La principal amenaza para la economía mundial es el exceso de endeudamiento global, 2007-2014

El nuevo informe publicado por McKinsey Global Institute (MGI), Debt and (not much) deleveraging, examina  la evolución de la deuda en 47 países, 22 de economías avanzadas y 25 economías en desarrollo y evalúa las implicaciones de un mayor apalancamiento en la economía global y en sectores y países específicos.

Han pasado ya siete años desde el inicio de la crisis financiera internacional y la deuda global sigue creciendo. De hecho, en lugar de reducirse el endeudamiento (o apalancamiento), en todas las grandes economías se presentan mayores ratios de deuda total en relación al PIB en 2014 que en 2007. Este elevado endeudamiento plantea nuevos riesgos para la estabilidad financiera internacional y puede ralentizar el crecimiento económico mundial y la salida de la crisis económica.

En el siguiente gráfico se muestra el cambio en la deuda global desde el inicio de la crisis financiera internacional y la Gran Recesión. En detalle, la deuda mundial ha crecido en 57 billones (trillones americanos) de dólares de 2007 a 2014, pasando de 142 billones a 199 billones. Si medimos la evolución en % del PIB, la deuda global ha aumentado del 269% al 286% del PIB mundial. Resaltar también que el endeudamiento ha crecido en todos los sectores institucionales: hogares, empresas no financieras, AA.PP. e instituciones financieras.

En el siguiente gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra para los 47 países la relación entre la ratio deuda total/PIB en 2014 (eje abscisas) y el cambio en la ratio deuda total/PIB entre 2007 y 2014 (eje de coordenadas). Desde el inicio de la crisis internacional de 2007 la mayoría de los países han aumentado su deuda y los que han reducido el apalancamiendo son cinco economías en desarrollo (Argentina, Rumania, Egipto, Arabia Saudí e Israel). Destacar que España es uno de los países peor situados, ya que ha aumentado su deuda total en 72 puntos sobre el PIB entre 2007 y 2014.

En el siguiente gráfico se muestra el ranking mundial de la deuda total sobre el PIB y el ranking de países en relación a los cambios de la deuda (en %) en el periodo 2007-2014, para el total de la economía y para los cuatro sectores institucionales (AA.PP., empresas no financieras, hogares y sector financiero). En primer lugar, Japón encabeza el ranking de endeudamiento total con el 400% de deuda en relación al PIB, mientras que España es el 8º país más endeudado del mundo, con un 313% de deuda sobre el PIB. En segundo lugar, los mayores aumentos en la deuda de las AA.PP, en la deuda de las empresas financieras, en la deuda de los hogares y en la deuda del sector financiero se han producido en Irlanda (+93 puntos porcentuales), Singapur (+92 puntos porcentuales), Tailandia (+26 puntos porcentuales) y China (+41 puntos porcentuales), respectivamente.

Finalmente, en el estudio se destaca tres nuevas áreas de riesgo en el ámbito de la deuda que resultan potencialmente peligrosas para la economía mundial: (1) el aumento generalizado de la deuda pública, que en algunos países ha alcanzado niveles tan altos que se requerirán importantes ajustes fiscales y económicos para que se pueda estabilizar y posteriormente reducir; (2) el continuo aumento de la deuda de los hogares y de los precios de la vivienda en algunos países del norte de Europa y de Asía; y (3) el aumento de la deuda total de China, que se ha cuadriplicado en los últimos siete años. Este apalancamiento en la economía china ha estado impulsado fundamentalmente por el aumento de la deuda hipotecaria y por el importante crecimiento de los créditos de la banca en la sombra.

 

El crecimiento económico necesita estabilidad política, fortaleza institucional y una buena gestión de la política económica: Venezuela vs. Colombia y Ucrania vs. Bielorrusia

Encontrar la manera de acelerar el crecimiento económico es un prioridad máxima de todos los gobiernos. Los economistas hemos llegado al consenso de que para fomentar el crecimiento económico hay que crear un marco propicio para impulsar el emprendimiento y la inversión productiva. Y para lograr este objetivo son imprescindibles la disciplina macroeconómica (financiera, fiscal y monetaria), la promoción de la competencia y flexibilidad de los mercados, pero también es fundamental la fortaleza institucional y la estabilidad política.

En está entrada del Blog vamos a ocuparnos de dos países que han fracasado en comparación con sus dos vecinos en la generación de un crecimiento económico significativo y sostenible en el tiempo. La clave del fracaso y del éxito ha sido la presencia o la ausencia de fortaleza institucional y de una buena gestión de la política económica.

En el primer gráfico se muestra la evolución del PIB per cápita real (dólares americanos de 2005) de la República Bolivariana de Venezuela y Colombia de 1960 a 2013. La República Bolivariana de Venezuela ha pasado de 5939 dólares per cápita en 1960 a 6401 dólares per cápita en 2013. Ello supone un aumento de tan sólo el 7,78% en 54 años y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del +0,13%. Por el contrario, su vecina Colombia ha pasado de 1452 dólares per cápita en 1960 a 4394 dólares per cápita en 2013. Ello supone un aumento del 471% en el mismo periodo y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa +2%. El mayor crecimiento económico se ha registrado desde 2002 a 2013 (una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del +2,9%), periodo del impulso de las negociaciones con la guerrilla para poner fin al conflicto armado interno.

