ASFIXIA EMPRESARIAL

La crisis está diezmando el censo pequeñas y medianas empresas (PMEs). Más del 99% de las empresas europeas son PMEs. Estas contribuyen con más del 50% del valor añadido total creado por el sector empresarial y proporcionan dos de cada tres empleos privados. A diferencia de EEUU, donde aproximadamente la mitad de los empleos  se localizan en PMEs, en la Europa continental ese porcentaje es significativamente más elevado: en Italia alcanza al 80% y en España al 70%.

En nuestra economía son estas empresas  las que están sufriendo  dos principales formas de asfixia: la depresión de la demanda  y, no menos importante, la derivada de la ausencia de financiación. Por estas dos causas no solo quedan dañadas las cuentas de resultados, sino que acaban despareciendo  demasiadas empresas, incluso las que disponen de niveles de calidad de la gestión  homologables a las competidoras europeas. Lo que es peor, esas mismas causas se añaden a algunas que tradicionalmente se han destacado como entorpecedoras de la natalidad empresarial en nuestro país.

La cantidad de empresas que se crean en términos netos, y su calidad, son algunas de las condiciones para la prosperidad de una economía.  En España se ha avanzado en los últimos años en asignar buenos talentos a la función empresarial, aun cuando persisten dificultades que se reflejan año tras año en esa clasificación, “Doing business”, que realiza el Banco Mundial para la práctica totalidad de los países. El correspondiente a 2013 sigue situándonos en una mala posición.  Ya sea por el número de trámites o por el consumo de tiempo requerido, alumbrar nuevas empresas no es un empeño fácil. Persisten todavía más factores disuasorios que incentivadores de la asunción de proyectos que signifiquen asunción de riesgos. Y la severidad con que la crisis se manifiesta en España no ha favorecido precisamente esos incentivos. La regeneración empresarial, fundamento de la modernización de la  economía, no está garantizada.

Con independencia de factores estructurales que debilitan la capacidad de supervivencia de las empresas –  calidad y grado de profesionalización de la función de dirección, internacionalización  de sus actividades y, en última instancia, la propia  dimensión de las unidades -, las dificultades ahora más relevantes son de naturaleza financiera. No es algo nuevo: desde el inicio de la crisis la captación de recursos ajenos   ha sido cada día mas difícil, no solo en España, pero en los últimos años se ha acentuado y con él la diferenciación adversa de las empresas españolas. Las empresas pequeñas sufren más con los habituales retrasos de las Administraciones Públicas,  son menos capaces de captar financiación bajo todas sus modalidades y la que llega lo hace en condiciones cada día más onerosas. No era una conclusión difícil de deducir a poco que escucháramos a empresarios españoles, con bastante independencia del sector. Ahora han sido las instituciones europeas, y de forma destacada  el Banco Central Europeo (BCE) la  que ha confirmado los  problemas que existen en la trasmisión de su política monetaria. De poco sirve que se amplíen las facilidades de liquidez y las reducciones de tipos de interés a los bancos si estos no hacen llegar aquella a los destinatarios que más la necesitan: los que han de transformarla en proyectos de inversión y en empleo.  Esa sequía crediticia es hoy no solo el más poderoso freno al necesario fortalecimiento de todas las formas de capital, incluido desde luego el humano, sino la principal amenaza a la supervivencia.

Esas dificultades son particularmente más difíciles de sortear en economías como la española en la que, como en estas mismas páginas hemos comentado en numerosas ocasiones, la configuración de su sistema financiero está basada de forma dominante en el papel de los bancos. Es la intermediación bancaria la que canaliza buena parte de los activos y pasivos financieros de todos los agentes económicos, desde luego de las familias y empresas. De estas últimas, las PMEs de forma particular, dadas las dificultades que su propia dimensión significa para el acceso a otras formas de financiación como las basadas en los mercados de financiación directa. La apelación a las  emisiones de bonos o cualquier tipo de títulos son poco más que testimoniales y tampoco el desarrollo de las modalidades de capital riesgo favorece  la reducción de la dependencia casi total de la financiación bancaria  de las empresas de pequeña dimensión.  Su racionamiento, o su excesivo encarecimiento, agravan los problemas de la economía española frente  a los de cualquier otra economía con sistemas financieros con una mayor diversidad de instituciones y operadores.

