Algunas noticias positivas… en “el peor de los tiempos”

Nos hacemos eco de este interesante artículo que ha aparecido recientemente publicado por Mariam Camarero en Valencia Plaza.

Por primera vez desde que se creó, el indicador de coyuntura Ind-ALdE, elaborado por Máximo Camacho, de la Universidad de Murcia, ha tomado valores positivos. Se trata éste de un indicador que mide de forma global la marcha de la economía utilizando para ello un grupo de datos relacionados con el crecimiento y el empleo. En concreto, se basa en cuatro indicadores publicados por el Ministerio de Economía y Competitividad: Índice de Producción Industrial, Indicador de Renta Salarial Real, Total de Trabajadores en Alta Laboral Afiliados a la Seguridad Social y Ventas Interiores de Grandes Empresas (todos ellos corregidos de calendario y deflactados).

Se publica con frecuencia mensual desde 2008 en el Blog de la ALdEa Global, promovido por la Asociación Libre de Economía (ALdE). Se pueden consultar los detalles técnicos pinchando aquí.

No se trata de una observación aislada. Como el propio autor afirma, el perfil de este indicador coincide con el elaborado por FEDEA o con el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que publica el Ministerio de Economía y Competitividad. Dichos perfiles se corresponderían con una salida en “W” de la crisis, una de las posibles descritas hace unas semanas en este espacio. Es aún prematuro concluir cuál vaya a ser la tendencia en los próximos meses. Sin embargo, el hecho de que las señales positivas procedan de indicadores sintéticos, que recogen información de un grupo de variables, permite mantener una cierta dosis de optimismo.

Las previsiones sobre las principales variables que marcan la evolución global de la economía (recogidas algunas de ellas en la Tabla 1) son también positivas: crecimiento del PIB, de la demanda interna, del empleo o de la renta disponible. Sin embargo, no es hasta 2015, según la mayoría de las previsiones, cuando los datos parecen consolidarse. Los buenos datos aún van a tardar un tiempo en ser evidentes y, en la actualidad, son las expectativas o la confianza las que están verdaderamente mejorando: en el caso de la Comisión Europea, el Indicador de Confianza Económica ha mejorado, especialmente en los países de la zona euro, siendo en Holanda y España donde más crece. El sector servicios y los consumidores son los que se muestran más optimistas.

Si todos estos signos positivos se consolidan, llegado el momento será necesario hacer inventario de la crisis. Todos conocemos la gravedad y el peso que el sobreendeudamiento público y privado tienen sobre la economía. Sin embargo, sólo de vez en cuando se analizan otros indicadores y, precisamente en los últimos días, han salido diversos informes y datos sobre pobreza y desigualdad que merece la pena repasar.

Darvas y Wolff (2014), de Bruegel, acaban de preparar un informe sobre los efectos que tienen los problemas sociales sobre el crecimiento. Fue presentado el pasado 1 de abril en la reunión informal del Ecofin (es decir, del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea) celebrada en Atenas. En él destacan que durante el período 2008-13 el desempleo ha crecido en seis millones en la UE y, con ello, ha aumentado también la pobreza.

Se trata de un problema europeo, aunque dado que los países partían de situaciones distintas, los efectos de la crisis también han sido heterogéneos. También constatan que el ajuste fiscal realizado en los países del euro ha repercutido de forma más dura sobre las familias y los jóvenes, mientras que los pensionistas han mantenido su nivel de protección.

Uno de los principales problemas reside en la debilidad de la demanda, especialmente del consumo. En realidad se trataría de un círculo vicioso: las familias aumentaron de forma importante su endeudamiento antes de la crisis y durante la crisis han debido restringir el consumo con el objetivo de ir devolviendo sus deudas (de ahí la pendiente negativa de esta relación, en el Gráfico 2, con la única excepción de Alemania).

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El menor consumo de las familias (unido a la contracción fiscal del sector público) ha generado pérdidas de empleo. Este problema se agravó por la abundancia del crédito y se concentró en algunos países como España, Irlanda y Portugal. Pero el círculo no acaba aquí: sin consumo ni crecimiento baja la recaudación fiscal, sube la deuda y se pone en peligro la sostenibilidad de ésta y el crecimiento futuro.

Por lo que se refiere a España, el informe de la Fundación Foessa sobre “Precariedad y Cohesión Social” dibuja una situación difícil. En él se apunta al aumento de la vulnerabilidad de los más desfavorecidos, así como una recomposición de la población española por grandes grupos de renta, con el declive del porcentaje de hogares en el grupo intermedio (la clase media habría bajado del 60 al 52% de la población).

