¿Cómo medir correctamente una recesión económica?: crecimiento real del PIB versus crecimiento real del PIB per cápita

Economistas de la Reserva Federal de St. Louis (EE.UU.) han planteado recientemente la idoneidad de utilizar como hasta ahora la tasa de crecimiento real del PIB para medir los periodos de recesión económica utilizando la metodología sugerida por el National Bureau Economic Research (NBER) de EE.UU.

Recordemos que el NBER define una recesión como dos o más trimestres consecutivos de caída del PIB real. En lugar de utilizar el PIB real la Reserva Federal de St. Louis propone utilizar el PIB real per cápita o renta per cápita (PIB/población total).

En el cuadro adjunto se presentan los episodios de recesión definidos según la metodología del NBER para una selección de países de la OCDE y utilizando los dos indicadores alternativos. En la mayoría de las economías la diferencia de periodos de recesión es mayor si se utiliza el PIB real per cápita, aunque la diferencia es más amplia para el el caso de EE.UU. (15 frente a 10 periodos), y sobre todo, para Australia (8 frente a 3 periodos).

En los dos siguientes gráficos se muestra la tasa de crecimiento del PIB real y del PIB real per cápita para Australia, con los periodos registrados de recesión económica sombreados en gris. Según los datos del gráfico de la tasa de crecimiento del PIB real, la economía australiana no ha tenido una nueva recesión desde 1991. El panorama cambia utilizando los datos del PIB real per cápita. En este caso, la economía australiana ha registrado 3 recesiones desde 1991. Esto significa que aunque el PIB real está creciendo no lo hace lo suficiente para compensar el mayor crecimiento de la población total.

De todas formas, el propio NBER recomienda para catalogar una recesión económica utilizar no sólo la tasa de crecimiento del PIB real (o en nuestro caso el PIB real per cápita), sino realizar también el seguimiento de las tasas de crecimiento de otros indicadores económicos, como la renta disponible de los hogares, el empleo, la producción industrial, y las ventas al por menor y al por mayor.

Las cinco principales compañías del S&P 500 por capitalización bursátil

En el cuadro adjunto se presenta el top 40 de las mayores compañías del índice S&P 500 de la bolsa de New York por capitalización bursátil (market cap, quinta columna). Los datos recogen la cotización de cada acción del pasado 7 de octubre. En la última columna se recoge el cambio de la cotización desde el 3 junio pasado.

Fuente: Bespoke

 

Las dos principales compañías superan en la actualidad el billón de dólares en capitalización bursátil. Encabezan el top 5, Microsoft y Apple, con 1,05 y 1,03 billones de dólares. Recordar que el PIB de España a finales de 2018 fue de 1,20 billones de euros, lo que equivale en la actualidad a 1,09 billones de dólares.

Completan el top 5 de capitalización bursátil, Amazon (860 mil millones de dólares), Alphabet o Google (840 mil millones de dólares), y a mucha distancia Facebook (514 millones de dólares). La compañía Bershire Hathaway (empresa tenedora de acciones de otras compañías y propiedad del magnate Warren E. Buffett) se acerca peligrosamente a Facebook.

En el primer gráfico siguiente se representa la evolución temporal de la cotización de la acción de Apple en los últimos cinco años. Después de caer casi un 40% desde su punto más alto hasta su punto más bajo en el cuarto trimestre de 2018, la acción de Apple ha vuelto a crecer en 2019 hasta casi alcanzar su máximo histórico.

Fuente: Bespoke

 

De hecho, en el segundo gráfico se puede observar que la  acción de Apple es la que más se ha revalorizado desde junio de 2019, con una subida del 32,5%, casi el doble que su seguidor Google (+16,5%).