En el segundo gráfico se muestra la evolución del PIB per cápita real (dólares americanos de 2005) de Ucrania y Bielorrusia de 1990 a 2013. Ucrania ha pasado de 2640 dólares per cápita en 1960 a 2138 dólares per cápita en 2013. Ello supone una caída del 19% en 24 años y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del -0,87%. Por el contrario, su vecina Bielorrusia ha pasado de 2329 dólares per cápita en 1990 a 4913 dólares per cápita en 2013. Ello supone un aumento del 111% en el mismo periodo y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del +3,11%.

RIESGOS GEOPOLITICOS

Si ya eran relevantes los factores de riesgo estrictamente económicos que advertían de la vulnerabilidad de las economías más dañadas por la crisis, ahora se acusa el impacto de otros de naturaleza bien distinta. Es la geopolítica,   situaciones de inestabilidad en las relaciones internacionales cuyos primeros efectos se perciben en la volatilidad de las variables financieras, pero acabarán contaminando a la economía real.

Son factores más difíciles de captar y evaluar, por los sistemas de control y gestión de riesgos al uso. Pertenecen a ese amplio residuo de elementos reveladores de la complejidad del entorno global, desde la posibilidad de ciberataques hasta la emergencia de conflictos bélicos.   Las tensiones en Ucrania y las asociadas prohibiciones de algunas importaciones de Rusia, el conflicto entre Israel y Palestina, la escalada en Iraq y Libia o la extensión de la epidemia del ébola, son exponentes de esa renovada vigencia de la geopolítica. Dificultades adicionales de previsión, que condicionan decisiones de inversión empresarial, de expansión de sus mercados. Contrapartidas de la dinámica de globalización, de la creciente interdependencia.

De ello han dado cuenta en las últimas semanas las depreciaciones de activos financieros y la búsqueda de refugios por los inversores con mayor aversión al riesgo. Aun cuando tomemos distancia del lenguaje en ocasiones espasmódico de los mercados financieros, es cierto que algunos de los conflictos abiertos o intensificados recientemente   afectarán al crecimiento económico. Desde luego en la eurozona, cuya recuperación ya era la más vulnerable ante factores previsibles, de naturaleza económica, como la retirada de los excepcionales estímulos monetarios por EE.UU. y Reino Unido.

Ahora, la escalada de las tensiones con Rusia como consecuencia de las disputas territoriales en Ucrania es el ámbito más influyente en las economías europeas, como reconoció el presidente del BCE la semana pasada. Las sanciones comerciales adoptadas en ambas partes, no pueden ser menos oportunas. Tienen lugar cuando apenas habíamos dado por supuesta la recuperación   de la eurozona, al mismo tiempo que conocemos del estancamiento del crecimiento del área en el segundo trimestre, determinado por la contracción de Alemania e Italia y el crecimiento nulo de Francia.

Las autoridades rusas reaccionaron a las sanciones de EEUU y la UE con prohibiciones a la importación de una amplia gama de bienes de consumo, fundamentalmente agrícolas y alimenticios, provenientes de la UE, EEUU, Canadá, Australia y Noruega, durante un año.

En 2013 las exportaciones de la UE a Rusia totalizaron 120.000 millones de euros. El 10% son productos agrícolas, hasta ahora los más directamente afectados por las sanciones. Estos representan en torno al 10% del comercio agrícola europeo, mayoritariamente mantenido en el seno de los 28 estados de la UE. Pero a la hora de evaluar el impacto efectivo de las sanciones hay que tener en cuenta que desde hace dos años las exportaciones a Rusia de alimentos habían descendido como consecuencia del aumento de las exigencias sanitarias y otras restricciones impuestas por las autoridades rusas. También como paliativos de los perjuicios se debe considerar que la mayoría de las importaciones rusas de la UE son bienes susceptibles de colocar en otros mercados, ya que no son específicamente producidos para aquel mercado.

El impacto sería bien distinto si prosperara la extensión de las sanciones a otras importaciones de bienes y servicios. O a capítulos como la prohibición de sobrevolar espacios como el de Siberia, que afectarían a rutas europeas y americanas de las líneas aéreas que vuelan a Asia.

El ámbito más sensible es el energético. Europa es el principal cliente de gas ruso, con el que se cubre un tercio de las necesidades europeas. De esas importaciones de gas, la mitad transitan a través de Ucrania. Para algunos países como Finlandia, los bálticos o la Republica Checa, las importaciones de gas ruso significan una cuarta parte de la energía total que consumen. El riesgo por el momento se presenta acotado por la vigencia de los contratos suscritos por Gazprom, el gran suministrador de gas a Europa y, en última instancia, por la posibilidad de comprar en otros mercados si las elevaciones de precios o las restricciones cuantitativas son importantes.

