Indicador de coyuntura: Abril 2013

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de marzo con los datos publicados hasta febrero de  roducción industrial, ventas, y hasta marzo de renta y afiliados El indicador mensual continua con la tendencia negativa iniciada en 2010, aunque comienza a notarse una ligera mejoría desde el inicio del año 2013. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en marzo es de -10,86 por lo que muestra sigue bajando desde el nivel de febrero (-11,46) y enero (-12,45).

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En términos interanuales, dos de los cuatro indicadores han frenado sus caídas. Las ventas caen 5,41% en febrero, frente a la caída de 8,22% en enero, y la renta cae 6,67% en marzo frente a la caída de 6,90% en febrero. Por su parte, los afiliados mantienen en marzo la caída de 4,2% observada en febrero. La única noticia negativa viene de la mano de la producción industrial que cae 8,54% en febrero frente a la caída de 3,44% en enero.

indicadoresLa tímida recuperación del indicador de actividad económica está en consonancia con la evolución que ha marcado el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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PIB versus PNB: Irlanda en la encrucijada

La mayor parte de los países  excluyendo los EE.UU., han utilizado desde hace tiempo su Producto Interior Bruto (PIB, en inglés GDP, Gross Domestic Product) en vez del Producto Nacional Bruto (PNB, en inglés GNP, Gross National Product) como su principal indicador del nivel de actividad económica. En 1991, EE.UU. se sumó también a esta práctica.  Generalmente, la discrepancia entre el PIB y del PNB es reducida. Sin embargo, en esta entrada del Blog destacamos cómo, para determinados países y en determinados períodos, existe una diferencia cualitativa y cuantitativamente importante, resultando que el PNB es un indicador más adecuado (que el PIB) para analizar la capacidad de una economía para financiar el gasto nacional y, en última instancia, la necesidad de financiación de la economía nacional del resto del mundo. Este resulta ser el caso de Irlanda en los últimos años.

La magnitud macroeconómica fundamental cuantifica el valor total de la corriente de bienes y servicios finales generados en una economía en un periodo de tiempo determinado, normalmente un año. Si medimos el valor de la producción generada dentro de las fronteras del país nos estaremos refiriendo al PIB, mientras que si medimos la producción generada por los factores de producción (trabajo y capital) propiedad de residentes nacionales (independientemente del lugar en que se localice la producción) nos referiremos al PNB. En definitiva, el paso del PIB al PNB supone agregar la renta de los factores nacionales obtenidas en el extranjero y detraer la renta de los factores extranjeros obtenidos en el territorio de un país. En particular, el PIB no corrige por la parte de la producción generada utilizando servicios proporcionados por el capital de propiedad extranjera.

 La diferencia entre ambas macromagnitudes viene dada por el saldo de la Balanza de Rentas con el resto del mundo (en inglés NFI, Net Factor Income from the Rest of the World), calculado como la diferencia entre las rentas (sueldos, salarios, intereses, dividendos, pagos por patentes, etc.) percibidas por factores productivos nacionales como contrapartida a su aportación a las productiva del resto del mundo menos las rentas percibidas por factores productivos extranjeros por su aportación a la producción de nuestro país.

De modo que:

GNP = GDP  ± NFI

En el los dos primeros gráficos (hacer clic sobre los mismos para verlos más grandes) se presenta la evolución del PIB, PNB y del NFI para la economía de Irlanda desde 1997 a 2014 (años 2012 a 2014 previsiones).

Con el paso del tiempo se ha abierto una brecha importante y creciente entre el PIB y el PNB de la economía irlandesa. Esto sucedía a medida que aumentaba el saldo negativo de las Balanza de rentas con el resto del mundo. A finales del 2011 el saldo negativo NFI con el resto del mundo ya representaba el 20% del PIB y se espera que vaya creciendo hasta alcanzar el 22,1% en 2014.

