El triunfo de la injusticia: cómo los ricos evaden el pago de impuestos y cómo hacer que paguen: el caso de EE.UU.

El pasado 15 de octubre se publicó un libro de lectura obligatoria para los economistas (académicos o no) y los estudiantes de economía interesados en los temas de los impuestos, la desigualdad de la renta (y la riqueza) y los instrumentos que pueden ser útiles para reducir estas desigualdades. En el libro se trata el caso particular de la economía americana, pero el contenido puede ser aplicable a otros países como España en pleno debate sobre si se debería endurecer la tributación de la riqueza (o patrimonio).

El libro que lleva por título The Triumph of Injustice: How the Rich Dodge Taxes and How to Make Them Pay (“El triunfo de la injusticia: cómo los ricos evaden el pago de impuestos y cómo hacer que paguen”) ha sido escrito por dos economistas académicos que han revolucionado con sus multiples trabajos el estudio de la desigualdad. Se trata de Emmanuel Saez Gabriel Zucman, ambos de  (la Universidad of California, Berkeley, EE.UU. [1]

La desigualdad social sigue creciendo en Estados Unidos a pesar de lo que diga el presidente Donald Trump. Su reforma fiscal de 2017, que debía beneficiar a la clase media y a los trabajadores, según defendió al presentar la reforma y sigue defendiendo en la actualidad, no deja de ser otra de sus patrañas.

Del libro de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman podemos destacar tres ideas fundamentales.

En primer lugar, que los ricos estadounidenses pagaron en el 2018 por primera vez menos impuestos que el resto de los ciudadanos. En concreto, el grupo de los 400 estadounidenses mas ricos (top 400 de la lista de Forbes) pagaron el pasado año por primera vez menos impuestos, incluyendo los tributos federales, estatales y locales, que el resto de grupos. De hecho, las familias más adineradas abonaron un tipo medio efectivo impositivo [2] (la que realmente se paga, no el tipo medio nominal impositivo) de un 23%, mientras que para la mitad inferior de los hogares estadounidenses (bottom 50%) estuvo más de un punto porcentual por encima, en el 24,2% (véase gráfico adjunto).

En contraste con los estos últimos datos de 2018, los 400 más ricos pagaban en 1980 unos tipos medios efectivos impositivos del 47%, cifras inferiores al 56% de 1960 o el máximo alcanzado del 70% en 1950. En cambio, los tipos medios efectivos impositivos del bottom 50% han registrado pequeñas variaciones en décadas. Y como anécdota muestran que por primera vez en más de un siglo, los multimillonarios ahora tienen tipos medios efectivos impositivos más bajos que sus secretarias.

En segundo lugar, que la mayor desigualdad registrada en EE.UU. tiene un motor: un sistema fiscal injusto. Además explican con claridad cómo el país se apartó del sistema tributario más progresista de su historia para adoptar políticas que solo sirven para gravar la riqueza de unos pocos.

En tercer lugar, plantean que las elecciones deliberadas de los políticos han conducido en la actualidad a tres  efectos perversos del sistema tributario de EE.UU.: a) la exención gradual de los propietarios del capital; b) la aparición de una nueva forma de evasión fiscal;  c) el nacimiento de una espiral de competencia fiscal entre las naciones.

Por otro lado, Sáez y Zucman proponen una reinvención novedosa y práctica de los impuestos, proponiendo reformas tributarias que puedan permitir que la justicia fiscal triunfe en un mundo globalizado de hoy y que la democracia prevalezca sobre una riqueza concentrada en pocas manos.

Finalmente, los autores han diseñado un sitio web complementario pionero que permite al lector una evaluación de las políticas impositivas las propuestas en el libro y realizar u8na simulación de su propia reforma fiscal alternativa. La dirección web es taxjusticenow.org.

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[1] Otras lecturas recomendadas de estos autores son:

World Inequality Database (WID.world) with Facundo Alvaredo, Lucas Chancel, Thomas Piketty, and Gabriel Zucman; World Inequality Report 2018, Harvard University Press.

“Distributional National Accounts: Methods and Estimates for the United States” with Thomas Piketty and Gabriel Zucman, Quarterly Journal of Economics 133(2), 2018, 553-609. [(first draft NBER Working Paper No. 22945, December 2016) (Online Appendix) (Slides) (Website and Data) (WCEG Summary)]

“Income Inequality in the United States, 1913-1998” with Thomas Piketty, Quarterly Journal of Economics, 118(1), 2003, 1-39 (Longer updated version published in A.B. Atkinson and T. Piketty eds., Oxford University Press, 2007) (Tables and Figures Updated to 2018 in Excel format, October 2019).

[2] Porcentaje real que una persona física o jurídica paga a la Hacienda Pública. Se obtiene aplicando primero a la base imponible el tipo de gravamen (tipo nominal impositivo), que puede ser el impuesto de sociedades (IS) o el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). Este cálculo da como resultado la cuota íntegra, a la que hay que restar las deducciones para obtener la cuota líquida. Por último, la cuota líquida se multiplica por 100 y se obtiene el tipo medio efectivo de gravamen.

El incierto futuro ante la consolidación de la inteligencia artificial

Por Luis Moreno Izquierdo, profesor del Departamento de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alicante.