Aun cuando la cuantía total de los perjuicios ocasionados por las sanciones no sea por el momento excesiva, su distribución entre los países de la UE es muy desigual. En el caso de España, el valor total de las exportaciones en 2013 de productos ahora vetados no superaría los 400 millones de euros. En una posición muy distinta se encuentra Finlandia, con un 14% de su comercio exterior total con Rusia, frente al 3,4% del conjunto de la UE.

Por eso la UE está ultimando la disposición de un fondo especial destinado a la compensación de esos daños, especialmente en el comercio agrícola y de alimentos, probablemente dentro de la propia Política Agrícola Común (PAC), que ya dispone de mecanismos para la cobertura de contingencias.

Las consecuencias sobre la economía rusa no serían menos importantes. Las sanciones llegan en un momento de debilidad del crecimiento, aletargado desde el pasado año. Las compras de alimentos a la UE representan algo más del 40% de las importaciones rusas de esos bienes. Aun cuando las restricciones comerciales sobre los bienes de consumo no fueran a más, su impacto sobre la inflación, ahora en el 6,5%, será significativo y el de esta sobre la estabilidad del tipo de cambio del rublo. Son consecuencias que no compensarán a medio plazo ese ejercicio de nacionalismo económico estimulado por las autoridades, teniendo en cuenta que un 30% de la población rusa está directa o indirectamente ocupada en la producción de los bienes ahora vetados.

Pero si esas restricciones parciales derivan en una suerte de guerra comercial, los daños excederían al sector de bienes de consumo. Se pondría en juego la inversión de empresas extranjeras vinculadas a la exploración energética o el grado de apertura internacional de su sistema financiero. Las tentaciones autárquicas, la inestabilidad de la moneda, acaban constituyendo una invitación a la deslocalización de riqueza financiera hacia países considerados más seguros por los propios residentes

Entre los riesgos potenciales, entrar en una espiral proteccionista, cuando el comercio mundial crece menos de la mitad que en los años previos a la crisis, es uno de ellos. Peor sería que las tensiones políticas derivaran en una nueva edición de Guerra Fría, generadora de incertidumbres poco conciliables con la intensificación del crecimiento económico en Europa.

El senador estadounidense Lindsey Graham afirmaba hace unas semanas en la CNN que Putin “estaba jugando al póker con una pareja de doses y ganando”. Sugería que una “organización políticamente disfuncional como es Europa” necesitaba del liderazgo americano para mantenerla firme ante los faroles de Putin, “que no tiene una economía mayor que la italiana”. La ilustración de la capacidad de Rusia para complicarnos la vida no requiere de credenciales estadísticas más o menos afinadas de su economía. En lo que puede convenirse con el senador republicano es en la necesidad de que también en el frente de la geopolítica la UE afine no solo su organización, sino la capacidad para tomar decisiones más diligentes de las adoptadas hasta ahora en la gestión de la crisis económica. Estimular la demanda interna del área con inversiones comunitarias es la más sensata y factible.

Diario El País (17/08/2014)

De aquí a Lima

He tenido la suerte de estar en primera fila: la invitación a participar en el Seminario Internacional “América Latina: oportunidades y desafíos”, convocado por la Fundación Internacional para la Libertad y celebrado en los últimos días del pasado mes de marzo en la prestigiosa Universidad de Lima, me ha permitido vivir en la capital peruana dos semanas con marcado interés en el ámbito económico y en el cultural.

Los primeros ponentes en el Seminario fueron los expresidentes Piñera y Calderón, y ambos subrayaron el buen rodaje inicial de la Alianza del Pacífico, creada justo hace tres años (en abril de 2011). Constituida por México, Colombia, Perú y Chile como gran plataforma estratégica de libre comercio, puede acabar siendo bastante más que eso y cambiar el mapa de Latinoamérica. Reúne a las cuatro economías de tamaño medio o grande más exitosas en este momento de la región, las de mayor crecimiento y menor inflación, las más competitivas y extrovertidas: sumando un tercio de la población total, absorben casi la mitad de la inversión extranjera y un 53 por ciento del comercio internacional de América Latina. Toda una potencia a escala global: en conjunto, esos cuatro países equivalen hoy a la octava economía del mundo por PIB y a la séptima por exportaciones. Los firmes pasos dados en estos tres primeros años son, desde luego, más que prometedores: ya se han eliminado los aranceles para la inmensa mayoría (90 por ciento) de los productos y los visados para empresarios e inversores, se han sentado las bases para la integración de las Bolsas de valores e incluso se empiezan a proyectar sedes diplomáticas comunes. Sin duda, el rostro más esperanzador del Iberoamérica: apuesta por la democracia y el mercado, estabilidad institucional, programas sociales ambiciosos, apertura exterior (en contraste, por cierto, con tantos frustrantes proyectos de ensimismamiento, como MERCOSUR y ALBA).

