Exportar hace mejores a las empresas

Las empresas exportadoras, por término medio, son “mejores” que las empresas no exportadoras. Lo son porque tienen más empleados, porque son más productivas, porque pagan mayores salarios y porque realizan una mayor inversión en investigación, desarrollo e innovación. Por ello, los gobiernos desarrollan programas para tratar que un mayor número de empresas se conviertan en exportadoras.

Los economistas tenemos dos teorías para explicar por qué las empresas exportadoras son mejores que las no exportadoras. La primera teoría defiende que, desde su nacimiento, algunas empresas son más productivas que otras. Las empresas más productivas obtienen más beneficios porque sus precios son más competitivos y venden más, o porque pueden producir un producto de mayor calidad, y cobrar un mayor precio. La exportación exige a las empresas asumir costes adicionales a los que soportan en el mercado doméstico. Estos costes adicionales están ligados a unos mayores costes de transporte, a la existencia de aranceles, y al coste adicional de analizar los mercados exteriores, de encontrar distribuidores adecuados y de adaptar el producto a las características de los consumidores foráneos. Las empresas más productivas son capaces de hacer frente a estos costes adicionales y todavía obtener beneficios en los mercados exteriores. Según esta teoría, la exportación no hace a las empresas mejores. Lo que ocurre es que solamente las mejores empresas pueden exportar. Por ello, observamos una correlación positiva entre exportar y tener unas características empresariales más atractivas. Según esta teoría los gobiernos no deberían gastar un euro en programas de promoción de exportaciones, ya que la capacidad de exportar está ligada a habilidades que están determinadas desde el nacimiento de las empresas.

La segunda teoría sugiere que la propia actividad exportadora mejora la productividad de las empresas. En los mercados exteriores, las empresas exportadoras se ven obligadas a competir con otras empresas que, en muchas ocasiones, son más eficientes que las de su mercado doméstico, lo que les obliga a agudizar el ingenio para ser más competitivas. Asimismo, al exponerse a nuevos mercados las empresas pueden aprender de sus competidores. Finalmente, si los clientes extranjeros son más exigentes con la calidad del producto o del servicio, la empresa se verá obligada a mejorar sus procesos para alcanzar ese mayor nivel de calidad. La recomendación de esta teoría, a diferencia de la primera, es que el gobierno debe incentivar a las empresas a que exporten, ya que la propia actividad exportadora hará a las empresas mejores. Esta intervención pública está especialmente justificada si las empresas se enfrentan a alguna barrera, como la falta de información, que les impide dar el paso de exportar.

Aunque la intuición nos dice que la segunda teoría es muy plausible (no hay nada mejor que echarse al agua para aprender a nadar), los estudios, hasta ahora, no habían encontrado evidencias claras de su validez. En cambio, los estudios confirman sin fisuras la primera teoría. Sin embargo, un reciente trabajo de David Aitkin, Amit Khandewal y Adam Osman, ofrece evidencia empírica muy convincente de que exportar hace mejores a las empresas.

Para realizar el estudio, los autores colaboraron con la ONG estadounidense Ayuda para Artesanos, cuyo objetivo es facilitar la exportación de productos artesanales de los países en vías de desarrollo a los países desarrollados. En el estudio se analiza el programa de esta ONG para facilitar la exportación de alfombras fabricadas en la localidad egipcia de Fowa, que cuenta con un colectivo muy numeroso de artesanos de alfombras, a los países desarrollados. Para implementar este programa, la ONG contactó con una empresa intermediaria en la venta de alfombras de Fowa. La ONG ofreció al intermediario formación en marketing y en las características de las alfombras que se demandaban en Estados Unidos y Europa. La ONG también ayudó al intermediario a encontrar clientes en países desarrollados. Tras un año y medio de trabajo, la ONG y el intermediario lograron un importante pedido de alfombras de un cliente alemán. A continuación, los autores del estudio eligieron de forma aleatoria a los artesanos de Fowa que iban a fabricar las alfombras para este pedido. Al mismo tiempo, eligieron también de forma aleatoria un grupo de control, constituido por artesanos que no iban a fabricar alfombras para el pedido.

El estudio analiza si los artesanos que recibieron el pedido de alfombras mejoraron sus beneficios con relación al grupo de control. Los autores concluyen que los artesanos elegidos para fabricar las alfombras aumentaron sus beneficios por hora trabajada con relación a los artesanos del grupo de control, entre un 16% y un 26%. Este incremento en los beneficios por hora trabajada se debía a que los artesanos exportadores tenían que fabricar una alfombra de mayor calidad que la fabricada por el grupo de control, mayoritariamente destinada al mercado nacional.

El estudio muestra que la oportunidad de fabricar un producto de mayor calidad, y de un mayor precio, es la que incentiva a los artesanos a ser más productivos. Los clientes extranjeros, al demandar un producto de mayor calidad, obligan a los artesanos de alfombras egipcios a convertirse en mejores artesanos. Los autores confirman esta hipótesis mediante tres evidencias. En primer lugar, observan que la productividad de los artesanos elegidos mejora de forma gradual, a medida que van acumulando experiencia en la fabricación de alfombras de mayor calidad. Si los artesanos ya supiesen cómo producir alfombras de mayor calidad, la productividad habría aumentado inmediatamente. En segundo lugar, observan que existe un diálogo continuo entre los artesanos y el intermediario para identificar qué cambios debían realizar en el proceso de producción y qué nuevas técnicas debían aplicar para alcanzar la calidad demandada. En tercer lugar, tras finalizar el pedido, los autores pidieron a los artesanos exportadores y a los artesanos del grupo de control fabricar la misma alfombra con la misma maquinaria y con los mismos productos intermedios. Sistemáticamente, los artesanos exportadores, en el mismo tiempo, fabricaban una alfombra de mayor calidad que los artesanos del grupo de control.