Las XXXIV Jornadas de Alicante sobre Economía Aplicada se han convertido, por calidad y experiencia de los ponentes, su excelente organización, los temas tratados, y por supuesto por tradición, en uno de los foros de economía más esperados y respetados de España.

Este año, fiel a su cita para alimentar debates y exponer resultados de nuevas áreas de interés para los expertos, el tema escogido ha sido la ‘4ª revolución industrial’, siendo su tecnología base -la inteligencia artificial- la verdadera protagonista del encuentro.

A pesar de las diferentes exposiciones y tonos más o menos tecno-optimistas, todos los ponentes coincidimos en el cambio sustancial y transversal que supondrá para nuestras empresas, gobiernos, emprendedores, trabajadores y sociedad en general la consolidación de la inteligencia artificial y su hibridación con el resto de sectores económicos. Esto incluye, por supuesto, temas de estudio tan apasionantes como los efectos de la automatización del empleo, la protección y uso de datos por parte de empresas y administraciones, la aparición de nuevos modelos de negocio, o el papel de las universidades en la formación de los profesionales del futuro, entre otros muchos.

Pero si algo resultó especialmente interesante fue la preocupación que existe ante el liderazgo tecnológico que se disputan China y Estados Unidos, con una Europa sobrepasada por los acontecimientos, en la encrucijada de sostener a sus industrias líderes o de reinventarse. Emilio Ontiveros en la sesión del viernes supo reflejar de forma magistral esta situación, con datos que muestran, por ejemplo, cómo la inversión en I+D respecto al PIB del gigante asiático ya ha superado al conjunto de la UE y apunta hacia Estados Unidos.

Pero más allá de la inversión en I+D es importante hacernos eco del tipo de apuesta que se está realizando en cada zona del planeta. En este sentido Europa dedica gran parte de su presupuesto a innovar sobre una base industrial tradicional, que reconozcámoslo, no está dando grandes resultados: las empresas tecnológicas brillan por su ausencia, y a excepción de Spotify y algunas fintech, solo sobresalen las compañías de telecomunicaciones con décadas (incluso algún siglo) de tradición, fruto de la liberalización ventajosa de su sector, y que cada día se encuentran más amenazadas por nuevas aplicaciones y herramientas.

Mientras tanto, en Estados Unidos sus gigantes tecnológicas apenas cuentan con dos décadas de tradición, y son absolutas líderes en patentes e inversión en vanguardia tecnológica. Google, Amazon, Apple, IBM, Facebook o Microsoft no son solo las referentes de la economía de internet, sino que también apuntan a serlo de la siguiente generación.

Por no hablar de China, que con su programa MIC2025 ha puesto todos los huevos en la cesta de la disrupción: inteligencia artificial, big data, energías renovables… El papel del gobierno está siendo fundamental en este proceso, y aunque surjan dudas respecto a la situación futura de su economía (posible boom de la vivienda, contaminación, consumo de las clases medias,…) desde Beijing tienen muy claro que el liderazgo global ha pasado históricamente por ser la primera potencia tecnológica.

En palabras de Emilio Ontiveros, Europa tiene mucho camino que recorrer. Quizá con la liberación de fondos públicos se consiga poner en marcha a un viejo continente demasiado pendiente de sus sectores tradicionales como la construcción, el turismo o el automóvil. Pero es evidente que sin programas de educación que apuesten por el pensamiento computacional, sin la colaboración entre empresas y universidades que impulse la contratación de científicos en el sector privado, o sin las facilidades para el desarrollo y creación de empresas tecnológicas, Europa sucumbirá ante la consolidación global de la inteligencia artificial.

Todas estas cuestiones, y otras muchas del mismo interés, fueron expuestas en unas jornadas para la historia, que han trazado una línea de debate apasionante ante la magnitud de los retos que trae para cualquier ámbito socioeconómico la nueva ola tecnológica, la de la 4ª revolución industrial.

 

 

Polarización: “vade retro”

Partidos políticos y medios de comunicación apuestan, un día sí y otro también, por una sociedad española escindida en bloques antagónicos, en mitades separadas por una línea de fractura insalvable. Quizá así el activismo político —al acudir a la épica o llamar a rebato— gane adhesiones; por su parte, los informadores, al simplificar el análisis de unas u otras situaciones, vean facilitado su trabajo (ejemplo bien ilustrativo: la presentación de resultados por TVE en la noche electoral, desde el primer minuto del recuento hasta el cierre de la emisión, subrayando el supuesto antagonismo con marcados colores diferentes, rojo y azul, por si no quedaba claro). Pero es un planteamiento que no responde a la realidad ni ayudará a afrontar los problemas que tenemos por delante.

Con todos los matices que se quiera, el 10N ha vuelto a expresar la decantación ideológica que la sociedad española mantiene desde las primeras elecciones en democracia: una amplia mayoría a favor de posiciones de centro izquierda o de centro derecha, representadas por los dos grandes partidos que se han alternado en el Gobierno de la nación desde entonces. Ni el desplome de Ciudadanos ni el ascenso de Vox contradicen tal percepción. En el primer caso, el acento que aquellas mayoritarias formaciones han puesto en su perfil más moderado durante la campaña, ha recortado el terreno del que disponía antes el partido que se definía propiamente de centro; y en el caso de la extrema derecha, no tardará en saberse cuánto tiene de reactivo —y, por tanto, de no permanente— el alto porcentaje de votos ahora obtenido, al catalizar un momento de miedo e indignación.