El Perú actual es un buen escaparate de todo ello. Tres lustros de progreso económico y de reducción de la pobreza, de estabilidad democrática y continuidad en prudentes políticas económicas han dotado de dinamismo y creatividad a sectores muy amplios de la sociedad, al tiempo que se impulsa la modernización de infraestructuras, con la presencia previsible, en este caso, de las grandes firmas españolas internacionalizadas: la citada reunión académica ha coincidido con la adjudicación a ACS y FCC del “megacontrato” (4.000 millones de euros) para la construcción de la Línea 2 del Metro de Lima (apenas unos días antes, por cierto, de la inauguración del primer metro de Centroamérica, en Panamá, obra también liderada por FCC).

Otra coincidencia, además, ha servido para darle especial pulso al ambiente cultural limeño durante la semana final de marzo: la primera Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, concebida como incitación a la escritura y la lectura, convirtiendo Lima en la capital de las letras iberoamericanas: 324 novelas presentadas, casi un centenar de conocidos escritores de una veintena de países, más de diez mesas redondas y actos culturales en colaboración con universidades, museos y teatros nacionales. Un estimulante festín literario… en español.

Haremos bien si seguimos con atención esa pujante realidad.

La desaceleración del crecimiento económico (real y potencial) de la economía de China

La desaceleración reciente del crecimiento económico real de la economía de China es una amenaza para la recuperación de la economía mundial, especialmente para los países exportadores de productos básicos. En esta entrada del Blog mostramos cómo esta desaceleración tiene que mucho que ver con la caída del producto potencial desde el inicio de la crisis financiera internacional y describimos que factores pueden estar detrás de este cambio estructural del crecimiento económico.

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se puede observar como la tasa de crecimiento real media anual de China fue del 13% en el periodo 2003-2007, descendió a un 10% en el periodo 2008-2010, y ha vuelto a caer alrededor del 8% en el periodo 2011-2013.

El crecimiento potencial de una economía es una de las variables más relevantes para el análisis macroeconómico y, en particular, para la toma de decisiones de política económica. Cuestiones tan importantes como la posición cíclica de la economía o la valoración de la orientación de las políticas macroeconómicas (especialmente la política fiscal) no pueden ser abordados si no se dispone de una estimación fiable de esta variable. Sin embargo, cabe señalar que el producto potencial no puede observarse directamente, sino que debe deducirse de los datos económicos existentes, utilizando diversos métodos estadísticos y econométricos.

El término “crecimiento tendencial o potencial” se puede definir en macroeconomía de tres maneras alternativas:

(1) “crecimiento tendencial”: una estimación puramente estadística de la tendencia de los datos del PIB real. El PIB real se descompone en los componentes cíclicos y los componentes tendenciales.

(2) “crecimiento potencial”: se trataría de la tasa de crecimiento compatible con la tasa natural de desempleo y una tasa de inflación estable. En este caso, el “crecimiento potencial” se deriva de la relación macroeconómica que relaciona la tasa de inflación y el “output-gap”.

(3) “crecimiento potencial”: se estima la tasa de crecimiento potencial a largo plazo dada la capacidad productiva de la economía: los inputs de la economía (capital físico, trabajo y capital humano) y la tecnología.La estimación del producto potencial de una economía puede realizarse a partir de diferentes metodologías que, fundamentalmente, pueden clasificarse en tres grupos:

i) Metodologías que utilizan procedimientos estadísticos para estimar la tendencia de la producción de la economía descontando los factores cíclicos (“statistical filters”): a) la aplicación de filtros estadísticos puros como el filtro de Hodrick y Prescott, de Baxter-King y de Christiano-Fitzgerald; b) la aplicación de modelos univariantes y bivariantes de “espacios de estado” que utilizan el filtro de Kalman. En este caso, se estima directamente (1).

ii) Metodologías que utilizan multi-filtros y que se apoyan en un modelo macroeconómico (“model-based”). En este caso, se combina la estimación de (1) y (2) y se obtienen valores del “crecimiento tendencial” compatibles con otras variables macroeconómicas, tales como la tasa de inflación y la NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación).

iii) Metodologías que se basan en utilizar una función de producción para estimar el “crecimiento potencial”, según la definición (3) (“production function”). En concreto, se estima una función de producción Cobb-Douglas que incluye el capital físico, el factor trabajo, el capital humano y un término que mide la productividad total de los factores (FTP o TFP de sus siglas en inglés), es decir, aquella parte del crecimiento del producto que no viene explicado por la evolución del factor trabajo, el capital humano y el capital físico y que, en última instancia, tiene que ver con la eficiencia con la que los inputs son utilizados y con el progreso tecnológico.

En el trabajo reciente del FMI (Anand, Cheng, Rehman y Zhang, 2014) se presentan estimaciones del crecimiento potencial de los algunos países emergentes del Este de Asia, incluida China, para el periodo 1994-2013.  Las estimaciones del “crecimiento potencial” se basan en las tres metodologías descritas anteriormente.

En el siguiente gráfico se observa claramente como el crecimiento potencial de China se ha reducido significativamente desde el inicio de la crisis financiera internacional de 2008. Estos resultados se confirman para los tres métodos de estimación (se incluye en el gráfico también la media de los tres métodos).