El estudio nos deja varias lecciones. En primer lugar, las empresas, por término medio, tienen capacidad de mejorar su productos o servicios si tienen incentivos para hacerlo. La exportación ofrece estos incentivos siempre que los productos o servicios demandados sean de mayor calidad. En segundo lugar, la mejora en la productividad se produce a través de una transmisión del conocimiento sobre características del producto y de técnicas de fabricación de los clientes finales, y de los intermediaros, al fabricante. Es importante destacar que en este trabajo la empresa intermediaria era la encargada de la relación con el cliente final y de la logística de la exportación. En los países más avanzados, las empresas también tienen que encargarse de estas actividades, lo que aumenta las posibilidades de aprendizaje y mejora. Exportar sí hace mejores a las empresas. Por tanto, si quiere mejorar, échese al agua de los mercados internacionales.

La ventaja comparativa frente al talento: un análisis a partir del ajedrez

El 27 de mayo de 2016 moría en Barcelona, a los 84 años de edad, Arturo Pomar. Este nombre quizá sea familiar para las personas de mayor edad, y seguramente lo será para las personas aficionadas al ajedrez. Arturo Pomar está considerado como uno de los grandes talentos que ha tenido España en este juego/deporte. Como comentaba Leontxo García en su crónica en El País el 27 de mayo de 2016, con solo 12 años, Arturo Pomar hizo tablas con el campeón del mundo en aquel momento: Alexánder Alekhine. Sin embargo, a pesar de ese enorme talento, Arturo Pomar nunca llegó a competir por la corona mundial. Parte de la explicación se debe al escaso apoyo que recibió por parte del régimen franquista, que solamente le otorgó un puesto de trabajo en Correos. Como señaló el entrenador soviético Alexánder Kotov, si Pomar hubiera nacido en la Unión Soviética, podría haber aspirado al título mundial.

El caso de Arturo Pomar es un ejemplo de cómo el talento individual, y las características del país, determinan los logros de una persona. Esta situación no es exclusiva del ajedrez. En muchos otros deportes, en las artes, las ciencias o en la economía los resultados que obtiene un individuo o una empresa están determinados por el talento individual y la ventaja comparativa del país. En la mayoría de los casos, resulta difícil estimar cuál es la contribución del talento individual y la ventaja comparativa al resultado final. Esto se debe a que hay muchos factores que inciden sobre el resultado final, o éste es la consecuencia de comportamientos que son difíciles de modelizar.

Sin embargo, dada su simplicidad, el ajedrez es una actividad idónea para identificar la contribución de la ventaja comparativa del país y del talento individual al desempeño de un jugador. En primer lugar, el ajedrez es un juego fácil de aprender y requiere una infraestructura mínima. En segundo lugar, la calidad de un jugador de ajedrez está determinada por su talento innato, pero también por las oportunidades que le ofrece su país para jugar al ajedrez, aprender técnicas de juego y estrategias, y de contar con financiación para dedicarse a esta actividad si se tienen muy buenas aptitudes. Finalmente, en el ajedrez el desempeño de los jugadores se mide de forma homogénea en todo el mundo a través de la puntuación ELO.

En un trabajo reciente, he utilizado la puntuación ELO de más de 150,000 jugadores, para analizar el número de ajedrecistas de alto nivel en cada país. La puntuación ELO que he utilizado para determinar si un jugador es experto es 2.200, ya que esta puntuación es la que otorga el grado de Candidato a Maestro. Como el talento está homogéneamente distribuido en el mundo, y se juega al ajedrez en casi todos los países, mi intuición era que el número de jugadores expertos como porcentaje de la población debería de ser similar en todos los países. Gran error. La realidad es que existen enormes diferencias en el número de ajedrecistas expertos, en porcentaje de la población, entre países. Por ejemplo, Bolivia y Hungría tienen una población similar; sin embargo, el número de jugadores expertos en Hungría es 70 veces superior al de Bolivia. Estos resultados sugieren que deben existir notables diferencias entre países en su “tecnología” para generar jugadores expertos en ajedrez. Y ciertamente las hay. Los países que aparecen liderando el ranking son Armenia, Eslovenia, la República Checa, Hungría y Georgia. España se sitúa en la mitad superior del ranking. Los países que aparecen en las últimas posiciones son Botsuana, Madagascar, Mali, Namibia y Panamá.

Lógicamente los países que tienen ventaja comparativa en ajedrez son los que tienen una gran afición por este deporte. Esto permite que un mayor número de potenciales jugadores se acerque a este deporte y que el país desarrolle “tecnologías”, como introducir el ajedrez como asignatura en el colegio, tener numerosos clubs y campeonatos, y tener una amplia oferta de entrenadores que permiten elevar el nivel medio de los jugadores. El ajedrez es un ejemplo más de cómo una preferencia puede generar una ventaja comparativa.

¿En qué medida las diferencias en ventaja comparativa explican las diferencias en el número de jugadores expertos entre países? Cuando establezco la referencia de calidad en jugadores que son, al menos, candidatos a Maestros, la ventaja comparativa explica el 85% de las diferencias entre los países, y el talento individual solamente el 15%. Sin embargo, cuando establezco la referencia en el grado de calidad más alto, Grandes Maestros, la contribución de la ventaja comparativa se reduce al 54% y la del talento individual aumenta hasta el 46%. Estos resultados muestran que el peso del talento individual crece cuando medimos niveles de calidad que son muy difíciles de alcanzar. En estos casos, el que un país cuente con un jugador de muchísimo talento se debe en gran parte al azar. En todo caso, es llamativo que incluso para niveles de calidad tan elevados la contribución de la ventaja comparativa del país sea tan alta.

