Ranking 1000 de universidades CWUR 2017: España en el Top-10 en algunas disciplinas científicas

Recientemente se ha publicado un nuevo ranking de universidades a nivel internacional elaborado por el Centro de Clasificación Universitaria Mundial (CWUR, en su acrónimo inglés). Este estudio ha evaluado a 1000 universidades de mayor relevancia mundial (de las casi 27.000 existentes).

Para calcular la puntuación de cada universidad el CWUR utiliza un Indicador Sintético Ponderado que mide la calidad de la educación y la formación de los estudiantes, así como el prestigio de los miembros de la facultad y la calidad de sus investigaciones. Con más detalle, se utiliza ocho indicadores objetivos:

  1. Calidad de la Educación, medida por el número de alumnos de una universidad que han ganado importantes premios internacionales, premios y medallas en relación al tamaño de la universidad [25%].
  2.  Empleabilidad de los alumnos, medida por el número de alumnos de una universidad que se han obtenido empleo de CEO (Director Ejecutivo) de las principales compañías del mundo en relación al tamaño de la universidad [25%].
  3. Calidad de la universidad, medida por el número de profesores que han obtenido reconocidos premios internacionales, premios y medallas [25%].
  4. Publicaciones, medido por el número de artículos de investigación que aparecen en revistas de prestigio [5%].
  5. Influencia, medido por el número de artículos de investigación que aparece en revistas de alto impacto [5%].
  6. Citas, medido por el número de artículos de investigación citados en revistas de alto impacto [5%].
  7. Alto impacto, medido por el índice de la universidad [5%] .
  8. Patentes, medida por el número de solicitudes de patentes internacionales [5%].

En el primer lugar, el siguiente cuadro presentamos el ranking de las 10 primeras universidades a nivel global (hacer clic sobre la imagen para verla más grande). Como se puede observar, 8 de las 10 universidades con mayor puntuación son de EE.UU., con Harvard University (EE.UU.) liderando el Top-10. Completan el ranking dos universidades del Reino Unido, University of Cambridge y Oxford University, que ocupan los puestos cuarto y quinto, respectivamente.

De las españolas, la primera clasificada es la Universidad de Barcelona, en el puesto 103, seguida de la Universidad Autónoma de Barcelona (229), la Universidad Complutense de Madrid (230) y la Universidad de Valencia (287), situadas en la horquilla del 201 al 300. En el siguiente escalón, del 301 al 400 están la Universidad Autónoma de Madrid (304), la Universidad Pública de Navarra (326), la Universidad Pompeu Fabra (368) y la Universidad de Granada (373). Completan el Top-10 español (véase siguiente cuadro) en el escalón del 401 al 500, la Universidad Santiago de Compostela (414) y la Universidad de Sevilla (444).

Se podría pensar que la posición de las universidades españolas es relativamente baja a nivel internacional, pero esto no es cierto si nos centramos en los ranking mundiales por categorías científicas. En este caso, situamos a 8 universidades españolas en los Top-10 de algunas ramas del conocimiento.

CWUR realiza también un ranking de universidades a nivel internacional por categorías científicas (227) según la clasificación temática de la base de datos JCR elaborada por Clarivate Analytics (anteriormente propiedad de Thomson Reuters).

Estos son los puestos en el Top-10 a nivel mundial de nuestras universidades en diferentes categorías científicas (los puntos son en relación al primer puesto que se le asigna el valor de 100):

1. La Universidad de Barcelona ocupa el puesto 2 mundial en Gastroenterología y Hepatología, el 3 en Química Inorgánica y Nuclear, el 4 en Farmacología y Farmacia, y el 9 en Química Analítica.

2. La Universidad de Valencia ocupa el puesto 2 mundial en Química Inorgánica y Nuclear, el 4 en Biología Reproductiva, el 8 en Física de Partículas y en Ciencia de la Imagen y Tecnología Fotográfica, y el 9 en Teledetección.

3. La Universidad Politécnica de Cataluña ocupa el puesto 4 mundial en Ingeniería (multidisciplinar) y en Matemáticas (aplicaciones multidisciplinares), y el 9 en Construcción y Tecnología de la Construcción.

4. La Universidad Autónoma de Barcelona ocupa el puesto 8 mundial en Ciencias Ambientales y en Ciencias Veterinarias.

5. La Universidad de Navarra ocupa el puesto 10 mundial en Etica.

6. La Universidad Carlos III de Madrid ocupa el puesto 7 mundial en Historia de las Ciencias Sociales.

7. La Universidad de Granada ocupa el puesto 10 mundial en Mineralogía.

8. La Universidad de Castilla-La Mancha ocupa el puesto 10 mundial en Ornitología.

Destacamos especialmente ocupando el puesto 2 mundial en Gastroenterología y Hepatología con la Universidad de Barcelona sólo superada por Harvard University:

Y también destacamos, en mayor medida, en Química Inorgánica con las Universidad de Valencia y la Universidad de Barcelona ocupando los puestos 2 y 3, respectivamente, y sólo superadas en este caso por Nanjing University de China.

