Los costes de saltar de una tarea a otra

En nuestra jornada laboral estamos constantemente saltando de una tarea a otra. Por ejemplo, yo puedo estar en el despacho preparando la siguiente clase, cuando recibo una llamada de un compañero haciendo una consulta sobre el presupuesto del departamento para actividades de investigación, tras lo cual un alumno toca la puerta para preguntar sobre una duda del próximo test de la asignatura y, después, salgo para una reunión donde discutimos los detalles de la próxima jornada de puertas abiertas. Además, con las nuevas tecnologías uno se tiene que aguantar mucho para no mirar de vez en cuando el correo electrónico, Twitter o WhatsApp. Si cada lector hace un repaso de su jornada laboral, seguramente tendrá también la sensación de que ha estado saltando de una tarea a otra.

Nuestra intuición nos dice que cambiar asiduamente de tarea no favorece la productividad. Además de las interrupciones que se dan al saltar de una tarea a otra, cuando retomamos una actividad siempre necesitamos un periodo de “calentamiento” para recordar dónde dejamos las cosas, y cuáles son los siguientes pasos que tenemos que dar. Estos periodos de interrupción y de “calentamiento” tienen un coste en tiempo. Pues bien, parece que nuestra intuición no está descaminada. Un reciente estudio realizado realizado por los profesores Coviello, Ichino y Persico concluye que cuando las personas saltan de unas tareas a otras el tiempo que requieren para completarlas es mayor que si las hubiesen realizado de forma ordenada. El estudio que realizan estos autores es muy ingenioso. Toman como muestra un juzgado de lo social en Milán, y analizan cuál es el tiempo medio que necesita cada juez para finalizar un caso. Todos los jueces, 21 en la muestra que utilizan los autores, reciben de forma aleatoria los casos que llegan al juzgado, por lo que el número y tipo de casos que le toca a cada juez son parecidos. Los autores computan cuántos casos llevan los jueces simultáneamente. La hipótesis es que cuantos más casos tengan abiertos los jueces simultáneamente, mayor es la probabilidad de que salten de un caso a otro y, por ello, pierdan más tiempo y tarden más en finalizar un caso. Su estudio empírico confirma esta relación: los jueces que trabajan los casos de forma ordenada, es decir, abren menos nuevos casos antes de terminar los que tienen vigentes, terminan antes los sumarios que los jueces que tienen más casos abiertos simultáneamente. Además, los autores muestran que el terminar antes un caso no implica una peor calidad del proceso judicial. En concreto, la probabilidad de que un caso sea apelado no está relacionada con la duración del proceso.

La justicia italiana ha tomado buena nota del estudio de Coviello, Ichino y Persico y ha puesto en marcha un programa para incentivar que los jueces no tengan tantos casos abiertos a la vez. Aunque a veces no podamos controlar el tener que saltar de una tarea a otra, cuando podamos, es mejor que terminemos primero lo que estamos haciendo antes de comenzar una nueva tarea. Como me apuntaba mi compañero @jonmizabala, ya lo decía el refrán: “quien mucho abarca,…”

El tiempo sí importa

La democracia es principios pero también formas; estas sirven para respetar aquellos, facilitando que prevalezcan. Las formas, a su vez, son comportamientos pero también formalidades —“trámites”, como gustara decir Tierno Galván—, que implican protocolos pautados, cuya inobservancia contribuiría a desnaturalizar el sistema. La democracia requiere sus tiempos.

Especialmente en situaciones complejas como la que han deparado los resultados del 20D. Porque, en contra de lecturas sesgadas o simplonas, las urnas no se han pronunciado inequívocamente ni a favor del cambio ni a favor de la continuidad; se ha fragmentado la representación parlamentaria, pero sin una decantación inapelable hacia uno de los lados. Por eso el escenario resultante es todo menos simple, y moverse en él exige tiento y tiempo, pues obliga a consultas, negociaciones y acuerdos no fáciles. Lo óptimo sería encontrar un buen equilibrio entre esos dos polos, entre el amplio respaldo que han obtenido las opciones partidarias de poner coto a las malformaciones del bipartidismo alternante y el apoyo no pequeño que siguen teniendo las posiciones establecidas. Descartar de partida —vetos mediante— a unos u otros interlocutores no es el mejor camino para encontrar la combinación adecuada. Esto es, la que más se ajuste a las preferencias expresadas con el voto: cambio pero no radical, continuidad pero no prolongación de un estado de cosas insatisfactorio para la mayoría. Estabilidad para reformar, una buena síntesis.