En el trabajo analizo también si la expansión de Internet, y la aparición de páginas web que permiten jugar al ajedrez en línea, y aprender técnicas de ajedrez, han reducido las diferencias en la ventaja comparativa entre países. El argumento es que si la ventaja comparativa del país se debe a las mayores oportunidades que ofrece a sus habitantes para jugar al ajedrez y aprender técnicas de ajedrez, la expansión de Internet ha podido reducir estas ventajas. Sin embargo, los resultados indican que durante el periodo 2001-2015 no se ha producido ninguna convergencia en la ventaja comparativa entre países.

En este mundo globalizado, tendemos a atribuir las diferencias de renta entre personas a su talento individual. Sin embargo, el ejemplo del ajedrez nos pone de manifiesto que el desempeño individual está en gran parte explicado por una ventaja colectiva. Arturo Pomar fue un claro exponente de esta realidad.

¿Ha muerto la distancia?

Como escribían Keith Head y Thierry Mayer hace algunos años, si uno se pasea por la sección de empresa de una librería se encuentra con títulos como “El Mundo sin fronteras” o “La distancia ha muerto”. Estos libros defienden que las nuevas tecnologías de la comunicación han eliminado las distancias y, ahora, podemos trabajar y comunicarnos desde cualquier parte del mundo.

Sin embargo, algunas tendencias que observamos en nuestras sociedades no casan bien con esta conclusión. Por ejemplo, las ciudades han crecido en población durante los últimos años y las personas están dispuestas a pagar precios muy altos por el alquiler o la compra de una vivienda en algunas ciudades. Asimismo, la introducción de las nuevas tecnologías de la información no ha hecho descender los viajes de negocio.

Estas tendencias se explican si la comunicación cara a cara todavía tiene un efecto muy positivo sobre la productividad. Un trabajo reciente, realizado por Diego Battiston, Jordi Blanes i Vidal y Tom Kirchmaier, utiliza las llamadas a la policía de Manchester para comprobar si realmente la comunicación cara a cara mejora la productividad. Cuando una persona llama a la policía de Manchester, un operador recibe la llamada y abre un parte de incidente en el que describe cuál es el problema. Este parte aparece en la pantalla del coordinador de la policía de la zona en que se ha producido el suceso. El coordinador de zona, tras leer el parte, decide a qué agente o agentes asignar el suceso. La productividad se mide por el tiempo que transcurre entre el momento en que el coordinador de zona recibe el parte y se produce la asignación del agente. Cuanto menor sea el tiempo transcurrido, mayor será la productividad del servicio.

Un elemento interesante de este estudio es que en algunas ocasiones el operador que recibe la llamada y el coordinador de zona están en la misma sala. En esos casos, existe la posibilidad de que el coordinador de zona se acerque al operador para recabar cara a cara una mayor información sobre el incidente. Los autores muestran que cuando el operador de la llamada y el coordinador de zona están en la misma sala el tiempo necesario para asignar un agente es menor; es decir, poder comunicarse cara a cara mejora la productividad.

¿Por qué el poder hablar cara a cara mejora la productividad? Los autores apuntan diferentes motivos. En primer lugar, como todos sabemos, hablar es una forma muy eficiente de comunicarnos. En segundo lugar, el lenguaje no verbal añade información al lenguaje verbal, información que en muchos casos sería difícil de transmitir por escrito. En tercer lugar, al hablar podemos utilizar términos coloquiales que ofrecen mucha información sobre lo que está ocurriendo, que necesitarían de más desarrollo si los tuviésemos que explicar con términos más formales (los autores señalan, además, que no está bien visto utilizar términos coloquiales por escrito). Los autores confirman estas ideas al comprobar que la productividad de la comunicación cara a cara es mayor cuando el incidente es más complejo de explicar, cuando es más urgente, y cuando los coordinadores de zona tienen más carga de trabajo.

Por tanto, si tienen que decir algo importante a su compañero de trabajo, olvídense del correo y del whatsapp, y comuníquenlo cara a cara. Será mucho más eficiente.

Las exportaciones españolas están concentradas en pocas empresas

En España, casi 150.000 empresas realizaron ventas al exterior en el año 2015. Sin embargo, la mayor parte del valor exportado se debe a unas pocas empresas.

En un trabajo reciente, realizado en colaboración con Juan de Lucio, Raúl Mínguez y Francisco Requena, mostramos que la empresa que más exporta fue responsable del 3% del total del valor de las exportaciones de mercancías en España en el año 2015; las cinco empresas más exportadoras del 10%; las 50 más exportadoras de un tercio; las 200 más exportadoras de la mitad, y las 1.000 más exportadoras de dos tercios del total de las exportaciones españolas. Es decir, solamente el 0,68% de las empresas (1.000/147.378) fueron responsables de dos tercios de las exportaciones españolas en 2015.

Las empresas más exportadoras venden a más países y más productos que el resto de exportadores. En concreto, las empresas más exportadoras venden, en media, a 38 destinos internacionales y 57 productos diferentes, mientras que el resto de exportadores venden a 3 destinos y 5 productos. Los capítulos arancelarios más exportados por las primeras 1.000 empresas son equipo eléctrico y electrónico, maquinaria, automóviles, frutas y plástico.

