La nueva política comercial de los EE.UU. y el futuro de los Acuerdos de Libre Comercio

El nuevo presidente de EE.UU., Donald Trump, ha empezado a poner en marcha una nueva política comercial basada en el proteccionismo y la no participación de su país en los Acuerdos de Libre Comercio (ALC) en vigor o en fase de negociación. Veamos la situación actual de estos ALC.

a) TPP: Trans-Pacific Partnership; ATCE: Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica

En el TPP participan 12 países de la cuenca del Pacífico incluyendo a EE.UU. pero excluyendo a China (véase mapa adjunto). El TPP ya ha sido firmado, pero está pendiente de ratificación de los países miembros. El Presidente Trump firmó la orden ejecutiva el pasado 23 de enero para iniciar el proceso legal de salida de este ALC.

Fuente del mapa: Reuters

b) FTAAP: Free Trade Area of the Asia-Pacific; ALCAP: Área de Libre Comercio de Asia y el Pacífico

El FTAAP es un ALC promovido por el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) creado en 1989 para promover el libre comercio en esta región. En las negociaciones del FTAAP participan 21 países, incluido EE.UU. (véase mapa adjunto).  Las negociaciones van muy retrasadas. El Presidente Trump ya ha anunciado que los EE.UU. no participará en el FTAAP.

Fuente del mapa: Reuters

c) NAFTA: North American Free Trade Agreement; TLCAN: Tratado de Libre Comercio de America del Norte

El NAFTA es un ALC vigente desde 1984 en el que participa los EE.UU. junto a Canadá y México. El pasado 23 de enero el Presidente Trump firmó una orden ejecutiva para renegociar el NAFTA. Canadá da por muerto a este ALC, mientras que México ha anunciado que tratará de minimizar los costes para su economía en las renegociaciones con EE.UU.

d) TTIP: Transatlantic Trade and Investment Partnership; ATCI: Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión

El TTIP es un ALC entre EE.UU. y la Unión Europea (UE) que ya ha sido negociado pero está pendiente de ratificar. Los EE.UU. y la UE suman cerca del 60% del PIB mundial, un tercio del comercio internacional de bienes y servicios y forman un mercado de 800 millones de consumidores.

En 2014, la UE mantuvo su posición como mayor socio comercial de los EE. UU. en materia de comercio de mercancías, por delante de Canadá y de China. Los EE. UU. fueron el principal destino de las exportaciones de la UE en 2014, absorbiendo el 18,3 % de las exportaciones totales de bienes de la UE (en comparación con el 9,7 % correspondiente a China). Los EE. UU. ocuparon el segundo puesto entre los socios de importación de la UE, y aun así suministraron el 12,2 % de los bienes importados por la UE. En este aspecto, los EE. UU. se quedaron por detrás de China, que suministró el 17,9 %, pero superaron a Rusia, que suministró el 10,8 % de las importaciones totales de la UE. En 2014, la UE registró un superávit del comercio de mercancías de 104.900 millones de euros con los EE. UU.

Las exportaciones de servicios de la UE a los EE. UU aumentaron entre 2012 y 2014, al igual que las importaciones a la UE de servicios de los EE. UU. En 2014, la UE registró un superávit del comercio de servicios de 11.600 millones de euros con los EE. UU.

El TTIP hubiera llevado a la mayor zona de libre comercio del mundo pero el Presidente Trump ha anunciado que los EE.UU. no ratificará este TLC en su actual redacción.

e) RCEP: Regional Comprehensive Economic Partnership; AEIR: Asociación Económica Integral Regional

El RCEP es una ALC que se está negociando entre 16 países de Asia y el Pacífico (no está EE.UU.) y que está liderado por China (véase mapa adjunto). El RCEP toma un nuevo impulso para la promoción del libre comercio en la región, una vez que EE.UU. ha decidido no participar en el TPP y en el FTAAP.

Fuente del mapa: Reuters

En conclusión, es muy probable que los acuerdos comerciales bilaterales se van a imponer a los multilaterales con la nueva Presidencia de Donald Trump. Malos tiempos para el libre comercio mundial. Y una paradoja, China toma el relevo de EE.UU. en la defensa del libre comercio.

