es una práctica habitual en la sociedad española (universidad incluida). Más del 60% de los alumnos han llegado tarde alguna vez y hay un alto número de retrasos sistemáticos (ver figura).

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La impuntualidad no es un chiste, aunque lo a veces lo parezca. Ser impuntual no tiene apenas repercusiones, en parte por la alta tolerancia al retraso y el escaso escarnio social. Según el profesor de INSEAD Erin Meyer somos unos de los países más impuntuales del mundo con un elavado coste social y económico (The Culture Map: Breaking Through the Invisible Boundaries of Global Business).

Para qué queremos construir un AVE, ¿para seguir llegando más rápido tarde? (Aunque del AVE ya hablamos anteriormente aquí). Mitigar la impuntualidad desde la universidad puede contribuir a disminuir su incidencia negativa en la sociedad y en la economía.

¿Ha aumentado el AVE el comercio internacional?

El diario El Mundo publicó una noticia relacionada con un trabajo de Salvador Gil, Rafel Llorca y Jordi Paniagua:

Madrid se lleva el 30% del aumento exportador del AVE y Valencia, nada

¿Ha aumentado el AVE el comercio internacional?

En el artículo Does high-speed passenger railway increase foreign trade? An empirical analysis, publicado en International Journal of Transport Economics 52(3):357-376 (Gil-Pareja, Llorca-Vivero & Paniagua, 2015) nos preguntamos si el despliegue de la infraestructura de las líneas de ferrocarriles de alta velocidad (AVE) ha tenido un efecto sobre el comercio internacional.

Las contribuciones de este trabajo son dos: en primer lugar, el estudio contribuye a entender mejor el papel de las infraestructuras ferroviarias en el comercio internacional. En segundo lugar, el estudio revela un beneficio adicional del AVE que había pasado desapercibido por el escrutinio académico hasta ahora.

El despliegue del AVE no ha estado exento de controversia académica. Primero, por su alto coste en comparación a su beneficio. En segundo lugar, por su efecto dispar en la distribución espacial de la economía. Sin embargo, los estudios realizados hasta la fecha no habían computado un efecto indirecto del AVE sobre las exportaciones.

Los mecanismos que explican este efecto son dos. Por un lado, la duplicidad de líneas ha liberado tráfico de pasajeros por las líneas convencionales. Por tanto, ha aumentado la oferta de slots para mercancías en las líneas ferroviarias. Por otra parte, el AVE ha incrementado la eficiencia en la gestión del tráfico ferroviario de mercancías, ya que los convoyes de pasajeros tienen preferencia.

Para cuantificar el efecto del AVE en el comercio internacional hemos utilizado la ecuación de gravedad para estimar el comercio bilateral entre 119 pares de países durante 1964-2012. Los resultados sugieren que el AVE ha potenciado la capacidad exportadora de las empresas. Los países que disponen de trenes de alta velocidad comercian un 17% más que aquellos países con características similares pero sin líneas AVE. Observamos asimismo una magnitud similar tanto en las exportaciones como en las importaciones. Sin embargo, la elasticidad comercio-kilómetro es relativamente modesta. Por ejemplo, si dobláramos el número de kilómetros de AVE, el comercio aumentaría menos de un 3%. Es decir que el tamaño de la red no importa tanto como el hecho de disponer de un AVE.

El efecto del AVE es significativo en todos los países que han implementado las vías en paralelo a las convencionales. No obstante, un análisis pormenorizado pone de manifiesto una cierta heterogeneidad regional. El efecto es mayor en aquellos países que conectan regiones del interior con un puerto marítimo (como el eje Ankara-Estambul o Madrid-Valencia). Un análisis con una mayor desagregación regional indica que no es el mismo para los dos extremos de la línea. Por ejemplo, el AVE Madrid-Valencia ha tenido un efecto positivo tan solo en las exportaciones madrileñas. Para las exportaciones valencianas, el efecto del AVE no ha resultado significativo.

Los resultados de nuestro estudio pueden ser de utilidad a la hora de diseñar futuras ampliaciones de la red. Una mayor capilaridad y descentralización de la red podrían redundar en el aumento de la capacidad exportadora de distintas regiones. Por último, el artículo puede resultar de interés para mejorar el cálculo del coste-beneficio de otras infraestructuras.

¿Es más difícil publicar en Economía?