El “café para todos” tan típicamente español debería ser “cortado” aprovechando la aprobación del próximo Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020, asignando más fondos a estos equipos de investigación españoles. Pero eso es otra historia.

Fuga de cerebros y celebros

El número de jóvenes residentes en el extranjero no ha dejado de crecer desde el año 2009. Hoy hay cerca de medio millón de jóvenes (20-34 años) buscándose un futuro mejor fuera de nuestras fronteras. La mayoría de estos jóvenes son universitarios y profesionales que no encuentran salidas laborales en España y optan por desarrollar su trabajo en otros paíresidentes extranjeroses. No es extrañar que cuando nuestros políticos abandonan fugazmente su pasión por la vexilología se muestren ligeramente preocupados por esta llamada fuga de cerebros. Recientemente se han puesto en marcha diversas iniciativas tanto públicas (por ejemplo en  Andalucía, Castilla La Mancha, Extremadura, Valencia y Madrid entre otros) como privadas (p.e. Volvemos) para fomentar el retorno del  talento y drenar la fuga de cerebros.

La preocupación por la que surgen estos programas es doble. En primer lugar, se justifica por la pérdida de la inversión en educación de los jóvenes emigrados. Formar a un ingeniero, químico o médico en una universidad pública tiene un coste aproximado de 60.000€ por alumno. Esta inversión se ve recuperada con creces con las futuras cotizaciones a la seguridad social. El problema surge cuando se cotiza a la seguridad social alemana en vez de a la española.

En segundo lugar, la lógica preocupación por la pérdida de capital humano. La emigración de estos profesionales podría reducir el número de ingenieros, médicos y demás profesionales dispuestos a trabajar para empresas e instituciones españolas.

Sin embargo, disponemos de ciertos indicios que nos hacen pensar que ninguna de las dos preocupaciones está totalmente justificada. En primer lugar, la fuga de cerebros puede ser el precio a pagar para frenar un mal mayor: la histéresis del desempleo. Delong y coatures sugieren que el desempleo durante una crisis puede tener unas consecuencias nefastas a largo por la pérdida de habilidades (skills) por una desconexión del mercado laboral (ver aquí y para resumen amplio ver el trabajo de L. Bell aquí). Es decir, que la fuga de talento puede en el fondo preservar el presente y futuro.

El segundo indicio que nos hace pensar que las consecuencias de la fuga de talento se exageran es un trabajo reciente de los economistas P. Abarcar y C. Theoharides sobre los efectos de la migración de enfermeros en Filipinas (ver aquí). A principios de siglo (el XXI), los EEUU relajaron las exigencias para los visados de estos profesionales para luego endurecerlos en el año 2007. Es un magnífico experimento natural para probar si efectivamente la fuga de talento causa una pérdida en el capital humano del país emisor.

Como puede verse en el gráfico que acompaña al texto, Filipinas experimentó una migración notable de enfermeros. En el año 2003, el director de instituto filipino de salud describió este fenómeno como una hemorragia de cerebros y vaticinó en breve los hospitales de Filipinas no dispondrían de enfermeras (ver aquí).

filipinas departures

Fuente: Abarcar y Theoharides (2017)

Sorprendentemente, hoy los hospitales filipinos disponen de las suficientes enfermeras para funcionar correctamente. ¿Qué sucedió? La demanda de estudios de enfermería también creció notablemente durante el periodo de la fuga, como muestra el gráfico de más abajo. Como demuestran Abarcar y Theoharides, el aumento de la demanda de estudios fue superior a la tasa de emigración sin pérdida de capital humano. Según los autores, una de las claves fue la rápida respuesta de las universidades filipinas en aumentar el número de plazas disponibles. Por tanto, tanto EEUU como Filipinas salieron beneficiadas del su particular fuga de batas blancas.

filipinas enrollment

Fuente: Abarcar y Theoharides (2017)

Por tanto, deberías celebrar la fuga de cerebros, ya que no tiene necesariamente por qué desembocar en una pérdida de cerebros. Puede incluso ser muy positiva. ¿Se imaginan otro escenario en la que estos jóvenes no pudieran emigrar a trabajar a otros países?

 

El comercio internacional y la desigualdad

La renta de las personas de clase media-baja de algunos países desarrollados, como Estados Unidos, es la que menos ha crecido en el mundo durante el periodo 1988-2008.  Una de las razones que explica el menor crecimiento de la renta de las personas de clase media-baja en los países desarrollados es el comercio internacional con los países en vías de desarrollo y, en especial, con China. El aumento de las importaciones de estos países, concentrados en productos intensivos en trabajo poco cualificado (prendas de vestir) o en productos con etapas de producción intensivas en trabajo poco cualificado (el ensamblaje de un smartphone), ha reducido la producción de estos bienes en los países más desarrollados. Esta caída en la producción ha reducido la demanda de los trabajadores poco cualificados en los países desarrollados. Estos trabajadores han sido expulsados del mercado laboral, o han tenido que aceptar un menor salario para tener un empleo. El comercio internacional genera perdedores, pero también genera ganadores. Estos son los trabajadores, mayoritariamente cualificados, que trabajan en empresas en las que ha aumentado la producción por la demanda de los países desarrollados. Por ejemplo, las exportaciones de aviones de Estados Unidos a China se multiplicaron por 33 durante el periodo 1995-2015.

