¿A qué edad alcanza un investigador su producción científica de máxima calidad?

El National Bureau Economic Research de EE.UU. ha publicado recientemente un Documento de Trabajo en el que se aborda la cuestión del nexo entre la edad del investigador y su producción científica de máxima calidad o impacto. [1]

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra que los ganadores de los premios Nobel y los grandes inventores del siglo XX tuvieron sus mejores aportaciones a la ciencia más frecuentemente alrededor de los 40 años. Además, este desplazamiento hacia los 40 años se ha ido acentuado a medida que avanzaba el siglo XX, tal y como se muestra el segundo gráfico.

 

Esta evidencia tiene importantes implicaciones para la política científica del Gobierno de España: el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación debería concentrar más recursos en tres líneas: i) el subprograma de  ayudas para contratos predoctorales para formación de doctores; ii) en el programa de ayudas para la Formación del Profesorado Universitario;  iii) y en la adjudicación de proyectos de I+D+i liderados por jóvenes doctores con una producción científica previa de calidad.

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[1]  Jones, B., Reedy, E.J. y Weinberg, B.A. (2014): “Age and Scientific Genius”, NBER Working Paper No. 19866, Cambridge, Massachusetts.

Indicador de coyuntura: Junio 2014

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de mayo con los datos publicados hasta abril de ventas y producción industrial y hasta mayo de renta y de afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en mayo es de 2,6. Por tercer mes consecutivo, el valor alcanzado es superior al que presentaba en el inicio de la crisis.

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En tasas de crecimiento interanuales, con la excepción de la producción industrial, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE muestran valores positivos y mayores que los datos del mes anterior. Las ventas crecen en abril 3,2% frente a 2.0% en el mes de marzo. La renta y los afiliados crecen en mayo 2,5% y 2,2%, frente a 1,3% y 1,4% en el mes de abril. El dato negativo es el de la producción industrial, que cae 1,9% en el mes de abril frente a la subida del 8,0% del mes de marzo.

indicadores Por tanto, los datos continúan dando muestras que avalan la incipiente recuperación económica.

Diferencias salariales entre sector público y privado según tipo de contrato: evidencia para España

(Esta entrada es una versión en español de la entrada de publicación inminente en el blog de ADAPT–Association for International and Comparative Studies in the field of Labour Law and Industrial Relations, en relación con un artículo conjunto con Raul Ramos y Esteban Sanromá).

La existencia de diferencias salariales entre los trabajadores del sector público y los del privado y el análisis de su origen ha recibido una notable atención desde hace décadas (véanse, por ejemplo, Lucifora y Meurs, 2006, Cai y Liu, 2011 o Chaterjji et al., 2011). Los motivos por los que los trabajadores del sector público pueden ser potencialmente remunerados de forma diferente a los del sector privado son diversos. Entre ellos se han destacado factores como el poder monopolístico del sector público en la provisión de servicios públicos, el cual puede derivar en rentas para los empleados públicos; la presencia de diferencias salariales compensatorias de elementos no pecuniarios o el mayor poder de negociación de los empleados públicos derivado, entre otras circunstancias, de su mayor tasa de afiliación sindical (Bender, 1998). Entre las regularidades constatadas por los abundantes estudios que han abordado esta cuestión desde una perspectiva empírica para numerosos países se puede destacar la existencia, con contadas excepciones, de una prima salarial favorable al sector público cuando se comparan trabajadores con características productivas similares; que dicha prima suele ser mayor para las mujeres y los individuos con baja cualificación y que los niveles de desigualdad salarial suelen ser comparativamente menores en el sector público (Gregory y Borland, 1999).

En un artículo de próxima publicación en Hacienda Pública Española (Ramos, R.; Sanromá, E.; Simón, H. (2014): “Public-private sector wage differentials by type of contract: Evidence from Spain”, 208) examinamos las diferencias salariales entre los asalariados del sector público y del sector privado para España, donde los análisis recientes sobre esta cuestión son escasos (García-Pérez y Jimeno, 2007 y Hospido y Moral, 2013). Además de analizar dichas diferencias por separado para hombres y mujeres y a la largo de toda la distribución salarial, se examinan de forma separada para los trabajadores permanentes y los temporales, una circunstancia que resulta claramente necesaria para el mercado de trabajo español y que, hasta donde alcanza nuestro conocimiento, es novedosa en relación con estudios previos. De hecho, el caso español constituye un marco especialmente apropiado para realizar este tipo de análisis por diferentes motivos. En primer lugar, porque las diferencias salariales entre el sector público y el privado son en España comparativamente elevadas desde una perspectiva internacional, situándose por encima del promedio de la Unión Europea (De Castro et al., 2013). En segundo, porque en España, al igual que en otros países europeos, se viene abordando en los últimos años un proceso de consolidación fiscal en el que el ajuste de los salarios de los empleados públicos constituye un eje principal de actuación. Finalmente, cabe destacar también que nuestro país presenta una tasa de temporalidad muy elevada tanto en el sector privado como en el sector público (así, según datos de Eurostat, en el período examinado en la investigación, 2010, España presentaba la mayor tasa de temporalidad europea en el sector público, 24,5% y la segunda mayor del sector privado, 25,1%, situándose muy por encima del promedio de la Unión Europea, -13,9% en ambos casos-). Esta circunstancia se debe, en el primer caso, a una brecha de costes de rescisión muy alta entre contratos indefinidos y los temporales y a un tejido empresarial orientado hacia producciones de bajo contenido tecnológico (Dolado et al. 2002 y Toharia et al. 2005) y, en el segundo, a elementos como las restricciones presupuestarias o las insuficiencias estructurales en la financiación de las administraciones locales.

