Evolución histórica de las variables macroeconómicas fiscales de la economía española, 1964-2016, y proyecciones 2017-2019

En esta entrada del Blog se presenta la senda temporal de las principales variables macroeconómicas fiscales de las AA.PP. españolas (medidas en % del PIB) actualizadas para el periodo 1964-2016 y algunas proyecciones para el periodo 2017-2019. Con más detalle, se ha añadido la cifra provisional del año 2016 y se han corregido también todas las cifras anteriores con datos actualizados de las nuevas series elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los datos provienen de las Cuentas Financieras de la Economía Española elaboradas por el Banco de España y de la Contabilidad Nacional de España elaborada por el INE. También se presentan proyecciones de déficit público total (incluyendo los pagos de intereses de la deuda pública acumulada) y del stock de deuda pública bruto (según la metodología del Déficit Público Excesivo, PDE), proyecciones presentadas en el pasado mes de abril por el Ministerio Economía y Competitividad y en el pasado mes de noviembre por la Comisión Europea para el periodo 2017-2019.

Me gustaría destacar los tres últimos periodos de la historia presupuestaria de la economía española: a) el ajuste fiscal del periodo 1996-2007; b) el deterioro brusco y profundo de las finanzas públicas en los años 2008 y 2009, después del inicio de la crisis económica derivada de la crisis financiera internacional; y c) el nuevo periodo de ajuste fiscal que comenzó en el año 2010 que avanza a un ritmo excesivamente lento para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo.

En el primer gráfico (hacer clic para verlo más grande) aparece la evolución de los ingresos totales, los gastos totales y los gastos netos de intereses de la deuda pública o gastos públicos primarios. En primer lugar, destacar el hundimiento de los ingresos en 2008 y 2009, y el espectacular crecimiento de las dos variables representativas de los gastos públicos en los años posteriores a 2008. En segundo lugar, a pesar de los esfuerzos realizados, los gastos totales y los gastos sin intereses de la deuda pública se situaron a finales de 2016 en el 42,7% y el 39,9% del PIB, respectivamente. Por último, los ingresos públicos caen 0,2 puntos porcentuales respecto a 2015 y se sitúan a niveles del año 1994 (38,2% del PIB), lejos todavía del máximo de recaudación alcanzado en 2007 (41,2% del PIB), último año del periodo de expansión económica registrado en la economía española (1995-2007).

En el segundo gráfico se presenta la evolución del ahorro bruto total y del ahorro bruto excluido los pagos de intereses de la deuda pública del total de las AA.PP. La primera variable se obtiene del saldo conjunto de las cuentas corrientes (ingresos y gastos corrientes) de las AA.PP. (cuentas de producción, distribución y utilización de la renta). El ahorro bruto total y primario, que había crecido ininterrumpidamente en una década (desde 1997 a 2007), retrocedió bruscamente en el año 2008 y alcanzó en 2009 niveles negativos no conocidos en esta serie histórica. En el periodo 2009-2016 el ahorro público primario ha registrado una importante mejora (3,6 puntos porcentuales en % del PIB) hasta situarse en cifras positivas (+0,7 puntos porcentuales en % del PIB), mientras que el ahorro público total se ha reducido en tan sólo 2,5 puntos porcentuales en % del PIB por el fuerte aumento de los pagos de los intereses de la deuda pública acumulada. El ahorro público total se sitúa todavía en 2016 en niveles negativos (2,1 puntos porcentuales en % del PIB) no deseables que incumplen la “regla de oro” de la política fiscal (emitir deuda pública solamente para financiar la inversión pública y suponiendo que el componente del ajuste déficit-deuda sea nulo).

En el gráfico 3 se presenta la evolución temporal del superávit o déficit de las AA.PP. total y primario (excluidos los pagos de intereses de la deuda). Con más precisión, se trata de la capacidad (+) o necesidad de financiación (-) total y neta de intereses, obtenida como suma del ahorro bruto y del saldo de la cuenta de capital de las AA.PP. En este caso, se incluye además de los ingresos y gastos públicos corrientes, los ingresos y los gastos de capital de las AA.PP., incluida la inversión pública, entre otras partidas.

Como se puede observar en el gráfico, un periodo significativo de ajuste fiscal comenzó después de 1995 (año en el que se alcanzó un déficit público récord hasta entonces del -6,6%), para posteriormente reducirse en años sucesivos el déficit hasta el año 2004, y generándose superávit públicos crecientes en el periodo 2005-2007. Nuevamente, el año 2008 marca un cambio de tendencia brusco, al aparecer cifras de déficit público total del -4,5%, cifras no registradas desde el año 1996. En el año 2009 se alcanzó una nueva cifra récord: un -9,4% de déficit público primario y un -11,1% de déficit público total en estos 53 últimos años de historia de la hacienda pública española. El proceso de consolidación fiscal que había tenido relativo éxito en el periodo 2010-2011, se frenó significativamente en 2012, aunque se ha vuelto ha encauzar en los años 2013 a 2016. Con más detalle, el déficit público total se ha reducido desde 2012 en 6,0 puntos porcentuales del PIB, hasta alcanzar el 4,5% del PIB, mientras que el déficit público primario se ha reducido en 5,8 puntos porcentuales del PIB, hasta situarse en el 1,7% del PIB.