La conformación de bloques parlamentarios polarizados y enfrentados, además de no reflejar fielmente el espectro de la opinión pública, no es la mejor receta para afrontar los principales desafíos que hoy están planteados. Algunos de estos no admiten demora:

  • Cataluña y la organización territorial del Estado.
  • La desaceleración económica, desemboque o no en crisis, que puede profundizar problemas arrastrados todavía desde la Gran Recesión.
  • La reestructuración del sistema de pensiones y de bienestar social, con el telón de fondo de una demografía que reclama una atención que hasta ahora no se le presta.
  • El esfuerzo en educación, investigación e innovación, para no perder pie en esta nueva fase de la revolución tecnológica asociada a la robotización y el desarrollo de la inteligencia artificial, con efectos determinantes sobre la productividad de nuestro tejido productivo.
  • El posicionamiento en el nuevo ciclo de la Unión Europea que ahora se abre, dado que la proyección internacional de España pasa por aprovechar las oportunidades en el cambiante escenario de la UE.

No son desafíos menores. Requerirán no solo Gobierno estable sino también con “autoridad suficiente”, como se ha dicho ajustadamente; la “auctoritas” que no conferirá de ningún modo una escisión bipolar en el parlamento y la captura sectaria de las instituciones que acaba siendo consustancial a ese antagonismo. La situación demanda solvencia y firmeza, una mayoría fuerte y estable para vencer inercias y adoptar decisiones difíciles, desatascando el necesario proceso de reformas.

Es tarea que a todos nos compete; no solo a los políticos, también a la sociedad civil, bien como impulsora, bien como instancia vigilante: para que algunos puedan dormir, otros tienen que velar su sueño.

Los precios de la vivienda en EE.UU. se mantienen en niveles pre-crisis 2007

Los precios de la vivienda en EE.UU. se mantienen en niveles previos a la crisis financiera de 2007, lo que indica la fortaleza del mercado inmobiliario.

En relación a los precios de la vivienda, el catedrático de Economía de la Universidad de Yale y premio Nobel de Economía 2013 por sus aportaciones al análisis empírico de los precios de los activos (acciones, bonos, vivienda), Robert Shiller, elabora desde 2006 a través de su empresa Macromarkets LLC (en colaboración con Standard & Poors y Corelogic), los índices S&P CoreLogic Case-Shiller Home Price.

Estos índices reflejan la evolución de los precios de la media nacional (National) y de las viviendas de las diez y de las veinte áreas metropolitanas más importantes del país: a) el Composite-10 (Nueva York, Boston, Washington, Miami, Chicago, Denver, Las Vegas, Los Ángeles, San Francisco y San Diego); y b) el Composite-20 (Nueva York, Boston, Washington, Miami, Chicago, Denver, Las Vegas, Los Ángeles, San Francisco, San Diego, Atlanta, Charlotte, Cleveland, Dallas, Detroit, Minneapolis, Phoenix, Portland, Seattle y Tampa). Las últimos cifras disponibles de los índices S&P CoreLogic Case Shiller Home Price corresponden a los datos relativos a agosto de 2019.

La evolución histórica del índice Composite-10 se muestra en el primer (índice en niveles, 2000 = 100), y segundo gráfico (tasas de variación anual en %) y cubre el periodo de enero de 1987 a agosto de 2019. El pico mas alto se registró en plena burbuja inmobiliaria (2003-2005) en 2005. Desde 2006 a 2012 se produjo el pinchazo de la burbuja y la brusca reducción de precios. Finalmente, los precios de la vivienda comenzaron a recuperarse desde 2013, aunque los aumentos son más moderados que registrados en el periodo de la burbuja.

 

En el tercer gráfico se muestra la variación de los precios de la vivienda (de las veinte ciudades más grandes de EE.UU., del índice nacional y de los índices 10 y 20) en relación con sus máximos históricos registrados durante la burbuja inmobiliaria de mediados de la década de 2000.

Por un lado, los datos indican que 13 de las 20 ciudades (color verde) han superado sus máximos anteriores de los precios registrados en la burbuja, lideradas por Denver y Dallas cuyos precios son más de un 50% más altos que en sus picos anteriores. En segundo lugar, en 7 ciudades (color rojo) los precios de las viviendas siguen siendo en la actualidad mas bajos que sus máximos anteriores (lidera el ranking negativo Las Vegas, con un -17%), mientras que tres ciudades muy importantes como Nueva York, Chicago y Washington DC aún no han podido recuperar los precios máximos alcanzados en la burbuja.

Fuente: Beskope
Fuente: Beskope

 

En el cuarto gráfico se muestra cuánto han subido los precios de las viviendas desde sus valores mínimos alcanzados después del estallido la burbuja inmobiliaria. Si bien los precios de las viviendas alcanzaron su punto máximo en 2005 durante la burbuja inmobiliaria para la mayoría de las ciudades, en última instancia no tocaron fondo hasta los años 2011 o 2012, dependiendo de cada caso.