La concentración de la renta y la riqueza en los EE.UU., 1913-2015

La desigualdad en el reparto de la renta y de la riqueza ha crecido en EE.UU. desde los años 80 del siglo XX hasta la actualidad. En los dos siguientes gráficos se muestra que entre los años 20 y los 70 se registró una caída de la participación de los hogares un 1% más ricos (y también de los hogares un 0,5% más ricos) en la renta (primer gráfico) y la riqueza (segundo gráfico) de los EE.UU. [1]

Por el contrario, desde los años 80 se produce un aumento de la participación de los hogares un 1% más ricos (y también de los hogares un 0,5% más ricos) en la renta y la riqueza. Y este fenómeno de mayor concentración de la renta y de la riqueza ha continuado a pesar de la crisis financiera y económica iniciada en 2007. Con más detalle, a finales de 2015 los hogares un 1% más ricos y un 0,5% más ricos acumulaban un 22,5% y un 17,5% de la renta, respectivamente, mientras que concentraban un 42% y un 35% de la riqueza, respectivamente.

Recientes estudios han constatado empíricamente el aumento constante de la desigualdad de la renta en los EE.UU. desde los años setenta del siglo XX [3]. Uno de los principales factores que explica este fenómeno son las diferencias en la composición de las rentas de los ricos y de los pobres. Desde el punto de vista estadístico, menos del 20% de los hogares norteamericanos tienen acciones, y estas familias son en su mayoría de clase alta. Y ello produce una dicotomía, ya que los ricos reciben la mayor parte de sus ingresos del mercado de valores (plusvalías, opciones sobre acciones y dividendos), mientas que la clase media y la clase pobre reciben la mayor parte de sus ingresos de las rentas del trabajo o de las pensiones. En última instancia, las clases altas se beneficiarían de los períodos de bonanza del mercado de valores, mientras que el resto de la población no [3].

La política monetaria no convencional de Flexibilización Cuantitativa introducida por la Reserva Federal para paliar los efectos de la crisis financiera ha impulsado el crecimiento de la economía de los EE.UU., pero a costa del aumento de la desigualdad de la renta y la riqueza. De hecho, tal y como se puede observar en el siguiente gráfico, el aumento extraordinario de la liquidez (activos totales de los bancos, línea roja) ha ido acompañado de un aumento paralelo sin precedentes de los precios de las acciones (índice S&P 500 de la Bolsa de Nueva York, línea azul).

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[1] Los datos provienen de Saez, E. y Zucman, G. (2016): “Wealth Inequality in the United States since 1913: Evidence from Capitalized Income Tax Data”, Quarterly Journal of Economics, Vol. 131, No. 2, May.

[2] Un excelente resumen de los trabajos y la metodología utilizada en los estudios de la desigualdad de la renta recientes puede verse en el artículo de Owyang, M. T. y Shell, H.G.  (2016): “Measuring Trends in Income Inequality”, Federal Reserve Bank of St. Louis The Regional Economist, April, 24 (2), pp. 4-5.

[3] La evolución de la relación entre el índice de los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York (medidos por el índice S&P 500) y del coeficiente de Gini de los hogares de EE.UU. que aproxima la desigualdad de la renta, puede verse en Esteve, V. (6 de junio de 2016): “Desigualdad de la renta y evolución del mercado de valores en EE.UU., 1947-2013”, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, http://vicenteesteve.blogspot.com.es/2016/06/desigualdad-de-la-renta-y-evolucion-del.html

¿Ha perjudicado el libre comercio a la industria manufacturera de EE.UU.?: el caso de la industria del automóvil, 2000-2016

Uno de los lemas preferidos de Donald Trump en la campaña de la Presidencia de los EE.UU. fue: Yes, We Can “Make America Great Again”. Pero los instrumentos que propone para lograr recuperar los puestos de trabajo perdidos en la industria manufacturera americana en las últimas décadas no parecen los más adecuados.

El ya electo Presidente propone una combinación de mayor proteccionismo comercial, mediante la imposición de aranceles y otras barreras no arancelarias al comercio, junto a la derogación de Tratados Comerciales de Libre Comercio en vigor y la paralización de las conversaciones de los nuevos Tratados Comerciales en curso.

