EL COMERCIO EXTERIOR: ¿UN BUEN CHICO?, por Vicente Donoso (UCM e ICEI) y Víctor Martín (URJC e ICEI)

La crisis por la que está atravesando la economía española deja poco hueco para las noticias alentadoras: nos hemos acostumbrado a un desempleo escandaloso, especialmente entre los jóvenes; a que las cifras de variación del PIB sean una quiebra continua de las expectativas (una caída del 1,4 en 2012, más pronunciada de lo esperado) a que el crédito sea un paralítico que no echa a andar; a que los parámetros del gasto social vayan adelgazando; a que la brecha tecnológica y de productividad auténtica (es decir, la que descuenta los aumentos debidos a la simple destrucción de empleo) se siga ampliando con los países de cabecera; a que una notable cantidad de recursos se vayan por las cloacas de la corrupción, de supuestas amnistías fiscales, de pagos de más a empresas que gestionan entidades privatizadas; o a que, de una u otra forma poco limpia, los dirigentes políticos cobren un sobresueldo.

Ante este triste panorama, cuya descripción podría ampliarse y profundizarse, no resulta extraño que el Gobierno se agarre a cualquier clavo para evitar precipitarse en el vacío. De forma un tanto sorprendente para quien conozca la historia económica de este país, ese clavo hace algún tiempo que viene siendo el comercio exterior. Se argumenta, con razón, que la situación es mejor de lo que sería debido al buen comportamiento de la demanda exterior. El comercio exterior sería el chico habitualmente díscolo que, de repente, ha sentado la cabeza y proporciona a los padres muchas alegrías.

Repasemos algunos hitos (aproximadamente desde 2008) de la hoja de ruta de éste buen chico en que se ha convertido el comercio de mercancías: se pueden enumerar al menos cinco que insuflan algo de optimismo en el maltrecho solar de nuestra economía:

a)     Las tasas de crecimiento  de las exportaciones se comportan más favorablemente que las de las importaciones.

b)     La contribución del comercio exterior a la tasa de crecimiento (negativa en una gran mayoría de años), lleva desde 2008 siendo positiva, es decir, contribuyendo a que la tasa de aumento del PIB sea mayor o la de disminución, menor.

c)     Como consecuencia de este buen comportamiento, se argumenta que la cuota de mercado de las exportaciones españolas en el total mundial, se ha mantenido más estable que la de países tan importantes como Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, todos los cuales han perdido, no ya décimas, sino puntos, de cuota en favor, por ejemplo, de China (hoy en día primer exportador mundial), Rusia e India.

d)     Y también, en consecuencia de esa buena trayectoria, los años de crisis han aportado una reducción que cabría calificar de espectacular, del déficit comercial, desde los 100.000 millones de euros de 2007 hasta los casi 31.000 de 2012.

e)     Esto último se puede hacer más gráfico aún, indicando que, si se descuenta el déficit de los productos energéticos (principalmente el petróleo), el saldo comercial de manufacturas de 2012 sería positivo por unos 15.000 millones de euros.

Creo que no conviene olvidar la importancia de las buenas noticias que se han expuesto en los puntos anteriores. Sin embargo, sí conviene matizarlas, porque la historia de nuestro comercio está llena de optimismos infundados que ocultan los graves problemas estructurales que padece. Lo primero es reconocer que, si en una situación de desempleo severo y de caída de la demanda interna cercana a los 5 puntos en 2012,  las importaciones crecieran más que nuestras exportaciones, estaríamos en una situación ciertamente alarmante. En segundo lugar, aún celebrando la buena noticia de la contribución positiva a la tasa de crecimiento, no debe olvidarse que, en nivel, el comercio exterior de mercancías sigue restando valor al producto, puesto que las importaciones continúan siendo superiores a las exportaciones. En tercer lugar, también tenemos que ponernos en guardia frente a un excesivo optimismo respecto de la cuota de mercado. Porque la realidad es que, los datos de la OMC indican que España cerró 2012 con una participación del 1,64 en las exportaciones mundiales, es decir, a nivel de 1990, y muy lejos del 2,03 alcanzado en 2003. En cuarto lugar, la notabilísima mejora del saldo negativo se apoya de forma acusada en el parón que ha supuesto la crisis en algunas partidas. Baste de ejemplo lo que ha ocurrido con los bienes de equipo, que han pasado de pérdidas en torno a los 27.000 millones de euros, en 2007,  a superávit de 500 millones, en 2012, debido al derrumbe de la inversión productiva.