Como indicador de pobreza, sirva el número de hogares sin ningún perceptor de renta, que ha pasado de 300.000 en 2007 a casi 700.000 en 2013. La tasa de pobreza sería la tercera mayor de la UE, sólo superada por Rumanía y Grecia. Otra medida mencionada en este informe es la ratio de la renta del 20% más rico frente al 20% con menores ingresos: en 2007 era de cinco veces y media, mientras que en 2012 era ya 7.2.

Asimismo, cinco millones de personas se encontrarían en situación de exclusión social severa (un 82.6% más que en 2007). De la misma manera que en el resto de Europa, la crisis ha afectado mucho más a los jóvenes. Por lo que se refiere a los datos de Cáritas, el número de personas atendidas en los servicios de “acogida y asistencia” ha crecido un 251.4% entre 2007 y 2014. De estas personas, el 68% tiene, como prioridad, la alimentaria. En 2012, un tercio de los que recurrieron a este servicio lo hicieron por vez primera, triplicándose el gasto en este servicio durante los años de la crisis (hasta llegar, en 2012, a un total de 44 millones de euros, el 40% en alimentación).

El hecho de que los problemas sociales asociados a la crisis sean compartidos, con diferencias cualitativas y cuantitativas, por todos los países europeos, resulta parcialmente tranquilizador. No se trata de usar el viejo adagio “mal de muchos…”. Gracias a la inserción de la Estrategia 2020 en el mecanismo de coordinación macroeconómica de la UE, en el Semestre Europeo se siguen de cerca indicadores relacionados con la reducción de la pobreza y del desempleo.

Esta cuestión no es baladí y afecta de forma singular a aquellas regiones de Europa más castigadas por la crisis. Por ello, debería tener reflejo en las políticas europeas y, por tanto, debiera ser objeto de debate en la campaña de las próximas elecciones europeas. Los objetivos macroeconómicos en términos fiscales están íntimamente ligados (vía estabilizadores automáticos) a los niveles de desempleo y es ésta la variable que genera mayores desigualdades entre las regiones y los ciudadanos europeos.

Volviendo al principio, en la recuperación, demasiado débil y lenta, está la clave de la salida de este círculo vicioso. Pero no cabe esperar sentados a que la economía europea crezca con fuerza: es necesario actuar. En este camino no estamos solos: existe acuerdo en que el desempleo juvenil necesita medidas urgentes y se ha creado por parte de la Comisión Europea un fondo de garantía para la juventud de 6.000 millones de euros; la Comisión también ha hecho una declaración sobre la “dimensión social de la unión económica y monetaria”. Que el Ecofin muestre su preocupación por la limitación al crecimiento derivada de los problemas sociales da muestra de que se han puesto manos a la obra.

Indicador de coyuntura: Marzo 2014

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de febrero con los datos publicados hasta enero de ventas y producción industrial y hasta febrero de renta y de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en febrero es de 0,4 mejorando el dato que presentó en el mes de enero de 0,1. El valor alcanzado es superior al que presentaba en el inicio de la crisis y por primera vez muestra valores positivos.

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En tasas de crecimiento interanuales, casi todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE, muestran mejoras respecto a los meses anteriores. La excepción es la producción industrial, que muestra una ligera caída de 0,1%, frente a la subida del 3,9% en diciembre. Las ventas crecen un 0,4% en enero frente a la caída del 0,4% de diciembre. La renta y los afiliados pasan de subir 0,2% y 0,1% en enero a subir 1,1% y o,7% en febrero.

indicadoresEsta evolución coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el que elabora FEDEA y el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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¿Qué podemos esperar del PIB en el primer trimestre? La tendencia de las variables observadas a la fecha de cierre del informe económico del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA, publicado a comienzos de marzo, confirma que el ritmo de recuperación de la economía española continúa ganando tracción durante el primer trimestre de 2014. Con el 48,5% de la información disponible, el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA estima una tasa de variación del PIB en el entorno del 0,4% respecto al último trimestre de 2013.