El paso de los días, por otra parte, aunque lento dadas las tareas que esperan, no está resultando indiferente al desenlace. Dos casos, al menos, lo corroboran. Primero: los que precisamente por su desprecio de las formas parece que quisieran autoexcluirse. Segundo: los que son víctima de su propia indolencia frente a la principal amenaza de nuestra democracia: la corrupción, esa voraz planta que trepa por el árbol de la política, y que no podrá extirparse mientras convivir con ella no implique pérdida de poder o de oportunidades de conseguirlo.

Hay que aprovechar, en todo caso, cada hora. No están las circunstancias para pausas ni cómodos recesos: ni en el entorno más próximo, ni en nuestra propia casa. El proyecto europeo vuelve a situarse en una encrucijada: a las muchas tensiones políticas y sociales que ha provocado la crisis económica se suman hoy el impacto del terrorismo, la crisis de los refugiados y conflictos geoestratégicos de largo alcance. Terreno fértil para la proliferación de propuestas y movimientos populistas con voluntad de parar o desandar parte de lo ya recorrido: “la Europa del no”, como se ha escrito con brillantez (J. Gual): la que no acepta cuotas de refugiados, la que se opone a culminar la unión bancaria, la que no quiere compartir el control del cambio climático, la que recorta derechos políticos… En todos esos flancos los próximos meses serán decisivos, una instancia adicional de urgencia para despejar los componentes de incertidumbre que dependen de nosotros mismos. Desde la perspectiva económica, dicha clarificación no admite demoras: el calendario para la refinanciación de los altos niveles de endeudamiento es inapelable y la confianza de los agentes económicos tiene ahora los dos ojos puestos en el clima político.

Tiempo, sí, pero solo el estrictamente necesario. Incluso en carnaval.

Evolución histórica de las variables macroeconómicas fiscales de la economía española, 1964-2014, y proyecciones 2015-2017

En esta entrada del Blog se presenta la senda temporal de las principales variables macroeconómicas fiscales de las AA.PP. españolas (medidas en % del PIB) actualizadas para el periodo 1964-2014 y algunas proyecciones para el periodo 2015-2017. Con más detalle, se ha añadido la cifra provisional del año 2014 y se han corregido también todas las cifras anteriores con datos actualizados de las nuevas series elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los datos provienen de las Cuentas Financieras de la Economía Española elaboradas por el Banco de España y de la Contabilidad Nacional de España elaborada por el INE. También se presentan proyecciones de déficit público total (incluyendo los pagos de intereses de la deuda pública acumulada) y del stock de deuda pública bruto (según la metodología del Déficit Público Excesivo, PDE), proyecciones presentadas en el pasado mes de abril por el Ministerio Economía y Competitividad y en el pasado mes de noviembre por la Comisión Europea para el periodo 2015-2017.

Me gustaría destacar los tres últimos periodos de la historia presupuestaria de la economía española: a) el ajuste fiscal del periodo 1996-2007; b) el deterioro brusco y profundo de las finanzas públicas en los años 2008 y 2009, después del inicio de la crisis económica derivada de la crisis financiera internacional; y c) el nuevo periodo de ajuste fiscal que comenzó en el año 2010 que avanza a un ritmo excesivamente lento para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo.

En el primer gráfico aparece la evolución de los ingresos totales, los gastos totales y los gastos netos de intereses de la deuda pública o gastos públicos primarios. En primer lugar, destacar el hundimiento de los ingresos en 2008 y 2009, y el espectacular crecimiento de las dos variables representativas de los gastos públicos en los años posteriores a 2008. En segundo lugar, a pesar de los esfuerzos realizados, los gastos totales y los gastos sin intereses de la deuda pública se situaron a finales de 2014 en el 44,1% y el 40,8% del PIB, respectivamente. Por último, los ingresos públicos no logran apenas recuperarse (suben tan sólo 0,2 puntos porcentuales en 2014) y se sitúan a niveles del año 1994 (38,2% del PIB), lejos todavía del máximo de recaudación alcanzado en 2007 (41,5% del PIB), último año del reciente periodo de expansión económica registrado en la economía española (1995-2007).

