El año de los tres test

El título que encabeza estas líneas no quiere recordar alguna vieja película de Saura (“Stress es tres, tres”, aburridísima, por cierto), ni tampoco los juegos aliterativos que tan brillantemente dominaba Cabrera Infante (“Tres tristes tigres”); tan solo pretende señalar que durante el curso de 2015 se evaluará en tres campos distintos la aptitud de España para mirar de frente al futuro inmediato.

Primero, test para la democracia. A tenor de los resultados de las elecciones autonómicas en Andalucía y de los sondeos de opinión, 2015 está destinado a alumbrar un nuevo escenario político, con pérdida de peso de los dos grandes partidos y la comparecencia relevante de nuevas formaciones políticas de rango nacional: 4 en vez de 2; cuando menos, bipartidismo corregido, dejando atrás casi un tercio de siglo de mayorías absolutas, para abrir un nuevo pasaje en la historia presente de nuestra democracia, donde la estabilidad tendrá que basarse no en la hegemonía de un partido sino en acuerdos mantenidos entre diversos grupos parlamentarios o, eventualmente, en la destreza de quienes gobiernen con el respaldo sólo de una minoría mayoritaria en los respectivos parlamentos. Ambas situaciones, debe añadirse, ni son singulares en Europa —en toda la UE proliferan nuevos partidos, “insurgentes” los ha calificado el “Times” londinense— ni son tampoco desconocidas entre nosotros, tanto en la práctica de bastantes gobiernos autonómicos como en el ciclo político de la Transición. No nos adentramos, pues, en un territorio ignoto, absolutamente desconocido, hay que subrayarlo. Como conviene alertar contra la idea de que sólo las mayorías absolutas procuran estabilidad y son eficaces para combatir la incertidumbre: mucho mejor es el buen funcionamiento de las instituciones y una cultura de concertación, de pacto sobre intereses generales o públicos. La cultura del acuerdo como bien democrático, del compromiso como deber ciudadano, de la negociación como fuente de proyectos colectivos compartidos. Un buen examen de aptitudes y actitudes democráticas.

Segundo test, el de la recuperación económica, el de su solidez. Los indicadores se muestran unánimes en sentido positivo: tanto los que captan el “clima” (“confianza de los consumidores”, “sentimiento económico”) como los que registran la evolución de la actividad productiva (general o sectorial), tanto los relativos a la inversión como los que miden las ventas del comercio y el consumo de bienes representativos, tanto los financieros (crediticios y bursátiles) como los del mercado del trabajo. Después de siete años de caída o de bajo crecimiento, 2015 puede acabar arrojando una tasa (en torno al 3 por ciento) fronteriza con una fase propiamente expansiva, que facilitaría recuperar pronto el terreno perdido en términos de PIB (-7,5 por ciento) durante la crisis. Aún prolongándose las secuelas de esta —paro, desigualdad, deuda, déficit—, 2015 supondría así la recuperada capacidad de la economía española para conocer otro ciclo de crecimiento.

Queda el tercero, el tercer test de este año no poco crucial para España. Es el menos novedoso, aun cuando tenga notas diferenciales con sus precedentes: el del nacionalismo soberanista. Del 9 de noviembre de 2014 al 27 de septiembre de 2015. Otra vuelta de tuerca, otra prueba de resistencia de materiales. Tendremos ocasión de hablar de ello.

Una visión más favorable de la industria española, por Rafael Myro

La Contabilidad Nacional de España con base en 2010 ofrece una imagen sustancialmente mejor de la que hasta hace muy poco teníamos de la evolución de la industria manufacturera durante los años anteriores a la crisis. También la CNE con base en 2008 mejoró la imagen ofrecida por la CNE con base 2000, pero sólo en lo referente a la productividad del trabajo, y en detrimento de la creación de empleo.

De acuerdo con los últimos datos, y centrándonos en el período más comparable, de 2001 a 2007, el VAB manufacturero creció a una tasa media real del 2% anual, y no del 1,1% (CNE2008), ni del 1,2% (CNE2000). Es decir, que se elevó 0,9 décimas anuales más de lo que contabilizábamos en estos últimos años. Por su parte, el empleo manufacturero (medido en puestos de trabajo), que aumentó según la CNE2000, se redujo sensiblemente según la CNE2008 (-1,1% anual), mientras que en la nueva estimación decrece más moderadamente (-0,6% anual). Como consecuencia, la productividad del trabajo, que apenas crecía en la primera estimación con base en 2000 ha pasado a aumentar a un ritmo del 2,6% anual en la última, la de 2010. No está nada mal, sólo medio punto menos que el avance logrado en Alemania, y ello a pesar del fuerte incremento de la inmigración en España, que ha incentivado producciones intensivas en trabajo.

Estos datos revelan pues un crecimiento apreciable de las manufacturas en el período considerado, con un notable aumento de la productividad y sin una elevada pérdida de empleo (menor que en otros países)

¿Qué ha podido ocurrir para que el INE ofrezca semejante revisión al alza? Al margen de posibles factores ligados a la nueva metodología de cálculo de las magnitudes económicas, cuya incidencia se me escapa, mi sospecha es que el crecimiento del VAB ofrecido hasta ahora se compatibilizaba mal con la expansión experimentada por las exportaciones de bienes (el 82% son manufacturas), que en el mismo período alcanzaron una tasa media anual de aumento del 4,4% en términos reales. Como es sabido, la crisis ha hecho que miráramos más y mejor a nuestras exportaciones.

