EUROPA EN CRISIS

Europa se encuentra hoy inmersa en una crisis general, que se extiende no sólo al ámbito económico, sino también al social y al político. Este es un uno de los temas que, entre otros,  se ha discutido en el workshop organizado por el IGLP de Harvard y el ICEI de la Universidad Complutense de Madrid que se ha celebrado la pasada semana en la ciudad financiera del Banco Santander, en Madrid.

La crisis económica ha puesto de relieve que Europa está lejos de constituir un área monetaria óptima, es decir, un área apropiada para una moneda única. Esto es algo que los economistas ya sabíamos desde hace tiempo, a tenor de los diversos análisis derivados del trabajo seminal de Robert A. Mundell de 1956. Pero el proyecto europeo se justificaba sobre la base de que la optimalidad de un área monetaria se construye también a través del propio proceso de integración económica y monetaria, siempre que los países involucrados participen de un destino común y coincidan en la forma de plantearse y resolver los problemas. Hoy sabemos bien que la Europa unida se encuentra lejos de cumplir este requisito indispensable. Por el contrario, el lograrlo requerirá aún de un esfuerzo muy notable.

En términos económicos, hoy apenas se ha recuperado el PIB anterior a la crisis. En el área euro, esta magnitud sólo alcanzó en 2015 un 0,3% más que en 2008, frente a un 10% más en EE.UU. Alemania, Polonia y algunos países pequeños (Suecia, Irlanda, Malta, Eslovaquia) han conseguido mejores resultados,  superiores a la media, pero España, Portugal, Gracia, Italia, Chipre y Finlandia se encuentran por debajo de los niveles de producción previos a la crisis. En el empleo la recuperación es aún menor, aunque también lo es para EE.UU.

En términos sociales, se ha acelerado la tendencia hacia la desigualdad en la distribución de la renta, en gran parte como producto del aumento del desempleo, y se ha extendido entre una parte importante de la población una actitud de rechazo de la inmigración que ha favorecido el auge de los movimientos políticos involucionistas, contrarios a los valores europeos de solidaridad, integración y libre movilidad de las personas.

En el ámbito político, la capacidad de las autoridades europeas para atajar los diversos problemas y conflictos, comenzando por el importante asunto de la crisis griega, ha sido muy limitada. Alemania ha mostrado una gran resistencia a asumir un liderazgo clarividente y solidario, y el eje franco-alemán, en otro tiempo muy fructífero, apenas ha funcionado,  sin que quepa esperar su pronta reconstrucción. Por ello, puede decirse que la gobernanza europea se encuentra hoy huérfana, reclamando la contribución positiva de todos los países, que no se antoja fácil, dadas las divisiones con respecto al futuro del proyecto comunitario.

Este ha sido el marco propicio  para que Brexit se haya producido y también para que la ya anémica situación de la banca italiana se acentúe, introduciendo más incertidumbre acerca del futuro y ralentizando la recuperación económica. Las previsiones acerca de la evolución del PIB se han reducido al endémico 1.5%, tanto para este año como para el que viene.

Por otra parte, el desconcierto de las autoridades europeas ha alcanzado límites notorios. La falta de soluciones claras a problemas urgentes (los refugiados) y la excesiva preocupación por temas menores (las multas a España y Portugal) amenazan con agravar los conflictos abiertos y con multiplicarlos. El incremento del número de atentados terroristas añade a estos factores el miedo de la población.

En este escenario crítico y confuso, cobra más relieve el considerable avance logrado en la construcción de un área monetaria óptima: la consolidación de un  fuerte y activo Banco Central Europeo, a pesar de las reticencias alemanas. Es esta institución quien ha salvado a Europa de una crisis económica más profunda.

Parece obvio que resulta necesario seguir avanzando con paso firme en la integración europea, primero con la unión bancaria europea, cuya construcción debe ser bien administrada (no provocando heridas en Italia), y después, a través del incremento del presupuesto común, que dote de mayor capacidad de acción a las autoridades comunitarias ante nuevos shocks, simétricos y asimétricos. También mediante la emisión de deuda pública común (eurobonos), como clara señal dirigida a los mercados financieros del compromiso común en la defensa del euro.