En el segundo gráfico se presenta la evolución del ahorro bruto total y del ahorro bruto excluido los pagos de intereses de la deuda pública del total de las AA.PP. La primera variable se obtiene del saldo conjunto de las cuentas corrientes (ingresos y gastos corrientes) de las AA.PP. (cuentas de producción, distribución y utilización de la renta). El ahorro bruto total y primario, que había crecido ininterrumpidamente en una década (desde 1997 a 2007), retrocedió bruscamente en el año 2008 y alcanzó en 2009 niveles negativos no conocidos en esta serie histórica. En el periodo 2009-2014 el ahorro público primario ha registrado una importante mejora (2,6 puntos porcentuales en % del PIB), mientras que el ahorro público total se ha reducido tan sólo 1,1 puntos porcentuales en % del PIB por el fuerte aumento de los pagos de los intereses de la deuda pública acumulada. Ambas variables se sitúan todavía en 2014 en niveles negativos no deseables que incumplen la “regla de oro” de la política fiscal (emitir deuda pública solamente para financiar la inversión pública y suponiendo que el componente del ajuste déficit-deuda sea nulo).

En el gráfico 3 se presenta la evolución temporal del superávit o déficit de las AA.PP. total y primario (excluidos los pagos de intereses de la deuda). Con más precisión, se trata de la capacidad (+) o necesidad de financiación (-) total y neta de intereses, obtenida como suma del ahorro bruto y del saldo de la cuenta de capital de las AA.PP. En este caso, se incluye además de los ingresos y gastos públicos corrientes, los ingresos y los gastos de capital de las AA.PP., incluida la inversión pública, entre otras partidas.

Como se puede observar en el gráfico, un periodo significativo de ajuste fiscal comenzó después de 1995 (año en el que se alcanzó un déficit público récord hasta entonces del -6,6%), para posteriormente reducirse en años sucesivos el déficit hasta el año 2004, y generándose superávit públicos crecientes en el periodo 2005-2007. Nuevamente, el año 2008 marca un cambio de tendencia brusco, al aparecer cifras de déficit público total del -4,5%, cifras no registradas desde el año 1996. En el año 2009 se alcanzó una nueva cifra récord: un -9,4% de déficit público primario y un -11,1% de déficit público total en estos 51 últimos años de historia de la hacienda pública española. El proceso de consolidación fiscal que había tenido relativo éxito en el periodo 2010-2011, se frenó significativamente en 2012, aunque se ha vuelto ha encauzar en los años 2013 y 2014. Con más detalle, el déficit público total se ha reducido desde 2012 en 4,5 puntos porcentuales del PIB, hasta alcanzar el 5,8% del PIB, mientras que el déficit público primario se ha reducido en 4,8 puntos porcentuales del PIB, hasta situarse en el 2,6% del PIB.

No obstante, el déficit público total actual (-5,8% del PIB) se mantiene en una cifra aún muy alejada del límite del -3,0% vigente para los países de la zona del euro. El problema fiscal refleja tanto la insuficiente caída del gasto público, como la baja recaudación impositiva.

En el gráfico 4 se muestra la senda temporal de dos variables representativas del stock de deuda pública de las AA.PP. La primera es el stock de deuda pública total medido por el conjunto de los pasivos financieros totales de las AA.PP. En el segundo caso, la segunda variable representativa del stock de deuda pública (menor en niveles por las partidas que incluye) es construido según la metodología del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE) incluido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la zona del euro (esta es la cifra oficial que pública el Banco de España y el Banco Central Europeo sobre el total de la deuda pública española). En ambos casos, la reducción es espectacular desde el año 1996 hasta el año 2007, y nuevamente se produce un deterioro muy significativo y persistente desde el inicio de la crisis financiera internacional en el año 2008. Con más detalle, en el año 2014 el stock de deuda pública según la metodología del PDE ha vuelto a crecer hasta alcanzar la cifra récord del 97,7% del PIB, sobrepasando ampliamente el límite impuesto por el Tratado de Maastricht (60% del PIB).

En los gráficos 5 y 6 se han añadido a los gráficos 3 y 4, algunas previsiones disponibles para el periodo 2015-2017 de las cifras del déficit público total y del stock de deuda pública según la metodología PDE. Las previsiones del Ministerio de Economía y Competitividad provienen de la publicación Actualización del Programa de Estabilidad, 2015-2018 remitida a la Comisión Europea el pasado mes de abril, mientras que las previsiones de la Comisión Europea aparecen en el informe European Economic Forecast, Autumn 2015, publicado el pasado mes de noviembre.

Por una parte, las previsiones disponibles para el déficit público total (gráfico 5) del Ministerio de Economía y Competitividad indican que la continuidad del proceso de ajuste fiscal en 2015-2017 posibilitarán que el déficit del conjunto de las AA.PP. alcance a finales de 2015, 2016 y 2017 el 4,2%, el 2,8%% y el 1,4% del PIB, respectivamente, situándose ya por debajo del límite impuesto por el Tratado de Maastricht del -3% a finales de 2016. Las previsiones de la Comisión Europea son mucho más pesimistas, y los técnicos del organismo estiman que el déficit público total se situará en 2015, 2016 y 2017 en el 4,7%, 3,6% y 2,6%, respectivamente, por encima de las previsiones del Gobierno de España.