Fuente: Bespoke

Escala de remuneraciones (salarios y pensiones) en España en 2017

En el cuadro adjunto (hacer clic para verlo más grande) aparece la escala de mayor a menor de las remuneraciones (salarios y pensiones) en la economía española a finales de 2017. Para los salarios se ha utilizado los últimos datos publicados por el INE en su Encuesta anual de estructura salarial 2017 (publicada el 21 de septiembre de 2019). Los datos para 2017 de las pensiones han sido extraídos del Boletín Informativo de la Seguridad Social: Gestión Económica 2017, diciembre, del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Aunque existen datos más recientes de las pensiones hemos utilizado los datos de 2017 a efectos de comparación de datos.

Conviene recordar que hay tres maneras de medir el salario a) el salario medio (o media estadística) que se obtiene de la remuneración total de los salariados (trabajadores por cuenta ajena) dividida por el número total de ocupados asalariados); b) el salario mediano (o mediana estadística) que divide el número de trabajadores entre los que tienen un salario superior al mediano y los que tienen un salario inferior al mediano; y c) el salario más frecuente (o moda estadística) que refleja el salario que más individuos tienen en la población ocupada. Este último indicador es el más adecuado para medir el salario representativo de un trabajador.

El salario medio bruto (antes de efectuar retenciones de las cuotas de la seguridad social y del IRPF) se sitúo en 2017 en 1.650,4 euros al mes, mientras que el salario mediano y mas frecuente se situaron en 1.416,4 y 1.248,7 euros, respectivamente.

Destacar que la pensión media de jubilación (1.106,5 euros) y la pensión media total (946 euros, ponderada por los regímenes de incapacidad permanente, de jubilación, viudedad, orfandad y en favor de familiares) se sitúan “peligrosamente” muy cercanas al salario más frecuente.

La dispersión observada de las pensiones entre las diversas Comunidades Autónomas refleja la dispersión de las cotizaciones asociadas a los diferentes salarios medios en el pasado. De este modo, la pensión media mas alta se alcanza en el País Vasco (1.405,3 euros), mientras que la pensión media más baja se alcanza en Extremadura (891,9 euros).

El salario medio de los hombres (1.885,1 euros) es superior al de las mujeres (1.471,9 euros).

Por último, por tipo de actividad el salario medio es mas alto en los sectores de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (3.715,3 euros) – sectores oligopolísticos y regulados-  lo cual debería ser un incentivo para los alumnos de ingeniería y de formación profesional de estas ramas, mientras que los peor pagados son los trabajadores de la hostelería (1.038,5 euros), lo cual no tampoco  debe sorprendernos (actividades con baja productividad y valor añadido).

Indicador de coyuntura: Septiembre 2019

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de agosto con los datos publicados hasta julio de producción industrial, ventas, y hasta agosto de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos y sus respectivas revisiones, el indicador sube de 2,2 en julio a 4,2 en agosto. Sin embargo, si analizamos este dato en perspectiva, el nuevo valor sigue estando en consonancia con la tendencia decreciente que indica una progresiva ralentización en el ritmo de la actividad económica en España.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del indicador agregado han mantenido o mejorado su valor. La producción industrial y las ventas crecieron más en julio (2,9% y 1,5%) que en junio (1,9 y 1,0). Los afiliados crecieron más en agosto (2,6%) que en julio (2,5%). La renta mantiene constante el crecimiento en junio y en julio (4,9%).

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El seguro europeo de desempleo: ¿Solo un instrumento estabilizador?

No son pocos los nubarrones que se ciernen sobre la economía europea. La larga crisis existencial de la UE, la inestabilidad política en varios Estados y el horizonte de ralentización económica se añaden a las debilidades estructurales en la arquitectura de la zona euro y la creciente desafección del proyecto comunitario de buena parte de la ciudadanía. Con cada vez menos señas de identidad comunitarias, la Europa del euro sigue sin contar con instrumentos de política fiscal que puedan dotar de mayor estabilidad económica a sus miembros.