Además, es urgente construir una mejor y más transparente gobernanza europea, con un extenso acuerdo entre países, y probablemente, con diferencias en los caminos hacia una mayor integración (dos velocidades). De entrada, ha de buscarse un buen acuerdo con el Reino Unido.

Estas acciones deben ser el centro de una estrategia general dirigida a hacer valer los beneficios de pertenencia a la UE, en lugar de resaltar sus servidumbres, que debe incrementar la seguridad de la población europea, hoy confusa y asustada, y favorecer nuevas cesiones de soberanía nacional en aras de un futuro común.  La  Europa Comunitaria tiene que convertirse en un proyecto no sólo exigente, sino también atractivo, al que más y más países quieran incorporarse  y del que ninguno quiera abdicar.

Indicador de coyuntura: Julio 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de junio con los datos publicados hasta mayo de ventas y de producción industrial, y hasta junio de renta y de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado desde el año 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en junio es de 2,8, inferior al valor de abril (3,3) y ligeramente superior al de mayo (2,2).

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE muestran signos ambiguos. Los indicadores que presentan datos en mayo indican una ralentización de la recuperación económica, mientras que los indicadores que presentan datos para el mes de junio muestran una leve mejora. Entre los primeros, los valores de renta y afiliados suben de 4,5 y 2,1 en mayo a 5,4 y 2,9 en junio. Entre los segundos, la producción industrial y las ventas bajan de 8,9 y 4,9 en abril a 4,0 y 2,2 en mayo.

Las paradojas del Brexit, por Juan A. Vázquez García

No es momento para dramatizar, pero no se puede desconocer la gravedad que supone el Brexit. Como si se tratase de una alineación desfavorable de los astros en este solsticio de verano, los rescoldos de la hoguera de San Juan nos han dejado una decisión de alcance tan grave como desconocido e imprevisible.

En el desenlace ha tenido mucho que ver la conjunción de frivolidad y descaro, de mentira y amoralidad, con que han actuado muchos políticos, de la vieja y la nueva hornada, que han convertido a la sociedad en rehén de sus particulares juegos de tronos. También la deriva de una UE en retroceso, desconcertada, paralizada y burocratizada.

Pero lo que me llama más poderosamente la atención son las paradojas a las que puede conducir este episodio del Brexit. La primera de ellas es de orden político: ya se ve que suplantar la democracia representativa por la democracia directa del “derecho a decidir” conduce a referendos de devastadores efectos, capaces de producir bandazos de consecuencias imprevisibles, de dividir todo por mitades, de fracturar sociedades, de convertir en determinantes del futuro a los que ya solo tienen pasado y de marcar por leves fronteras porcentuales decisiones irreversibles por generaciones.

La segunda paradoja muestra el potencial destructivo de los populismos de uno y otro extremo, el engaño de simplificar lo complejo, de enmascarar las realidades con ensoñaciones, de promover revoluciones de sonrisas que se van quedando heladas a lo largo de un trayecto sin ruta fijada y con rumbo que se admite desconocer sin reparo. En ese viaje hacia lo desconocido hay tanto de irresponsabilidad en quiénes lo promueven como de simpleza en quiénes lo secundan con un reflejo de perdedores de la globalización que emprenden una huida hacia delante que no es más que una vuelta atrás, que buscan refugio en mundos reconocibles y, para ellos más seguros, que han dejado de existir y, por más que lo pretendan, ya no van a volver.