Este creciente desequilibrio se ha debido principalmente a la remuneración creciente de la inversión efectuada por multinacionales extranjeras en Irlanda. Como es bien conocido, la baja fiscalidad sobre beneficios, de los royalties y la gestión de la propiedad intelectual (12,5% de tipo impositivo general en el Impuesto sobre Sociedades) son algunos elementos (junto al idioma y la alta cualificación del capital humano, aunque en menor medida) que han hecho de Irlanda un imán para multinacionales, sobre todo estadounidenses, que han llegado a proporcionar empleo a uno de cada siete trabajadores del país. [1] [2]

En el siguiente gráfico se puede observar como el Valor Añadido Bruto (VAB, en inglés GVA, Gross Value Added) de las empresas multinacionales (EM) instaladas en Irlanda en % del PIB total ha ido creciendo sin parar, hasta representar a finales del 2011 nada menos que el 22%.

Quizás la pregunta clave sería la siguiente: ¿estamos ante un milagro económico o una enfermedad “crónica” de la economía irlandesa?

———

[1] Algunas de las multinacionales que tienen su base operativa europea en Irlanda son General Electric, Cisco, Pfizer, HP, Apple, Google, Microsoft, Facebook, entre otras.

[2] Recientemente se ha vuelto a reabrir el debate en España y en el resto de Europa de si es posible que Irlanda siga manteniendo su baja fiscalidad a las empresas en un Mercado Único.

DERRETIDOS

“Como la nieve bajo el sol”  podrán quedar “los esfuerzos que se han hecho en las economías del sur de Europa para reducir sus costes laborales unitarios”, según la canciller Merkel, si el tipo de cambio del euro sigue apreciándose frente a las principales divisas. Ese reconocimiento de “las preocupaciones y temores de quienes están trabajando duro” para fortalecer su competitividad, no le ha impedido declarar al mismo tiempo que un rango comprendido entre 1,30 y 1,40 dólares por euro es un tipo de cambio normal en términos históricos. Y, en todo caso, ha dejado clara su oposición a cualquier tipo de intervención que pretenda  enmendarle la plana a los mercados de divisas. Ni a ningún otro mercado, cabría añadir, aunque la volatilidad de sus cotizaciones agrave la situación de esas economías del sur hoy en recesión, sensibles a las variaciones del tipo de cambio del euro.

Con independencia de otras consecuencias no poco importantes que esas divergencias pudieran llegar a tener sobre la estabilidad comercial y financiera global, renovando las amenazas de una “guerra de divisas”, el aspecto quizás más revelador es la actitud complaciente con que la canciller alemana, y por extensión las autoridades comunitarias, contemplan las dificultades que atraviesan las economías periféricas. Con la misma pasividad que se verifica el daño en la capacidad exportadora de esas economías se observa la prolongación de la recesión a la que están conduciendo las políticas impuestas desde el inicio de la crisis de la deuda pública.

La depreciación del dólar y más recientemente del yen es una consecuencia de la política monetaria expansiva de los bancos centrales de EEUU y Japón con el fin de afianzar la recuperación del crecimiento de sus economías y, especialmente, el del empleo. Más expansiva, desde luego, que la aplicada por el BCE. La Reserva Federal dejó clara su actitud el pasado diciembre al confirmar la supremacía de su objetivo de reducción del desempleo : no bajará la guardia hasta que el primero caiga por debajo del 6,5%, siempre que la inflación no ascienda del 2,5%. Las autoridades japonesas, por su parte, han asumido como prioridad la eliminación de las amenazas de deflación y, para ello, además de la asignación por el gobierno de 117.000 millones de dólares a inversión pública, el banco central ha asumido un objetivo de inflación que dobla el 1% hasta ahora vigente. Esas actuaciones más laxas pueden ser seguidas por el Banco de Inglaterra que ahora estrena presidente, tras el fracaso de las políticas basadas en la austeridad del primer ministro Cameron. El Banco Central de Suiza ya anunció intervenciones en los mercados tendentes a evitar apreciaciones de su moneda.