Como puede verse en el Gráfico 1, existe una estrecha relación en el periodo contemplado entre el crecimiento por países del VAB real y el de las exportaciones de bienes. Ahora España se sitúa en el lugar apropiado. Y es que en contra de la creencia extendida de que el avance de nuestras exportaciones es algo reciente, propio de esta crisis, la realidad es que cuenta con una trayectoria muy larga, con crecimientos a tasas muy elevadas, superiores a las de otros países europeos, desde hace ya bastante tiempo (en la década de 1990 a la tasa real del 11,1% anual)

VAByEX

También puede observarse en el gráfico citado que España superó en crecimiento del VAB manufacturero a Francia, Italia y Gran Bretaña, quedando sólo por debajo de Alemania, entre las grandes economías. Las pequeñas y de más reciente incorporación a la EU fueron las que más crecieron.

A mi juicio, lo expuesto avala tres conclusiones para las que también existen otros muchos elementos de apoyo: a) que los problemas de la industria española están íntimamente relacionados con la profunda crisis económica que ha atravesado nuestro país desde 2008. No son anteriores; b) más en concreto, están ligados a la formidable caída de la demanda y a la restricción financiera;  c) que nuestro modelo productivo es más fuerte de lo imaginado; no podría ser de otra forma dada la evolución de las exportaciones.

Podría añadirse a ellas que la recuperación de la demanda interna y externa probablemente encontrará en la industria española una sólida respuesta en términos del aumento de la oferta, pero desconocemos el alcance de los daños originados por la crisis, el efecto de la destrucción de miles de establecimientos y empleos. Por otra parte, no cabe duda de que se requieren profundos cambios en el modelo productivo para garantizar un firme crecimiento industrial a largo plazo. Comenzando por un serio esfuerzo innovador. Aunque la productividad del trabajo en las manufacturas creció sólo algo menos que en Alemania, lo hizo con mucho mayor apoyo en el capital por trabajador y con parcas ganancias de PTF.

Podría objetarse a lo señalado hasta ahora que las manufacturas españolas podrían haber crecido más, puesto que la demanda interna española aumentó con mucha rapidez. Sin embargo, si aceptamos una estimación de la elasticidad de la demanda de importaciones de bienes de 2,13 (1), resulta que las importaciones crecieron menos de lo esperado, en un momento de alza relativa de los costes laborales y de encarecimiento del euro (Gráfico 2). Este hecho añade una conclusión más a las ya expuestas con anterioridad, las exportaciones son clave para el crecimiento de la industria y para la reindustrialización que necesita nuestra economía. A corto plazo no hay vías de sustitución de importaciones, porque la industria española tiene ya una acrisolada especialización inter e intra-índustrial. A medio plazo tal vez si, siempre que nos tomemos en serio la ciencia y el capital humano.

Importaciones

(1) García, C.; Gordo, E,; Martínez-Martín, J. y Tello, P.(2009): Una actualización de las funciones de exportación e importación de la economía española, Banco de España, Documentos Ocasionales, nº 0905

 

 

Imagen

EXCEPCIONALIDAD FINANCIERA

Al fin el BCE ha iniciado la aplicación de sus promesas de estímulo cuantitativo a través del PSPP (Public Sector Purchase Programme). Desde el pasado día 9 ha empezado a comprar en el mercado secundario deuda pública y privada que alcanzarán 60.000 millones de euros mensuales hasta, al menos, septiembre de 2016.

Es una decisión que llega seis años después de las aplicadas por la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra. A pesar de ello, es de esperar que contribuya a consolidar la incipiente recuperación del crecimiento económico de la eurozona y al alejamiento de los temores deflacionistas. Será la cercanía al objetivo de inflación del BCE, una tasa de variación de los precios algo por debajo del 2%, la que ponga fin a ese programa de adquisición de títulos. La previsión de inflación que acaba de dar a conocer el propio BCE para este año es del 0%, en la que además del descenso en los precios de la energía sigue influyendo una demanda agregada muy débil, reflejo de una confianza de familias y empresas todavía no recuperada.

La Reserva Federal, por su parte, se plantea justo lo contrario: retirar definitivamente los estímulos que han contribuido a que esa economía pueda crecer este año más del 3%, con una tasa de desempleo que puede bajar del 5,5% actual. A medida que los indicadores vayan confirmando esas previsiones de crecimiento económico y del empleo, los comunicados de la Fed se irán adecuando a ese horizonte de endurecimiento monetario relativo, que podría inaugurarse a partir del verano. Esa divergencia de comportamientos ayuda a entender la volatilidad de las variables financieras.

Los operadores en los mercados financieros ya han tomado buena nota de esas señales anticipatorias de la función de reacción de ambos bancos centrales, explícita en ese suministro de información relevante, o “forward guidance” de ambas instituciones monetarias. En realidad, los mercados anticiparon ambos grupos de decisiones hace meses, como hemos tenido ocasión de observar en el comportamiento de los tipos de interés, de los tipos de cambio y de las cotizaciones bursátiles a uno y otro lado del Atlántico.