Un ejemplo que debería tener en cuenta Trump – que va en la línea contraría de sus propuestas – es el de la industria automovilística americana. El anterior Presidente Obama logro salvar de la bancarrota a esta industria en 2009 con cuantiosas ayudas públicas. En concreto, GM y Chrysler, recibieron las ayudas y sólo Ford quedo fuera del rescate.

En el gráfico adjunto se muestra la evolución de la producción y del empleo de la industria del automóvil de los EE.UU. desde enero de 2000 a septiembre de 2016.

Las cifras muestran la caída de más del 50% en la producción y en el empleo entre el año 2000 y el 2008, aunque la caída de la producción se concentró en los años 2007 y 2008, coincidiendo con el inicio de la crisis financiera internacional. El aumento de los precios del petróleo y de los combustibles, la caída del crédito al consumo, el aumento acumulado de los costes laborales unitarios y la especialización en coches con un alto consumo de combustible, fueron las principales causas de la crisis reciente de la industria del automóvil americano.

A partir de la intervención del Gobierno Federal (y el de Canadá) el panorama cambia por completo. Las cifras de la producción se disparan e incluso el empleo se esta recuperando desde 2009. Los factores que han propiciado esta recuperación son la introducción de nuevas tecnologías para el ahorro de combustible, la inversión en I+D+i, la reducción de costes y el aumento de la eficiencia productiva de las plantas.

Este es el camino que deberían seguir el resto de sectores manufactureros (muebles, textil, producción de acero, entre otros). El otro camino – la utilización del proteccionismo comercial- , que propugna Donald Trump es el equivocado a largo plazo.

Y para terminar, es interesante destacar como un defensor a ultranza del proteccionismo comercial (sobre todo con China)  lleva en su campaña corbatas de seda que no son fabricadas en EE.UU.:

Debate académico en el NBER sobre el “Brexit” del Reino Unido

La Oficina Nacional de Investigación Económica (National Bureau of Economic Research, NBER) es una organización sin fines de lucro estadounidense de investigación cuyo objetivo principal es difundir entre los gestores de la política económica, los profesionales de las empresas y la comunidad académica las investigaciones económicas independientes que promueve.

El NBER es la mayor organización de investigación económica en los EE.UU. y la de mayor prestigio. Muchos de los ganadores de los Premio Nobel de Economía y los miembros del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de EE.UU. han sido en el pasado y son en la actualidad investigadores asociados de la organización. El presidente actual del NBER es James M. Poterba catedrático de Economía del MIT (Massachusetts Institute of Technology), Bostón, EE.UU.

El pasado 16 de julio de 2016, el NBER organizó un workshop sobre las “Consecuencias económicas del Brexit” (la salida del Reino Unido de la Unión Europea). Modera el workshop, Jeffrey Frankel, catedrático de Economía de Harvard University, Bostón, EE.UU. Participan en el workshop: Richard Baldwin, catedrático de Economía del Graduate Institute de Ginebra, Suiza; Anil Kashyap, catedrático de Economía de University of Chicago, Chicago, EE.UU.;  Hélène Rey, catedrática de Economía de London Business School, Londres, Reino Unido; y Thomas Sampson, profesor ayudante de Economía de London School of Economics, Londres, Reino Unido.

Espero que sea de utilidad para las clases de mis colegas de Economía Europea y de Economía Internacional. Disfruten del vídeo del workshop y practiquen el inglés:

Evolución histórica del tipo de cambio nominal de la libra esterlina/dólar, 1910-2016

La decisión por parte del Reino Unido de salir de la Unión Europea el 23 de junio pasado provocó un verdadero cataclismo en los mercados financieros internacionales. Las Bolsas se desplomaron y la libra esterlina se depreció considerablemente con el dólar y el euro. Pronto empezaron las opiniones que apuntaban que la depreciación nominal de la libra tendría efectos negativos sobre las exportaciones de bienes de EE.UU. y del resto de la Unión Europea hacia el Reino Unido, y en mayor medida, sobre los flujos de turistas británicos. Pero estos malos presagios no tienen en cuenta la evolución histórica del tipo de cambio nominal de la libra y los factores que determinan la depreciación nominal a largo plazo. A pesar de ello, el flujo de los turistas británicos hacia España ha continuado históricamente aumentando.

En el primer gráfico se muestra la evolución del tipo de cambio nominal de la libra con el dólar desde comienzos de 2016 hasta la actualidad. La línea roja vertical señala el día del “Brexit”.

