Las máquinas y la destrucción del empleo

Una preocupación constante en nuestra sociedad es que las máquinas y las nuevas tecnologías destruyen empleo. Por ejemplo, los cajeros automáticos han reemplazado a las personas que realizaban anteriormente esta labor en un banco, o Amazon está reemplazando a las personas que anteriormente trabajaban en las librerías.

Como afirma David Autor, profesor de economía del MIT, y uno de los grandes expertos mundiales en economía laboral, el objetivo de introducir máquinas y nuevas tecnologías es, efectivamente, sustituir algunas tareas que antes realizaban las personas. Hay poderosas razones económicas para justificar esta sustitución. Por ejemplo, las máquinas tienen mucha más “fuerza” mecánica que las personas, son más precisas, más rápidas y, en algunos casos, mucho más baratas que las personas. Sin embargo, a pesar de la introducción masiva de nuevas máquinas y tecnologías, la realidad es que en las últimas décadas ha aumentado el porcentaje de personas que tienen un empleo. Por ejemplo, la tasa de ocupación en España ha crecido del 52% en 1977 al 59% en 2015. ¿Cómo se explica que el empleo haya crecido cuando cada vez se utilizan más máquinas y tecnologías avanzadas en los procesos productivos?

La respuesta, como señala Autor, es que las máquinas no destruyen el empleo sino algunos empleos. El empleo global no se reduce porque, de la misma forma que las nuevas tecnologías y máquinas destruyen algunos empleos, también los crean. En algunos casos, estos nuevos empleos están relacionados con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, hace 100 años no había muchos diseñadores de páginas web. En otros casos, los nuevos empleos surgen de la nueva demanda debida al ahorro que introducen las nuevas tecnologías. Por ejemplo, si gracias a Internet puedo comprar un billete de bajo coste para ir a Londres, el dinero que me ahorrado lo puedo utilizar para comprar otras cosas.

¿Cuáles son los empleos amenazados por las máquinas? Como explicaba en un post anterior, las nuevas tecnologías sustituyen las tareas que son repetitivas y, por tanto, fáciles de codificar; sin embargo, las nuevas tecnologías tienen más dificultades para sustituir las tareas que requieran flexibilidad, creatividad, sentido común o altos niveles de interacción entre las personas. Como señala Autor, este tipo de tareas son más difíciles de codificar porque no podemos explicar completamente como las realizamos; tienen un gran componente de conocimiento tácito. Por ejemplo, sería muy difícil para Messi explicar cuál es la serie de reglas que utiliza en cada situación de un partido de fútbol para decidir qué es lo que va a hacer. Su conocimiento es en gran parte tácito.

Sin embargo, con el desarrollo de la inteligencia artificial, algunos autores señalan que las máquinas también irán adquiriendo estas habilidades tan propias del ser humano. De la misma forma que a Neo le cargaban todas las artes marciales en Matrix, las máquinas accederán a una gran base de datos, y a través del reconocimiento de procesos, elegirán la acción más adecuada incluso en situaciones que no son rutinarias. Este aprendizaje puede incluso extenderse a las tareas creativas. Así, quizá sea un robot quien escriba la próxima novela que nos tenga atrapados al sillón, o componga una canción que nos emocione. Si la tecnología puede reproducir también estas habilidades, ¿todavía quedará espacio para el empleo de los humanos? En épocas anteriores también se predijo que las máquinas destruirían el empleo, pero no ocurrió así. Sin embargo, ¿esta vez sí ocurrirá? Yo creo que no. Las decisiones que tomamos las personas tienen muchas veces una fuerte dosis de contingencia; la decisión correcta, si la hay, suele estar muy ligada a las circunstancias. Por ejemplo, en mi actividad docente, lo que en una clase puede ser una buena decisión, puede que no lo sea en otra. No creo que un algoritmo sea capaz de capturar correctamente este universo de posibilidades, que se me antojan infinitas. Por ello, sigo confiando en que sea yo, y no una máquina, quien de clase de economía. Por lo menos, hasta que me jubile.

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