La investigación se basa en el análisis de la ola de 2010 de la Encuesta de Estructura Salarial, ya que se trata de la ola con una mayor cobertura del sector público. Un rasgo adicional destacable de esta fuente de información es que incluye microdatos emparejados empresa-trabajador, un tipo de datos que ha tenido un impacto significativo en el análisis general de la determinación de los salarios (Hamermesh, 2008 y Abowd y Kramarz, 1999), pero cuya utilización en el análisis de las diferencias salariales entre el sector público y privado ha sido muy poco frecuente hasta el momento (entre los trabajos recientes, tan solo Chatterji, Mumford y Smith, 2011 y De Castro et al., 2013 utilizan microdatos emparejados). Así, entre otras circunstancias, los mismos permiten examinar apropiadamente la contribución a dichas diferencias de las características de los establecimientos, atributos que habitualmente no son tenidos en cuenta suficientemente en este tipo de análisis.

Desde una perspectiva metodológica, en nuestro análisis aplicamos tres técnicas distintas de descomposición del diferencial salarial entre el sector público y privado en España. La primera, la metodología de Oaxaca Blinder (Oaxaca, 1973; Blinder, 1973), permite obtener una descomposición detallada del diferencial salarial promedio entre ambos sectores. La segunda, basada en la metodología propuesta por Ñopo (2008), es utilizada como una prueba de robustez de la anterior, en la medida en que la descomposición tiene en cuenta el efecto de trabajar con individuos que comparten estrictamente las mismas características observadas. Por último, la tercera metodología, desarrollada por Fortin, Lemieux y Firpo (2011), ofrece una descomposición detallada de los diferenciales salariales a lo largo de toda la distribución salarial.

Los resultados obtenidos revelan que en España existe un significativo diferencial salarial en favor de los trabajadores del sector público, así como que el mismo se explica en buena medida por las diferencias en dotaciones de características observadas en relación con el sector privado, en especial en el caso de los hombres. Asimismo, se constata que las características de los establecimientos presentan una contribución significativa al diferencial observado, mayor que las características individuales o de los puestos de trabajo. Otros hallazgos reseñables son la existencia de una prima salarial positiva asociada a trabajar en el sector público, no explicada, pues, por las dotaciones de características, para los individuos menos cualificados y una prima negativa para los individuos más cualificados, así como que los menores niveles de desigualdad salarial que se dan en el sector público no se deben a las diferencias en características entre sus trabajadores y los del sector privado. Finalmente, la evidencia obtenida confirma que existen diferencias significativas asociadas al tipo de contrato en relación tanto con la magnitud de las diferencias salariales entre el sector público y privado como con su origen. Entre ellas puede destacarse la presencia de diferencias significativas en la magnitud de la prima salarial asociada a trabajar en el sector público, ya que la misma es comparativamente menor para los varones temporales y para las mujeres permanentes.

Para concluir, cabe destacar que en los años posteriores al período examinado por la investigación, 2010, se han producido en la economía española cambios significativos que pueden afectar a los salarios tanto del sector público como del privado. En el primer caso, los salarios públicos se han visto afectados por severos ajustes en el marco del proceso de consolidación fiscal. Los mismos, además, podrían haberse visto también afectados por el hecho de que la fuerte destrucción de empleo, limitada al sector privado al inicio de la crisis económica, se ha extendido con posterioridad también al sector público. En el segundo caso, los intensos cambios regulatorios en la negociación colectiva que se acometieron en el marco de la reforma laboral de 2012 plausiblemente han modificado de forma significativa los procesos de determinación salarial, especialmente en el sector privado, pero también en el público. Por todo ello, resultará de indudable interés examinar en el futuro la evolución en nuestro país de las diferencias salariales entre el sector público y el privado en la etapa posterior a la examinada en este artículo.

 

Referencias
Abowd, J.M.; Kramarz, F. (1999): “The Analysis of Labor Markets Using Matched Employer-Employee Data”, en O. Ashenfelter y D. Card (ed.) Handbook of Labor Economics, ed. North-Holland.
Bender, Keith A. (1998): “The central government-private sector wage differential”, Journal of Economic Surveys, 12(2), págs. 177-220.
Blinder, A. S. (1973): “Wage discrimination: reduced forms and structural estimates”, Journal of Human Resources, Vol. 8, 436-55.
Cai, L. y Liu, A. (2011), “Public–Private Sector Wage Gap in Australia: Variation along the Distribution”, British Journal of Industrial Relations, 49 (2), June, págs. 362–390
Chatterji, M. Mumford, K. y Smith, P. (2011), “The public-private sector gender wage differential in Britain: evidence from matched employee-workplace data”, Applied Economics, 43, págs. 3819-1833.
De Castro, F.; Salto, M.; Steiner, H. (2013): “The gap between public and private wages: new evidence for the EU”, European Commission Economic Paper 508.
Dolado, J.J.; García-Serrano, C. y Jimeno, J.F. (2002), “Drawing Lessons from the Boom of Temporary Jobs in Spain”, Economic Journal, 112 (June), págs. 270-295.
Fortin, N.; Lemieux, T.; Firpo, S.; (2011): “Decomposition Methods in Economics”, Handbook of Labor Economics, Volume 4, Chapter 1, págs. 1-102. Elsevier.
García-Pérez, J.I. y Jimeno, J.F., (2007), “Public Sector Wage Gaps in Spanish Regions”, Manchester School, 75 (4), págs. 501–531.
Gregory, R.G.; Borland, J. (1999): “Recent developments in public sector labor markets”, en Orsley C. Ashenfelter y David Card (eds.), Handbook of LaborEconomics, Vol. 3C, ed. North-Holland.
Hamermesh, D. (2008): “Fun with matched firm-employee data: Progress and road maps”, Labour Economics, 15(4), págs. 662-672.
Hospido, L. y Moral, E. (2013), “The Public Sector Wage Gap in Spain: Evidence from Income Tax Data”, mimeo
Lucifora, C. y Meurs, D. (2006), “The Public Sector Pay Gap in France, Great Britain and Italy”, Review of Income and Wealth, 52 (1), March, págs. 43-59.
Ñopo, H. (2008): “Matching as a Tool to Decompose Wage Gaps”, The Review of Economics and Statistics, 90 (2), págs. 290-299.
Oaxaca, R. (1973): “Male-female wage differentials in urban labour markets”, International Economic Review, Vol. 14, pp. 693-709.
Ramos, R., Sanromá, E. y Simón, H. (2014): “Public-Private Sector Wage Differentials by Type of Contract: Evidence from Spain”. IZA Discussion Paper No. 8158.
Toharia, L. (dir.) (2005), El problema de la temporalidad en España: Un diagnóstico, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid.