El tipo de cambio de la la libra con el dólar fluctuaba desde comienzos de año y hasta el día de la votación alrededor de 1,45 dólares por libra. Después de la votación, la libra se depreció fuertemente (en relación con el dólar) y el tipo de cambio nominal ha fluctuado alrededor de 1,32 dólares por libra desde entonces. Esta depreciación puede reflejar las expectativas negativas a corto plazo sobre los flujos del comercio internacional (bienes y servicios, incluido el turismo) Reino Unido.

No obstante, el tipo de cambio nominal de la libra con el dólar (y con otras monedas) ha registrado una tendencia a la depreciación en el largo plazo. Hagamos dos zoom que nos van a ilustrar esta tendencia.

En el segundo gráfico se muestra la evolución del tipo de cambio nominal de la libra con el dólar desde comienzos de 1971 hasta la actualidad.

La libra cotizaba a 2,40 dólares después de la ruptura del Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods en el periodo 1971-1973, y desde entonces ha continuado una tendencia a la depreciación nominal. El mínimo desde entonces se sitúo en 1,079 dólares por libra en febrero de 1985, lejos aún de la actual cotización de 1,30 dólares por libra.

Hagamos un zoom aún mayor en el tercer gráfico, ampliado el periodo desde 1910 hasta la actualidad.

Ahora queda más clara la evidencia de que la libra esterlina se ha ido depreciando a largo plazo con el dólar: ¡En 1910 cotizaba a 5,0 dólares por libra!.

La depreciación del tipo de cambio nominal de la libra con el dólar a largo plazo no depende de las expectativas negativas que se puedan generar en los mercados financieros por acontecimientos como el “Brexit”. El comportamiento del tipo de cambio nominal a largo plazo de cualquier moneda depende de la influencia conjunta de dos factores: (1) de los cambios en los niveles de precios relativos a largo plazo derivados a partir de los factores monetarios internos, es decir, los cambios de la oferta y la demanda de dinero relativa entre los dos países; (2) de los cambios en el tipo de cambio real bilateral que mide la competitividad exterior de la economía nacional.

Evolución de la participación de la remuneración de los asalariados en el PIB de los EE.UU., 1947-2015

En el gráfico adjunto (hacer click sobre el mismo para verlo más grande) se muestra la evolución histórica de la participación de la remuneración de los asalariados en el PIB de los EE.UU. para el periodo 1947-2015.

Los datos nos indican que hay clara tendencia desde 1947 a la actualidad a una caída en la participación de la remuneración de los asalariados en el PIB en los EE.UU. El máximo se sitúa en 1970 con el 51,7% de la remuneración de los asalariados en el PIB y el mínimo histórico se ha situado en el 42% en 2011, en plena crisis financiera y económica. El último dato publicado para 2015 registra una ligera recuperación (44,3%) desde el mínimo de 2011.

Pero de estos datos no se puede derivar un caída de las rentas de los hogares. Este descenso se puede compensar con una subida de otras rentas que no sean remuneración de los asalariados, por ejemplo, pensiones, rentas de los trabajadores autónomos, alquileres, dividendos, y otras rentas del capital percibidas por los hogares.

Desigualdad de la renta y evolución del mercado de valores en EE.UU., 1947-2013

Recientes estudios han constatado empíricamente el aumento constante de la desigualdad de la renta en los EE.UU. desde los años setenta del siglo XX [1]. Uno de los principales factores que explica este fenómeno son las diferencias en la composición de las rentas de los ricos y de los pobres. Desde el punto de vista estadístico, menos del 20% de los hogares norteamericanos tienen acciones, y estas familias son en su mayoría de clase alta. Y ello produce una dicotomía, ya que los ricos reciben la mayor parte de sus ingresos del mercado de valores (plusvalías, opciones sobre acciones y dividendos), mientas que la clase media y la clase pobre reciben la mayor parte de sus ingresos de las rentas del trabajo o de las pensiones. En última instancia, las clases altas se beneficiarían de los períodos de bonanza del mercado de valores, mientras que el resto de la población no.

El coeficiente de Gini se utiliza para medir la desigualdad en la renta, dentro de un país, pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos las personas tienen los mismos ingresos) y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene toda los ingresos y los demás ninguno). Desde el punto de vista económico, la distribución de la renta empeoraría cuando el valor del índice de Gini fuera aumentado en el tiempo.