Los datos del BCE dejan lugar a pocas dudas. La diferencia entre el tipo que pagan los bancos por tomar liquidez en esa institución y al tipo medio al que prestan a las empresas se mantienen en rangos ciertamente elevados en el conjunto del área, pero son excesivos en las economías del sur: más de tres veces la correspondiente a las economías consideradas centrales. Es verdad que en esa diferencia influye el coste medio de captación de pasivo ordinario, la remuneración de los depósitos a los clientes, que en España, por ejemplo, ha sido y sigue siendo significativamente más elevada que en el resto. Pero también la más desigual propensión a prestar de los bancos españoles y, desde luego, la más débil capacidad de negociación de las pequeñas empresas españolas.

En ausencia de decisiones externas excepcionales, el restablecimiento de los flujos de financiación crediticia no es una tarea fácil. Sobre el sistema bancario español pesan  los problemas genéricos de la eurozona y las amenazas derivadas de la propia recesión de la economía española. El propio cuadro macroeconómico que acaba de hacer  público  el gobierno no constituye precisamente un incentivo al restablecimiento de la oferta de crédito. Sin necesidad de entrar en consideraciones específicas de cada una de las entidades, hacer banca al por menor con unas constantes clínicas como las que hoy exhibe la economía española  - niveles de endeudamiento de familias y empresas históricamente elevados, contracción del  crecimiento económico  no inferior al  1,5%,   tasa de paro  superior al  27% y un descenso de la renta disponible notable-  no es el más atractivo de los negocios.

En realidad, ese cuadro macroeconómico no permite descartar la necesidad de recapitalizaciones adicionales de algunas entidades  bancarias,  que necesariamente habrán de hacerse con fondos públicos.  Las autoridades españolas tienen disponible todavía el 60% de la línea de crédito asociada al rescate sectorial acordado el pasado julio. Como tampoco pueden descartarse movimientos adicionales de concentración  entre entidades bancarias que no  favorecerán precisamente la ya muy debilitada capacidad de negociación de las empresas de menor dimensión.

Con independencia de las decisiones que eventualmente adopte el BCE, la definitiva normalización de la financiación empresarial, y con ella, la existencia de tasas netas de natalidad empresarial adecuadas no tendrá lugar hasta que no se restablezcan ritmos de crecimiento económico suficientes en la eurozona. Y esto, sin excluir actuaciones específicas sobre los sistemas bancarios, nos remite necesariamente a políticas de demanda que también habrán de venir de fuera: flexibilización significativa de la consolidación fiscal hoy dominante, concreción de decisiones de inversión paneuropea por el Banco Europeo de Inversiones, y adopción de orientaciones menos procíclicas en aquellas economías con mayor margen de maniobra y menor escrutinio de los mercados financieros.

(Publicado en El País, 19 de mayo)

Fuentes Quintana en 1977, contando la crisis de 2007-2013

Acaba de salir hoy un artículo en el Confidencial de JA Zarzalejos recordando la clarividencia del profesor Fuentes Quintana al explicar a los tres días de tomar posesión de su cargo como Vicepresidente Económico del Gobierno de Suárez en 1977 las bases de su programa económico. Dada la especial relación que siempre hemos mantenido los miembros de ALdE con el profesor Fuentes creo que puede resultar de interés recordar el video de su alocución. Como nos dice Zarzalejos: “No podemos ni debemos suponer que el futuro está escrito en el ayer, pero el pasado puede alumbrar algunos episodios del presente. Fuentes Quintana con esos magistrales, sinceros, sencillos y claros 16 minutos de exposición se ganó a la opinión pública en 1977 y fue el prólogo de intenciones para conseguir cuatro meses después los históricos Pactos de la Moncloa. En un cuarto de hora, se salvó sicológicamente la crisis. En la situación de entonces y de ahora hay un cierto paralelismo. No en las personas y menos en las actitudes y los discursos. Aún en las peores coyunturas un dirigente político -sea de la orientación ideológica que sea- ha de tener el patriotismo bien entendido de decir la verdad, hacerlo con humildad y empatía y aglutinar voluntades. En estos tiempos de desolación, el recuerdo de discurso de Fuentes Quintana en junio de 1977 se agiganta como referencia ineludible.” Que lo disfrutéis.