Por otra parte, las previsiones de la Comisión Europea sobre la evolución del stock de deuda pública según la metodología del PDE (gráfico 6) son claramente pesimistas. Los técnicos del organismo estiman que el stock de deuda pública se situará a finales de 2015 en el 100,8% del PIB, mientras que a finales de 2016 ya alcanzará el 101,3% (cifras muy alejadas del límite impuesto en el Tratado de Masstricht del 60% del PIB).

Finalmente, el stock de deuda pública según la metodología del PDE alcanzó a finales de septiembre de 2015 los 1.062.315 millones de euros, lo que representa ya el 99,3% del PIB, según las cifras difundidas el 11 de diciembre por el Banco de España.

Indicador de coyuntura: Enero 2015

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de diciembre con los datos publicados hasta noviembre de ventas y producción industrial, y hasta diciembre de renta y de afiliados. El indicador sigue indicando que el ritmo de la actividad económica ha perdido vigor desde la segunda mitad de 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en diciembre es de 3,8, solo un poco por encima del nivel de noviembre.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan valores por encima de los registrados en el mes anterior. La producción industrial y las ventas crecen en noviembre 5,7% y 4,6%, frente a los valores que presentaron en octubre de -0,2% y 2,7%. Por su parte, la renta y los afiliados pasan de crecer 4,3% y 2,8% en noviembre a crecer 4,4% y 3,1% en diciembre.

Evolución del tipo de cambio nominal y real del yuan, pérdida de competitividad exterior de China y caída de las reservas de divisas

La evolución reciente del tipo de cambio del yuan chino está recibiendo una gran atención de la prensa económica internacional y de los analistas económicos y financieros por su incidencia en la competitividad exterior de la economía china. La mayoría de los análisis se centran en la evolución del tipo de cambio nominal bilateral del dólar con el yuan, aunque lo verdaderamente relevante desde el punto de vista de la competitividad exterior de la economía china es el comportamiento de los tipos de cambio multilaterales/efectivos nominales y reales del yuan, especialmente estos últimos.

El tipo de cambio real bilateral (TCR) o el tipo de cambio multilateral/efectivo real (TCER) es uno de los principales indicadores de la competitividad exterior de la economía nacional con otro país o con un conjunto de países, respectivamente. El TCR entre dos monedas (el multilateral es un promedio de los bilaterales, ponderado por los pesos en el comercio de la cesta de países considerada) es la ratio entre el producto del tipo de cambio nominal bilateral (E) y un índice de precios que refleja el poder adquisitivo de la moneda extranjera (P*) y un índice de precios que refleja el poder adquisitivo de la moneda nacional (P). En nuestro caso, y utilizando símbolos, TCR = P/(E P*). Los índices de precios P y P* típicamente son índices de precios al consumo, pero puede construirse una serie de TCR utilizando otros índices: el deflactor del PIB, el índice de precios industriales, el índice de precios de exportación y el coste laboral unitario. En última instancia, el TCR/TCER mide la competitividad exterior de la economía nacional con un país o un conjunto de países y recoge, tanto los componentes de la competitividad-tipo de cambio nominal (1/E), bilateral o efectivo, como de la competitividad-precio (P/P*). La interpretación económica es la siguiente: un aumento (caída) del TCER indica una apreciación (depreciación) real de la moneda nacional con la moneda extranjera y, por lo tanto, supone para el periodo considerado una pérdida (ganancia) de competitividad de la economía nacional con el país o conjunto de países. [1] [2]


a) Evolución del tipo de cambio nominal del yuan con el dólar

En el primer gráfico se muestra la evolución temporal para el periodo 1994-2015 del tipo de cambio nominal del yuan con el dólar de EE.UU. (1 dólar = x yuanes).

Como se puede observar en el gráfico, la política cambiaria de China ha ido cambiando desde el año 1994. En primer lugar, a partir de 1994, la tasa de cambio oficial del yuan se determinó a través de un sistema de tipos flotantes administrados, mediante el cual el precio de la moneda podía fluctuar dentro de un pequeño rango, pero las autoridades podían intervenir en el mercado mediante actividades de compra o venta, para mantener el precio de la moneda.