Esas decisiones contrastan con las adoptadas por las autoridades de la eurozona. El BCE tardó en concretar su disposición a hacer todo lo que estuviera a su alcance para impedir que los mercados de bonos públicos fragmentaran la unión monetaria. Lo hizo el pasado septiembre, cuando las cotizaciones de la deuda pública española e italiana reflejaban temores que excedían al deterioro de las finanzas públicas de ambos países. Y lo hizo después de que fuera amplia una segunda evidencia, destacada por diversas instituciones, como el FMI: el carácter contraproducente de los ambiciosos procesos de consolidación fiscal impuestos en ambas economías.

Las previsiones que acaba de hacer públicas la Comisión Europea dejan lugar a pocas dudas acerca de los resultados de esas políticas. La eurozona contraerá su ritmo de crecimiento en 2013 un 0,3%. España lo hará un año más en un 1,4%, pero doblando ampliamente la tasa de desempleo del área, hasta rozar este año el 27%. Para 2014 se anticipa una mejora, pero no suficiente como para que la economía crezca más de ese 0,8% que prevé la Comisión, la misma tasa que nos asignaba en sus previsiones de otoño. Lo que sí se ha revisado al alza en estas previsiones para España es la relación entre la deuda pública y el PIB: será del 95,8 y del 101% del PIB en este y el próximo año, respectivamente.

No aparece, por tanto, la compensación esperada a estos años de esfuerzos sin precedentes para sanear unas finanzas públicas dañadas a partir de 2008, fundamentalmente por el desplome de los ingresos públicos. El caso de España vuelve a ser relevante. Y es que en ausencia de crecimiento económico, con el desempleo en ascenso, un endeudamiento privado elevado y un sistema bancario vulnerable,  el ajuste fiscal acaba pronunciando aún más la recesión y dificultando la consecución de sus propios objetivos de saneamiento. Una conclusión tal es la que se deducía de los análisis de los multiplicadores fiscales avanzados por el FMI (ver  el artículo “Revisionismos. El multiplicador fiscal”, El País, 21 de octubre de 2012) y, desde otra perspectiva analítica, la aportada por el reciente trabajo de Paul de Grauwe y Yuemei Ji (http://www.voxeu.org/).

Las conclusiones de este último trabajo cuestionan seriamente la validez de esas políticas, no encuentran justificación a los sacrificios realizados en estos países. Desde el inicio de la crisis de la deuda soberana los mercados de bonos enviaron señales erróneas, determinadas por el terror y el pánico, elevando artificialmente los diferenciales en tipos de interés de la deuda de las economías periféricas. Fueron esas presiones de los mercados de deuda publica  las que impulsaron a las autoridades europeas a la adopción de esos recesivos programas de consolidación fiscal todavía en vigor. “Si el BCE hubiera actuado antes de septiembre de 2012, se habría evitado gran parte del pánico en los mercados – a la fragmentación o desaparición de la eurozona- y la consecuente adopción de los programas de austeridad excesiva” adoptados a partir de 2011. De ello no es difícil colegir que “el pánico y el temor no son buenas guías para orientar las políticas económicas”. En mayor medida, podríamos añadir, si ese “sentimiento de los mercados” está influido por el “riesgo de reversibilidad” de la unión monetaria, que como el propio BCE admitió, incorporaban las cotizaciones de la deuda soberana de las economías del sur.

Como la mayoría de los analistas críticos con la “austeridad a ultranza” Paul de Grauwe no cuestiona  la necesidad de  saneamiento de las finanzas públicas de las economías del sur. Sugiere una distribución temporal del mismo mucho más razonable,  coexistiendo con estímulos a la demanda fundamentalmente con origen en las economías del norte. Estas, no tienen déficit públicos excesivos, mantienen estabilizados sus ratios de deuda pública sobre el PIB y tipos de interés excepcionalmente bajos. Ambas políticas, suavización de los ajustes fiscales y estímulos a la demanda, contribuirían igualmente a neutralizar esa otra amenaza de inestabilidad cambiaria ante la que la canciller alemana apenas mostraba su conmiseración con los  derretidos esfuerzos de los sureños.

