¿Se ha formado una burbuja en los mercados de deuda pública?

Robert J. Shiller, catedrático de Economía de Yale University y premio Nobel de Economía de 2013, acaba de publicar la tercera edición de su libro “Exuberancia Irracional“, material obligatorio de lectura para los estudiantes de Macroeconomía y de Finanzas.

En la primera edición de este libro libro, publicado en el año 2000, ya advirtió proféticamente en el capítulo 1 (“The stock market in historical perspective”) que los precios de las acciones estaban excesivamente caros y que se estaba gestando una burbuja en el mercado de valores de EE.UU. que tarde o temprano estallaría. La cima de la burbuja se alcanzó el 10 de marzo de 2000, cuando el mercado de empresas tecnológicas que formaban parte del índice Nasdaq composite llegó al punto máximo de 5048,62 puntos. Entre el 10 de marzo de 2000 y el 30 de septiembre de 2002, el índice Nasdaq composite de Nueva York perdió el 76,8% de su valor, al pasar de 5048,62 a 1172,06 puntos. La burbuja especulativa se pinchó y provoco la crisis de las “puntocom”, una fuerte caída del valor bursátil de las empresas y las posteriores quiebras, fusiones y adquisiciones.

En la segunda edición, publicada en 2005, Shiller incluyó un nuevo capítulo 2 dedicado a la valoración de los activos inmobiliarios (“The real estate market in historical perspective”) en el que advirtió que se había formado una burbuja inmobiliaria en EE.UU.,  que tarde o temprano estallaría.  La buena marcha de la economía y los bajos tipos de interés hicieron crecer la concesión de hipotecas de alto riesgo, y la comercialización de productos financieros asociados (titulización hipotecaria). Pero poco después de publicar el libro, se asistió en 2006 – tras una período de política monetaria muy restrictiva de la Reserva Federal (subidas bruscas y elevadas de los tipos de interés nominales) – a un aumento de los impagos de las hipotecas, a una caída brusca de los precios de las viviendas en EE.UU. y, en última instancia, al colapso del mercado de la vivienda y al pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Finalmente, en la tercera edición del libro, Shiller incluye un nuevo capítulo 3 sobre una perspectiva histórica del mercado de bonos (“The bond market in historical perspective”), en el que reflexiona sobre un nuevo problema financiero en el horizonte. En concreto, se muestra preocupado porque los precios de los bonos están en un nivel “irracionalmente” alto (o que los tipos de interés están en un nivel “irracionalmente” bajo) y que, en última instancia, se podría estar formando una burbuja en los mercados de deuda pública de EE.UU.. ¿Una tercera profecía que se cumplirá pronto?

En este vídeo reciente, Robert J. Shiller contesta en una entrevista a cuestiones relacionadas con el significado del término “exuberancia irracional”, los factores que influyen en la formación de burbujas financieras y la situación actual del mercado de bonos (fundamentalmente de deuda pública):

  • Entrevista a Robert Shiller.
  • La transcripción escrita en inglés de la entrevista puede leerse en el siguiente enlace.
  • En el siguiente enlace se puede leer más información sobre el significado del término “exuberancia irracional“, explicado por el propio Robert J. Shiller.

Indicador de coyuntura: Febrero 2015

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de enero con los datos publicados hasta diciembre de producción industrial y ventas y hasta enero de renta y afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en enero es de 3,11, superando con holgura el valor 2,35 del mes anterior y alcanzando el nivel más alto desde que empezó a tomar valores positivos en mayo de 2014.

factor

En tasas de crecimiento interanuales, la producción industrial muestra el avance más pronunciado, un 2,1% en diciembre frente al -0,4% en noviembre. Las ventas crecen en diciembre a un ritmo inferior al de noviembre (0,9% frente 3,2%). La renta y los afiliados aumentan significativamente su ritmo de crecimiento al 5,1% y 3,1% en enero desde el 4,1% y 2,4% en diciembre, respectivamente.

indicadores

Como conclusión, parece que el ritmo de recuperación de la economía se está acelerando en 2015.

La influencia del pasajero de al lado en los aviones

Que los demás influyen en nuestras decisiones de compra no es ninguna novedad. Por ejemplo, todos habremos visto una película por la recomendación de un amigo o habremos comido unas croquetas en un bar perdido de un pueblo remoto porque nuestro primo nos dijo que eran las mejores del mundo.