Vídeo

Indicador de coyuntura: Abril 2013

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta febrero de  roducción industrial, ventas, y hasta marzo de renta y afiliados El indicador mensual continua con la tendencia negativa iniciada en 2010, aunque comienza a notarse una ligera mejoría desde el inicio del año 2013. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en marzo es de -10,86 por lo que muestra sigue bajando desde el nivel de febrero (-11,46) y enero (-12,45).

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En términos interanuales, dos de los cuatro indicadores han frenado sus caídas. Las ventas caen 5,41% en febrero, frente a la caída de 8,22% en enero, y la renta cae 6,67% en marzo frente a la caída de 6,90% en febrero. Por su parte, los afiliados mantienen en marzo la caída de 4,2% observada en febrero. La única noticia negativa viene de la mano de la producción industrial que cae 8,54% en febrero frente a la caída de 3,44% en enero.

indicadoresLa tímida recuperación del indicador de actividad económica está en consonancia con la evolución que ha marcado el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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A vueltas con la crisis europea

Nada nuevo hay bajo el sol, sí, pero con matices. La contemplación, con algo de perspectiva, de lo que acontece en la Unión Europea avala expresarse así.

La crisis de Chipre no ha hecho sino evidenciar con especial nitidez problemas ya conocidos, que arrancan del diseño defectuoso del euro —una creación política antes que económica, que no podrá tener una vida saludable sin unión bancaria y avances sustanciales en la unión fiscal—, y sigue por un incesante debilitamiento institucional desde hace al menos una década, ganando lo intergubernamental en desmedro de lo comunitario. No solo se trata de una pésima gestión puntual; es todo un entramado institucional lo que está cuestionándose. De ahí las multiplicadas muestras de “eurodesencanto” y en toda suerte de versiones, desde los contumaces euroescépticos ingleses hasta el movimiento de Beppe Grillo, desde los airados manifestantes griegos hasta el partido anti-euro alemán, Alternative für Deutschland, de creciente expectativa electoral. Doble riesgo para Europa: perder el euro y perder a los ciudadanos. Una situación ciertamente compleja, por decirlo con un eufemismo.

No es la primera vez, sin embargo, que la construcción de una Europa unida se ha enfrentado a amenazas graves de parálisis o de retroceso. Los años sesenta, que en la distancia tendemos a idealizar, estuvieron todos mediatizados por el veto francés a la integración del Reino Unido; luego, a caballo de los decenios de 1970 y 1980, cuando el crecimiento no despegaba, se destruía empleo y los productos europeos perdían cuota en el mercado mundial, fue la “euroesclerosis” el tema dominante; más tarde, ya en la etapa Delors, la Comisión tendría que recurrir al Informe Cecchini (El coste de la no-Europa) para ganar voluntades a favor del establecimiento del mercado único; en fin, ahí está, bien reciente todavía, el bloqueo institucional de la Unión provocado por el rechazo francés y holandés al proyecto de Constitución. La historia de la UE no describe, desde luego, una línea recta sin altibajos ni vacilaciones, pero es una historia que ha ido sumando avances aunque haya sido a trancas y barrancas. Debe tenerse muy en cuenta para valorar lo que hoy ocurre.

Dos elementos nuevos aportan, en todo caso, una nota propia a la tesitura presente. Uno es el componente generacional de la crisis: nunca como ahora el paro y los contratos precarios de trabajo habían afectado a tan alto porcentaje de jóvenes europeos, jóvenes que además, por biografía vital, no tienen por qué compartir los anhelos —la mística, si se quiere— de las fases fundacionales de la unión continental, siendo consecuentemente entre ellos donde más rápidamente se extienden actitudes y sentimientos de desapego, de desconfianza. El segundo elemento novedoso no es otro que el euro, la zona euro, material altamente inflamable, como estamos viendo, con capacidad mucho mayor que cualquier otro componente de la UE para dinamitar una gran parte de lo mucho construido en los últimos sesenta años.