Con todo, los anteriores matices no quieren borrar las buenas noticias; tan sólo pretenden matizarlas. Y, para ello, con carácter más general, conviene recordar lo siguiente: carencias energéticas (con un déficit acumulado entre 1995-2012 que supera los 390.000 millones de euros corrientes), tecnológicas expresadas en la importación de bienes de equipo (unos 250.000 millones de déficit acumulado en ese mismo periodo) y, desgraciadamente, ahora también de consumo, por falta de competitividad en el precio (unos 127.000 millones de descubierto en esos años) son debilidades que no se corrigen tan sólo con el tipo de cambio (caso de que pudiéramos manipularlo a nuestro antojo, como desearían algunos nostálgicos del pasado) o con el control de la demanda, sino que requieren políticas y reformas estructurales de largo plazo, que es lo que lleva reclamando nuestro comercio de mercancías hace mucho tiempo.

Buenas noticias para el Padrón (de parte del Censo de 2011), por Carmen Ródenas – Universidad de Alicante

El viernes pasado el INE ha hecho públicos los primeros datos del Censo de Población y Viviendas de 2011. Este Censo se ha planteado como una operación novedosa que combina datos procedentes de registros con una encuesta a unos tres millones de viviendas, que representan un 12,3% de la población. Partiendo de los datos del Padrón de Habitantes y de la información de varias fuentes administrativas (Ministerio del Interior para identificadores de españoles -DNI- y extranjeros -NIE-; Movimiento Natural de la Población -nacimientos y defunciones-, Seguridad Social, AEAT, Registro de títulos del Ministerio de Educación, MUFACE e información del propio Censo de Población y Viviendas de 2001), se ha creado un gran fichero precensal (FPC) en el que se han clasificado los registros en función de los resultados del cruce de su identificación con la información de las otras fuentes como: personas con residencia segura en España, con residencia descartada en el territorio nacional o, finalmente, con residencia dudosa. De acuerdo con su calificación, a cada registro del FPC se le ha asignado un factor de recuento. Obviamente, en los registros seguros el factor de recuento es igual a 1 y en los registros que no se cuentan –como una defunción, por ejemplo- el factor de recuento en el FPC será igual a 0.

Una gran parte de las personas que figuran en el FPC tiene confirmados sus datos de residencia en España. Sin embargo, como se ha mencionado, existen personas cuya presencia real en el país no está confirmada al no haber sido localizadas tras la confrontación de la información de las fuentes estadísticas. Según el INE (ver nota de prensa), el número de registros dudosos al finalizar el Censo ha sido cercano a 1.040.000 personas (un 2,2% del total de registros), de los cuales el 87% era población extranjera. A quienes estábamos esperando la información censal para confrontarla con la padronal a efectos de verificar la calidad de esta última en el recuento de los inmigrantes extranjeros que siguen residiendo en España con la llegada de la crisis, esta cifra nos pone en alerta.

¿Qué ha hecho el INE con esos 1.040.000 registros dudosos? Les ha estimado un factor de recuento en función de los resultados de la encuesta censal. A grandes rasgos, una vez agrupados los dudosos del FPC en clusters por afinidad de edad, nacionalidad y provincia, su tamaño se ha comparado con el de los grupos de similares características estimados a partir de la encuesta censal. El factor de recuento en el FPC es mayor que uno si los estimados por la encuesta se encuentran por encima de los detectados en el registro y será menor que la unidad si se encuentran por debajo. Una vez finalizado el proceso, señala el INE que el factor de recuento medio de estos registros dudosos resultó ser 0,424, lo que implica que de los 1.040.000 dudosos se contabilizan como población con residencia en España unas 440.000 personas, aproximadamente.