Los índices tres índices nacionales (color morado) han subido alrededor del 60% desde sus mínimos, mientras que 14 de las 20 ciudades lo están haciendo en mayor medida. Destacar que los precios de la vivienda de San Francisco son las que más han crecido desde su mínimo (un + 128%), seguido de Las Vegas (+ 116%), Detroit (+ 101%) y Seattle (+ 98%). En el extremo opuesto del ranking, se sitúan los precios de la vivienda de Nueva York, ya que sólo han aumentado un 28% desde sus mínimos de 2013.

Fuente: Beskope

 

En el último gráfico se muestra la evolución de los números índices de los precios de los tres agregados nacionales desde enero de 1989 a agosto de 2019.

Fuente: Beskope

Whatever it took

El pasado 31 de octubre finalizó el mandato del presidente más importante de cuantos ha tenido el Banco Central Europeo. Ha sido su firme defensa de la Unión Económica y Monetaria la que ha guiado todas y cada de sus acciones en los años más difíciles de la historia de esta. Sin duda, por ello, la credibilidad, la reputación y la confianza en el BCE han alcanzado las cotas más altas desde su creación en 1999.

La llegada de Mario Draghi al BCE se produjo en noviembre de 2011 marcando unos objetivos claros para alcanzar su único mandato de estabilidad de precios (recordemos que alcanzar la estabilidad de precios en la Eurozona implica que la tasa de crecimiento de los precios, medidos por el índice armonizado de precios al consumo, esté próxima pero inferior al 2% a medio plazo). Los objetivos que han prevalecido a lo largo del mandato de Mario Draghi al frente del BCE (1/11/2011 a 31/10/2019) han sido cuatro:

1) Mantener una política de tipos de interés compatible con el objetivo inflación. Entre noviembre de 2011 y marzo de 2016 Mario Draghi, al frente del Consejo de Gobierno del BCE, acometió ocho rebajas sucesivas del tipo de referencia básico de la Eurozona desde el 1,5% hasta su límite cero, en el que se encuentra todavía. La primera rebaja de tipos se produjo tan solo tres días después del inicio de su mandato. Este dato es particularmente interesante pues, como se aprecia en el gráfico, supuso un giro radical a la inexplicable política alcista de tipos de interés que había tenido su predecesor a lo largo de 2011.

Alcanzar un nivel de tipos cero necesariamente ponía el acento en el cambio de rumbo hacia una política de cantidades o de expansión de balance, como veremos en el siguiente punto.

2) Ofrecer liquidez sin límites a las entidades de crédito con la finalidad de compensar el estrechamiento del mercado interbancario, de hacer frente a las necesidades de las entidades de crédito y de favorecer la financiación al sector privado. Las acciones desarrolladas en este ámbito fueron esencialmente dos. La primera, y sin perder tiempo, fue implementar dos inyecciones masivas de liquidez (una en diciembre de 2011 y otra en febrero de 2012) por un valor total de 1,1 billones de euros. Nunca, en tan poco tiempo, se ha inyectado tanto dinero a las entidades de crédito desde el inicio de la crisis. El problema de este impactante programa fue que coincidió en el tiempo con el año más difícil de la historia de la Unión Monetaria: el punto álgido de la crisis de deuda soberana que sembró una sospecha generalizada de reversibilidad de la moneda única que provocó una inestabilidad difícil de revertir. Sin duda 2012, fue el año más complicado de la vida de la UEM y en el que, sin duda, a punto estuvo de naufragar el proyecto europeo; en julio de 2012 Mario Draghi cortó de raíz todas las dudas con su famoso discurso “Whatever it takes”.

La segunda gran medida fue la puesta en marcha de un programa de flexibilización cuantitativa o QE (por sus siglas en inglés). Con el objetivo de reconducir los riesgos de un período tan prolongado de baja inflación se inició, en marzo de 2015, el mayor programa de compras de activos, tanto públicos como privados, de la historia de la UEM. Inicialmente este programa acabó en diciembre de 2018. Sin duda esta ha sido la medida de política monetaria no convencional más ambiciosa en el tiempo, la de mayor calado de cuantas ha implementado el BCE y la que ha cosechado mejores resultados. En diciembre de 2018, el balance consolidado del BCE alcanzó un máximo histórico de 4,67 billones de euros, cifra que representa un incremento del 119% en comparación con la situación inmediatamente anterior al inicio del QE en marzo de 2015 (con un balance de 2,13 billones de euros), equivalente al 40% del PIB de la Eurozona. En el gráfico siguiente podemos ver que la política de expansión de balance, que han protagonizado las dos acciones comentadas (sobre todo la segunda) ha provocado que el balance del BCE fuera en 2019 cuatro veces el de 2007.

