La dependencia de las industrias manufactureras (y de los Estados) de EE.UU. de las importaciones de bienes intermedios del resto del mundo

El Presidente Trump ha iniciado una nueva política comercial proteccionista basada en dos ejes: (1) la no firma de nuevos Tratados de Libre Comercio y la salida o renegociación de los existentes; (2) y la posible imposición de aranceles y de otras barreras no arancelarias a las importaciones de bienes del resto del mundo. El objetivo es recuperar el empleo perdido durante décadas en la industria manufacturera norteamericana. Pero está política comercial puede tener efectos negativos para algunas industrias manufactureras y para algunos Estados de EE.UU. [1]

En el primer gráfico se muestra la evolución de la participación del empleo no agrícola del sector manufacturero en el total del empleo no agrícola de la economía de EE.UU. desde enero de 1950 hasta febrero de 2017. Las cifras certifican que la caída de la participación del empleo manufacturero es un proceso que se inició en los años 50 del siglo XX y desde entonces no cambiado la tendencia. Esta ratio ha descendido desde el 30,2% en enero de 1950 hasta el 8,5% de febrero de 2017.

El empleo tradicional en una fabrica ya no es el trabajo típico en la actualidad de un estadounidense. El sector industrial manufacturero que proporcionaba tres de cada diez puestos de trabajo no agrícolas en el inicio de la década de 1950 y uno de cada cuatro puestos de trabajo no agrícolas en el inicio de la década de 1970, hoy ofrece menos de uno de cada once ocupaciones no agrícolas. Proporcionalmente, EE.UU. ha perdido casi dos tercios del empleo manufacturero en relación al empleo total desde 1971.

Los efectos negativos sobre las industrias manufactureras de las medidas propuestas por la nueva Administración de EE.UU. provienen de la fuerte dependencia de bienes intermedios que podría llevar al encarecimiento de los bienes finales e incluso provocar problemas de abastecimiento a corto plazo de las cadenas de suministro.

En el siguiente gráfico se presenta para el año 2014 la participación de los bienes intermedios y de las materias primas importadas del resto del mundo en el VAB total de las diferentes industrias manufactureras de los EE.UU. Las cifras muestran la fuerte dependencia del exterior del conjunto de la industria (20,3%) y de algunas de las más relevantes ramas industriales manufactureras. Se sitúan por encima de la media nacional, el sector del petróleo y carbón (43,5%), otros equipos de transporte (25,8%), ordenadores y electrónica (24,5%), vehículos de motor y piezas (23,2%), maquinaria (21,5%) y equipos electrónicos (20,9%).

La dependencia de las importaciones de cada rama industrial manufacturera no afecta por igual a todos los Estados de EE.UU., ya que la estructura industrial no es homogénea. Los Estados que están más afectados son aquellos que tienen una mayor concentración en su estructura industrial de las ramas manufactureras con cuotas de importaciones de bienes intermedios y de materias primas más altas. En el siguiente gráfico se puede observar como los Estados más dependientes son Louisiana, Wyoming, Montana, Hawaii, Texas, New Mexico, Alaska, Oklahoma, Kansas, Washington, Ohio, Utah, Illinois, Minnesota y Michigan, entre otros.

El discurso de Trump podría ser también válido para la industria manufacturera alemana que ha seguido la misma tendencia de EE.UU. desde 1970, y no por ello el Gobierno alemán pide más proteccionismo comercial. El siguiente gráfico muestra la evolución de la participación del empleo del sector manufacturero en el total del empleo de la economía alemana de 1970 a 2015.

Las cifras confirman también que la caída de la participación del empleo manufacturero alemán es un proceso que se ha agudizado desde los años 70 del siglo XX y desde entonces tampoco ha cambiado la tendencia. Esta ratio ha descendido desde el 39,5% en 1970 hasta el 18,9% a finales de 2015.

El sector industrial manufacturero alemán proporcionaba cuatro de cada diez puestos de trabajo en el inicio de la década de 1970 y hoy ofrece menos de dos de cada diez ocupaciones. Proporcionalmente, Alemania ha perdido más de la mitad del empleo manufacturero en relación al empleo total desde 1970 (frente a los dos tercios de pérdida del empleo manufacturero norteamericano), pero a diferencia de EE.UU. la industria manufacturera alemana ha invertido más recursos relativos en innovación, ingeniería, diseño y en potenciar la formación profesional ligadas a las empresas.

El Gobierno de EE.UU. debería imitar a la industria manufacturera alemana e incentivar la innovación, la ingeniería, el diseño y la cualificación de la mano de obra, y dejar de lado el neoproteccionismo comercial.

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[1] Al contrario, la liberalización del comercio global y la importación de bienes intermedios y de materias primas más baratos mejora la competitividad de las empresas y aumenta las exportaciones de los países. Al respecto véase el estudio, ECB (2017): “The impact of global value chain participation on current account balances – a global perspective”, Economic Bulletin, issue 2, March, European Central Bank.

Ecosistema apto para innovadores?

Tras mi participación en una conferencia sobre innovación y emprendedores en el Banco Central Europeo (BCE), veo oportuno compartir las que parecen ser las claves hacia el éxito en el proceso innovador. La conferencia ha sido organizada  por Diego Rodríguez Palenzuela del BCE y Catherine Fazio del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y nos ha dado la posibilidad de interactuar con los diferentes actores que participan directa o indirectamente en el largo camino por el que se transforman las ideas en nuevos productos.

Entre los participantes se encontraban, no solo profesores del MIT  y otras universidades de renombre de varias disciplinas como ciencias políticas, organización de empresas, economía, nanotecnología, ingeniería; sino también políticos y representantes de instituciones, un parlamentario de Israel, representantes de la Comisión Europea, del Banco Europeo de Inversiones, de las Naciones Unidas,  y como no, emprendedores de varios países y representantes de consorcios relacionados con la innovación.

Paso a elaborar brevemente cuales son los retos, especialmente en los países de la Unión Europea, y las posibles soluciones que han sido planteadas y ardorosamente discutidas en los distintos paneles de expertos. Programa y Webcast están disponibles en el sitio: https://www.ecb.europa.eu/pub/conferences/html/20170313_fostering_innovation.en.html.