Por tratarse de un mecanismo estabilizador y vertebrador de los derechos sociales, una de las alternativas recurrentemente citadas es la creación de un seguro europeo de desempleo (EUI). A priori, la puesta en marcha de esta figura demostraría la capacidad de la solidaridad comunitaria entre ciudadanos y países para impulsar la cohesión social en el espacio europeo y sería clave para promover el aumento de la confianza de la población en las instituciones comunitarias.

El alivio en la financiación de las prestaciones en tiempos de crisis en los países más afectados y con mayor dificultad para el cumplimiento de las reglas fiscales hacen de este seguro una alternativa también relevante en términos de eficiencia. Mientras que las uniones monetarias consolidadas cuentan habitualmente con potentes estabilizadores automáticos para compensar las fluctuaciones económicas, la Europa del euro se diseñó asignando el papel de estabilización fiscal a los presupuestos nacionales con muy pocas contrapartidas comunitarias. Parece claro que una política monetaria común no es suficiente para acomodar las necesidades de todos los Estados ante shocks asimétricos y frenar el contagio de problemas de endeudamiento, turbulencias macroeconómicas o altos niveles de desempleo.

Aunque el debate sobre el EUI arrancó hace varias décadas, los pasos dados hasta ahora han sido muy tímidos. Sólo a partir de la última crisis, cuando la falta de capacidad fiscal de la zona euro se hizo evidente, volvió a avivarse la discusión, con recomendaciones explícitas del FMI y la inclusión del EUI en el Informe de los cinco presidentes (2015). Algunos Estados, como Francia, Alemania y España, han defendido recientemente la introducción de un seguro europeo de desempleo como clave en la reforma de la gobernanza.

Las principales alternativas para su puesta en marcha son dos: un sistema único o un fondo de aseguramiento como complemento de los actuales sistemas nacionales. En el primer modelo, los ciudadanos europeos desempleados recibirían transferencias directamente de ese sistema, que garantizaría un nivel básico de protección, con la posibilidad de que fuera complementado por cada país. Para ello, sería necesario avanzar en la armonización de los mercados de trabajo y de los esquemas de protección, lo que no parece fácil ni del todo deseable. No debe olvidarse que los sistemas actuales fueron definiéndose como resultado de las preferencias de cada sociedad, tanto respecto al nivel de protección proporcionada como a la forma de organizar el mercado de trabajo. Resulta difícil lograr grandes consensos respecto a la generosidad, la duración y las condiciones de acceso a las prestaciones o las contribuciones de trabajadores y empleadores en un único esquema común. Actualmente, la cuantía respecto al salario previo y la duración de la prestación varían considerablemente entre Estados. Tal armonización se enfrentaría, por otro lado, a múltiples barreras políticas, jurídicas y administrativas, además de contravenir el principio de subsidiariedad de las políticas sociales.

Resulta más fácil el acuerdo sobre un modelo en el que los países pagarían contribuciones a un fondo común durante las fases expansivas del ciclo, que podría ascender, según algunas propuestas, hasta el 0,1% del PIB. Las transferencias desde ese fondo a los sistemas nacionales sólo se efectuarían en los períodos recesivos especialmente agudos y bajo determinadas condiciones. Para evitar que los países con tasas más bajas de paro subsidiasen continuamente a aquellos con mayor desempleo, tendría que fijarse un umbral alto de aumento del desempleo para activar el pago de las transferencias. Eso evitaría el posible riesgo moral de los Estados, que podrían no abordar reformas ante la expectativa de que los costes de las transferencias los asumiera el fondo común. Se perdería, sin embargo, la oportunidad de crear un instrumento solidario común de mayor alcance, optando por un sistema más difícil de visualizar y de identificar como propio.