La reducción de tipos de interés sobre los bonos públicos en la eurozona, la marcada depreciación del euro frente a todas las divisas vehiculares, pero de forma destacada frente al dólar estadounidense, y la revalorización de los índices bursátiles, pero también en mayor medida los europeos, han sido reacciones no por previsibles, de menor impacto en algunas economías, más allá de EEUU y de la eurozona.  Por el momento, acentúan cierta perplejidad e inquietud acerca del carácter más o menos justificado de esa situación excepcional. Primero por el mayor o menor amparo de ese comportamiento de las variables financieras en los fundamentos reales de las economías; segundo, por la eventual escalada de tensiones en los mercados de cambio, incluida una eventual “guerra de divisas”. Para los más catastrofistas, esta es una situación insostenible que puede dar lugar a desenlaces bruscos. Para otros es el reflejo de “la nueva normalidad” a la que tendremos que ir acostumbrándonos si se mantiene el exceso de oferta y la baja inflación.

La existencia de tipos de interés históricamente bajos, negativos en algunos casos, es el principal signo de excepcionalidad. Su justificación no es otra que la pretensión por afianzar la recuperación de una de las más severas crisis desde la Gran Depresión y, en el caso concreto de la eurozona, alejar los riesgos de deflación. Esos tipos son ahora significativamente más bajos en la eurozona que en EEUU, hasta el punto de que están atrayendo a prestatarios de otros países, especialmente grandes empresas con capacidad de emisión de bonos. El atractivo no radica solo en ese diferencial de tipos de interés para instrumentos homogéneos y con igual vencimiento, sino en la expectativa de depreciación adicional el euro, con lo que el coste efectivo de ese endeudamiento sería aún más favorable.

Las emisiones denominadas en euros hasta final de febrero por empresas reales y financieras estadounidenses ya han triplicado el volumen del mismo periodo transcurrido del pasado año, hasta superar los 33.000 millones de euros. Junto a ellas, empresas de otros países, China de forma destacada, han intensificado también la captación de financiación en la eurozona.

Ello está contribuyendo a la dinamización del mercado de emisiones de deuda en el área monetaria común, lo que favorece esa necesaria ampliación de los mercados de financiación directa, mediante títulos, y la consiguiente reducción del peso de la financiación bancaria en la que también están empeñadas las autoridades comunitarias. De paso, contribuyen a la profundidad del mercado de bonos denominados en la moneda europea, en los que han de  invertir aquellos que necesitando ese tipo de instrumentos se encuentran al BCE como gran adquiriente mayorista de los mismos.

Una baja rentabilidad de la inversión en bonos contribuye a las elevaciones de las cotizaciones bursátiles. En la eurozona han sido superiores a los demás mercados de acciones. Costes financieros reducidos y un tipo de cambio del euro competitivo favorecen el aumento de los ingresos y de los beneficios de las compañías europeas con proyección internacional. El atractivo de las inversiones en acciones también es explícito en EEUU, hasta el punto de renovar los temores por la existencia de burbujas en la valoración de algunos activos.

Pero ese desplazamiento hacia instrumentos de mayor riesgo no es tan fácil para algunos inversores institucionales. Una muestra de las consecuencias de signo bien distinto de esos bajos tipos de interés son los problemas que afrontan algunas compañías de seguros en países como Austria y Alemania, fundamentalmente en el ramo de vida, obligadas a invertir en bonos a largo plazo de suficiente calidad crediticia y con rentabilidades suficientes para facilitar la cobertura de sus compromisos con los asegurados.

El otro foco de tensiones es la volatilidad en los mercados de divisas.  La presunción de que los tipos de interés en EEUU iniciarán pronto su repunte y que los excepcionalmente bajos en la eurozona tardarán más en hacerlo es la principal causa, aunque no la única, de la presión apreciadora sobre el tipo de cambio del dólar frente al euro. Su persistencia ha generado inquietud, especialmente en las empresas estadunidenses más orientadas a la exportación, pero también en aquellas economías emergentes endeudadas en dólares, entre otros.  Por eso no pocos analistas estadounidenses defienden que la Fed no se precipite en la elevación de tipos de interés y mantenga la guardia frente al riesgo de contaminación del cuadro macroeconómico europeo.

La excepcionalidad del panorama financiero dominante justifica la inquietud, entre otras razones porque es un hábitat sin precedentes, en el que autoridades y operadores financieros han de adaptarse. Pero es también verdad que esa excepcionalidad no emana de los caprichos de los bancos centrales, ni de influencias irracionales en sus decisores, sino de una excepcionalmente inquietante situación de las principales economías. Lo que más debería preocupar no es tanto la excepcionalidad financiera, sino el calado de la debilidad de las economías, su lenta y moderada reacción a terapias tan extraordinarias. O, lo que ojala no llegue a ser lo mismo, la cercanía a ese cuadro de “estancamiento secular” que hasta hace poco se consideraba poco más que el fruto de los ejercicios de algunos académicos.