El primer reto es como conseguir incentivar a las empresas europeas para que innoven y para que sean capaces, no solo de crear nuevos productos, sino también de conservar el proceso de producción en la región y crecer en tamaño para pasar a ocupar un lugar en el mercado global. Aparentemente los europeos parecen tener una ventaja comparativa en “incremental innovation” mientras que los Estadunidenses la tienen en innovaciones disruptivas y son capaces de crecer tras una de estas invenciones y de llegar a “ocupar” un lugar en el mercado global, mientras que los europeos tienden a vender las start-ups antes de que alcancen un tamaño considerable.

Un estudio realizado por el Banco Europeo de Inversiones muestra que los mayores obstáculos a la innovación según las empresas europeas son la incertidumbre político-económica y las regulaciones del mercado de trabajo y las relacionadas con la creación de empresas, así como también la falta de trabajadores cualificados. Sin embargo, contrariamente a lo esperado, el acceso al crédito y los impuestos parecen sólo afectar a las empresas jóvenes y no a todas. Estos resultados no difieren mucho de los que hemos obtenido en un trabajo reciente realizado para los países MENA (Norte de África y Medio Oriente) en el que se analizaban los obstáculos para incrementar las ventas de las empresas y su productividad (http://www.femise.org/en/articles-en/tax-reform-in-egypt-could-make-its-companies-more-efficient/).

Otro reto planteado es que algunos de los indicadores tradicionalmente utilizados para medir la innovación, y en especial la inversión en I+D, puede que no sean los más adecuados hoy en día, y que debamos pensar en como medir la difusión de las nuevas tecnologías a través de datos relativos al proceso de adopción y uso de las mismas. La creación y desarrollo de nuevos productos parece estar más bien acelerada por la interacción entre “el sistema” “los emprendedores” y el “capital”, que es lo que expertos del MIT denominan el “ecosistema” innovador.

Finalmente, hoy día asistimos como espectadores impasibles a dos fenómenos socio-económicos. Primero, al proceso de cambio demográfico, que implica el envejecimiento de la población en Europa y el consecuente aumento de la tasa de dependencia. Segundo, a la persistencia de elevadas tasas de desempleo, en particular entre los jóvenes, llegando a alcanzar figuras de dos dígitos que superan el 30 por cien en algunas regiones del sur de España, Grecia o Italia. El problema está relacionado con la falta de programas adecuados de educación vocacional y con el hecho de que las universidades parecen haberse quedado “obsoletas” siendo incapaces de formar a los jóvenes para las profesiones del futuro.

Las soluciones a estos retos no son ni obvias ni homogéneas para todos. En primer lugar, el MIT a creado un programa, “Regional Entrepreneurship Aceleration Program” (REAP), cuyo principal objetivo es colaborar con distintas regiones en distintos continentes para incentivar y acelerar su progreso económico y social a través del desarrollo de ideas y su transformación en nuevos productos. En España, como ejemplo más próximo, participan Andalucía, Valencia y la comunidad de Madrid. La idea es crear un “ecosistema” apropiado para fomentar y acelerar la creación de empresas innovadoras, así como también darles el apoyo institucional y financiero adecuado para que sobrevivan en el mercado.

En segundo lugar, distintos estudios indican que la “clave” para innovar no está tan relacionado con la inversión en I+D, sino más bien con los procesos de interacción entre los distintos actores implicados, todavía no está claro si lo que debemos medir es la existencia de “clústers” o de regiones innovadoras o si, dado que el “ecosistema” es la unidad relevante para el proceso innovador, tal vez se requiera delimitar cuál es la unidad geográfica apropiada, si es que la hay, o si debemos definir “ecosistemas digitales”.

En tercer lugar, dado que los actores más importantes en el proceso de desarrollar nuevas ideas son las personas y  su educación y formación, cabe plantear cómo transformar los sistemas educativos con el uso de las nuevas tecnologías, dada la información que tenemos de una carencia de individuos formados para las profesiones del futuro. La educación debe pasar a dar una mayor importancia a enseñar como resolver problemas en todas las instancias, comenzando por la educación pre-escolar. Además, las personas tienen hoy la posibilidad, todavía infrautilizada, de asistir a cursos online ofrecidos por las mejores universidades del mundo y en los temas más variados. Tal vez se deba pasar a construir portafolios individualizados de acuerdo con las ventajas comparativas de la región donde se desea realizar un proyecto o crear una empresa. Para ello, las instituciones internacionales, nacionales y regionales juegan un papel de creciente importancia para contribuir a la existencia de un “ecosistema” apropiado que eduque a sus ciudadanos desde edades tempranas y los prepare para desarrollar ideas y crear los incentivos necesarios para acoger a los emprendedores y acompañarlos hacia el éxito.

Finalmente, no cabe duda que el proceso de innovación es disruptivo y que el miedo al futuro y a la falta de empleos adecuados está al orden del día. Hago aquí una reflexión para que observemos la historia y pasemos a pensar que una revolución industrial es un proceso en el que ciertamente se destruyen empleos, pero también se crean otros nuevos, y en profesiones de las cuales todavía ni siquiera sabemos de su existencia. Seamos pues techno-optimistas y pongamos los medios para que el proceso de cambio sea lo menos disruptivo posible.

 

¿Por qué ya no confiamos en los expertos?

Texto: Jordi Paniagua. Ilustración: Carlos Sánchez Aranda
Expertos

El valor del experto está a la baja. Las élites intelectuales y académicas que sentaban cátedra hace tan poco tiempo han perdido credibilidad y autoridad moral, ante una sociedad que no acepta ciegamente sus recomendaciones. Los resultados electorales impensables hace unos años nos hacen preguntarnos si estamos ante el ocaso de los expertos.

Los expertos (profesores, médicos o científicos que han dedicado buena parte de sus vidas a estudiar temas complejos) muestran signos de debilidad y se encuentran descolocados ante pseudo-expertos (tertulianos, twitteros y demás homeópatas intelectuales) que copan el espacio mediático y disputan su espacio intelectual. El último ejemplo lo pueden ver en este vídeo, donde una periodista defiende una terapia milagrosa para adelgazar argumentado que el experto (profesor en bioquímica) está gordo.

