El cáncer y la economía

Los tumores fueron la primera causa de muerte entre los hombres y la segunda entre las mujeres en España en el año 2013. Entre los tumores, el que produjo una mayor mortalidad fue el cáncer de bronquios y de pulmón. En los últimos cinco años Estados Unidos ha aprobado la comercialización de ocho fármacos que mejoran la supervivencia de los pacientes con estados avanzados de cáncer de pulmón. Sin embargo, todavía no ha aprobado ningún medicamento para prevenir el cáncer de pulmón. Esta situación no es exclusiva de este tipo de cáncer; también en otros el número de medicamentos aprobados para tratar estados avanzados de la enfermedad es muy superior al de los preventivos.

Aunque pueden existir razones científicas que expliquen esta diferencia, es posible también que las empresas tengan más incentivos económicos para desarrollar medicamentos que traten estados avanzados de cáncer que para desarrollar medicamentos preventivos. Un reciente estudio realizado por los profesores Budish, Roin y Williams, publicado en el American Economic Review, analiza esta posibilidad. Este estudio explica que la gran diferencia entre los medicamentos preventivos y los medicamentos para estados avanzados es el tiempo que se requiere para su aprobación por parte de la autoridad sanitaria de los Estados Unidos. En los casos de cáncer en estados avanzados, los pacientes ya están enfermos y su mortalidad es elevada. En estos casos, una mejora en la supervivencia en unos pocos meses es suficiente para determinar estadísticamente que el medicamento tiene un efecto positivo. En cambio, para los fármacos preventivos la tasa de supervivencia de los pacientes es muy elevada y, por tanto, se debe esperar mucho más tiempo para establecer científicamente si el fármaco tiene efectos positivos o no sobre la supervivencia. Para ilustrar esta diferencia, los autores utilizan como ejemplo la experiencia de un medicamento que mejoraba la supervivencia de enfermos con cáncer de colón con metástasis, con otro medicamento que mejora la supervivencia de los enfermos con cáncer de próstata muy localizado y en un estado de desarrollo temprano. En el primer caso el periodo de pruebas duró 3 años y en el segundo 18 años. No es sorprendente que el desarrollo del primer fármaco fuese financiado por una empresa privada, mientras que el segundo estuviese financiado por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

Para analizar si este ejemplo refleja una tendencia general, los autores analizan todos los procesos de análisis clínicos de medicamentos para el cáncer durante el periodo 1973-2011. Los autores muestran que los análisis clínicos de medicamentos son mucho más numerosos para pacientes con una menor probabilidad de supervivencia que para pacientes con una mayor probabilidad de supervivencia. En el primer caso, como hemos señalado anteriormente, los análisis clínicos necesitan de un menor periodo para establecer la efectividad del medicamento, y las empresas pueden comercializar el medicamento más rápidamente.

Los autores del estudio ofrecen dos razones para explicar los resultados. Por una parte, las empresas pueden tener una preferencia por las actividades que les otorguen beneficios en el corto plazo frente al largo plazo. Por otra parte, el diseño del sistema de patentes puede perjudicar los medicamentos que requieren largos periodos de prueba. Normalmente las empresas suelen patentar el medicamente en el momento en que lo desarrollan, no cuando se aprueba su comercialización. El sistema de patentes ofrece normalmente un periodo de 20 años a las empresas para explotar la patente. Si el periodo de prueba es corto, la empresa tendrá más tiempo para explotar la patente.

Los autores ofrecen tres políticas para incentivar la investigación en medicamentos preventivos contra el cáncer, o que lo traten en estadios tempranos de desarrollo. El primero sería utilizar indicadores alternativos a la mejora de la supervivencia para establecer la efectividad del medicamento. Si la mejora en la supervivencia está relacionada con un indicador intermedio, y éste se puede observar antes, se lograría una reducción notable en el periodo de prueba. Con ello, las empresas tendrían más incentivos para investigar en medicamentos que se aplican en periodos tempranos de desarrollo del cáncer. La segunda medida es cambiar el funcionamiento de las patentes, comenzando el periodo de protección en el momento en el que el medicamento se haya comercializado. Finalmente, las autoridades públicas pueden ofrecer subvenciones para los medicamentos que requieran un mayor periodo de prueba. Esperemos que estas medidas se pongan en marcha, ya que si no las empresas seguirán teniendo más incentivos para tratar el lamentar que el prevenir.

 

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