En los dos siguientes gráficos se presenta la descomposición del crecimiento potencial de China en sus diferentes componentes: a) factor trabajo; b) capital físico; c) capital humano; y d) productividad total de los factores.

Destacar que la significativa desaceleración del crecimiento potencial de China iniciado en 2008 parece haber sido impulsada en gran parte por la importante desaceleración del crecimiento de la PTF. Los resultados del estudio apuntan que esta desaceleración de la PTF podría estar relacionada con la caída del grado de utilización de la capacidad productiva de la economía china.

¿Qué otros factores podrían estar impulsando la desaceleración del crecimiento económico real y potencial de China?

Por un lado, un estudio reciente (Nabar y N’Diaye, 2013) muestra que el crecimiento de China se ha desacelerado a pesar de los altos niveles de crecimiento de la inversión en capital productivo y del crédito. Esto implicaría la disminución de la tasa de rentabilidad de la inversión y una mala asignación de recursos productivos. El estudio pone en duda el actual modelo de crecimiento “extensivo” (modelo basado en la acumulación de capital) y sugiere que una falta de adaptación de este modelo podría eventualmente dar lugar a nuevos desequilibrios macroeconómicos y financieros y una mayor desaceleración del crecimiento potencial.

Por otro lado, los factores demográficos también pueden estar teniendo una influencia negativa en el crecimiento potencial a largo plazo de China.

Por un lado, la influencia negativa demográfica sobre el crecimiento potencial vendría directamente a través de la caída de la tasa de crecimiento de la población en edad de trabajar (entre 15 y 64 años), tal y como muestran los datos del cuadro y del gráfico siguientes:

Por otro lado, la influencia negativa demográfica sobre el crecimiento potencial vendría indirectamente a través del aumento de la tasa de dependencia (ratio entre la población de 0-14 años y más de 65 años respecto a la población en edad de trabajar) – que podría provocar una caída de la tasa de ahorro -, tal y como se puede observar en las cifras para China del siguiente gráfico:

¿Cómo podría revertirse la tendencia de la desaceleración del crecimiento potencial de China?

Por el lado de la demanda, muchos economistas respaldan el paso de un crecimiento liderado por la inversión a un crecimiento impulsado por el consumo privado. Aún más popular es la recomendación por el lado de la oferta, respecto al cambio de un crecimiento “extensivo” a un crecimiento “intensivo”, es decir, el paso a un modelo basado en la acumulación de capital a un modelo impulsado por mejoras en la eficiencia, medidas por la PTF. En esta línea resulta imprescindible el aumento de la competencia en los mercados, una mejora en la asignación del crédito a las empresas y una reforma del sector servicios, especialmente en las telecomunicaciones y en el sistema de salud.

Finalmente, el FMI ha estimado en un reciente informe (IMF, 2013) la posible incidencia de la desaceleración del crecimiento de China sobre los países exportadores de productos básicos. En el siguiente gráfico se presenta el impacto en los ingresos por exportaciones en los principales países exportadores  de productos básicos (en % del PIB y ajustado por la PPA) de la desaceleración de la economía China en el horizonte 2025.

El país más perjudicado es Mongolia con una caída del 7% de sus ingresos de exportaciones (en % del PIB) por la caída de las importaciones chinas de carbón, mineral de hierro y cobre. Además de los países exportadores de petróleo, tienen efectos “spillovers” negativos de la desaceleración económica de China, países como Australia, Chile, Brasil e Indonesia.

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Anand, R., Cheng, K.C., Rehman, S. y Zhang, L. (2014): “Potential Growth in Emerging Asia”, IMF Working Paper WP/14/2, International Monetary Fund, Washington, D.C.

IMF (2013): “Commodity Market Review”, World Economic Outlook, october, International Monetary Fund, Washington, D.C.

Nabar, M. y N’Diaye, P. (2013): “Enhancing China’s Medium-term Growth Prospects: The Path to a High-Income Economy”, IMF Working Paper 13/204, International Monetary Fund, Washington, D.C.

Un viaje de ida y vuelta: freno a la deslocalización y comienzo de la reubicación industrial (reshoring e insourcing) en los países avanzados

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El término “deslocalización” se utiliza de manera genérica para referirse a todo tipo de procesos que impliquen traslado (parcial o total) de actividades económicas a otros países.  Dentro del proceso general de deslocalización, se utiliza el término “offshoring” cuando la deslocalización se refiere exclusivamente a las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), mientras que se utiliza el término “externalización”  o “outsourcing” a la deslocalización que afecta al resto de actividades económicas.

La teoría económica del comercio internacional aporta múltiples razones para la deslocalización de las empresas.