Estabilidad y cambio

El relevo en la Jefatura del Estado, con todo su hondo significado de estabilidad institucional, no conviene desvincularlo de la demanda de cambios profundos en nuestra vida pública que han puesto de manifiesto los resultados de las elecciones europeas. Más aún, la pautada sucesión en la titularidad de la Corona, al eliminar incertidumbre en la cúspide de nuestro sistema constitucional, debería aprovecharse para acometer reformas de alcance. La coincidencia en el tiempo de ambos hechos quizá no sea casual, pero en todo caso brinda ocasión propicia para que uno —la apertura del nuevo reinado— actúe como reclamo o revulsivo del otro. Ambos se necesitan recíprocamente.

La estabilidad institucional es una apuesta que ha sabido ganar la democracia española en el curso de los últimos decenios. Estabilidad institucional —expresada fehacientemente en las sucesivas alternancias en el poder al dictado de las urnas y en los gobiernos duraderos dentro de cada legislatura— que se ha doblado de estabilidad macroeconómica en una gran parte del recorrido, calando en la opinión mayoritaria un principio básico: que las ganancias de prosperidad requieren un suelo estable; que la carencia de este se resuelve, antes o después, en una contribución negativa a la actividad económica; que la estabilidad aporta confianza, y la confianza es el mejor lubricante de iniciativas inversoras y de proyectos empresariales, y la savia que nutre eso que ha dado en llamarse capital social. La España democrática así lo ha demostrado: el asentamiento institucional ha permitido y tensado capacidades creativas en diversos ámbitos y, desde luego, en el económico.

Pero hoy la propia estabilidad del marco institucional exige cambios. Reformar para fortalecer las instituciones, para dotarlas de la calidad que no tienen. Reformas como garantía de la continuidad del propio sistema democrático y, a su vez, la estabilidad de este como deber de reformas fuertes que corten las alas a proclamas y pulsiones populistas, su principal amenaza. Al populismo de una u otra laya sólo se le combatirá eficazmente desde un renovado y creíble aliento reformador. Por eso estabilidad ahora ha de escribirse con “r” de reforma, de regeneración, comenzando por las formas de hacer política y por el funcionamiento de unos partidos políticos con evidentes síntomas de anquilosamiento.

Por lo demás, en la España de nuestro tiempo democracia y Monarquía han ido de la mano, ganándose esta la legitimación “de ejercicio” al hacer posible y velar por aquella. También aquí la Monarquía ha sido un marco solvente para la democracia, como lo es en Gran Bretaña, Suecia, Holanda o Bélgica. De donde se deduce que reabrir la cuestión Monarquía-República, con ocasión de la proclamación de Felipe VI, “parezca, ante todo, un error. Peor aún: un error innecesario” (Fusi). En vez de ello, retomemos a la altura del presente las dos claves que aportaron mayor fecundidad a aquel otro comienzo de hace casi cuarenta años: mirar hacia adelante en vez de hacia un atrás ya estéril, y mirar hacia afuera, ensanchando la proyección internacional de todas nuestras realizaciones, en vez de ensimismarnos y hollar en nuestros rasgos identitarios. Si lo consiguiéramos, estos días pasarían a ser ciertamente otra fecha “histórica” en nuestro devenir colectivo.

Bolonia y el teorema central del límite

Ilustración: Carlos Sánchez Aranda / Texto: Jordi Paniagua

bolonia

Bolonia

Atendiendo a dos simples predicciones del teorema central del límite, se podría haber intuido en buena medida  la maraña boloñesa en la que se encuentra la universidad española (excepto medicina y arquitectura, que con las cosas serias no se juega). Seguramente las cabezas pensantes que diseñaron el método pedagógico del plan Bolonia sabrán explicar a la perfección el teorema del límite central. Incluso con dibujos, rincones y divertidas dinámicas de grupo. Pero da la sensación que no han acabado de entender las implicaciones reales que tiene sobre los estudiantes, profesores, la calidad y el futuro de nuestras universidades.

No es la primera vez que un descuido por la teoría del muestro tiene consecuencias en la vida real. Cuentan los historiadores de la estadística que cuando Sir Isaac Newton estaba al frente de la casa de la moneda del imperio británico, ya conocía las implicaciones del teorema central del límite (Stigler, 1977). Desde el siglo XIII, se toma una muestra de monedas de la corona británica para asegurar su calidad, tanto en peso y en forma. Los encargados de acuñar la moneda real se hacían directamente responsables con su vida del valor en oro de las monedas con la efigie real. El problema era que hasta el siglo XVIII se suponía que la desviación distribución muestral resultante era proporcional al de la población. Newton, como cualquier estudiante de Grado, sabía también que la dispersión de la muestra es inversamente proporcional a la raíz del número de monedas muestreadas. La amistad y respeto que sentía Sir Newton por de Moivre- el padre del teorema central del límite- queda de manifiesto en las palabras del físico británico: “Vayan con Abrahám de Moivre a consultar ésto. Él sabe mucho más que yo de estas cosas”. En cambio, todo hace suponer que Newton conocía perfectamente las implicaciones de las conjeturas de su compañero en la Royal Society y pudo amasar una considerable fortuna con la diferencia.