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Indicador de coyuntura: Febrero 2014

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de enero con los datos publicados hasta diciembre de ventas y producción industrial, y hasta enero de renta y de afiliados. El indicador mensual sigue marcando una tendencia de mejora que inició a comienzos de 2013. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en diciembre es de -0,2 mejorando el dato que presentó en el mes de noviembre de -1,3. El valor alcanzado es similar al que presentaba en el inicio de la crisis y, de seguir esta tendencia, pronto tomará valores positivos.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE, se encuentran estabilizados y, en algunos casos, en mejor situación que en los meses anteriores. El único dato negativo es el de ventas, que caen 0,2% en diciembre frente a la subida de 0,4% en noviembre. La producción industrial crece en diciembre un 3,5%, frente a la caída de 0,1% en noviembre. Las ventas y los afiliados suben por primera vez desde el inicio de la recesión, un 0,2% y un 0.1% en enero, frente a las caídas de 0,5% que ambos mostraron en diciembre.

indicadoresEsta evolución coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el que elabora FEDEA y el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio

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Ni tantos ni tan calvos, por Carmen Ródenas y Mónica Martí

Las profesoras de la Universidad de Alicante Carmen Ródenas y Mónica Martí, conocidas especialistas en migraciones y mercado de trabajo, nos envían esta interesante entrada sobre el tema crucial de la emigración de españoles provocada por la crisis económica.

En su artículo del 17/1/2014 titulado “¿A cuántos españoles ha expulsado la crisis?, El País se hacía eco de la supuesta discrepancia existente entre los demógrafos españoles acerca de la intensidad de la emigración al extranjero como resultado de la crisis económica. Para alguien no experto, las diferencias en las cifras facilitadas para el periodo 2008-2012 son realmente alarmantes: desde apenas unas 40.000 personas (González-Enríquez), hasta 225.000 (INE) o 700.000 (González-Ferrer) salidas. Pero todo (o casi) tiene su explicación, y es necesario aclarar al menos dos cuestiones.
En primer lugar, que el número de emigrantes no es lo mismo que el número de movimientos migratorios que pueden hacer esas mismas personas. La cifra de González-Enríquez procede del Padrón de Españoles en el Extranjero (PERE), que mide el número de personas que residen fuera del país y no sus movimientos migratorios. En concreto, el dato de 40.000 se refiere al crecimiento neto de los españoles nacidos en España que, entre 2008 y 2012, se han inscrito como residentes en el extranjero. Es evidente que esta cifra no se puede comparar directamente con el flujo de 225.000 salidas o movimientos de españoles con destino exterior que se atribuyen al INE, por tres sencillas razones: se computan movimientos y no personas, se incluye a todos los españoles independientemente de su lugar de nacimiento y, finalmente, no se descuentan los retornos. Si se calcula el flujo neto (salidas menos entradas) exclusivamente de los españoles nacidos en España, se alcanza una cifra significativamente menor: 68.676 salidas netas según la Estadística de Variaciones Residenciales (EVR) ó 84.060 según la Estadística de Migraciones (EM). Por tanto, la primera cuestión, la enorme diferencia entre personas y movimientos, queda razonablemente matizada.
En segundo lugar, tanto el PERE como la EVR no pueden reflejar más allá de las bajas por emigración al extranjero cuando éstas son comunicadas por los interesados al correspondiente Registro de Matrícula Consular, para lo que se les exige una prueba de residencia legal en el país (permiso o certificado de residencia) y lo que supone la pérdida de derechos asociados al empadronamiento en España. Por tanto, es más que probable que los datos españoles infravaloren la emigración al exterior. Por eso, hay que ver lo que dicen las fuentes estadísticas de los países de destino. Y aquí es donde vienen las pegas. Las 700.000 salidas estimadas por González-Ferrer se establecen a partir de la información fundamentalmente de dos países: Reino Unido y Alemania. Para el primero se utilizan las nuevas solicitudes de un número de la seguridad social (National Insurance Number, NINo) que puede realizar todo extranjero adulto a su llegada al Reino Unido sólo por tener la intención de trabajar allí. En Alemania se recurre a las inscripciones (Anmeldungen) en el registro de población del municipio. Es muy fácil registrarse ya que sólo se necesita un pasaporte y una prueba de residencia habitual (por ejemplo, un contrato de alquiler o un escrito del arrendador) y, a veces, hasta ha habido previsto un “dinero de bienvenida” para los estudiantes. Se trata de un trámite imprescindible para las gestiones de la vida diaria (como adquirir una tarjeta para un teléfono móvil o abrir una cuenta bancaria) y, además, las autoridades alemanas, controlan con celo las inscripciones. No disponer del certificado o no tenerlo actualizado puede acarrear multas.
Ambas fuentes tienen en común que la visibilidad estadística de los extranjeros recién llegados es muy elevada. Y la pregunta es si todos esos registros corresponden a emigrantes reales. Por ejemplo, en el caso del Reino Unido cualquier español mayor de 16 años podría solicitar un NINo a su llegada al país, independientemente de la duración y el motivo de su estancia (por ejemplo, aunque simplemente vaya estudiar inglés). Los NINo no expiran y como tampoco se exige el des-registro a la salida, es dudoso que esta estadística dé cuenta cabal del número de emigrantes españoles que realmente permanece en -y no que ha pasado por- el país. Algo parecido sucede en Alemania, donde sí existe la obligación de cancelar la inscripción (Abmeldung) en el registro de población cuando se abandona el territorio. Pero, mientras que son muchos los incentivos para “anmeldarse” al llegar, no existen para hacer el Abmeldung al salir (especialmente, si no se piensa volver a Alemania); por lo que para las autoridades -y en las estadísticas- alemanas se sigue residiendo en el país. Por tanto, la segunda cuestión, la llamativa diferencia entre fuentes nacionales y extranjeras, también queda razonablemente matizada.
Para concluir. Hay que tener en cuenta que el fenómeno migratorio se ha ido transformando aprovechando las ventajas de la globalización en las comunicaciones y el transporte, mientras que la capacidad de las fuentes estadísticas para captar estos nuevos tipos de movilidad cada vez es menor. El coste (personal y monetario) de emigrar hoy en día es muchísimo menor que en los años sesenta, por eso, muchas salidas son decisiones de emigración provisionales. Son migraciones looking for a chance que, desde luego, sólo si al final hay éxito (encontrar un trabajo estable, formar una familia…) emergen en las fuentes españolas. Hay una posibilidad para estimar este tipo de movilidad. Y es muy sencilla: los consulados españoles también recogen las declaraciones como “no residentes” que pueden hacer los españoles que se trasladan temporalmente al extranjero -incluidos los estudiantes-. Si esta información se incluyera en las fuentes españolas como una categoría adicional (movilidad temporal, por ejemplo), buena parte de la subestimación de las cifras españolas de flujos desaparecería. Si, junto a esto, se avanzara para interconectar las instituciones nacionales productoras de la información estadística -al menos, en el marco de la UE-, los registros de población domésticos se podrían depurar al confirmar, por ejemplo, que la misma persona está simultáneamente inscrita como residente en dos países. Hasta que no se haga esto, poca certeza habrá de estar trabajando con datos fidedignos. Y no se entiende por qué, contando con los recursos tecnológicos necesarios, la producción de información estadística ha quedado al margen del mundo globalizado.