El País 5/4/2015

La esperanza de vida al nacer en el mundo, 1960-2012

La base de datos World Development Indicators del Banco Mundial ha actualizado recientemente los datos de la esperanza de vida al nacer en el mundo para el año 2012.

En el gráfico adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra la evolución temporal entre 1960 y 2012 de la esperanza de vida al nacer en el conjunto mundial, en China y en un conjunto de países avanzados, entre los que se encuentra España.

La esperanza de vida al nacer mundial ha pasado de 52,4 años en 1960 a 70,7 años en 2012. El aumento más espectacular de los países que aparecen en el gráfico es el China, ya que ha logrado aumentar la esperanza de vida al nacer de 43,4 años en 1960 a 75,1 años en 2012, aunque la mayor parte del impulso se realizó en la década de los sesenta del siglo XX.

España es el país de la Unión Europea con mayor esperanza de vida, con 82,3 años a finales de 2012, muy cerca ya de Japón, que registra 83 años. Nuestro país supera a EE.UU. y a Alemania, con una esperanza de vida al nacer en 2012 de 78,7 y 80,8 años, respectivamente.

¿Pero cuales son los problemas económicos que genera esta mejora en la esperanza de vida al nacer?

Esta tendencia de aumento de la esperanza de vida al nacer lleva aparejada un mayor gasto en sanidad y en cuidados y dependencia, y una posible insostenibilidad de los sistemas de pensiones públicos.

La influencia de los científicos estrella sobre la productividad de sus compañeros

Hace algunas semanas escribía un post sobre la influencia que tenían los demás en nuestras decisiones de compra. En este post voy a hablar sobre otro tipo de influencia: la que ejercen los compañeros sobre nuestra productividad en el trabajo. Y lo voy a hacer ciñéndome a un campo muy específico: el de la ciencia.

La pregunta sería la siguiente: ¿en qué medida los científicos más brillantes hacen más brillantes a los científicos que trabajan con ellos? La respuesta a esta pregunta no es baladí. Actualmente, la competitividad de los países y de las regiones depende cada vez más de sus logros en ciencia y en tecnología. Si los científicos estrella aumentaran de forma notable la productividad de los demás científicos, una política sensata para impulsar los logros científicos y tecnológicos de una región podría consistir en “fichar” a científicos brillantes. Por ejemplo, en la Comunidad Autónoma de Euskadi, Ikerbasque tiene como objetivo atraer científicos de talento, con el objetivo de que trabajen con otros científicos de universidades y centros de investigación vascos.

La intuición nos dice que el efecto de los científicos estrella sobre la productividad de los demás científicos debe ser importante. La idea principal es que estando cerca de un científico estrella se aprende mucho más que no estando a su lado. Y eso se debe a que el conocimiento no viaja bien. Por ejemplo, yo puedo leer el último trabajo de un gran científico y entenderlo. Sin embargo, si quiero conocer en profundidad la implicación de las ideas que se desarrollan en ese trabajo o quiero identificar cómo se pueden aplicar esas nuevas ideas en otras áreas del conocimiento, será necesario que discuta dichas ideas. Y nada mejor que discutirlas con el propio creador de esas ideas. Estar cerca de los científicos estrella favorece esta discusión; además, una interacción constante genera un clima de confianza que facilita la transmisión del conocimiento. Por otra parte, trabajar al lado de científicos estrella nos da acceso a otras áreas de conocimiento, de carácter más tácito, como metodologías de trabajo más avanzadas, que nos pueden permitir ser más productivos. Finalmente, los científicos estrella pueden favorecer la productividad de los demás sugiriendo áreas de investigación con posibilidades de éxito, identificando mejoras en el trabajo que están realizando otros investigadores, atrayendo más fondos de investigación y facilitando el contacto con otros científicos que nos pueden ayudar en nuestro trabajo.

Sin embargo, cuantificar el efecto que los científicos estrella tienen sobre la productividad de sus compañeros no es nada fácil. La dificultad principal reside en identificar qué porcentaje de la productividad de un científico se debe a su propio talento y qué porcentaje al efecto de los demás. Esta dificultad es todavía mayor en ciencia, ya que los científicos más brillantes suelen trabajar junto a otros científicos brillantes. Además, pueden existir otros factores que favorezcan tanto la productividad de los científicos estrella como la de sus compañeros (por ejemplo, tener un buen laboratorio). Con estas características, la estrategia idónea es encontrar algún suceso histórico, que no sea del todo esperado, que provoque cambios en la composición de los grupos de científicos. Fabian Waldinger, profesor de la Universidad de Warwick, encontró este acontecimiento histórico en una de las políticas que puso en vigor el nazismo: la expulsión de los científicos judíos de las universidades alemanas.