Pero como ocurre muchas veces en economía, y en otras ciencias sociales, la dificultad no reside tanto en estar de acuerdo en que los demás tienen influencia sobre nuestras decisiones de compra, sino en cuantificar dicho efecto. ¿En qué porcentaje mis decisiones de compra se deben a lo que hayan hecho los demás? Un estudio reciente, realizado por Pedro M. Gardete, profesor de Marketing de la Universidad de Stanford, utiliza un caso muy curioso para responder esta pregunta: las compras que se realizan en los aviones.

La situación es la siguiente: imaginemos que estás volando y un pasajero que va sentado en tu misma fila, al que no conoces de nada, compra algo para comer. ¿En qué medida esta acción hará que nosotros también compremos algo? Para responder esta pregunta el estudio utiliza una metodología ingeniosa. Una vez que se produce una compra, el autor compara la probabilidad de compra de la persona que está sentada al lado de la persona que ha realizado la compra, con la probabilidad de compra de la persona que está sentada justo delante de la persona que ha realizado la compra. La diferencia entre los dos pasajeros es que el primero, el que está sentado al lado, sí ha observado la compra, mientras que el segundo, el que está sentado adelante, no. Por tanto, la diferencia en la probabilidad de compra del pasajero que está sentado al lado y del pasajero que está sentado adelante puede identificar correctamente la influencia de los demás sobre nuestra compra.

El autor recogió datos del comportamiento de compra de 257.047 pasajeros en 1.966 vuelos que se realizaron en Estados Unidos entre los meses de enero y febrero de 2012. En estos vuelos los pasajeros realizaban su compra a través de una pantalla que tenían en sus asientos y la pagaban con su tarjeta de crédito. El autor tenía información sobre el lugar en el que iba sentado cada pasajero, si había realizado una compra o no, y a qué hora había realizado la compra. Con estos datos el autor podía identificar quién había sido el primero en comprar en una fila, y observar el comportamiento posterior del pasajero que estaba a su lado y del pasajero que viajaba delante de él. Además, el autor tenía información sobre las reservas de vuelo, con lo que podía excluir del estudio a las personas que viajaban juntas. ¿Cuál es el resultado del estudio? La conclusión es que los demás, aunque sean completamente desconocidos, influyen notablemente en nuestras decisiones de compra. En concreto, la probabilidad de que un pasajero realice una compra aumenta en un 30% si el pasajero de al lado ha comprado algo.

Yo ya he sacado mi lección de este estudio. En el próximo vuelo le voy a pedir a la compañía aérea que haga un sorteo con mucha fanfarria para regalar una comida a bordo, pero con el compromiso de que me toque a mí. Cuando me pregunten por qué les hablaré de este post.

Aunque lo parezca, (3+2) y (4+1) no es lo mismo, por Mariam Camarero

Nuestra compañera Mariam Camarero, de la Universidad Jaume I, nos ha facilitado esta interesante entrada sobre la reforma universitaria, publicada previamente en el diario digital Valencia Plaza (15/2/2015).

Hay muchos mitos sobre la educación en España, la mayoría de ellos falsos. Y no son falsos porque exista intención de engañar, sino porque la memoria colectiva es bastante frágil. He querido comprobar que la afirmación con la que quería empezar estas líneas era correcta y he visto, con asombro, que en los últimos 150 años no hemos tenido más allá de 4 ó 5 leyes universitarias de calado. Entiendo, entre líneas, que se suele comenzar la reforma educativa por la enseñanza primaria y continuar con la secundaria, de manera que cuando el legislador se acerca a la universidad aparece siempre una inoportuna revolución, una guerra o una dictadura que dejan en suspenso los afanes reformistas por una temporada. De ahí que sea falso, por ejemplo, que haya habido muchas leyes educativas y que cada nuevo gobierno haga la suya. No es ese el caso, al menos en la universidad.

Volviendo al tema del artículo, la tesis que pretendo defender es que los estudios universitarios en España se ajustan, por tradición, al modelo (3+2) y que la irrupción de (4+1) fue realmente una anomalía interna y externa, al alejarnos no sólo del esquema más usual de los estudios universitarios en España, sino también de la mayoría de nuestros socios en el Espacio Europeo de Educación Superior. ¿Cuál es la citada tradición de la universidad en España?