El comercio internacional, al aumentar la demanda de los trabajadores cualificados y al reducir la demanda de los trabajadores poco cualificados aumenta la desigualdad en los países desarrollados. Sin embargo, el comercio internacional también puede tener un efecto positivo sobre la desigualdad en los países desarrollados. Este efecto positivo se produce a través de los precios. En concreto, si gracias al comercio internacional cae el precio de los productos que son consumidos en mayor proporción por las personas de rentas bajas, la apertura al exterior estará reduciendo la desigualdad. Pablo Fajgelbaum y Amit Khandelwal analizan esta cuestión en un trabajo publicado en Quarterly Journal of Economics. Estos autores concluyen que si los países se cerrasen al comercio, por término medio, la renta real de las personas más pobres (las que se sitúan en el percentil 10 de la distribución de la renta) caería un 63%, mientras que la renta real de las personas más ricas (las que se sitúan en el percentil 90) caería solamente un 28%. En el caso de España, la renta real de las personas más pobres caería un 53%, y la renta real de las personas más ricas caería solamente un 12%.

El impacto más favorable del comercio internacional sobre las personas pobres se explica por dos razones. En primer lugar, las personas pobres gastan una parte más importante de su ingreso en productos que se comercializan internacionalmente (por ejemplo, alimentos o prendas de vestir); en cambio, las personas más ricas gastan una parte más importante de sus ingresos en servicios que son menos comercializables internacionalmente (por ejemplo, restaurantes). En segundo lugar, las personas pobres gastan una mayor parte de su renta en productos importados que son más difíciles de sustituir por los productos domésticos. Por tanto, si el país se cerrase al comercio, el impacto sería más negativo sobre las personas pobres que sobre las ricas.

Las conclusiones del trabajo de Fajgelbaum y Khandelwal ponen de manifiesto que el comercio internacional también tiene efectos positivos sobre las personas pobres. Es importante tener presente esta conclusión ante los devaneos proteccionistas de algunos dirigentes políticos.

Europa y Cataluña

“En Cataluña hoy se juega nada menos que el futuro de la Unión Europea”. Tan contundente afirmación no es de cualquiera: la ha escrito Joschka Fischer, el que fuera Ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller de Alemania y hoy tiene bien ganada fama de analista internacional. Sin rodeos, expresa lo que unos y otros líderes europeos vienen repitiendo desde hace semanas. La entrega de los premios Princesa de Asturias (¡impagable servicio a España!) el pasado 20 de octubre en Oviedo les deparó a los máximos responsables del Consejo, de la Comisión y del Parlamento europeo una ocasión solemne para hacerlo al recoger el premio de la Concordia, y ninguno de los tres —Tusk, Juncker y Tajani— desaprovechó la ocasión, pronunciándose, cada uno a su manera, en contra de la pretensión secesionista en Cataluña. Razones de conveniencia, de convicción y de consecuencia se suman para esa firme oposición.

Por conveniencia, con objeto de evitar el “efecto dominó”. No solo en Padania o Córcega, en Gales o Bretaña, en Escocia o en Alto Adige: según un recuento autorizado, hasta en 21 regiones europeas hay movimientos independentistas organizados. De ahí la trascendencia de lo que se dirime en Cataluña, probablemente el caso con potencial mayor de proyección internacional: sin duda, una “amenaza más letal” que el Brexit para la UE.

Por convicción, en la medida en que la secesión socava —“traiciona”, se ha dicho— los ideales de solidaridad e integración humana sobre los que se fundamenta el proyecto común. Este se diseñó para trascender el sistema de rivalidades nacionales que tan trágico balance deparó al continente en la primera mitad del siglo XX; y luego se ha ido materializando con el mantenido propósito de superar tanto las pulsiones agresivas como las limitaciones de las naciones-Estado, salvando divisiones históricas y asegurando paz y estabilidad. La UE no puede permitir la fragmentación de sus miembros, “porque estos componen los cimientos mismos sobre los que está formada”, concluye también Fischer.

Por consecuencia, finalmente. No solo porque el gran tamaño de otros actores globales (China e India, por lo pronto, además de Estados Unidos) hace más perentoria una mayor integración a escala europea; también porque los retos hoy planteados exigen relaciones intracomunitarias más sólidas. Con fronteras exteriores vulnerables —las que limitan con Rusia—, con el problema de la seguridad interior provocada por el terrorismo, con los altos niveles de coordinación necesarios para dar una solución satisfactoria a la inmigración masiva, no cabe otra opción que la de reforzar las relaciones intergubernamentales. Tanto la Europa de la Defensa como la Europa Social así lo reclaman. De la misma forma que una efectiva mayor unión es condición necesaria para alcanzar los objetivos que requiere la gobernanza económica del conjunto: completar la Unión Bancaria (con el fondo común de garantía de depósitos y el fondo de resolución de bancos), la armonización fiscal, el superministerio de Finanzas y el Presupuesto europeo… Todo se alinea en el sentido opuesto a la desmembración de quienes hoy comparten el proyecto común.

