Job-market signalling: Cuando el título no es suficiente

Ilustración: Carlos Sánchez Aranda / Texto: Jordi Paniagua

autonomias paro estudios

¿Qué podemos hacer para conseguir un empleo? En mi opinión, es de las pocas preguntas a las que los economistas debemos una respuesta a la sociedad (aunque sea tímida), ya que sin empleo no hay paraíso.

Según la teoría del job-market signalling acuñada por el premio Nobel Michael Spence (1973), deberíamos acumular títulos académicos para aumentar la probabilidad de conseguir un empleo. Según Spence, las personas con más formación obtendrán mejores trabajos y obtendrán una renta mayor. Deberíamos por tanto observar a nivel agregado una menor tasa de paro en los sectores de población con mayor formación, como se aprecia en el siguiente gráfico. Por tanto, parece lógico dedicar recursos (tanto públicos como privados) en todo aquello que permite incrementar el capital humano del país en su conjunto (formación, estudios, experiencia, idiomas).

España en su conjunto tiene una tasa de paro sangrante, pero  disminuye con el nivel de formación de la población. Mientras que la tasa de paro supera el 50% para aquellos que no saben ni leer y escribir, apenas llega al 5% para los que han superado el doctorado. (Espero que este gráfico anime a los estudiantes a seguir estudiando).

paro por estudios

Una de las premisas interesantes del job-signalling sugiere que un título académico envía una señal al mercado con independencia de los conocimientos adquiridos. No obstante se observa una relación positiva entre conocimientos (que se traducirán en mejores o peores títulos) y nivel de renta. La tasa de licenciados es bastante homogénea en todas las CCAA, por lo que parece como si la señal de formación no se trasladara al mercado laboral. Si el título universitario es una commodity, la señal la envían los conocimientos.

En una situación como esta, parece que un título no es suficiente garantía para encontrar trabajo. La relación señal (título)- ruido (porcentaje de paro) en las regiones con una tasa de paro es demasiado homogénea y débil. Por tanto es necesario acumular conocimientos, (habilidades y capacidades competitivas en el lenguaje de Bolonia) que nos sirvan para rompen la barrera de la señalización de Spence (más en línea con Romer 1990). Por tanto, las regiones con mayor capital humano (por ejemplo mayores conocimientos en pruebas objetivas) deberían tener un nivel de renta superior al resto, tal como se puede observar en el siguiente gráfico:

rentavspisa

Observamos claramente como la renta de las CCAA es mayor para las regiones con unos mayores conocimientos (medidos por la puntuación del test Pisa). Aquellas regiones donde hay más capital humano tienen una mayor renta y menor desempleo.

El siguiente gráfico muestro el paro por CCAA (agrupado por si equivalencia con el paro por nivel de estudios). Puede observarse como aquellas CCAA con menor renta y capital humano son también las que mayores tasas de paro presentan (con algunas excepciones). Los habitantes de Andalucía, Canarias, Castilla La Mancha y Extremadura se enfrentan a una tasa de paro similar a la de un chaval de 12 años. Es descorazonador observar en nuestra pared “Juan Carlos I (o Felipe VI), rey de España y en su nombre el rector magnífico….” y enfrentarse a una tasa de más del 40%. Es como tirar una moneda trucada al aire, simplemente terrible.

tasa de paro por CCAA

Una posible solución sería transferir renta y recursos a las regiones con menor capital humano (es decir, con peor puntuación en Pisa). Habría que partir del supuesto que la relación capital humano-renta es doblemente causal. En otras palabras, podríamos aumentar nuestros conocimientos a base de talonario y “comprar” la reducción del paro. Es decir, que aquellas regiones que han conseguido acumular más renta habrán invertido en mejores escuelas y tendrán más capital humano, como en siguiente gráfico invertido:

pisavs renta

Tengo la costumbre de preguntar las cosas que no entiendo (mi abuelo decía que el pregunta es tonto una vez, pero el que no pregunta es tonto siempre). Quizá algún alumno recordará con cariño estas gráficas de su examen de econometría del curso que acaba de terminar. La pregunta era muy sencilla: ¿cuál de los dos modelos (Pisa->Renta o Renta->Pisa) te parece más adecuado? Razona la respuesta.