Desde la Ley Moyano de 1857 (que acabó estando en vigor casi un siglo), las enseñanzas facultativas se cursaban en la universidad y constaban de tres períodos que habilitaban para los tres grados correspondientes: Bachiller (equivalente al Bachelor inglés o al grado actual), Licenciado (el que puede ejercer) y Doctor. También había enseñanzas superiores impartidas en Escuelas Superiores para títulos de Ingeniería, Bellas Artes (Arquitectura, Pintura y escultura, Música,…), Diplomática y Notariado. Y enseñanzas profesionales que se impartían en centros específicos (Maestro, Veterinario, Profesor mercantil, Náutica y Maestros de Obras, Aparejadores y Agrimensores). El Ministerio detallaba los planes de estudios y las asignaturas. Al principio el primer ciclo podía llegar a ser de 5 años, pero los estudiantes empezaban la universidad a los 16.

A pesar de los impulsos reformistas de finales del siglo XIX y otros intentos alrededor de la década de los veinte del siglo pasado (donde sí que se modernizó la investigación, con la Junta para Ampliación de Estudios), hay que esperar al final de la Guerra Civil para encontrar una nueva ley sobre educación universitaria, que no supuso una reforma sino continuismo. La Ley que regula la Ordenación de la Universidad de 1943 añade como Facultad la de Ciencias Políticas y Económicas y los principales cambios se refieren al acceso a la universidad, al realizarse un examen de ingreso además del Examen de Estado que daba el título de Bachiller. Se podía establecer “numerus clausus” atendiendo a las necesidades y como orientación a los alumnos. Las Escuelas Superiores los limitaron tanto que luego fue necesario aumentar el número mínimo de alumnos al año. Normativas posteriores modificaron la enseñanza media e introdujeron cursos de preparación a la universidad (PREU).

La Ley General de Educación de 1970 de Villar Palasí fue la que nos tocó vivir a los de mi generación: además de crear la EGB, el BUP y el curso de orientación universitario (COU), la Educación Superior seguía teniendo tres niveles: en primer lugar, la Diplomatura o Primer Ciclo (de tres años y cursada en Escuelas Universitarias), dando lugar al título de Diplomado; en segundo, la Licenciatura, Ingeniería y Arquitectura, de cinco años de duración (que se cursaba en Facultades o Escuelas Superiores con 5 años de duración y dos ciclos de 3 y dos años, respectivamente); por último, en tercer lugar, el Doctorado, el máximo nivel, que consistía en dos años de enseñanza y la presentación de una tesis. En esta ley, las enseñanzas profesionales como el Magisterio o las Bellas Artes adquieren nivel universitario (de uno o dos ciclos). Los planes de estudio surgidos de esta ley eran comunes en toda España y estuvieron en vigor durante más de 20 años, hasta principios de los años 90.

La Ley de Reforma Universitaria (LRU) de 1983 no modificó esta estructura. Así, en su artículo 30 decía que “Los estudios universitarios se estructurarán, como máximo, en tres ciclos. La superación del primero de ellos dará derecho a la obtención, en su caso, del título de Diplomado, de Arquitecto Técnico o de Ingeniero Técnico; la del segundo, a la del título de Licenciado, de Arquitecto o de Ingeniero, y la del tercero, a la del título de Doctor”. La Ley Orgánica de Universidades (LOU) de 2001 mantiene nuevamente esta estructura, aunque recoge la posibilidad de que se cambie la denominación de los títulos (artículo 88) para adaptarse al Espacio Europeo de Educación Superior. La actual versión en vigor, la LOU modificada o LOMLOU de 2007 también lo incluye (http://www.uco.es/ugt/archivo/2007/070503_LOMLOU_refundido.pdf).

Lo primero que cabe decir es que la LOMLOU no determina la duración de los títulos, sino que se desarrolló mediante decreto. La implantación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se realizó (principalmente) durante la primera legislatura del Presidente Zapatero. La Ministra María Jesús San Segundo quería continuar con planes de estudio basados en “Libros Blancos”, es decir, con una buena parte de contenido común en toda España y grados de 3 años y másters de 2 años, es decir, defendía el 3+2. Sin embargo San Segundo fue sustituida tan sólo dos años después por Mercedes Cabrera. A partir de ese momento se produjo un cambio radical, pues la LOMLOU aprobada en 2007 introduciría una reducción de las competencias del Ministerio (sin eliminarlas) para el establecimiento de títulos y las directrices de los planes de estudios. Además, los nuevos grados tendrían una duración de 4 años y los másters de 1 a 2 años.