Sin abandonar el ámbito de la observación empírica, a las contraindicaciones estrictamente económicas de las políticas hasta ahora practicadas hay que añadir las cada día más visibles de insatisfacción social y política, incluida la desafección hacia la propia Unión Monetaria, derivadas de esos “sufrimientos innecesarios a millones de personas que han terminado en el desempleo y la pobreza”, que también subraya Paul de Grauwe. No se trata de consecuencias de la existencia del euro, sino de errores en la gestión de la crisis más importante de su historia.

(Publicado en El País, 10 de marzo de 2013)

Indicador de coyuntura: Febrero 2013

 El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de enero con los datos publicados hasta diciembre de producción industrial, ventas y renta, y hasta enero de afiliados El indicador mensual continua con la tendencia negativa iniciada en 2010, aunque frena la caída experimentada en el mes de diciembre. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en diciembre es de -12,29 por lo que muestra un nivel similar al que mostró en noviembre, cuyo valor revisado es -12,37.

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En términos interanuales, el peor comportamiento lo ha tenido la producción industrial, que pasa de subir 7,0% en noviembre a caer 8,5% en diciembre. Las ventas mantienen su tasa de crecimiento negativa pues caen 8,2% en noviembre y 8,0% en diciembre. Lo mismo ocurre con afiliados que pasa de caer 4,5% en diciembre a 4,4% en enero. Los catos de renta no se han actualizado por lo que el último dato se refiere a la caída del 6,7% de diciembre.indicadores

 

CLIMA FINANCIERO Y ECONOMIA REAL

Ya parecía olvidado el clima de estabilidad que ha retornado a la escena financiera internacional al inicio de este año.  La aversión al riesgo se ha reducido de forma considerable, aunque no es fácil saber si definitivamente. Y es que  los determinantes de esa mejora han sido variaciones en ese entorno esencialmente financiero: las decisiones más propiciadoras del crecimiento de los principales  bancos centrales del mundo o el alejamiento de las amenazas globales con que se despedía el año, pero no tanto variaciones favorables en los indicadores reales de las principales economías, especialmente de las europeas. En realidad, las esperanzas de que ese mejor clima financiero sea una suerte de anticipo de la recuperación del crecimiento en las economías hoy en recesión, no disponen por el momento de excesivos apoyos objetivos.

Cambios en la escena financiera. El anuncio del presidente del Banco Central Europeo (BCE), el pasado 6 de septiembre, constituye la principal referencia a partir de la cual la estabilidad retorna a la escena financiera. La disposición a conceder ese respaldo a la deuda pública de las economías amenazadas, Italia y España fundamentalmente,  mediante el programa de compra de esos bonos a los gobiernos  que lo solicitaran, relaja de forma significativa la inquietante atmosfera dominante hasta entonces. La significación de esa actitud del BCE no radicaba solo en  el cambio que suponía  hacia una menor rigidez en su aproximación a la crisis financiera en la eurozona, sino por el más fundamental respaldo  al alejamiento del peor de los escenarios en esas dos grandes economías. Y con él a  la propia viabilidad de la eurozona, hasta entonces seriamente comprometida, no solo por la especulación dominante en los mercados de bonos sino por la inacción o mala gestión de la crisis por las instituciones europeas. Pero no olvidemos que la concreción final de esa suerte de red de seguridad sobre los intereses de la deuda pública depende de que los gobiernos la soliciten formalmente.