Recuperación incompleta y desigual

En este año, según todas las previsiones, las economías avanzadas crecerán más que en el pasado, compensando el menor dinamismo de las emergentes. Incluso Japón verificará definitivamente los resultados de las dos primeras flechas de la “Abenomics”: estímulos fiscales, expansión monetaria y las menos visibles reformas estructurales.

A pesar de ser el origen de la crisis, la más acertada combinación de decisiones, a fuer de su mayor flexibilidad relativa, convertirá a la economía estadounidense en la más expansiva de las avanzadas. La reducción del desempleo, principal objetivo de las políticas económicas, ha pasado del 10% en el otoño de 2009 al 7% actual. Esta tasa de paro no es, sin embargo, satisfactoria: el presidente de la Reserva Federal ha señalado hace unos días, en la reunión anual de la Asociación Económica Americana, que refleja por si sola que la “recuperación es incompleta”. Un cuadro algo distinto del que tenemos más cerca.

La eurozona será un año más la región con un crecimiento más tibio y peores registros de empleo. No se anticipa una variación de PIB muy superior al 1% y reducciones significativas del desempleo desde el 12% actual. Con una tasa de inflación históricamente baja, del 0,7% en diciembre, el riesgo de japonización, advertido en estas páginas hace algunas semanas, dispone hoy de mayor virtualidad. Y también de mayor respaldo académico.

Ha sido el exsecretario del Tesoro estadounidense y profesor en Harvard, Larry Summers, el que ha contribuido a que la idea de “estancamiento secular” renueve su vigencia. Aunque en su conferencia del pasado noviembre, en un seminario del Fondo Monetario Internacional (FMI), fuera la economía de su país la principal referencia, es obvio que sus advertencias son de aplicación a la mayoría de las avanzadas. Desde luego a la eurozona.