En primer lugar, la teoría “clásica” del comercio internacional justifica el fenómeno de la deslocalización y del comercio intraindustrial en base a los factores que provocan diferencias de costes de producción entre países: i) la ventaja comparativa basada en las diferencias en la productividad relativa del trabajo en diferentes industrias (modelo ricardiano). En este caso, un país tenderá a producir los bienes que su factor trabajo produce de forma relativamente más eficiente; ii) o en su dotación relativa de factores productivos (modelo de Heckscher-Ohlin). En este caso, un país tenderá a producir relativamente más de los bienes que utilizan intensivamente sus factores productivos más abundantes

En segundo lugar, la existencia de comercio intraindustrial es otro de los argumentos clave para la deslocalización de empresas.  En este caso, cada país se especializa en variedades diferentes del mismo bien. Los factores determinantes de este tipo de comercio son tres:  i) las preferencias de los consumidores por distintas variedades de un producto generan una demanda de una amplia gama de bienes similares; ii) el hecho de que existan economías de escala en la producción de algunos bienes, implica que una empresa que se especialice en la producción de una determinada variedad de un producto, la venderá a escala mundial pero a su vez tendrá una ventaja de costes frente a las empresas que sólo produzcan para el mercado nacional; iii) el aumento de los costes de transporte operan – al contrario que los otros dos factores – en contra del comercio intraindustrial.

En tercer lugar, el fenómeno de la deslocalización puede estar fomentado por cuestiones medioambientales. En este caso se trataría de trasladar la producción a países con exigencias legales menos restrictivas que las nacionales.

Por último, algunas empresas inician un proceso de deslocalización por determinados factores de carácter espacial: i) por localizarse cerca de la producción de materias primas, en el caso de que su producción dependa intensivamente de las mismas; ii) por la cercanía geográfica a los grandes mercados en expansión; iii) por aprovechar “economías de aglomeración”, que se dan cuando aparecen economías externas a la empresa (que suponen reducción de costes) pero internas a la industria.

La deslocalización no se trata de un fenómeno nuevo, sino  que ha existido bajo diversas formas y nombres desde la década de los sesenta del siglo XX, aunque no con la dimensión y la intensidad que se generó a partir de la década de los noventa, años de mayor expansión económica en los países  avanzados, de impulso de la integración económica internacional y de avance en las  libertades políticas y en la consolidación institucional de muchos países emergentes. La reducción de las barreras comerciales, en especial de los aranceles, facilitó la entrada en los diversos mercados nacionales. La mayor presión competitiva que crea un mercado más globalizado llevó a la reducción de los costes de las empresas, entre ellos los laborales, y aumentó el atractivo de fabricar en zonas con salarios más bajos. Además, la aparición de los nuevos y extensos mercados de los países emergentes con claras perspectivas de expansión futura (China, India y los países de Europa central y oriental) ofrecía grandes oportunidades de negocio.

Pero en el último lustro el panorama está cambiando y se ha iniciado un viaje de vuelta de la producción manufacturera de los países emergentes a los países avanzados. El caso más evidente es el de EE.UU.

Las causas son múltiples, pero  cabe destacar el aumento de los costes de transporte por el importante encarecimiento del petróleo, el aumento de los costes laborales relativos en los países emergentes, la apreciación nominal y real de algunas monedas de los países emergentes, el impulso de la inversión en tecnología e innovación en los países avanzados, la mayor exigencia en la legislación de seguridad y en materia sanitaria en los países emergentes, entre otros.

Destaquemos, a título de ejemplo, algunos casos ilustrativos recientes de la “deslocalización inversa” o “reshoring” e “insourcing” a nivel internacional:

Y en el caso de España, algunos sectores como el juguete y el calzado están trasladando la producción de productos que antes fabricaban en países asiáticos a nuestro país:

La revista “The Economist” mantuvo recientemente un debate “on-line” y una votación a favor y en contra del “offshoring”y del “outsourcing”. La pregunta era la siguiente: ¿Tienen la obligación las multinacionales de mantener una “fuerte presencia” en sus países de origen? La “fuerte presencia” se refería a la inversión, el empleo, la producción y las compras al menos en proporción a sus ventas en el país de origen. El no era defendido por el economista especialista en comercio internacional y defensor del libre comercio, Jagdish Bhagwati, catedrático de Economía de Columbia University, New York, EE.UU.

Argentina, de nuevo

En una breve entrada en el blog Foco Económico, Andrés Neumeyer resume un excelente artículo de Daron Acemoglu y James Robinson dedicado a Argentina, a su vez publicado en otro blog,  Why Nations Fail? Los citados autores se preguntan sobre lo que sucede en este país y creen que en última instancia obedece a la sistemática opción de la oligarquía por el poder frente a la prosperidad.

Argentina, por Rogelio Velasco

Abundando en la expropiación de YPF, Rogelio Velasco, Profesor en la IE Business School, nos envía esta nueva entrada.

