Unimooc AEmprende: casos de éxito de la economía digital en España y formación de emprendedores (y 2)

El proyecto UNIMOOC AEmprede  nace hace casi un año coincidiendo con los primeros indicios de éxito de los MOOCs en el ámbito internacional  impulsado por el Intituto de Economía Internacional de la UA. Su motivación principal:

  • Poner en valor y proyectar los casos de éxito de la economía digital en España a efectos de potenciar la cultura digital en nuestro país y sus potenciales efectos en la economía:  crecimiento, competitividad, generación de empleo…
  • Favorecer la formación de jóvenes emprendedores ligados a las TIC con un curso MOOC (masivo, abierto -libre acceso- y online)  ante la apremiante necesidad de crear empresas de futuro, generar empleo y diversificar nuestra economía lastrada por actividades tradicionales y una excesiva dependencia del sector inmobiliario en los últimos dieciseis años.
  • Experimentar y desarrollar una metodología MOOC  y ponerla a disposición de aquellas universidades y/o entidades interesadas en este tema (ver entrada anterior Por qué son importantes los MOOC).

Una metodología low cost y de trabajo colaborativo 

Su gestación y dearrollo tiene algunos paralelismos con la filosofía del garaje (bajo coste) que está ligada a muchos emprededores y a  proyectos de éxito en Internet y a la economia digital en general.

Sin presupuesto, el proyecto, concebido como una idea abierta y participativa, se ha ido enriqueciendo conforme un conjunto de instituciones han ido aportando ideas y recursos útiles para su configuración final.

Al respecto una síntesis con un orden que intenta ser  cronológico de las instituciones que se han sumado y han ido realizando valiosas aportaciones ha sido la siguiente:

  • IEI-UA. “Muñidor” de la idea inicial y de base iniciales del programa y de la plataforma docente y tecnológica inicial.
  • Ágora – Santander Universidades. Con el respaldo al proyecto y con su promoción entre los más de 100.000 becarios del Grupo Santander.
  • Google. Nos ha facilitado el estreno de su plataforma tecnológica para MOOC Course Builder con muchas posibilidades de ser  los primeros en estrenar su plataforma tecnológica de MOOC a nivel mundial, plasmado además en apoyos específicos de gran valor.
  • RedEmprendia. Red de universidades de España y América Latina que apuestan por los emprendedores. Identificando desde primer momento su necesidad y dando su máximo apoyo en la elaboración del programa, componentes, sesiones, etc.
  • UIMP. Aportando los recursos digitales ligados a la UIMP 2.0 y del Grupo Encuentro Universidades 2.0 que se ha venido gestando en los últimos cuatro años. Además es la encargada de la presentación del curso (próximo día 29 de octubre).
  • ORBYT- Unidad Editorial. Aportan la difusión del curso en todos sus medios (Expansión, El Mundo, Marca…) y de su seguimiento en formato móvil, tabletas, además de sus estudios de grabación.
  • Universia. Con el potencial difusor  de más de 1.200 universidades de una veintena de países,  para explotar la plataforma y este curso experimental entre todas las Universidades que muestren interés en el mismo.
  • UNED-CSEV. Tienen proyecto propio sobre MOOC y con un importante acuerdo con el MIT, abierto a la incorporación de otras Universidades. Su participación es decisiva por muchos motivos, especialmente en el intento de agregar esfuerzos y mantener un filosofía de colaboración y de base para la construcción de un proyecto ambicioso de ámbito internacional.
  • UM (Universidad de Murcia)- Sectorial TIC CRUE. Desarrollo específico de un Módulo Local de Casos de Éxito de la Economía Digital que sirva de base para larealizacion de actividades presenciales en las universidad que se adhieran al proyecto.
  • CISE- UC (Centro Internacional Santander Emprendimiento, Universidad de Cantabria)). La Universidad de Cantabria a través del CISE, incorpora un módulo específico de formación ligado a una de las mejores universidades de emprendimiento en los Estados Unidos (Babson).
  • EOI (Escuela de Organización Industrial), ha sido  colaborado en múltiples aspectos: enfoque y desarrollos de tecnología docente, estrategia de comunicación, elementos gráficos, contactos con grupos especializados, etc.
  • CRUE (Conferencia de Rectores de la Universidades Españolas) se involucra a dos niveles, tecnológico con la participación de Tomás Jiménez, (UM y Secretaría TIC de la CRUE) y a través del respaldo en Asamblea CRUE de su Presidenta Adelaida de la Calle.
  • UNIA (Universidad Internacional de Andalucía). A través de la coloboración del Grupo de Expertos de Prácticas y Culturas Digitales como observadores para el estudio y la investigación de las metodologías y resultados del proyecto.
  • UOC (Universidad Oberta de Catalunya). Aportando su especialización, alumnos y experiencia es idónea para el proyecto.
  • Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, nos ha facilitado la sede de su fundación en Madrid y puede difundir y explotar la plataforma para cursos especializados que tengan que ver con sus temáticas (Biblioteconomía, documentación digital).