Texo: Jordi Paniagua. Ilustración: Cárlos Sánchez Aranda

Your Submission

Mi bandeja de entrada tiembla cada vez que leo en el asunto “Your submission”. Leo las primeras frases del email como quien busca el resultado de la lotería en el periódico. Sé que las probabilidades están en mi contra pero aun así sigo albergando esperanzas. Los “odds” son los mismos de a contraer la gripe (10 a 1). Como me suelo constipar cada año, pienso que lo más probable es que al amable “Dear Professor”, le suceda el habitual “unfourtunatelly the paper is rejected”.

En las charlas de ascensor de los congresos de economía, en vez de hablar del tiempo, los economistas solemos romper el hielo comentando lo difícil que es publicar en las mejores revistas especializadas (las JCR) y lo imposible que es publicar en los top-journals. Incluso envidiamos (sanamente) a los colegas profesores de otros campos, que supuestamente publican con más facilidad (aunque pocos de nosotros publica en otros campos ya que no estas publicaciones no cuentan para los tramos investigadores o sexenios). ¿Es realmente más difícil publicar en economía que otros campos o somos los economistas académicos unos “quejicas”?

Sabemos que publicar en economía es un proceso complicado y lento. Tan solo el 5% de los artículos se aceptan (Card y DellaVigna 2013) y la carta a los premiados se demora entre 12 y 30 meses (Ellison 2002). Estas revistan reciben cada vez más y mejores trabajos, pero siguen publicando el mismo número de artículos que hace 30 años (cuando el papel era una limitación importante).

Submissions per year (Card and DellaVigna 2013)

Por tanto es muy difícil publicar en economía, pero ¿es más difícil publicar en economía que otras disciplinas académicas? Zuckerman & Merton (1971) explican la hetorogeneidad en la tasa de rechazo por consenso académico y grado de empirismo. Es más difícil publicar en aquellas áreas con menos consenso y menos números. Por tanto, parece que la economía tiene todas las de perder. Mientras que en medicina por ejemplo, no es habitual leer un paper “teórico”, el número de trabajos empíricos en economía ronda el 60%. La economía es la única ciencia donde se concede un premio Nobel a dos personas por decir exactamente lo contrario.

Sugimoto et al (2013)

Sugimoto et al (2013)

La evidencia empírica reciente apoya esta hipótesis. Sugimoto et al (2013) comparan el índice de aceptación en Business (asimilable a economía), informática, educación, ciencias de la salud y psicología. Su estudio muestra que existe una gran variabilidad por disciplinas.Como puede observarse en el gráfico, es mucho más complicado publicar en economía que en las demás áreas. Además la brecha entre las publicaciones de calidad y el resto es de las mayores. Es curioso que en algunas disciplinas es igual de fácil publicar en revistas JCR (informática y educación).

En el siguiente gráfico se puede apreciar que los economistas hemos tomados dos medidas. Primero, a través del margen intensivo (escribir artículos más largos intentando incrementar la calidad) y el extensivo (colaborar con más autores) para incrementar las posibilidades de publicación. El número medio de co-autores en economía es de 2.5 para artículos de 35 páginas de promedio. Por el contrario, es habitual leer artículos de apenas 5 páginas firmadas por más de 10 autores en otras disciplinas (como informática o medicina). Publicar en economía no solo es más difícil, además el coste por autor es superior.

Co-autores y longitud (Card and DellaVigna 2013)

Además de difícil y caro, la publicación económica es especialmente lenta. En promedio un joven profesor tarda cinco años después de leer la tesis en publicar en un primer cuartil (Conley et al 2011). (A mí me quedan dos años todavía…). Concluyen estos autores que la demora en la publicación económica tiene un efecto perverso especialmente en la promoción profesores más jóvenes.

Conley et al (2011)

Parece que los economistas académicos no solo partimos con desventaja con respecto a otras disciplinas, sino que publicar es hoy más mucho más difícil que hace una década. En cambio, las exigencias para la acreditación son similares y crecientes.

Si hoy es viernes, esto aún es España

Publicado en El Mundo el viernes 9 de Octubre (Día de la Comunidad Valenciana). Texto: Jordi Paniagua

http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2015/10/09/56177a74ca4741653a8b46a3.html

El enredo catalán recuerda a la disparatada comedia Si hoy es martes, esto es Bélgica (1969) en la que un grupo de turistas americanos se proponen visitar la mayor parte de los países europeos en tan sólo 18 días. Sin ocasión de disfrutar del viaje, logran cumplir su reto acumulando fotos frenéticamente, pero sin saber dónde han estado exactamente. En Cataluña, una serie de turistas de la política se ha propuesto un reto similar: acumular el mayor número de votos sin tener la más mínima idea de cómo quedaremos todos al final del viaje.