No obstante, el déficit público total actual (-4,5% del PIB) se mantiene en una cifra aún alejada del límite del -3,0% vigente para los países de la zona del euro. El problema fiscal refleja tanto la insuficiente caída del gasto público, como la baja recaudación impositiva.

En el gráfico 4 se muestra la senda temporal de dos variables representativas del stock de deuda pública de las AA.PP. La primera es el stock de deuda pública total medido por el conjunto de los pasivos financieros totales de las AA.PP. En el segundo caso, la segunda variable representativa del stock de deuda pública (menor en niveles por las partidas que incluye) es construido según la metodología del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE) incluido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la zona del euro (esta es la cifra oficial que pública el Banco de España y el Banco Central Europeo sobre el total de la deuda pública española). En ambos casos, la reducción es espectacular desde el año 1996 hasta el año 2007, y nuevamente se produce un deterioro muy significativo y persistente desde el inicio de la crisis financiera internacional en el año 2008. Con más detalle, en el año 2016 el stock de deuda pública según la metodología del PDE sigue estabilizado alrededor del 100% como en los años 2014 y 2015, sobrepasando ampliamente el límite impuesto por el Tratado de Maastricht (60% del PIB).

En los gráficos 5 y 6 se han añadido a los gráficos 3 y 4, algunas previsiones disponibles para el periodo 2017-2019 de las cifras del déficit público total y del stock de deuda pública según la metodología PDE. Las previsiones del Ministerio de Economía y Competitividad provienen de la publicación Actualización del Programa de Estabilidad, 2017-2020 remitida a la Comisión Europea el pasado mes de abril, mientras que las previsiones de la Comisión Europea aparecen en el informe European Economic Forecast, Autumn 2017, publicado este mes de noviembre.

Por una parte, las previsiones disponibles para el déficit público total (gráfico 5) del Ministerio de Economía y Competitividad indican que la continuidad del proceso de ajuste fiscal en 2017-2019 posibilitarán que el déficit del conjunto de las AA.PP. alcance a finales de 2017, 2018 y 2019 el 3,1%, el 2,2%% y el 1,3% del PIB, respectivamente, situándose ya por debajo del límite impuesto por el Tratado de Maastricht del -3% a finales de 2018. Las previsiones de la Comisión Europea son un  poco más pesimistas, y los técnicos del organismo estiman que el déficit público total se situará en 2017, 2018 y 2019 en el 3,1%, 2,4% y 1,76%, respectivamente, por encima de las previsiones del Gobierno de España para los dos últimos años.

Por otra parte, las previsiones de la Comisión Europea sobre la evolución del stock de deuda pública según la metodología del PDE (gráfico 6) son más optimistas. Los técnicos del organismo estiman que el stock de deuda pública se situará a finales de 2017 en el 98,4% del PIB, mientras que a finales de 2019 se habrá reducido hasta alcanzar el 95,5% (cifras aún muy alejadas del límite impuesto en el Tratado de Masstricht del 60% del PIB).

MOMENTOS MINSKY

Coincidiendo con la celebración del 19º Congreso del Partido Comunista Chino, el pasado 19 de octubre el gobernador del banco central, Zhou Xiaochuan, advirtió del exceso de complacencia con la evolución de su economía y caracterizó la situación como cercana a un “momento Minsky”: de colapso en los mercados de activos. No solo a los analistas más supersticiosos se le pusieron los pelos de punta. A nadie se le oculta que la significación de la declaración cobraba especial importancia por quien la formuló, pero también por el contexto en que se producía. El máximo responsable del Banco Popular de China es un funcionario altamente respetado dentro y fuera de su país, y en ese congreso se sacramentaba la trayectoria que había seguido la economía china, al tiempo que se trataba de sentar las bases para prolongar la bonanza. El aviso coincidió con el 30º aniversario del “crash” bursátil, de aquel “lunes negro” de octubre de 1987 que marcó una nueva época en la escena financiera. Ese contexto se completa con la sensibilidad en todo el mundo acerca de las consecuencias de la “normalización” en curso de las políticas monetarias: el impacto que la retirada de los estímulos excepcionales de los principales bancos centrales puede ejercer sobre unos mercados financieros globales, donde el descenso de la aversión al riesgo está cada día más extendido.