El ejercicio de comparación siempre es conveniente. Permite relativizar, no para quitar hierro a lo que sucede, pero sí para combatir, cuando menos, el tremendismo, que nunca ayuda.

Indicador de coyuntura: Febrero 2013

 El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de enero con los datos publicados hasta diciembre de producción industrial, ventas y renta, y hasta enero de afiliados El indicador mensual continua con la tendencia negativa iniciada en 2010, aunque frena la caída experimentada en el mes de diciembre. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en diciembre es de -12,29 por lo que muestra un nivel similar al que mostró en noviembre, cuyo valor revisado es -12,37.

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En términos interanuales, el peor comportamiento lo ha tenido la producción industrial, que pasa de subir 7,0% en noviembre a caer 8,5% en diciembre. Las ventas mantienen su tasa de crecimiento negativa pues caen 8,2% en noviembre y 8,0% en diciembre. Lo mismo ocurre con afiliados que pasa de caer 4,5% en diciembre a 4,4% en enero. Los catos de renta no se han actualizado por lo que el último dato se refiere a la caída del 6,7% de diciembre.indicadores

 

Crisis del consumo de las familias

El alto nivel de endeudamiento privado anticipa que la demanda interna seguirá siendo baja durante un largo periodo, en el que cabe esperar más cierres de empresas y alto desempleo.

El endeudamiento es un arma de doble filo. Utilizado de forma prudente mejora el bienestar de las familias, apalanca el crecimiento de las empresas y permite a los gobiernos financiar el Estado de bienestar y dotar de capital público a las economías. Pero un exceso de endeudamiento puede provocar la desaparición de empresas, la ruina de las familias o la incapacidad del gobierno para suministrar servicios básicos a los ciudadanos.

Desde el inicio de la crisis, la atención de los medios, de la mayoría de los expertos y de los organismos supranacionales encargados de la supervisión o del asesoramiento a los gobiernos, se ha centrado en la deuda pública y su sostenibilidad. Menor atención se ha prestado al endeudamiento privado -y, en particular, al de las familias-, ya sea por las menores posibilidades de control por parte de las autoridades o porque, históricamente, ha habido un menor número de episodios generalizados de crisis generados por el endeudamiento del sector privado no financiero.

Sin embargo, la crisis actual tiene una relación mucho mayor con el endeudamiento privado que con el público, en la casi totalidad de países occidentales, especialmente en España, pero también en el Reino Unido, Irlanda y EEUU. Adicionalmente, la importancia del endeudamiento del sector privado es mayor en esta crisis, porque en circunstancias normales la actuación compensatoria del sector público suaviza la situación del sector privado. Desgraciadamente, la política seguida por el BCE limita la actuación por el lado monetario y los altos niveles de deuda pública lo constriñen también por el lado fiscal. En consecuencia, el proceso de reducción del endeudamiento del sector privado en la UE, va a continuar sin ser acompañado por la actuación compensatoria de los gobiernos. El proceso será más largo y más duro.

Un de las consecuencias inevitables, es que el consumo de las familias va a continuar siendo muy limitado ¿Cuánto y hasta cuándo? No es fácil definir cuál es el nivel de endeudamiento privado -especialmente de las familias- que es sostenible. La teoría económica no ofrece un criterio normativo que nos lo indique. Los trabajos de Franco Modigliani y Merton Miller dejan indeterminado el nivel de endeudamiento en la estructura óptima de capital. Hay que recurrir a algún criterio práctico para estimarlo.

Ese criterio ha de estar necesariamente asociado al nivel de riesgo. Podemos afirmar con seguridad, que los mercados financieros no van a asumir unos niveles de endeudamiento y de riesgo tan elevados de las empresas y de las familias como los que se han mantenido hasta el inicio de la crisis. Tampoco para los gobiernos, que presentan los mayores niveles en tiempos de paz.

Para el caso de España, al inicio de la crisis en el año 2007, la deuda de las familias con relación al PIB era del 83,2%. Este nivel es aproximadamente igual al último dato disponible de finales del año pasado. A pesar de que el endeudamiento de las familias se ha estado reduciendo a un ritmo del 2,5% anual, la caída del PIB ha impedido una mejora significativa.