La decisión del Gobierno argentino de expropiar las acciones de Repsol en YPF representa un duro golpe para los intereses de las empresas españolas en Argentina y en otros países de América Latina. No es sólo Repsol y quizás no sea sólo Argentina. Hace sólo unos días, se produjo una caída de la red de Movistar en Buenos Aires que mantuvo sin conexión a los abonados durante algunas horas. El Gobierno argentino advirtió que impondría la multa máxima a la operadora española. Esta decisión del Ejecutivo argentino puede alentar a otros gobiernos populistas americanos a hostigar a empresas extranjeras que suministran servicios básicos en los países. La expresión “esta empresa es nuestra -YPF-  sólo que tiene inversores extranjeros” muestra el punto de vista del Gobierno argentino. El suelo y el subsuelo tienen un especial valor sentimental para los ciudadanos, al asociar esos elementos a la patria y sus habitantes. Las compañías mineras y petroleras son las que más sufren las decisiones económicas populistas de los gobiernos. Y todos los gobiernos peronistas son populistas.
Hasta hace pocos años, al viajar por zonas rurales y alejadas, las gasolineras de YPF, con sus banderas, eran el único símbolo que mostraba al viajante que se estaba en ese país. YPF tiene un gran valor sentimental para los argentinos.  El atropello que ha sufrido Repsol es inadmisible. Mucho más si se tiene en cuenta que dio entrada a uno socio local -para mejorar las relaciones con el Gobierno- al que le concedió un crédito que ha ido pagando con los propios dividendos obtenidos. Un negocio redondo.
Repsol tendrá que acudir a un organismo internacional -dependiente del Banco Mundial-  para denunciar la expropiación. Otras empresas españolas tienen experiencia. Telefónica ya demandó al Gobierno hace años, ganó el juicio, pero perdonó los 2.500 millones de dólares que demandaba (por la congelación ilegal de tarifas) para mantener buenas relaciones. Otras, empresas francesas, norteamericanas y españolas han tenido que marcharse de Argentina porque los contratos firmados con el Gobierno central, autoridades provinciales o ayuntamientos, no han sido cumplidos por decisiones unilaterales, haciendo inviable la prestación de los servicios.
El Gobierno español debe tener cuidado a la hora de adoptar medidas de réplica por la satrapía cometida. España es el primer inversor en ese país. Muchas de sus empresas operan en sectores regulados por el gobierno. Telecomunicaciones, Televisión, Electricidad, etc. Una réplica española, seguida por otra del Gobierno argentino y a continuación otra, puede desembocar en una espiral muy destructiva. YPF carece de los recursos financieros, del capital humano y de la tecnología para la explotación de los nuevos yacimientos en varias provincias. El Gobierno tendrá que explicar ahora cómo va a llevarlo a cabo. Aunque no les guste y la mayoría no lo reconozca, Argentina funciona, en gran medida, gracias a las multinacionales que operan la telefonía, electricidad, aguas, etc. Antes de su entrada los servicios eran, sencillamente, catastróficos.
Argentina presume de ser un país que pertenece al primer mundo, al mundo desarrollado. Hechos de este tipo demuestran que todavía les queda un largo camino que recorrer para pertenecer a ese club.

Las empresas españolas y la economía de Argentina

La expropiación del 51% del capital de YPF en manos de REPSOL por parte del gobierno de Argentina es un atentado de considerable magnitud contra una de las grandes empresas españolas,  de brillante trayectoria internacional, y posee el agravante de producirse en un momento de especial debilidad de nuestra economía. Esta acción, ejecutada con una rancia escenografía,  afecta de forma importante a los activos de la compañía, y a sus beneficios netos, que se verán mermados en torno a un 20%.

Sin embargo, este acontecimiento se enmarca en una pauta de contracción de las actividades de España en ese país latinoamericano que no resulta de fácil comprensión a partir de la evolución de ambas economías.

En efecto, de 2000 a 2010, la cuota de España en las importaciones argentinas se redujo del 3,6% al 1,8%. El descenso fue general a los diversos sectores, con las excepciones de madera y otro equipo de transporte. Adquirió un gran relieve en aquellas actividades con mayor penetración, y que concentraban el grueso de las exportaciones: automóviles, maquinaria industrial, maquinaria eléctrica, productos farmacéuticos y alimentos. En todas ellas, España es altamente competitiva y ha aumentado su presencia en el mercado mundial de forma sensible.

No obstante, este descenso en las cuotas se produjo en los primeros años de la década, de gran turbulencia económica y social. A partir de 2005, y más firmemente desde 2007, las exportaciones españolas han crecido al mismo ritmo que el total de las importaciones de Argentina, si se exceptúa 2010. De manera que puede decirse que en los últimos años, España parece haber dado algunos pasos para recuperar posiciones comerciales en ese país.

En el ámbito de la inversión exterior, Argentina, junto con Bolivia, es el país en el que España alcanzaba antes de la crisis una cuota de penetración más alta en el stock total de IED (en torno al 18%), aunque el volumen de capital acumulado fuese ya inferior al que poseía en México o Brasil. Esta inversión corresponde principalmente a empresas encuadradas en los sectores extractivos y de refino de petróleo, telecomunicaciones, banca, química, comercio y equipo de transporte, que sumaban una inversión total de 11.095 millones de euros a finales de 2007.

Pero al contrario que en Méjico o Brasil, en donde el volumen de inversión española se duplicó entre 2003 y 2007, partiendo de valores similares (algo superiores en el caso de Brasil), apenas aumentó en Argentina. Los años 2008 y 2009 registraron nuevos descensos, sobre todo como consecuencia de la venta de una parte de YPF (25,46%) a Ernesto Eskenazi.