A pesar de su temprana muerte, en 1996, Hyman Minsky es considerado uno de los académicos que analizó con mayor detenimiento y agudeza el potencial de inestabilidad asociado a la actividad de los mercados financieros y las crisis de esa naturaleza. Keynesiano de pro, enseñó en Chicago y en Harvard, donde fue ayudante de Alvin Hansen, también de gran actualidad por haber acuñado en los años treinta el término “secular stagnation”. Fue tras la emergencia de la crisis de 2007 cuando la obra de Minsky renovó una vigencia escasamente reconocida en los medios académicos durante su vida, quizás por el abrumador dominio durante el último tercio del siglo veinte de la presunción de eficiencia de los mercados financieros difundida por Eugene Fama. En una columna en estas mismas páginas, de 4 de enero de 2009, hacíamos referencia a la vigencia de la obra de este autor (https://elpais.com/diario/2009/01/04/negocio/1231078468_850215.html). Su ahora ampliamente conocida “hipótesis de inestabilidad financiera” desarrolla el proceso de alimentación de una crisis a través de largas fases de crecimiento económico, de general complacencia, a las que se asocian intensos ascensos en los precios de los activos de toda naturaleza y, muy especialmente, elevaciones en todo tipo de endeudamiento. Minsky distinguió tres según su riesgo: el más prudente, destinado a cubrir aumentos de la capacidad productiva de las empresas, el que el calificaba de especulativo, destinado básicamente a pagar intereses, o la “financiación Ponzi” , cuando el prestatario no dispone de medios líquidos para pagar ni el principal ni los intereses, confiando en este último caso en que la revalorización de las cotizaciones de los activos sea suficiente para pagar unos y otros. Ya se sabe quién fue Ponzi, su recuerdo tras el escándalo Madoff y por la acumulación de operaciones excesivamente apalancadas que precedieron a la explosión de la crisis de las hipotecas de alto riesgo en el verano de 2007 en EE. UU. El término “Minsky moment” lo acuñó Paul McCulley, de PIMCO, durante la crisis asiática de 1997, la suspensión de pagos de la deuda doméstica rusa y la consiguiente devaluación del rublo un año más tarde. Desde entonces ha quedado asimilado a un desplome en los precios de los activos financieros determinado fundamentalmente por el exceso de endeudamiento, de esa tercera modalidad de apalancamiento demasiado confiado en la revalorización de las inversiones que financia.

No ha sido Zhou Xiaochuan el primer banquero central en apelar a Minsky. La propia Janet L. Yellen, le dedicaría una muy citada conferencia en 2009, poco antes de llegar a la presidencia de la Reserva Federal de EE. UU. También se han referido a él los dos últimos gobernadores del Banco de Inglaterra. Ahora llovía sobre mojado, especialmente en el territorio financiero chino. Antes de la advertencia de Zhou Xiaochuan, otras instituciones, el FMI de forma destacada, han invocado el nombre de Minsky, no precisamente en vano. En sus últimos informes de perspectivas globales y en el de estabilidad financiera, del pasado octubre, esa institución subraya como la combinación de una trayectoria de elevada deuda y reducción del espacio fiscal disponible para responder en caso de un ajuste abrupto, conforma una exposición elevada a tensiones financieras. Las familias, los ayuntamientos y las empresas chinas han contribuido a que el endeudamiento se haya más que duplicado en relación con el PIB en los últimos diez años, algo que incluso supera lo ocurrido en España en la década previa a la crisis de 2008.

Además de China, la vinculación al momento actual tiene algunos rasgos cercanos a la caracterización del “momento Minsky”: la reducción de la aversión al riesgo, en gran medida obligada por unos tipos de interés históricamente bajos son propiciatorios del endeudamiento creciente, así como de la búsqueda de rendimientos en activos de riego superior al habitual. La desaparición de las primas de riesgo ha sido paralela al aumento de la deuda en todo el mundo hasta más del 320% del PIB, desde niveles del 265% a principios de la década. Hace pocas semanas observábamos como los bonos de baja calidad crediticia, de “elevado rendimiento”, cotizaban con precios históricamente elevados: con tasas de rentabilidad inferiores al 2%. A partir de ahí, cualquier episodio, que altere el precario equilibrio, como un alza en los tipos de interés, puede desencadenar una escalada de ventas de activos por los inversores con el fin de pagar deudas, una crisis en toda regla.

Por eso eran razonables los avisos del gobernador chino y las recomendaciones de un control ordenado de la excesiva expansión del crédito. Frente a ello, no faltan analistas que minimizan el alcance de esas advertencias, debido a un improbable desapalancamiento forzoso y generalizado, que se considera el determinante de un “momento Minsky”. Es verdad que no son excesivas las inversiones extranjeras de cartera en China, que provocarían las ventas iniciales ante un chispazo, y las autoridades disponen de recursos y capacidad de maniobra suficientes para responder a eventuales escaladas vendedoras de activos estabilizando el sistema financiero, desde luego los más expuestos bancos estatales. Ninguno de esos analistas menos alarmistas, sin embargo, pasan por alto los riesgos que sobre el crecimiento de la segunda economía del mundo puede generar un frenazo en esa dinámica crediticia y de endeudamiento. Frenazos que pueden venir dados por la adaptación a un entorno de mayor endurecimiento en las condiciones monetarias.