En segundo lugar, el yuan estuvo “atado” al dólar estadounidense, entre 8,27 y 8,28 yuanes por dólar, desde 1996 a julio de 2005. Los analistas consideraban este nivel por debajo de su valor real (entre un 20 y 40%), teniendo en cuenta que la moneda china no fluctuaba libremente en el mercado de cambios, sino que para mantener su estabilidad frente al dólar, el Banco Central de China tenía que intervenir comprando dólares, lo que implicaba que en la práctica el yuan estaba infravalorado.

En tercer lugar, el 21 de julio de 2005, China modificó su sistema cambiario con la aplicación de varias medidas: i) la revaluación de su moneda frente al dólar en un 2,1%, situándola en 8,11 yuanes por dólar; ii) la flexibilización de su régimen cambiario, al ampliar la banda de fluctuación de su tipo de cambio hasta un 0,3% a partir de un precio de referencia, que se fijo con respecto a una cesta de monedas integrada por el dólar, el euro, el yen, el won coreano, la libra esterlina y las monedas de Singapur, Malasia, Rusia, Australia, Canadá y Tailandia.

Este régimen de tipos de cambio implica que el precio del yuan puede oscilar diariamente, fortaleciéndose o debilitándose, pero dentro de los límites permitidos, y que las autoridades pueden intervenir cuando lo requieran las circunstancias. Desde que se asumió el nuevo sistema, el yuan se ha apreciado continuamente hasta un máximo de mínimo de 6,05 yuanes por dólar en enero de 2014 (apreciación del 25,4%; pérdida de competitividad-tipo de cambio nominal de la economía china). Más recientemente, la debilidad de la economía china ha propiciado que el yuan se haya depreciado con el dólar un 6,45% desde enero de 2014 a diciembre de 2015 (1 dólar = 6,44 yuanes; ganancia de competitividad-tipo de cambio nominal de la economía china).

Esta reciente depreciación nominal del yuan con el dólar está muy ligada a la pérdida de reservas de divisas del Banco Central de China. En el siguiente gráfico se muestra la evolución de esta variable desde el año 2000 a finales de 2015.

La caída de la confianza en el crecimiento de la economía china está provocando oleadas de ventas de dólares y la caída de los índices bursátiles del país desde junio de 2015. En concreto, el índice Shanghai Composite Stock cotizaba la semana pasada a niveles de finales de 2010, tal y como muestra el siguiente gráfico.

En estas dos batallas (mercados de divisas y mercado de valores), el Banco Central de China está gastando cientos de miles de millones de dólares en un intento por contrarrestar la fuerza de los dos mercados. Así, las reservas de divisas se situaron a finales de 2015 en 3,33 billones de dólares, lo que representa una caída del 16,7% respecto al máximo alcanzado en junio de 2014 (4 billones de dólares) y las sitúa a niveles de finales de 2012. Este descenso de las reservas está muy ligado a la intervención del Banco Central de China en los mercados domésticos de divisas para apoyar su moneda, el yuan, y evitar así que se depreciara en exceso. Para evitar esto, el Banco Central de China está inyectando dólares en el mercado, y con ello está perdiendo las reservas.

¿Pero porqué no quiere el Banco Central de China que el yuan se deprecie demasiado con el dólar?

En primer lugar, porque una excesiva depreciación aumentaría la tasa de inflación y con ella los tipos de interés, lo cual deprimiría a la economía China, cuya tasa de crecimiento ya se está desacelerando. En segundo lugar, porque muchas empresas chinas están muy endeudadas en dólares mientras que sus ingresos son en yuanes, por lo que una excesiva depreciación de la moneda nacional aumentaría considerablemente su endeudamiento en relación a sus ingresos y, en última instancia, elevaría la tasa de morosidad y las quiebras que ya van en aumento.

b) Evolución del tipo de cambio efectivo nominal y real del yuan

En el siguiente gráfico se muestra la evolución temporal para el periodo 1994-2015, de los tipos de cambio efectivo nominal (línea roja) y real [3] (línea azul) del yuan con el conjunto de los principales socios comerciales de China.

Por una parte, el tipo de cambio efectivo nominal (TCEN, Broad Effective Exchange Rate [4]) del yuan con el conjunto de las principales con el conjunto de los principales socios comerciales de China registra una importante apreciación (apreciación nominal, pérdida de competitividad-tipo de cambio nominal) del 31,2% y del 10% desde noviembre de 2009 y desde enero de 2014, respectivamente, hasta noviembre de 2015.