El debate de expertos en torno a expertos (que seguramente solo leen e interesa a los propios expertos) ha crecido en los blogs especializados y en los estudios académicos. Por ejemplo, el blog de LSE se hacía eco de una encuesta del Centre for Macroeconomics (CFM) que analizaba el papel de los economistas durante la campaña de Brexit. Aunque los expertos están divididos en torno al papel que jugaron (pregúntale a tres economistas algo y obtendrás cuatro respuestas), sí que hay más unanimidad en torno a las razones por las cuales los votantes no tuvieron en cuenta sus recomendaciones: los votantes utilizaron un razonamiento en contra del mainstream económico (ver cuadro). Paul Johnson (Institute for Fiscal Studies) identificaba  tres problemas principales: el fallo en la comunicación, la falta de velocidad en las respuestas y la ausencia de liderazgo.

El Institute for New Economic Thinking, una organización que promueve el pensamiento disruptivo en economía, ha organizado un simposio virtual, con varias aportaciones interesantes al respecto. Sheila Dow (Stirling, emérita) opina que la “gente se ha cansado de los expertos” (citando al ministro de educación británico) ante la incapacidad de los expertos (economistas en particular) de aunar su juicio técnico de consideraciones morales o políticas.

El debate académico en torno a los expertos ha intentado responder a dos cuestiones: ¿Por qué acudimos a un experto? y más recientemente ¿Por qué hemos dejado de confiar en los expertos?

Los economistas relacionan los expertos a ciertos temas complejos que se basan en la confianza. Los economistas denominamos, sin mucha imaginación, este tipo de bienes como “bienes de confianza” (crendence goods) y a los agentes que suministran estos bienes “expertos”. Como no podemos saber de todo (excepto si se trata de fútbol o economía), en muchas ocasiones recurrimos al juicio de expertos. Esto sucede cuando tenemos cierto interés por un tema complejo, pero no disponemos de las herramientas analíticas, experiencia o tiempo para  entenderlo en profundidad. Acudimos al médico porque sabe más de medicina que nosotros.

El mercado de bienes de confianza están muy relacionados con los problemas de información asimétrica expuesto por Arkelof (1970) en su famoso “mercado de limones”. A diferencia del mercado de limones, donde la información asimétrica entre se traduce en oportunidades de intercambio perdidas, el mercado de confianza desplaza ciertos bienes si el experto realiza un diagnóstico equivocado (Mistreatment). Ello se traduce en un nivel de intercambio sub-óptimo de bienes de confianza (aumento de precios, decisiones erróneas, abusos de los expertos).

Las causas del descrédito de los expertos se abordan en un reciente paper del profesor Nathaniel Hilger (Brown) “Why Don’t People Trust Experts?” publicado en el Journal of Law and Economics. La explicación es sencilla: nuestra ignorancia es doble. Alguien que sabe poco de medicina o de economía tampoco tiene elementos de juicio suficientes para valorar las aptitudes profesionales del experto. En términos técnicos diríamos que el no-experto no observa la función de costes del experto (tendría que ser un experto para poder hacerlo). Nos resulta muy complicado comparar el coste o la calidad  del experto. Adicionalmente, el experto puede recomendar tratamientos que sesgados en su propio beneficio. Cuando afloran estos fallos en el mercado de bienes de confianza, el experto se desacredita.

Por tanto, el valor del experto se reduce por dos vías. La más habitual ocurre cuando se producen fallos en el diagnóstico o el resultado del tratamiento no es el adecuado (como ha sido el caso antes y durante la crisis). Geroge Stigler, Nobel del 82, ya advertía en su libro  El Economista como Predicador, que ante la complejidad de la economía, la sociedad busca expertos para “sencillamente ordenar los asuntos de una nación frecuentemente desordenada” y sin embargo “los economistas ejercen una influencia menor y escasamente detectable sobre las sociedades donde viven”.

Adicionalmente el experto se devalúa cuando surgen pseudo-expertos o chamanes que apenas se diferencian del experto: tienen títulos académicos, algunos son profesores, publican sus ideas (aunque con métodos diferentes y en otras plataformas), manejan con soltura las redes sociales, donde  difunden masivamente sus razonamientos con convicción y hasta pasión. Realizan diagnósticos y recetan tratamientos sugerentes y aparentemente convincentes, pero convenientemente sesgados. La doble asimetría de Hilger, hace que se complique  enormemente la tarea de identificar a los expertos, incluso para los agentes más formados.

Por tanto, los expertos tienen hoy un doble reto por delante: recuperar credibilidad y desenmascarar al pseudo-experto. No es una tarea sencilla:  Las discusiones de los expertos suceden en ámbitos de análisis más sosegados y con menos componentes mediáticos. Además los profesores disponen de pocos incentivos (y poco tiempo) para difundir y defender sus ideas más allá del ámbito académico, por tanto “los grandes economistas no se han preocupado de la predicación” (Stigler, 1982).

Mejorar la ética profesional, los mecanismos de transmisión de la reputación y comunicación son algunas de las soluciones que propone Hilger en su artículo para  conseguir una mejor identificación experto (y su función de costes). Adicionalmente, como nos recordaba Stigler hace 35 años y más recientemente aquí, puede que sea hora que predicar con el ejemplo y arremangarse.

Europa, horas difíciles

Podría haber sido tiempo de festivas celebraciones: 25º aniversario del Tratado de Maastricht (7 de febrero) y 60º del fundacional Tratado de Roma (25 de marzo), pero las circunstancias aconsejan conmemoraciones de baja intensidad. Las tensiones se acumulan para una Unión Europea que lleva años haciendo frente a problemas sobrevenidos: la factura social de la severa crisis económica y de los programas drásticos de austeridad, el frustrado desenlace de la “Primavera árabe”, que ha revertido en turbulencias de todo tipo en el flanco sur del continente (desde guerras civiles a Estados fallidos, desde el terrorismo a la “crisis de los refugiados”), y probada debilidad en la frontera oriental, con episodios de presión militar (países bálticos) o abiertamente bélicos (Ucrania). Súmese a todo ello el “Brexit” —tampoco estaba agendado— y el cable que desea echar el presidente Trump jaleando a los partidarios de renunciar al proyecto comunitario, al que conoce como “el Consorcio” por si hubiera alguna duda. Cumplimos años rodeados de enemigos, ha dicho una voz señera de la propia UE. Sensación generalizada de vulnerabilidad, que alimenta, por una parte, el repliegue nacionalista y de xenofobia y, por otra, caída del apoyo ciudadano a la integración política, tal vez paralela a la pérdida de fe en ella por parte de las élites.