Y ya se sabe, en las circunstancias actuales, si China estornuda el resto del mundo debemos empezar a abrigarnos, especialmente los que más cerca tenemos la adaptación a un entorno de menor complicidad monetaria, de también obligada redefinición de la aversión al riesgo, tan marginada del escenario financiero desde que los bancos centrales nos salvaron de males peores. El cambio de actitud de ellos mismos podría ser uno de los detonantes de modificaciones de alcance global en las carteras, y de reversiones en los flujos de capital por aquellos inversores que han tratado de buscar rendimientos donde el margen era cada día más reducido.

(Diario El País, 26/11/2017)

Evolución histórica de las temperaturas en la Tierra, 1880-2016

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés) es una agencia científica del Departamento de Comercio de los Estados Unidos cuyas actividades se centran en las condiciones de los océanos y la atmósfera del Planeta Tierra.

Los últimos datos publicados para 2016 por la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) muestran que el calentamiento de la tierra y de los océanos sigue su avance imparable.

En el primer gráfico se muestran las anomalías de la temperatura de la atmósfera a finales de cada año (período 1880 a 2016) respecto a la temperatura media del período 1910-2000 [grados Celsius (°C) en la escala izquierda y grados Fahrenheit (°F) en la escala derecha]. El inicio sostenido de los récords de temperatura de la atmósfera comienzan a finales de la década de los setenta del siglo XX. Lo últimos récords se han alcanzado en 2015 y 2016, con +1,33 y +1,43 grados, respectivamente.

En el segundo gráfico se muestran las anomalías de la temperatura de los océanos a finales de cada año (período 1880 a 2016) respecto a la temperatura media del período 1910-2000. El inicio sostenido de los récords de temperatura de los océanos comienzan a principios de la década de los ochenta del siglo XX. Lo últimos récords se han alcanzado también en 2015 y 2016, con +0,74 y +0,76 grados, respectivamente.

El incremento de las temperaturas de la atmósfera y de los océanos está ya influyendo en la migraciones y afectando negativamente a las actividades productivas y a las infraestructuras en buena parte del planeta.

Indicador de coyuntura: Noviembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de ventas, producción industrial y renta, y hasta octubre de afiliados. El valor que toma el indicador continúa oscilando en los niveles en los que se mantiene en los cuatro últimos años. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en octubre es de 2,5, similar al valor que tomó en septiembre de 2,4.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la evolución de los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE ha sido dispar. La producción industrial, las ventas y la renta pasan de crecer 2,2%, 2,6% y 3,7% en agosto, a crecer 0,2%, 3,4% y 4,9% en septiembre, respectivamente. Por su parte, los afiliados crecen en octubre 3,5%, por debajo del 4,5% de septiembre.

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Los costes sociales de la crisis explican mucho, por Álvaro Anchuelo

Los días 9 y 10 de noviembre se han celebrado las Jornadas de Alicante sobre Economía Española. Se trata de una cita ya clásica (alcanzaban este año su XXXII edición) que destaca por la calidad de sus ponentes. De entre las excelentes presentaciones, la que más me ha impresionado ha sido la de la profesora María Ángeles Davia, de la Universidad de Castilla-La Mancha, sobre la desigual distribución de los costes sociales de la crisis. La mayoría de los hechos que explicó en su ponencia son consecuencias de la crisis con las que estamos familiarizados. Lo impresionante era verlas documentadas con rigor, mediante cifras y gráficos, en forma de visión de conjunto. Cada problema por separado sería grave. Todos juntos resultan demoledores.

La Gran Recesión trajo consigo desequilibrios presupuestarios, en forma de mayor déficit público. La consiguiente acumulación de deuda pública provocó, en países como el nuestro, una crisis de la deuda soberana y la recaída en la recesión. Los posteriores recortes del gasto público han afectado a partidas esenciales de la cohesión social. En los países del Sur de Europa, se ha reducido el gasto público en educación, sanidad, políticas de apoyo a la familia y la infancia, discapacidad y otras formas de protección social. De esta forma, pilares esenciales del Estado del Bienestar se han visto erosionados. Evidentemente, los efectos de estos recortes se reparten de forma desigual: afectan más a los grupos sociales más desfavorecidos.

Esto ha ido acompañado de reformas laborales, que pueden tener efectos positivos desde el punto de vista de la competitividad, pero que tienen así mismo otros efectos sociales negativos. Los trabajadores han visto como sus salarios se reducían o se mantenían congelados durante años. Otras condiciones laborales, relacionadas con los horarios y la movilidad, han empeorado. El despido se ha facilitado. Los nuevos contratos tienden a ser precarios (temporales o a tiempo parcial). La protección al desempleo ha endurecido los requisitos y ya no cubre a los parados de larga duración (casi tres de cada cuatro parados no recibe hoy prestaciones en España, si basamos el cálculo en los datos de la EPA). Las políticas activas de empleo han sufrido fuertes recortes presupuestarios. Va ganado fuerza el fenómeno de la pobreza laboral: personas que están trabajando sin que eso les garantice salir de la marginalidad. Afecta a un 13.1% de los trabajadores españoles, según hemos sabido estos días.