La tercera paradoja es económica y se cifra en los costes innecesarios que pagaremos todos (los entusiastas del Brexit en primer lugar) y en las falsas promesas de estar mejor que solo conducen a estar peor. Son muchos los potenciales efectos negativos a medio plazo en el ámbito comercial, de las incertidumbres financieras, de los riesgos económicos o de las expectativas empresariales. Pero basta comprobar, ya en tan solo los primeros días, la pérdida de capitalización de las empresas, la depreciación de la libra, la volatilidad de los mercados, el descalabro de las bolsas, las subidas de las primas de riesgo, el activismo de los Bancos Centrales inyectando liquidez y, en fin, la pérdida de riqueza de todos (no solo de los ricos sino de las clases medias). Es posible que al final el temporal amaine, que el tiempo pase y se encuentre para el Reino Unido algún tipo de encaje o asociación con la UE que limite los daños del Brexit. Pero existe también el serio riesgo de que, apenas salidos de una crisis que ha estado en el origen de todo, nos adentremos en una nueva crisis como desenlace de este desdichado proceso.

Y la cuarta paradoja, es la de una pretendida afirmación de la soberanía nacional que puede derivar precisamente en la fragmentación de esa soberanía, que puede conducir a un Reino (des)Unido, al singular caso de una Escocia votando independencia para mantenerse en la UE (y de paso dando alas a Cataluña) y al enorme riesgo de un contagio que podría truncar definitivamente ese sueño que fue Europa, que con todas las imperfecciones que se quiera nos ha permitido vivir décadas de paz y de prosperidad. ¿Se imaginan lo que ocurriría con un nuevo referéndum para la salida de Francia (el Frexit) como el que ya propugna Marine Le Pen?

Siento no haber llegado a tiempo de quemar los malos augurios en la hoguera de San Juan. No me consuelan los argumentos del tipo de ¡que se vayan los que nunca han llegado a estar del todo! y, aunque quisiera creerlo, no me llegan a convencer los mensajes bienintencionados de que esto servirá para reforzar la cohesión o refundar lo que vaya quedando de la UE. Yo no estaré tranquilo mientras sigan celebrando el Brexit personajes como Farage, Le Pen, Trump o Putin, pero aun así no quiero caer en la desesperanza.

Juan A. Vázquez

                                                                        Universidad de Oviedo

Dos puntos de inflexión

Es lo que suponen —o podrían suponer— los resultados del 23 y del 26J. Siempre es aconsejable distanciarse de lo que acontece antes de proceder a valoraciones, pero la doble sorpresa que han deparado las consultas de la semana pasada incita a pronunciarse.

El triunfo de los partidarios del “Brexit” corta, desde luego, un proceso que después de seis décadas parecía irreversible: la construcción de la unión europea, ampliando sucesivamente el número de países y de competencias. En ese sentido, más que una curva en el camino es una vuelta atrás. Un club cuyo problema hasta ahora, con relación al número de socios, era acordar las condiciones y el calendario de quienes solicitaban ingresar en él, se enfrenta abruptamente a que uno de ellos –y no el menos importante, por cierto- opta por desvincularse, impulsando con ello de paso eventuales apetencias análogas entre quienes quedan dentro.

Todo un “shock”. No puede restársele importancia. Sí, en cambio, puede aprovecharse para hacer de él un auténtico punto de inflexión en la trayectoria seguida por la UE en los últimos años, tan titubeante. Primero fue el largo “impasse” institucional a consecuencia de la frustración del Tratado Constitucional tras el rechazo —en sendos referendos, por cierto— de Francia y Holanda. Acto seguido, el impacto económico y social de la Gran Recesión, cuando comenzaba a digerirse la adhesión de doce nuevos países y a rodar una moneda sin apoyaturas. Entre medias, el fiasco de la “Primavera árabe”, con recurrentes estallidos del “gran magma islámico” —según la metáfora orteguiana—, que convierte al flanco sur de Europa en una frontera vulnerable, con letales impactos también tierra adentro. Casi simultáneamente, tensiones conflictivas en la frontera oriental, tras la anexión de Crimea por Rusia. Todos, como el propio triunfo del Brexit, acontecimientos no previstos —aunque quizá no imprevisibles—, que han zarandeado un proceso que tiempo atrás, consumada la unificación de Alemania, parecía tener el camino expedito. Con el resultado conjunto de avances entrecortados y siempre un poco agónicos, perdiendo en el camino crecientes proporciones de opinión ciudadana, que hoy bascula del euroescepticismo a la eurofobia. Por eso el 23J debe ser un punto de inflexión. O fortalecerse o morir. Más que nunca, el aliento político —paz y metas comunes de libertad y progreso— que está en la base de lo que hoy es la Unión Europea, tiene que adquirir fuerza suficiente para desbrozar una senda que, en términos retrospectivos, tan buenos réditos ha dado ya a tres generaciones de europeos y que, si se mira hacia delante, es la única que puede salvar de la irrelevancia a la UE —y no solo a cada uno de los países que la integran— en un mundo global cuyo centro de gravedad se aleja cada vez más de nuestro continente.