Agradezco a todas las instituciones y especialmente a un gran número de personas sus decisivas aportaciones en este proyecto experimental, abierto, participativo: UNiMOOC -AEMPRENDIA. En mi blog personal he dejado constancia explícita de las menciones. Ver UNIMOC-AEMPRENDE,  primer MOOC experimental en nuestro país.  Dejando aquí constancia de la generosidad de los compañeros Emilio Ontiveros y Rafael Myro que han aceptado generosamente participar como profesores del curso.

Andrés Pedreño Muñoz
Director Instituto de Economía Internacional

Temas relacionados con UNIMOOC – AEMPRENDE

La importancia de los MOOC en un entorno global (1)

Trataré de explicar en este post por qué son importantes los MOOC  (Masive Online Open Course) y su nacimiento en un entorno global que  algunos califican de burbuja educativa especialmente en los Estados Unidos. En un segundo post, hablaré de un proyecto específico español que se presentará el próximo día 29 en la UIMP, UNIMOOC AEmprede.

Antecedentes

La enseñanza universitaria online fue un fracaso absoluto a finales de los noventa y principios de 2000 que barrió grandes inversiones y consorcios universitarios de prestigio tanto en los Estados Unidos como en Europa. Lentamente algunas instituciones empezaron a apuntar en orientaciones más correctas. Otro paso muy importante en la dirección acertada fue la iniciativa del MIT que se decidió a poner todos  sus recursos educativos en abierto y de forma gratuita a través del OpenCourseWare, proyecto que tuve la suerte de impulsar en España y América Latina a través de Universia.

Desde entonces han ido dándose pequeños pasos en la dirección acertada (Khan Academy, por ejemplo) y además se ha impuesto una cultura en Internet que es colaborativa, predominante abierta y de libre acceso.

Hace poco más de un año, una iniciativa (un curso de inteligencia artificial) de la Universidad de Stanford iba a revolucionar el estado de la cuestión. Las claves del espectacular éxito (una matrícula de 180.000 estudiantes, doce veces la población estudiantil presencial de la citada Universidad) fueron las siguientes:

  • Matrícula gratuita (los 180.000 estudiantes procedían de países  de todo el mundo)
  • Libre acceso gratuito on line a todos los materiales docentes, estructurados de forma clara y sencilla para facilitar el autoaprendizaje.
  • Certificación o acreditación de la Universidad (opcional para el alumno) de pago.  De los 180.000 unos 30.000 estudiantes pidieron certificación (el doble de los alumnos presenciales de Stanford) y pagaron por ello.

La apuesta de las grandes universidades estadounidenses por los MOOC

El famoso curso de Stanford abrió los ojos de casi todas las Universidades importantes de Estados Unidos, sumidas en una importante crisis de costes y con un debate muy relevante sobre la “burbuja educativa” en el citado país (ya me referí en un artículo anterior (Innovación universitaria: cambios y propuestas a las restricciones presupuestarias). Acababan de nacer los MOOC cuyas siglas indican: “Curso masivo, abierto y online”. La mayor parte de los especialistas vieron en los MOOC una auténtica revolución universitaria de índole mundial.

En tan sólo unos pocos meses los acontecimientos se precipitaron de forma importante. Uno de los profesores de la Universidad de Stanford que lanzó el curso de inteligencia artificial, Sebastian Thrun, montó por su cuenta una plataforma para desarrollar cursos MOOC llamada “Udacity” (autodenominada Universidad del siglo XXI) con un éxito increíble, pese al poco tiempo transcurrido.

Las grandes universidades de mayor reputación en USA, Stanford, MIT, Harvard han lanzado grandes proyectos. La primera lidera “Coursera” a la que se han sumado hasta la fecha 40 universidades de primerísima fila de todo el mundo y las dos últimas -Harvard y el MIT- se han sumado en otro proyecto edX. Tras esto todas la universidades del mundo están poniendo foco en los MOOC.