Apenas pasados dos meses de haber llegado al poder, el 7 de abril de 1933, el gobierno nazi introdujo una ley para expulsar del servicio civil alemán a los judíos y otras personas “políticamente poco confiables”. Los profesores de universidad, al ser miembros del servicio civil, estaban directamente afectados por esta ley. Más de 1000 académicos fueron expulsados de las universidades alemanas; entre ellos, Albert Einstein. La mayor parte de estos académicos emigraron a otros países y consiguieron una plaza de profesor en universidades extranjeras. El profesor Waldinger recopiló datos de los miembros de los departamentos de física, matemáticas y química de las universidades alemanas, y de los profesores que fueron expulsados. Para medir la productividad de los profesores que permanecieron en las universidades alemanas utilizó el número de artículos publicados en las revistas científicas de mayor prestigio en cada campo y la calidad de los artículos, medida mediante el número de veces que estos artículos fueron citados en otros artículos. Con estos datos, el profesor Waldinger pudo comparar si la productividad de los profesores que no fueron expulsados se redujo más en aquellos departamentos que habían perdido más profesores brillantes. El estudio, publicado en Review of Economic Studies, concluye que no se produjo ningún cambio en la productividad de los profesores que se quedaron en Alemania. Esta sorprendente conclusión sugiere que los científicos estrella no estaban elevando la productividad de sus colegas.

¿Cómo se explica este extraño resultado? Waldinger sugiere algunas respuestas. En primer lugar, el estudio analiza el efecto sobre la productividad durante los cinco años posteriores a la expulsión, ya que después estalla la Segunda Guerra Mundial; quizá los efectos negativos de la expulsión se percibieran a más largo plazo. En segundo lugar, los profesores que no fueron expulsados ya tenían una trayectoria científica y, por tanto, el efecto de la expulsión de otros científicos de calidad fue menor para ellos. Esto parece sugerir que el efecto de los científicos estrella es mayor sobre los científicos que apenas comienzan su trayectoria. De hecho, en otra investigación Waldinger muestra que la expulsión de los profesores de matemáticas tuvo un efecto muy negativo sobre sus estudiantes de doctorado. Por último, es posible que en las primeras décadas del siglo XX la comunidad de científicos en Alemania estuviese muy integrada. Los científicos visitaban otras universidades y había muchos congresos, lo cual facilitaba el intercambio de ideas entre científicos y reducía el valor de compartir departamento en la misma universidad.

Waldinger, junto a los profesores Moser y Voena, también ha analizado el efecto de los profesores alemanes expulsados, en concreto de los químicos, sobre la productividad de sus colegas en las universidades que les acogieron en Estados Unidos. El estudio muestra que se produjo un aumento muy importante de las patentes de química en las áreas que trabajaban los profesores alemanes emigrados. Este aumento se produjo no por la mayor productividad de los químicos estadounidenses que trabajaban en esas áreas, sino por la atracción de científicos a las áreas en las que trabajaban los químicos alemanes emigrados.

¿Qué lecciones podemos extraer de estos trabajos para la política científica? Por una parte, con el avance de las tecnologías de la información es más fácil acceder al conocimiento. Sin embargo, la generación del conocimiento todavía necesita del intercambio y de la discusión de ideas; y esta discusión será más enriquecedora cuanto más talento tengan nuestros interlocutores. Una línea de investigación sobre la que estoy trabajando, y sobre la que os hablaré con más detalle en un post en el futuro, muestra que la transmisión de las ideas es más fácil si el investigador pertenece a una red. Generar esa red no es fácil: requiere de una interacción constante entre investigadores que genere la confianza que facilite esa transmisión. Por ello es importante que nuestros investigadores jóvenes se formen con los mejores científicos, y generen una red con dichos investigadores que les permita acceder a ese conocimiento. Por otra parte, si captamos científicos estrella, parece que el efecto positivo sobre la productividad de sus colegas se produce particularmente sobre los científicos que comienzan su carrera, por lo que es importante asegurarnos de que los científicos jóvenes tienen la posibilidad de trabajar con estos científicos estrella.

Un voto de confianza

Frente a tantos alarmistas —de ocasión o habituales— que hoy alzan la voz ante el repleto calendario electoral que nos espera y el anunciado declive del bipartidismo que ha prevalecido en los tres largos últimos decenios, anticipando procelosos escenarios de elevada incertidumbre e ingobernabilidad, no será ocioso señalar algunas de las no pocas notas esperanzadoras que ofrece esta hora de España. Y no solo en el plano de la economía.

Positivo es, desde luego, el creciente dinamismo de la sociedad civil, materializado en multiplicación de iniciativas de muy diverso género: creación de asociaciones no corporativas con propósito de atender intereses generales, grupos con vocación de enriquecer el debate público, nuevos medios de comunicación (periódicos y blogs generales o especializados, aprovechando las facilidades de Internet y las redes sociales), think tanks ajenos al poder político, y un largo etcétera. Activismo pujante que dice mucho y bien de una sociedad civil que no deja en manos solo de los políticos el cuidado de lo público. Con ese rostro especialmente atractivo que es el auge entre nosotros del voluntariado, en la estela de los países más desarrollados y sociedades más abiertas. Hay en todo ello, me parece, elementos muy significativos de cohesión social, con efectos estabilizadores de fondo en cualquier contingencia de cambio.