La ventaja más esgrimida por los defensores de la segunda opción es la de proporcionar aseguramiento a los países más afectados por posibles shocks mutualizando los riesgos, lo que les permitiría hacer frente a las crisis sin recortar otros gastos o elevar drásticamente la presión fiscal. Algunas simulaciones realizadas para medir sus efectos muestran que podría dar lugar a ganancias netas en términos de las transferencias pagadas y recibidas en la gran mayoría de los países, así como a reducciones de la pobreza. Las pérdidas de renta en la eurozona en la última crisis causadas por el desempleo se hubieran reducido entre un 20 y un 25% y ningún país habría sido contribuyente neto sistemáticamente.

Hay que recordar, sin embargo, que la protección del desempleo no solo es importante desde un punto de vista macroeconómico, sino que tiene un papel distributivo clave al ser el instrumento más importante para reducir las desigualdades después de las pensiones contributivas. Los análisis no suelen tener en cuenta el papel de los agentes sociales en el diseño y la gestión de los programas de protección del desempleo en varios países ni su encaje en el conjunto de la protección social. Tampoco despejan las dudas sobre las consecuencias que ese sistema complementario pudiera generar sobre la intensidad protectora de los sistemas nacionales, afectando a su capacidad redistributiva final. Existe el riesgo, además, de que bajo el supuesto amparo de una protección reforzada se emprendieran reformas del mercado de trabajo que redujeran el efecto redistributivo de algunos de sus actuales elementos institucionales.

Combinar adecuadamente los objetivos de estabilización de un EUI con los de carácter redistributivo obligaría a los miembros de la Unión, por tanto, a asumir un alto compromiso institucional y a suscribir grandes acuerdos políticos, difíciles de imaginar actualmente. En este contexto, incluso las propuestas más modestas de un mecanismo de este tipo deben contemplarse con cautela. No sólo por la dificultad de lograr un amplio consenso sobre su diseño, sino por el excesivo énfasis puesto por sus defensores en sus efectos macroeconómicos, sin considerar los fundamentos redistributivos de este tipo de protección.

Publicado en El País, 29 de septiembre de 2019

Asimetrías y contrastes

Ciertas llamativas disonancias ayudan a valorar el momento de España al comienzo de este otoño, tan cargado de vaticinios agoreros.

Comencemos por lo asimétrico, ya saben: falta de correspondencia en forma, tamaño o posición de las partes de un todo. En dos planos se hace muy evidente. Primero el que distingue entre sociedad y política. Tenemos una buena sociedad y una praxis política mediocre, por decirlo sin rodeos. Un país con músculo empresarial, como lo demuestra el continuado desempeño de nuestras grandes firmas en unas y otras latitudes; con alta reputación internacional para sus mejores científicos, no solo los consagrados, también quienes son hoy promesas: véase la estudiante de Medicina en la Universidad del País Vasco que acaba de ser galardonada en el certamen más importante del mundo en ciencia y tecnología, organizado por el MIT; con prestigiosos museos y artistas; con excelente nivel competitivo en deportes, tanto de protagonismo individual como de equipo, y septiembre ha sido pródigo en logros: Nadal, Mundial de baloncesto, Marc Márquez, Carolina Marín, europeo paraolímpico…; un país, en suma, con un tono ciudadano que tiene muchas facetas y dimensiones ciertamente elogiables. Nada parecido en el ámbito de la política, donde sus principales actores parecen “secuestrados” —la metáfora es pertinente— por enfrentamientos obsesivos y puro tactismo, desatendiendo un tiempo cargado de novedades y retos. Marcada asimetría.

Como notoria es también la que ofrecen en su proyección exterior la economía española y la acción estatal extramuros. Reparemos solo en lo más reciente: mientras los bonos españoles consiguen mejorar su nota en las agencias de calificación de deuda —S&P y DBRS—, la influencia internacional de España no sube escalones, con riesgo claro de ver mermada incluso su posición secundaria en el siempre difícil juego de equilibrios europeo, ahora que Italia aspira con recobrado brío a ocupar un sitio preferente, con dos de los suyos colocados en lugares prominentes: presidencia del Europarlamento y cartera de Economía. El ensimismamiento de nuestra clase política se traduce en pérdida de oportunidades, alto coste que no atenúa, desde luego, la labor —“patética”— de la Secretaría de Estado de Comunicación.