Qué conclusiones cabe sacar de todo esto

  • La demanda universitaria se ha globalizado rápidamente y tiende a internacionalizarse al menos en las propuestas que están ligadas a la reputación de la oferta.
  • La tecnología permite desarrollar cursos de gran calidad con matrículas masivas de alumnos, de bajo coste y con herramientas de aprendizaje y evaluación muy potentes.
  • La gratuidad de matrícula y acceso a todo los materiales es revolucionaria en cuanto permite a los alumnos “catar” una gran cantidad de cursos sin coste inicial
  • La posibilidad de realizar ingresos está en la acreditación, no en la venta de contenidos, cursos, etc.
  • Los avances en la metodología docente online, hacen de un curso en Internet un curso que puede tener tanta o más calidad que un curso presencial, dado el potencial de las herramientas tecnológicas que dispone.
  • Se explota una cultura digital predominante ya entre los estudiantes nativos digitales..
  • La unión hace la fuerza (caso Coursera), la demanda se canaliza por reputación y prestigio MIT + Harvard + Berkeley). Se impone una concretación de la oferta y de las “marcas” universitarias.
  • El modelo convencional de universidad puede entrar en una cierta crisis (burbuja + crisis de modelo), de lo que se deduce la necesidad de “reinventar” y especializar a las universidades, y crear plataformas que las coordinen y definan productos atractivos.
  • Necesitamos experimentar y dar respuestas rápidas desde el resto del mundo, a un fenómeno que nace en los Estados Unidos y que incluso el MIT en su revista Technology Review habla de “The crisis of Higher Education“, refiriéndose a la situación de la burbuja educativa de en este país.
  • Especialmente importante sería acometer una estrategia global en en un ámbito cultural y lingüístico como el Iberoamericano.

En el siguiente post, como he dicho al principio, hablaré de un proyecto español, impulsado originalmente por el Instituto de Economia Internacional,  y respaldado, desarrollado, ampliado… por la CRUE, Santander Universidades, Universia, Google, CSEV-UNED, Orbyt, RedEmprendia y otras instituciones universitarias: uniMOOC -AEmprende. que será presentado oficialmente el próximo día 29 en la UIMP.

Andrés Pedreño Muñoz
Instituto de Economía Intrenacional

Innovación y universidades: cambios y respuestas a restricciones presupuestarias

He estado siguiendo el debate por el que ha ido discurriendo estos últimos meses  la denominada  burbuja educativa  en  su dimensión social y particularmente empresarial. Probablemente costará aislarla de los  recortes presupuestarios anunciados y los que presumiblemente están por venir en España.  Nuestras universidades se ven sometidas a fuertes tensiones financieras en un marco tecnológico muy cambiante y bajo una percepción social de exigencia y competitividad internacional. Quizás nuevas iniciativas, a las que me referiré más abajo, deban verse como una oportunidad en el presente escenario de debilidad presupuestaria.

Existen numerosos estudios e investigaciones que han puesto claramente de relieve el importante desajuste entre la oferta y demanda universitaria tanto en formación como en investigación. Muchos de ellos incluso asumiendo indicadores endogámicos generados por el propio sistema universitario. No es un debate exclusivo de nuestro país. Es curioso que un sistema de referencia como el estadounidense en la actualidad sea acreedor de reflexiones como esta: Our Universities: Why Are They Failing? (ver al respecto ¿El fracaso de nuestras universidades?).

Detrás de muchas de estas percepciones está la presunción de si nuestras instituciones educativas son suficientemente innovadoras en un entorno global y altamente exigente en términos de competitividad empresarial. Máxime si algunos cambios tecnológicos pueden poner en crisis los propios fundamentos de la inversión educativa. Un tema que en mi opinión requiere la atención de los economistas mucho más allá de esta mera reflexión.

Las universidades no son un caso aislado. Empresas de referencia de muchos  sectores básicos se están viendo afectadas por el cambio tecnológico y la innovación ligada a las TIC. Desde la prensa en papel a la banca pasando por la publicidad o  las aerolíneas tradicionales. Quizás unas buenas dosis de anticipación y  diligencia  a la hora de administrar la innovación educativa pudieran hacer más asimilable cambios en las pautas de consumo y reformas estructurales de entidad.

Innovación tecnológica y universidades

El Georgia Institute for Technology’s Center for 21st Century Universities es una buena muestra del inventario de cambio en la agenda de las universidades. Acelerar la innovación es su misión fundamental.