El alejamiento de la amenaza sobre la economía global derivada del “abismo fiscal” en EEUU ha sido otro de los factores suavizadores de las tensiones financieras. Igualmente destacable es la disposición  de los principales bancos centrales, liderados por la Reserva Federal estadounidense, a evitar males peores adoptando decisiones poco habituales. Por otro lado, la relajación de las exigencias de liquidez a los bancos por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha contribuido también a  esa mayor propensión hacia la inversión en activos de riesgo, reconduciendo  las cotizaciones de los considerados como  refugio hacia niveles más razonables.

Esa reducción de la aversión al riesgo se ha reflejado en los precios de  todos los activos financieros, de forma mas explicita en los españoles e italianos. El descenso de las  primas de riesgo de los bonos públicos de esos dos países, ha sido especialmente pronunciado en las dos primeras semanas del año, pero también ha sido explicita la mejora en la práctica totalidad los mercados bursátiles.

La volatilidad, por su parte, se ha mantenido en  mínimos de los últimos cinco años.

Ello se ha traducido en demandas importantes en las subastas de bonos soberanos de Italia y España, en la muy significativa presencia de inversores extranjeros,  pero quizás lo más favorable  ha sido la apertura de las ventanas de emisión de valores privados, hasta el punto de que algunas de las empresas españolas con mayor proyección  internacional han conseguido mejores condiciones de precios que los propios bonos del tesoro. La devolución al BCE de una parte significativa, superior a la esperada,  de los préstamos concedidos a entidades bancarias de la eurozona (las conocidas como LTRO), constituye un exponente de esas menores tensiones de liquidez que han estado presentes en el pasado reciente. Ojalá sean definitivas y puedan reflejarse rápidamente en el necesario aumento de la inversión crediticia.

La economía real estancada. Ese comportamiento de los mercados financieros ha llevado a no pocos analistas  a calificar  este como el año de “la gran rotación” hacia los activos de más riesgo, abandonando  los refugios en que estaban atrincherados desde que se intensificó la crisis de la eurozona. Algunos han extendido esa “rotación” al cuadro de recesión que hoy domina en la eurozona.

Pero las señales en el sector real de las economías más dañadas por esta crisis no han sido igualmente expresivas ni mucho menos de mejoras significativas. Especialmente entre las economías que comparten moneda en Europa. Es más, una de las consecuencias de ese mejor clima financiero ha sido la apreciación del tipo de cambio del euro que no facilitará precisamente la competitividad de las exportaciones en aquellas economías  que mas la necesitan para asentar la recuperación. España sin ir más lejos.

Para que esa mejor atmosfera se asuma como la definitiva “normalización financiera” es necesario que el  crecimiento económico acompañe: que la generación de rentas permita sustentar el crecimiento de los beneficios empresariales y, desde luego, la recaudación impositiva de los gobiernos. Las previsiones de crecimiento de la economía mundial para el conjunto del año no amparan precisamente la euforia financiera. La mas reciente, del FMI, señala que la economía mundial crecerá un 3,5% en 2013, apenas tres decimas más que en 2012. La esperanza, nuevamente, está depositada en las emergentes: solo China será responsable del 40% de ese crecimiento. Los estímulos decididos por el nuevo gobierno japonés también forman parte de esa renovada, aunque tímida expansión global. Poco que esperar de la eurozona, dependiente de la convicción de las autoridades alemanas en esa intensa dosificación de una austeridad presupuestaria manifiestamente contractiva, expuesta a las tensiones políticas en varios países y, siempre, a una capacidad de reacción cuando menos lenta, y en ocasiones torpe o errada. El FMI no solo retrasa la recuperación en la eurozona, desde la recesión actual, sino que la califica de frágil: sigue haciéndola dependiente de que no se renueven las amenazas de inestabilidad bancaria y en los mercados de deuda.