Si además de viernes, hoy es 9 d’Octubre, en Valencia todavía compartimos país con nuestros vecinos del norte. Parafraseando al gran Vinicius de Moraes: Porque hoy es viernes, hay la perspectiva del sábado. Es imposible huir de esa dura realidad. ¿Qué sucedería si mañana sábado el Sénia dibujara una frontera entre nosaltres el valencians i vosaltres els catalans? Se lo avanzo (por si tienen un cierto hartazgo y prefieren dedicar los minutos de la lectura posterior a preparar la Mocaorà): la independencia tendría un alto coste para Cataluña, pero también para el resto de España y muy especialmente para Valencia.

El encaje de Cataluña nos afecta especialmente en Valencia. Cataluña, además del vecino del norte, es el principal socio comercial de Valencia y la única vía terrestre hacia Europa. La independencia política de momento no tiene el poder para decidir sobre la geografía. A diferencia de otras CCAA, que ya se han preocupado de potenciar el corredor central para hacer llegar sus productos a Europa de manera alternativa, las exportaciones valencianas (60% por medios terrestres) pasan necesariamente por Cataluña.

importexportCV

Valencianos y catalanes somos más que vecinos. Puede que no compartamos ni identidad ni acento, pero compartimos un mismo espacio común. Ese espacio común que es un estado democrático es mucho más que el conjunto de sus partes o la suma de balanzas fiscales. Podemos expresar nuestras opiniones libremente en varias lenguas y equivocarnos o acertar al elegir a nuestros gobernantes. Tenemos incluso los mecanismos legales para mejorar lo que nuestros padres pensaron hace treinta años que era lo mejor para nuestro futuro presente.

En el interior de los estados suceden cosas sorprendentes que afectan a su economía. El diseño territorial, la regulación, las preferencias de los consumidores o la redistribución fiscal afectan muy especialmente al patrón y a la composición del comercio. Para muchos economistas, una de las facetas más fascinantes de los estados es que se comercie mucho más dentro de sus fronteras que con el exterior.

En 1995 el profesor McCallum descubrió asombrado que a pesar de las abrumadoras similitudes entre el sur de Canadá y el norte de EEUU, las regiones canadienses comerciaban 20 veces más entre ellas que con sus vecinas estadounidenses. Desde entonces, el «efecto frontera» ha sido ampliamente documentado en multitud de investigaciones a lo largo de distintas fronteras. Durante estos veinte años hemos ido observando y entendiendo mejor sus mecanismos. Por ejemplo, los franceses comercian ocho veces más entre franceses que con los alemanes, aunque éstos últimos sólo lo hacen tres veces más. En promedio, la Europa de los doce comercia cuatro veces más dentro de sus fronteras.

Es justo reconocer (precisamente hoy en la fiesta de todos los valencianos), que fueron tres profesores de la Universitat de Valencia los primeros en cuantificar el efecto frontera para España. Pero no piensen que Spain is different, de hecho somos bastante normales, ya que el caso español arroja unos resultados similares a los del resto del mundo. Los valores fluctúan entre 8,5 para Madrid y alrededor de 60 veces para las Islas Baleares. En Valencia estamos cerca del promedio nacional y exportamos 21 veces más al resto de España que al extranjero. Cataluña no es una anomalía. El comercio de Cataluña con el resto de España es 22 veces mayor que con el extranjero (esto significa que las empresas catalanas exportan un 2200% más a otras autonomías que al resto del mundo).

Imaginemos que una Cataluña «libre» fuera un país normal dentro de la UE. En este caso sería razonable suponer que sus patrones comerciales fueran los que observamos habitualmente en economía comercial. Por consiguiente, no es descabellado pensar que observáramos en un hipotético estado Catalán el mismo efecto frontera que en el resto todos los países normales (puede que en Suiza no tanto). Sería sorprendente aspirar a ser un país normal en todos los aspectos menos precisamente en este. Como sucedió entre Eslovaquia y la República Checa tras su ruptura en 1993. Tan sólo en cinco años el comercio entre checos y eslovacos descendió un 20%. Aceptemos a Cataluña como estado de compañía y estudiemos cómo afectaría el cambio del patrón comercial a la economía.

Supongamos que Cataluña se independiza elegante y amistosamente, conservando unas instituciones plenamente democráticas. Sin ningún boicot, dentro de la UE, manteniendo relaciones cordiales con sus ex vecinos y sin realizar ninguna transferencia fiscal. Dibujemos tan sólo una frontera en el Sénia e imaginemos que tenemos las mismas fricciones comerciales con Cataluña que con Portugal. Bajo este escenario, los profesores de la Universidad de Edimburgo, Comeford, Myers y Mora (Revista de Economía Aplicada, 2014), estiman, mediante un equilibrio general para esta nueva economía, un descenso de las rentas catalana y española del 6,1% y 3,9% respectivamente. La desconexión catalana es también una desconexión española y nos afecta a todos.