Las consecuencias de tales políticas son las previsibles: tanto la desigualdad en la distribución de la renta como la pobreza han aumentado. En España, el porcentaje de la población que vive en hogares con un nivel de renta indicativo de riesgo de pobreza ronda el 28%. Dentro de esa grave situación general, los problemas son particularmente agudos entre algunos colectivos más vulnerables, como los jóvenes, los niños y las mujeres.

Los jóvenes han sufrió la lacra del desempleo en porcentajes muy superiores al resto de la población. Los que logran trabajar, padecen de forma desproporcionada bajos salarios, horarios sin límites y empleos precarios. Tienen también dificultades de acceso a la vivienda, lo que impide su emancipación hasta edades tardías. Se ha ido formando una considerable bolsa de NINIs (jóvenes que ni se forman, ni trabajan). No pocos jóvenes españoles, ante semejante panorama, han tenido que optar por la emigración a países extranjeros.

Aún más sangrante resulta la situación de la infancia. El riesgo de pobreza entre los niños es aún más alto que para el conjunto de la población. Los indicadores más amplios elevan la cifra hasta el 40%. El problema suele estar ligado a la falta de empleo de los padres. El riesgo de abandono escolar temprano se suma a este negro cuadro, creando las bases para que lo sufrido en la infancia deje secuelas, se perpetúe y dificulte la movilidad social en el futuro.

Las mujeres son otro grupo que ha sufrido más que la media las consecuencias de la crisis. Los problemas del mercado de trabajo afectan especialmente a la población femenina (por ejemplo, en forma de salarios más bajos y mayor precariedad, con fuerte presencia en el empleo a tiempo parcial involuntario).

En vista de semejante panorama, resultan más fáciles de entender las tensiones políticas y la radicalización que vivimos en los últimos tiempos. Hunden sus raíces en los efectos sociales de la grave crisis económica, agudizados por una deficiente respuesta frente a ella. Como bien supo ver el presidente Kennedy: “Si una sociedad libre no es capaz de ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”.

Álvaro Anchuelo Crego, Universidad Rey Juan Carlos

(Publicado el 15 de noviembre de 2017 en el diario online República de las Ideas)

Ranking 1000 de universidades CWUR 2017: España en el Top-10 en algunas disciplinas científicas

Recientemente se ha publicado un nuevo ranking de universidades a nivel internacional elaborado por el Centro de Clasificación Universitaria Mundial (CWUR, en su acrónimo inglés). Este estudio ha evaluado a 1000 universidades de mayor relevancia mundial (de las casi 27.000 existentes).

Para calcular la puntuación de cada universidad el CWUR utiliza un Indicador Sintético Ponderado que mide la calidad de la educación y la formación de los estudiantes, así como el prestigio de los miembros de la facultad y la calidad de sus investigaciones. Con más detalle, se utiliza ocho indicadores objetivos:

  1. Calidad de la Educación, medida por el número de alumnos de una universidad que han ganado importantes premios internacionales, premios y medallas en relación al tamaño de la universidad [25%].
  2.  Empleabilidad de los alumnos, medida por el número de alumnos de una universidad que se han obtenido empleo de CEO (Director Ejecutivo) de las principales compañías del mundo en relación al tamaño de la universidad [25%].
  3. Calidad de la universidad, medida por el número de profesores que han obtenido reconocidos premios internacionales, premios y medallas [25%].
  4. Publicaciones, medido por el número de artículos de investigación que aparecen en revistas de prestigio [5%].
  5. Influencia, medido por el número de artículos de investigación que aparece en revistas de alto impacto [5%].
  6. Citas, medido por el número de artículos de investigación citados en revistas de alto impacto [5%].
  7. Alto impacto, medido por el índice de la universidad [5%] .
  8. Patentes, medida por el número de solicitudes de patentes internacionales [5%].

En el primer lugar, el siguiente cuadro presentamos el ranking de las 10 primeras universidades a nivel global (hacer clic sobre la imagen para verla más grande). Como se puede observar, 8 de las 10 universidades con mayor puntuación son de EE.UU., con Harvard University (EE.UU.) liderando el Top-10. Completan el ranking dos universidades del Reino Unido, University of Cambridge y Oxford University, que ocupan los puestos cuarto y quinto, respectivamente.