El grado de concentración de las exportaciones por empresa es superior al que observamos en otras variables, como las ventas totales o el empleo. En concreto, mientras las 1.000 primeras empresas son responsables de dos tercios de las exportaciones, las 1.000 primeras empresas acumulan el 46% de las ventas, o el 29% del empleo.

Si unas pocas empresas dominan las exportaciones, éstas deben jugar un papel muy importante en la especialización comercial y en la dinámica de las exportaciones agregadas en España. Para analizar la especialización, calculamos la ventaja comparativa revelada de España en cada uno de los 96 capítulos arancelarios durante el periodo 2010-2012. Un país tiene ventaja comparativa revelada en un producto si la participación de ese producto en el total de las exportaciones del país es superior a la participación de ese producto en el total de las exportaciones mundiales. España tiene ventaja comparativa revelada en 45 de los 96 capítulos arancelarios. Destaca la especialización de España en corcho, alimentación, cerámica, automóviles, farmacia, prendas de vestir y productos siderúrgicos. Si eliminamos las 10 empresas más exportadoras de cada capítulo arancelario, España perdería ventaja comparativa revelada en 25 de ellos. Estos capítulos representan el 56% de los capítulos en los que España tiene ventaja comparativa revelada, y el 26% de las exportaciones españolas. Aunque no podemos determinar cuál sería el comportamiento del resto de exportadores si desaparecieran las 10 empresas más exportadoras en cada capítulo arancelario, los cálculos sugieren que, en muchas industrias, la especialización comercial puede estar determinada por unas pocas empresas. Ésto podría representar una debilidad, si dichas compañías deciden implantarse fuera de España, con la consecuente pérdida de la ventaja comparativa asociada.

 

Finalmente, analizamos la contribución de las empresas más exportadoras a la dinámica de las exportaciones agregadas de la economía española. La evolución de las ventas españolas de un producto en un destino se puede deber a factores específicos de ese producto y destino, como una reducción de aranceles, que afectan a todos los exportadores; o a factores específicos de cada una de las empresas exportadoras, como ganar una licitación. Nuestras estimaciones muestran que un tercio de la evolución de las exportaciones españolas durante el periodo 1997-2015 se explica por factores específicos de las 5 empresas más exportadoras en cada producto y destino. Este resultado pone de manifiesto que unas pocas empresas contribuyen de forma notable a la dinámica conjunta de las exportaciones españolas.

En definitiva, la concentración de las exportaciones en unas pocas empresas tiene importantes implicaciones sobre la competitividad exterior y las oscilaciones que a lo largo del tiempo se pueden observar en las exportaciones. En este sentido, cabe preguntarse sobre las consecuencias que la elevada concentración de las ventas al exterior tiene sobre la política comercial. Por ejemplo, si España quisiera impulsar las exportaciones, ¿debería concentrar su esfuerzo en las nuevas empresas exportadoras o en las empresas más exportadoras? ¿Con los instrumentos actuales, están atendidas las necesidades específicas de diplomacia comercial de los grandes exportadores? ¿Deberían centrarse las políticas de promoción exterior en la captación de inversiones de los grandes exportares mundiales? ¿Cómo podemos trasladar la capacidad competitiva de los grandes exportadores al resto de empresas del sector?

La distancia del ecuador y el desarrollo de los países

El mapa que aparece abajo, realizado por el Banco Mundial, muestra mediante colores las diferencias de renta per cápita en el mundo. Los países que tienden hacia el verde oscuro tienen una renta per cápita alta y los países que tienden hacia el naranja tienen una renta per cápita baja.

mapa_wb

Una conclusión que podemos extraer de este mapa es que a medida que nos alejamos del ecuador, tanto hacia el norte como hacia el sur, aumenta la renta per cápita de los países. ¿Es ésto una casualidad? Según un reciente estudio publicado en el Review of Economic Studies, realizado por los profesores Andersen, Dalgaard y Selaya, la relación entre la pobreza y la distancia al ecuador no es casual. Estos autores muestran que los países que están más cerca del ecuador soportan un mayor índice de radiación ultravioleta, y la intensidad de esta radiación está estrechamente ligada a un menor ingreso.

¿Por qué la radiación ultravioleta tiene un efecto tan negativo sobre el desarrollo? Los autores muestran que en las zonas con una mayor intensidad de radiación ultravioleta hay más personas que sufren de cataratas. Estos casos se producen mayoritariamente entre las personas que realizan actividades cualificadas, ya que dedican más tiempo a leer y a escribir. Debido a las cataratas, la vida laboral de los trabajadores cualificados es menor en las zonas cercanas al ecuador. Por ello, las personas tienen menos incentivos para dedicarse a estas actividades, y demandan una menor formación. Y aquí reside el problema. La historia económica muestra que cuando la demanda de trabajadores cualificados crece, se reduce el número de hijos por familia. Ésto se debe a que las personas dedican más tiempo a la formación, y menos tiempo al cuidado de los hijos; y porque prefieren tener menos hijos, pero mejor formados, que tener muchos hijos. Es esta transición hacia tener menos hijos y más educados lo que genera un círculo virtuoso entre educación, avance tecnológico y riqueza: las personas más formadas generan nuevas tecnologías que nos hacen más productivos y más ricos, pero que a su vez demandan trabajadores más cualificados, lo que a su vez demanda un mayor nivel educativo y una apuesta por tener menos hijos, pero mejor formados. La intensidad de la radiación ultravioleta al reducir los incentivos para formarse frena la transición demográfica e impide a los países incorporarse al círculo virtuoso de la educación y de la innovación.