El crecimiento económico y el del empleo de la mayoría de las economías avanzadas seguirán evolucionando por debajo de su potencial. En realidad, ya venían haciéndolo desde años antes del inicio de la crisis, a pesar del mantenimiento de tipos de interés reales negativos. A los obstáculos a un crecimiento suficiente ahora habría que añadir las secuelas dejadas por la crisis. De forma mucho más explícita que antes de 2008, el reducido crecimiento coexistirá con unas políticas monetarias que disponen de un margen de maniobra mucho menor. La continuidad de estas, sin embargo, no garantiza la mejora significativa de las condiciones crediticias, pero sí abona la emergencia de nuevas burbujas en los precios de los activos propiciatorias de crisis financieras como la que estamos tratando de superar.

Por eso es razonable que Summers proponga como alternativa al excesivo protagonismo que en esas condiciones tendrá la inversión financiera, el fomento de la inversión productiva. Políticas que restauren una situación en la que coincida un suficiente crecimiento económico con tipos de interés igualmente razonables. En concreto, más inversión pública y mayores incentivos a la inversión empresarial. Esa sugerencia para Estados Unidos tendría también una mayor virtualidad en la eurozona.

Sin estímulos a la demanda en aquellas economías con capacidad de maniobra en sus finanzas públicas, como es el caso de Alemania, las consideradas periféricas apenas podrán avanzar en la mejora de sus principales desequilibrios: el desempleo y el endeudamiento privado y público. Y no podrá certificarse la superación de la crisis, como ha recordado el presidente del Banco Central Europeo (BCE) a quienes tratan de echar las campanas al vuelo de forma prematura.

Como es sabido, tras una crisis financiera la fase de recuperación es particularmente compleja: está condicionada por un difícil proceso de desapalancamiento y de saneamiento de los balances de todos los agentes económicos. Desde luego de los propios bancos. Y esto es particularmente relevante en una de las economías más bancarizadas, como la española. El crédito sigue contrayéndose y la natalidad empresarial neta tampoco asciende. Además, la sobrecarga de la construcción residencial ha sido tan importante antes de la crisis que su capacidad para contribuir a la recuperación económica, como ocurrió en otras fases, seguirá siendo muy limitada.

En 2014, el ritmo de crecimiento previsto para nuestra economía, en el entorno del 1%, no permitirá una significativa reducción del desempleo ni el fortalecimiento de la solvencia de familias y empresas. El primero sigue provocando caídas de la renta disponible que no favorecen una reducción del endeudamiento compatible con la recuperación del consumo, principal componente de nuestro PIB. Sin su dinamismo, la recaudación tributaria y, en definitiva, el saneamiento de las finanzas públicas, no avanzarán suficientemente. Recuperación tibia e incompleta que tampoco frenará la ampliación de la desigualdad en la distribución de la renta y de la riqueza que esta crisis está acentuando.

Políticas fiscales insuficientemente distributivas aplicadas en las décadas previas a la crisis ya habían ensanchado esa brecha en la distribución de la renta y de la riqueza. La gestión de la crisis las ha ampliado notablemente. Es verdad que ha ocurrido en la práctica totalidad de las economías avanzadas, pero las consecuencias en España son más inquietantes, dado el nivel de endeudamiento de las familias de menor renta. Además, la continuidad de reducciones en el gasto público seguirá afectando de forma más adversa a las familias con menor renta y riqueza.

Menor crecimiento y ampliación de la desigualdad son dos de los resultados de esas políticas fiscales de austeridad a ultranza aplicadas de forma indiscriminada en la eurozona. También desde hace tiempo son visibles otros resultados contrarios a los pretendidos, como el aumento en el stock de esa deuda en relación con los PIB de las economías. Paradójicamente, ahora el aumento de la deuda coexiste con mejoras en su cotización, con descensos en los tipos de interés de la misma. Y es que los mercados de bonos parecen atender mucho más a la disposición de las autoridades a adoptar decisiones excepcionales, como las anunciadas por el presidente del BCE, que a la insistencia en restricciones fiscales en solitario y excesivamente concentradas en el tiempo que dificultan la superación del estancamiento.

Aunque el saneamiento de las finanzas públicas ha de ser un objetivo a medio plazo, la orientación excesivamente contractiva de la política fiscal en el corto plazo es contraproducente, ha destacado Ben Bernanke, en la conferencia citada: “Con las políticas fiscales y monetarias trabajando en direcciones opuestas, la recuperación es más débil de lo que sería en caso contrario”.