Como constituiría otro pronunciado viraje el que los resultados del 26J se proyectaran sobre el mapa electoral europeo. La pérdida de votos de las candidaturas abiertamente populistas refuta el supuesto crecimiento imparable de las fuerzas de ese signo, que en tantos casos —aquí y en toda Europa— mezclan reivindicaciones domésticas con rechazo de la mundialización y la democracia. Lo ocurrido en España como pauta a seguir: otro deseable punto de inflexión.

Paradojas e Imposibilidades: del Brexit al Sorpasso

¿Se acuerdan de la pregunta último referéndum en el que se nos invitó a votar? Probablemente no, pero Wikipedia tiene la memoria que nos falta: ¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa? España, como Fuenteovejuna respondió que sí (y todos a una). Pero resulta que los Holandeses dijeron que no y ahí sigue la constitución Europea, durmiendo el sueño de los justos.

Muy probablemente ni Holandeses ni Españoles nos leímos atentamente la constitución europea antes de votarla y tampoco teníamos una idea clara de cómo nos iba a influir. Al igual que los británicos con su particular “Brexit”, votamos por inercia, por tradición o simplemente porque pensábamos que individualmente nos iría mejor o peor con más integración Europea.

La falta de información, capacidad de compresión o de previsión pueden propiciar situaciones injustas y comprometidas para un amplio espectro de la población. Por ejemplo, hoy se constata la profunda injusticia del Brexit para los escoceses, irlandeses del norte, londinenses y jóvenes británicos, que votaron mayoritariamente por permanecer en Europa.

La organización del sistema de votación puede conducir a situaciones injustas o socialmente ineficientes. Lo sabemos desde el siglo XVII cuando Condorcet publicó su ensayo sobre la paradoja de la votación.  Consecuentemente, la mayoría de democracias parlamentarias (desde la revolución francesa) han implementado mecanismos de control para evitar situaciones injustas. Por ejemplo, el sistema bicameral, las segundas vueltas o una mayoría cualificada para cambiar leyes orgánicas.

Sucede además que la suma de preferencias individuales no tiene que coincidir necesariamente con las preferencias de toda la sociedad, que son mucho más complejas. El problema se complica especialmente cuando ampliamos el número de alternativas posibles. En nuestro país, hasta hace dos elecciones teníamos tan solo dos partidos con posibilidades realistas de gobierno. En este caso las preferencias sociales representaban bastante bien las preferencias individuales (salvando los problemas de desinformación). Una mayoría estaba contenta y la minoría no tanto, pero se podía alcanzar un sistema relativamente justo.

En cambio, ahora podemos elegir entre cuatro alternativas con alternativas reales de gobernar. No se puede calificar de sorpresa el resultado electoral cuando tan solo ha cambiado ligurmente con respecto a las anteriores elecciones la distribución dentro de los bloques, pero no la varianza entre grupos. Tampoco nos puede sorprender si tenemos en cuenta el artículo de premio Nobel Arrow “A Difficulty in the Concept of Social Welfare” (1950). En definitiva, lo que demuestra Arrow es que es imposible agregar las preferencias individuales con más de tres alternativas sin violar principios básicos de justicia social como la existencia de un sistema democrático.