Con el cambio al 4 +1 no sólo se produce una ruptura respecto a la organización de los estudios universitarios existentes hasta entonces en España sino, lo que es infinitamente peor, se rompe la distinción entre los estudios universitarios de un ciclo, que formaban a diplomados, arquitectos e ingenieros técnicos y que en tres años habilitaban para desempeñar profesiones (maestros, enfermeros, aparejadores, por ejemplo) y las licenciaturas, arquitectura e ingenierías superiores, de dos ciclos y que tenían diferentes funciones y atribuciones profesionales. Los cuatro años suponen aumentar la duración de algunas titulaciones sin que existiera justificación técnica o académica, mientras que reducir en un curso, por ejemplo, las ingenierías (superiores) ha creado problemas al compararlas con los anteriores estudios de 5 años, optándose por soluciones ad hoc para mantener las competencias profesionales necesarias para ejercer. Aún más, este sistema es ineficiente, al tardar un año más en formar a una buena parte de nuestros profesionales superiores, que podrían haber completado un grado en 3 años y, en caso de desear especializarse, siempre podrían haber optado (en ese momento o más tarde) por completarlo con un máster de uno o dos años, dependiendo del caso.

Otro efecto derivado de estas decisiones y que no se valoró, al menos en toda su gravedad, es que se equiparó el grado español de 4 años al Bachelor. Es decir, al Bachiller en Ciencias o en Filosofía de la Ley Moyano. Eso significa que los 4 años actuales equivalen a un solo ciclo universitario (aunque lo dividamos en 2+2, eso no lo cambia): esto es, si bien antes un licenciado español equivalía a un Bachelor más un máster, al pasar al 4+1, al realizar la homologación en el EEES se ha equiparado en España la licenciatura con el grado y, por tanto, se ha “degradado” a los licenciados que estudiaron 5 años a Bachelor. Con el 3+2 no se habrían visto afectados negativamente los antiguos licenciados de los planes del 70, de la LRU y de la LOU, es decir, la mayoría de los actuales titulados universitarios. Esta cuestión no es baladí y ha generado problemas, entre otros, en cuerpos de élite de la Administración del Estado, por ejemplo, el de Economistas y Técnicos Comerciales del Estado, para alcanzar puestos en organismos internacionales, donde se les exige o se valora como mérito preferente, una formación con nivel de máster.

Por último, no olvidemos que, en la actualidad, los grados de 4 años no se corresponden con un catálogo limitado de titulaciones, sino que existen más de 1.200 títulos de grado distintos (tantos como universidades y titulaciones en cada una de ellas) y en muchas ocasiones poco coincidentes entre sí, de manera que la movilidad de estudiantes en España es menor que en el siglo XIX.

Me alegro de que, tras más de 3 años, el Ministerio haya decidido (tímidamente) corregir un error en el que estábamos empeñados en persistir. Aunque sea por los motivos incorrectos.

Los diamantes y la duración del matrimonio

“Un diamante es para siempre”, frase acuñada por la empresa De Beers a finales de la década de 1930, está considerada como uno de los eslóganes publicitarios más exitosos de la historia. Al regalar un anillo de compromiso con un diamante queremos expresar nuestro deseo de que el matrimonio sea tan duradero como el diamante. Y parece que esta asociación ha calado, ya que durante el siglo XX hubo un notable crecimiento en la venta de anillos de compromiso que incorporaban un diamante.

Algún lector fiel de este blog se habrá dado cuenta ya a estas alturas que a los economistas nos encanta utilizar las herramientas del análisis económico para explicar casi todos, si no todos, los comportamientos humanos. Y los anillos de compromiso no son una excepción. Desde el punto de visto económico, un anillo de compromiso con un coste elevado es una señal que envía un agente económico a otro de que está invirtiendo muchos recursos en una relación, ya que espera obtener frutos de la misma durante mucho tiempo. Ya sé que no suena muy romántico, pero ya sabéis que a la economía se le califica como la ciencia lúgubre. Este tipo de señales son importantes en aquellas situaciones en las que un agente no tiene información completa sobre otro agente económico y necesita alguna “señal” para orientar su decisión. Las señales también son importantes en otros ámbitos económicos. Por ejemplo, el obtener un título universitario tiene un importante componente de señal para los empleadores. El título ofrece información de que la persona que se va a contratar ha adquirido los conocimientos necesarios para el puesto de trabajo, pero también señala que la persona es lo suficientemente inteligente para superar un reto de largo plazo, plagado de numerosas y difíciles pruebas.