Son las cifras conservadoras del empobrecimiento mutuo, ya que el análisis presupone que se eliminan totalmente las transferencias fiscales y supone que Cataluña se abre más al mundo (y menos a España). Pero es improbable que un nuevo estado catalán esté exento de un cierto grado de distribución fiscal. Al integrarse en Europa como un país con un PIB por encima de la media, Cataluña sería un contribuyente neto, como Alemania u Holanda. En vez de contribuir a la solidaridad territorial con Andalucía y Extremadura directamente, lo haría a través de la caja en Bruselas junto con las aportaciones para el resto de regiones más desfavorecidas de Europa. Con el nivel actual de transferencia fiscales, el descenso del PIB Catalán sería más del doble, un 12,8%.

Sin embargo, el flujo fiscal tiene una segunda derivada: ayuda a compensar los flujos y tensiones migratorias entre países y regiones. Es cierto que nadie paga con una sonrisa los impuestos, sobre todo cuando no se disfruta proporcionalmente de la inversión y servicios públicos. Pero la evidencia empírica nos indica que cuando se corta el tren del dinero, se fleta el tren de la migración. Migración, comercio y desigualdad van de la mano. Puede que el sistema actual de solidaridad interterritorial no sea ni óptimo ni justo y se podría mejorar sin duda. Es cierto que la subvención limita el desarrollo del sur. Pero las experiencias pasadas (en los tiempos donde no existían transferencias de renta) nos invitan a pensar que en un sistema sin apenas transferencias disminuye el bienestar social neto.

Por tanto, la redistribución fiscal no es una aportación enteramente altruista. Salimos ganando todos. La solidaridad entre territorios viene normalmente acompañada de una relación comercial. El mecanismo es parecido a la máxima franciscana: «dando es como se recibe». Parte del aumento de la renta de las regiones receptoras se destina a importar productos y servicios de las regiones que más recursos aportan a las arcas del estado. En teoría, la balanza comercial compensa la fiscal y todos salen favorecidos. El problema es que en el caso catalán esto no sucede.

Cataluña comercia principalmente con las otras CCAA que presentan un déficit fiscal como Valencia, Aragón, Madrid, País Vasco y Baleares. Exceptuando Andalucía, que es el principal destino de las exportaciones catalanas, las CCAA con una balanza fiscal positiva son las que menos comercian con Cataluña. Es decir, que Cataluña da pero no recibe tanto. Este es uno de los puntos centrales que esconde el argumentario independentista, dando no se recibe, o al menos no se recibe tanto.

En cambio, en Valencia la situación es diferente. Las balanzas fiscal y comercial se ajustan mejor en Valencia que en Cataluña. La mayor parte de nuestras exportaciones regionales van dirigidas hacia Cataluña, más del doble que a cualquier otra CCAA. Pero a diferencia de Cataluña, el comercio valenciano es más intenso con CCAA netamente receptoras (Andalucía, Murcia, Castilla la Mancha) y nuestro déficit fiscal se compensa en parte con un superávit comercial.

Un parón brusco en la solidaridad interterritorial provocaría bien una carga sobre las CCAA donantes o una disminución de las cantidades recibidas por las receptoras. En cualquiera de los dos casos, la economía valenciana se vería perjudicada. Bien porque aportaríamos más a la hucha común o porque nuestros principales socios comerciales tendrían menos dinero disponible para comerciar con nosotros. Por lo tanto, la caída del PIB Valenciano estaría más cerca del 12% catalán que del 6% español.

Más allá de las balanzas comerciales y fiscales, existe un tercer factor que habitualmente pasa desaparecido. El efecto frontera no afecta únicamente al volumen del comercio, también incide sobre su composición. No todas las empresas son iguales, las menos productivas abastecen al mercado doméstico y a partir de cierto umbral de productividad, las empresas se lanzan a la exportación. El umbral de productividad entre Valencia y Cataluña aumentaría, ya que sería más difícil exportar productos «made in Catalonia» o «made in Valencia (Spain)». La evidencia empírica nos hace pensar que las barreras administrativas inciden negativamente sobre el umbral de productividad necesario para comerciar. Esto significa que empresas que antes comerciaban libremente descubren que ya no les sale a cuenta hacerlo. Una hipotética secesión relegaría a las empresas menos competitivas al mercado doméstico.