La mayoría de los alumnos se inclinaron por el modelo Renta->Pisa, con argumentos sólidos como que tan solo mediante una acumulación de renta previa se pueden abrir escuelas y formar capital humano. Pero me sorprendió en el razonamiento de un alumno que escogió el primero modelo. Si bien es cierto que la renta permite aumentar el capital humano, esta relación no siempre se cumple. Hay países con una renta muy elevada (por ejemplo productos de petróleo) pero con un gran déficit de capital humano. La mitad de los graduados en Arabia Saudí reciben su licenciatura en teología, por lo que tienen que importar todo lo demás. En cambio, difícilmente encontraremos ejemplos de países con una formación excepcional con una renta desproporcionadamente baja.

Ahora bien, las implicaciones que se desprenden para nuestro país son preocupantes. Por mucho que se transfieran rentas del norte al sur (y este uno de los orígenes de las tensiones territoriales que sufrimos), difícilmente se reducirá el desempleo si no se aumentan las capacidades laborales objetivas (por ejemplo, idiomas, informática y habilidades cuantitativas).

 

Las cinco mayores crisis financieras internacionales, la Gran Depresión de 1929 y la Gran Recesión de 2007: ¿en cuánto tiempo se recuperó el empleo?

Una de las cuestiones más debatidas en la actualidad en nuestro país es la relativa a cuánto tiempo se tardará en recuperar el empleo previo al inicio de la recesión económica de 2008. Para tratar de dar una respuesta adecuada a esta cuestión quizá resulte de utilidad el contrastar experiencias similares históricas, de las cuales ya tenemos la respuesta.

En esta entrada del Blog mostramos en cuánto tiempo se recuperó el empleo previo al inicio de la crisis en las cinco mayores crisis financieras históricas (España, 1977; Noruega, 1987; Finlandia, 1991; Suecia, 1991; Japón, 1992) [1], y las dos mayores recesiones económicas que han golpeado históricamente a la economía de EE.UU. (la Gran Depresión de 1929 y la Gran Recesión de 1987). Estos comportamientos históricos sirven de base para evaluar la experiencia actual de la crisis económica de la economía española iniciada a finales de 2007.

En el gráfico adjunto – publicado recientemente por Oregon Office of Economic Analysis -  (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande), se representa la pérdida de empleos (en %) en cualquier mes posterior a la recesión respecto al nivel máximo de empleo alcanzado antes del inicio de la recesión económica en los 7 episodios históricos mencionados.

 

 

En los 5 grandes episodios de crisis financieras internacionales, el mercado de trabajo recuperó el nivel de ocupación previo a la crisis económica de una manera muy heterogénea:

- España, 1977: 13 años

- Noruega, 1987, 8 años y 6 meses

- Finlandia, 1991, 17 años y 4 meses

- Suecia, 1991, 18 años y 8 meses

- Japón, 1992, todavía no lo ha recuperado después de 22 años

Por el contrario, en el contexto de los otros grandes episodios de crisis financieras, el actual ciclo económico recesivo de los EE.UU. no parece tan grave en términos relativos. De hecho, el mercado de trabajo de EE.UU. obtiene por el momento “mejores resultados” que las cinco crisis financieras anteriores identificadas por Reinhart y Rogoff (2009, 2011) y que la Gran Depresión (recuperación del empleo en 11 años). En concreto, si se mantuviera la tendencia observada en el gráfico en los próximos meses, la economía de EE.UU. habrá vuelto ya al empleo previo al inicio de la “Gran Recesión” iniciada en el año 2007 en 6 años y 6 meses.

Parte de esta recuperación rápida del empleo en EE.UU. se puede atribuir, sin duda, a la política fiscal moderadamente expansiva del Gobierno Federal (con muchos menos recortes que en la zona del euro) y a la política monetaria no convencional muy expansiva de la Reserva Federal (mucho más expansiva que en la zona euro).

En el siguiente gráfico hemos reproducido el primer gráfico para el período de crisis económica de la economía española iniciada en 2007.

El pico máximo de empleo se alcanzo en el tercer trimestre de 2007, con un número de ocupados según la EPA de 20.510.600 personas. En la actualidad, el número de ocupados según la EPA se sitúa a finales del cuarto trimestre de 2013 en 16.758.200 personas, lo que representa una caída del 18,3% desde el máximo de ocupación alcanzado antes de la crisis de 2007. El perfil del gráfico supone que llevamos ya 6 años y 3 meses de pérdidas de empleo desde el pico del tercer trimestre de 2007.