Por eso la eurozona, desde luego España, necesita nueva demanda e inversión. En nuestro caso, idealmente inversión extranjera directa, dado el todavía relativamente elevado nivel de apalancamiento de las empresas españolas. Fortaleciendo la capacidad de producción también se hará con el empleo y, a partir de ahí, mejorará la evolución de la deuda de las familias y el consumo. Son vías susceptibles de concretar a poco que la coordinación intracomunitaria funcione. Garantizarían un crecimiento mayor que el ahora previsto en el área monetaria y, no menos importante, el establecimiento de las bases para no ampliar más la desigualdad: la que se está enquistando en la distribución de la renta y de la riqueza en el seno de las economías del sur, y aquella otra entre estas economías y las del norte de Europa. De lo contrario, las hoy moderadamente optimistas previsiones económicas de la región pueden ser contaminadas por tensiones sociales y políticas de más complicada solución.

(Publicado en El País, 19 de enero de 2014)

Indicador de coyuntura: diciembre 2013

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de ventas y producción industrial, y hasta noviembre de renta y de afiliados. El indicador mensual sigue marcando una tendencia de mejora que inició a comienzos de año. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en noviembre es de -2,1 mejorando el dato que presentó en el mes de octubre de -4,4.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE, muestran en general mejoras respecto a los meses anteriores. La producción industrial crece en octubre un 1,8%, frente a la subida del 3,7% en septiembre y las ventas caen un 0,7% en octubre frente a la subida del 0,8% que mostraron en septiembre. La renta y los afiliados pasan de caer 2,1% y 2,2% en octubre a caer 0,3% y o,4% en noviembre.

indicadoresComo es costumbre en la última entrada del año me gusta hacer un pequeño balance de la evolución económica del año. El 2013 comenzó con valores del indicador de -11,5 y ha experimentado una tendencia positiva que se aceleró desde el verano hasta alcanzar un valor de -2,1 en noviembre. Esta evolución coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el que elabora FEDEA y el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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La evolución positiva observada en todos estos indicadores coincide con la recuperación del PIB de la economía española. El primer trimestre del año empezaba cayendo un 0,4%, el segundo trimestre frenó su caída al 0,1% y acabó el tercer trimestre subiendo un 0,1%, dato que algunos economistas han identificado con la “salida de la recesión” (prometo una entrada en el blog analizando esta afirmación).

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¿Qué podemos esperar en el cuarto trimestre? De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de Diciembre y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se confirmaría la salida de la recesión y el escenario de moderada recuperación apoyado en el aumento de las exportaciones, la sustitución de importaciones, menores tensiones financieras y una política fiscal menos contractiva.

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La tasa de ocupación y la tasa de actividad desde el inicio de la crisis financiera internacional: ¿Cómo afectan a largo plazo a la renta per cápita de EE.UU.?

El crecimiento económico a largo plazo puede ser aproximado por la evolución de la renta per cápita, macromagnitud que depende de la evolución de tres factores (los dos primeros económicos y el último demográfico):

PIB/población total = (PIB/población ocupada) x (población ocupada/población activa) x (población activa/población total)

 o equivalentemente [1]:

 renta per per cápita = productividad aparente del trabajo x tasa de ocupación x tasa de actividad

 La evolución de la tasa de ocupación y de la tasa de actividad de la economía americana desde el inicio de la crisis financiera internacional en 2008 es muy negativa, lo que está condicionando el crecimiento actual y potencial de los EE.UU., puesto que el crecimiento de la productividad aparente del trabajo (véase dos primeros gráficos; hacer click sobre los mismos para verlos más grandes) no ha podido compensar la caída de estas dos ratios. El resultado es la caída inicial y el estancamiento posterior de la renta per cápita desde el inicio de la crisis económica conocida como la Gran Recesión (véase segundo y tercer gráfico).

En los dos siguientes gráficos se presenta la evolución histórica y la reciente, respectivamente, de la tasa de ocupación. El nivel máximo histórico de la ratio se alcanzó en abril del 2000 (un 64,7%) y al comienzo de la crisis de financiera internacional de 2008 se situaba en el 62,9%. Desde 2008 no se ha recuperado y el último dato disponible sitúa a la tasa de ocupación (octubre de 2013) en el 58,3%, el nivel más bajo en 30 años (septiembre de 1983).

Por último, en los dos siguientes gráficos se presenta la evolución histórica y la reciente, respectivamente, de la tasa de actividad. El nivel máximo histórico de la ratio se alcanzó en enero del 2000 (un 67,73%) y al comienzo de la crisis de financiera internacional de 2008 se situaba en el 66,2%. Desde 2008 no se ha recuperado, y el último dato disponible sitúa a la tasa de actividad (septiembre de 2013) en el 63,2%, el nivel más bajo en 30 años (agosto de 1978).

En síntesis, el problema a largo plazo del crecimiento a largo plazo de la renta per cápita de la economía americana es la recuperación de la tasa de ocupación (factor económico) y de la tasa de actividad (factor demográfico).

