Mayo electoral

Dos recientes titulares periodísticos han acertado al apuntar al centro de las preocupaciones que suscita la próxima cita de los ciudadanos de la UE ante las urnas para renovar la Eurocámara. “Europa contra Europa” (ABC) y “No son unas primarias” (EL PAÍS, resumiendo un documento del Círculo Cívico de Opinión).

El primero, a su vez, tiene dos rostros. Uno, la muy elevada abstención prevista: desde el 62 por ciento en 1979, cuando se convocaron por primera vez, la participación ha caído sostenidamente, hasta el 43 por ciento de hace cinco años, con fundado temor de que esa baja cota se reduzca ahora, expresando una desafección que los efectos sociales de la crisis económica ha hecho crecer con fuerza. Los eurobarómetros son inequívocos: si antes de ensombrecerse el escenario económico, en 2007, el nivel de confianza en las instituciones europeas alcanzaba el 57 por ciento, hoy ha bajado hasta el 31 por ciento. Desempleo, empobrecimiento, y desigualdad, además del afloramiento de tantos llamativos casos de malas prácticas de gestión, tanto en el ámbito público como en el privado, pasan una elevada factura no contrarrestada por los importantes avances en el proceso de integración alentados por la propia crisis, desde el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la UEM, hasta la Unión Bancaria, con pasos determinantes ya bien fechados: supervisor único, que empezará a ser operativo en este mismo año, el Mecanismo Único de Resolución, que entrará en vigor en enero de 2015 y el Fondo Único de Resolución, previsto para enero de 2016.

Esa desconfianza que no deja de aumentar es el terreno propicio para el cultivo de la “eurofobia”, el otro inquietante aspecto sugerido por el rótulo que enfrenta a Europa contra sí misma. La desafección con el proyecto europeo y el auge del populismo están dando alas a partidos y formaciones políticas que cabe tildar genéricamente de “eurófobos”. La mayor parte son de derecha o de extrema derecha, pero es una toma de posición que ha permeado también a sectores de la izquierda del espectro político, que culpan a la UE de los recortes sociales en estos años. Comparten, eso sí, propuestas comunes: sabiendo que el euro y la libertad de circulación de personas constituyen hoy el núcleo de la identidad de la UE, preconizan consecuentemente la vuelta a las monedas de cada país y el cierre de las fronteras nacionales a los inmigrantes comunitarios o extracomunitarios. Según las encuestas más recientes, en intención de voto, son ya la primera o segunda fuerza electoral en Francia, Reino Unido, Italia, Holanda, Austria, Grecia, Hungría, Polonia y República Checa, y tercera o cuarta en Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Eslovaquia, Lituania y Bulgaria, ganando también enteros en países donde tradicionalmente no han estado presentes, como Alemania o Suecia. Trasladado a números, ello supone que, aún siendo un universo heterogéneo y fragmentado, los eurófobos de uno u otro tono podrían alcanzar cerca de los 200 eurodiputados, una suma con la que les será factible influir decisivamente sobre las grandes fuerzas parlamentarias o más europeístas (socialistas, conservadores y liberales). Europeos contra Europa.

Y no son unas primarias las elecciones europarlamentarias, por más que los partidos políticos las planteen en clave nacional. Es cierto que al dirimirse en un sistema basado en circunscripciones y listas nacionales, es grande la tentación, con cada convocatoria, de convertir las elecciones europeas en unas elecciones intermedias o primarias de las generales. Pero este proceder supone hurtar la posibilidad de un debate informado sobre la Unión Europea en el que los ciudadanos tengamos la oportunidad de juzgar las políticas adoptadas y, a la vez, señalar como queremos ser gobernados durante el próximo lustro. Utilizar estas elecciones como unas primarias de las generales no sólo devalúa la democracia: también disminuye la relevancia y la capacidad de acción de Europa como actor global en un mundo cambiante y multipolar.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Fernanda Abreu
    May 09, 2014 @ 14:57:57

    Hace algunos años un hombre sabio y moral me dijo: “Fernanda, recuerda siempre que la democracia tenemos que conquistarla día a día”. Gracias por tu artículo: “para que no se nos olvide”.

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