Parece razonable pensar que la exigencia de evaluación continua que exige el plan Bolonia influya en el tiempo que los profesores pueden dedicar a la investigación. Es un reto poder combinar las dos facetas que se exigen de un profesor universitario y se resiente bien la calidad de la enseñanza o de la investigación. Adicionalmente, el diseño del sistema de evaluación perjudica a los alumnos, especialmente a los que quieran tener un mejor expediente. Es una de las consecuencias inevitables del teorema del límite central, cuantas más muestras de evaluación obtengamos, más estrecha será la distribución resultante. Si algunos de lectores examinan las notas de sus grados a la boloñesa y las comparan con las de la licenciatura seguramente observarán como ha descendido el número de matrículas de honor (pero también de suspensos).

El teorema del límite tiene dos implicaciones importantes. Primero nos permite inferir propiedades de una población con una muestra más pequeña, al asegurar la media de una muestra representativa será igual a la de la población. Además, la distribución muestral seguirá una distribución en forma de campana o normal. Hasta aquí todo bien. Pero la implicación más relevante y más olvidada –excepto para Newton- es que la desviación típica de la muestra se reduce con respecto a la de la población. De forma intuitiva, pensemos en las notas de los estudiantes. El rango de notas de todos los alumnos variará entre 0 y 10. En cambio, es improbable en una muestra de, digamos 30 alumnos, caigan justamente dos con los valores extremos.

De igual manera, si recogemos varias muestras lo que los pedagogos llaman “evidencias de aprendizaje continuo” observaremos que la dispersión de las notas finales se reduce con respecto al tradicional examen final de la licenciatura. Es tan inverosímil que un alumno brillante obtenga un 10 en todas la pruebas como que otro menos aventajada suspenda todas y cada una de ellas. Este hecho puede parecer inocuo, pero-como para Newton- está teniendo consecuencias relevantes en el calidad de nuestra enseñanza e investigación científica universitaria, como parecen sugerir los resultados de varios estudios (por ejemplo García-Gallego et al. 2012  Jensen 1988; Friedrich y Michalak, 1983)

Se me ocurren al menos tres repercusiones. Primero, la evaluación continua del plan Bolonia, no consigue elevar las notas medias de los estudiantes. Un melón es un melón aunque lo cortemos en doce trozos, tan solo puede que despreciamos los dos extremos. Por tanto, segundo, es un sistema que premia a la hormiguita aunque sea mediocre y oprime a la cigarra aunque sea brillante. Por lo que al final de la jugada tenemos los mismos resultados-de promedio-pero menos estudiantes con expedientes brillantes que puedan competir con sus colegas, ya no europeos, sino americanos, coreanos, chinos… Tercero, obliga al profesor a preparar toda una serie de pruebas, tests, controles, ejercicios que minoran el tiempo que podemos dedicar a la investigación. (Aunque esto es otro tema que trataremos más adelante, ya que nos pagan fundamentalmente por enseñar pero nos miden por publicar). Imaginemos, por ejemplo, el caso de un alumno que no ha entregado ningún trabajo pero resuelve perfectamente el examen. Puede que no haya demostrado un trabajo constante durante el curso, pero ha demostrado dominar los conceptos de la asignatura. ¿Debemos suspenderlo? Con Bolonia en la mano, seguramente sí…

En cuanto a las soluciones, podríamos pensar en una doble vía de evaluación, dejando al alumno escoger al principio de curso si opta por la evaluación continua o por el tradicional examen final. Adicionalmente se podría ponderar de manera diferencial la dedicación del profesorado en función de los alumnos con o sin evaluación continua. Por ejemplo, aumentando los créditos de las asignaturas que requieren un seguimiento especial. De esta manera se conseguiría balancear de forma más eficiente las actividades docentes e investigadoras. Y de paso, según el teorema central del límite, acabaríamos firmando actas con algunas más matrículas de honor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iban de blanco

Hace unos días que dieron comienzo los Mundiales de fútbol. Es un acontecimiento que, con razón, eclipsa cualquier otro evento político, económico, social o cultural. A mí me gustan; parece que gana el mejor. Es también conocido – ha sido noticia destacada – que España, la actual campeona, sucumbió ante el Holandés por cinco a uno,lo que sorprendió a propios y extraños.

Hace un tiempo, un querido compañero del Departamento e ilustre de ALDE, un tal Andrés J Picazo, me explicó algo muy curioso. Se había publicado un artículo con base en la liga inglesa en el que se afirmaba que el rojo era el color de la victoria, daba ánimos e infundía respeto. Cuando se hacía la réplica para el caso de la liga española, artículo del referido Picazo junto con otros queridos compañeros, el color del triunfo era el blanco. Todo ello llevaba a concluir que lo del color de la camiseta era una solemne tontería.

Sí y no. El aspecto psicológico es importante. De hecho, a la selección española se le llama “La Roja”. Cuando salieron al campo vestidos de esa guisa, con equipamiento blanco, pensé: “ya está… nos apalizan”. Incluso cuando en los comienzos todo iba bien, seguía pensando lo mismo. A mí me pasó, y a ellos… Se miraban unos a otros  y no se reconocían como los campeones. No me extraña, no era ese su aspecto. Pero lo que es más importante: el rival tampoco los reconoció como a los campeones. No daban miedo. No eran “La Roja”, eran “La Blanca”. Y “La Blanca” no es nadie.

Quizás todo esto sea también una tontería, pero los que llevamos vistos unos cuantos cientos o miles de partidos sabemos reconocer cuando el cúmulo de desatinos individuales y colectivos está muy lejos de ser normal, más aún en unos profesionales tan experimentados. El factor psicológico es una variable que ha de ser tenida en cuenta.

Que no se me entienda mal, los “Fundamentales” son lo más relevante. Es muy evidente. Si a la Junta Directiva de ALDE se nos viste con el equipamiento de la selección española, no recibimos cinco sino quinientos. Pero no es menos cierto que las expectativas juegan un gran papel en el corto plazo, en todo. Si no, miremos la Bolsa. Las acciones de ciertas entidades bancarias valen hoy un 60%, un 70% o un 100% más que hace tan solo unos meses. Las cosas están mejorando… pero no tanto. O bien antes no estaban tan mal.