En el gráfico adjunto se muestra la evolución temporal para el periodo 1947-2013 de los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York (medidos por el índice S&P 500) y del coeficiente de Gini de los hogares de  EE.UU. que aproxima la desigualdad de la renta.

Las cifras muestran como la escalada del mercado de valores y el crecimiento de la desigualdad coinciden desde 1970 y que la alta correlación positiva entre ambas variables ha continuado hasta ahora. En concreto, el coeficiente de Gini ha aumentado desde el 0,394 en 1970 al 0,482 en 2013, mientras que el índice S&P 500 pasó de 92 en 1977 a 1476 en 2007 (aumento del 1500%) y entre 2007 y 2013 pasó de 1476 a 1848 (aumento del 25%).

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[1] Un excelente resumen de los trabajos y la metodología utilizada en los estudios de la desigualdad de la renta recientes puede verse en el artículo de Owyang, M. T. y Shell, H.G.  (2016): “Measuring Trends in Income Inequality”, Federal Reserve Bank of St. Louis The Regional Economist, April, 24 (2), pp. 4-5.

Los mercados de bonos de deuda pública mundial en tasas de rentabilidad nominales negativas: ¿burbuja en el horizonte?

El Banco Central Europeo y el Banco de Japón siguen estrechando la liquidez del mercado de bonos de deuda pública con sus nuevos programas de expansión cuantitativa en los que se realizan compras masivas de estos valores de renta fija con el objetivo de estimular sus economías. A ello se une la fuerte demanda de la banca internacional de bonos de deuda pública con el objetivo de cumplir los requisitos de capital. Por último, como la situación de las bolsas de valores en el mundo se ha vuelto tan impredicible, los inversores siguen viendo a la deuda pública como el único refugio en el que salvaguardarse de la fuerte tormenta que podría venir en un futuro más o menos cercano en la renta variable.

Esta fuerte (triple) demanda alimenta el círculo vicioso de falta de oferta de bonos de deuda pública, subidas de precios y bajada de rentabilidades nominales. Ello ha generado una enorme burbuja en el mercado de bonos de deuda pública por lo que los inversores se enfrentan a enormes pérdidas en su cartera si las rentabilidades suben en gran medida y bruscamente. Con más detalle, un aumento de medio punto porcentual supondría unas pérdidas de alrededor de 1,6 billones de dólares en el mercado global de bonos de deuda pública, según estimaciones de Bank of America Corp.

En el siguiente gráfico se muestra que las rentabilidades nominales (medias) de la deuda pública en los mercados mundiales han caído desde +4,3% en junio de 2006 hasta el +1,3% abril de 2016.

Pero el signo mayor de la burbuja del mercado de bonos de deuda pública es que en la actualidad hay más de 8 billones de dólares (1 trillón americano = 1 billón europeo) en los mercados secundarios con rentabilidades negativas, tal y como se puede observar el el siguiente gráfico.

Tal como muestra el gráfico, la mayor parte de los bonos de deuda pública con rentabilidades negativas son de Japón, 5,6 billones de dólares, el 70% del total del mercado mundial. Pero esto no es extraño ya que el Banco de Japón es el banco central que más ha expandido su balance comprando bonos de deuda pública nacional. En la actualidad el bono de deuda pública a 10 años se sitúa en rentabilidades negativas (-0,11%), mientras que el bono a 30 años tiene un rendimiento extremadamente bajo (y peligroso) del +0,29%. Esto significa que los inversores están pagando el gobierno nipón para mantener su dinero durante diez años, y quien mantiene su dinero en bonos de deuda pública durante 30 años recibe un +0,29% anual.

En el caso de España, los títulos de deuda pública con rentabilidades negativas alcanzan ya los 151.000 millones de dólares (ver gráfico).

Otros signos de la burbuja latente del mercado de bonos de deuda pública provienen de las nuevas emisiones de algunos países. Por ejemplo, Francia emitió bonos de deuda pública a 50 años en abril pasado (no emitía desde 2010), mientras que Irlanda emitió en marzo pasado su primeros bonos de deuda pública con vencimiento a 100 años (¡atención 2116!) por un montante de 100 millones de euros y al +2,35% de interés).