Por otra parte, una vez corregido el TCEN por los índices de precios al consumo relativos, el tipo de cambio efectivo real (TCER, Real Broad Effective Exchange Rate [4]) del yuan con el conjunto de los principales socios comerciales de China registra también una importante apreciación (apreciación real, pérdida conjunta de competitividad-tipo de cambio nominal y competitividad-precio) del 37,1% y del 8,8% desde noviembre de 2009 y desde enero de 2014, respectivamente, hasta noviembre de 2015.

La apreciación nominal y real del yuan con el conjunto de los principales socios comerciales de China tiene efectos muy negativos para la economía china. En primer lugar, resta competitividad al sector exportador y, por contagio, al sector bancario, al aumentar el número de quiebras empresariales y la proporción de préstamos de dudoso cobro que ya situaban en el 33% a finales de 2014. En segundo lugar, la apreciación nominal con la moneda estadounidense reduce el valor en yuanes de las reservas en dólares, que ascienden a más de 3,33 billones de dólares a finales de 2015. De este modo, una apreciación del 10% supondría unas pérdidas de 333.000 millones de dólares (4,3% del PIB de China en 2014). Simultáneamente, aumentaría el valor en yuanes de los préstamos dudosos y de los activos del sistema bancario. En este caso, recapitalizar los bancos públicos recurriendo a las reservas de divisas, como ya se hizo en 2003, tendría ahora un mayor coste.

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[1] El tipo de cambio real bilateral (o multilateral/efectivo) es en ocasiones definido como TCR = (E P*)/P. En este caso, la interpretación económica es la contraria: un aumento (caída) del TCE indica una depreciación (apreciación) real de la moneda nacional con la moneda extranjera y, por lo tanto, supone para el periodo considerado una ganancia (pérdida) de competitividad con el país extranjero.

[2] En los manuales de economía internacional al TCR se suele denominar con el símbolo q para diferenciarlo del TCN que se denomina con el símbolo E.

[3] En términos de los IPC relativos.

[4] Véase la metodología de construcción de los TCEN y los TCER en  la publicación del BIS.

Impuestos contra la obesidad

A finales de 2014, mi compañero de Departameno @InakiErauskin se preguntaba si la obesidad es la nueva plaga de la humanidad.  Parece que la respuesta es afirmativa, ya que la obesidad está ligada a enfermedades como la diabetes, las afecciones cardiacas y otras enfermedades crónicas.

México es un país donde la obesidad es especialmente grave. Se estima que el 73% de los adultos tiene sobrepeso (un índice de masa corporal superior a 25), y el 33% de los adultos es obeso (un índice de masa corporal superior a 30). Para atajar este problema, el gobierno mexicano introdujo el 1 de enero de 2014 un impuesto del 9% sobre las bebidas que añadían azúcares. Las bebidas más consumidas de esta categoría son los refrescos y, entre ellos, la Coca Cola. El consumo de refrescos parece estar ligada a la obesidad, ya que estas bebidas no reducen el apetito y, por tanto, no merman el consumo de otras calorías.

La lógica económica de la medida del gobierno mexicano es sencilla. Si el impuesto eleva el precio de los refrescos, los consumidores los sustituirán por bebidas a las que no se les aplica el impuesto, es decir, las que no tienen azúcares añadidos. De esta forma, se reduce el consumo de calorías y el sobrepeso.

¿Ha tenido éxito el impuesto contra la obesidad? Para responder a esta pregunta, Jeffrey Grogger, profesor de la Universidad de Chicago, ha seguido la evolución de los precios de los refrescos y de otras bebidas desde que se introdujo la medida, en enero de 2014, hasta marzo de 2015. El estudio muestra que al introducir el impuesto aumentó el precio de los refrescos; es decir, los fabricantes no compensaron el efecto del impuesto con una reducción de los márgenes. El profesor Grogger no tiene datos de consumo; en todo caso, parece razonable esperar que un aumento del precio fuese acompañado por una reducción en el consumo de los refrescos con azúcares añadidos. Además, estudios previos qué sí midieron el cambio en el consumo durante los primeros tres meses desde que se introdujera el impuesto, confirman la caída en la venta de refrescos. A continuación, Grogger analiza el precio de los refrescos bajos en calorías, o de dieta, a los que no se les aplicó el impuesto. Si los consumidores mexicanos han sustituido los refrescos con azúcares añadidos por refrescos bajos en calorías, el precio de éstos últimos también debería aumentar. Y, efectivamente, el precio aumenta en un 4%. Asimismo, Grogger analiza el precio de bebidas que no tienen azúcares añadidos, pero que sí tienen un alto contenido calórico, como algunos zumos y la leche, y no encuentra un aumento en los precios.