Europa, en suma, tiene fundadas razones para apoyar el orden constitucional de la democracia española.

Tasa de dependencia demográfica por países, 2016

La tasa de dependencia demográfica es una variable clave para el crecimiento económico a largo plazo de los países. Se define como la ratio de la población mayor de 65 años respecto a la población activa (población de 15 a 64 años). En el gráfico adjunto (hacer clic para verlo más grande) se muestra la tasa de dependencia demográfica (en %) alrededor del mundo en el año 2016. Los diversos colores agrupan a los países en función del rango que aparece en la leyenda.

Desde el punto de vista económico, una elevada tasa de dependencia condiciona los gastos públicos en pensiones y los gastos públicos en sanidad del país. En otras palabras, más jubilados dependen de la población potencialmente en edad de trabajar y, en última instancia, de la recaudación actual impositiva, incluida las cotizaciones sociales.

Entre los países industrializados lidera la tasa de dependencia demográfica Japón, con un 44,51%. Las cuatro grandes economías de la zona del euro registran elevadas tasas relativas: Alemania (32,63%), Francia (31,39%), España (28,81%) e Italia (25,73%). Otras grandes economías de la OCDE como Estados Unidos y Canadá, registran tasas de dependencia demográficas relativamente menores a las europeas, un 22,97% y 24,53%, respectivamente.

En el lado opuesto se encuentran los países en desarrollo que tienen tasas de dependencia demográficas mucho más bajas:  China (13,75%), Brasil (11,72%), México (10,04%), India (8,87%), Indonesia (7,85%) y Tailandia (6,61%), por ejemplo.

FACILIDADES EMPRESARIALES

La eurozona sigue convaleciente. Fortalecimiento institucional y políticas económicas adecuadas son las conclusiones que la Comisión Europea ha deducido como necesarias y simultáneas para que la Unión Monetaria (UME) siga funcionando. Las primeras tienen en la creación de un Fondo Monetario Europeo (FME) y un presupuesto específico de la eurozona, su principal referencia. En las segundas se hace hincapié en las reformas de los mercados de trabajo y de productos, con el fin de aumentar la capacidad de resistencia frente a futuras crisis y aumentar el crecimiento potencial de las economías. A este último respecto la Comisión en su último Informe trimestral sobre la eurozona ( https://ec.europa.eu/info/publications/economy-finance/quarterly-report-euro-area-qrea-vol-16-no-1-2017_en) destaca la conveniencia de no llevar a cabo de forma aislada reformas en el mercado laboral. Se aporta evidencia econométrica de los efectos favorables cuando las reformas de los mercados de trabajo y de bienes y servicios se abordan simultáneamente. Las consecuencias adversas a corto plazo derivadas de reformas aisladas y prioritarias en el mercado de trabajo se atenúan si coexisten con otras reformas, así como con el apoyo en actuaciones macroeconómicas que compensen sus efectos depresivos sobre la demanda.

No se ha hecho así en algunos casos. En realidad, cuando se hace referencia a reformas estructurales destinadas a mejorar la eficiencia de las economías, desde luego de la española, se piensa casi exclusivamente en el mercado de trabajo. Es un error. Y así lo viene a certificar ese informe. Son tan necesarias o más las que se concretan en los mercados de bienes y servicios, en las instituciones, etc. Además, cabría añadir, es necesario que los impulsos reformistas no sean discontinuos, sino que formen parte de una tensión permanente en todos los ámbitos que condicionan la actividad económica, que puedan llegar a obstaculizar innecesariamente el funcionamiento de las empresas, incluido su nacimiento.

En esta ocasión la Comisión se incorpora a los numerosos analistas que utilizan los indicadores que aporta el informe “Doing Business” (DB) del Banco Mundial como base para facilitar la generación de ganancias de productividad. Es una de las áreas más importantes de reforma estructural, la que recae sobre las regulaciones y calidad de las administraciones públicas, como determinantes del entorno empresarial. La evidencia de su influencia en la calidad del crecimiento existe desde hace años: un mejor entorno empresarial genera efectos favorables sobre la inversión privada, así como una mayor movilidad empresarial y eficiencia asignativa. Y ahora es considerado con razón un área de prioridad en la segunda fase hacia la profundización de la UEM.