Me temo que llevamos camino de repetir nuestra experiencia de 1977, y siendo ya muy pesimista el de Japón.

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[1] Las cinco mayores crisis financieras internacionales son identificadas en los trabajos de los economistas de Harvard University, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff:

Reinhart, C. y Rogoff, K.S. (2009): This Time Is Different: Eight Centuries of Financial Folly, Princenton University Press.

Reinhart, C. y Rogoff, K.S. (2011): “From Financial Crash to Debt Crisis”, American Economic Review, Vol. 101, No. 5, pp. 1676-1706.

¿Qué han hecho los funcionarios para merecer esto?

Un mensaje común en las medidas de ajuste impuestas por los dos últimos gobiernos ha sido considerar que una de las vías imprescindibles para la corrección del déficit público era la contención de los gastos relacionados con la remuneración de los empleados públicos. El resultado ha sido la reducción y posterior congelación de las nóminas, el aumento de la jornada laboral y, lo que probablemente ha impuesto mayores dificultades a los propios funcionarios, la amortización y reducción de plazas de trabajo en la Administración. Más

El impacto de la deslocalización (off-shoring) de las empresas de EE.UU. en el empleo doméstico, 1999-2008

Desde hace más una década existe un intenso debate en EE.UU. y en Europa sobre los efectos negativos que sobre la ocupación ha tenido el fenómeno de la globalización económica y, más concretamente, la deslocalización  (off-shoring) de las empresas de los países avanzados. En esta entrada del Blog presentamos algunas cifras para los EE.UU. que pueden sugerir que este mecanismo no ha jugado el papel tan negativo en la destrucción del empleo que algunos analistas sugieren.

Las cifras provienen de la base de datos que sobre las empresas multinacionales norteamericanas elabora el Bureau of Economic Analysis, institución dependiente del Departamento de Comercio de los EE.UU. Estos datos están disponibles para el periodo 1999-2008.

En el primer cuadro (haciendo clic en el mismo se puede ver ampliado) se presentan las cifras de creación de empleo (total y por ramas de la industria) de las empresas multinacionales de EE.UU. en el interior y el exterior del país en el conjunto del periodo 1999-2008 (las cifras de los cuadros se presentan en miles).

Las empresas multinacionales de EE.UU. han destruido 1.903.000 empleos en el país mientras que el mismo periodo han creado 2.358.000 empleos en el exterior. Por ramas de actividad, es la industria manufacturera las que más ha destruido empleo en EE.UU. (1.938.000 puestos de trabajo) aunque solamente han creado 242.800 empleos en otros países. Por lo tanto, la creación de empleo en el exterior sólo representaría el 12,5 % del total de las pérdidas de empleo de la industria manufacturera norteamericana. Debemos suponer que la diferencia ha sido impulsada por el aumento de la productividad y por la introducción de nuevas tecnologías en EE.UU.

Después de la industria manufacturera destaca por pérdidas de empleo domésticos la industria de Finanzas y Seguros (330.500 pérdidas de empleo), aunque en este caso también se destruyeron puestos de trabajo en en extranjero (13.400 pérdidas de empleo). A continuación se sitúan la industria relacionada con prestación de servicios públicos o utilities (170.600 pérdidas de empleos) y la industria relacionada con la sociedad de la información (100.700 pérdidas de empleo), aunque el comportamiento en el exterior es cualitativamente diferente, ya que se registra en el primer caso una pérdida de empleos (-41.100), mientras que en el segundo caso se registra  una creación de empleos (+65.500).

Finalmente, la rama industrial en la que más se ha generado puestos de trabajo en el exterior es la que engloba la categoría de “Otros Servicios” (veáse el desglose en el segundo cuadro adjunto). En este caso, se han generado 1.625.000 puestos de trabajo en el exterior (el 68,9% del total de empleos creados fuera de EE.UU.) mientras que se han generado 234.200 empleos en EE.UU.

En este caso, tres industrias acaparan el 89% de la creación de puestos de trabajo en el exterior: i) comercio al por menor; ii) servicios a empresas; y iii) sector hotelero y de restauración (comida y bebidas).