Volviendo a lo que nos ocupa. Lo de defender “los colores” no es baladí, sean estos cuales sean. ¿Alguien se imagina a un Brasil campeón vistiendo de blanco en lugar de amarillo? Yo no.

Un nuevo riesgo para la economía de EE.UU.: el excesivo endeudamiento de los estudiantes universitarios

Cuando parecía que la economía americana comenzaba a recuperarse del alza de la morosidad de los préstamos de la vivienda, vuelven a surgir temores – en los medios de comunicación, en la opinión pública y en los medios financieros especializados – de que una nueva bomba de relojería se sigue gestando con la acumulación sin límite de los préstamos a los estudiantes (en su mayoría con garantía del Gobierno Federal de EE.UU.) y con el mantenimiento de una elevada tasa de morosidad.

La Reserva Federal de Nueva York ha presentado recientemente las estadísticas de préstamos estudiantiles que aparecen en el informe más amplio sobre el crédito y de la deuda de los hogares de los EE.UU.: el Quarterly Report on Household Debt and Credit del primer trimestre de 2014.

En el primer gráfico se muestra la evolución del total de la deuda de los hogares de EE.UU. y su composición por tipos de préstamos desde el primer trimestre de 2013 al primer trimestre de 2014.

Los préstamos a los estudiantes es el único tipo de deuda de los hogares que ha crecido ininterrumpidamente desde el máximo alcanzado en 2008 por la deuda total. Dejando a parte la deuda hipotecaria (mortgage, 8,17 billones de dólares, 70% del total de la deuda), los préstamos a estudiantes continúan superando a finales del primer trimestre de 2014 en montante (1,1 billones de dólares, 9,5% del total) a los préstamos clásicos, tales como los créditos para compra de coches (880.000 millones de dólares, 7,5% del total) y las tarjetas de crédito (660.000 millones de dólares, 5,7% del total). [1] [2]

En el segundo gráfico se muestra la evolución de la tasa de morosidad (delinquent payment) por tipo de deuda de los hogares desde el primer trimestre de 2013 al primer trimestre de 2014.

La tasa de morosidad (más de 90 días sin pagar) ha descendido significativamente en los últimos dos años en todos los tipos de préstamo, excepto en los préstamos a estudiantes. Además la tasa de morosidad de los préstamos a estudiantes se ha situado en un 11%, la más alta de todos los tipos de deuda.

Algunas cifras pueden servir para ilustran el alcance del problema del endeudamiento de los estudiantes universitarios. En primer lugar, de casi los 20 millones de estadounidenses que asisten cada año a la universidad, cerca de 12 millones tienen algún tipo de préstamo a estudiantes. En segundo lugar, un estudiante acumula al final de un grado universitario de cuatro años, un montante medio de 20.926 dólares de préstamos a estudiantes. En tercer lugar, en la actualidad casi 37 millones de estadounidenses tienen un préstamo a estudiantes, con un montante medio de 30.227 dólares de saldo vivo.

Los altos niveles de deuda de préstamos a estudiantes no plantean ningún problema, siempre y cuando la inversión en la educación universitaria genere al individuo una “tasa de rentabilidad o tasa de retorno” posterior elevada (por ejemplo, en forma de salarios relativamente más altos) que le permita: a) reembolsar sin problemas los préstamos obtenidos para cursar los estudios en la universidad; b) y que no le penalize este endeudamiento (al estudiante y/o a sus padres si lo avalaron) para obtener otro tipo de préstamos, tales como créditos para compra de coches o hipotecas para la compra de viviendas, o incluso la disponibilidad de tarjetas de crédito.

Pero la morosidad de los préstamos a estudiantes va en aumento desde el inicio de la crisis financiera internacional y ya alcanza el 11%, tal y como vimos en el gráfico. Respecto a este problema, la Asociación Nacional de Abogados del Consumidor de EE.UU. – National Association of Consumer Bankruptcy Attorneys (NACBA) – ha presentó en 2012 un informe demoledor en el que alertaba del problema. El informe de la NACBA muestra, por ejemplo, que:

  • 4 de cada 5 abogados de la Asociación manifiestan que los clientes potenciales con deuda de préstamos a estudiantes se han incrementado “significativamente” o “algo” en los últimos tres o cuatro años.
  • El 95% de los abogados manifiestan que la mayoría de sus clientes no tienen ninguna posibilidad de obtener una moratoria, dada la excesiva carga que en la actualidad les supone el préstamo a estudiantes.
  • Los préstamos a los padres para la educación universitaria de su hijos han aumentado un 75% desde el año académico 2005-2006. Los padres atendidos tienen un promedio de 34.000 de dólares en préstamos estudiantiles, y esa cifra se eleva a unos 50.000 dólares en un préstamo “estándar” con un plazo de de amortización de 10 años.
  • Por último, el informe revela que, por ejemplo, de los estudiantes graduados en 2005 (“Class of 2005″), los que empezaron a devolver el préstamo al año siguiente de la graduación, el 25% del total acabó con un préstamo impagado, y un 15% del total ha entrado en mora en algún momento de la vida del crédito.

Nuevamente la historia se repite: “El mercado de préstamos a estudiantes de EE.UU. es demasiado grande para quebrar”, repiten los analistas financieros (Too Big to Fail, como España e Italia en la zona del euro).

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[1] Un trillón en EE.UU. equivale a 1 billón europeo.

[2] Los préstamos HE revolving, son los préstamos obtenidos con garantía hipotecaria, conocidos también por Home Equity Line of Credit (HELOC). Representan un montante de 520.000 millones de dólares, un 4,5% del total de la deuda de los hogares.

USA vs Europe? Dollar vs Euro? Keynes vs Friedman?