En un estudio reciente, los profesores Frances y Mialon de la Universidad de Emory, han analizado si las parejas que realizaron un mayor gasto en el anillo de compromiso, y en la boda, tienen una menor probabilidad de divorciarse que las parejas que gastaron menos en el anillo de compromiso y en la boda. Los datos para el estudio se recogieron entre los meses de julio y agosto de 2014, y corresponden a una muestra de 3.151 personas residentes en los Estados Unidos. Sorprendentemente los autores concluyen que las parejas que realizaron un mayor gasto en el anillo de compromiso y en la boda tienen una mayor probabilidad de divorciarse que las parejas que gastaron menos. Es importante señalar que esta conclusión se obtiene una vez que se han controlado por otros factores, como si la pareja tiene hijos, la edad, la situación laboral y los ingresos familiares, que también influyen sobre la probabilidad de que una pareja se divorcie.

Los autores solamente indagan sobre un posible mecanismo que podría explicar esta relación negativa entre los gastos de la boda y la duración del matrimonio: el agobio financiero que supone para la pareja la compra del anillo de compromiso y los gastos ligados a la boda, como el banquete o la luna de miel. Si estos gastos suponen un agobio financiero para las parejas, este agobio financiero puede generar un malestar en la pareja que lleve finalmente al divorcio.

Por tanto, aunque gastarse mucho en la boda puede parecer una señal de la apuesta a largo plazo por una relación, si esos gastos no se pueden financiar, se produce un agobio financiero que puede llevar al traste la apuesta a largo plazo. Por tanto, asegúrese de que su señal sea financieramente viable. Ya ven, pura economía.

Vídeo de las intervenciones en las XXIX Jornadas de Alicante sobre Economía Española

El 6 y 7 de noviembre de 2014 se celebraron en Alicante las XXIX Jornadas de Alicante sobre Economía Española organizadas por la Asociación Libre de Economía Española (ALdE) y el Instituto de Economía Internacional de la Universidad de Alicante.

En esta entrada del Blog se puede ver el vídeo completo de las intervenciones.

Vídeo del 6 de noviembre

Vídeo del 7 de noviembre

Las cicatrices del hambre

El 13 de julio de este año 2015 se cumplirá el treinta aniversario del famoso concierto Live Aid que se celebró conjuntamente en el estadio Wembley de Londres y en el John F. Kennedy Stadium de Filadelfia. Todavía recuerdo a Phil Collins, que después de cantar en Wembley salió corriendo para embarcarse en el Concorde, volar a Filadelfia, y cantar también en el concierto que se estaba celebrando en Estados Unidos.

El concierto Live Aid fue una iniciativa de los músicos Bol Geldof y Midge Ure, a raíz de un reportaje emitido por la BBC en octubre de 1984 sobre una terrible hambruna que se estaba produciendo en Eritrea y Etiopía. Aunque no hay una cifra exacta, los analistas estiman que en esta hambruna murieron alrededor de un millón de personas, cifra que la sitúa entre las peores que ha sufrido la humanidad en su historia reciente. Bob Geldof movilizó a los músicos para recaudar fondos para ayudar a paliar de alguna manera esa situación. La primera iniciativa fue grabar una canción conjunta para recaudar fondos (“Do They Know It’s Christmas?“), y la segunda organizar el concierto Live Aid. De hecho, en el trigésimo aniversario se ha grabado una nueva versión de esta canción para recaudar fondos para atajar la epidemia del ébola.

Un estudio realizado por los profesores Dercon y Porter, publicado recientemente en la prestigiosa Journal of Political Economy, muestra que, además de tener un enorme coste en vidas, la hambruna dejó profundas cicatrices entre los que sobrevivieron, y especialmente entre la población de mayor riesgo: los niños menores de 3 años. Para ello, los autores compararon diversos indicadores correspondientes a niños que sufrieron la hambruna con menos de tres años con los de sus hermanos de mayor edad, o los de sus hermanos que nacieron después de la hambruna. Al comparar hermanos con hermanos, los investigadores han sido capaces de eliminar la influencia de factores como las características de la familia, o del lugar de residencia de la misma sobre los efectos de la hambruna, y así identificar de forma más precisa el impacto diferencial que la hambruna pudo tener sobre distintos grupos de edad. Las mediciones se realizaron en 2004, es decir, 20 años después de la hambruna. Los resultados del estudio muestran que los niños que sufrieron la hambruna en una franja de edad entre 1 y 3 años, tienen una estatura 5 centímetros inferior a la de sus hermanos mayores, y a la de sus hermanos que nacieron después de la hambruna. Además, una vez que alcanzan la edad adulta, los niños que sufrieron la hambruna en la franja de edad entre 1 y 3 años tienen unos ingresos anuales inferiores en un 5% al de sus hermanos.