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[1] La población activa en EE.UU. es la población de 15 años o más que se ha integrado en el mercado de trabajo, es decir, que tiene un empleo o que lo busca de forma activa.

Indicador de coyuntura: noviembre 2013

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de producción industrial y ventas y hasta octubre de renta y afiliados. El indicador sigue mostrando una tendencia alcista que se inició en 2013. El valor del indicador en octubre es de -5,00 frente al valor de -6,64 observado en septiembre.

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En términos interanuales, observamos una mejora en todos los indicadores individuales que forman parte del indicador compuesto. La producción industrial y las ventas pasan de caer 4,16 y 9,01 en agosto a crecer 3,84 y 0,77 en septiembre. La renta y los afiliados pasan de caer 3,75 y 3,29 en septiembre a caer 2,15 y 2,22 en octubre.

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Por fin parece que el indicador empieza a mostrar síntomas de mejora.

Los beneficiarios del Programa de Cupones para Alimentos en EE.UU. siguen aumentando desde el inicio de la crisis financiera internacional

En los EE.UU. existe un programa gestionado por el Departamento de Agricultura Federal y los Estados conocido por las siglas SNAP (Supplemental Nutrition Assistance Program o Programa de Asistencia de Nutrición Complementaria), nueva denominación desde octubre de 2008 del antiguo Programa de Cupones para Alimentos (Food Stamp Program). El Programa SNAP comenzó en los EE.UU. en la década de los 30, como ayuda para que la población más pobre pudiera comprar alimentos y con el objetivo de “crear una sociedad más productiva”. En 1971 se convirtió en un programa federal aunque en la actualidad cada Estado tiene reglas específicas.

En el contexto actual de altos niveles de desempleo (y de caída de ingresos familiares) a los que se enfrenta la economía de EE.UU., el Programa SNAP constituye la primera línea de defensa contra el hambre. Permite que las familias de bajos recursos adquieran alimentos con tarjetas de Transferencia Electrónica de Beneficios (EBT, Electronic Benefits Card). Para poder recibir la tarjeta que da derecho a comprar alimentos en establecimientos previamente especificados por el Programa SNAP, el ciudadano tiene que reunir ciertos requisitos. Con más detalle, dependiendo de su estatus migratorio y del tiempo que ha permanecido en territorio estadounidense, un individuo (y sus hijos) puede ser elegible para obtener los cupones que le permiten recibir alimentos gratis en los supermercados. Puede lograrlos incluso si posee algún otro beneficio como seguro social o pensión y si tiene empleo, un automóvil o si es dueño de la casa donde vive. 

Los requerimientos para la beneficiario del SNAP son diferentes en algunos Estados pero generalmente tienen en cuenta el número de personas en el hogar, los ingresos, las deudas, el total de la renta y otros gastos. La cantidad máxima asignada mensualmente a una persona individual es en la actualidad de 200 dólares y va subiendo su cuantía en función de las personas asignadas a su cargo.

Los datos históricos de todos los Estados se pueden ver con detalle en la web del Departamento Federal de Agricultura y los últimos datos disponibles fueron publicados recientemente por el Wall Street Journal.

La crisis económica ha disparado el número de beneficiarios y el coste global del Programa, alcanzado cifras récord desde que se convirtió en un programa federal en 1971. A finales de junio de 2013, uno de cada seis estadounidenses (un 15% del total de la población) hacían uso del Programa de Cupones de Alimentos, es decir,  47,6 millones de personas (un 47% del total eran niños y un 26% más adicional eran adultos que vivían con niños) o 23 millones de hogares, y ello representaba un 80 % más de beneficiarios que en 2006. Además, el coste del Programa había alcanzado a finales de 2012 un total de 78.435 millones de dólares, con un aumento del 138% desde 2006. Por último, el beneficio medio mensual por persona y por hogar alcanza en la actualidad la cifra de 133 y 275 dólares, respectivamente.

 Encabezan la lista negra, con un número superior de beneficiarios igual o superior al 20% de su población,  los Estados de Mississipi (22%), Oregon (21%), Tennessee (21%), Kentucky (20%) y New Mexico (20%).  Finalmente, destacar también que incluso los Estados relativamente más ricos han visto crecer espectacularmente el número de ciudadanos dependientes del Programa SNAP durante los últimos años: Florida (18% del total de su población),  New York (16%), Texas (15%), Massachusetts (13%), Maryland (13%), California (11%) y New Jersey (10%), entre otros. La capital de EE.UU., Washington DC, encabeza el ranking, con el 23% de la población que depende de cupones de alimentos para “sobrevivir”.