En síntesis, los inversores siguen comprando bonos soberanos porque piensan que la rentabilidad nominal seguirá cayendo y el valor de su cartera seguirá subiendo en el corto plazo. El problema surgirá cuando comiencen a subir los tipos de interés de las nuevas emisiones, se produzcan ventas masivas (y simultáneas) y su cartera pierda valor. Y estas pérdidas aparecerán en mayor medida cuando mayores sean las subidas de tipos.

La evolución del tipo de interés real en EE.UU., 1962-2015

El tipo de interés real medio de los bonos de deuda pública con vencimiento a 10 años en la economía de los EE.UU. se ha situado en el +2,4% anual para el periodo 1962-2015, lo que supone una rentabilidad muy atractiva para un inversor que hubiera mantenido y reinvertido década tras década sus ahorros en este bono.

En el primer gráfico se muestra la evolución temporal de la rentabilidad nominal de los bonos de deuda pública con vencimiento a 10 años y de la tasa de variación anual del IPC general para todos los consumidores urbanos (como medida de la tasa de inflación), mientras que en el segundo gráfico se representa el tipo de interés real como el diferencial o spread entre estas dos variables.

Aunque el tipo de interés real medio en la economía de los EE.UU. para el periodo 1962-2015 se ha situado en el +2,4% (línea roja), ha habido años por encima de la media y años por debajo de la media, tanto con valores positivos como negativos. También existe una gran divergencia entre las décadas con menor inflación y las de alta inflación, divergencias provocadas por las diferentes primas de riesgo por inflación (inflation-risk premium) exigidas por los inversores en las rentabilidades nominales de los bonos.

En el siguiente cuadro hemos agrupado la evolución media del tipo de interés real por décadas (segunda columna). Aunque su medias no son homogéneas, en todas las décadas la rentabilidad real media de los bonos de deuda púbica a 10 años ha sido positiva.

En la década de los 2010 con Ben Bernanke y Janet Yellen como Presidentes de la Reserva Federal de EE.UU. el tipo de interés real medio se ha situado en niveles históricamente bajos del +0,8%. Ello se debe sin duda a las caídas históricas de los rendimientos nominales de los bonos de deuda pública a 10 años y de las primas de riesgo por inflación, propiciadas por la política monetaria expansiva y por la reducción sin precedentes de la tasa de inflación media de esta década (+1,7%).

¿Limita la deuda exterior china los efectos beneficiosos de la depreciación nominal del yuan?

Los modelos teóricos y un número elevado de trabajos empíricos muestran que la devaluación (o la depreciación nominal) de la moneda nacional puede ser un instrumento muy útil para estimular el crecimiento económico vía la mejora del saldo exterior.

No obstante, una de las variables macroeconómicas que pueden limitar la influencia positiva de la pérdida de valor de la moneda nacional es el volumen de deuda externa acumulada en moneda extranjera por el país. El problema es que una fuerte devaluación (o una importante depreciación nominal) aumenta la cantidad de la deuda externa en términos de moneda nacional, lo que podría llevar a un número importante de empresas domésticas fuertemente endeudadas con el exterior al impago de la deuda, o incluso a la quiebra. También aumentaría el valor de la deuda pública en manos de extranjeros y el stock de deuda pública total en proporción al PIB y, en última instancia, pondría en peligro la sostenibilidad de las finanzas públicas. En todo caso, esta es una restricción que afecta fundamentalmente a los países emergentes – con un mayor porcentaje de deuda externa en términos de moneda extranjera sobre el total de su deuda externa – que a los países avanzados.

En el gráfico adjunto se presenta la deuda externa total o la deuda externa en moneda extranjera (en billones de dólares americanos y en % sobre el PIB) de algunos países emergentes a finales del segundo trimestre de 2015.

Fuente: César Maasry, “The $ 5 billones de Emisión,” Top of Mind , Goldman Sachs, 9 de febrero de 2016

Centrándonos en el caso de China, no parece que la deuda externa acumulada en moneda extranjera sea un amortiguador del crecimiento económico ante una devaluación (o una depreciación nominal ) del yuan. Con más detalle, la deuda externa en moneda extranjera (60% de la deuda externa total) tan sólo representaba un montante de 1,28 billones de dólares (un 12% del PIB).

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