Resultado: horas difíciles. El populismo que predica el desmantelamiento del edificio compartido, con o sin moneda común, está presto para dos pujas electorales de máxima trascendencia: en Holanda el 15 de este mes de marzo; en Francia, a dos vueltas, entre el final de abril y el comienzo de mayo. En ambas citas las probabilidades de victoria del Partido para la Libertad, en un caso, y el Frente Nacional, en otro, no dejan de crecer semana a semana. La coincidencia con el radicalismo autoritario y nacionalista del Gobierno ultraconservador polaco y con la ofensiva similar en Hungría del primer ministro Orbán, no es casual, como no lo es la impotencia hasta ahora demostrada por la Comisión Europea para frenar ambas derivas. Tampoco nadie clama por impedir la erección de vallas y muros con objeto de taponar la ruta de los Balcanes, ese tortuoso pasillo que canaliza la mayor parte de los flujos inmigratorios: tierras de Hungría, Eslovenia, Macedonia y Austria; de militarizar las fronteras respectivas se habló en la Conferencia que reunió hace poco en Viena, sin apenas luz y taquígrafos, a 15 países europeos. Por su parte, Grecia sigue en la cuerda floja, mientras entra en escena ruidosamente —como acostumbra— una Italia con el mapa político cada vez más fragmentado y con un sistema bancario con una formidable carga desestabilizadora para toda la eurozona. De “crisis existencial” ha hablado Juncker.

Tanto es así que España, en ese marco, se erige hoy, hasta cierto punto, como contrafuerte. La “modesta” estabilidad gubernamental —se ha escrito— vale su peso en oro en los mercados de Bruselas y Berlín. La economía mantiene un tono vigoroso, comparativamente alto. Y la sociedad —lo mejor de todo entre nosotros— sigue esquivando tentaciones extremistas, sin organizaciones con peso de signo xenófobo o antieuropeo, y expresando de muy diversas formas apertura y capacidad receptiva, solidaridad y actitud acogedora. Contra tantos derrotistas, hoy la “anomalía” española en Europa ¡es por virtud y no por defecto!

TRUMP TAMBIEN AMENAZA A EUROPA

De cumplir todos sus compromisos electorales, la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU tendrá consecuencias de alcance sobre la economía mundial. Desde luego sobre la dinámica de globalización y las relaciones multilaterales que han presidido aquella desde la suscripción de los acuerdos de Bretton Woods, en 1944. Además de las ya adoptadas limitaciones a la movilidad de las personas, ha comprometido modificaciones importantes en la estructura fiscal, diversas actuaciones comerciales caracterizadas por un acusado proteccionismo, alteraciones en los compromisos medioambientales y, no menos importantes, desregulaciones financieras de gran significación. Aun cuando es pronto para evaluar el impacto de todas ellas e identificar a las economías mas afectadas, es claro que la Unión Europea (UE) sería, en principio, una de las más perjudicadas. Además de ser el principal socio de EEUU, la UE es responsable del 15% del comercio global de mercancías y del 25% del de servicios. También es la sede de numerosas empresas multinacionales con actividades en EE.UU. y en algunas de las economías donde el nuevo presidente ha centrado su agresividad inicial. A continuación se revisan esos cuatro ámbitos estrictamente económicos, sin menoscabo de otros, geopolíticos o directamente militares, donde las consecuencias pueden ser igualmente relevantes para la UE.

a) Política fiscal. Pendiente está de concretar las intenciones de expansión fiscal anunciadas durante la campaña. Comprometió el equivalente a un billón (de los nuestros) de dólares en tres destinos: reducciones impositivas sobre las empresas y sobre las personas, e incrementos en la inversión en infraestructuras y defensa. Dependiendo de la distribución final y del ritmo al que se hagan esas asignaciones, el resultado será una expansión a corto plazo del ritmo de crecimiento de la economía y, desde luego, elevaciones en la tasa de inflación. Con una tasa de paro del 4,8% y unos salarios creciendo cerca del 3%, las expectativas inflacionistas justificarían actuaciones más agresivas de la Reserva Federal en la ya anticipada senda de elevaciones de los tipos de interés. Y, con ellas, apreciaciones adicionales del tipo de cambio del dólar frente a la principales divisas, el euro entre ellas. Las economías con pasivos en dólares, en particular no pocas emergentes, verán encarecido el servicio de su deuda. En la eurozona, la asimetría entre ambas políticas monetarias no facilitará las cosas al BCE, generando un clima propicio a perturbaciones financieras. Dependiendo de las reducciones impositivas que finalmente practique a las empresas, sus competidores, desde luego las europeas, dispondrán de menores ventajas competitivas. En mayor medida si esa fiscalidad favorable se acaba vinculando a la producción doméstica, penalizando las importaciones

b) Política comercial y guerra cambiaria. Las intenciones marcadamente proteccionistas han sido las mas explicitas desde el inicio de su campaña. Y las que han se han concretado más rápidamente en decisiones sin pasar por las cámaras. El abandono del Acuerdo Transpacífico (TPP, comprensivo de 12 países con un PIB conjunto del 42% del mundial), las amenazas de revisión del NAFTA, del funcionamiento de la Organización Mundial de Comercio o la imposición de elevados aranceles a las importaciones mexicanas y chinas, son las más destacadas. Los nombramientos iniciales en este ámbito refuerzan las presunciones de un proteccionismo sin precedentes, desde que su antecesor Herbert Hoover hiciera lo propio agravando la Gran Depresión. Europa tampoco queda a salvo de las consecuencias de traslación de esa retórica a los hechos. Los fundamentos de la UE no son otros que el libre comercio, la apertura a la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, de la que dan cuenta la importancia relativa de sus exportaciones e inversiones directas en el extranjero. Además de la denuncia del ya moribundo TPPI, las simpatías de Trump por el Brexit y, en general, por la fragmentación de la UE, han sido suficientemente explícitas. La eurozona, y Alemania en particular, también ha sido objeto de acusaciones de manipulación del tipo de cambio con fines competitivos. De la ausencia de fundamentación de las mismas ya dio cuenta el presidente del BCE en su comparecencia en el parlamento europeo.