Otro dato interesante es el porcentaje de la población por razas que utiliza los cupones de alimentos. Por ejemplo, en Washington DC, de los hogares norteamericanos de raza negra o afro-americanos, el 90,6% utiliza los cupones de alimentos. Entre los hispanos o latinos, el porcentaje se sitúa en el 5,8%, entre los blancos el 5,2%, y entre los asiáticos tan sólo el 0,7%.

El aumento de las prestaciones y el impulso de carácter temporal al Programa SNAP que supuso la “Ley de Reinversión y Recuperación de Estados Unidos de 2009″ (en inglés: ‘‘American Recovery and Reinvestment Act of 2009”, abreviada ARRA, Pub.L. 111-5, popularmente conocida como the Stimulus o The Recovery Act) ha llegado a su fin el 1 de noviembre de 2013, por lo que se prevé un recorte en las prestaciones para todos los hogares que se benefician del Programa.

Puede parecer increíble desde Europa, pero los cupones de alimentos se han convertido en la red de seguridad social por excelencia de los EE.UU. En España el papel de los cupones de alimentos lo ejerce la familia.

No salir en falso

Cuando se ha sido víctima de sucesivas decepciones —los “brotes verdes” anunciados por unos y otros—, cuesta recuperar la confianza. Por eso, y porque de antiguo solemos hacer más caso a los de fuera, hay que dar la bienvenida a las multiplicadas señales que desde ahí están llegando. Las emiten los mercados de deuda —con un bono a 10 años que en menos de quince meses ha bajado del 7,5 al 4 por ciento— y la inversión extranjera directa —con una suma hasta agosto que en la última década solo se superó en 2008—; las hace suyas la prensa más conspicua —para “The Economist” la de España “es ahora una historia de esperanza”, bien merecedora, según “The New York Times”, de “tener de nuevo un lugar bajo el sol”; las suscriben altos responsables europeos —el “optimismo” expresado por el presidente del Eurogrupo en su reciente visita— y agencias de calificación, revisando Fitch positivamente nuestra nota después de cinco años de hacerlo en sentido contrario. Incluso el “viva España”, tan raro y hasta sospechoso entre nosotros, lo proclama sin tapujos el último informe de Morgan Stanley.

La exclamación a tenor de bastantes indicadores no deja de estar justificada. Los referentes al sector exterior son espectaculares: crecimiento sostenido de las exportaciones, diversificación de mercados y de oferta, consiguiéndose en un tiempo récord y sin ayuda de resortes cambiarios pasar de unas necesidades de financiación exterior que rondaban el 10 por ciento del PIB a registrar un superávit cercano al 2 por ciento. Un logro sin apenas parangón dentro o más allá de nuestras fronteras, que invita a pensar que no sólo se está creando “buen caldo de cultivo” —en términos de la consultora PwC— para el inicio de la recuperación, sino también que esta puede ser rápida, sobre todo si llegan estímulos provenientes de la eurozona, o sea, de Alemania.

Ahora bien, rapidez no es igual que firmeza, ni siquiera contando con esos apoyos foráneos. Una recuperación firme y, por tanto, duradera requiere aliento reformador de gran calado, pues ha de atender al plano institucional en un doble sentido. De un lado, porque ha de abordar la reforma de la Administración, principal asignatura “troncal” pendiente, hasta hoy suspendida con nocivos efectos sobre toda la actividad productiva y mercantil (botón de muestra más reciente: solo hay 47 países en todo el planeta donde abrir un negocio sea más difícil, ocupando España en el “Doing Business 2014” del Banco Mundial el puesto 142º tras exigir 10 trámites y requerir un proceso de al menos 23 días). De otro lado, porque la crisis económica aquí está entreverada de crisis institucional, que es crisis de modelo de Estado (un todo fragmentado en 17 unidades mal articuladas, con un peso agobiante de los partidos políticos en toda la vida pública, segregando una democracia de muy baja calidad) y que es crisis de liderazgo político. La recesión ha hecho perder credibilidad a las instituciones y a los políticos, pero a su vez la crisis institucional, gestada desde bastante antes del final del ciclo económico expansivo, ha activado y ahondado las dificultades económicas. En consecuencia (así lo advierte el Círculo Cívico de Opinión al proponer un compromiso de regeneración democrática), no se debería confiar, como quizá esté haciendo el gobierno, en que recuperada la economía todo lo demás se solucionará. Sería una salida en falso.

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