Desarrollo urbano: ¿planificación o generación espontánea?

Como explica William Easterly, profesor de la Universidad de Nueva York, hay dos grandes visiones sobre el desarrollo económico. La primera plantea que el desarrollo económico se puede planificar.  En esta visión, como explicábamos en un post anterior, el desarrollo económico se percibe como un problema técnico. Si se poseen los recursos necesarios y un plan adecuado, el desarrollo se puede lograr. La segunda defiende que el desarrollo es un fenómeno espontáneo, fruto de las decisiones no coordinadas de un gran número de personas. Si se cuenta con un entorno seguro y en el que se cumplan los contratos, las personas tendrán incentivos para invertir en actividades, como la educación o nuevos proyectos empresariales, que impulsen el crecimiento económico.

Como casi todo en la vida, la verdad no está en ninguno de los extremos, sino en algún punto intermedio. Las ciudades son un buen ejemplo para mostrar que hay que combinar planificación y espontaneidad para lograr el desarrollo. Por una parte, para que las ciudades puedan crecer se necesita cierta planificación. Como defiende el profesor Paul Romer, en una ciudad se debe planificar qué porcentaje del espacio se destina al uso público y qué porcentaje al uso privado. El espacio que se destine al uso público debe utilizarse para zonas verdes y para asegurar que muchas personas se puedan mover de forma rápida en la ciudad. Por ejemplo, Romer propone unas vías de circulación suficientemente anchas que permitan el tránsito de autobuses, y que las personas solamente tengan que caminar como máximo medio kilómetro para llegar a una arteria vial. Para ilustrar esta idea Romer, en una conferencia que pronunció a finales del 2014, comparaba la planificación urbana de Nueva York con la de Bangkok. En el primer caso, ya en el año 1811, se definieron cuáles serían las grandes arterias de la ciudad, el espacio público, y qué áreas se destinarían al uso privado (casas y negocios). Ésto permitió un crecimiento ordenado y que la ciudad pudiese absorber una gran densidad de tránsito. En cambio, en el caso de Bangkok, no se planificó el reparto del suelo entre un uso privado o público. Ésto ha provocado que muchas zonas de Bangkok estén alejadas de las arterias principales de tránsito, generando enormes problemas de tráfico. Actualmente, con la construcción de los trenes elevados se está intentando solventar este problema, pero todavía los atascos persisten.

Romer señala que si la distribución del espacio público y privado no se realiza desde el principio, es muy difícil que después, debido a los derechos adquiridos, se pueda cambiar. Por ello, la planificación es importante.

Sin embargo, la historia de la ciudad de Nueva York ilustra también las limitaciones de la planificación. Los profesores Easterly, Freschi y Pennings han analizado la evolución de un barrio de Nueva York, el que se sitúa alrededor de la calle Greene, durante casi cuatro siglos. Como era de esperar, los autores muestran que se han producido grandes cambios en la especialización productiva del barrio. Por ejemplo, durante el siglo XIX el barrio pasó de ser una de las zonas de prostitución más importantes de Nueva York a albergar muchas fábricas textiles. En cambio, durante el siglo XX el barrio se convirtió en una zona de galerías de arte, y actualmente alberga a muchas tiendas de lujo. Aunque es normal que durante un periodo tan extenso se produzcan cambios en la especialización productiva de un barrio, lo que los autores quieren subrayar es que las transformaciones fueron muy distintas a las que se hubiesen predicho en cada momento. Por ejemplo, la primera gran sorpresa sobre cómo evolucionó la ciudad se la hubieran llevado los holandeses. Ante la disyuntiva de ceder Surinam o Nueva York a los británicos en el siglo XVII, los holandeses decidieron ceder Nueva York, ya que esperaban que este territorio fuese mucho menos valioso que el sudamericano. Con relación al barrio, fue también una sorpresa para los residentes acaudalados del barrio que éste se convirtiera en una zona de prostitución en el siglo XIX; y también fue una sorpresa para los habitantes del barrio que las casas de citas se convirtieran más adelante en talleres de confección.

La historia de este barrio neoyorkino, y las sorpresas en su desarrollo, pone de manifiesto que muchas veces es muy difícil planificar en qué se debe especializar un barrio, una región o un país. Por ello, Easterly y sus coautores opinan que es mejor dejar que la iniciativa privada, mediante un proceso de fracasos y triunfos, determine la ruta a seguir.

La historia de la ciudad de Nueva York pone de manifiesto que el desarrollo es fruto de la planificación y de la espontaneidad. Lo importante es saber cuándo debemos aplicar una y cuándo otra.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Economia Pura
    Abr 02, 2016 @ 08:28:39

    La ciudad de Nueva York es ejemplo de planificación y espontaneidad junta, aunque existen otras ciudades que logran combinar estos dos aspectos en otro nivel, como ser arquitectónico y sustentable.

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