A su vez, algún contraste —es decir, contraposición o diferencia notable— resulta clamoroso. Frente a los casi cinco meses —desde el 28 de abril– que aquí se han consumido para verificar la incapacidad de lograr acuerdos de investidura y gobierno a través de alguna combinación entre unos pocos partidos, muy cercanos entre sí ideológicamente algunos de ellos, solo un puñado de semanas ha necesitado la recién elegida presidenta de la Comisión Europea para proponer la nueva composición de esta, reuniendo la participación de socialdemócratas, conservadores, liberales, verdes e independientes, hombres (14) y mujeres (13) cuya procedencia cubre todo el plural y muy diverso espectro nacional que forma la UE. Y, aunque casual, la coincidencia no pudo ser más lacerante: el mismo día en que Úrsula von der Leyen presentaba ese nuevo Colegio de Comisarios y hacía hincapié en las tareas prioritarias para los próximos años: cambio climático y transición energética, innovación y economía digital, calidad institucional y adhesión ciudadana, ese mismo 10 de septiembre nuestro Tribunal Supremo informaba sobre el calendario que seguiría para la deliberación sobre el recurso de la familia Franco contra la decisión del Gobierno de exhumar al dictador.

¡Ha comenzado el otoño!

Evolución histórica del agregado monetario de referencia en el Reino Unido, 1844-2017

Los elementos principales de la estrategia de política monetaria de los bancos centrales son tres: a) una definición cuantitativa de estabilidad de precios, b) un papel destacado del seguimiento del crecimiento de la masa monetaria, identificado por un agregado monetario (la liquidez de la economía), y c) una valoración amplia de las perspectivas de evolución de los precios.

En esta entrada del Blog presentamos la evolución del agregado monetario más utilizado conocido como M3 (“broad money”) que abarca el efectivo (monedas y billetes) y todas las formas de activos que podrían usarse para transacciones, como cuentas corrientes y de ahorro, depósitos a plazo y depósitos en moneda extranjera, entre otros. Hemos utilizado el ejemplo de la libra esterlina porque es la serie mas larga disponible a nivel internacional: 1844-2017 (173 años). Mostraremos la evolución de la serie en cuatro variantes: en niveles sin y con logaritmos (en ambos casos en términos nominales), en términos reales,  y en porcentaje del PIB.

En el primer gráfico se muestra la evolución de la serie en niveles en términos nominales (en millones de libras esterlinas corrientes). Parece que el agregado monetario se mantuvo constante hasta 1970 y que comienza a crecerá  partir de esa fecha de manera acelerada. Pero esta percepción es errónea. Para corregir este problema presentamos el segundo gráfico en la que la serie en términos nominales ha sido transformada tomando logaritmos. La transformación logarítmica reduce la escala de las observaciones más extremas. Sin embargo, esta transformación no cambia la tendencia de la variable. La transformación logarítmica es adecuada para estabilizar la variabilidad de la variable cuando dicha variabilidad se incrementa con el nivel de la serie.

En cualquier caso, la oferta monetaria nominal no refleja en sentido estricto el cambio en el ciclo económico. Por este motivo, la variable correcta para el análisis macroeconómico es el agregado monetario en términos reales. De este modo, en el tercer gráfico se ha deflactado la serie en niveles en términos nominales del primer gráfico por la evolución del Índice de Precios al Consumo (CPI) del Reino Unido.

Ahora el agregado monetario en términos reales sigue creciendo en el tiempo, acelerándose en mayor medida a partir de 1980. La causa de está aceleración es que la economía del Reino Unido ha ido creciendo en la mayor parte de la serie. Para recoger este efecto en el siguiente gráfico hemos calculado la ratio de la serie en niveles en términos nominales del primer gráfico por el PIB en términos nominales.