Tras muchos intentos fracasados a finales de los noventa por parte de consorcios de universidades anglosajonas todo parece que está cambiando a la luz de una creciente y masiva cultura digital de profesores y estudiantes. En contraposición a las propuestas cerradas y de pago, en los últimos años los movimientos de éxito se ha orientado a iniciativas  abiertas, gratuidad de acceso a los recursos y a la formación y el cobro de servicios por la certificación de conocimientos.

Según muchos expertos los MOOCs  (Massive open online courses) están llamados a revolucionar la oferta educativa. Detrás de estos cursos están instituciones educativas del prestigio de Stanford o el MIT. Democratizar una educación,  gratuita, accesible para todos, en todas partes, y en cualquier momento son algunos de sus principios. Udacity o MIT-X como extensión del OCW, son algunos de los proyectos que generan matriculas de cientos de miles de alumnos  a sus curso abiertos (al respecto puede verse Cursos masivos online ¿universidades del futuro?)

Son pasos alentadores en un marco donde  una empresa como Google (Google Books, Google Scholar, Google Apps for Education…) ha hecho más por la producción de bienes públicos digitales que muchas de las instituciones públicas (universidades incluidas). O iniciativas de profesores como la de Khan Academy, cuya visibilidad en la red supera actualmente a todas las universidades españolas (ver tráfico comparativo en Google Trends) con una biblioteca de más de 3.000 vídeos y numerosos ejercicios prácticos que cubren matemáticas, física, economía, historia, etc. fomentando el “autoaprendizaje a tu propio ritmo”.  Algunos expertos han calificado este tipo de iniciativas como “metodologías tecnológicas perturbadoras”.

Estas “perturbaciones” ponen de relieve algunas de las debilidades de nuestros sistemas educativos.  También, según numerosos analistas americanos, provocarán cambios importantes en el consumo y la producción universitaria.  Los mercados imponen una formación permanente. En este entorno quizás los alumnos estudiarán lo que quieran estudiar, no lo que los académicos deseen enseñar. Al respecto, las nuevas propuestas tecnológicas se adaptan a las necesidades de los estudiantes. Las ofertas en línea serán para los estudiantes tan familiares como sus vídeos en YouTube, y no serán simplemente imágenes de una cámara frente a una clase tradicional con un profesor tradicional y una convencional presentación en power point. Más bien se trata de productos a medida, bien hechos, vídeos eficientemente editados u otras presentaciones visuales diseñadas con el estudiante en mente.

En este marco es lógico que las universidades tiendan cada vez más a compartir recursos con otras universidades. Una universidad no puede ser buena o excelente en todo. La red impone especialización y necesidad de ganar reputación internacional. A los alumnos se le plantea la posibilidad de acceder a recursos docentes gratuitos de gran calidad y también la oportunidad de acceder a acreditaciones y certificados emitidos por las instituciones universitarias más prestigiosas del mundo, seguidos en cualquier momento y desde cualquier lugar.

La liberación de recursos que impondrá la especialización universitaria  permitirá aliviar anunciadas restricciones y poner énfasis en otras vertientes de  actividad  no menos prioritarias en los momentos actuales. Quizás muchos de los recursos presenciales deberían volcarse hacia otros ámbitos de la misión universitaria ligados a los ecosistemas de innovación:  empresas de base tecnológica, emprendedores, startups, innovación abierta transferencia de tecnología en un entorno donde es urgente y vital crear empleos ligados a sectores del conocimiento (Ver Una cultura de empresas de base tecnológica y emprendimiento universitario).

La tecnología y la innovación docente digital imponen un nuevo modelo universitario. Pero también el mercado de trabajo, las condiciones de competitividad empresarial en una economía global, el nivel de nuestro desempleo, la sobrecualificación.. Ir en la dirección correcta facilitará una mayor eficiencia en la  asignación de recursos en un entorno de restricciones presupuestarias relevantes. Quizás más allá de un debate estrictamente presupuestario hay que pensar más en clave de futuro y en cambios que hagan nuestro sistema universitario más competitivo.

Internet: paraíso fiscal o desarrollo de una economía digital

¿El Comercio electrónico “un agujero negro de defraudación”, esta y otras afirmaciones son recogidas por expertos en  “Internet como un paraíso fiscal”, artículo que  publica el diario El País. He de confesar que la lectura me ha dejado intranquilo. Los especialistas en Derecho mercantil o fiscal tienden a simplificar el comercio electrónico como una vertiente más del comercio. Una base más para aplicar impuestos en momentos de apremio del déficit y el reclamo de algo que “escapa al control” de las autoridades de nuestro país.