3) Defender la irreversibilidad del euro. En septiembre de 2012, tras el famoso discurso, se pasó del dicho al hecho y se definió un nuevo programa de compra de deuda sin límite denominado Operaciones Monetarias Directas. Este programa supone la defensa sin paliativos de cualquier Estado miembro de la UEM, mediante la compra ilimitada de su deuda en los mercados secundarios. Esta actuación del BCE exige una condicionalidad estricta a un programa adecuado del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera / Mecanismo Europeo de Estabilidad (FEEF / MEDE y en el que la participación del FMI también se solicitará para el diseño de la condicionalidad específica de cada país y el seguimiento de dicho programa. Este programa nunca se ha implementado pero ha supuesto la mayor salvaguardia de la Eurozona. Tras su definición las primas de riesgo de los países de la Eurozona volvieron a una senda de normalidad, como se puede observar en la evolución de las primas de riesgo en el siguiente gráfico.

4) Penalizar a las entidades de crédito por hacer uso de los mecanismos que les permitían retornar liquidez al BCE en vez de prestarla al sector privado. Sin duda uno de los grandes problemas de la Eurozona durante la crisis ha sido la falta de disponibilidad de las entidades de crédito a facilitar ampliamente el crédito al sector privado, pese a la abundancia de liquidez que han generado los programas de expansión de balance. Este efecto, como se observa en el siguiente gráfico, se ha ido agrandando desde 2011 con la política de expansión de balance. Muchas razones explican este hecho, unas relacionadas con el contexto macroeconómico, como la situación de recesión y de deflación en la que se encontraba la Eurozona; otras ligadas a la situación del sector bancario europeo: la situación de crisis y reestructuración bancaria que estaban viviendo muchas economías de la Eurozona y, en nuestro caso la española; el aumento de los requerimientos de solvencia que exigía Basilea III a las entidades bancarias; y la ausencia de un mecanismo de supervisión conjunta para el sistema bancario de la UEM. Si bien es cierto que muchas circunstancias ya han sido revertidas, como la puesta en marcha de la Unión Bancaria con un mecanismo de supervisión y resolución (MUS y MUR) común para toda la UEM, también es cierto que todavía no se han dado las circunstancias para que desaparezca el recurso constante de las entidades de crédito a mantener liquidez cautiva en el BCE. En octubre de 2019 del total de activos inyectados por el BCE (3,28 billones de euros) el 52,13% estaban otra vez de vuelta en el BCE, como se puede observar en el gráfico siguiente.

En junio de 2010, Mario Draghi inició una política de tipos negativos para revertir esta situación y penalizar los recursos que las entidades de crédito mantenían en el BCE en forma de liquidez ociosa (es decir liquidez en forma de reservas voluntarias, o también llamadas excesos de reservas, y en forma de facilidades de depósito). Desde esa fecha los tipos de interés aplicados a estas operaciones han ido cayendo hasta el -0,50% (desde septiembre de 2019) sin que haya habido cambios muy significativos en los montantes netos de liquidez cautiva u ociosa.

Mario Draghi ha terminado su mandato quizás como no deseaba. Los acontecimientos que se han ido sucediendo desde finales de 2018 no han permitido el famoso “tapering” o retirada de las medidas no convencionales de política monetaria, fundamentalmente el Programa de Compras (QE). Antes bien, no solo no se han retirado sino que han vuelto para quedarse. En septiembre de 2019, ante una tasa de inflación en el entorno del 1% (muy lejos por tanto del objetivo del 2%), Mario Draghi, a la cabeza del Consejo de Gobierno del BCE, anunció una vuelta del Programa de Compras (que recordemos había finalizado en diciembre de 2018). El inicio de las compras se fijó en noviembre de 2019 con un ritmo de 20mm mensuales que continuarán “durante el tiempo que sea necesario para reforzar el impacto acomodaticio de sus tipos oficiales y que finalicen poco antes de que comience a subir los tipos de interés oficiales del BCE”.

¿Cuánto tiempo será este? ¿Cuándo volverán a subir los tipos de interés? Esta ya no es la responsabilidad de Draghi pero, sin duda, nadie le podrá reprochar nunca que no hizo lo que fue necesario.

Corrupción y comercio internacional. Un análisis exhaustivo con gravedad.

La siguiente entrada es un resumen del artículo “Corruption and international trade: a comprehensive analysis with gravity” publicado en Applied Economic Analysis (antigua Revista de Economía Aplicada), 27(9), pp. 3-20, por Salvador Gil Pareja, Rafael Llorca Vivero y José Antonio Martínez Serrano, de la Universitat de València

En este trabajo se estima el impacto de la corrupción en el ámbito del sector público sobre los flujos de comercio internacional a través de la metodología de la ecuación de gravedad y utilizando una base de datos amplia tanto por el periodo abarcado como por el número de países que incorpora.

La literatura establece esencialmente dos canales a través de los cuales la corrupción puede afectar a los flujos comerciales internacionales. Por una parte, el funcionamiento incorrecto del marco legal en el que tienen lugar las operaciones de este tipo afecta a la efectividad de los contratos generando incertidumbre y desincentivando las transacciones internacionales al incrementar el coste de las exportaciones, al igual que haría la imposición de un arancel. Por otra parte, si las barreras tanto arancelarias como no arancelarias son muy elevadas, los sobornos en frontera pueden actuar como catalizadores del comercio ya que servirían para superar estos obstáculos. En la terminología anglosajona este hecho se denomina “grease the wheels” y, desde el punto de vista teórico, es más probable que se produzca en entornos con ámbitos institucionales deficientes. Averiguar si el impacto de la corrupción sobre el comercio internacional es positivo o negativo es una cuestión empírica.