Aunque la geografía no es el único obstáculo para el desarrollo (véase por ejemplo la diferencia en riqueza entre Corea del Norte y Corea del Sur), algunos países han tenido una peor suerte en el reparto de las “cartas geográficas”. Para estos países, parafraseando a Napoleón, “la geografía sí es destino”.

 

Las familias con menos ingresos pasan más tiempo en Internet

En economía decimos que un bien es inferior cuando al aumentar nuestros ingresos demandamos una menor cantidad de ese bien. Por ejemplo, realizar viajes largos en autobús es un bien inferior. Al aumentar nuestros ingresos, seguramente elegiremos modos de viajar más rápidos, como el avión, y viajaremos menos en autobús.

Un estudio reciente concluye que Internet también es un bien inferior. Los autores del estudio, Andre Boik, Shane Greenstein y Jeffrey Prince, han analizado los datos de consumo de Internet de 40.000 familias estadounidenses, en el año 2008 y en el año 2013. Los autores muestran que entre las familias que tienen Internet, las que cuentan con menos ingresos (menos de 15,000 dólares al año) pasan alrededor de dos horas más a la semana en Internet que las familias con más ingresos (más de 100,000 dólares al año).

¿Por qué las familias con menos ingresos pasan más tiempo en Internet? La respuesta, según este estudio, se encuentra en un concepto clave en economía: el coste de oportunidad. Las familias con más ingresos tienen más opciones para su tiempo libre que las familias con menos ingresos. Navegar por Internet supone, para las familias con más ingresos, sacrificar alternativas que resultan más atractivas y, por ello, destinan menos tiempo a navegar por la red.

El trabajo de Boik, Greenstein y Prince presenta, además, conclusiones muy interesantes sobre nuestro comportamiento en Internet. Los autores observan que nuestras visitas se suelen concentrar en pocas páginas; además, en la mayoría de los casos estas visitas suelen durar más de 10 minutos. Este comportamiento no se ha alterado entre los años 2008 y 2013. Lo que sí ha variado es qué tipo de contenidos consumimos en Internet. En el año 2008 la categoría más consumida era el chat. Para el año 2013 el peso de esta categoría era ya marginal. En cambio, se observa un aumento muy importante en el tiempo que se dedica a las redes sociales y al consumo de videos. El consumo de noticias también se reduce entre 2008 y 2013. Esto se explica porque las redes sociales, como Twitter, ofrecen una vía alternativa para acceder a estos contenidos. El estudio muestra también que las familias con más ingresos dedican más tiempo a categorías como servicios educativos, noticias, juegos on-line y vídeos. En cambio, el consumo de categorías como el chat, las redes sociales o la pornografía no parece tener relación con los ingresos de las familias.

Internet es el icono de las nuevas tecnologías y el ingrediente básico de las sociedades híper-conectadas. En las últimas dos décadas hemos pasado de no tener Internet a pasar mucho tiempo enganchados a la red. Sin embargo, Internet no es diferente al resto de los bienes; si tenemos alternativas más atractivas apagaremos el ordenador. En todo caso, espero lo hagan una vez que hayan leído este post.

¿Es mejor dar el pez que enseñar a pescar?

Seguramente todos habremos escuchado alguna vez ese antiguo proverbio chino que reza “Dale un pez a un hombre, y comerá hoy. Enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”. Este proverbio ha guiado la ayuda al desarrollo durante mucho tiempo, convirtiendo a la educación en una de sus partidas más importantes.

Sin embargo, durante las últimas décadas, algunos países han comenzado a aplicar variantes de este proverbio chino. Por ejemplo, en algunas comunidades pobres se observaba que, a pesar de la inversión en escuelas y profesores, los niños no acudían a la escuela. Esto se debía a que los niños tenían que trabajar para apoyar los ingresos de la familia. Para romper este círculo de pobreza, a partir de la década de 1990, países como México y Brasil comenzaron a transferir dinero a las familias más pobres a condición de que los hijos fuesen a la escuela, y cumplieran con algunos requisitos sanitarios, como la vacunación. Estos programas de ayuda a los pobres, que siguiendo el proverbio chino denominaríamos “Te doy el pez, si aprendes a pescar”, se han extendido por un gran número de países. Como señalaba  el Banco Mundial en este informe, la mayoría de los estudios de evaluación concluyen que los programas de transferencia de efectivo condicionados han mejorado los indicadores de salud y educación de los hijos de las familias más pobres.

Al calor del éxito de estos programas, algunas personas se han preguntado si realmente las transferencias de efectivo deben tener condiciones aparejadas para que resulten efectivas. Como señalaba uno de los mayores expertos en desarrollo, el profesor Abhijit Banerjee, dar dinero directamente a los pobres era algo impensable en los círculos de la ayuda al desarrollo. El argumento era que las personas pobres no sabrían cómo utilizar el dinero para salir de la pobreza, y lo malgastarían en tabaco y alcohol. Sin embargo, la ONG GiveDirectly, que cuenta con el respaldo de Google, ha cuestionado este argumento, y transfiere directamente dinero a las personas más pobres. Esta ONG le ha dado completamente la vuelta al proverbio chino y plantea “Dar el pez, en vez de enseñar a pescar”.