Ni se piensa en la naturaleza de Internet, las reglas que rigen o las estrategias que definen su desarrollo y éxito. ¿Podemos plantear un proteccionismo en el caso de Internet?. Esto es, discriminamos las IP según origen, naturaleza, y consecuentemente nos prestamos a que hagan lo mismo con nosotros… ¿Nos arriesgamos a restringir el aceso internacional al conocimiento, la innovación tecnológica, a los servicios avanzados…?

Nuestras pifias “regulacionistas” en Internet

Internet es por naturaleza abierto y global. Con muy bajas barreras de entrada. Muy difícil, por no decir imposible,  someterlo a regulación. Basta recordar el fiasco y hasta ridículo de la regulación de los dominios en España (las punto “es”) hace una década. Internet no permite, o al menos tolera muy mal, los tratamientos burocratizados. Hace unos diez años nuestro país se unió a Bolivia como uno de los dos únicos ejemplos existentes en el mundo para regular y burocratizar al máximo los dominios. El resultado fue catastrófico. Mientras todos los países daban las máximas facilidades y crecían en términos exponenciales, en nuestro caso, el crecimiento era insignificante. Era más fácil para las empresas españolas comprar dominios genéricos con, net, org o incluso dominios nacionales en Canadá, Estados Unidos, Reino Unido o muchos países latinoamericanos. Además, la imagen que dábamos ante nuestros emprendedores o el mundo de Internet era de analfabetismo digital. Recuerdo que lo transmití a los responsables más directos y como respuesta obtuve un informe de 200 folios argumentado jurídicamente que España estaba en lo cierto. Hoy, la Ley Sinde es una reedición de este tipo de criterios.

La situación fue también similar cuando Jordi Sevilla en su etapa en el Ministerio de Administraciones Públicas impulsó acertadamente la Ley de la Administración Electrónica y nos reunió en una Comisión de expertos a un buen número de representantes de empresas e instituciones, junto a un no menos elevado número de legisladores (incluso expertos en Derecho Constitucional). Y en realidad estaba en lo cierto, el apoyo o base legal, el BOE, era la única forma de sacar el tema adelante en una administración como la española. Aunque muchos de los que estábamos en la Comisión nos costaba trabajo comprenderlo y preferíamos que se pasara a la acción con retos como la reingeniería de procesos, la eficiencia de los servicios públicos online, etc. Sin embargo, he de reconocer que nos hubiéramos chocado con una maquinaria burocrática ávida en poner pegas y todo tipo de trabas.

Esta mentalidad, esta cultura reguladora, sin embargo, choca con la naturaleza de Internet y las necesidades de los emprendedores que protagonizan esta revolución. Empresas como Zara, cuando se adentran en el comercio electrónico se limitan a seguir al resto: Google, Facebook, Linkedin, Twitter y un montón de pequeñas y medianas empresas, start-up y empresas de base tecnológica incluidas. Irlanda y Estados Unidos, junto a un reducido número de países, están ganando la batalla. No porque sean paraísos fiscales, sino porque han comprendido la naturaleza de Internet y lo decisivo de hacer apuestas estratégicas para favorecerlo.

La voracidad fiscal en el caso de Internet puede llevar a la empresas a ningunear a España. Más grave que no recabar impuestos es no generar empleos e incrementar el gasto vía prestaciones de desempleo. Por no hablar de los enormes costes para un país del subdesarrollo relativo de su economía digital.

Un ejemplo real, la publicidad en Internet

Aunque suene ficticio voy a exponer un situación real en el mundo de la publicidad digital. Supongamos una empresa con sede fiscal en España que tiene su hosting en Estados Unidos (ubicación de los servidores web de pago que dan acceso a todas las páginas web que ven en todo el mundo, incluida España), inserta en su página publicidad de una agencia ubicada en Argentina. Que a su vez ha contratado online  sus servicios a anunciantes japoneses. El ciclo se cierra cuando un usuario de cualquier parte del mundo, por ejemplo de la India, ha hecho click en un anuncio de esa página servida desde los Estados Unidos por la empresa española en cuestión. Así pues, esta última recibe un cheque por facilitar sus soportes que son vistos en la India gracias a la intermediación de la agencia argentina y los anunciantes japoneses, y con información ubicada en la “nube” de una empresa de USA. Todo esto se produce en la intimidad de la privacidad de datos que nos aseguran nuestras respectivas legislaciones.