En este marco, las aportaciones de la investigación son diversas. Por un lado, la estimación se realiza a través de la técnica PPML (Poisson Pseudo Maximum Likelihood) incorporando efectos fijos de país y año y efectos fijos de par. De esta forma, se controla al mismo tiempo (algo que no ocurría hasta ahora) por prácticamente todas las fuentes de posibles sesgos: la heterogeneidad inobservable de los socios que comercian, la resistencia multilateral variante en el tiempo, la existencia de ceros en la variable dependiente y la heterosdecasticidad de los residuos. Esto conlleva la necesidad de introducir variables dicotómicas que se alteren durante el periodo considerado.

En nuestro caso, la corrupción se mide como la media geométrica del índice considerado para el par de países que comercia, lo que se toma como indicador de la corrupción promedio entre el exportador y el importador. Asimismo, se introduce en el modelo empírico una variable que contemple la distancia que separa a los socios comerciales respecto de esta variable institucional. Algunos autores argumentan que cuanto mayor sea esta distancia menor será el comercio entre los países.

Por otra parte, también supone una aportación relevante la consideración de una medida de la corrupción que se establece como alternativa a las tradicionales basadas en las percepciones de los expertos: Corruption Perception Index y Control of Corruption Index. Se trata de la que hemos denominado Structural Corruption Index (Dreher et al. 2007) que toma la corrupción como una variable latente que está conectada con sus causas y consecuencias. Esta medida superaría las deficiencias que presentan las fuentes anteriormente citadas y que se centran en no reflejar el estado contemporáneo de la corrupción por la inercia que incorporan y en estar especialmente sesgadas en el caso de los países menos desarrollados por venir influidas por otro tipo de variables (por ejemplo, la violencia).

Por último, en la estimación econométrica efectuada se analiza la influencia de la renta de los países (tanto del exportador como del importador) así como de la pertenencia de los mismos a un acuerdo regional de comercio en la relación entre corrupción y comercio. La influencia del entorno institucional (muy conectado con el grado de desarrollo) así como del cumplimiento de una normativa estricta en las relaciones comerciales internacionales en el efecto que el comportamiento corrupto pueda ejercer en los flujos de comercio justifica este análisis.

Los resultados obtenidos apuntan a un efecto negativo de la corrupción sobre el comercio internacional cuando se utilizan los índices tradicionales, si bien esta conclusión no se puede generalizar. Sin embargo, cuando se utiliza el índice estructural, las estimaciones sugieren el cumplimiento de la hipótesis “grease the wheels”, esto es, la corrupción impacta positivamente sobre el comercio internacional cuando en dicho comercio se ven implicados países de renta media y baja. Además, cuando se utiliza este índice, cuanto mayor es la diferencia entre países en los niveles de corrupción menores son sus flujos comerciales. No se obtiene evidencia de que la pertenencia a un acuerdo regional de comercio altere estas conclusiones.

 

RICOS Y ¿FELICES?

Por Carmen Ródenas Calatayud, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad de Alicante.

El pasado mes de octubre el EUROSTAT difundió la información del módulo especial de la EU-SILC del año 2018 que, como en 2013, mide el pulso de la sensación de felicidad y de satisfacción con la vida de los ciudadanos de los países de la UE (ver el informe aquí y los datos aquí). No es una rareza, pues está aumentando el interés por estudiar la felicidad, el bienestar de las personas y su cuantificación estadística; de hecho, cada vez es mayor y más frecuente la disponibilidad de informes y datos a nivel internacional (ver el World Happiness Report de 2019, entre cuyos editores se encuentran Richard Layard o Jeffrey D. Sachs).

En el caso del EUROSTAT, en el cuestionario del módulo correspondiente al fichero individual de la EU-SILC de 2018, se pregunta a los encuestados por el grado de satisfacción global con “la vida en la actualidad”, con “la situación económica del hogar”, con “el trabajo actual” y, entre otras, con “sus relaciones personales con familiares, amigos, vecinos y conocidos”. Cada uno de estos ítems es valorado en una escala de 0 a 10.

De acuerdo con las respuestas a la pregunta general sobre la satisfacción con la vida, EUROSTAT ha elaborado el gráfico 1, en el que podemos ver los países ordenados de mayor a menor porcentaje de personas que, cuando en 2018 fueron encuestadas, declararon estar felices a lo largo de las cuatro últimas semanas:

Gráfico 1.

Podemos ver que los belgas son los que encabezan la lista del optimismo con un 76% de personas felices, y que Holanda, Austria y Finlandia presentan valores similares. Tras ellos, Luxemburgo con un 74% y en sexta posición no Italia o Francia sino España, con un 72% de gente dichosa. Conviene resaltar esto pues España es el único país del grupo sur-mediterráneo -y rescatado en la crisis del euro- que supera la media comunitaria. Por el contrario, entre los países menos dichosos se encuentran Grecia, Rumania, Lituania, Croacia, Bulgaria y en el último puesto Latvia/Letonia con un 31% de personas felices, la mitad de la media de la UE.