Europa lleva mucho tiempo sin converger en términos de PIB per-cápita con Estados Unidos. Si tuviéramos que explicar este hecho de forma breve y concisa nuestra respuesta seria que su economía es más flexible y, por lo tanto, se adapta más fácil y velozmente a las perturbaciones a las que se ve sometida.
La reciente crisis financiera no parece que haya cambiado las cosas, al contrario. Si partimos de lo que va de siglo XXI y observamos la evolución del PIB de Estados Unidos y de la Zona Euro (las diferencias en el crecimiento de la población son bastante menores) observamos el indiscutible mejor comportamiento de esta variable para el país norteamericano.

 

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Fuente OCDE

La Gran Recesión provoca en 2008 una drástica inflexión en el crecimiento económico, situación de la que EEUU sale airoso a partir de 2010, algo que no ocurre en la Zona Euro, ampliándose con ello la mencionada brecha. Si echamos un rápido vistazo a la evolución de los componentes de la demanda agregada (consumo privado, consumo público, FBKF y sector exterior) observamos las verdaderas diferencias radican en el consumo privado y en la inversión en capital fijo, esta última con una reacción negativa inicial más fuerte en EEUU pero con una clara y acusada tendencia positiva a partir de 2010. Ni en el consumo público ni en el sector exterior se observan divergencias que expliquen la desigual evolución de la actividad económica.

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Fuente OCDE

 

Llegados a este punto cabe preguntarse por las razones del comportamiento desigual de estos dos componentes de la demanda interna: consumo e inversión. Descartadas rebajas fiscales significativas sólo se me ocurren dos explicaciones: expectativas y tipos de interés (es decir, crédito). No veo motivos para que, durante los años más duros de la crisis, los agentes económicos estadounidenses tuvieran una visión del futuro más halagüeña que los de la Eurozona. Por tanto, y supongo que se ha notado que era aquí dónde quería llegar, las diferencias han de estar en la política monetaria.

En este mismo foro, se discutía si, contrariamente a lo que todos pensamos, la expansión monetaria llevada a cabo por el BCE era mayor que la  de la Reserva Federal, una vez ambas se relativizaban con los respectivos PIB. En mi opinión, no hay como mirar a la evolución de la variable precio para tomar conciencia de la verdadera dimensión de las escaseces relativas. El gráfico que se presenta a continuación es elocuente, creo yo.

 

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Fuente: OECD

            Entre septiembre de 2007 y diciembre de 2008 el tipo de interés de referencia en EEUU cayó nada más y nada menos que 450 puntos básicos (para los más puristas: la diferencia en los tipos de interés reales entre EEUU y la Eurozona a finales de 2008 era de 277 puntos básicos). Es sólo a partir de este momento cuando el BCE empieza a reaccionar, de forma contundente, eso sí. En todo caso, para alcanzar una cota parecida a la que la Reserva Federal ya tenía al finalizar 2008, el BCE ha necesitado 5 años más, y eso que partía de un nivel inferior. Incluso se permitió el lujo de pequeños incrementos puntuales. Creo que no cabe la discusión sobre quien ha llevado una política más expansiva.

Los ciclos se producen, en esencia, porque los agentes económicos se equivocan a la hora de formas sus expectativas. Y eso va a ocurrir tarde o temprano ya que el ser humano es falible. El predecir un cambio en el ciclo no tiene mayor mérito: es un suceso seguro. Lo realmente importante es saber el cuándo y el cómo. Pero esto es imposible ya que desconocemos el futuro. Como mucho, puedes tener la gran suerte de que el eco de tus palabras todavía resuene en el momento en que se produce el acontecimiento, hecho que algunos saben aprovechar convenientemente.

Lo realmente importante, por tanto, no es prever lo que va a ocurrir (tampoco se nos iba a hacer caso) sino saber solucionar el problema. Como están de moda los símiles con la medicina, no se va a considerar un buen medico al que previene sino al que cura, lo que probablemente es injusto. En el caso que nos ocupa, lo evidente es que nos enfrentábamos a un shock de demanda agregada provocado por la crisis financiera. Si algo deberíamos haber aprendido los economistas desde los shocks del petróleo es que las perturbaciones de oferta se abordan con medidas por el lado de la oferta (v.g. mercado de trabajo) y las de demanda, consecuentemente, con medidas por el lado de la demanda (política monetaria y fiscal). Si, además, la causa del problema es financiera, la política monetaria parece la más adecuada. Primero lo urgente (dotar de liquidez al sistema) y después lo importante (solucionar el tema de la solvencia). La Reserva Federal lo tuvo claro y aplicó medidas que creo que nadie dudaría en denominar keynesianas, cuando no parecen sospechosos de heterodoxia. Incluso me atrevo a decir que el propio Milton Friedman aplaudiría la medida. En caso de emergencia hay que tomar decisiones drásticas. La teoría es para aplicarla en situaciones normales.

Problemas de índole no estrictamente económica que, en definitiva, se concretan en que todavía queda mucho camino para una integración plena, han llevado a que el BCE haya actuado con un gran desfase. No sólo eso, empecinarse en la ortodoxia cuando la inflación no era el problema ha constituido, en mi opinión, un grave error, que sólo se ha empezado a corregir recientemente. No seré yo quien niegue la bondad de las llamadas reformas estructurales o de la denominada “consolidación fiscal”, todo ello necesario, pero no era lo urgente.

Lo anteriormente dicho, ha llevado a un porcentaje elevado de ciudadanos de la Eurozona a sufrir un ajuste durísimo en muy poco tiempo, con costes socialmente escandalosos, lo que no era estrictamente necesario. En EEUU no se tuvo el menor reparo en aplicar fórmulas propugnadas por un economista europeo, pero en Europa no fue así. Por ello, no me queda más remedio que finalizar como he empezado: efectivamente, en EEUU son más flexibles, pero para todo: también en sus planteamientos.