Un reciente estudio, publicado en la prestigiosa Quarterly Journal of Economics, ha analizado el impacto de las transferencias de esta ONG en una comunidad pobre en Kenia. El trabajo muestra que las familias que recibieron una transferencia en efectivo destinaron parte de la renta adicional al consumo y parte a la inversión. Con relación al consumo, la renta adicional no se malgastó en alcohol o tabaco. Por su parte, la inversión se realizó en herramientas o en ganado, lo cual permitió a las familias aumentar su ingreso de una forma estable. Sin embargo, estas familias no aumentaron sus gastos en educación o en sanidad. Los autores también encuentran una mejora significativa en la salud psicológica de las familias que recibieron la transferencia. Finalmente, los autores comparan si las familias en las que la mujer gestionó la transferencia tuvieron mejores resultados que las familias en las que lo hizo el hombre. A diferencia de estudios anteriores que concluían que la mujer gestiona los fondos de manera más adecuada para la unidad familiar, el presente estudio no encontró ninguna diferencia.

Los resultados del estudio sugieren que “dar el pez, en vez de enseñar a pescar” puede ser una buena estrategia para el desarrollo. Además, es una estrategia mucho más barata que las anteriores. Sin embargo, como señala otros de los expertos en desarrollo, el profesor Chris Blattman, cada estrategia tiene su lugar. Las inversiones en salud y en educación, y las transferencias condicionadas a estos objetivos, son importantes para asegurar el bienestar de las personas en el futuro. Además, desde el punto de vista político, parece más fácil justificar las ayudas al desarrollo, si éstas están condicionadas que si no lo están. Por su parte, las transferencias directas de efectivo pueden ser muy efectivas para sustituir los programas en los que los gobiernos otorgan directamente algún bien a las familias más pobres. Por ejemplo, en la India el gobierno vende gas para cocinar, o arroz a precios subvencionados, a las personas más pobres. El problema de esta política es que muchos productos destinados a los pobres desaparecen por el camino, y se venden en el mercado negro a personas que no son beneficiarias de este programa. Para atajar este problema, en vez de vender los productos a precios subvencionados, el gobierno indio ha iniciado un programa para transferir directamente efectivo a las personas pobres para que utilicen ese dinero para comprar aquellos productos y servicios que más contribuyen a superar la pobreza. La experiencia de Kenia, que hemos comentado anteriormente, confirma que los pobres no malgastan el dinero.

La experiencia de la ayuda al desarrollo es que a veces hay que enseñar a pescar, a veces hay que dar el pez si se aprende a pescar, y que a veces es mejor dar el pez. Lo importante es saber qué proverbio debemos aplicar en cada situación.

El impacto de Embarazada a los 16

Si me pidieran nombrar algún programa de televisión cutre, seguramente elegiría Gandia Shore de la cadena MTV. Para estar seguro de mi elección antes de escribir este post he seguido durante un par de episodios de reposición, las andanzas de Ylenia, Cristina “Core”, Alberto “Clavelitos”, y compañía, y he disipado todas mis dudas. Con estos precedentes, resulta difícil creer que otro docu-reality de esta cadena, Embarazada a los 16, pueda tener algún efecto positivo en el comportamiento de los jóvenes. Sin embargo, según un estudio realizado por los profesores Kearney y Levine, y publicado en el American Economic Review, sí lo ha tenido.

Como su título sugiere, Embarazada a los 16 es una serie que en cada capítulo cuenta las vicisitudes de una adolescente que se ha quedado embarazada. La serie quiere subrayar las dificultades a las que se enfrentan las jóvenes durante el embarazo y los primeros meses de vida del bebé. Los estudios señalan que las madres adolescentes no son más pobres por haber sido madres a una edad temprana; más bien, ser madres adolescentes es una consecuencia de las peores condiciones de vida en que vivían estas adolescentes. Sin embargo, dichos estudios concluyen que los hijos de las madres adolescentes tienen desventajas sociales y económicas frente a los hijos de mujeres más maduras, especialmente si estas tienen un mayor nivel educativo y están casadas. Por estas razones, se considera que reducir el número de madres adolescentes es positivo.

Embarazada a los 16 se estrenó en Junio de 2009 en Estados Unidos. Gracias a sus buenos índices de audiencia, la serie ha tenido cinco temporadas y ha generado dos spin-offs: Teen Mom I y Teen Mom II, donde se sigue documentando la vida de algunas de las jóvenes que aparecieron en la primera y segunda temporada de Embarazada a los 16.

Para analizar el impacto de la serie, Kearney y Levine utilizan los datos de audiencia de la serie entre las jóvenes de 12 a 24 años en los Estados Unidos, y analizan si los cambios en la audiencia están relacionados con variaciones en la tasa de fertilidad de las chicas de 15 a 19 años. Los autores utilizan diferentes técnicas para asegurar que están capturando una relación causal. Su conclusión es que un aumento de la audiencia en un 1% provoca una reducción de la tasa de fertilidad entre las adolescentes de un 2,3%. Los análisis muestran también que el programa habría contribuido en un 25% a la reducción total en la tasa de fertilidad de las adolescentes durante el periodo analizado.

Tras estimar el impacto de Embarazada a los 16, los autores se preguntan por qué las jóvenes que ven este programa reducen la probabilidad de ser madres adolescentes. Los autores argumentan que el programa, al subrayar las dificultades que tienen las madres adolescentes, provoca que los jóvenes quieran recabar más información sobre métodos anticonceptivos y sobre el aborto. De hecho, los autores muestran que tras la emisión de un episodio aumentan de forma notable las búsquedas en Internet y las menciones en Twitter de estos términos. Aunque el estudio no tiene datos para probarlo, teniendo en cuenta la reducción en el número de abortos entre las jóvenes estadounidenses, los autores señalan que el mecanismo más probable haya sido un mayor uso de métodos anticonceptivos.