De las principales economías europeas, la española será la que sufra la recesión más pronunciada, con una contracción de su PIB no inferior a ese 1,5%  del  año pasado. Antes de que inicie su recuperación seguirá destruyéndose empleo, con el correspondiente impacto depresivo en la demanda interna, en la solvencia de  familias y empresas  y en las propias finanzas públicas. No hace falta insistir que, en ausencia de una mayor demanda  proveniente de nuestros principales socios comerciales, el dinamismo observado hasta ahora en las exportaciones tampoco contribuirá excesivamente a amortiguar esa atonía de la demanda nacional.

Es en España precisamente donde la mejor atmosfera financiera vigente en estas primeras semanas no puede darse por garantizada para el conjunto del año,  y  tampoco es la condición fundamental para impulsar el crecimiento  económico. La flexibilización temporal del objetivo de déficit público es una condición, pero no la única. En ausencia de estímulos a la demanda, necesariamente externos, y de una mayor suavización de los costes financieros de las empresas y de las administraciones públicas, la recuperación será  tardía y poco intensa, insuficiente para crear empleo, con un  PIB  distante del crecimiento potencial, en definitiva. Y para la satisfacción de cada una de esas condiciones Europa sigue teniendo la última palabra, aunque en alguna de ellas, como el dichoso “rescate”, la primera corresponda a las autoridades españolas.

(Publicado en Negocios, El País)

Indicador de coyuntura: Enero 2013

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta noviembre de producción industrial y ventas, y hasta diciembre de afiliados y renta. El indicador mensual continúa con la tendencia negativa iniciada en 2010. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en diciembre es de -12,54 por lo que muestra un nivel inferior al que mostró en noviembre, cuyo valor revisado es -11,80.

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 En términos interanuales, el peor comportamiento lo ha tenido la producción industrial, que pasa de subir 0,9% en octubre a caer 7,3% en noviembre. El resto de indicadores ha mantenido la tasa de crecimiento interanual negativa mostrada en el mes anterior. Las ventas pasan de caer 9,9% en octubre a caer 8,5% en noviembre. La renta y los afiliados pasan de caer 6,9% y 4,8% en noviembre a caer 6,7% y 4,6% en diciembre.indicadores

Indicador de coyuntura: Diciembre 2012

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de producción industrial y ventas, y hasta noviembre de afiliados y renta. El indicador mensual mantiene la tendencia negativa iniciada en 2010. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en noviembre es de -12,05 por lo que muestra un nivel inferior al que mostró en octubre, cuyo valor revisado es -11,16.

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En términos interanuales, la señal mostrada por los indicadores individuales es negativa, con la excepción de la producción industrial que pasa de una caída de 12,0 en septiembre a una ligera subida de 0,6 en octubre. Las ventas, continúan la caída de 11,5% en septiembre con una caída de 9,7% en octubre. En el caso de la renta y los afiliados, las caídas se agudizan de 6,2% y 3,7% en octubre a caídas de 6,9% y 4,8% en noviembre.

indicadores

El ajuste fiscal automático de Estados Unidos para 2013: el camino hacia la recesión

Las finanzas públicas de los EE.UU. se sitúan en una senda insostenible y por ello su deuda pública perdió en agosto de 2011 la máxima calificación que otorga la agencia de calificación crediticia Standard and Poor’s (de “AAA” a “AA”) . En aquel momento fueron las conversaciones para fijar el déficit púbico y los problemas de la primera economía del mundo con su techo máximo de deuda pública los que motivaron la pérdida de la máxima calificación. Ahora es la agencia de calificación crediticia Moody’s la que ha advertido de que podría rebajar también la máxima nota de solvencia de la deuda soberana de EE.UU., desde “Aaa” hasta probablemente “Aa1″. La amenaza está relacionada con el resultado de las negociaciones sobre el presupuesto de 2013 que deben llevarse a cabo en el Congreso. En concreto, si el resultado no tiene como consecuencia un cambio en la tendencia alcista del déficit de EE.UU., la primera potencia del mundo podría perder también la máxima calificación de su deuda que otorga Moody’s.