De las cifras presentadas merece la pena destacar una interesante conclusión: la globalización económica no ha tenido efectos tan negativos en el empleo de los EE.UU. en el periodo 1999-2008. La mayoría de los puestos de trabajo en el exterior no han sido creados en el sector manufacturero, es decir, la deslocalización no ha sido propiciada para producir productos más baratos para luego ser vendidos en EE.UU. Al contrario, el principal motivo de las empresas multinacionales norteamericanas ha sido aumentar su negocio internacional en el sector de prestación de servicios, rama en el que también han sido capaces de crear puestos de trabajo en EE.UU.

Impulso exportador y creación de empleo (con un poco de aritmética)

Hace poco más de un año, el presidente Obama presentó al Congreso de los EEUU la Agenda 2010 sobre Política Comercial. En la Agenda se recogían todos los aspectos vinculados a la política comercial norteamericana, como la posición en la eterna Ronda Doha (que, por cierto, cada vez más se acerca al filo del fracaso, pinchar aquí). Pero sin duda el aspecto más llamativo de esa agenda fue la National Export Initiative (NEI), que plantea doblar las exportaciones entre 2009 y 2014. Con ello se propone, además, crear 2 millones de puestos de trabajo asociados a esa expansión de las exportaciones norteamericanas. Como el año 2009 fue un mal año exportador, y la propuesta toma como base ese año, el objetivo no parece descabellado. De hecho, podemos observar (ver Gráfico) que la tendencia previa sitúa ese objetivo en algo alcanzable, si bien es verdad que para ello es necesario extrapolar los mejores años exportadores de las dos últimas décadas (2003/2008), periodo en el que las exportaciones crecieron un 77%.

¿Es posible un crecimiento de esa magnitud en el caso de España? Como con Estados Unidos, el pésimo resultado exportador de 2009 jugaría a favor. En 2004 las exportaciones de bienes (Estadísticas de Aduanas) alcanzaron 149,9 millardos de euros. En 2008 fueron 189,2 y, un año después, 159,9. Doblar el dato de 2009 implicaría alcanzar unas exportaciones de 320 millardos de euros en 2014, siempre a precios corrientes. ¿Es ese un objetivo razonable? La respuesta es que no. Doblar las exportaciones en cinco años implica una tasa interanual media del 15%. Es cierto que en 2010 el crecimiento fue superior (17,4%) pero, como se ha dicho, la comparación se hace sobre un año previo muy anómalo. También es cierto que acabamos de conocer que en los dos primeros meses de 2001 han crecido nada menos que un 29,1% respecto al mismo periodo del año previo. El crecimiento es espectacular, aunque también se ve favorecido por la comparación con el dato aún deprimido de comienzos del año previo.

En una perspectiva un poco más amplia, la mayor tasa de crecimiento de las exportaciones españolas en los últimos años se produjo en 2006, cuando crecieron diez puntos respecto al año previo. Por tanto, un objetivo ambicioso puede ser lograr un crecimiento medio del diez por ciento anual. Aplicado sobre el dato de 2009, implicaría alcanzar en 2014 unas exportaciones de 257 millardos de euros. Naturalmente, ello pasa por suponer que se mantiene el actual ritmo de crecimiento del comercio mundial, además de otros factores como la continuidad en la diversificación geográfica de nuestras exportaciones o la propia evolución de la demanda interna.

Todos estos números pueden tener una implicación importante. Como señalé al principio, la NEI estima  una creación de dos millones de nuevos puestos de trabajo para Estados Unidos si se alcanzara el objetivo de doblar las exportaciones. ¿Cuál sería el efecto del cálculo anterior para España? No voy a entrar aquí en los detalles, pero una simple aplicación del análisis input-output nos ofrece alguna pista útil. Con la Tabla Input Output Simétrica de 2005 (la última disponible), se calcula que un aumento de las exportaciones de bienes y servicios del 10% generaría 269.000 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo (pinchar aquí). En ese cálculo se ncluyen exportaciones de servicios (un 25% del total), aunque no de todos (no se incorporan buena parte de las exportaciones de servicios turísticos). Por lo tanto, con todas las precauciones propias de un análisis de este tipo, no parece demasiado aventurado suponer que un aumento del 50% de las exportaciones españolas permitiía crear un millón de puestos de trabajo. Como se ve, los resultados son similares a los estimados para el caso de Estados Unidos, lo que sin duda está relacionado con la mayor tasa de apertura de una ecoonomía de menor tamaño como la española. Trasladado a los datos actuales de la EPA (y sin considerar que los datos de empleo EPA y de las TIO son metodológicamente distintos), un millón de empleos permitiría reducir la tasa de paro en algo más de tres puntos porcentuales, si suponemos que el 80% del empleo creado viniera del desempleo, y un 20% de la población inactiva. No estaría nada mal una contribución de esa magnitud a lo que, por largo tiempo, va a volver a constituir el principal problema social y económico de España.