El trabajo de Kearny y Levine pone de manifiesto que los programas de televisión pueden influir de forma notable sobre los comportamientos de las personas. Embarazada a los 16, a pesar de utilizar elementos de lo que se conoce como telebasura, ha tenido una influencia positiva al reducir el número de embarazos entre las adolescentes. ¿Tendrá también Gandia Shore algún efecto positivo entre los jóvenes que yo no soy capaz de ver?

Los precios de las exportaciones españolas

La literatura ha puesto de manifiesto que existen grandes diferencias entre las empresas exportadoras (Bernard et al., 2007 y 2012). En el margen extensivo, estas diferencias se manifiestan en el número de productos exportados y en el número de mercados a los que exporta la empresa. En el margen intensivo, diferentes estudios han mostrado que existen notables diferencias en el precio de exportación que fijan las empresas para un producto (Manova y Zhang, 2012). Las diferencias en el precio de exportación no se producen solamente entre empresas, sino también dentro de la propia empresa. En concreto, las empresas, para un mismo producto, fijan un precio de exportación más alto en los destinos más alejados y con mayor renta per cápita.

En un trabajo, realizado con Juan de Lucio, Raúl Mínguez y Francisco Requena, hemos analizado la variación de los precios de exportación entre las empresas españolas, y dentro de las empresas españolas. Para realizar este estudio hemos combinado los datos de transacciones de exportación a nivel de empresa de Aduanas para el año 2014, con los datos de SABI. Para poder unir estas bases de datos hemos utilizado el Directorio de Empresas Exportadoras e Importadoras de la Cámara de España. Para analizar todos los componentes de la variación en los precios de exportación, hemos elegido las empresas manufactureras que exportan un producto a más de un destino (multi-destino), y que realizan más de una transacción por producto y destino (multi-transacción). Calculamos los precios de exportación dividiendo el valor de la transacción por la cantidad vendida (en kilogramos o unidades, según la disponibilidad de información). La muestra incluye a 1,586 empresas manufactureras, que representan el 26% del total de las exportaciones que realizan las empresas manufactureras multi-destino y multi-transacción.

Al igual que en estudios realizados para otros países, hallamos notables diferencias en el precio de exportación de un producto[1] entre las empresas exportadoras españolas; y también dentro de cada empresa para sus diferentes destinos. Además, gracias al carácter transaccional de nuestra base de datos, encontramos grandes diferencias en el precio de exportación entre las transacciones que una empresa realiza de un producto a un mismo destino. De hecho, este nuevo componente de la variación de precios, que no había sido identificado en estudios anteriores, es el que más contribuye, con un 45%, a las diferencias en los precios de exportación.[2]

Para explicar este nuevo componente nos apoyamos en el modelo presentado en Baldwin y Harrigan (2011). Según este modelo, las empresas más productivas exportan productos de mayor calidad y obtienen más beneficios. En nuestro trabajo, extendemos este modelo considerando que las empresas más productivas exportan, además, un mayor rango de calidades de un mismo producto.

Esta extensión genera tres predicciones que contrastamos empíricamente con nuestra muestra de empresas exportadoras españolas. En primer lugar, el modelo predice que las empresas más productivas tienen un precio (medio) de exportación más alto. Las estimaciones econométricas confirman que las empresas españolas con una mayor productividad total de los factores fijan precios de exportación más altos. Esta relación positiva entre precios de exportación y productividad se mantiene cuando controlamos otros factores como el tamaño de la empresa o el salario medio de los trabajadores.

En segundo lugar, el modelo predice que el precio (medio) de exportación será más alto en destinos más alejados de España. Como los costes de exportación son mayores cuanto más alejado esté el destino, la empresa solamente obtendrá beneficios en este destino si exporta las variedades de mayor calidad. Nuestras estimaciones confirman esta predicción. Tomando como referencia Portugal, el precio de exportación de las empresas españolas se eleva en un 4,2% cuando exportan al resto de países europeos, en un 7,6% cuando exportan a países africanos y de Oriente Medio, y en un 12% cuando exportan a países del continente americano y del resto de Asia. Asimismo, nuestras estimaciones muestran que el precio medio de las exportaciones es superior en los mercados con una mayor renta per cápita.

En tercer lugar, el modelo predice que las empresas más productivas exportan un mayor rango de calidades de un mismo producto. Para aproximar el rango de calidades, calculamos la desviación estándar de los precios de exportación, y el número de transacciones con diferentes precios para cada producto y destino. Para ambas variables, encontramos una relación positiva y estadísticamente significativa entre la productividad total de los factores y el rango de calidades.

Para contrastar la robustez de nuestros resultados, siguiendo a Khandewal et al. (2013), estimamos una medida directa de calidad y volvemos a estimar todas las ecuaciones econométricas con esta nueva variable. Los resultados no varían.

Nuestro estudio muestra que las empresas españolas más productivas exportan productos de mayor calidad, y un mayor rango de calidades por producto. Además, las empresas españolas ajustan el rango de calidad a las características del destino. En concreto, la calidad exportada, y consecuentemente el precio de venta, es superior en destinos más lejanos y en mercados con una mayor renta per cápita.

 

 

Referencias

Baldwin, R. y Harrigan, J. (2011). “Zeros, quality, and space: Trade theory and trade evidence”, American Economic Journal: Microeconomics, 3(2):60-88.

Bernard, A.B., J.B. Jensen, S.J. Redding y P.K. Schott (2007). “Firms in International Trade”, Journal of Economic Perspectives, 21, 3, 105-130.

Bernard, A.B., J.B. Jensen, S.J. Redding y P.K. Schott (2012). “The Empirics of Firm Heterogeneity and International Trade”, Annual Review of Economics, 4, 283-313.