Y es que no aprendemos, o lo que es peor, no queremos aprender.

La movilidad ocupacional de los inmigrantes en los países avanzados: Evidencia para España

(Esta entrada es una versión en español de la publicada recientemente en el blog openpop.org en relación con un artículo conjunto con Raul Ramos y Esteban Sanromá)

El desempeño en el mercado laboral es un elemento clave de la integración económica y social de los inmigrantes en los países de acogida. Por lo tanto, no es de extrañar que el logro ocupacional de los inmigrantes y su evolución a lo largo del tiempo haya sido objeto de considerable atención en la literatura académica. Mientras que la mayoría de los estudios empíricos sobre este tema tienden a comparar la movilidad ocupacional de los inmigrantes con la de los trabajadores nativos, un enfoque alternativo particularmente interesante pasa por examinar la movilidad ocupacional de los inmigrantes entre sus países de origen y de destino. Sin embargo, el tipo de información longitudinal requerida para este tipo de análisis es más bien escaso y, como consecuencia, los estudios empíricos sobre esta cuestión son poco frecuentes y cubren sólo una pequeña muestra de países avanzados. Estos estudios generalmente observan un patrón en forma de U de la movilidad ocupacional (es decir, una degradación ocupacional inicial de los inmigrantes a su llegada al país de acogida y una mejora ocupacional significativa conforme aumenta la duración de la residencia) para países como Australia, Estados Unidos y Suecia.

En un artículo de reciente publicación (Simón, H.; Sanromá, E.; Ramos, R. (2014): “Immigrant occupational mobility: Longitudinal evidence from Spain”, European Journal of Population, 30(2), págs. 223-255) reexaminamos esta cuestión para la economía española. España es un caso interesante de análisis dado el fuerte incremento de la inmigración experimentado desde mediados de los noventa y hasta el inicio de la Gran Recesión, por una parte, y las características particulares de la estructura del empleo, por otro. En particular, dado que la estructura ocupacional de España se caracteriza por un fuerte peso de las ocupaciones de baja calificación y que los recientes flujos masivos de inmigrantes coincidieron con la generación de empleo en puestos de trabajo de baja calificación, el patrón de la movilidad ocupacional de los inmigrantes podría ser diferente al de otros países avanzados donde las estructuras de empleo se caracterizan por una gran presencia de puestos de trabajo altamente cualificados.

La investigación se basa en los microdatos de la Encuesta Nacional de Inmigrantes, una encuesta elaborada por el Instituto Nacional de Estadística en 2007 que proporciona información detallada sobre una amplia muestra representativa de la población inmigrante en España. La encuesta está dirigida a las personas nacidas en el extranjero mayores de 15 años que viven en España y es una de las pocas fuentes estadísticas disponibles a nivel internacional con información retrospectiva sobre la situación laboral de los inmigrantes en sus países de origen y de destino. En concreto, contiene información sobre la ocupación y otras características para el último empleo en el país de origen y el primer y el último puesto de trabajo en España.

El análisis empírico se centra en los inmigrantes con experiencia laboral en sus países de origen y en España, y se limita a los inmigrantes que llegaron entre 1997 y 2007, una fase homogénea de crecimiento sostenido y fuerte creación de empleo, con el fin de reducir los efectos de potenciales problemas metodológicos como las migraciones de retorno o los cambios en la composición por áreas geográficas de los inmigrantes que llegan en diferentes momentos del tiempo. Por otra parte, se emplea un índice internacional de estatus ocupacional (el International Socio-Economic Index; ISEI) con el fin de facilitar la comparación de la situación laboral de los inmigrantes de diferentes países y el análisis cuantitativo de sus trayectorias profesionales. Este índice combina información ponderada sobre los requisitos educativos y las ganancias salariales de cada ocupación en diferentes países y mide valores continuos de entre 16 y 70 en el caso de la Encuesta Nacional de Inmigrantes.

Los resultados obtenidos sugieren que el estatus ocupacional de los inmigrantes tiende a ser sustancialmente peor en España que en sus países de origen y que la degradación ocupacional es un fenómeno generalizado. La significativa pérdida de estatus ocupacional experimentada por los inmigrantes se explica por los efectos combinados de la intensa degradación que experimentan a su llegada a España (el estatus ocupacional promedio de los inmigrantes en sus países de origen es de 40 puntos en la escala de ISEI, mientras que el estatus promedio de su primer empleo en España es de 27,8 puntos) y por la lenta mejora ocupacional posterior (el estatus ocupacional medio de su último trabajo en España es de 30,8 puntos). Además, tanto la degradación ocupacional a la llegada como la lenta recuperación ocupacional posterior son fenómenos más bien generales, dado que una gran mayoría de los inmigrantes encontró un trabajo en España con un estatus ocupacional más bajo que en sus países de origen y no pudo mejorar su estatus ocupacional entre el primer y el último puesto de trabajo en España. Por otr parte, si bien existen distintos patrones de movilidad para algunos grupos específicos de inmigrantes, dichos fenómenos tienden a afectar a la mayor parte de los inmigrantes en función de características como el género, el nivel educativo o las razones para emigrar. Por último, las diferentes piezas de evidencia empírica sugieren que uno de los elementos que obstaculizan la movilidad ocupacional de los inmigrantes es el tamaño considerable del segmento secundario del mercado de trabajo en España, el cual limita las oportunidades de los inmigrantes principalmente a ocupaciones de baja cualificación. Esta conclusión es coherente con el hecho de que, desde una perspectiva comparada internacional, España es uno de los países avanzados con un mayor segmento secundario del mercado de trabajo y con un peor estatus ocupacional de los inmigrantes.