Es interesante conocer las variaciones en la puntuación media entre 2013 y 2018, las dos fechas para las que tenemos información, en tanto que recogerían la apreciación social de la mejora de las condiciones económicas y de salida de la crisis. Así, EUROSTAT nos ofrece el gráfico 2 en el que puede comprobarse que mientras que en Bulgaria y Chipre la sensación de mejora es grande (la puntuación media ha aumentado más de un 12%), en Lituania ha empeorado la percepción, disminuyendo la puntuación un 4,5%. Curiosamente, algunos de los mayores cambios –en uno y otro sentido- se han producido puestos de la “cola” de la felicidad que veíamos en el gráfico anterior. Por lo que respecta a España, nuestra media ha crecido un 2,6%, pasando de 6,9 a 7,3 puntos, participando de una mejora común a la mayoría del resto de países, excepto Holanda, Dinamarca y Suecia, donde se observa una ligerísima reducción.

Gráfico 2.

La información que ha difundido el EUROSTAT no solo permite comparar la sensación de felicidad en plena crisis con la que se tiene en la actualidad, sino que permite indagar algo más sobre por qué la gente se siente más satisfecha con su vida. Si ponemos en conexión las respuestas de satisfacción global con “la vida en la actualidad”, con las de satisfacción con “la situación económica del hogar”, con “el trabajo actual” y con “sus relaciones personales con familiares, amigos, vecinos y conocidos”, podemos obtener algunas pistas generales.

En una primerísima aproximación, he calculado unos sencillos coeficientes de correlación entre las puntuaciones medias por país para cada uno de estos aspectos de la felicidad. Los resultados son los siguientes:

Aquello de que “quien tiene un amigo tiene un tesoro”, es cierto que aparece en la correlación positiva del 0,75 entre la satisfacción general y la satisfacción con las relaciones personales, pero lo que la tabla revela es que la relación más fuerte se produce entre la sensación de satisfacción general y la de satisfacción financiera, con una correlación del 0,95. Parece, cuando menos, que el dinero sí da bastante felicidad… En cuanto a las asociaciones entre las posibles fuentes de satisfacción, llama la atención una correlación positiva del 0,80 entre trabajo y relaciones personales. Puede haber un mundo ahí dentro, pero apostaría a que los buenos trabajos conducen a las buenas relaciones sociales (amistades, vecindad…).

En el gráfico 3 he representado las puntuaciones de cada país ordenadas de mayor a menor satisfacción general en 2018. Además, he calculado y dibujado la media de las puntuaciones de los tres elementos parciales de satisfacción: trabajo, finanzas y relaciones personales. Puede apreciarse que las relaciones personales son las que más satisfacción nos dan y la situación financiera es la que menos dicha nos reporta (puntuaciones más altas y más bajas, respectivamente). La satisfacción que nos proporciona el trabajo se encuentra cercana a la puntuación de la satisfacción global con la vida.

Aquí destaca, asimismo, lo bien que se ajustan los niveles y las variaciones de las series de satisfacción general (línea negra continua) y la dibujada a partir de la media (línea negra punteada) de los tres componentes anteriores. Y resulta sorprendente porque es como si las personas encuestadas hubieran calculado inconscientemente su propio promedio para dar su score general de satisfacción. Esto es muy tranquilizador para quien trabaja con encuestas, y se llama coherencia en las respuestas.

Grafico 3. Puntuaciones medias por país en las diferentes preguntas de satisfacción, 2018

El gráfico es muy ilustrativo por otro motivo. Puede observarse que cuanto menor es la puntuación global, el intervalo entre la puntuación correspondiente a la satisfacción con las relaciones personales (línea anaranjada) y la satisfacción financiera (línea cobre) se amplía. Esto puede verse muy bien para los países en la parte derecha como Bulgaria, Croacia o Lituania. Ahora bien, los valores las series tanto de satisfacción en el trabajo como de la de las relaciones personales son bastante más estables para el conjunto de países que los de la serie de la satisfacción financiera. Esta última muestra una inclinada pendiente y es la que, claramente, tensiona hacia abajo la serie de las puntuaciones generales de satisfacción.

De nuevo, y para qué decirlo de otra manera, parece que (a primera vista) el dinero sí da la felicidad…

 

Indicador de coyuntura: Octubre 2019

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta agosto de producción industrial y ventas, y hasta septiembre de renta y afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el indicador baja significativamente de 3,8 en agosto a 0,7 en septiembre. Analizado este nuevo valor en perspectiva, el indicador sigue estando en consonancia con la tendencia decreciente que indica una progresiva ralentización en el ritmo de la actividad económica en España. Sin embargo, parece que el ritmo de agotamiento está empezando a acelerarse.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del indicador agregado han empeorado su valor. La producción industrial y las ventas crecieron menos en agosto (-0,5% y 0,8%) que en julio (3,3 y 1,5). La renta y los afiliados crecen menos en septiembre (4,0% y 1,7%) que en agosto (6,7% y 1,7%).