Merece la pena, por tanto, detenerse en ese análisis de las facilidades empresariales aprovechando la reciente publicación del correspondiente a 2017-18, ((http://www.doingbusiness.org/~/media/wbg/doingbusiness/documents/profiles/country/esp.pdf) en lugar del precedente que es el maneja el informe de la Comisión y, además, el específico sobre España (http://www.doingbusiness.org/~/media/WBG/DoingBusiness/Documents/Profiles/Country/ESP.pdf). No es la primera vez que se hace referencia en esta columna a la significación creciente que han cobrado esos informes en el análisis académico y profesional del potencial de las 190 economías escrutadas cada año, de su capacidad para regenerar el tejido empresarial y para atraer inversiones extranjeras directas. Evalúa la facilidad o la dificultad para la gestión de una empresa pequeña o mediana, incluida su creación, cumpliendo todas las regulaciones del país en cuestión. Son diez aspectos los considerados esenciales a ese respecto, desde las facilidades para la constitución de una empresa, hasta la obtención de los permisos necesarios para obtener los suministros básicos, o para acometer proyectos de construcción, pasando por regulaciones de solvencia, fiscales, o la obtención de crédito.

El informe ha ido enriqueciéndose con más indicadores. Como la propia institución admite tiene algunas limitaciones metodologías, como son las derivadas de dejar fuera de su alcance aspectos relevantes como la proximidad a grandes mercados, la calidad de las infraestructuras de algunos servicios, la seguridad, la transparencia de las contrataciones públicas o las condiciones macroeconómicas, que otros informes como el del World Economic Forum incluyen. En realidad, los indicadores están referidos a empresas de dimensión mediana, normalmente de propietarios individuales, de responsabilidad limitada, que operan en grandes ciudades.

Los progresos realizados en los últimos años por la mayoría de las economías no pueden ocultar las marcadas diferencias entre países dentro de la UE. Los mejores resultados siguen siendo los obtenidos por economías no pertenecientes a la moneda única: Dinamarca es el mejor calificado, tercero en la lista global, pero también destacan favorablemente Suecia o Reino Unido. Estonia, Finlandia, Letonia, Alemania e Irlanda son los mejores de la eurozona. España no queda muy bien, un año más. Y es difícil entenderlo porque las reformas consecuentes con los indicadores de ese registro son baratas, no incorporan grandes esfuerzos presupuestarios.

En el correspondiente a 2017, España está en la posición 32ª, desde la 33ª del año anterior, por debajo del promedio de la OCDE. La mejor ciudad que sale en la clasificación general es Logroño, seguida de Madrid; Barcelona es la 6ª. En el indicador correspondiente a la apertura de una empresa la posición de nuestro país es la 85º (requiere 7 procedimientos, se tarda de media 13 días, el coste es equivalente al 5% de la renta per capita y el capital mínimo necesario del 12,9%), un empeoramiento de seis posiciones respecto al año anterior. Madrid vuelve a aparecer en este indicador en segundo lugar, detrás de Sevilla, y Barcelona en la 9ª posición. Entre las diferentes categorías de indicadores, España lidera la clasificación global en materia de comercio transfronterizo y ocupa una posición aceptable en la resolución de insolvencias (18). Más bajas son las relativas al cumplimiento de contratos (29), protección de los inversores minoritarios (32) y pago de impuestos (37).

Complementario del anterior es el Global Competitiveness Índex (GCI), elaborado por el Word Economic Forum, al que también se refiere el FMI en su último informe sobre España. Se trata de una síntesis de 12 indicadores correspondientes a otros tantos pilares considerados expresivos de la capacidad competitiva de una economía: instituciones, infraestructuras, educación y formación profesional, eficiencia de los mercados de bienes y de trabajo, desarrollo financiero, adaptación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación empresarial e innovación.

En su última edición, la correspondiente a 2017, aparecemos en la posición 34º dos lugares por debajo de la del año pasado. Los mejores pilares son infraestructuras (12) y tamaño de mercado (17). En el listado de factores más problemáticos para la actividad empresarial, el indicador más comparable con el DB del BM, los resultados no son buenos. Burocracia gubernamental, fiscalidad, ineficiencias en el mercado de trabajo, dificultades para innovar, nos diferencian adversamente. Los mejores resultados en esos 12 pilares los obtenemos en infraestructuras y en salud y educación primaria, tamaño de mercado y adaptación tecnológica. Este último contrasta con la posición que ocupa nuestro país en el DESI (Digital Economy and Society Index), que sintetiza los indicadores relevantes de adaptación y competitividad digital de los países de la UE. Con una puntuación de 50,5, frente al promedio de la UE, de 49,4, pero muy por debajo de las economías nórdicas que también aquí lideran la clasificación.

La conclusión es obvia. Observar las buenas prácticas de las economías más eficientes y competitivas debería marcar la pauta para su adopción. En mayor media, como es el caso en casi todas ellas, si las decisiones consecuentes para adaptarlas a nuestra economía apenas comportan esfuerzos presupuestarios significativos.

(Diario El País 15/10/2017)

Exportar hace mejores a las empresas

Las empresas exportadoras, por término medio, son “mejores” que las empresas no exportadoras. Lo son porque tienen más empleados, porque son más productivas, porque pagan mayores salarios y porque realizan una mayor inversión en investigación, desarrollo e innovación. Por ello, los gobiernos desarrollan programas para tratar que un mayor número de empresas se conviertan en exportadoras.