En los dos últimos años sólo Argentina, entre los países latinoamericanos, muestra retrocesos apreciables en la IED española, casi del 20% (ver gráfico adjunto, tomado de un artículo acerca de la inversión exterior de España durante la crisis, escrito junto a Carlos Manuel Fernández-Otheo para la revista Mediterráneo Económico, de próxima aparición).

Con toda probabilidad, lo ocurrido con YFP detendrá lo que podía haber sido una dinámica de redirección de los flujos de mercancías y capitales de las empresas españolas hacia Argentina,  acorde con la recuperación económica que ha venido experimentando este país hasta ahora – los últimos indicadores cuestionan su continuidad- y con claro perjuicio para ambas economías. Esto hace aún más lamentable lo ocurrido.

La persistencia de los desequilibrios de las balanzas comerciales en la economía mundial

Los desequilibrios de las balanzas por cuenta corriente a nivel internacional se concentran fundamentalmente en los saldos de las balanzas comerciales (exportación e importación de bienes). En el gráfico adjunto (hacer clic para verlo más grande) se puede apreciar como los desequilibrios en las balanzas comerciales apenas se han reducido desde el inicio de la crisis financiera internacional de 2008. [1] ¿Cuáles son las causas del tímido ajuste registrado en los desequilibrios comerciales globales entre 2007 y 2011?

La corrección de lo desequilibrios mundiales en las balanzas comerciales requiere dos tipos de ajustes simétricos entre  los países con superávit y los países con déficit: a) ajustes compensatorios en el ahorro y la inversión nacional (que inciden en su cuantía);  y b) cambios complementarios  de los tipos de cambio reales que faciliten el ajuste de los precios relativos (que afectan a la competitividad exterior).

En primer lugar, para alcanzar una reducción significativa de los desequilibrios de las balanzas comerciales se necesita un reajuste de la demanda mundial. Los países deficitarios deben sustituir la demanda interna (consumo privado y público e inversión nacional) por el aumento de la demanda externa (exportaciones), mientras que los países con superávit deben hacer lo contrario. Desde el punto de vista de la reducción del volumen del desequilibrio comercial, ello implica que los los países con déficit combinen un aumento del ahorro interno con un menor consumo o inversión nacional, y lo contrario deberían hacer las economías con superávit. Desde que comenzó la crisis financiera internacional se han registrado ya importantes ajustes en el desequilibrio ahorro-inversión nacional, tanto en los países con superávit como en los países con déficit.  Pero esta reducción de los desequilibrios globales de las balanzas comerciales es más un fenómeno cíclico (caída o aumento demanda nacional) que estructural (mejora o pérdida competitividad con el exterior). En última instancia, cuando se recupere (o caiga) la demanda nacional y vuelva a caer (o a aumentar) el ahorro nacional, se producirán, sin duda, nuevos aumentos de los déficit (o superávit) de las balanzas comerciales. Por ello es importante incidir en un mayor ajuste de los precios relativos.

En segundo lugar, en cuanto a los precios relativos, una depreciación en términos reales de las monedas de los países con déficit comercial aumentaría su competitividad internacional y contribuiría a alcanzar los cambios deseados en los volúmenes. Del mismo modo, se conseguiría el mismo resultado si los países con superávit comercial impulsan la apreciación en términos reales de sus monedas. Pero para conseguir estos ajustes del tipo de cambio real es necesaria la flexibilidad de los precios y salarios internos y/o de los tipos de cambio nominales, y en este terreno los avances alcanzados desde el inicio de la crisis financiera y económica internacional son todavía escasos.

¿Cuáles son las razones del insuficiente ajuste de los tipos de cambios reales a nivel global? En la realidad, la probabilidad de que un país con un gran déficit o superávit se resista a impulsar los ajustes de los precios relativos o de los tipos de cambio nominales es muy alta ante la perspectiva de tener que asumir en solitario la totalidad de los costes del ajuste.

Por un lado, los países con elevados déficit comerciales intentan evitar las presiones deflacionarias, mientras que los países con elevados superávit hacen lo mismo respecto a las presiones inflacionarias derivadas de la política de ajuste de los precios y salarios internos. En cualquier caso, ni los países deficitarios ni los que registran superávit querrán dar el primer paso al no tener la seguridad de que la otra parte hará sus deberes.

Por otro lado, los países con superávit intentan contener el ritmo de apreciación del tipo de cambio nominal de su moneda. La razón es que un proceso de rápida apreciación nominal haría fracasar su exitosa estrategia de crecimiento económico basada en la demanda externa (exportaciones) y, en última instancia, supondría un aumento brusco del desempleo y una caída de la producción real en el corto plazo.

En última instancia, la única salida segura para la reducción de los desequilibrios comerciales pasa por una coordinación internacional de las políticas macroeconómicas y del ajuste de los tipos de cambio nominales, tarea que ha fracasado en los últimos años.

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[1] Cifras en billones (americanos) de dólares (miles de millones en Europa).

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