c) Respeto a los acuerdos medioambientales. Menos definitiva parece su posición final acerca del mantenimietno de los Acuerdos de Paris de 2015, suscritos por casi 200 países. La disposición durante la campaña electoral a denunciar esos acuerdos parece ahora menos contundente. Todavía días antes de las elecciones sostenía que el concepto de calentamiento global es una farsa creada por las autoridades chinas con el fin de erosionar la competitividad de las manufacturas americanas.

d) Desregulación financiera. Las actuaciones desestabilizadoras se completan con las orientadas a reducir la regulación sobre el sistema financiero diseñada tras la emergencia de la pasada crisis. El objeto de ataque es el conjunto normativo conocido como “Reforma Dodd-Frank”, a cuya revisión ya ha dedicado unas de las primeras órdenes ejecutivas. Una sección de esa ley, la denominada “regla Volcker”, que prohíbe a las instituciones financieras operaciones por cuenta propia en instrumentos y con instituciones considerados especulativos, será la primera en caer. También serán objeto de revisión a la baja las exigencias relativas a la protección de los consumidores de servicios financieros. Los acuerdos internacionales que establecen los requerimientos mínimos de recursos propios de los bancos han sido considerados un obstáculo al crecimiento del crédito, por lo que serán igualmente contestados. Las vías de impacto en el resto del mundo del eventual desmantelamiento de esas regulaciones pueden ser importantes. Además de las ventajas competitivas de los bancos bajo una regulación más laxa, la escena financiera global queda más expuesta a episodios de inestabilidad. Desde antes de la emergencia de la crisis de 2007 hemos tenido evidencia suficiente del potencial de contagio de las crisis nacionales, pero fue esa la que permitió constatar que en el espacio financiero actual ya no existen crisis financieras locales.

Con independencia de las grandes dudas sobre la racionalidad de ese conjunto de decisiones, definidas todas ellas por una reversión sin precedentes de la dinámica de integración global y de las posibilidades de gobierno a través de las organizaciones multilaterales, su concreción tendrá consecuencias adversas sobre la economía estadounidense y el conjunto de la mundial. Por el momento, la incertidumbre ya se ha instalado en las decisiones de no pocas empresas y gobiernos, no solo aquellos con vínculos comerciales o inversores más estrechos con EEUU. La emergencia de guerras comerciales o de divisas, en un contexto de debilitamiento de los flujos de comercio, y de los de capital hacia las economías emergentes, no favorecerá el crecimiento económico. Tampoco en Europa.

A punto de celebrarse el 60º aniversario de la suscripción del Tratado de Roma, la UE, han reconocido propios y extraños, atraviesa la peor crisis existencial desde entonces. El país que fue uno de los principales inspiradores de la idea de integración europea es ahora gobernado por un partidario de su fragmentación, que se propone adoptar decisiones que limitarán seriamente la capacidad de la UE para corregir las secuelas dejadas por la crisis. A los no poco relevantes focos de incertidumbre política internos se añaden los derivados de acciones por la primera potencia mundial que pueden condicionar la estabilidad geopolítica de la región y, desde luego, la capacidad para conseguir ritmos de crecimiento compatibles con el bienestar de la mayoría de los ciudadanos. La respuesta a ello no puede ser esa “paciencia estratégica” que pareció emerger de la última cumbre de Malta, sino avances claros hacia la adopción de políticas de inversión y de fundamentación de la unión política.

(Diario El País 18/02/2017)

Las exportaciones españolas están concentradas en pocas empresas

En España, casi 150.000 empresas realizaron ventas al exterior en el año 2015. Sin embargo, la mayor parte del valor exportado se debe a unas pocas empresas.

En un trabajo reciente, realizado en colaboración con Juan de Lucio, Raúl Mínguez y Francisco Requena, mostramos que la empresa que más exporta fue responsable del 3% del total del valor de las exportaciones de mercancías en España en el año 2015; las cinco empresas más exportadoras del 10%; las 50 más exportadoras de un tercio; las 200 más exportadoras de la mitad, y las 1.000 más exportadoras de dos tercios del total de las exportaciones españolas. Es decir, solamente el 0,68% de las empresas (1.000/147.378) fueron responsables de dos tercios de las exportaciones españolas en 2015.

Las empresas más exportadoras venden a más países y más productos que el resto de exportadores. En concreto, las empresas más exportadoras venden, en media, a 38 destinos internacionales y 57 productos diferentes, mientras que el resto de exportadores venden a 3 destinos y 5 productos. Los capítulos arancelarios más exportados por las primeras 1.000 empresas son equipo eléctrico y electrónico, maquinaria, automóviles, frutas y plástico.

El grado de concentración de las exportaciones por empresa es superior al que observamos en otras variables, como las ventas totales o el empleo. En concreto, mientras las 1.000 primeras empresas son responsables de dos tercios de las exportaciones, las 1.000 primeras empresas acumulan el 46% de las ventas, o el 29% del empleo.

Si unas pocas empresas dominan las exportaciones, éstas deben jugar un papel muy importante en la especialización comercial y en la dinámica de las exportaciones agregadas en España. Para analizar la especialización, calculamos la ventaja comparativa revelada de España en cada uno de los 96 capítulos arancelarios durante el periodo 2010-2012. Un país tiene ventaja comparativa revelada en un producto si la participación de ese producto en el total de las exportaciones del país es superior a la participación de ese producto en el total de las exportaciones mundiales. España tiene ventaja comparativa revelada en 45 de los 96 capítulos arancelarios. Destaca la especialización de España en corcho, alimentación, cerámica, automóviles, farmacia, prendas de vestir y productos siderúrgicos. Si eliminamos las 10 empresas más exportadoras de cada capítulo arancelario, España perdería ventaja comparativa revelada en 25 de ellos. Estos capítulos representan el 56% de los capítulos en los que España tiene ventaja comparativa revelada, y el 26% de las exportaciones españolas. Aunque no podemos determinar cuál sería el comportamiento del resto de exportadores si desaparecieran las 10 empresas más exportadoras en cada capítulo arancelario, los cálculos sugieren que, en muchas industrias, la especialización comercial puede estar determinada por unas pocas empresas. Ésto podría representar una debilidad, si dichas compañías deciden implantarse fuera de España, con la consecuente pérdida de la ventaja comparativa asociada.