En su teorema de la imposibilidad, Arrow añade también el principio de la independencia de alternativas indiferentes. Este último principio asegura que la preferencia social entre dos alternativas depende exclusivamente de las preferencias individuales entre ellas. Por ejemplo, si la aparición de un tercer candidato no altera las preferencias individuales con respecto a los candidatos ya existentes, no se deberá alterar el resultado electoral. Individualmente, todos lo que participamos en la votación teníamos clara nuestra preferencia acerca del candidato que debería gobernar durante la próxima legislatura. Sin embargo, el resultado final vuelve a reflejar una imposibilidad; en este caso para gobernar de manera estable durante cuatro años.

El propio diseño de votación, el número de alternativas, la claridad de las preguntas (y de las consecuencias) pueden influir en el resultado de las votaciones, que pueden arrojar, bajo ciertas circunstancias, unas situaciones absurdas, paradójicas y con un alto grado de injusticia social.

Desigualdad de la renta y evolución del mercado de valores en EE.UU., 1947-2013

Recientes estudios han constatado empíricamente el aumento constante de la desigualdad de la renta en los EE.UU. desde los años setenta del siglo XX [1]. Uno de los principales factores que explica este fenómeno son las diferencias en la composición de las rentas de los ricos y de los pobres. Desde el punto de vista estadístico, menos del 20% de los hogares norteamericanos tienen acciones, y estas familias son en su mayoría de clase alta. Y ello produce una dicotomía, ya que los ricos reciben la mayor parte de sus ingresos del mercado de valores (plusvalías, opciones sobre acciones y dividendos), mientas que la clase media y la clase pobre reciben la mayor parte de sus ingresos de las rentas del trabajo o de las pensiones. En última instancia, las clases altas se beneficiarían de los períodos de bonanza del mercado de valores, mientras que el resto de la población no.

El coeficiente de Gini se utiliza para medir la desigualdad en la renta, dentro de un país, pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos las personas tienen los mismos ingresos) y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene toda los ingresos y los demás ninguno). Desde el punto de vista económico, la distribución de la renta empeoraría cuando el valor del índice de Gini fuera aumentado en el tiempo.

En el gráfico adjunto se muestra la evolución temporal para el periodo 1947-2013 de los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York (medidos por el índice S&P 500) y del coeficiente de Gini de los hogares de  EE.UU. que aproxima la desigualdad de la renta.

Las cifras muestran como la escalada del mercado de valores y el crecimiento de la desigualdad coinciden desde 1970 y que la alta correlación positiva entre ambas variables ha continuado hasta ahora. En concreto, el coeficiente de Gini ha aumentado desde el 0,394 en 1970 al 0,482 en 2013, mientras que el índice S&P 500 pasó de 92 en 1977 a 1476 en 2007 (aumento del 1500%) y entre 2007 y 2013 pasó de 1476 a 1848 (aumento del 25%).

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[1] Un excelente resumen de los trabajos y la metodología utilizada en los estudios de la desigualdad de la renta recientes puede verse en el artículo de Owyang, M. T. y Shell, H.G.  (2016): “Measuring Trends in Income Inequality”, Federal Reserve Bank of St. Louis The Regional Economist, April, 24 (2), pp. 4-5.

Alineamiento y corrupción política

Recientemente hemos disfrutado en Sevilla del XIX Encuentro de Economía Aplicada. El premio ALdE Jóvenes Investigadores 2016 fue para Miguel Angel Borrella Mas, quien nos ha enviado una entrada del trabajo ganador que podeis encontrar aquí. Mi más sincera enhorabuena al premiado.


ALINEAMIENTO Y CORRUPCIÓN POLÍTICA. TEORÍA Y EVIDENCIA EMPÍRICA EN ESPAÑA

La corrupción política observada a nivel local se ha convertido en uno de los principales problemas del país en los últimos años, con más de 200 municipios acusados formalmente de prácticas corruptas entre 1999 y 2011 (Jiménez et al, 2013).

Examinar el alineamiento político entre gobiernos locales y regionales es importante para entender este fenómeno. Por ejemplo, el efecto podría ser positivo si los municipios alineados se benefician de un control más laxo por parte del gobierno regional cuando el mismo partido controla ambos niveles. El análisis se realiza con de una base de datos propia creada a partir de un amplio conjunto de noticias publicadas online en los últimos 15 años, relacionadas principalmente con fraude en sobrefacturación, desvío de fondos públicos y sobornos entre 1999 y 2011. Como medida de control, se ha comprobado caso por caso cuando el escándalo de corrupción publicado en los medios realmente ocurrió.