El resultado final es que la diferencia entre el Padrón de 2011 (a 31 de diciembre) y el Censo de 2011 en el número de extranjeros que residen en España es de poco más de 450.000 personas. Esto supone una validación de la calidad de la información padronal por varios motivos. En primer lugar, porque una distancia de un 8,3% a favor del Padrón no es demasiado elevada, en tanto que éste se trata de un registro administrativo en el que inscribirse supone el disfrute de ciertos derechos ligados a la residencia. En segundo lugar, porque sabemos que en los Padrones de 2012 y de 2013 se acoplarán las bajas por caducidad[1] causadas a lo largo de los años 2010 y 2011, no incorporadas de momento a los datos padronales de 2011. En media a lo largo de los últimos años, su volumen ha sido de unas 150.000 anuales; por tanto, sabemos que hay que descontar unos 300.000 registros adicionales de esa diferencia entre el Padrón y el Censo. Y, en tercer lugar y no menos importante, estas diferencias no se distribuyen de forma homogénea entre las diferentes nacionalidades. Como se aprecia en el gráfico, por grandes grupos de orígen, son los ciudadanos pertenecientes a la UE-27 los que mayores distancias presentan; no los nacionales africanos ni de América del Sur o Central.

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Desagregando por las nacionalidades extranjeras más numerosas en España, las mayores diferencias entre el registro padronal y el Censo de 2011 se producen para Alemania, Reino Unido y Francia, donde el Padrón sobreestimaría en torno a un 20% su población residente en España en relación al Censo. En el caso de Rumanía el porcentaje sería de la mitad (10%) y para los ciudadanos de Marruecos no alcanza el 1%. Por el contrario, los nacionales de Ecuador, Colombia y Perú según el Censo que se acaba de levantar se encontrarían ligeramente subrepresentados en el Padrón con una diferencia, respectivamente del -3.39%, -2.21% y -1.8%.

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El análisis anterior apunta con claridad hacia dos conclusiones. Primero, que el Padrón se encuentra lo suficientemente puesto al día en lo que se refiere a las cifras de inmigrantes laborales en sentido amplio y, segundo, que si hay algún problema de mayor calado este se centra con claridad en la sobre-captura de los ciudadanos de la UE-15. Casi la mitad (47%) de la diferencia entre el Padrón y el Censo de 2011 se concentra en esas 14 nacionalidades[2]. A este respecto, estaría muy bien que la renovación de la inscripción padronal -aprobada desde junio de 2008 por el Consejo de Empadronamiento- de los ciudadanos NO-ENCSARP (ciudadanos de la UE y de países del EEE, así como los que, sin pertenecer a estos países, tienen tarjeta de residencia de régimen comunitario y aquellos que tienen autorización de residencia permanente) se intensificara. Con el procedimiento previsto, similar al de las bajas por caducidad de los ciudadanos ENSCARP, se depuraría más el Padrón y podríamos tener una información de mejor calidad sobre este colectivo.


[1] Como consecuencia de la modificación legislativa introducida por la LO 14/2003 de Extranjería, que establece que los extranjeros no comunitarios sin autorización de residencia permanente (ENCSARP) tienen la obligación de renovar su inscripción padronal cada dos años. En caso de no llevarse a cabo tal renovación los ayuntamientos deben declarar la caducidad de la inscripción.

[2] De hecho, en su nota de prensa, el INE señala que el subgrupo más destacado en cuanto a proporción de población dudosa es la de nacionales de Alemania mayores de 80 años en la provincia de Alicante y la de ciudadanos del Reino Unido, también en Alicante, con edades entre 60 y 65 años.

Empleo, paro y crecimiento: la Ley de Okun revisitada

Con el dato de la Encuesta de Población Activa del pasado viernes se cierra uno de los peores años en términos de destrucción de empleo de las últimas décadas. En términos de variación inter-anual, la reducción de empleo del último trimestre solo es superada por la experimentada en el periodo 2008:4 a 2010:1 (véase Gráfico inferior, izquierda). En términos de variación inter-trimestral, la destrucción de empleo (348,7 mil ocupados menos) solo es superada por un dato en toda la serie histórica de la EPA, el de 2008:4 (véase Gráfico inferior, derecha). Más