 

Finalmente, analizamos la contribución de las empresas más exportadoras a la dinámica de las exportaciones agregadas de la economía española. La evolución de las ventas españolas de un producto en un destino se puede deber a factores específicos de ese producto y destino, como una reducción de aranceles, que afectan a todos los exportadores; o a factores específicos de cada una de las empresas exportadoras, como ganar una licitación. Nuestras estimaciones muestran que un tercio de la evolución de las exportaciones españolas durante el periodo 1997-2015 se explica por factores específicos de las 5 empresas más exportadoras en cada producto y destino. Este resultado pone de manifiesto que unas pocas empresas contribuyen de forma notable a la dinámica conjunta de las exportaciones españolas.

En definitiva, la concentración de las exportaciones en unas pocas empresas tiene importantes implicaciones sobre la competitividad exterior y las oscilaciones que a lo largo del tiempo se pueden observar en las exportaciones. En este sentido, cabe preguntarse sobre las consecuencias que la elevada concentración de las ventas al exterior tiene sobre la política comercial. Por ejemplo, si España quisiera impulsar las exportaciones, ¿debería concentrar su esfuerzo en las nuevas empresas exportadoras o en las empresas más exportadoras? ¿Con los instrumentos actuales, están atendidas las necesidades específicas de diplomacia comercial de los grandes exportadores? ¿Deberían centrarse las políticas de promoción exterior en la captación de inversiones de los grandes exportares mundiales? ¿Cómo podemos trasladar la capacidad competitiva de los grandes exportadores al resto de empresas del sector?

¿La ANECA acredita y la Universidad se cualifica?

servicio1290504872528Unos de los temas más populares en este y otros blog de economistas académicos son precisamente los profesores universitarios y la universidad en general. Anteriormente hemos hablado sobre temas como la reforma de los grados universitarios o los sexenios. La reciente modificación de lo criterios para la acreditación del profesorado titular y catedrático merece también captar nuestra atención.

Podríamos interpretar el sistema de acreditación del profesorado como un vestigio nuestra tradición de derecho civil  según el cual un entidad pública (la ANECA) certifica la idoneidad de un candidato a profesor universitario. Para ello utiliza una serie de criterios, informes de evolución y comités que examinan la información aportada por el candidato a profesor. Es un hito importante en la carrera académica de cualquier profesor ya que la acreditación es la vía de acceso y promoción más habitual en la universidad española.

En los países anglosajones de derecho común no existe un accésit burocrático y la contratación se realiza de una manera parecida a la del sector privado conocido como tenure track. Se contrata un profesor de manera temporal tras una entrevista (normalmente impartiendo una clase o seminario). Pasado un tiempo (cinco años de media), una comisión académica determina si ha alcanzado el nivel necesario para incorporarse al claustro (normalmente por la calidad de las publicaciones). Este sistema sería el ideal si no fuera porque la realidad de nuestra universidad no es la ideal (como han puesto de manifiesto los recientes casos de plagio y endogamia). La acreditación de la ANECA es un primer filtro calidad ineficiente pero necesario. El día que no necesitemos la ANECA será una buena noticia, como se apunta aquí.

El nuevo sistema incluye novedades que van, a mi entender, en buena dirección. Sin embargo, si analizamos los incentivos que proporciona a los candidatos, plantea algunas dudas sobre si contribuirá a mejorar la calidad y competitividad universidad en un plazo razonable. La cuestión es, ¿qué universidad conformarán los doctorandos que se acrediten dentro 5 ó 10 años?

El sistema de acreditación es hoy por hoy un garante importante de la calidad de la enseñanza superior. Además del diseño institucional y recursos, calidad del profesorado  determina en buena medida la calidad de la enseñanza e investigación. El diseño del sistema de acceso y selección del profesorado influirá profundamente en la universidad. Por el lado positivo, los nuevos criterios priman el margen intensivo frente al extensivo. Se acabó la acumulación de micro-méritos, se reduce la burocracia y se premian méritos con mayúsculas.

Todo ello aumentado en algunos puntos la transparencia publicando explícitamente los criterios. En nuestro ámbito (la Economía) una catedrático notable debe publicar 12 JCR con la siguiente distribución: 8 publicaciones de Nivel 1 (JCR (Q1 o Q2) o SJR (Q1)) y 4 de Nivel 2 (JCR (Q3) o SJR (Q2)). Un titular excelente debe publicar “seis artículos en revistas indexadas en el Q1 JCR, o bien cuatro en el D1 del Journal Citation Reports (JCR).”

A continuación describe una serie de “Méritos complementarios”, de los que hay que aportar al menos cinco. (Ahora ya podemos escoger entre cuatro, cinco y seis). El documento detalla 14 méritos agrupados en áreas: Calidad y difusión, Calidad y número de proyectos competitivos, Movilidad y Otros méritos de investigación. El primer mérito complementario es “Publicación  de  artículos  en  revistas  del  JCR  o  Scimago  Journal  Rank  (SJR)  del  primer  decil  de acuerdo  con  el  índice  de  impacto  o  Eigenfactor  score  (de  1 a 3 meritos)”

Cómo ya ocurrió con los sexenios la ANECA acaba con el monopolio JCR (como ya dijimos aquí), incluyendo el índice SCOPUS. En este índice la inflación de revistas y categorías es mucho mayor que en JCR. Por ejemplo, en Business 1369 revistas y 306 Q1 y Economics 881 y 217 Q1. Es decir, en el índice SJR hay casi tantas Q1 como el total de revistas en JCR. Además, incluye muchas más categorías.