En suma, los datos sugieren que los mexicanos han reducido el consumo de refrescos con azúcares añadidos. El consumo no se ha trasladado a bebidas de alto contenido calórico, sino a bebidas de bajo contenido calórico. Por tanto, parece que la medida ha funcionado. Los impuestos sí pueden combatir la obesidad.

 

Pacto y reforma

Dónde está el peligro también está la salvación. Sin ignorar los riesgos, hay que aprovechar las oportunidades. Se trata de España, y del complejo escenario que estrena 2016.

Tres problemas comparecen simultáneamente. El primero es Cataluña. Primero y principal: no es de naturaleza jurídica, ni tampoco ya de contenido económico; es de orden político, y del nivel más alto por razones obvias: el desafío independentista marca el paso. El segundo es la economía: conseguir dar continuidad a la recuperación que en el curso del año pasado ha cobrado fuerza, pero que encara obligadamente un triple reto: uno, la enorme tasa de paro, cuyos componentes crónicos serán difícilmente combatibles sin avanzar en la modernización del mercado laboral; otro, las finanzas públicas, con un déficit que se resiste a bajar y con un endeudamiento que alcanza el cien por cien del PIB; finalmente, el sector exterior, para mantener su buen desempeño de los ejercicios más recientes en el marco de un crecimiento que ahora se anuncia “decepcionante” para la economía mundial. El tercer problema tiene carácter envolvente pues atiende a la regeneración institucional y al rearme moral tan insistentemente demandados por la ciudadanía; exigencia de regeneración y rearme que explica cumplidamente los resultados del 20D.

Todo ello conforma una situación hasta un punto inédita —es el término hoy más repetido— en la democracia española, sin duda amenazante aunque también promisoria: una oportunidad de relegitimación de un sistema que tantos logros ha cosechado para la España de nuestro tiempo en términos de prosperidad económica, apertura internacional y cohesión social. La pelota está en el tejado de los partidos políticos; y la sociedad civil debe pedírselo imperiosamente.

Así lo hace, por ejemplo, el reciente pronunciamiento del Círculo Cívico de Opinión a favor de abordar en la legislatura que comienza una profunda reforma política en tres etapas sucesivas. Como punto de arranque, un gran pacto político entre los principales partidos que ratifique la unidad de España y la obligación de respetar la Constitución y las leyes, también para cualquier modificación de las mismas. Acto seguido, la formación de un gobierno estable que encare los numerosos problemas de ineficiencia institucional en las administraciones públicas, en el funcionamiento de los partidos políticos, en la ley electoral, en la gigantesca y anquilosada clase política, en el desaforado aforamiento, en el burocrático funcionamiento del Congreso y del Senado, en la fiscalidad y en el sistema de financiación autonómica. El corolario —o tercer paso— la reforma de la Constitución de 1978. Renovación del texto constitucional que ha de tener como parte esencial una nueva articulación territorial del Estado como alternativa al actual dilema catalán entre la independencia y el statu quo, y que deberá ser refrendada en referéndum en toda España, lo que quiere decir también en Cataluña, integrando de nuevo así a la ciudadanía catalana en un proyecto común.

La ocasión es propicia, no debe desperdiciarse. Que no nos sea aplicable la sentencia de Yeats, tan oportunamente recordada estos días: “los mejores carecen de toda convicción y los peores están llenos de apasionada intensidad”.

Año de transiciones

El comportamiento de la economía global, también de la eurozona y la española, estará condicionado por una serie de factores que aun cuando abiertos en el pasado, será en 2016 cuando probablemente concreten su definitiva transición. El asentamiento de las economías emergentes en una senda de menor crecimiento, la adaptación a las políticas monetarias divergentes en EEUU y en la Eurozona y la situación política en España podrían alterar el escenario de estabilidad con el que despedimos 2015.

Apenas iniciado 2016, la directora-gerente del FMI ya se ha apresurado a anticipar que será un año de “crecimiento económico global decepcionante”. En el mejor de los casos será del 3,5%, la última previsión del FMI, un punto inferior al promedio de la década previa a la emergencia de la crisis. No son pocos los analistas que reducen ese ritmo medio al 2,5%, coexistiendo con un crecimiento del comercio internacional inferior incluso al del PIB global, en un contexto geopolítico no más favorable que el observado en 2015.

1. Emergentes hacia menor crecimiento.

 La primera de las transiciones que tendrá lugar en este año es en la tracción de la economía global: desde las economías emergentes que en la década anterior contribuyeron con la mitad del crecimiento mundial a las avanzadas. Con todo, la expansión de estas últimas será insuficiente para mantener ritmos aceptables de crecimiento.