La evolución reciente de la industria

En estos últimos días del año aparecen algunas importantes estadísticas de carácter estructural, que recogen la situación de sectores o actividades a lo largo del año anterior. Entre ellas, en los últimos días el INE ha publicado estadísticas tan relevantes como la Encuesta sobre Innovación en las Empresas de 2010 o la nueva Cuenta Satélite del Turismo 2008-2010 (con la nueva base 2008 de la CNE). Sin embargo, habrá que esperar hasta febrero y junio del próximo año para tener, respectivamente, la Encuesta Industrial de Empresas y la Encuesta Anual de Servicios de 2010. Ambas estadísticas son herramientas básicas para analizar posibles cambios estructurales y proporcionan una imagen más sólida y amplia de las características de los dos principales agregados sectoriales. Sin embargo, ha de reconocerse que los últimos tiempos dificultan un análisis sosegado de la información proporcionada por las encuestas estructurales, cuya información necesariamente se encuentra más alejada de los últimos acontecimientos. Claramente, el sector industrial ejemplifica esa situación.  Por ello en esta entrada señalaré algunas características de su evolución más reciente y la pondré en un contexto temporal más amplio, utilizando para ello el Índice de Producción Industrial. Más

La ya olvidada ampliación de la Unión Europea

Los movimientos diarios en el devenir económico europeo hacen difícil recordar que existen procesos de integración abiertos para la adhesión a la Unión Europea. Está previsto que en un par de meses se firme el Tratado de Acceso a la Unión Europea por parte de Croacia, país que se convertiría en estado miembro el 1 de julio de 2013. Para situarnos, la UE distingue desde hace unos años entre candidatos y potenciales candidatos a la entrada. Además de Croacia, entre los primeros se encuentran Turquía, Montenegro, la Antigua República Yugoslava de Macedonia e Islandia. En la antesala, como precandidatos, están Albania, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Kosovo (bajo resolución del Consejo de Seguridad de la ONU). Buena parte de los países que desean integrarse se enfrentan a situaciones particulares heredadas de la desintegración de la antigua Yugoslavia y los conflictos bélicos posteriores. Entre los candidatos, el caso de Croacia era relativamente sencillo. El de Islandia es una rara avis. Como es bien sabido, su solicitud de integración en julio de 2009 fue consecuencia directa de los excesos/desmanes financieros de la última década. Cuando se integre será el primer país que lo haga con un nivel de renta por encima de la media comunitaria desde la ampliación del año 95 a los países nórdicos y Austria. En cualquier caso, será una integración sencilla (recordemos que pertenece al Espacio Económico Europeo y al área Schengen) para un país con poco más de 300 mil habitantes. Más

¿Qué empresas españolas son las responsables del crecimiento de las exportaciones de bienes?

Las Estadísticas de Comercio Exterior, elaboradas por el Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria, permiten analizar con detalle la evolución del comercio y su desagregación por sectores y países. Sin embargo, no permiten responder a sencillas preguntas acerca del tipo de empresas que están detrás de ese crecimiento exportador. En particular, ¿son las empresas pequeñas o las más grandes las que lo explican? Me refiero aquí al crecimiento relativo de las exportaciones en cada grupo de empresas, y no a la contribución al crecimiento agregado, pues sin duda la extraordinaria concentración de los flujos de exportación en torno a un pequeño grupo de grandes empresas hace relativamente sencilla la respuesta.  

Los datos de avance de la Encuesta Sobre Estrategias Empresariales correspondientes a 2010, elaborado con unas 1300 empresas manufactureras, permiten observar algunos hechos de interés. En primer lugar (gráfico 1), continúa el incremento en el porcentaje de empresas exportadoras, tanto entre el grupo de pequeñas (10 a 49 trabajadores) como en el de medianas (50 a 200 trabajadores) que ya se había observado en el año previo. Este aumento rompe con la tendencia plana observada en esta variable en buena parte de la pasada década, tras el extraordinario aumento de la presencia en el exterior en la década de los noventa. Más

Valoraciones sobre la reforma de la negociación colectiva, por Hipólito Simón

Nuestro compañero Hipólito Simón (Universidad de Alicante-IEI-IEB) escribe esta interesantísima entrada sobre el reciente real decreto-ley de reforma de la negociación colectiva.