Como nota al margen, parece previsible que los criterios de los sexenios se alineen con los de la acreditación en el futuro. Para obtener un sexenio “basta” con que “cinco  aportaciones  sean  artículos  publicados  en  revistas  que  ocupen  posiciones relevantes” en JCR o SCOPUS. Podría darse el caso que un profesor con varios tramos de investigación reconocidos fuera calificado como mediocre (“B” o “C”) en la acreditación de su actividad investigadora.

Conviene también resaltar que la normativa añade al conocido factor de impacto (basado en el número de citas) el Eigenfactor (número de vistas). El Eigenfactor suele premiar a journals potentes,  generalistas y muy leídos por toda la comunidad científica, como Nature que es el primero de la lista. El factor de impacto criba de entre los lectores cuantos piensas que es la contribución es relevante.

Sin embargo, hay tres aspectos de la reforma que plantean ciertos interrogantes. En primer lugar, el sistema permite la acreditación a CVs con un déficit de investigación. En el anterior sistema era necesario obtener una puntuación mínima en cada apartado (investigación, docencia y gestión) para obtener la acreditación correspondiente. Por ejemplo un titular necesitaba 50 puntos en investigación según un baremo de publicaciones, proyectos etc. Quien no llegaba a un mínimo de 50 puntos no obtenía la acreditación, independientemente de la puntuación en las otras áreas.

Por el contrario, el nuevo sistema de acreditación establece una escala cualitativa ordinal para medir las áreas desempeño académico (investigación, docencia, transferencia, experiencia profesional y gestión académica): A excelente; B notable; C déficit compensable y D insuficiente. Obteniendo dos notables en investigación y docencia se obtiene la acreditación en las dos figuras (titular y catedrático). La ANECA solo ha publicado aquellos criterios habilitantes (por ejemplo una A en titular que habilita a Catedrático a aquellos que sean titulares o una B en cátedra), por lo que no podemos saber con exactitud que se considera un déficit compensable en investigación. Pero nos podemos hacer una idea al estar la C por debajo del nivel de exigencia del notable. A diferencia del anterior sistema, el modelo vigente permite compensar la mediocridad investigadora  con una excelencia profesional o en gestión.

El segundo problema es el sesgo disciplinar que introduce la normativa al considerar cualquier área incluida en listado JCR. Si publicar es de por sí complicado, en economía todavía más por las razones que ya apuntamos aquí. Pero incluso dentro de las ciencias económicas, la heterogeneidad en las distintas disciplinas es considerable. Ya no tanto por la mayor complejidad de unas frente a otras (que también), sino por el distinta oferta de revistas Q1 según áreas. Por ejemplo, si publicamos en Business (120 revistas en total y 30 Q1), Economics (334 y 86 Q1), Business & Finance (94 y 23 Q1), Management (280 y 70 Q1). Por establecer una línea divisoria: Economía tiene 86 Q1 frente a 123 Q1 de Empresa. Además, las revistas con con una doble indexación que “importan” citas de otras disciplinas subiendo el factor de impacto. Con lo cual, el sistema marca unos incentivos claros para publicar (o intentarlo al menos) áreas limítrofes con más oferta de  Q1. Estoy convencido que tenemos mucho que aportar y aprender de otras disciplinas. Lo que no tengo tan claro es si se tuvo en cuenta los efectos en la composición de la investigación universitaria.

La tercera cuestión es el proteccionismo académico que se destila del sistema de acceso al cuerpo de catedráticos. La normativa impone una barrera de entrada difícil de entender al exigir unos criterios distintos para los titulares funcionarios y para el resto. Mientras que el insider le basta con dos Bs, el outsider debe obtener previamente una A en investigación en la acreditación a titular (6xQ1).

Sin embargo, esta barrera tampoco parece ser una gran preocupación para las mejores universidades (públicas y privadas). Por ejemplo, las tres grandes escuelas de negocios de nuestro país se sitúan al margen de este sistema y apuestan directamente por contratar en el job market con un tenure track. En Catalunya, muchos departamentos iniciaron una apuesta similar con los fondos del ICREA y del GSE Research Endowment. Otras, como Deusto, Comillas y Ramon Llull apuestan por sistemas alternativos parecidos a los de Georgetown, Fordham y Boston College, con quien han han forjado un Campus de Excelencia Internacional.

Para la reflexión: Si llegara a haber un premio Nobel en Economía de nuestro país, ¿dónde creen se habría formado? Y en el caso más improbable que impartiera docencia en España ¿dónde lo haría?

La nueva política comercial de los EE.UU. y el futuro de los Acuerdos de Libre Comercio

El nuevo presidente de EE.UU., Donald Trump, ha empezado a poner en marcha una nueva política comercial basada en el proteccionismo y la no participación de su país en los Acuerdos de Libre Comercio (ALC) en vigor o en fase de negociación. Veamos la situación actual de estos ALC.

a) TPP: Trans-Pacific Partnership; ATCE: Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica

En el TPP participan 12 países de la cuenca del Pacífico incluyendo a EE.UU. pero excluyendo a China (véase mapa adjunto). El TPP ya ha sido firmado, pero está pendiente de ratificación de los países miembros. El Presidente Trump firmó la orden ejecutiva el pasado 23 de enero para iniciar el proceso legal de salida de este ALC.

Fuente del mapa: Reuters

b) FTAAP: Free Trade Area of the Asia-Pacific; ALCAP: Área de Libre Comercio de Asia y el Pacífico

El FTAAP es un ALC promovido por el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) creado en 1989 para promover el libre comercio en esta región. En las negociaciones del FTAAP participan 21 países, incluido EE.UU. (véase mapa adjunto).  Las negociaciones van muy retrasadas. El Presidente Trump ya ha anunciado que los EE.UU. no participará en el FTAAP.

Fuente del mapa: Reuters

c) NAFTA: North American Free Trade Agreement; TLCAN: Tratado de Libre Comercio de America del Norte

El NAFTA es un ALC vigente desde 1984 en el que participa los EE.UU. junto a Canadá y México. El pasado 23 de enero el Presidente Trump firmó una orden ejecutiva para renegociar el NAFTA. Canadá da por muerto a este ALC, mientras que México ha anunciado que tratará de minimizar los costes para su economía en las renegociaciones con EE.UU.

d) TTIP: Transatlantic Trade and Investment Partnership; ATCI: Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión

El TTIP es un ALC entre EE.UU. y la Unión Europea (UE) que ya ha sido negociado pero está pendiente de ratificar. Los EE.UU. y la UE suman cerca del 60% del PIB mundial, un tercio del comercio internacional de bienes y servicios y forman un mercado de 800 millones de consumidores.