Comparando la probabilidad de ser corrupto entre el grupo de municipios alineados, gobernados al mismo tiempo por el mismo partido, y el grupo de no alineados, se muestra que los primeros son significativamente más corruptos. Específicamente, el alineamiento político incrementa la corrupción política local en 2.2 puntos porcentuales, con respecto al 5.7% de media en los municipios no alineados. Además, el análisis heterogéneo del efecto de estar alineado revela que el mismo es más pronunciado en aquellos municipios alineados con i) un tamaño presupuestario por encima de la media, ii) más de 10.000 habitantes, iii) el principal partido de centro-derecha controlando ambos niveles y iv) mayoría absoluta en el gobierno regional.

Estos resultados empíricos son consistentes con una extensión de un modelo simple de rendición de cuentas electorales, desarrollado en Persson and Tabellini (2000). En el mismo, los políticos en el poder maximizan la probabilidad de reelección decidiendo el nivel óptimo de rentas públicas que extraen para su propio beneficio personal, aprovechando que las mismas no son perfectamente observadas y, por lo tanto, no se castigan con certeza. La extensión se introduce al permitir que tanto la competencia de los políticos desarrollando su cargo como la probabilidad de detectar casos de corrupción sean dependientes del alineamiento entre los gobiernos locales y regionales.

Este artículo extiende la literatura evaluando el alineamiento político, que se había centrado en mostrar un incremento en las transferencias recibidas por gobiernos locales alineados (Bracco et al., 2014; Brollo and Nannicini, 2012; Solé-Ollé and Sorribas-Navarro, 2008), investigando si el alineamiento afecta directamente a la corrupción. También contribuye a la literatura estudiando las causas de la corrupción, la cual había encontrado que la misma se fomenta tanto con un gobierno central débil (Shleifer and Vishny, 1993) como al tener recursos adicionales en la economía local (Brollo et al, 2013; Tella and Alles, 1999), analizando si las características del sistema electoral, la riqueza en los municipios y el signo del partido político gobernándolos afectan a la corrupción.

En conclusión, la estructura del escenario político español, donde i) cualquier partido puede estar al frente de diferentes niveles de gobierno al mismo tiempo, ii) el sistema electoral se basa en la representación proporcional y iii) los políticos son elegidos mediante listas de partido cerradas, puede contribuir a aumentar la corrupción en las administraciones locales (Persson et al., 2003). La mayor habilidad de los políticos alineados para obtener contratos públicos y proyectos, por ejemplo en la interacción con las empresas que proveen productos y servicios a distribuir como bienes públicos, puede constituir un ejemplo de cómo explotar los diversos canales que un partido puede tener al controlar tanto el gobierno local como el regional.

Enlace al artículo completo:

https://www.dropbox.com/s/rq48cwph288d22w/Borrella_corruption_jobmarketpaper.pdf?dl=0

REFERENCIAS

Bracco, E., Lockwood, B., Porcelli, F. and Redoano, M. (2015). Intergovernmental grants as signals and the alignment effect: Theory and evidence. Journal of Public Economics, 123 (C), 78-91.

Brollo, F. and Nannicini, T. (2012). Tying your enemy’s hands in close races: The politics of federal transfers in brazil. American Political Science Review, 106, 742-761.

Brollo, F. and Nannicini, T., Perotti, R. and Tabellini, G. (2013). The Political Resource Curse. American Economic Review, 103 (5), 1759-96.

Persson, T. and G. Tabellini (2000): Political Economics: Explaining Economic Policy, vol. 1 of MIT Press Books, The MIT Press.

Persson, T., G. Tabellini, and F. Trebbi (2003): Electoral Rules and Corruption, Journal of the European Economic Association, 1, 958-989.

Shleifer, A. and R. W. Vishny (1993): Corruption, The Quarterly Journal of Economics, MIT Press, 108, 599-617.