A su vez, la emergencia de nuevas formaciones políticas en liza electoral puede tener también una lectura alentadora. Servirán de cauce de al menos una parte de potenciales votantes que de otra forma estarían tentados de mantenerse en la abstención, están obligando a desperezarse a los partidos que han ostentado la mayoría en uno u otro momento, y la probable dispersión de votos —del bipartidismo al cuadripartidismo— exigirá mayores capacidades que las ahora demostradas para negociar acuerdos de gobierno y firmar pactos a varias bandas, sin que ello deba redundar necesariamente en inestabilidad. Las pulsiones más desestabilizadoras provienen siempre del mal funcionamiento —por impericia o por corrupción— del propio sistema. Nótese, además, que la incorporación de esas nuevas formaciones políticas al engranaje de la democracia representativa, rubrica de facto la vigencia de ésta y la posibilidad de hacerla más participativa y más deliberativa. Probablemente, el pluralismo real de la sociedad española actual es difícil que quepa ya en los moldes invariados de tan solo dos partidos, por flexibles que estos sean con sus respectivas facciones internas.

No faltan, por tanto, razones para la esperanza, aunque no sea aconsejable bajar la guardia. Es lo mismo que puede decirse de la economía, hoy bajo el signo de una recuperación no solo consolidada (ya seis trimestres consecutivos con crecimiento del PIB), sino también vigorosa (ritmos de avance cercanos al 3 por ciento), pero que necesitará mantener un buen pulso reformista para dar paso a una fase propiamente expansiva.

Alejémonos, pues, de los agoreros. La sociedad, la economía y la escena política están hoy emitiendo en España señales evidentes de vitalidad. En un año en que seremos convocados repetidamente a las urnas, nos merecemos, en conjunto, un voto de confianza.

¿Se ha formado una burbuja en los mercados de deuda pública?

Robert J. Shiller, catedrático de Economía de Yale University y premio Nobel de Economía de 2013, acaba de publicar la tercera edición de su libro “Exuberancia Irracional“, material obligatorio de lectura para los estudiantes de Macroeconomía y de Finanzas.

En la primera edición de este libro libro, publicado en el año 2000, ya advirtió proféticamente en el capítulo 1 (“The stock market in historical perspective”) que los precios de las acciones estaban excesivamente caros y que se estaba gestando una burbuja en el mercado de valores de EE.UU. que tarde o temprano estallaría. La cima de la burbuja se alcanzó el 10 de marzo de 2000, cuando el mercado de empresas tecnológicas que formaban parte del índice Nasdaq composite llegó al punto máximo de 5048,62 puntos. Entre el 10 de marzo de 2000 y el 30 de septiembre de 2002, el índice Nasdaq composite de Nueva York perdió el 76,8% de su valor, al pasar de 5048,62 a 1172,06 puntos. La burbuja especulativa se pinchó y provoco la crisis de las “puntocom”, una fuerte caída del valor bursátil de las empresas y las posteriores quiebras, fusiones y adquisiciones.

En la segunda edición, publicada en 2005, Shiller incluyó un nuevo capítulo 2 dedicado a la valoración de los activos inmobiliarios (“The real estate market in historical perspective”) en el que advirtió que se había formado una burbuja inmobiliaria en EE.UU.,  que tarde o temprano estallaría.  La buena marcha de la economía y los bajos tipos de interés hicieron crecer la concesión de hipotecas de alto riesgo, y la comercialización de productos financieros asociados (titulización hipotecaria). Pero poco después de publicar el libro, se asistió en 2006 – tras una período de política monetaria muy restrictiva de la Reserva Federal (subidas bruscas y elevadas de los tipos de interés nominales) – a un aumento de los impagos de las hipotecas, a una caída brusca de los precios de las viviendas en EE.UU. y, en última instancia, al colapso del mercado de la vivienda y al pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Finalmente, en la tercera edición del libro, Shiller incluye un nuevo capítulo 3 sobre una perspectiva histórica del mercado de bonos (“The bond market in historical perspective”), en el que reflexiona sobre un nuevo problema financiero en el horizonte. En concreto, se muestra preocupado porque los precios de los bonos están en un nivel “irracionalmente” alto (o que los tipos de interés están en un nivel “irracionalmente” bajo) y que, en última instancia, se podría estar formando una burbuja en los mercados de deuda pública de EE.UU.. ¿Una tercera profecía que se cumplirá pronto?

En este vídeo reciente, Robert J. Shiller contesta en una entrevista a cuestiones relacionadas con el significado del término “exuberancia irracional”, los factores que influyen en la formación de burbujas financieras y la situación actual del mercado de bonos (fundamentalmente de deuda pública):

  • Entrevista a Robert Shiller.
  • La transcripción escrita en inglés de la entrevista puede leerse en el siguiente enlace.
  • En el siguiente enlace se puede leer más información sobre el significado del término “exuberancia irracional“, explicado por el propio Robert J. Shiller.

ENDEUDADOS

El mundo está hoy más endeudado que en 2008, al inicio de la crisis, y seguirá estándolo durante muchos años. Conviene, por tanto, que nos acostumbremos a convivir con elevadas deudas. Desde luego los supervisores financieros, con el fin de anticipar posibles episodios de inestabilidad, pero también las próximas generaciones, obligadas a soportar el servicio de las deudas contraídas en estos últimos años.