Los economistas tenemos dos teorías para explicar por qué las empresas exportadoras son mejores que las no exportadoras. La primera teoría defiende que, desde su nacimiento, algunas empresas son más productivas que otras. Las empresas más productivas obtienen más beneficios porque sus precios son más competitivos y venden más, o porque pueden producir un producto de mayor calidad, y cobrar un mayor precio. La exportación exige a las empresas asumir costes adicionales a los que soportan en el mercado doméstico. Estos costes adicionales están ligados a unos mayores costes de transporte, a la existencia de aranceles, y al coste adicional de analizar los mercados exteriores, de encontrar distribuidores adecuados y de adaptar el producto a las características de los consumidores foráneos. Las empresas más productivas son capaces de hacer frente a estos costes adicionales y todavía obtener beneficios en los mercados exteriores. Según esta teoría, la exportación no hace a las empresas mejores. Lo que ocurre es que solamente las mejores empresas pueden exportar. Por ello, observamos una correlación positiva entre exportar y tener unas características empresariales más atractivas. Según esta teoría los gobiernos no deberían gastar un euro en programas de promoción de exportaciones, ya que la capacidad de exportar está ligada a habilidades que están determinadas desde el nacimiento de las empresas.

La segunda teoría sugiere que la propia actividad exportadora mejora la productividad de las empresas. En los mercados exteriores, las empresas exportadoras se ven obligadas a competir con otras empresas que, en muchas ocasiones, son más eficientes que las de su mercado doméstico, lo que les obliga a agudizar el ingenio para ser más competitivas. Asimismo, al exponerse a nuevos mercados las empresas pueden aprender de sus competidores. Finalmente, si los clientes extranjeros son más exigentes con la calidad del producto o del servicio, la empresa se verá obligada a mejorar sus procesos para alcanzar ese mayor nivel de calidad. La recomendación de esta teoría, a diferencia de la primera, es que el gobierno debe incentivar a las empresas a que exporten, ya que la propia actividad exportadora hará a las empresas mejores. Esta intervención pública está especialmente justificada si las empresas se enfrentan a alguna barrera, como la falta de información, que les impide dar el paso de exportar.

Aunque la intuición nos dice que la segunda teoría es muy plausible (no hay nada mejor que echarse al agua para aprender a nadar), los estudios, hasta ahora, no habían encontrado evidencias claras de su validez. En cambio, los estudios confirman sin fisuras la primera teoría. Sin embargo, un reciente trabajo de David Aitkin, Amit Khandewal y Adam Osman, ofrece evidencia empírica muy convincente de que exportar hace mejores a las empresas.

Para realizar el estudio, los autores colaboraron con la ONG estadounidense Ayuda para Artesanos, cuyo objetivo es facilitar la exportación de productos artesanales de los países en vías de desarrollo a los países desarrollados. En el estudio se analiza el programa de esta ONG para facilitar la exportación de alfombras fabricadas en la localidad egipcia de Fowa, que cuenta con un colectivo muy numeroso de artesanos de alfombras, a los países desarrollados. Para implementar este programa, la ONG contactó con una empresa intermediaria en la venta de alfombras de Fowa. La ONG ofreció al intermediario formación en marketing y en las características de las alfombras que se demandaban en Estados Unidos y Europa. La ONG también ayudó al intermediario a encontrar clientes en países desarrollados. Tras un año y medio de trabajo, la ONG y el intermediario lograron un importante pedido de alfombras de un cliente alemán. A continuación, los autores del estudio eligieron de forma aleatoria a los artesanos de Fowa que iban a fabricar las alfombras para este pedido. Al mismo tiempo, eligieron también de forma aleatoria un grupo de control, constituido por artesanos que no iban a fabricar alfombras para el pedido.

El estudio analiza si los artesanos que recibieron el pedido de alfombras mejoraron sus beneficios con relación al grupo de control. Los autores concluyen que los artesanos elegidos para fabricar las alfombras aumentaron sus beneficios por hora trabajada con relación a los artesanos del grupo de control, entre un 16% y un 26%. Este incremento en los beneficios por hora trabajada se debía a que los artesanos exportadores tenían que fabricar una alfombra de mayor calidad que la fabricada por el grupo de control, mayoritariamente destinada al mercado nacional.

El estudio muestra que la oportunidad de fabricar un producto de mayor calidad, y de un mayor precio, es la que incentiva a los artesanos a ser más productivos. Los clientes extranjeros, al demandar un producto de mayor calidad, obligan a los artesanos de alfombras egipcios a convertirse en mejores artesanos. Los autores confirman esta hipótesis mediante tres evidencias. En primer lugar, observan que la productividad de los artesanos elegidos mejora de forma gradual, a medida que van acumulando experiencia en la fabricación de alfombras de mayor calidad. Si los artesanos ya supiesen cómo producir alfombras de mayor calidad, la productividad habría aumentado inmediatamente. En segundo lugar, observan que existe un diálogo continuo entre los artesanos y el intermediario para identificar qué cambios debían realizar en el proceso de producción y qué nuevas técnicas debían aplicar para alcanzar la calidad demandada. En tercer lugar, tras finalizar el pedido, los autores pidieron a los artesanos exportadores y a los artesanos del grupo de control fabricar la misma alfombra con la misma maquinaria y con los mismos productos intermedios. Sistemáticamente, los artesanos exportadores, en el mismo tiempo, fabricaban una alfombra de mayor calidad que los artesanos del grupo de control.