De las españolas, la primera clasificada es la Universidad de Barcelona, en el puesto 103, seguida de la Universidad Autónoma de Barcelona (229), la Universidad Complutense de Madrid (230) y la Universidad de Valencia (287), situadas en la horquilla del 201 al 300. En el siguiente escalón, del 301 al 400 están la Universidad Autónoma de Madrid (304), la Universidad Pública de Navarra (326), la Universidad Pompeu Fabra (368) y la Universidad de Granada (373). Completan el Top-10 español (véase siguiente cuadro) en el escalón del 401 al 500, la Universidad Santiago de Compostela (414) y la Universidad de Sevilla (444).

Se podría pensar que la posición de las universidades españolas es relativamente baja a nivel internacional, pero esto no es cierto si nos centramos en los ranking mundiales por categorías científicas. En este caso, situamos a 8 universidades españolas en los Top-10 de algunas ramas del conocimiento.

CWUR realiza también un ranking de universidades a nivel internacional por categorías científicas (227) según la clasificación temática de la base de datos JCR elaborada por Clarivate Analytics (anteriormente propiedad de Thomson Reuters).

Estos son los puestos en el Top-10 a nivel mundial de nuestras universidades en diferentes categorías científicas (los puntos son en relación al primer puesto que se le asigna el valor de 100):

1. La Universidad de Barcelona ocupa el puesto 2 mundial en Gastroenterología y Hepatología, el 3 en Química Inorgánica y Nuclear, el 4 en Farmacología y Farmacia, y el 9 en Química Analítica.

2. La Universidad de Valencia ocupa el puesto 2 mundial en Química Inorgánica y Nuclear, el 4 en Biología Reproductiva, el 8 en Física de Partículas y en Ciencia de la Imagen y Tecnología Fotográfica, y el 9 en Teledetección.

3. La Universidad Politécnica de Cataluña ocupa el puesto 4 mundial en Ingeniería (multidisciplinar) y en Matemáticas (aplicaciones multidisciplinares), y el 9 en Construcción y Tecnología de la Construcción.

4. La Universidad Autónoma de Barcelona ocupa el puesto 8 mundial en Ciencias Ambientales y en Ciencias Veterinarias.

5. La Universidad de Navarra ocupa el puesto 10 mundial en Etica.

6. La Universidad Carlos III de Madrid ocupa el puesto 7 mundial en Historia de las Ciencias Sociales.

7. La Universidad de Granada ocupa el puesto 10 mundial en Mineralogía.

8. La Universidad de Castilla-La Mancha ocupa el puesto 10 mundial en Ornitología.

Destacamos especialmente ocupando el puesto 2 mundial en Gastroenterología y Hepatología con la Universidad de Barcelona sólo superada por Harvard University:

Y también destacamos, en mayor medida, en Química Inorgánica con las Universidad de Valencia y la Universidad de Barcelona ocupando los puestos 2 y 3, respectivamente, y sólo superadas en este caso por Nanjing University de China.

El “café para todos” tan típicamente español debería ser “cortado” aprovechando la aprobación del próximo Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020, asignando más fondos a estos equipos de investigación españoles. Pero eso es otra historia.

Fuga de cerebros y celebros

El número de jóvenes residentes en el extranjero no ha dejado de crecer desde el año 2009. Hoy hay cerca de medio millón de jóvenes (20-34 años) buscándose un futuro mejor fuera de nuestras fronteras. La mayoría de estos jóvenes son universitarios y profesionales que no encuentran salidas laborales en España y optan por desarrollar su trabajo en otros paíresidentes extranjeroses. No es extrañar que cuando nuestros políticos abandonan fugazmente su pasión por la vexilología se muestren ligeramente preocupados por esta llamada fuga de cerebros. Recientemente se han puesto en marcha diversas iniciativas tanto públicas (por ejemplo en  Andalucía, Castilla La Mancha, Extremadura, Valencia y Madrid entre otros) como privadas (p.e. Volvemos) para fomentar el retorno del  talento y drenar la fuga de cerebros.

La preocupación por la que surgen estos programas es doble. En primer lugar, se justifica por la pérdida de la inversión en educación de los jóvenes emigrados. Formar a un ingeniero, químico o médico en una universidad pública tiene un coste aproximado de 60.000€ por alumno. Esta inversión se ve recuperada con creces con las futuras cotizaciones a la seguridad social. El problema surge cuando se cotiza a la seguridad social alemana en vez de a la española.

En segundo lugar, la lógica preocupación por la pérdida de capital humano. La emigración de estos profesionales podría reducir el número de ingenieros, médicos y demás profesionales dispuestos a trabajar para empresas e instituciones españolas.

Sin embargo, disponemos de ciertos indicios que nos hacen pensar que ninguna de las dos preocupaciones está totalmente justificada. En primer lugar, la fuga de cerebros puede ser el precio a pagar para frenar un mal mayor: la histéresis del desempleo. Delong y coatures sugieren que el desempleo durante una crisis puede tener unas consecuencias nefastas a largo por la pérdida de habilidades (skills) por una desconexión del mercado laboral (ver aquí y para resumen amplio ver el trabajo de L. Bell aquí). Es decir, que la fuga de talento puede en el fondo preservar el presente y futuro.