 En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo) se presenta la evolución histórica del déficit público total (incluídos los pagos de intereses de la deuda). A finales de 2011 se sitúo en la cifra de 1,3 billones  de dólares, lo que representaba el 10,1% del PIB (el récord lo alcanzó en 2009 con el 13,3% del PIB). Es necesario recordar que el año 2007, antes del inicio de la crisis financiera internacional, el déficit público era tan “sólo” de 160.000 millones de dólares.

La contrapartida es que también el stock de deuda pública se sitúa en una senda insostenible, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico. A finales de 2011, el stock de deuda pública alcanzó la cifra de 15,5 billones de dólares (102,8% del PIB).

¿Qué es lo que se ha hecho para evitar este problema?

En primer lugar, en diciembre de 2010, la “Comisión Nacional de Reforma y Responsabilidad Fiscal” (National Commission on Fiscal Responsibility and Reform) del Congreso de EE.UU. – propuesta por el Presidente Obama- ya alertó en su informe final que el país se encontraba en una senda fiscal insostenible.

En segundo lugar, en agosto de 2011, el Senado de EE.UU. aprobó la Ley de Control Presupuestario de 2011 (The Budget Control Act of 2011). Los rasgos más importantes de la Ley son los siguientes:

  • Autoriza un incremento del techo de deuda en 2,5 billones de dólares (14% del PIB) en un plazo de 20 años.
  • Establece una reducción del gasto corriente de 917.000 millones de dólares hasta 2021.
  • Crea un “Supercomité”  (compuesto por miembros de los Republicanos y de los Demócratas de  las dos Cámaras legislativas de forma paritaria) con el objetivo de identificar 1,5 billones de dólares adicionales de ajuste estructural también hasta 2021. Estipulaba que si el “Supercomité” no llegaba a un acuerdo antes del 23 de noviembre de 2011 se introducirían recortes automáticos de 1,2 billones de dólares hasta 2021, repartidos entre al 50% entre los programas de gasto en defensa y el resto de programas. [1]

Finalmente, este “Supercomité” no alcanzó un acuerdo de reducción del gasto y, por tanto, los recortes automáticos del gasto público (llamados “sequester” en Washington) van a entrar en vigor en enero de 2013 si no se llega a un consenso una vez reelegido Obama. La prioridad política más importante está en lograr un acuerdo que garantice un plan de reducción del déficit público que incluya metas claras y medidas fiscales concretas que garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas de EE.UU. a medio y largo plazo. Un acuerdo rápido del “Supercomité” reduciría significativamente la incertidumbre de las políticas federales de impuestos además de despejar el horizonte de una recuperación económica sostenible.

Si tenemos en cuenta las consecuencias sobre la caída del gasto público de esta Ley y de la expiración simultánea de varias rebajas fiscales y de prestaciones por desempleo aprobadas por la Administración Obama (y de otras medidas menores), la política fiscal restrictiva en EE.UU. que puede aplicarse en EE.UU. en 2013 puede ser de tal magnitud que puede llevar a la economía a una nueva recesión y un aumento significativo de la tasa de desempleo. Es lo que se ha estado denominando en círculos económicos y financieros (y en la prensa norteamericana) como el “precipicio fiscal ” (o fiscal cliff). [2]

Los cálculos basados en las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso (Congressional Budget Office, CBO) sugieren que el tamaño del “precipicio fiscal” superará los 668.000 millones de dólares en 2013 (un 4,1% del PIB) repartidos en (véase cuadro adjunto):

  • Un 80% en aumento de impuestos (532.000 millones):
  1. Caducidad de las rebajas fiscales de la era Busch de 2001 y 2003 y de la era Obama de 2009.
  2. Caducidad de la rebaja de cotizaciones sociales aprobadas por la Administración Obama.
  3. Caducidad de la posibilidad de amortizar de forma acelerada la inversión en capital fijo por parte de las empresas, medida aprobada por la Administración Obama.
  4. Caducidad de algunas  deducciones fiscales aprobadas por la Administración Obama, incluido el aumento de los tipos impositivos sobre las rentas del trabajo y la inversión de los contribuyentes con altos ingresos.
  • Un 20% de recortes del gasto público corriente (136.000 millones):
  1. Recortes automáticos o “sequester” de la Ley de Control Presupuestario de 2011.
  2. Caducidad de las prestaciones por desempleo aprobadas por la Administración Obama.
  3. Reducción de las cuotas de pago del programa Medicare a los médicos.

