Las cosas que la Universidad debe cambiar, por Mariam Camarero

Nuestra compañera Mariam Camarero publicó en EL PAIS el pasado 15 de enero el siguiente artículo sobre cambios futuros en la universidad. Dado que se acercan las Jornadas de Docencia sobre Economía organizadas por ALdE y tendremos oportunidad de debatir sobre distintos aspectos de la política universitaria, os reproduzco a continuación el texto del artículo, por si os puede resultar de interés (food for thought…) Más

La (insostenible) presión inflacionista de los gastos de las hogares en educación universitaria en EE.UU., 2000-2011

La rúbrica del IPC de EE.UU. que ha tenido un comportamiento más inflacionista en la última década es la denominada “College Tuition & Fees” (Matrículas y Tasas Universitarias), categoría que recoge el gasto que los hogares destinan a la educación superior, incluyendo matrículas, gastos de colegios mayores y gastos de manutención, entre otros conceptos.

Como se puede observar en el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande), el IPC de EE.UU. es la media ponderada de ocho componentes. Los gastos de los hogares en la educación superior están incluidos dentro de la categoría “Education & Communication” (Educación y Comunicación), que pondera sólo el 6,4% del IPC.

En el segundo gráfico se representa el aumento de (en %) entre el año 2000 y 2011 (último dato marzo) de las ocho categorías del IPC y la subcategoría que representa los gastos de los hogares en educación superior. Los precios de la educación superior han crecido en está última década nada menos que un 101% (línea roja), muy por encima de la categoría en la que se incluye (“Education & Communication”, +27,20%), de la categoría más inflacionista (“Medical Care” (Gasto en Salud), +55,7%) y casi triplicando el aumento acumulado de la inflación general  (+32,4%).

 Hay que tener en cuenta que el gasto en la educación superior de los hogares americanos es muy elevado en comparación con los registrados en España.  La institución CollegeBoard ha estimado que los costes universitarios promedios para una familia americana son para carreras de cuatro años los siguientes:

  • En una universidad pública la matrícula y las tasas alcanzarían de promedio 7605 dólares (5109 euros) por año. Y si añadimos los costes de alojamiento y manutención el coste sería de 11990 dólares (8056 euros) anuales.
  • En una universidad privada la matrícula y las tasas alcanzarían de promedio nada menos que 27293 dólares (18338 euros) por año.

Algunos expertos en economía de la educación ya están advirtiendo que si continúa este sesgo inflacionista del gasto en la educación superior de los hogares americanos se estaría generando tres efectos perversos: a) la caída del número de alumnos potenciales de las universidades americanas; b) la aceleración del sobreendeudamiento (caída relativa del consumo de otros bienes y servicios y del ahorro) de las familias americanas (o de los estudiantes), ya que en EE.UU. es habitual pedir préstamos para costear los estudios en la universidad; c) y una mayor incidencia negativa en los hogares con menos ingresos, lo que afectaría a la equidad, entendida como igualdad de oportunidades de acceso a la educación superior (en las universidades públicas al menos) para las personas de cualquier nivel socioeconómico.

Finalmente, todo apunta a que la presión inflacionista ha estado generada porque las universidades no han tenido ningún incentivo en controlar los costes, ya que el flujo de financiación a las familias estaba garantizado en última instancia, bien por los préstamos o por el aumento de las ayudas públicas directas a los estudiantes.

El Estatuto del PDI: Otra vuelta de tuerca en la burocratización de la vida universitaria

El pasado 11 de febrero, con ocasión de la celebración de las VII Jornadas sobre Docencia de Economía Aplicada en el Colegio de Economistas de Madrid, tuvimos la oportunidad de asistir a la conferencia impartida por nuestra compañera, Zulima Fernández, catedrática de la Universidad Carlos III y directora de la ANECA, sobre la evaluación de profesorado (y en especial la docencia) por parte de dicha institución.

Durante su exposición y posteriormente en el diálogo con el público la profesora Fernández insistió en algunos efectos no deseados que había tenido el sistema de evaluación en el sentido de promover la búsqueda de la “cantidad” más que de la “calidad” a la hora diseñar las carreras por parte de los profesores universitarios y animaba a que este comportamiento cambiase. Yo me preguntaba al respecto, aunque no lo dije públicamente, si no sería justamente el mal diseño del sistema de baremación (que incluye una gran variedad de méritos susceptibles de ser evaluados en lugar de limitarse a por ejemplo, las tres o cinco mejores aportaciones referidas a unos ítems muy concretos) y la falta de especialización por parte de los Comités de Evaluación lo que impedían hacer una estimación más precisa de la calidad de las aportaciones presentadas. Con ello, el proceso de evaluación se estaba convirtiendo en un sistema excesivamente burocrático y tedioso para todas las partes implicadas. Desgraciadamente, mi experiencia puntual como evaluador para la ANECA y diversas agencias regionales me indica que estos mismos defectos vuelven a repetirse en todo el proceso de acreditación y verificación de los planes de estudio para su adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior. Más

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