El estudio nos deja varias lecciones. En primer lugar, las empresas, por término medio, tienen capacidad de mejorar su productos o servicios si tienen incentivos para hacerlo. La exportación ofrece estos incentivos siempre que los productos o servicios demandados sean de mayor calidad. En segundo lugar, la mejora en la productividad se produce a través de una transmisión del conocimiento sobre características del producto y de técnicas de fabricación de los clientes finales, y de los intermediaros, al fabricante. Es importante destacar que en este trabajo la empresa intermediaria era la encargada de la relación con el cliente final y de la logística de la exportación. En los países más avanzados, las empresas también tienen que encargarse de estas actividades, lo que aumenta las posibilidades de aprendizaje y mejora. Exportar sí hace mejores a las empresas. Por tanto, si quiere mejorar, échese al agua de los mercados internacionales.

Inoportunidad

Junto a todo lo demás, la explosión del problema catalán, por sus posibles efectos sobre la reputación exterior de España, puede recortar (¿arruinar?) la magnífica posibilidad que esta tiene ahora de incorporarse al grupo de países que liderarán el deseado reimpulso de la Unión Europea.

Vayamos por partes. Las últimas semanas han sido pródigas en mensajes de aliento para el proyecto común europeo. Primero Juncker y después Macron han sido muy explícitos, revistiendo de buscada solemnidad en cada caso sus declaraciones. El presidente de la Comisión eligió el plenario del Parlamento de Estrasburgo, con ocasión del discurso sobre el Estado de la Unión, para reclamar máxima ambición “ahora que hace buen tiempo”, esto es, los buenos indicadores que arroja la recuperación económica; una “agenda de máximos” que involucre a todos los socios: moneda única para los Veintisiete, conversión del Mecanismo de Estabilidad (Mede) en un Fondo Monetario Europeo, presupuesto para la eurozona y superministro de Finanzas del euro, unión bancaria completada con un fondo de garantía de depósitos común y un fondo de resolución de bancos, ampliación del acuerdo (Schegen) sobre libre circulación de personas, junto con propuestas para afrontar el desempleo (20 millones de parados) y el flujo migratorio. Macron, a su vez, sólo quince días después, seleccionó la noble y hermosa sede de La Sorbona en el centro del viejo París, y con su encendida retórica también pidió la creación de un Fondo Monetario Europeo, un superministro de Finanzas y un presupuesto del euro, pronunciándose a favor de la unión fiscal al tiempo que desgranaba una batería de medidas en materia migratoria, militar y medioambiental.

A continuación, sin apenas pausa, la cumbre informal celebrada en Tallin al terminar septiembre ha servido de espaldarazo a ambos pronunciamientos: no para contenidos concretos —“todavía no hay que hablar de los detalles”, advirtió Angela Merkel—, pero sí en espíritu y propósito: “Europa no puede seguir igual”, sentenció también Merkel con rotundidad.

Y bien, ese no poco enfático relanzamiento del proyecto europeo, si comenzara efectivamente a materializarse, brindaría una excelente ocasión para que España elevase el listón de sus aspiraciones. En una Unión Europea sin el Reino Unido, España tiene muchas bazas para sumarse al “núcleo duro” que normalmente acogerá a Alemania, Francia, Italia y Holanda. La fortaleza de nuestro crecimiento económico nos ha devuelto aprecio y crédito en el exterior. Una oportunidad de oro, quizá equivalente a la que, tres décadas atrás, representó la adhesión al club comunitario, cuando alcanzar lo que había sido un anhelo intergeneracional actuó como palanca de superación.

Durante largos años, Europa ha constituido uno de los vértices del “triángulo virtuoso” —la estabilidad y el entendimiento del acuerdo como “bien democrático” han sido los otros dos— que ha propiciado en la democracia española la modernización económica y social y la apertura exterior; ahora, el coliderar el “renacimiento” de la integración continental puede ser también un formidable revulsivo. Si la eclosión independentista en Cataluña lo obstaculizara, todos los españoles, incluidos los catalanes, perderíamos mucho: además de reprobable, inoportuna.

La bici: economía e ideología

Hace unos meses hubo una polémica sobre la construcción de un anillo ciclista en València (lean por ejemplo aquí y aquí). El anillo ciclista es un carril bici de doble sentido que circunvala el centro de la ciudad. Se ha construido segregado del tráfico y para ello se han eliminado carriles para el tráfico motorizado y plazas de aparcamiento. Los sospechosos habituales de la polémica alrededor del anillo fueron los atascos, el coste de las obras, la posible infra-utilización de la infraestructura y el descenso de ventas en los comercios. Unos meses tras la inauguración, el carril bici está lleno de bicis y los atascos son lo habituales en la centro (ver aquí). La oposición al carril se ha diluido y la bici en general no se entenderá de aquí unos años igual que pasó con la ley anti-tabaco.