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Efectos no deseados

El buen gobierno es el que anticipa acontecimientos, el que prevé las consecuencias de unas u otras decisiones y pecan de irresponsabilidad los gobernantes que no lo hacen, aunque se afanen después en contrarrestar efectos muchas veces tan indeseados como imprevistos. Nadie lo dudará hoy a la vista del laberinto del Brexit y de la situación en Cataluña.

Allí, a partir de un debate infructuoso en el seno del Partido Conservador, todo empezó por la frívola apuesta –más producto de un “impulso ludópata” que de una decisión meditada– de un primer ministro que se jugó el futuro de su país a la única carta de un referéndum (Areilza). El recurso a la democracia directa y una opción binaria para dirimir un tema de enorme complejidad y trascendencia; una consulta “divisiva y tóxica” –lo dijo en su día el propio Boris Johnson- que arrojó un resultado inesperado: por estrecho margen, los votos se decantaron a favor de la nostalgia del siglo XIX –un Estado plenamente soberano, con memoria aún de la época imperial- frente a las promesas y los riesgos del siglo XXI, como supo resumir con brillantez Joschka Fischer.

Desde entonces, tres años de idas y venidas, de amagos y desmentidos, de fanfarronerías –“Brexit is Brexit”, ¿se acuerdan? –y dimisiones; lo que podría tildarse de “vodevil político” si no tuviese las consecuencias perversas que está acarreando en el propio Reino Unido: menoscabo de prestigio mundial, debilitamiento de la vertebración territorial y de la cohesión social, una opinión pública marcadamente tensionada, pérdida de atractivo para inversiones y talento, apuntes de crisis del sistema constitucional dadas las repetidas y duras refriegas entre Parlamento y Ejecutivo. Nada de ello estaba previsto: costes de la irresponsabilidad.

Tan altos y tan visibles que sin duda actuarán como contraejemplo para otros que pudieran sentir la tentación de abandonar la Unión Europea. Frente a quienes pronosticaban –y alentaban, léase presidente Trump- “efecto imitación” y sucesivos intentos de divorcio, el Brexit no solo ha conseguido que los 27 cierren filas, sino también retomar proyectos de integración antes aparcados. “Vacuna” en vez de “epidemia”, “argamasa” en vez de “dinamita”, en definitiva: tampoco lo pensaron los aprendices de brujo.

Aquí, entre nosotros, aunque las raíces sean alargadas, la atracción al vértigo se hizo más patente en el otoño de 2017, con una temeraria Declaración Unilateral de Independencia como remate de pasos previos –el “procés”–, sin reparar tampoco en su alcance. Desde entonces, la tortuosa senda que todos padecemos. No quiero detenerme ahora en el reparto de culpas entre quienes en su momento pecaron por acción o quienes lo hicieron por omisión. Importa subrayar los efectos perniciosos que se han derivado para toda España y, en particular, para Cataluña: fractura social, retracción empresarial, pérdida de oportunidades, menoscabo reputacional e indisimulable crisis institucional, ya antes pero sobre todo después de las jornadas de violentísima “kale borroka” en las calles de Barcelona. ¿“Ulsterización de Catalunya”? Consecuencias del mal gobierno, en todo caso. Ojalá sirva también de contraejemplo. La democracia española es una democracia curtida, pero cuantos menos zarandeos, mejor.

¿Cómo medir correctamente una recesión económica?: crecimiento real del PIB versus crecimiento real del PIB per cápita

Economistas de la Reserva Federal de St. Louis (EE.UU.) han planteado recientemente la idoneidad de utilizar como hasta ahora la tasa de crecimiento real del PIB para medir los periodos de recesión económica utilizando la metodología sugerida por el National Bureau Economic Research (NBER) de EE.UU.

Recordemos que el NBER define una recesión como dos o más trimestres consecutivos de caída del PIB real. En lugar de utilizar el PIB real la Reserva Federal de St. Louis propone utilizar el PIB real per cápita o renta per cápita (PIB/población total).

En el cuadro adjunto se presentan los episodios de recesión definidos según la metodología del NBER para una selección de países de la OCDE y utilizando los dos indicadores alternativos. En la mayoría de las economías la diferencia de periodos de recesión es mayor si se utiliza el PIB real per cápita, aunque la diferencia es más amplia para el el caso de EE.UU. (15 frente a 10 periodos), y sobre todo, para Australia (8 frente a 3 periodos).

En los dos siguientes gráficos se muestra la tasa de crecimiento del PIB real y del PIB real per cápita para Australia, con los periodos registrados de recesión económica sombreados en gris. Según los datos del gráfico de la tasa de crecimiento del PIB real, la economía australiana no ha tenido una nueva recesión desde 1991. El panorama cambia utilizando los datos del PIB real per cápita. En este caso, la economía australiana ha registrado 3 recesiones desde 1991. Esto significa que aunque el PIB real está creciendo no lo hace lo suficiente para compensar el mayor crecimiento de la población total.

De todas formas, el propio NBER recomienda para catalogar una recesión económica utilizar no sólo la tasa de crecimiento del PIB real (o en nuestro caso el PIB real per cápita), sino realizar también el seguimiento de las tasas de crecimiento de otros indicadores económicos, como la renta disponible de los hogares, el empleo, la producción industrial, y las ventas al por menor y al por mayor.

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