En 2014, la UE mantuvo su posición como mayor socio comercial de los EE. UU. en materia de comercio de mercancías, por delante de Canadá y de China. Los EE. UU. fueron el principal destino de las exportaciones de la UE en 2014, absorbiendo el 18,3 % de las exportaciones totales de bienes de la UE (en comparación con el 9,7 % correspondiente a China). Los EE. UU. ocuparon el segundo puesto entre los socios de importación de la UE, y aun así suministraron el 12,2 % de los bienes importados por la UE. En este aspecto, los EE. UU. se quedaron por detrás de China, que suministró el 17,9 %, pero superaron a Rusia, que suministró el 10,8 % de las importaciones totales de la UE. En 2014, la UE registró un superávit del comercio de mercancías de 104.900 millones de euros con los EE. UU.

Las exportaciones de servicios de la UE a los EE. UU aumentaron entre 2012 y 2014, al igual que las importaciones a la UE de servicios de los EE. UU. En 2014, la UE registró un superávit del comercio de servicios de 11.600 millones de euros con los EE. UU.

El TTIP hubiera llevado a la mayor zona de libre comercio del mundo pero el Presidente Trump ha anunciado que los EE.UU. no ratificará este TLC en su actual redacción.

e) RCEP: Regional Comprehensive Economic Partnership; AEIR: Asociación Económica Integral Regional

El RCEP es una ALC que se está negociando entre 16 países de Asia y el Pacífico (no está EE.UU.) y que está liderado por China (véase mapa adjunto). El RCEP toma un nuevo impulso para la promoción del libre comercio en la región, una vez que EE.UU. ha decidido no participar en el TPP y en el FTAAP.

Fuente del mapa: Reuters

En conclusión, es muy probable que los acuerdos comerciales bilaterales se van a imponer a los multilaterales con la nueva Presidencia de Donald Trump. Malos tiempos para el libre comercio mundial. Y una paradoja, China toma el relevo de EE.UU. en la defensa del libre comercio.

@lacasablanca

En el vendaval de temerarias decisiones que ha inaugurado el mandato presidencial de Donald Trump, la eliminación del español de la web de la Casa Blanca parecería solo algo minúsculo. Al lado del desmantelamiento de los grandes acuerdos comerciales —Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y Tratado de libre comercio de América del Norte (Nafta)—, de la subordinación de las políticas de medio ambiente a la industrialización estadounidense, del veto a la entrada de inmigrantes y refugiados o de la oportunidad de practicar la tortura en ciertas situaciones, la supresión del botón “En Español” de la página oficial, el que desde 2009 redireccionaba a la web en castellano y destacaba temas de interés para la comunidad hispana, apenas alcanzaría el rango de anécdota. Hay, sin embargo, bastante de categoría en esa subrepticia medida.

Su relevancia es doble y apunta en la misma dirección: combatir la influencia de lo hispano en el gran país americano. Por una parte, la desaparición del español en la web presidencial —también del blog en español mantenido durante los dos mandatos de Obama y del portavoz de prensa específicamente dedicado a los medios en español— es complemento de la apertura de hostilidades frente a México que supone la orden ejecutiva para construir un muro en la frontera que separa ambas naciones y el declarado propósito de revisar —quizá revocar— su pacto comercial, pues la anunciada reconsideración del Nafta mira más al sur que a Canadá. Xenofobia —34 millones de mexicanos viven en EEUU, un 11 por ciento de la población total— y proteccionismo —la balanza comercial de EEUU con México es claramente deficitaria— haciendo equipo. Por otra parte, la “mordaza al español” es muy indicativa no solo del escaso aprecio que por la comunidad hispana siente el nuevo presidente, sino también de su beligerante actitud frente a la acrecida presencia latina, tanto demográfica como cultural, en la sociedad americana. El muro en la frontera es una agresión contra toda América Latina, se ha dicho con razón. Un ánimo combativo —“este es un país donde hablamos inglés, no español”, afirmó en septiembre de 2015 el magnate cuando tanteaba su salto a la política— que concuerda bien con el conservadurismo instintivo de la América profunda y con las formulaciones teóricas que desde hace al menos un cuarto de siglo —piénsese en la obra de Samuel Huntington, a comienzos de los años 90— alertan de un silencioso pero inevitable “choque de civilizaciones”, con pérdida de la hegemonía del componente anglosajón en el propio recinto de los EEUU.

Tiempo difícil. Por supuesto que el sistema democrático de EEUU deja un amplio margen de maniobra para que legisladores y jueces maticen o frenen lo que desde el ejecutivo se impulsa. Pero es rotundamente manifiesta la voluntad involucionista de tendencias que hasta ahora se daban como irreversibles: el sistema comercial multilateral, la integración económica, el avance de los espacios de libertad y derechos humanos… y también el ascenso del español en los Estados Unidos, la tierra de promisión para una lengua que suma ya más de 550 millones de hablantes y tiene bien acreditada su condición de segunda lengua de comunicación internacional, tras el inglés.

Son muchos intereses de España, ocioso resulta decirlo, los que están en juego.

Indicador de coyuntura: Enero 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta noviembre de ventas y producción industrial, y hasta diciembre de renta y de afiliados. El valor que toma el indicador continua oscilando en los niveles en los que se mantiene desde hace tres años por lo que pensamos que la recuperación económica sigue siendo sólida. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en diciembre es de 1,6, un poco por encima del valor que tomó en noviembre de 1,3

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, casi los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan un incremento mayor. La producción industrial y las ventas crecen en noviembre 4,6% y 3,4%, por encima de los valores que presentaron en octubre de -2,2% y 2,4%. Por su parte, los afiliados pasan de crecer 3,0% en noviembre a crecer 3,2% en diciembre. El único indicador con un crecimiento menor es la renta, que pasa de crecer 3,9% en noviembre a 3,2% en diciembre.

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