Propuesta sobre indexación salarial y reforma de la negociación colectiva.

Con el fin de contribuir desde ALdE al debate económico nacional, un grupo de socios hemos estado reflexionando sobre la necesidad de una reforma de la negociación colectiva y los actuales procedimientos de fijación de salarios en España. Como fruto de esta reflexión, hemos redactado un documento con una serie de propuestas concretas que sometemos a la consideración de la sociedad en general.

El documento no pretende en modo alguno representar la posición institucional de ALdE, sino reflejar la opinión individual de sus firmantes. Hemos querido, no obstante, ofrecer la posibilidad de que, en el caso de que consideres que el contenido del documento representa tu opinión sobre el tema, puedas adherirte a la propuesta y apoyarla con tu firma. Para ello, hemos habilitado un enlace en la página web de ALdE (http://www.alde.es/), donde también puedes encontrar en pdf el contenido de la siguiente Propuesta:

I. MOTIVACIÓN

España es uno de los países en los que el ascenso de los salarios se encuentra más estrechamente ligado al aumento de los precios con la finalidad de garantizar y proteger la renta real de los trabajadores. Este objetivo de mantener el poder adquisitivo de los salarios, evitando cualquier erosión debida al alza de los precios, es legítimo y comprensible. A pesar de ello, dicho objetivo no siempre es compatible con el de la eficiencia económica y la creación de empleo, sobre todo en el marco actual de intensa competencia global. Este hecho es especialmente relevante para una economía abierta y del tamaño de la española, que concentra la mayor parte de sus exportaciones en el área del euro, donde el recurso a la utilización del tipo de cambio nominal para ajustar la competitividad ya no existe. Por otra parte, el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios es, sencillamente, inconsistente con la pérdida de renta real que cada país afronta cuando crecen los precios de las materias primas, como el crudo petrolífero, y otros bienes de importación.

En todo caso, y en contra de lo que suele pensarse, el mecanismo habitual para lograr ese objetivo a medio y largo plazo, consistente en hacer crecer los salarios en función de los precios, lo que habitualmente se denomina indexación salarial, puede provocar nuevas alzas de precios. Si la competencia internacional impide esto último, sufrirá el nivel de empleo, porque las empresas se verán afectadas en sus beneficios y reaccionarán con reducciones de plantillas para elevar la productividad.

La acomodación de los salarios a los precios se realiza en España fundamentalmente a través de los distintos tipos de convenios, que fijan como objetivo de inflación el establecido por el Banco Central Europeo, del 2%, añadiendo con mucha frecuencia cláusulas de salvaguarda por si tal objetivo se supera. Estos convenios, en su mayoría de carácter provincial y sectorial, poseen una efectividad automática, de forma que la pauta de indexación señalada se extiende a todas las empresas del ámbito afectado, independientemente de su situación económica y de la evolución de su productividad, propiciando el alza general de salarios y precios, frenando la creación de empleo y obligando al ajuste de plantillas en tiempos de crisis.

Durante la última década las cláusulas de salvaguarda se han hecho más generales y se han aplicado con una mayor efectividad, en buena medida por la sanción que han recibido de los Acuerdos de Negociación Colectiva (ANC) firmados desde 2002. Esta revisión dificulta de manera especial la reducción de la inflación y la hace más persistente en el tiempo, además de más sensible al encarecimiento de la energía y otros productos básicos, sin por ello asegurar el mantenimiento de los salarios reales. De hecho, durante la reciente etapa expansiva, los salarios reales se redujeron en España, para crecer sólo en el momento menos apropiado, durante la crisis.

En la mayor parte de los países de nuestro entorno, las alzas de salarios también se relacionan con las de precios, pero de manera informal (salvo los casos de Bélgica, Chipre y Luxemburgo, en los que hay indexación oficial), y con un relieve algo menor cuando la negociación se hace en el ámbito de la empresa. Esto quiere decir que no son necesarias cláusulas específicas de indexación, y menos aún de revisión, para recoger la inflación en la negociación colectiva, pues se trata de una tradición bastante arraigada también en los demás países europeos. Pero en la mayor parte de ellos, los mecanismos de indexación automática que en su día existieron han tendido a desaparecer o a amortiguarse sensiblemente. Entre los primeros casos, destacan Dinamarca y Holanda, y entre los segundos, Francia e Italia.