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Tras la aprobación el pasado viernes 10 de junio del real decreto-ley de reforma de la negociación colectiva, el objetivo de esta entrada es realizar una breve valoración del alcance de la misma, prestando especial atención a aquellas cuestiones que inciden en la capacidad de ajuste de los salarios en la economía española. Por adelantar los principales argumentos, a mi parecer, la reforma contiene modificaciones sustanciales y que van en el sentido correcto en cuanto a propiciar una mayor capacidad de ajuste de los salarios de las empresas españolas a sus niveles de productividad. Por el contrario, los cambios son únicamente menores en aquellas cuestiones, como el tratamiento de la ultraactividad, que afectan a los mecanismos de determinación de los salarios a nivel agregado, habiéndose elegido en este terreno una opción continuista, en detrimento de cambios de carácter más radical en el modelo de negociación colectiva.

 Como punto de partida, creo que es oportuno recordar que el diagnóstico compartido por buena parte de los investigadores y analistas en nuestro país es que las características concretas de la negociación colectiva están claramente asociadas a deficiencias en la determinación de los salarios, y que éstas se producen en dos planos. En el ámbito microeconómico la negociación colectiva induce en la práctica rigideces muy significativas, debido básicamente a que las tarifas pactadas en los convenios sectoriales se caracterizan por una notable homogeneidad tanto en niveles como en evolución temporal, mientras que a nivel agregado ciertos rasgos de la negociación (a saber, el carácter plurianual de muchos convenios de sector; la presencia generalizada en ellos de cláusulas de salvaguarda y el principio de ultraactividad) inducen una rigidez a la baja de los salarios muy significativa, provocando que en contextos recesivos se produzcan un crecimiento anormal de los salarios reales (como el que se dio en el año 2009). Pueden encontrarse más detalles sobre estas cuestiones en dos entradas de este mismo blog, realizadas por algunos compañeros de ALdE (“Propuesta sobre indexación salarial y reforma de la negociación colectiva”) y por mí (“Algunas consideraciones sobre la reforma de la negociación colectiva”).

 En lo que respecta a la incidencia de la negociación colectiva en la primera cuestión, la capacidad de ajuste de los salarios relativos, la reforma aprobada por el gobierno introduce cambios de gran calado. Esto es así porque se aumenta el alcance de la aplicación de las cláusulas de descuelgue de los convenios de sector (siguiendo la estela de las modificaciones introducidas en la reforma laboral de 2010) pero, muy especialmente, porque se establece la prioridad aplicativa de los convenios de empresa sobre los convenios de sector. En relación con este último punto, más concretamente, tras la reforma se permite la concurrencia de los convenios de empresa con los de ámbito superior (si bien esto tiene un carácter automático sólo en el caso de los convenios sectoriales de ámbito inferior al autonómico, ya que en el caso de los convenios sectoriales de ámbito nacional o autonómico se da la posibilidad a las partes negociadores de establecer diferentes reglas de concurrencia entre convenios), algo que no ocurría con anterioridad y que explicaba la reducida implantación en la práctica de los convenios de empresa. La prioridad que se da ahora a este tipo de convenios, unida al hecho de que en España los mismos pueden fijar salarios independientemente de lo establecido por los convenios de sector (a diferencia de lo que ocurre en buena parte del resto de Europa, donde por lo general se aplica el criterio de mayor favorabilidad de los convenios de empresa sobre los convenios sectoriales), implica la aparición de una importante vía de flexibilidad salarial para las empresas españolas y de capacidad de adaptación de sus salarios a los niveles de productividad. Así, con el nuevo marco regulatorio las empresas podrán optar (de forma negociada, eso sí) por pagar salarios inferiores a los establecidos en los convenios sectoriales o bien de forma transitoria, mediante el recurso a las cláusulas de descuelgue, o bien de forma permanente, mediante la firma de convenios de empresa.