El segundo indicio que nos hace pensar que las consecuencias de la fuga de talento se exageran es un trabajo reciente de los economistas P. Abarcar y C. Theoharides sobre los efectos de la migración de enfermeros en Filipinas (ver aquí). A principios de siglo (el XXI), los EEUU relajaron las exigencias para los visados de estos profesionales para luego endurecerlos en el año 2007. Es un magnífico experimento natural para probar si efectivamente la fuga de talento causa una pérdida en el capital humano del país emisor.

Como puede verse en el gráfico que acompaña al texto, Filipinas experimentó una migración notable de enfermeros. En el año 2003, el director de instituto filipino de salud describió este fenómeno como una hemorragia de cerebros y vaticinó en breve los hospitales de Filipinas no dispondrían de enfermeras (ver aquí).

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Fuente: Abarcar y Theoharides (2017)

Sorprendentemente, hoy los hospitales filipinos disponen de las suficientes enfermeras para funcionar correctamente. ¿Qué sucedió? La demanda de estudios de enfermería también creció notablemente durante el periodo de la fuga, como muestra el gráfico de más abajo. Como demuestran Abarcar y Theoharides, el aumento de la demanda de estudios fue superior a la tasa de emigración sin pérdida de capital humano. Según los autores, una de las claves fue la rápida respuesta de las universidades filipinas en aumentar el número de plazas disponibles. Por tanto, tanto EEUU como Filipinas salieron beneficiadas del su particular fuga de batas blancas.

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Fuente: Abarcar y Theoharides (2017)

Por tanto, deberías celebrar la fuga de cerebros, ya que no tiene necesariamente por qué desembocar en una pérdida de cerebros. Puede incluso ser muy positiva. ¿Se imaginan otro escenario en la que estos jóvenes no pudieran emigrar a trabajar a otros países?

 

El comercio internacional y la desigualdad

La renta de las personas de clase media-baja de algunos países desarrollados, como Estados Unidos, es la que menos ha crecido en el mundo durante el periodo 1988-2008.  Una de las razones que explica el menor crecimiento de la renta de las personas de clase media-baja en los países desarrollados es el comercio internacional con los países en vías de desarrollo y, en especial, con China. El aumento de las importaciones de estos países, concentrados en productos intensivos en trabajo poco cualificado (prendas de vestir) o en productos con etapas de producción intensivas en trabajo poco cualificado (el ensamblaje de un smartphone), ha reducido la producción de estos bienes en los países más desarrollados. Esta caída en la producción ha reducido la demanda de los trabajadores poco cualificados en los países desarrollados. Estos trabajadores han sido expulsados del mercado laboral, o han tenido que aceptar un menor salario para tener un empleo. El comercio internacional genera perdedores, pero también genera ganadores. Estos son los trabajadores, mayoritariamente cualificados, que trabajan en empresas en las que ha aumentado la producción por la demanda de los países desarrollados. Por ejemplo, las exportaciones de aviones de Estados Unidos a China se multiplicaron por 33 durante el periodo 1995-2015.

El comercio internacional, al aumentar la demanda de los trabajadores cualificados y al reducir la demanda de los trabajadores poco cualificados aumenta la desigualdad en los países desarrollados. Sin embargo, el comercio internacional también puede tener un efecto positivo sobre la desigualdad en los países desarrollados. Este efecto positivo se produce a través de los precios. En concreto, si gracias al comercio internacional cae el precio de los productos que son consumidos en mayor proporción por las personas de rentas bajas, la apertura al exterior estará reduciendo la desigualdad. Pablo Fajgelbaum y Amit Khandelwal analizan esta cuestión en un trabajo publicado en Quarterly Journal of Economics. Estos autores concluyen que si los países se cerrasen al comercio, por término medio, la renta real de las personas más pobres (las que se sitúan en el percentil 10 de la distribución de la renta) caería un 63%, mientras que la renta real de las personas más ricas (las que se sitúan en el percentil 90) caería solamente un 28%. En el caso de España, la renta real de las personas más pobres caería un 53%, y la renta real de las personas más ricas caería solamente un 12%.

El impacto más favorable del comercio internacional sobre las personas pobres se explica por dos razones. En primer lugar, las personas pobres gastan una parte más importante de su ingreso en productos que se comercializan internacionalmente (por ejemplo, alimentos o prendas de vestir); en cambio, las personas más ricas gastan una parte más importante de sus ingresos en servicios que son menos comercializables internacionalmente (por ejemplo, restaurantes). En segundo lugar, las personas pobres gastan una mayor parte de su renta en productos importados que son más difíciles de sustituir por los productos domésticos. Por tanto, si el país se cerrase al comercio, el impacto sería más negativo sobre las personas pobres que sobre las ricas.