En cualquier caso, se sigue observando que la ratio M3/PIB ha crecido substancialmente desde 1982.  Con mas detalle en 1844 representaba el 34% del PIB y al final del periodo en 2017 alcanzó el 100,4%. La razón de este crecimiento es que a medida que una economía se desarrolla mas desde el punto de vista financiero, el dinero utilizado para las transacciones aumenta más rápidamente de lo que aumenta el PIB nominal.

QUE MALA PINTA TIENE EL MUNDO

La apelación a la incertidumbre es la salvaguarda de rigor en muchos ejercicios de previsión económica. Esa forma de curarse en salud nos ha servido para transitar por estos dos años en los que han coexistido dos grandes condicionamientos sobre el bienestar: la amenaza de ruptura del denominado “orden económico internacional” por el país que hasta ahora lo tutelaba y la insuficiente asimilación de las secuelas que dejó la crisis de 2008. Pero la realidad ha suministrado ya suficientes elementos de juicio para que dejemos de refugiarnos en el tópico. El verano ha madurado aquellas señales que, más o menos conscientemente, con desigual amparo racional, deseábamos que fueran nubes de paso. Sobre la economía mundial concurren indicadores que anticipan que el próximo año será bastante peor que este. Su influencia ya se refleja en los de confianza, en la formación de las expectativas de las empresas y de las familias. Y en ese considerable ascenso durante las últimas semanas de las búsquedas en Google del término “recesión”.

La primera de esas dos circunstancias, las guerras comerciales, tecnológicas y de divisas, agudizadas este verano, son las principales responsables del menor crecimiento de las principales economías, el más bajo en tres años, y de la debilidad anticipada para los próximos trimestres. Japón aparte, la desaceleración de Europa es la más pronunciada, con Alemania, Italia Y Reino Unido al borde de la recesión. Pero los temores también se han instalado en la principal economía del mundo. Tras ese récord, por sí solo intimidador, de expansión ininterrumpida durante 122 meses, emergen indicadores de agotamiento del impulso fiscal con el que Donald Trump saludó a las empresas y a las rentas altas de su país. La debilidad estadounidense es manifiesta en el sector industrial, el más vulnerable a la guerra comercial, al igual que en las restantes economías avanzadas.

Del carácter menos coyuntural de las dificultades por las que atraviesan las economías avanzadas da cuenta la profundización de los tipos de interés nominales en ese territorio negativo que venían horadando desde antes del verano. Ese descenso iniciado tras la crisis de 2008 no es únicamente la consecuencia de las decisiones adaptativas de los bancos centrales a la ausencia de inflación y a la debilidad de la actividad. Refleja también el convencimiento de los inversores de que el futuro seguirá exigiendo niveles de tipos de interés tan reducidos o más. Una tercera parte de los bonos en circulación en todo el mundo tiene tipos de interés por debajo de cero. Además de los japoneses, todos los instrumentos con los que se endeudan los gobiernos alemán y holandés están ya en ese subsuelo. Pero los inversores que prestan a aquellos países periféricos que tenían un “endeudamiento público insostenible”, como Irlanda, Portugal o España, también tienen que pagar por adquirir algunos de sus bonos públicos.

La ansiedad no solo se ha adueñado de los supersticiosos o de los creyentes más fervientes en el potencial anticipador del crecimiento que define esa estructura temporal de la curva de tipos de interés. Además del nivel históricamente bajo del precio del dinero a todos sus vencimientos, se da la circunstancia que los que se pagan a corto plazo son los más elevados. Es algo más que un mal fario, dada la alta frecuencia con que una situación tal ha precedido la llegada de recesiones. El estigma de una “curva invertida” ha extendido la inquietud a los más prudentes inversores, fondos de pensiones y compañías de seguros de vida, entre otros, que habían comprometido, cuando el panorama era bien distinto, rendimientos mínimos a sus inversiones. Tampoco los inversores en activos de más riesgo, como el crédito o las acciones, tienen motivos para confiar en que un cuadro tal coexista durante mucho tiempo con ascensos en las ventas y los beneficios de las empresas en las que invierten.