Recordemos que el desencadenante de la crisis fue una rápida erosión de la solvencia de los deudores hipotecarios estadounidenses. El subsiguiente colapso de los mercados financieros mayoristas – allí donde los grandes operadores bancarios se prestan unos a otros – fue el principal alimentador del contagio a Europa. De sus ramificaciones, la paralización de la inversión crediticia en el sector privado de las economías y su perversa conexión con los mercados de deuda pública, también en la eurozona disponemos de evidencia suficiente.

En aquellas economías más directamente afectadas por la crisis y por su inadecuada gestión, la caída de la recaudación tributaria y los apoyos a entidades bancarias contribuyeron al aumento de la deuda pública. El caso de España vuelve a ser representativo: al final de 2007 la deuda publica era de las más bajas de Europa pero la privada estaba en máximos históricos. Hoy ambas están entre las mayores de la OCDE. No es algo exclusivo de nuestro país.

En las economías avanzadas solo algunos sectores privados han conseguido reducir su endeudamiento, aunque a un ritmo inferior al esperado. La deuda pública en relación al PIB, sin embargo, ha aumentado en un 75% desde el inicio de la crisis. Ello ayuda a explicar que durante 2014 y lo que llevamos de 2015 los flujos internacionales de capital sigan dirigiéndose mayoritariamente hacia las economías más desarrolladas, en detrimento de los canalizados a las emergentes.

Esos aumentos en los pasivos están alimentando la ampliación del volumen transaccional de los mercados financieros, la ya considerable “financiarización” de la economía global.Así se pone de manifiesto en la última edición del informe “Mapping theWorld’s Financial Markets “, realizado por Sanjeev Sanyal del Deutsche Bank. Estima que el stock de activos financieros, medido por la capitalización de los mercados de acciones y el saldo de la deuda pública y privada pendiente, ascendía a 294 billones de dólares a final del año pasado. De ellos, 69 billones corresponderían a los mercados de acciones, mientras el resto serían instrumentos representativos de deuda privada y pública. Gran contraste con las cifras de 2008: el valor total era de 222 billones de dólares, con todas las categorías de instrumentos financieros por debajo de sus valores actuales. De ellos, la deuda es el componente que más ha crecido.

El análisis de esa misma tendencia ha sido abordado en otros trabajos recientes del Banco de Pagos Internacionales, BIS (“Debt”) y del Mckinsey Global Institute, MGI (“Debt and (notmuch) Deleveraging”), algunos de cuyos gráficos más representativos están reflejados en el blog “Finanzas a las nueve”  (http://blogs.elpais.com/finanzas-a-las-9/). En el trabajodel MGI se destaca que desde 2007 hasta el segundo trimestre de 2014 la deuda global ha crecido a un ritmo anual del 5,3%, 57 billones de dólares en total, equivalentes a 17 puntos porcentuales del PIB, de los que más de 25 billones de dólares de ese aumento corresponderían a deuda pública.En bastantes economías, el aumento del endeudamientopúblico coexiste con el de familias y empresas. No es el caso de la española donde el desapalancamiento las familias y empresas ha sido simultáneo al más intenso aumento de la deuda pública.

Recordemos que fue el elevado endeudamiento privado el principal factor de exposición al contagio de la economía española. En común con otros países – EEUU, Reino Unido, Irlanda- el nuestro mantenía un elevado grado de concentración en financiación hipotecaria. En España, a pesar de la severidad de la crisis, de su impacto sobre la renta de familias y empresas, el desapalancamiento ha sido evidente, aunque más en las empresas que en las familias.

Del crecimiento total en la deuda acumulada en el mundo en estos siete últimos años aproximadamente la mitad correspondería a economías no avanzadas, reflejando en cierta medida saludables desarrollos como la mayor profundidad financiera, de la mano del ascenso en el endeudamiento del sector privado, en un contexto de aumento en las cotizaciones de los activos financieros. En el G20, con datos del BIS, la deuda en términos de PIB es hoy 20 puntos porcentuales superior a la existente en 2007. Con todo, el nivel de la relación entre deuda y PIB en las economías menos desarrolladas se mantiene por debajo de la mitad del correspondiente a las avanzadas.

El caso de China es uno de los más destacados: su deuda total, más del 280% del PIB, es hoy superior a la proporción equivalente en EEUU, alimentada por el endeudamiento privado para adquisición de activos inmobiliarios – de los que una parte importante han sido suministrados por entidades amparadas en la banca en la sombra-, y otra no mucho menor por gobiernos locales altamente endeudados.

Sobre estos hechos llama la atención el BIS, pero destaca especialmente el aumento de la financiación privada trasfronteriza de los mercados de deuda, considerándolo un paso más en la gestión de la liquidez a nivel global, en la dinámica de globalización financiera, en definitiva. Su director general, Jaime Caruana, confiesa no entender completamente el alcance de esa tendencia, planteándose con razón hasta qué punto es menos inquietante que un boom crediticio sea dirigido por los mercados de capitales en lugar de por los bancos. Se trata, en definitiva, de saber si es más o menos probable que termine en una crisis como las conocidas y, por tanto, si son adecuadas las decisiones reguladoras que se han adoptado hasta ahora. El hecho cierto es  que ya no son los bancos el exclusivo objeto de atención de los supervisores financieros, en la medida en que vehículos adicionales a los préstamos bancarios canalizarán mayor  financiación en todo el mundo.