 Las modificaciones introducidas son, sin embargo, mucho más limitadas en lo que respecta a aquellas características institucionales de la negociación que dificultan el ajuste a la baja de los salarios en el plano macroeconómico. Las mismas afectan exclusivamente, y de forma muy limitada, al principio de ultraactividad, no abarcando a otros elementos muy relevantes en este terreno, como son la plurianualidad de los convenios y las cláusulas de salvaguarda. En el caso de la ultraactividad se ha optado en concreto por introducir en caso de ausencia de pacto entre las partes transcurrido un cierto plazo tras la finalización de la vigencia de un convenio (entre ocho y catorce meses, variando en función de la duración del convenio) un arbitraje que, de forma transitoria, tendrá un carácter obligatorio (este aspecto, no obstante, tiende a considerarse por parte de diversos autores que pudiera ser inconstitucional). Se trata de un cambio muy limitado cuya finalidad es aumentar los incentivos de las partes a la negociación efectiva de los convenios, pero que en la práctica no modifica sustancialmente la situación previa. No optar por la alternativa de eliminar la ultraactividad de los convenios (o bien tras la finalización de su vigencia o bien transcurrido un cierto plazo tras la misma, tal y como sugerían diversas propuestas) implica permitir la supervivencia de un elemento institucional que es claramente responsable de una fuerte rigidez a la baja de los salarios nominales (la cual se da en esencia porque las organizaciones sindicales pueden evitar por defecto que se produzcan recortes salariales simplemente renunciando a negociar un nuevo convenio). No obstante, también implica optar por no acometer lo que plausiblemente habría supuesto en la práctica un cambio radical de la negociación colectiva. Esto es así en tanto que en ese escenario hipotético las asociaciones empresariales tendrían fuertes incentivos a no negociar los convenios sectoriales, puesto que su decaimiento daría paso a una situación en la negociación que les resultaría mucho más favorable, ya que la misma tendría como único suelo salarial de referencia el Salario Mínimo Interprofesional (el cual, como es sabido, presenta en España un nivel comparativamente reducido).

¿Qué explica el aumento de las exportaciones españolas?

Es ampliamente conocido el papel decisivo que el crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios está teniendo en la lenta recuperación de la economía española. Lo que subyace a ese resultado agregado es, por supuesto, el aumento de la actividad exportadora de las empresas, en especial de las manufactureras. En esta entrada comento con mayor detalle ese comportamiento “microeconómico”.

Con carácter general, la variación de la actividad exportadora entre dos momentos del tiempo (supongamos en un año t con respecto a un año t-1) es resultado de dos grandes componentes. Por un lado, de la variación de la actividad exportadora de las empresas que exportan en los dos momentos. Por otro lado, de la dinámica de entrada y salida de empresas en la actividad exportadora. Al primer componente se le suele denominar margen intensivo, ya que para esas empresas (que exportan ambos años) la variación del comercio viene de exportar más (o menos) en un año respecto al otro. El segundo componente, sin embargo, recoge un efecto de extensión (o contracción) de la base de empresas exportadoras, y recibe el nombre de margen extensivo. Se pueden introducir posteriores detalles en la descomposición (por ejemplo, distinguiendo la entrada a nivel de producto y/o país), aunque no lo utilizaremos aquí. Más

La mejora del turismo: ¿incremento sostenido o shock coyuntural?

Vaya por delante que, si bien no pretendo tener la respuesta definitiva a la pregunta con la que se encabeza esta entrada, me inclino por la segunda de las opciones. Aunque una visión más amplia a medida que transcurre el año mejorará nuestra percepción, sí sabemos de momento que el incremento de los flujos de entradas de turistas en el transcurso del año ha roto las previsiones. En esta ocasión, y sin que sirva de precedente, la ruptura ha ido en el sentido favorable, en un claro ejemplo de shock exógeno positivo. Hasta el mes de marzo ya se había superado con holgura el dato del primer trimestre del año 2010 (un 2,9% más), y eso sin contar con que este año la Semana Santa ha sido en abril, mientras que el año pasado comenzó en marzo.  Como es bien sabido, la inestabilidad en destinos turísticos de primer orden y fuertes competidores del español (como Egipto y Túnez) ha estado detrás de este notable aumento, que sin embargo no ha sido tal en términos de ingresos medios por turista (véase los datos en Egatur, Encuesta de Gasto Turístico, pinchar aquí), aunque sí se ha reflejado naturalmente en términos de ingresos totales. Más

Impulso exportador y creación de empleo (con un poco de aritmética)