Solé-Ollé, A. and P. Sorribas-Navarro (2008): The Effects of Partisan Alignment on the Allocation of Intergovernmental Transfers. Differences-in-Differences Estimates for Spain, Journal of Public Economics, 92, 2302-2319.

Tella, R. D. and A. Ades (1999): Rents, Competition and Corruption, American Economic Review, 89, 982-993.

El impacto de Embarazada a los 16

Si me pidieran nombrar algún programa de televisión cutre, seguramente elegiría Gandia Shore de la cadena MTV. Para estar seguro de mi elección antes de escribir este post he seguido durante un par de episodios de reposición, las andanzas de Ylenia, Cristina “Core”, Alberto “Clavelitos”, y compañía, y he disipado todas mis dudas. Con estos precedentes, resulta difícil creer que otro docu-reality de esta cadena, Embarazada a los 16, pueda tener algún efecto positivo en el comportamiento de los jóvenes. Sin embargo, según un estudio realizado por los profesores Kearney y Levine, y publicado en el American Economic Review, sí lo ha tenido.

Como su título sugiere, Embarazada a los 16 es una serie que en cada capítulo cuenta las vicisitudes de una adolescente que se ha quedado embarazada. La serie quiere subrayar las dificultades a las que se enfrentan las jóvenes durante el embarazo y los primeros meses de vida del bebé. Los estudios señalan que las madres adolescentes no son más pobres por haber sido madres a una edad temprana; más bien, ser madres adolescentes es una consecuencia de las peores condiciones de vida en que vivían estas adolescentes. Sin embargo, dichos estudios concluyen que los hijos de las madres adolescentes tienen desventajas sociales y económicas frente a los hijos de mujeres más maduras, especialmente si estas tienen un mayor nivel educativo y están casadas. Por estas razones, se considera que reducir el número de madres adolescentes es positivo.

Embarazada a los 16 se estrenó en Junio de 2009 en Estados Unidos. Gracias a sus buenos índices de audiencia, la serie ha tenido cinco temporadas y ha generado dos spin-offs: Teen Mom I y Teen Mom II, donde se sigue documentando la vida de algunas de las jóvenes que aparecieron en la primera y segunda temporada de Embarazada a los 16.

Para analizar el impacto de la serie, Kearney y Levine utilizan los datos de audiencia de la serie entre las jóvenes de 12 a 24 años en los Estados Unidos, y analizan si los cambios en la audiencia están relacionados con variaciones en la tasa de fertilidad de las chicas de 15 a 19 años. Los autores utilizan diferentes técnicas para asegurar que están capturando una relación causal. Su conclusión es que un aumento de la audiencia en un 1% provoca una reducción de la tasa de fertilidad entre las adolescentes de un 2,3%. Los análisis muestran también que el programa habría contribuido en un 25% a la reducción total en la tasa de fertilidad de las adolescentes durante el periodo analizado.

Tras estimar el impacto de Embarazada a los 16, los autores se preguntan por qué las jóvenes que ven este programa reducen la probabilidad de ser madres adolescentes. Los autores argumentan que el programa, al subrayar las dificultades que tienen las madres adolescentes, provoca que los jóvenes quieran recabar más información sobre métodos anticonceptivos y sobre el aborto. De hecho, los autores muestran que tras la emisión de un episodio aumentan de forma notable las búsquedas en Internet y las menciones en Twitter de estos términos. Aunque el estudio no tiene datos para probarlo, teniendo en cuenta la reducción en el número de abortos entre las jóvenes estadounidenses, los autores señalan que el mecanismo más probable haya sido un mayor uso de métodos anticonceptivos.

El trabajo de Kearny y Levine pone de manifiesto que los programas de televisión pueden influir de forma notable sobre los comportamientos de las personas. Embarazada a los 16, a pesar de utilizar elementos de lo que se conoce como telebasura, ha tenido una influencia positiva al reducir el número de embarazos entre las adolescentes. ¿Tendrá también Gandia Shore algún efecto positivo entre los jóvenes que yo no soy capaz de ver?