Supongamos que Hacienda, independientemente de la naturaleza del hecho y los sujetos fiscales opta por regular imponiendo una tasa equiparable a un ingreso publicitario convencional en España. ¡Nuestra Hacienda puede dormir tranquila!. Y nuestra empresa española que está compitiendo internacionalmente quedará en desventaja con respecto a todas las empresas de Internet ubicadas en países donde o no se grave nada o sencillamente el tratamiento fiscal sea más favorable. Esto es, en un sector difícil y clave para nuestra economía estaremos echando piedras contra nuestro propio tejado.

Situaciones similares pueden darse con el comercio electrónico. De hecho la publicidad es parte de los servicios que conforman este tipo de transacciones digitales. No es un tema para el regulador. Nos jugamos el ser o no ser en el ámbito de Internet.

Internet rompe las fronteras

España haría bien en tomar nota de lo que hacen Estados Unidos e Irlanda. Hace escasas semanas estuve en Dublín y tuve la oportunidad de observar que, pese a dureza de su crisis financiera e inmobiliaria inicial, la economía irlandesa da signos de empezar a caminar. Las noticias se centran en los beneficios de Google, la compra de Motorola, la creación de más start-ups etc. Internet no genera las condiciones para un paraíso fiscal: sencillamente globaliza el comercio y rompe las fronteras administrativas y de todo tipo. Para un país que se resista a comprenderlo, como España, esto puede tener un alto coste.

Es lógico que para evitar esas desventajas fiscales nuestras empresas tecnológicas o de comercio electrónico se trasladen (con muy escaso coste)  a Irlanda, Estados Unidos o Luxemburgo. En algunos de estos países reciben además incentivos, ayudas o las notables ventajas derivadas de establecerse en auténticos ecosistemas de innovación, gracias a una masa crítica de empresas relocalizadas cada vez más importante.

Como comenta el diario El País, EE UU e Irlanda compiten por atraer a las empresas españolas ofreciendo entornos como el Silicon Valley o Dublín, con incentivos y todo tipo de facilidades. Mientras en España, en cambio, se grava con un IVA del 4% el libro tradicional y con un 18% el electrónico. Esto es, tratamos de darle un balón de oxígeno a una industria editorial tradicional en declive para negárselo a un sector tecnológico de futuro. Anteponemos la voracidad fiscal a nuestro posicionamiento en sectores estratégicos generadores de innovación tecnológica, cultura empresarial de futuro, empleo y riqueza.

Así nos va.

Temas relacionados:  Irlanda versus España

Andrés Pedreño Muñoz
Instituto de Economía Internacional
Universidad de Alicante

 

Laudatio a José Luis García Delgado

Laudatio a José Luis García Delgado con motivo de su Doctorado honoris causa por la Universidad de Alicante, que tuvo lugar el pasado 23 de Septiembre en el paraninfo de la citada universidad.

Excmo. y Magnífico Sr. Rector,
Excmas. e Ilustrísimas autoridades,
Claustro de la Universidad,
miembros de la Comunidad Universitaria,
señoras y señores,

Es para mí un privilegio ocupar esta tribuna para pronunciar la laudatio del profesor José Luis García Delgado, persona y profesor entrañable, maestro y amigo. Un privilegio que comparto con los muchos compañeros procedentes de toda España que hoy nos acompañan en este claustro. Más

Las TIC: cambios estructurales y vieja economía

A finales de los noventa la burbuja de las punto.com fomentó un escepticismo en torno al potencial de los proyectos digitales. ¿Que cabía esperar de un sector  en el que nuestro operador comparaba Lycos (el 4º site en tráfico del mundo) por más 13.000 millones de dólares para venderlo, tan sólo dos años más tarde por 100 millones?

Los grandes inversiones dejaron paso a los garajes.  En este entorno  se desarrollaron pequeñas start-up con puntuales ayudas procedentes de los bussines angel, empezó a  tomar fuerza el open source y también el desarrollo de comunidades. Un modelo de desarrollo “desde abajo”,  bastante ajeno a los sectores tradicionales, a la “vieja economía”  (si me lo permiten llamaré así a los sectores más tradicionales), hundida en el escepticismo que le provocó la citada burbuja de los noventa. Más

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