Este estudio muestra que las hambrunas, además de tener un coste enorme en vidas, tiene también consecuencias a largo plazo sobre las personas que la sufren en una edad temprana. Por ello, es muy importante que ante situaciones de riesgo se intervenga de forma rápida y que las primeras atenciones se centren en aquellas franjas de edad con mayores repercusiones a largo plazo.

El índice Nasdaq alcanza los niveles récord de 2000: ¿nueva burbuja tecnológica en el horizonte?

Una burbuja especulativa es un fenómeno económico que consiste en un aumento desproporcionado del precio de algún activo, de forma que dicho precio se desvía sustancialmente de su valor teórico. Esta situación aparece como consecuencia de la especulación, de ahí el nombre de burbuja especulativa, y se mantiene hasta que finaliza la euforia y se produce un cambio en las expectativas de los inversores, que pierden la confianza en el mercado. La pérdida de confianza en el valor genera un período de pánico financiero en el que los inversores se apresuran a vender el activo con el objetivo de minimizar sus pérdidas o de obtener beneficios, provocando con su actitud una caída repentina y brusca de los precios del objeto de la especulación, que en determinadas circunstancias puede ocasionar un crack bursátil que produce una enorme caída de la riqueza financiera, e incluso una recesión económica.

La llamada burbuja “puntocom” fue una burbuja especulativa tecnológica que se generó entre 1995 y 2000 en el mercado de valores tecnológicos de EEUU, representado por el índice Nasdaq composite de Nueva York, donde las empresas tecnológicas, de telecomunicaciones y de internet (llamadas “puntocom”) vieron incrementado rápidamente el valor de su acciones. La salida a Bolsa de Netscape (compañía que ofrecía un navegador con el mismo nombre) en 1995, marcó el inicio de esta burbuja. Desde entonces y hasta el año 2000, se produjo una avalancha de operaciones en el sector “online”, en su mayoría fruto de la especulación.

En concreto, la burbuja especulativa tecnológica se sustento en promesas de grandes ganancias con baja inversión, fácil disponibilidad de capitales de riesgo, y nuevas empresas que ya no utilizaban los modelos de negocios y de organización tradicionales. Por ejemplo, estas empresas veían crecer de una manera desmesurada el número de sus clientes, a pesar de que tenían enormes pérdidas anuales o escasos beneficios.

La cima de la burbuja se alcanzó el 10 de marzo de 2000, cuando el mercado de empresas tecnológicas que formaban parte del índice Nasdaq composite llegó al punto máximo de 5048,62 puntos. El nivel de especulación era tan alto, que el valor de las empresas subía simplemente por tener en su nombre una “e-” (de “electronic”) como prefijo o un “.com” como sufijo.

Entre el 10 de marzo de 2000 y el 30 de septiembre de 2002, el índice Nasdaq composite de Nueva York perdió el 76,8% de su valor, al pasar de 5048,62 a 1172,06 puntos. La burbuja especulativa se pincho y provoco la crisis de las “puntocom”, una fuerte caída del valor bursátil de las empresas y las posteriores quiebras, fusiones y adquisiciones. Algunos estudios estiman que en el periodo 2000-2003 desaparecieron casi cinco mil compañías de internet por quiebra, fusión o adquisición.

No obstante, pese a la gran caída de sus acciones en el mercado de valores, muchas de estas empresas sobrevivieron, incluso utilizando estos nuevos tipos de negocios que habían hecho quebrar a muchas otras.

En el siguiente gráfico se representa la evolución temporal histórica de los índices Nasdaq:

– El índice Nasdaq composite es un índice bursátil de Estados Unidos, que refleja la evolución de aproximadamente las 3.000 empresas nacionales y extranjeras con mayor capitalización que cotizan en el Nasdaq Stock Market. Toma el valor 100 el 5 de febrero de 1971. Entre las empresas que forman parte de este índice, se encuentran algunas como, por ejemplo, Apple, Amazon, Microsoft, Cisco, Dell, Intel Corporation, Google, Oracle, Yahoo y Elizabeth Arden.

– El índice Nasdaq 100 es un índice bursátil de Estados Unidos, que refleja la evolución de las 100 empresas nacionales y extranjeras con mayor capitalización bursátil que cotizan en el mercado electrónico del Nasdaq (Nasdaq Stock Market). Toma el valor 100 el 2 de enero de 1986. Se incluyen dentro de este índice, empresas de telecomunicaciones, venta al comercio al por mayor y al por menor, empresas de hardware y software y de biotecnología, siempre y cuando formen parte del Nasdaq Stock Market.