Impedir que la combinación de hechos como los descritos terminen conformando una recesión en toda regla exige actuar sobre las dos circunstancias que los han originado: poner fin a las guerras económicas abiertas e impulsar la demanda y, con ella, las expectativas de inflación.

La primera de las exigencias es la menos compleja técnicamente. Basta con llevar los aranceles a su nivel original y reducir las amenazas a las empresas multinacionales. Un argumento a favor de ese cambio de orientación de la administración estadounidense lo aportarían las dentelladas que esas tensiones ya están originando en el crecimiento de su propia economía. En mayor medida si se quiere evitar que el fantasma de la recesión presida la campaña electoral a la presidencia del próximo año. La normalización en las relaciones multilaterales también permitiría que las otras dos grandes economías del mundo, China y Alemania recuperaran parte del pulso perdido, con el consiguiente impacto favorable en el conjunto.

De las dos vías para estimular la demanda de las economías, la política monetaria convencional está poco menos que agotada en la mayoría de los países, Japón y la eurozona, especialmente. Que sus bancos centrales reivindiquen la eficacia de algunas decisiones que todavía conservan en sus cajas de herramientas no significa que su uso llegue a tiempo de generar los efectos pretendidos. Ese escepticismo estuvo presente hace unos días en la convención anual de banqueros centrales en Jackson Hole, ocupada precisamente en los retos de las políticas monetaria, de la que no emergieron grandes esperanzas precisamente. Quizás una de las pruebas más determinantes de que esos tipos de interés bajos tienen una eficacia reducida es el pobre comportamiento de la inversión empresarial en todas las economías. Más vinculante que el coste del capital parece ser la insuficiencia de la demanda.

La necesidad de utilizar las políticas fiscales, desde luego en algunos países de la eurozona, no es nueva, aunque es ahora cuando incluso los más escépticos han asumido que sería un error seguir mirando hacia otro lado. La directora gerente del FMI y próxima presidenta del BCE acaba de defender ante el parlamento europeo la necesidad de reformar las restricciones presupuestarias en el seno de la UE, como el propio pacto de estabilidad y crecimiento, con el fin de disponer de mayor margen de maniobra en la neutralización de los riesgos de recesión. A ello no deberían esperar aquellos países como Alemania y Holanda con finanzas públicas saneadas y ahorradores quejosos de la ausencia de rentabilidades suficientes. Estos no pueden culpar al BCE de los bajos tipos de interés, sino a sus propios gobiernos por alimentar esos excedentes hoy ociosos.

Pero para evitar la definitiva “japonización” (bajo crecimiento, ausencia de inflación, insensibilidad a la política monetaria) de la eurozona será necesario una más amplia y cuantitativamente más ambiciosa apuesta por estímulos a corto plazo y, desde luego, por la inversión pública. Proyectos que, además de exorcizar las amenazas recesivas, ayuden a modernizar las economías, a fortalecer sus capacidades competitivas, fortaleciendo la educación, las infraestructuras físicas, digitales y energéticas compatibles con el cumplimiento de los compromisos medioambientales.

La existencia de incertidumbre seguirá condicionando los veredictos sobre el futuro de las economías, pero las certezas ya disponibles son suficientemente intimidatorias como para asumir la prioridad de evitar pérdidas de bienestar adicionales en la mayoría de los ciudadanos, dejando a un lado prejuicios y cautelas sin fundamento racional.