Las empresas con una productividad media o alta también se verían afectadas. La reciente crisis es un desgraciado laboratorio para estudiar este tipo de efectos. Investigaciones recientes demuestran que algunas de estas empresas ajustarían la calidad de sus productos a la baja para hacer frente a shocks exógenos en la demanda de productos o en la disponibilidad de crédito. Una rebaja de la calidad permite vender más barato a menos coste y superar el corte. Sin embargo, la mayoría de empresas no pueden variar demasiado la calidad de sus productos. Estas empresas se ven abocadas a vender los mismos productos a precio menor para mantenerse a flote. A corto plazo, la única opción realista para muchas empresas con una productividad media-baja (como la mayoría de las empresas de nuestro entorno) es bajar los salarios. Parte de estas empresas lograrían seguir exportando, pero no por su mejor calidad o valoración, sino vía deflación salarial. A corto plazo las empresas catalanas y valencianas se embarcarían en un viaje a la deflación y la mediocridad.

Sin embargo, con el paso de los años la situación se estabilizaría para volver a niveles parecidos a los de hoy en día. Pero ese largo plazo estaría precedido de un corto plazo con salarios más bajos y una caída estimada del PIB diez veces superior a la de la crisis del 2007. Ha pasado casi una década desde el inicio de la crisis y aun no hemos logrado niveles de empleo parecidos a los de entonces. Pero parece poco probable que la amalgama política salida de las urnas del 27-S acepte alegremente asumir más recortes para llegar a un destino incierto de aquí 10, 20 ó 30 años. Más bien al contrario.

¿Cómo se puede construir un país normal sin asumir los costes normales de ser un país? Incrementar la soberanía nacional en una economía global conlleva un coste. Si no se está dispuesto a asumir el coste económico se pagará un peaje democrático. Una frontera soberana entre países democráticos empobrece a ambos, por ejemplo disminuyendo el comercio. En cambio, países opacos, por ejemplo los paraísos fiscales, gozan de las ventajas del comercio y de la soberanía simultáneamente.

Jordi Paniagua es profesor de la Universidad Católica de Valencia e investigador asociado del Instituto de Economía Internacional.

¡Qué roben otros!

En cuanto la interpretación de los resultados electorales del paso domingo caben dos interpretaciones no necesariamente excluyentes. La primera sería el grito profundamente Ortegiano “¡Qué roben otros!” Es decir una sustitución de un partido y unos dirigentes marcados por la corrupción por otros partidos con personas en principio honestas (o que no han estado en posición de poder corromperse). La segunda interpretación sería un cambio en las preferencias de la población sobre la política económica y en particular el gasto público a nivel local y autonómico.

Sin desmerecer el factor Ortegiano, la segunda explicación tiene unas implicaciones más profundas en las políticas que implementen nuestros dirigentes a partir de ahora. La más evidente es que la austeridad simplemente no funciona. No es que los modelos macro de reacción fiscal se equivoquen (que también podría ser) ni por el acierto de las políticas Keynesianas de expansión del gasto público.

La austeridad no funciona porque la propensión marginal al suicidio político tiende a cero. Puede que las medidas de adelgazamiento de a deuda, reducción del gasto público, racionalización del sector público, devaluación interna y reducción de salarios para aumentar la competitividad, apertura comercial etc. sean justo lo que necesite nuestra economía en estos momentos. Pero atendiendo a los resultados electorales, ningún político tiene incentivos para continuar con este tipo de políticas, ya que los votantes han premiado a los partidos con políticas opuestas a las ortodoxas. Es decir, era previsible que los votantes se hartaran de esperar pacientemente recorte tras recorte a que se ajuste la economía en periodo indeterminado.

Tal como lo explicaba Keynes en The Economic Consequences of Mr. Churchill (1925):

The working classes cannot be expected to understand (..) Those who are attacked first are faced with a depression of their standard of life, because the cost of living will not fall until all the others have been successfully attacked too; and, therefore, they are justified in defending themselves. Nor can the classes which are first subjected to a reduction of money wages be guaranteed that this will be compensated later by a corresponding fall in the cost of living, and will not accrue to the benefit of some other class. Therefore they are bound to resist so long as they can; and it must be war, until those who are economically weakest are beaten to the ground”.

¿Qué alternativas hay para compatibilizar las preferencias de los votantes a corto plazo con un modelo de crecimiento a largo plazo? La primera es la Marxista: “Estos son mis modelos, si no le gustan, tengo otros”. La segunda es la Ortegiana: “¡Qué recorten otros!” La tercera es confiar que entre los miles de papers que producen las mentes económicas más brillantes haya al menos uno que encuentre la solución.

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