Los mercados financieros viven en la actualidad con un miedo latente a que se haya desencadenado una nueva burbuja tecnológica y que esta pueda pinchar como en el año 2000. Una prueba que se introduce en este debate son los niveles récord que alcanzan los índices Nasdaq.

Como se puede ver en el gráfico, los últimos datos del 8 de diciembre de 2014 sitúan al índice Nasdaq composite y al índice Nasdaq 100 a un 6% y 6,7% de alcanzar los récord históricos del 10 de marzo de 2000, fecha de inicio del pinchazo de la burbuja tecnológica “puntocom” del 2000.

En este contexto, en la prensa estadounidense y en los círculos financieros de Wall Street ha vuelto a aparecer la temida palabra burbuja financiera tecnológica. Parte de los analistas se cuestiona ya si las empresas tecnológicas están sobrevaloradas, tal y como sucedió en el año 2000. Sin embargo, los analistas más optimistas señalan que la naturaleza y el comportamiento de las compañías tecnológicas incluidas en los índices Nasdaq ha cambiado desde el año 2000. En aquella burbuja tecnológica, las empresas eran valoradas por los mercados sin contar con un recorrido previo y las altas valoraciones de sus acciones se sustestaban en función del éxito futuro potencial. Los inversores formaban sus expectativas en función del futuro y en lo intangible. En la actualidad, las empresas tecnológicas tienen que demostrar que son capaces de generar beneficios y que tienen un proyecto solvente para obtener el apoyo de los inversores.

¿Clases del mismo sexo o amigos del mismo sexo?

Uno de los debates clásicos, y de los que genera más polémica, en educación es si las clases con alumnos del mismo sexo conducen a mejores rendimientos académicos que las clases en las que se mezclan chicos y chicas. Los primeros estudios empíricos que analizaron esta cuestión concluían mayoritariamente que los alumnos de clases del mismo sexo obtenían mejores resultados académicos que los alumnos de clases mezcladas. La explicación de esta asociación positiva es que los chicos y las chicas aprenden de forma diferente y, por tanto, si los métodos de enseñanza se adecúan mejor a las características de cada grupo, los resultados serán mejores. Sin embargo, como explicaba muy bien el profesor Antonio Cabrales en un post en el blog Nada es Gratis, gran parte de estos resultados positivos se debían a un efecto de autoselección. Los alumnos con padres más motivados por la educación y con una educación, y recursos económicos, superiores a la media tienen una mayor probabilidad de elegir colegios con clases del mismo sexo para sus hijos. Esto genera una correlación positiva artificial entre los resultados académicos y estudiar en clases con alumnos del mismo sexo. Sin embargo, si se controlan estos factores, la ventaja de estudiar en una clase con alumnos del mismo sexo sería muy pequeña o nula. Un reciente meta-estudio, realizado por Pahlke, Hyde y Allison, avala esta conclusión.

Sin embargo, un estudio que se publicará próximamente en el American Economic Journal: Applied Economics, realizado por el profesor Andrew Hill, ha analizado esta cuestión desde otro prisma. El profesor Hill no analiza si en las clases hay muchos o pocos alumnos del sexo opuesto, sino si el tener amigos del sexo opuesto en la misma clase tiene efectos sobre el rendimiento académico de los alumnos. Es decir, si los chicos que tienen un menor número de amigas en su clase tienen un mejor rendimiento académico que los chicos que tienen un mayor número de amigas en su clase. El estudio empírico está cuidadosamente diseñado para salvar los posibles problemas de auto-selección y captar, lo más claramente posible, la relación entre tener una mayor proporción de amigos del sexo opuesto en clase y los rendimientos académicos. La muestra está compuesta por adolescentes entre los 12 y 18 años que asisten al colegio en Estados Unidos. El estudio concluye que los alumnos con una mayor proporción de amigos del sexo opuesto en clase, una vez que se han controlado el resto de factores, tienen un peor rendimiento académico que los alumnos que tienen una menor proporción de amigos del sexo opuesto en clase. El estudio concluye también que el efecto es muy parecido para las chicas y para los chicos.