Pues bien, si aceptamos que el nivel de endeudamiento va a ser inferior al del inicio de la crisis y se va a encontrar próximo al de principios de la década pasada, las familias españolas necesitan reducir su endeudamiento en un 32% del PIB o, en otros términos, un 50% de su renta disponible.

El tiempo que tardarán las familias españolas en conseguir ese nivel de endeudamiento va a depender de la evolución del PIB y del propio ritmo de reducción de las deudas. El ritmo al que lo han estado haciendo es del 2,5%. Con esa pauta, y un crecimiento del PIB moderado, nuestras familias tardarán 13 años en alcanzarlo.

Que el nivel de endeudamiento no sea sostenible en su estado actual, como hemos señalado, no es sólo fruto de una conjetura derivada un criterio práctico. Lo es también por lo que muestran las investigaciones empíricas realizadas. Así como Reinhart y Rogoff han calculado que cuando la deuda pública alcanza un nivel del 90% del PIB la economía se contrae, un reciente estudio del Banco de Pagos Internacionales de Basilea, indica que cuando la deuda de las familias alcanza un nivel del 84% del PIB, el crecimiento se vuelve negativo, contrayendo la actividad económica. Ese es justamente el nivel en el que se encuentra el endeudamiento de las familias españolas.

Aun cuando el estudio necesita una mejor calibración estadística, el nivel señalado muestra el punto hasta el que el consumo interno estimula el crecimiento económico, pero también desde el que es excesivo para el nivel de producción y renta y empieza a dañar el propio crecimiento.

El periodo es muy prolongado y durante todo ese tiempo no cabe esperar que el consumo de las familias españolas mejore. En consecuencia, cabe esperar más cierres de empresas, especialmente de aquellas ubicadas en el sector de bienes de consumo duradero -tanto productoras como distribuidoras- y de servicios como textil , hostelería y servicios personales en zonas con escasa afluencia de turismo extranjero.

La austeridad pública y privada va a continuar siendo el mecanismo de reducción de la deuda. La gran actividad exportadora de las empresas españolas debería intensificarse. La fuente de expansión es el sureste asiático, China, EEUU y América Latina por el crecimiento que muestran. Pero las empresas también deberían apuntar a los mercados con menores niveles de endeudamiento familiar: Europa del Este, Asia Central, Japón, Austria y Alemania.

Sólo redoblando esfuerzos para aumentar nuestra presencia internacional, la crisis será más suave. Mientras tanto, tendremos que adaptarnos a un menor consumo durante muchos años.

Indicador de coyuntura: Enero 2013

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta noviembre de producción industrial y ventas, y hasta diciembre de afiliados y renta. El indicador mensual continúa con la tendencia negativa iniciada en 2010. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en diciembre es de -12,54 por lo que muestra un nivel inferior al que mostró en noviembre, cuyo valor revisado es -11,80.

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 En términos interanuales, el peor comportamiento lo ha tenido la producción industrial, que pasa de subir 0,9% en octubre a caer 7,3% en noviembre. El resto de indicadores ha mantenido la tasa de crecimiento interanual negativa mostrada en el mes anterior. Las ventas pasan de caer 9,9% en octubre a caer 8,5% en noviembre. La renta y los afiliados pasan de caer 6,9% y 4,8% en noviembre a caer 6,7% y 4,6% en diciembre.indicadores