Volver a las urnas

Cesen las lamentaciones. Ni el país está “colapsado”, ni la nuestra es una democracia “fallida”, ni está determinado que España encare un “devenir sombrío”. Basta con salir a la calle cualquier día a cualquier hora y en cualquier ciudad o pueblo para desmentirlo. Lo efímero de la legislatura no ha repercutido ni en la economía ni en el buen pulso diario del país, y han funcionado las instituciones más directamente concernidas (comenzando por la Corona, impecable). Lo que comienza a ser insoportable es el incesante goteo del diagnóstico derrotista en sus múltiples versiones por parte de columnistas y tertulianos sin nada mejor que hacer: el “pesimismo complacido” del que ha hablado severamente Claudio Magris, el autor de un memorable libro: “El Danubio”.

Lejos, desde luego, de esa propensión —tan infecunda—, la cita del 26J suscita por lo pronto una doble consideración. Primera: a tenor de los sondeos, otra vez las urnas expresarán la preferencia actual del electorado por un modelo multipartidista, con cuatro “noganadores” –en acertada expresión de José Juan Toharia—, pues ninguno de ellos, por sí solo, podrá formar Gobierno. Dicho de otro modo, el bipartidismo que garantizaba gobiernos fuertes y estables no parece que vaya a regresar de inmediato. Lo que equivale a decir que los españoles, como reacción precisamente a las malformaciones que se han adherido a la hegemonía de los dos grandes partidos, nos decantamos por una composición parlamentaria que, por su diversidad, favorecerá el debate y el contrapeso, haciendo imprescindible la negociación y el pacto, el entendimiento del acuerdo como bien democrático, el posibilismo frente al maximalismo, como también se ha apuntado con acierto. No será un mal menor. Si tal mensaje se sabe aprovechar, se abrirá una posibilidad real de revitalizar modos y procedimientos, ganando calidad la democracia española. Las reformas institucionales de calado que hoy están sobre la mesa requieren ambiciosos pactos para llevarlas a buen término; lo que no se ha hecho en una larga legislatura con mayoría absoluta en ambas cámaras, deberá acometerse ahora sumando las fuerzas precisas.

La segunda nota ha tenido una oportuna ilustración durante este 1º de mayo: el tono de las manifestaciones que han recorrido las ciudades españolas contrasta, a favor nuestro, con el tenso y violento registrado en no pocas capitales europeas. El riesgo de movimientos antisistema “extra-muros” se ha reducido entre nosotros sustancialmente. Quienes hasta hace poco no se sentían representados en las instituciones que forman el tejido básico de la democracia, ahora pugnan por tener voz y voto dentro de ellas; no siempre se respetan las formas, pero estas son más fácilmente reversibles que la violencia. En paralelo, han decaído las manifestaciones colectivas de protesta y ha bajado a mínimos la conflictividad social. El ambiente ciudadano, contrariamente a lo que recita tanta salmodia, no es agrio ni bronco. La confrontación es cosa de platós televisivos y estudios radiofónicos, de tribunas periodísticas y mítines políticos, no de la convivencia diaria en los escenarios públicos de toda España. Otra excelente —y fundamental— base desde la que construir una democracia de mayor calidad.

Indicador de coyuntura: Mayo 2016

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de abril con los datos publicados hasta marzo de ventas y producción industrial, y hasta abril de renta y de afiliados. El indicador sigue estancado en torno a los valores que ha tomado durante el año 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en marzo es de 3,2, levemente superior al valor de febrero 2,2.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE muestran signos ambiguos. Los indicadores que presentan datos en abril indican una leve mejoría de la situación económica mientras que los indicadores que se publican en el mes de marzo muestran un leve empeoramiento. Entre los primeros, los valores de renta y afiliados suben de 4,9 y 2,5 en marzo a 6,0 y 3,2 en abril. Entre los segundos, la producción industrial y las ventas bajan de 5,4 y 2,1 en febrero a -1,6 y 1,6 en marzo.

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La evolución reciente del Ind-ALdE coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio, aunque se encuentra disponible hasta marzo.

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