Las conclusiones del trabajo de Fajgelbaum y Khandelwal ponen de manifiesto que el comercio internacional también tiene efectos positivos sobre las personas pobres. Es importante tener presente esta conclusión ante los devaneos proteccionistas de algunos dirigentes políticos.

Europa y Cataluña

“En Cataluña hoy se juega nada menos que el futuro de la Unión Europea”. Tan contundente afirmación no es de cualquiera: la ha escrito Joschka Fischer, el que fuera Ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller de Alemania y hoy tiene bien ganada fama de analista internacional. Sin rodeos, expresa lo que unos y otros líderes europeos vienen repitiendo desde hace semanas. La entrega de los premios Princesa de Asturias (¡impagable servicio a España!) el pasado 20 de octubre en Oviedo les deparó a los máximos responsables del Consejo, de la Comisión y del Parlamento europeo una ocasión solemne para hacerlo al recoger el premio de la Concordia, y ninguno de los tres —Tusk, Juncker y Tajani— desaprovechó la ocasión, pronunciándose, cada uno a su manera, en contra de la pretensión secesionista en Cataluña. Razones de conveniencia, de convicción y de consecuencia se suman para esa firme oposición.

Por conveniencia, con objeto de evitar el “efecto dominó”. No solo en Padania o Córcega, en Gales o Bretaña, en Escocia o en Alto Adige: según un recuento autorizado, hasta en 21 regiones europeas hay movimientos independentistas organizados. De ahí la trascendencia de lo que se dirime en Cataluña, probablemente el caso con potencial mayor de proyección internacional: sin duda, una “amenaza más letal” que el Brexit para la UE.

Por convicción, en la medida en que la secesión socava —“traiciona”, se ha dicho— los ideales de solidaridad e integración humana sobre los que se fundamenta el proyecto común. Este se diseñó para trascender el sistema de rivalidades nacionales que tan trágico balance deparó al continente en la primera mitad del siglo XX; y luego se ha ido materializando con el mantenido propósito de superar tanto las pulsiones agresivas como las limitaciones de las naciones-Estado, salvando divisiones históricas y asegurando paz y estabilidad. La UE no puede permitir la fragmentación de sus miembros, “porque estos componen los cimientos mismos sobre los que está formada”, concluye también Fischer.

Por consecuencia, finalmente. No solo porque el gran tamaño de otros actores globales (China e India, por lo pronto, además de Estados Unidos) hace más perentoria una mayor integración a escala europea; también porque los retos hoy planteados exigen relaciones intracomunitarias más sólidas. Con fronteras exteriores vulnerables —las que limitan con Rusia—, con el problema de la seguridad interior provocada por el terrorismo, con los altos niveles de coordinación necesarios para dar una solución satisfactoria a la inmigración masiva, no cabe otra opción que la de reforzar las relaciones intergubernamentales. Tanto la Europa de la Defensa como la Europa Social así lo reclaman. De la misma forma que una efectiva mayor unión es condición necesaria para alcanzar los objetivos que requiere la gobernanza económica del conjunto: completar la Unión Bancaria (con el fondo común de garantía de depósitos y el fondo de resolución de bancos), la armonización fiscal, el superministerio de Finanzas y el Presupuesto europeo… Todo se alinea en el sentido opuesto a la desmembración de quienes hoy comparten el proyecto común.

Europa, en suma, tiene fundadas razones para apoyar el orden constitucional de la democracia española.

Tasa de dependencia demográfica por países, 2016

La tasa de dependencia demográfica es una variable clave para el crecimiento económico a largo plazo de los países. Se define como la ratio de la población mayor de 65 años respecto a la población activa (población de 15 a 64 años). En el gráfico adjunto (hacer clic para verlo más grande) se muestra la tasa de dependencia demográfica (en %) alrededor del mundo en el año 2016. Los diversos colores agrupan a los países en función del rango que aparece en la leyenda.

Desde el punto de vista económico, una elevada tasa de dependencia condiciona los gastos públicos en pensiones y los gastos públicos en sanidad del país. En otras palabras, más jubilados dependen de la población potencialmente en edad de trabajar y, en última instancia, de la recaudación actual impositiva, incluida las cotizaciones sociales.

Entre los países industrializados lidera la tasa de dependencia demográfica Japón, con un 44,51%. Las cuatro grandes economías de la zona del euro registran elevadas tasas relativas: Alemania (32,63%), Francia (31,39%), España (28,81%) e Italia (25,73%). Otras grandes economías de la OCDE como Estados Unidos y Canadá, registran tasas de dependencia demográficas relativamente menores a las europeas, un 22,97% y 24,53%, respectivamente.

En el lado opuesto se encuentran los países en desarrollo que tienen tasas de dependencia demográficas mucho más bajas:  China (13,75%), Brasil (11,72%), México (10,04%), India (8,87%), Indonesia (7,85%) y Tailandia (6,61%), por ejemplo.

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