Hace poco más de un año, el presidente Obama presentó al Congreso de los EEUU la Agenda 2010 sobre Política Comercial. En la Agenda se recogían todos los aspectos vinculados a la política comercial norteamericana, como la posición en la eterna Ronda Doha (que, por cierto, cada vez más se acerca al filo del fracaso, pinchar aquí). Pero sin duda el aspecto más llamativo de esa agenda fue la National Export Initiative (NEI), que plantea doblar las exportaciones entre 2009 y 2014. Con ello se propone, además, crear 2 millones de puestos de trabajo asociados a esa expansión de las exportaciones norteamericanas. Como el año 2009 fue un mal año exportador, y la propuesta toma como base ese año, el objetivo no parece descabellado. De hecho, podemos observar (ver Gráfico) que la tendencia previa sitúa ese objetivo en algo alcanzable, si bien es verdad que para ello es necesario extrapolar los mejores años exportadores de las dos últimas décadas (2003/2008), periodo en el que las exportaciones crecieron un 77%.

¿Es posible un crecimiento de esa magnitud en el caso de España? Como con Estados Unidos, el pésimo resultado exportador de 2009 jugaría a favor. En 2004 las exportaciones de bienes (Estadísticas de Aduanas) alcanzaron 149,9 millardos de euros. En 2008 fueron 189,2 y, un año después, 159,9. Doblar el dato de 2009 implicaría alcanzar unas exportaciones de 320 millardos de euros en 2014, siempre a precios corrientes. ¿Es ese un objetivo razonable? La respuesta es que no. Doblar las exportaciones en cinco años implica una tasa interanual media del 15%. Es cierto que en 2010 el crecimiento fue superior (17,4%) pero, como se ha dicho, la comparación se hace sobre un año previo muy anómalo. También es cierto que acabamos de conocer que en los dos primeros meses de 2001 han crecido nada menos que un 29,1% respecto al mismo periodo del año previo. El crecimiento es espectacular, aunque también se ve favorecido por la comparación con el dato aún deprimido de comienzos del año previo.

En una perspectiva un poco más amplia, la mayor tasa de crecimiento de las exportaciones españolas en los últimos años se produjo en 2006, cuando crecieron diez puntos respecto al año previo. Por tanto, un objetivo ambicioso puede ser lograr un crecimiento medio del diez por ciento anual. Aplicado sobre el dato de 2009, implicaría alcanzar en 2014 unas exportaciones de 257 millardos de euros. Naturalmente, ello pasa por suponer que se mantiene el actual ritmo de crecimiento del comercio mundial, además de otros factores como la continuidad en la diversificación geográfica de nuestras exportaciones o la propia evolución de la demanda interna.

Todos estos números pueden tener una implicación importante. Como señalé al principio, la NEI estima  una creación de dos millones de nuevos puestos de trabajo para Estados Unidos si se alcanzara el objetivo de doblar las exportaciones. ¿Cuál sería el efecto del cálculo anterior para España? No voy a entrar aquí en los detalles, pero una simple aplicación del análisis input-output nos ofrece alguna pista útil. Con la Tabla Input Output Simétrica de 2005 (la última disponible), se calcula que un aumento de las exportaciones de bienes y servicios del 10% generaría 269.000 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo (pinchar aquí). En ese cálculo se ncluyen exportaciones de servicios (un 25% del total), aunque no de todos (no se incorporan buena parte de las exportaciones de servicios turísticos). Por lo tanto, con todas las precauciones propias de un análisis de este tipo, no parece demasiado aventurado suponer que un aumento del 50% de las exportaciones españolas permitiía crear un millón de puestos de trabajo. Como se ve, los resultados son similares a los estimados para el caso de Estados Unidos, lo que sin duda está relacionado con la mayor tasa de apertura de una ecoonomía de menor tamaño como la española. Trasladado a los datos actuales de la EPA (y sin considerar que los datos de empleo EPA y de las TIO son metodológicamente distintos), un millón de empleos permitiría reducir la tasa de paro en algo más de tres puntos porcentuales, si suponemos que el 80% del empleo creado viniera del desempleo, y un 20% de la población inactiva. No estaría nada mal una contribución de esa magnitud a lo que, por largo tiempo, va a volver a constituir el principal problema social y económico de España.

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