(Diario El País, 1/09/2019)

 

Indicador de coyuntura: Agosto 2019

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de julio con los datos publicados hasta junio de producción industrial, ventas  y renta, y hasta julio de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el indicador mantiene en julio el mismo valor de 1,5 que tenía en junio. Este nuevo dato está en consonancia con una tendencia decreciente, indicando una progresiva ralentización en el ritmo de la actividad económica en España.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la evolución de los indicadores individuales que forman parte del indicador compuesto ha sido dispar. La producción industrial y las ventas crecieron en junio (-1,8% y 0,9%) menos que en mayo (1,8 y 1,3). Por contra, la renta creció más en junio (4,9%) que en mayo (4,6%), mientras que los afiliados crecieron prácticamente igual en junio y julio (2,5%).

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Elecciones (y lecciones) europeas

Muchas han sido las voces que han tildado de “tortuoso” el proceso de elección de quién sucederá a Juncker al frente de la Comisión Europea el próximo 1º de noviembre, y no menos las que han detectado graves “fracturas” y “bloqueo institucional” en la UE cuando ha debido procederse a la designación de candidato para dirigir el Fondo Monetario Internacional. El pesimismo cotiza al alza en el mercado.

Es plausible, sin embargo, otra mirada sobre lo sucedido. En el caso de Ursula von der Leyen merece destacarse, por lo ejemplar, dos hechos. Primero, el esfuerzo que esta ha hecho y la capacidad que ha demostrado en elaborar un programa de gobierno para ganar la adhesión de la mayoría del parlamento de Estrasburgo, muy fraccionado y en el que casi un 60 por ciento de los eurodiputados lo son por primera vez; un programa prometedor y ambicioso —transición energética, economía y mercado de trabajo, igualdad de género, Estado de derecho, inmigración, política exterior, refundación democrática y Futuro de Europa—, que no elude concreciones en cada uno de sus capítulos; un programa pactado con los grandes grupos de la Cámara: conservador, social-demócrata y liberal, incorporando, a la vez, preferencias de otros (verdes, principalmente). Un “verdadero programa de gobierno”, pues, nada parecido a cierto “regateo de trilería” más cercano.

Segundo, la presentación ante el pleno, con un discurso tan brillante como medido, tan riguroso como emotivo, determinante para decantar los últimos votos necesarios. No lo tenía fácil cuando fue propuesta por los jefes de gobierno europeos, alterando la pauta —no poco discutida— de los spitzenkandidaten, pero esta mujer (Bruselas, 1959), perteneciente a la generación de hijos de los primeros funcionarios europeos en la capital comunitaria, lo consiguió. Y todo en apenas catorce días, tómese también nota. La votación, por supuesto, fue reñida, como en todo foro plural donde el voto no obedece a rígidas disciplinas colectivas: un dato más a favor de una elección promisoria.

Por su parte, la elección de Kristalina Georgieva, también ofrece aspectos reseñables y aleccionadores. Por lo pronto, la diligencia con que se ha procedido: el 2 de agosto, solo cinco días después de abrirse el plazo por parte del FMI para registrar nominaciones de candidatos —plazo que terminará el 6 de septiembre—, la UE aportaba este nombre. El de una mujer (Sofía, 1953) que, tras la inicial vivencia en la cerrada Bulgaria comunista, es poseedora hoy de sobresalientes credenciales de alta gestión en el ámbito supranacional, ya en el Banco Mundial, ya en la propia Comisión Europea. Pero no solo es cuestión de calendario. En las tres semanas precedentes se desarrollaron intensas negociaciones entre los Gobiernos, hasta acordar los cinco potenciales candidatos con más apoyos, momento a partir del cual —luz y taquígrafos en abundancia— los ministros de Finanzas buscan un consenso que, al no formarse y después de sucesivos autodescartes, obliga a elegir, mediante votación no secreta, entre los dos finalistas. Ni se apuran los plazos, ni se juega al ratón y al gato entre bastidores (¡qué contraste con lo nuestro!). Doble mérito, en fin, tratándose de la complejidad consustancial a la UE, todo un OPNI, esto es, objeto político no identificado, ajeno a las figuras convencionales de los manuales de Derecho Constitucional, como gustaba decir aquel buen conocedor y leal servidor suyo que fue Jacques Delors.

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