Por otra parte, los efectos negativos de la indexación en España se amplían por la concurrencia de dos características adicionales de la negociación colectiva: la elevada extensión de los convenios plurianuales, y su ultraactividad, consistente en la aplicación automática del convenio ya extinguido si no se produce un  acuerdo entre empresarios y trabajadores para su renegociación. Estas dos características explican que la recomendación de un ascenso salarial entre el 1% y el 2% realizada en el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), alcanzado en 2010 entre organizaciones empresariales y sindicales, no se haya seguido en la revisión de convenios plurianuales firmados con anterioridad, en los que el aumento medio aplicado en enero de 2011 ha sido del 3%.

Con todo, la subida media aconsejada en el AENC del 1,5% es expresiva de la rigidez que preside la negociación general de ámbito nacional, habida cuenta de que no se ha comenzado aún a crear empleo. De hecho, esa referencia no ha guiado la firma de los nuevos convenios, en los que se pactó un alza media del 0,5%, más acorde con las exigencias de competitividad de la economía española, que ahora requeriría de una disminución de los salarios reales, teniendo sobre todo en cuenta el alza de éstos que tuvo lugar en 2008 y 2009, en un marco de intensa destrucción de empleo.

En definitiva, la indexación de salarios no garantiza el sostenimiento de la renta de los trabajadores, mientras que dificulta la reducción de los niveles de inflación, afectando a la competitividad de las producciones españolas. Además, el sistema de negociación colectiva español, posee peculiaridades que extienden y amplifican los efectos negativos de la indexación sobre la inflación y el empleo.

II. PROPUESTA

La reforma de la negociación colectiva ofrece una excelente oportunidad para avanzar en el terreno ya transitado por otros países europeos de reducir la importancia de la  indexación de los salarios y el alcance de sus efectos. Para guiar ese avance proponemos el siguiente decálogo de medidas:

  1. Establecer en los ANC anuales la referencia de aumento salarial del 2% -acorde con la inflación esperada- sólo en aquellos períodos en los que la economía crezca a su ritmo potencial y, por consiguiente, genere empleo.
  2. En consonancia con el AECN firmado en 2010, fijar referencias inferiores si el crecimiento de la economía se encuentra por debajo del potencial y, por tanto, aumenta el desempleo o crecen más moderadamente los salarios del conjunto de los países europeos.
  3. La conversión de los ANC anuales en acuerdos de concertación, con intervención del Gobierno, reproduciendo el marco que ha permitido la reciente reforma del sistema de pensiones, puede ser una garantía de la adecuada valoración de la situación de la economía y de todos los factores mencionados.
  4. Supresión de las cláusulas de salvaguarda.
  5. Incentivo del establecimiento de referencias salariales en función de los aumentos de productividad y de los beneficios empresariales.
  6. Potenciación de la negociación colectiva en la empresa, único ámbito en el que los objetivos de ascenso en los salarios y de creación de empleo pueden combinarse bien, sin sacrificar el segundo al primero. Es también el ámbito más apropiado para tomar en consideración las ganancias de productividad y los beneficios conseguidos.
  7. Reforzamiento de las cláusulas de descuelgue de los convenios provinciales y sectoriales, sancionando y perfeccionando lo aprobado en la reforma laboral de 2010.
  8. Establecimiento de incentivos para la reducción de la duración media de los convenios.
  9. Eliminación de la ultraactividad de los convenios. Si no hay acuerdo para la renegociación del convenio, se adoptan las referencias que ofrece el ANC.
  10. En todo caso, iniciar cuanto antes el proceso de concertación en este terreno, estableciendo plazos razonables para su culminación.

III. PROMOTORES

Luis Ayala. Universidad Rey Juan Carlos.

Lola Gadea. Universidad de Zaragoza.

José Luis García Delgado. Universidad Complutense.

Rafael Myro. Universidad Complutense.

Andrés Picazo. Universidad de Valencia.

Diego Rodríguez. Universidad Complutense.

Cecilio Tamarit. Universidad de Valencia.


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