Tres conclusiones pueden deducirse de los datos anteriores. Tendremos que aprender a soportar mayores volúmenes de deuda. Su peso sobre el tamaño de las economías seguirá siendo importante, especialmente en la eurozona, si esta no aumenta mucho más su ritmo de crecimiento económico. En segundo lugar, la deuda no siempre será asignada de forma óptima, financiando inversiones que se traduzcan en mayor crecimiento. En este punto es oportuna la verificación sobre la que llama la atención el BIS acerca de cómo muchas empresas están utilizando la deuda para financiar mayores pagos de dividendos o reducciones de capital, en lugar de aumentar sus decisiones de inversión, de aumento de su eficiencia y capacidad de crecimiento, en definitiva. Por último, pero no menos relevante, la supervisión y anticipación de su potencial desestabilizador sobre las economías será algo más complejo que hasta ahora.

De lo anterior no cabe concluir en la estigmatización del endeudamiento, sino sugerir su vinculación al cumplimiento de aquella regla de oro que desaconseja endeudarse para cualquier destino que no sea la inversión. Y exigir siempre que la rentabilidad esperada de la misma exceda al coste de capital. Me permitiría añadir, a tenor de la reciente experiencia española, sin poner todas las deudas en la misma cesta: con un grado de diversificación inversora suficiente.

El País (22/02/2015)

Hombres sin corbatas

Un hombre sin corbatas

“Llevaré corbata cuando salga de la crisis” fue la respuesta de primer ministro griego a su homólogo italiano cuando le regaló a principios de febrero una corbata (italiana, por supuesto). Con este gesto, el premier griego presenta la imagen de un político sin ataduras (por el juego de palabras en inglés).

Tsipras llega tarde, ya que a principios de los años 90 el visionario y diseñador de moda italiano Giannu Versace escribió un curioso libro “Men without ties“.  El diseñador italiano anunciaba la muerte de la corbata y explicaba el motivo por el cual había decidió eliminar sus colecciones la corbata como complemento de moda masculino. Versache argumentaba que la corbata “ya no es un símbolo de distinción, pues se la ponen hasta los bandidos”.(Tsipras diría que la corbata no es un símbolo de dignidad, pues se la ponen hasta los miembros de la troika).

Por fin nos habíamos liberado (los hombres) de las ataduras y podríamos enfrentarnos a las jornada laboral y entrevistas de trabajo sin ligaduras. La ciencia ha acabado dándole la razón a Versace, ya que la corbata aumenta la presión intraocular, según un estudio publicado por Teng et al (2013) en British journal of ophthalmology.

Sin embargo, a pesar de Tsipras, Versace y Teng et al 2013, las estadísticas sobre las ventas de corbatas indican que este complemento sobrevive, con unas ventas de más de 800 millones de dólares en USA un año después de la crisis del 2007.

¿Cómo puede explicarse que un complemento sin ninguna función específica, contra el que se han unido políticos, médicos y diseñadores se siga vendiendo y utilizando? Una respuesta plausible la encontramos en el lipstick effect, acuñado por el CEO de Estée Lauder, de Leonard Lauder  y estudiado  por Hill et al. (2012), en Journal of personality and social psychology.

Según el lipstick effect, el patrón de consumo de productos de lujo cambia durante las recesiones. Hill et al. (2012) argumentan que durante las recesiones desciende la demanda de casi todos los bienes de lujo, excepto la de aquellos que incrementan el atractivo personal y las probabilidades de encontrar pareja – como el pintalabios.

La corbata es el pintalabios masculino y corporativo por excelencia. Lanza una señal de responsabilidad (y atadura), por lo que aumenta la probabilidad de encontrar trabajo. Ante la duda, la mayoría de nosotros nos la anudaríamos antes de enfrentarnos a una entrevista de trabajo. Es más fácil quitarse la corbata si no resulta apropiada (por ejemplo una entrevista para ser ministro griego) que ponérsela de manera apresurada.

Según el lipstick effect, nos cortaremos la corbata cuando acabe la crisis. Para entonces, puede que los hombres sin corbatas ya no las necesiten para encontrar trabajo. Precisamente por esto, posiblemente veremos a Tsipras con un nudo Windsor cuando busque trabajo (o una refinanciación de la deuda griega en la city).

Indicador de coyuntura: Febrero 2015

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de enero con los datos publicados hasta diciembre de producción industrial y ventas y hasta enero de renta y afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en enero es de 3,11, superando con holgura el valor 2,35 del mes anterior y alcanzando el nivel más alto desde que empezó a tomar valores positivos en mayo de 2014.

factor

En tasas de crecimiento interanuales, la producción industrial muestra el avance más pronunciado, un 2,1% en diciembre frente al -0,4% en noviembre. Las ventas crecen en diciembre a un ritmo inferior al de noviembre (0,9% frente 3,2%). La renta y los afiliados aumentan significativamente su ritmo de crecimiento al 5,1% y 3,1% en enero desde el 4,1% y 2,4% en diciembre, respectivamente.

indicadores

Como conclusión, parece que el ritmo de recuperación de la economía se está acelerando en 2015.

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes

Visita nuestra web para información sobre actividades

http://www.alde.es
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 279 seguidores