En consecuencia, de acuerdo con los resultados obtenidos el patrón de movilidad ocupacional de los migrantes internacionales en España, caracterizado por una intensa degradación ocupacional a la llegada y un limitado progreso posterior, contrasta con la evidencia previa para otros países avanzados. Este hallazgo es relevante en tanto en que el caso español revela que el patrón en forma de U de la movilidad ocupacional de los inmigrantes que sugieren enfoques teóricos predominantes como la teoría de la asimilación no siempre se da y que, como sugieren alternativas menos optimistas, los inmigrantes pueden experimentar una movilidad ocupacional limitada o nula en función de las características de la economía receptora.

Ranking I-UGR de producción científica 2013 de las Universidades Españolas en las disciplinas de Economía y Empresa

La división de Ciencia de la empresa Thomson Reuters se ocupa de construir bases de datos de la actividad científica por áreas y países. La más conocida es el Journal of Citation Reports Web, base de datos que ofrece un medio sistemático y objetivo para evaluar de manera crítica las revistas científicas más importantes del mundo. En concreto, JCR Web permite medir la influencia y el impacto de las investigaciones realizadas (a nivel de revistas y por áreas de investigación) y muestra las relaciones entre las revistas que citan y las que son citadas.

Este recurso -disponible en ediciones separadas para la Ciencia en general y para las Ciencias Sociales (incluidas las áreas de Economía, Empresa y de Finanzas) en particular-, es una herramienta esencial para cualquiera que necesite conocer acerca del impacto y la influencia de las revistas en la comunidad investigadora global. Además, los indicadores disponibles de las revistas indexadas en la base JCR Web son utilizados a la hora de evaluar la actividad científica (“productividad investigadora”) de Facultades, Institutos de Investigación, Organismos de Investigación, Universidades, profesores universitarios y científicos, tanto en España [Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora (CNEAI), Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA)], como a nivel internacional.

El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) (conocido también como “proceso de Bolonia”, por el nombre de la ciudad italiana en la que se firmó la declaración política que abrió el espacio europeo universitario) no sólo significa una homologación de títulos a nivel europeo, sino también debería abrir la competencia entre las universidades europeas y españolas entre sí en la captación de los mejores alumnos y profesores.

Una de las variables clave para poder elegir una Facultad y una Universidad en el nuevo contexto debería ser sin duda el nivel científico de su profesorado, por lo que indicadores de la “calidad” de las publicaciones de investigadores y profesores, van a pasar a un nivel más que relevante. Los ranking internacionales de universidades son también importantes por varios motivos. Además del evidente prestigio internacional, son fundamentales por las importantes ventajas económicas que eso puede traer en un momento en el que los planes autonómicos, nacionales y europeos de apoyo a las universidades (fondos de investigación para los profesores, incentivos económicos a los mejores profesores, ..) deberían de tener un claro objetivo: premiar la excelencia. Y la excelencia se cuantifica en este tipo de listados (guste o no guste), entre otro tipo de cosas.

En este contexto el Grupo de Investigación de evaluación de la ciencia y de la comunicación científica EC3 de la Universidad de Granada acaba de presentar el ranking de las universidades españolas (públicas y privadas) para el año 2014 (5ª edición), basado en la investigación publicada en las revistas científicas indexadas en el Journal of Citation Reports Web en los periodos 2004-2013 y 2009-2013. En el estudio se propone un método de ordenación de las universidades que sintetiza 6 indicadores bibliométricos de producción e impacto que miden los aspectos cualitativos y cualitativos de la producción científica de los investigadores de las universidades españolas. El ranking se organiza por campos (12) y por disciplinas científicas (37). En última instancia, el objetivo principal de estos rankings es descubrir las fortalezas y debilidades del sistema universitario español de investigación en diferentes ámbitos del conocimiento.

En el primer cuadro se presenta las posiciones ocupadas por universidades españolas en el campo científico de Economía, Empresa y Negocios (que incluye las revistas de las categorías “Economics”, “Business” y “Business, Finance” de la base JCR Social Sciences Edition). [1]

En el periodo 2004-2013, lideran el ranking del campo científico de Economía, Empresa y Negocios, la Universidad Pompeu Fabra, la Universidad Carlos III, la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Navarra (IESE Business School, privada), la Universidad de Barcelona y la Universidad de Valencia.

En el segundo cuadro se presenta las posiciones ocupadas por universidades españolas en la disciplina científica Economía en el periodo 2004-2013, que incluye las revistas de la categoría “Economics” de la base JCR Web).

En el periodo 2004-2013, lideran el ranking de la disciplina científica de Economía, la Universidad Pompeu Fabra, la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Barcelona, la Universidad Carlos III,  la Universidad de Valencia y la Universidad de Alicante.

En el tercer cuadro se presenta las posiciones ocupadas por universidades españolas en la disciplina científica Empresa y Negocios en el periodo 2004-2013, que incluye las revistas de la categorías “Business” y “Business, Finance”de la base JCR Web).

En el periodo 2004-2013, lideran el ranking de la disciplina científica de Empresa y Negocios, la Universidad de Navarra (IESE Business School, privada), la Universidad Carlos III, la Universidad Pompeu Fabra, la Universidad de Valencia,  la Universidad de Sevilla y la Universidad Jaume I de Castellón.

Afortunadamente, no todas las Facultades de Economía (y los profesores universitarios de la disciplina de Economía y de la disciplina de Empresa) son iguales y, por lo tanto, no deberían ser tratados por igual. Las diferencias salariales derivadas del plus de productividad investigadora que otorga la CNEAI dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (básicamente publicaciones en artículos de la base de datos utilizada para elaborar el ranking) son ridículas. El “café para todos” tan típicamente español debería ser “cortado” aprovechando la introducción del EEES en la Universidad española. Pero eso es otra historia.

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[1] No todas las universidades figuran en los rankings, tanto en campos como en disciplinas antes del cálculo del IFQ2A-Index se establece un primer corte: solo figuran aquellas que cuentan con unos umbrales mínimos de producción científica (NDOC). En este documento se detallan el período y la regla de inclusión seguida en cada campo y disciplina.

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