Lo curioso de la absurda polémica fue que nos encasillen en una cierta ideología a los que nos desplazamos habitualmente en bici o defendemos estas medidas. Soy ciclista, lo confieso. Uso la bici tanto en su aspecto deportivo y lúdico como medio de transporte urbano (recorro más kilómetros en bici que en coche al final del año).  En pocos deportes como el ciclismo se aplica tan sutilmente el arte de gestionar recursos escasos como en el ciclismo. Muchas veces pienso que todo lo poco que sé de economía lo he aprendido dando pedales cada día (ver aquí).Pero intento que la opción de mi medio de transporte no enturbie mi capacidad de análisis. De hecho, no siempre he estado de acurdo con las medidas que ha tomado el actual ayuntamiento en materia ciclista (como dejé constancia aquí al oponerme a no obligatoriedad del casco).

La bicicleta no tiene ideología, es tan sólo un medio de transporte más. Puede resultar erróneo inferir simpatías políticas de la preferencias ciclistas. De hecho, políticos de todos los colores apoyan el uso de la bici como el conservador británico Boris Johnson que dijo: “imaginad si pudiésemos inventar algo que redujese la congestión del tráfico, el ruido, la contaminación y la mala salud. Algo que mejorase la vida de todo el mundo, de manera rápida, sin el coste de la construcción de nuevas carreteras y líneas de tren. Bueno, lo inventamos hace 200 años: la bicicleta”.

bici caidaNo soy un experto en economía del transporte urbano, pero es un tema un tema bastante estudiado en la literatura especializada. Como economista intento que el resbaladizo terreno de lo ideológico no empantane mi capacidad de análisis (eso lo dejo para la bici, como muestra la foto de la izquierda). Me decanto más por atender lo que dicen los estudios de mis colegas que otras consideraciones sin aval empírico. Hay bastantes evidencias que sugieren que los beneficios superan los costes, que también los hay. Por ejemplo, un análisis en tres ciudades Noruega indican que los beneficios cuadriplican los costes (Sælensminde, 2004). Además de los efectos en la salud y contaminación, lo interesante de este caso fue que la introducción de carril bici no incrementó sustancialmente los atascos. Los conductores eligieron mejores rutas alternativas (avenidas más amplias alejadas del centro) en previsión de congestión y como consecuencia se descongestiona el tráfico del centro de la ciudad.

Como resumen, los estudios más relevantes señalan lo siguiente:

  1. El uso de la bicicleta urbana tiene efectos positivos a nivel individual (salud), colectivo (contaminación) y económico (menor coste, turistas, servicios de alquiler). (Handy, van Wee & Kroesen, 2014)
  2. Hay muchas razones por las cuales decidimos o no utiliza la bici. Una de ellas es disponer de un carril bici (Heinen , van Wee & Maat, 2010).
  3. Existe una relación positiva entre carriles bici y el nivel de actividad ciclista (Buehler & Dill, 2015).
  4. Los carriles bici tienen un coste. Cuando las preferencias están jerarquizadas, recomiendan separar las redes en zonas de alta densidad de flujo de peatones o vehículos (Buehler & Dill, 2015).

Afortunadamente un carril bici no es una infraestructura irreversible. Si los hechos demuestran que el aumento de la bici en detrimento del coche supone un coste superior al beneficio, estaré dispuesto a cambiar de opinión. Mientras tanto, seguiré pedaleando.

Indicador de coyuntura: Septiembre 2017

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de agosto con los datos publicados hasta julio de ventas, producción industrial y renta, y hasta agosto de afiliados. El valor que toma el indicador continúa oscilando en los niveles en los que se mantiene en los últimos cuatro años. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en agosto es de 1,2, un poco por debajo del valor que tomó en julio de 1,3, y notablemente inferior al que tomó en junio de 2,5.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, casi todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE han empeorado, con excepción de afiliados. La producción industrial, las ventas y la renta pasan de crecer 3,3%, 3,9% y 4,1% en junio, a crecer 2,0%, 2,3% y 2,9% en julio. Por su parte, los afiliados crecen en agosto 3,3%, por encima del 2,6% de julio.

indica1

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Esta evolución coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio

isa

o el indicador que elabora Fedea para reflejar la evolución de la actividad económica en España.

FEDEA

La pérdida de vigor en el movimiento de los indicadores coincide con la evolución del PIB prevista para la economía española. Durante los primeros dos trimestres del año, el PIB ha crecido a un ritmo de 0,8% y 0,9% en tasas intertrimestrales. De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de agosto, y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se estima que el avance trimestral del PIB se sitúe en torno al 0,7% o 0,8%.

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Por su parte, la previsión de FUNCAS y AIReF para la tasa interanual del PIB, también apunta a la desaceleración del crecimiento

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