Khandelwal, A. K., Schott, P. K., y Wei, S.-J. (2013). “Trade liberalization and embedded institutional reform: Evidence from Chinese exporters”, American Economic Review, 103(6):2169-2195.

Manova, K. y Zhang, Z. (2012). “Export prices across firms and destinations”, The

Quarterly Journal of Economics, 127(1):379-436.

 

 

[1] Definidos a 8 dígitos de la Nomenclatura Combinada.

[2] Las diferencias entre empresas contribuyen en un 18%, y las diferencias para una empresa entre destinos en un 22%. El porcentaje restante está explicado por las covarianzas de los componentes.

 

El comercio internacional cada vez crece menos

Durante el periodo 1970-2013 las exportaciones de bienes y servicios en el mundo se multiplicaron por diez, mientras que el PIB mundial solamente se multiplicó por cuatro. El mayor crecimiento relativo del comercio internacional es uno de los más claros indicadores del proceso de globalización que ha experimentado la economía mundial durante las últimas décadas. En concreto, si las exportaciones suponían alrededor del 13% del PIB mundial en el año 1970, para 2013 ya suponían casi el 30%.

Sin embargo, durante los últimos años se ha producido un crecimiento mucho más moderado del comercio internacional. De acuerdo a los datos de la Organización Mundial del Comercio, el crecimiento en los años 2014 y 2015 no superó el 3%, y las previsiones apuntan a que tampoco se supere este porcentaje en el año 2016. Esta desaceleración del crecimiento se debe, en parte, a una menor demanda mundial. Sin embargo, los datos también muestran que, a diferencia de décadas anteriores en el que el comercio crecía muy por encima del PIB, en la actualidad ambas variables crecen de forma similar. ¿Significa esto que hemos alcanzado un estadio en el que el comercio internacional, como porcentaje de la producción, ha llegado a su máximo?

En un reciente libro, editado por la asociación VoxEU, se ha analizado qué factores estructurales pueden explicar que el comercio internacional haya dejado de crecer más rápido que el PIB (en jerga económica, por qué se ha reducido la elasticidad del comercio con relación al PIB). Los autores destacan dos razones para explicar esta desaceleración. En primer lugar, para el comienzo de la segunda década del siglo XXI habría finalizado el proceso de incorporación a la economía mundial de dos grandes zonas que apenas comerciaban con el resto del mundo anteriormente: los países de la Europa Central y del Este, y China. Cuando estas zonas se integran a la economía mundial el comercio crece mucho más rápido que el PIB; sin embargo, una vez finalizado el proceso de integración, el comercio vuelve a crecer al mismo ritmo que el PIB.

En segundo lugar, los autores señalan que durante estos años también habría finalizado el proceso de creación de cadenas de producción globales. Como explicábamos en un post anterior, una de las características del proceso de globalización es que la producción no se realiza en un único país, sino que se divide entre muchos países. Esta división del proceso de producción genera un crecimiento artificial del comercio internacional, ya que este se recoge en valores brutos y no en valores netos. Por ejemplo, imaginemos que en el proceso de producción de una camiseta participan tres países: Estados Unidos (que produce el algodón), Indonesia (que convierte el algodón en tela) y Bangladesh (que corta la tela y la cose, convirtiéndola en una camiseta). Imaginemos también que el valor que añade cada país es de 5€ en cada camiseta. En este ejemplo el valor añadido total que se genera es de 15€ (5€ de algodón + 5€ de tela + 5€ de confección). Sin embargo, el comercio que se genera, al estar medido en valores brutos, es mucho mayor. El algodón que se exporta de Estados Unidos a Indonesia vale 5€; sin embargo, el valor de la exportación de la tela de Indonesia a Bangladesh es 10€, ya que incorpora los 5€ de algodón y los 5€ del valor añadido de convertir el algodón en tela. Si Bangladesh exporta la camiseta a otro país, el valor de la exportación será de 15€. Por tanto, en el proceso de producción de la camiseta se han generado 5€+10€+15€=30€ de comercio internacional, el doble del valor añadido de la camiseta. A medida que se desarrollan las cadenas de producción globales el comercio tenderá a crecer por encima del PIB. Sin embargo, una vez que se haya finalizado el proceso de desarrollo de las cadenas, el comercio volverá a crecer al mismo ritmo que el PIB.

¿Debemos preocuparnos por la reducción en el crecimiento del comercio? Como señala Bernard Hoekman en el capítulo introductorio del libro, a corto plazo el menor crecimiento del comercio internacional es una mala noticia para las empresas, como muchas españolas, que se han apoyado en las exportaciones para compensar la caída del mercado doméstico. A largo plazo, Hoekman sostiene que los efectos pueden ser negativos, ya que el comercio es una vía de transmisión del conocimiento y empuja a los países a especializarse en aquello en lo que son más productivos. Paul Krugman, en cambio, no está muy preocupado por esta caída. En un post publicado hace ya dos años, sostenía que la caída del crecimiento del comercio internacional era un proceso natural de agotamiento de las variables que habían permitido un gran crecimiento anteriormente.

Hace algunos años, los profesores Keith Head y Thierry Mayer, calcularon que si no hubiera ninguna barrera al comercio internacional, la economía mundial alcanzaría un porcentaje de exportaciones cercano al 90% del PIB mundial. Todavía estamos muy lejos de esa cifra. Por ello, yo creo que todavía el comercio tiene mucho recorrido para crecer por encima del PIB y que estamos lejos de un escenario en el que la economía mundial haya alcanzado su máximo grado de globalización.

Anteriores Entradas antiguas

Visita nuestra web para información sobre actividades

http://www.alde.es