¿Cuál es el posible impacto sobre la economía de EE.UU. de este super ajuste fiscal “automático”?

Tanto el informe 2012 Spillover Report del FMI de julio de 2012, como el informe ya citado de la CBO de EE.UU., estiman un caída muy significativa del crecimiento de la economía que la podría llevar a una recesión.

En el siguiente gráfico se presenta la evolución del déficit público de EE.UU. estimado por la CBO en el caso de que se aplique las medidas del “precipicio fiscal” (CBO’s Baseline Projection) y en el caso de que se relajen algunas de las medidas que aparecen el cuadro anterior (Alternative Fiscal Scenario).

Por último, este endurecimiento de la política fiscal en 2013 es todavía insuficiente para estabilizar la ratio stock de deuda pública/PIB, por lo que la sostenibilidad de las Finanzas Públicas de EE.UU. continúan siendo insostenibles si no se aprueban medidas adicionales de consolidación fiscal a partir de 2014.

—–

[1] Quedan exentos los recortes en el programa Medicaid (la sanidad para ciudadanos de bajos ingresos), la Seguridad Social y otros programas federales destinados a ayudas a personas de renta baja.

[2]  El fin de las rebajas fiscales se denomina en la prensa como el “Tax Armageddon”.

Indicador de coyuntura: Noviembre 2012

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de producción industrial y ventas, y hasta octubre de afiliados y renta. El indicador mensual agudiza la tendencia negativa iniciada en 2010. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en octubre es de -11,19 por lo que muestra un nivel inferior al que mostró en septiembre, cuyo valor revisado es -10,42.

En términos interanuales, la señal mostrada por todos los indicadores individuales es de agravamiento de las caídas. Especialmente graves son los últimos valores de la producción industrial y las ventas, que ambos pasan de caídas de 2,5% en agosto a caídas de 11,6% en septiembre. En el caso de la renta y los afiliados, las caídas pasan de 5,1% y 2,7% en septiembre a caídas de 6,4% y 3,8% en octubre.

Indicador de coyuntura: Octubre 2012

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de septiembre con los datos publicados hasta agosto de producción industrial y ventas, y hasta septiembre de afiliados y renta. El indicador mensual continúa la tendencia negativa iniciada en 2010. Una vez incorporados los nuevos datos y las revisiones a los datos ya publicados, el valor del indicador en septiembre es de -9,57 por lo que muestra un nivel similar al que mostró en agosto, cuyo valor revisado es -9,36.

En términos interanuales, la señal mostrada por los indicadores individuales es de tímida mejora, excepto en la producción industrial que cae un 3,1% en agosto frente a la caída del 2,7% observada en julio. Por un lado, las ventas cayeron un 2,4 en agosto frente a la caída del 8,6% de julio. La renta y los afiliados cayeron en septiembre un 5,1% y un 2,7%, frente a las caídas de 5,5% y 3.5% en agosto.

El movimiento horizontal del indicador de actividad económica está en consonancia con la evolución prevista para el PIB. El Banco de España publicó en su Boletín Económico que, según la información coyuntural disponible, todavía incompleta, el PIB retrocedió a una tasa intertrimestral del 0,4 % en el segundo trimestre, similar a la observada en el segundo trimestre. Esta previsión está en línea con la previsión publicada el 9 de octubre en el último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA. Según este servicio de estudios, la tasa de crecimiento del tercer trimestre de 2012 se situaría en torno al -0.3%.

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