Una aritmética fiscal desagradable, por Rogelio Velasco, IE Business School

Con la mayoría de los países de Europa y Norteamérica en recesión o con moderado crecimiento, se ha desatado una polémica acerca de los límites de las políticas fiscales contractivas para reducir el déficit público y lograr estabilizar la relación entre deuda pública y PIB.
Los organismos internacionales con sede en EEUU y Europa, la Comisión Europea e instituciones de investigación, sostienen, desde el inicio de la crisis, que la consolidación fiscal es imprescindible para conseguir los objetivos de reducción del déficit y estabilización de la deuda.
Ahora bien, la consecución de esos objetivos va depender no sólo del nivel de incremento de los impuestos y de reducción del gasto público, sino también del valor del multiplicador fiscal. Cuanto menor sea el valor del multiplicador, tanto menor será el coste de la consolidación fiscal.
Un valor menor que uno implicará que por cada unidad que se reduzca el déficit público, la reducción del PIB será menor que la unidad. En consecuencia, se reducirá la ratio déficit público con relación al PIB.
La persistencia de la crisis y los resultados mixtos obtenidos en la consolidación fiscal, han hecho preguntarse a los expertos y a los propios organismos internacionales sobre la eficacia de las políticas fiscales contractivas para cumplir los objetivos de déficit. Especialmente, varios países europeos están implementando duras medidas de ajuste fiscal consiguiendo unos resultados muy pobres en términos de reducción del déficit. En particular, el FMI desveló en el World Economic Outlook de octubre pasado, que el valor del multiplicador fiscal durante la crisis se había elevado a un valor entre 0,9 y 1,7, dependiendo de los países considerados.
Esos valores tan elevados contrastan con los que se suponía debería tener, en torno a 0,5. Ese valor de 0,5 es el resultado de la media del multiplicador durante los últimos 30 años y los distintos gobiernos occidentales lo han asumido implícitamente para llevar a cabo sus programas de consolidación fiscal.
Sin embargo, diversos trabajos han demostrado que el valor del multiplicador no es constante en el tiempo y es afectado por diversos factores. Primero, con los tipos próximos a cero, la política monetaria no puede compensar los efectos negativos de la consolidación fiscal, aumentando el valor del multiplicador. Segundo, el mal funcionamiento del sistema financiero, provoca que tanto el consumo como la inversión dependan más de la renta y los beneficios presentes de familias y empresas que de los futuros, aumentando también su valor. Y tercero, será también mayor cuanto mayor sea la capacidad de producción ociosa en la economía, como sucede en la actualidad.
No haber tenido en cuenta los factores señalados total o parcialmente, ha dado lugar a errores de previsión sobre el efecto de las políticas fiscales. En particular, se han subestimado los efectos de la reducción del gasto público sobre la actividad económica. En segundo lugar, y lo que es muy importante, se ha subestimado aún más la reducción del consumo y la inversión privadas, asociadas a la contracción fiscal y, en último término, el incremento del desempleo derivado de esta situación.
Las reacciones de académicos y de la prensa financiera ante la constatación del elevado valor del multiplicador, ha derivado en una puesta en tela de juicio de las actuales políticas fiscales, a saber: si el multiplicador es tan elevado, las políticas fiscales contractivas empeoran, en lugar de mejorar, la situación fiscal de los gobiernos, generando, además, una contracción de la actividad aún mayor. En consecuencia, habría que revisar las actuales políticas fiscales contractivas.
Esta reacción ha dado lugar, a su vez, a una respuesta por parte del economista-jefe del FMI, Olivier Blanchard, que hace sólo unos días publicó una revisión de los cálculos sobre el valor del multiplicador. Sus conclusiones apuntan a que su valor fue elevado en los primeros años de la crisis y que en los últimos dos años se ha reducido. Esta reducción se ha debido, en parte, a la influencia de los propios factores que explican su reducción –por ejemplo, una cierta relación de las restricciones financieras de las familias y empresas- y, en parte, a que los propios gobiernos han ido aprendiendo de los efectos de la política fiscal durante la crisis.
Las conclusiones, advierte Blanchard, hay que tomarlas con cautela porque el valor del multiplicador varía entre países y en el transcurso tiempo.
En todo caso, las voces críticas contra las actuales políticas fiscales restrictivas que han reclamado una revisión y relajación de las mismas, deberían tener en cuenta otras consideraciones. Los efectos que sobre la actividad deparan, en el corto plazo, las políticas fiscales no son las únicas que hay que tener en cuenta para valorarlas. En particular, no debe extraerse la conclusión de que las políticas de consolidación fiscal sean indeseables. La mayoría de los países de la OCDE presentan unas cargas de deuda pública con relación al PIB muy elevadas; de hecho, las más elevadas en tiempos de paz durante el último siglo.
Además, los cambios demográficos asociados al envejecimiento de la población, están ya presentando unos retos formidables para los sistemas de seguridad social que no pueden ignorarse.
En conjunto, los últimos avances realizados deberían permitir una mejor calibración de los efectos de las políticas de los gobiernos, en particular, dentro de la zona euro. Esa mejor calibración debería producir efectos menos dañinos para la actividad a corto plazo, pero sin abandonar la necesidad de llevar a cabo ajustes estructurales que tienen un reflejo en las cuentas públicas.