¿Por qué se produce esta relación negativa? El autor ofrece dos explicaciones. Por una parte, para mantener viva la amistad es importante interactuar con tus amigos. Parte de esta interacción se da fuera de la escuela. Para los adolescentes parte de las actividades que se realizan fuera de la escuela tienen que ver con el deporte, y en las actividades deportivas, la mayoría de las ocasiones, los chicos y las chicas forman grupos separados. Si un alumno tiene amigos del mismo sexo y ellos también realizan actividades deportivas en el mismo equipo, tiene más probabilidades de interactuar con sus amigos fuera de la escuela. Por ello, durante las horas de clase, tendrán una menor necesidad de estar hablando con sus amigos. En cambio, los amigos del sexo opuesto tienen menos oportunidades de interactuar fuera de clase y, por tanto, tienen que recurrir a las horas de clase para hablar. El hablar en clase hace que pierdan atención a lo expuesto por el profesor y que su relación con el profesor sea peor, ya que es más probable que les llame la atención. De hecho, el profesor Hill encuentra una relación positiva entre tener amigos en clase del sexo opuesto y que los alumnos señalen que tienen problemas de seguir la clase o que tienen problemas con el profesor. La segunda explicación es que el tener amigos en clase del sexo opuesto aumenta la probabilidad de tener una relación sentimental, lo cual también podría estar correlacionado con una menor atención en clase, y con una menor dedicación al estudio fuera de clase.

Me imagino que los resultados de este estudio se utilizarán como munición para aquellos que defienden las clases con alumnos del mismo sexo. Si las clases son con alumnos del mismo sexo, ya no puede existir el efecto negativo sobre el rendimiento de tener amigos del sexo opuesto en clase. Sin embargo, como se ha recordado muchas veces, además del rendimiento académico se deben ponderar otros factores para decidir sobre la bondad de la mezcla de sexos en clase. Tener alumnos de diferentes sexos en el aula permite que los chicos y las chicas aprendan a socializar, a trabajar juntos, y apliquen esas enseñanzas ya como adultos en las empresas, en la familia, y en la sociedad en su conjunto.

La ANECA acaba con el monopolio “JCR”

Con una ligera demora con respecto a años anteriores, el BOE ha publicado hoy los criterios por los que se regirá la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) para evaluar la calidad investigadora en el 2014. La principal novedad con respecto al año pasado en el campo de las Ciencias Económicas y Empresariales es la equiparación de los índices Journal Citation Reports (JCR) de Thompson Reuters con SCOPUS de Elsevier.

Mientras en el BOE del 2013, la mención al índice SCOPUS estaba en el apartado 3b)

“Podrán considerarse también los artículos publicados en revistas que ocupen posiciones relevantes en los listados de SCOPUS”

En el BOE del 2014, SCOPUS sube de nivel hasta el 3a):

“Los trabajos publicados en revistas de reconocida valía, aceptándose como tales( …) Journal Citation Reports (JCR) Social Sciences Edition (…) así como en SCOPUS.”

Con la anunciada fusión entre la ANECA y la CNEAI, se ha reparado la “el acusado JCR-centrismo” que impuso el BOE del 2005 (Ruiz-Pérez, Delgado y Jiménez-Contreras 2010, p. 907). Es decir, la ANECA ha terminado con el monopolio del JCR. Bienvenidos al duopolio.

Es cierto que los cambios de criterio que dificultan la planificación de la investigación a largo plazo (piensen que el criterio que se establece hoy establece unos criterios retroactivos para un periodo de seis años). Sin embargo, es previsible que la supresión del monopolio de la indexación científica  tenga efectos positivos (asumiendo que la calidad científica de ambos índices es similar). Se me ocurren las siguientes razones:

  1. Se amplía el número de revistas consideradas de alta calidad.  La cobertura de ambos índices es distinta (SCOPUS indexa 15,000 journals y JCR 9,000.
    1. Una mayor cobertura puede contribuir a reducir el lag editorial y la tasa de rechazo (Conley 2012).
    2. Se fomenta la creatividad al abrirse el abanico a revistas más especializadas o independientes.
  2. La forma de calcular el impacto científico también difiere. SCOPUS suele referenciar un número de citas mayor que JCR (Pislyakov, 2009). Ello implica que un mismo artículo suele tener unos indicios de calidad mayores en SCOPUS que en JCR.
  3. La plataforma de SCOPUS SCImago Journal & Country Rank es totalmente abierta y gratuita, a diferencia de la JCR.
  4. Los criterios de indexado de SCOPUS parecen más transparentes que JCR. Las revistas JCR bailan fuera y dentro del índice sin unos criterios claros de inclusión o exclusión (o al menos yo no he podido encontrarlos en su web).

Puede que algún día Google Scholar acabe barriendo a estos dos índices. Pero de momento el paso del monopolio al duopolio aumentará el bienestar de una parte de la sociedad (como mínimo de los que tratamos de investigar).

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