Precondición necesaria

Nadie lo puede dudar: 2013 se presenta como uno de los años más cruciales de nuestra historia reciente. Crucial por lo difícil y también por lo decisivo.

Lo segundo porque el Gobierno tendrá que hacer acopio de determinación política para impulsar medidas de saneamiento y reforma. En unos casos, prolongando la senda ya iniciada: orden y control en las cuentas públicas, reestructuración del sector financiero (donde queda por hacer buena parte de lo socialmente más costoso aún, con la nueva ley de cajas de ahorros y fundaciones en la lista de espera) y adaptaciones sucesivas en el sistema de pensiones. En otros casos, para acometer reformas que no deben demorarse más: articulación del mercado interior, liberalización de servicios profesionales y, sobre todo, reforma de las administraciones públicas, básica para que comience a cerrarse la enorme brecha de desafección política que está horadando el entero tejido institucional de la democracia. Un año decisivo.

Y difícil. No sólo porque los resultados positivos de lo realizado tardarán en llegar, poniendo a prueba todavía más la capacidad de encaje de quienes ya han sido muy castigados por la crisis, sino también porque será mayor la resistencia de sindicatos, corporaciones profesionales y grupos de interés ante la continuidad de la política de reformas. Se dan cita, pues, todos los ingredientes para componer un año áspero en un país con síntomas ya de abatimiento.

Es perentorio, por eso, no despreciar signo alguno que aporte aliento. Desde afuera, aunque la incertidumbre sea una vez más la nota dominante, en particular en el seno de la Unión Europea, con el doble condicionamiento de las elecciones en Italia (febrero) y Alemania (septiembre), en este comienzo de año llegan mejores señales que hace doce meses. Unas desde Estados Unidos, con un sector inmobiliario que ha comenzado a repuntar y un sector manufacturero que ha recuperado competitividad, tirando de la inversión y el empleo; otras desde China, posiblemente ante un nuevo ciclo expansivo, eliminadas parte de las incógnitas que genera su sistema político; y también desde los mercados emergentes, en condiciones de apoyar una onda expansiva de la economía internacional. Pero tampoco cabe desconocer las de adentro. Notorias y tangibles son las que provienen de la reforzada capacidad exportadora de nuestra economía, que han situado a España, junto a Corea, a la cabeza de los países de la OCDE por tasa de incremento de las exportaciones. Ahora, sin embargo, conviene reparar en una menos llamativa, de naturaleza incorpórea aunque esencial: el marcado cambio de tono del presidente Rajoy al hacer balance de su primer año de Gobierno, expresando sobriamente realismo en la descripción de las dificultades. Ni “brotes verdes” ni zarandajas; conciencia de la dureza del tiempo con el que ha tocado lidiar. Un cambio de tono elogiable, situado en las antípodas del electoralismo omnipresente. 2013 va a ser especialmente duro: reconocerlo sin ambages es una precondición para alimentar la esperanza.

Indicador de coyuntura: Diciembre 2012

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de producción industrial y ventas, y hasta noviembre de afiliados y renta. El indicador mensual mantiene la tendencia negativa iniciada en 2010. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en noviembre es de -12,05 por lo que muestra un nivel inferior al que mostró en octubre, cuyo valor revisado es -11,16.

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En términos interanuales, la señal mostrada por los indicadores individuales es negativa, con la excepción de la producción industrial que pasa de una caída de 12,0 en septiembre a una ligera subida de 0,6 en octubre. Las ventas, continúan la caída de 11,5% en septiembre con una caída de 9,7% en octubre. En el caso de la renta y los afiliados, las caídas se agudizan de 6,2% y 3,7% en octubre a caídas de 6,9% y 4,8% en noviembre.

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