Ha sido el pronunciado descenso de los precios de las materias primas desde hace ya más de año y medio la causa principal de esa contracción en el crecimiento. Solo poco más de cincuenta de las economías clasificadas de bajos ingresos por las agencias multilaterales disponen de una estructura de exportaciones suficientemente diversificada para no sufrir las consecuencias de la atonía global. Desde luego los daños ya son suficientemente explícitos en los dependientes de las ventas de hidrocarburos. Pero también los exportadores de productos agrícolas que llevan casi cuatro años con menores ingresos. La transición a un nuevo ciclo de precios de materias primas es la principal incógnita respecto al futuro de esas economías. A clarificar ese horizonte, especialmente en lo que hace al petróleo, no contribuye la agudización de tensiones en algunos países productores, Arabia Saudí sin ir más lejos.

Del bloque emergente hay que diferenciar lógicamente a China e India, beneficiarias en cierta medida de esos menores costes de las materias primas, pero inmersas en su particular adaptación interna. Especialmente la primera, que trata de adecuar su patrón de crecimiento a un mayor protagonismo del consumo interno, por un lado, y al necesario control de un sistema financiero cuya estabilidad fue cuestionada el pasado agosto, cuando sus autoridades sorprendieron dejando depreciar el tipo de cambio del yuan. Este episodio, recordemos, fue suficiente para aplazar la decisión de la Reserva Federal de elevación de sus tipos de interés. Los elevados niveles de endeudamiento privado, en gran medida comunes a otras economías emergentes, son por si solos una amenaza a la estabilidad global.

Las paradojas de las taxonomías al uso no pueden impedir verificar que la de China es la segunda economía más importante del mundo por la dimensión de su PIB y por la contribución al comercio global. Y de la transición en curso, del tipo de aterrizaje a ritmos de crecimiento sostenibles, dependen otras economías emergentes y algunas avanzadas que son importantes exportadores, como Alemania.

En la volatilidad de sus mercados de acciones observada en esta semana cotizan sin duda las dificultades de esa transición de su sistema financiero hacia uno más homologable con los avanzados, pero también el continuado descenso de su actividad manufacturera.

2. La gran Divergencia.

La segunda transición, no menos ignota, carente de observaciones empíricas que ayuden a anticipar sus consecuencias, es la protagonizada por esa Gran Divergencia en políticas monetarias entre los dos grandes bloques económicos del mundo. La Reserva Federal empeñada en la vuelta a una normalidad tras siete años de laxitud excepcional, y el BCE prolongando quizás más allá de este año su tardía orientación expansiva con el fin de evitar males peores.

La estabilidad financiera global dependerá también de la coexistencia de ambas orientaciones monetarias. Mas sensibles ya se han mostrado aquellas economías emergentes expuestas a la apreciación del tipo de cambio del dólar, en especial las que mantienen niveles de endeudamiento elevados en esa divisa. Pero también los efectos de esa asimetría monetaria y la eventual volatilidad asociada podrían manifestarse en los sistemas financieros de economías avanzadas, en particular en el sector de la gestión de activos.

La mayor solidez de los sistemas bancarios en general, no impide constatar vulnerabilidades en aquellos como los de la eurozona obligados a capear esa transición a la normalidad monetaria con márgenes de intermediación estrechos, también propiciadores de una mayor agresividad en la inversión, susceptible de amplificar episodios de inestabilidad financiera.

Esas dos transiciones – hacia una menor expansión de las emergentes y hacia la normalidad monetaria– condicionarán el comportamiento de las economías avanzadas. A pesar de la inequívoca recuperación de EEUU y Reino Unido ambas crecerán por debajo del promedio de los años anteriores a la crisis y menos también que en cualquier otra fase de recuperación precedente.

El crecimiento económico de la eurozona, previsto en el entorno del 1,5% en este año coexistirá con bajos niveles de inversión, débil crecimiento de la productividad y reducidas contribuciones de las exportaciones que no favorecen la transición a la normalidad. Por el contrario, propician que la eurozona convierta en realidad esas invocaciones al “estancamiento secular”, a una larga fase en la que a pesar de bajos tipos de interés la debilidad de la demanda siga inhibiendo la confianza y las decisiones de inversión.

Transiciones abiertas en Europa son también las derivadas de la crisis de los refugiados o de la posibilidad de abandono de Reino Unido de la UE, que tampoco favorecen una clarificación del entorno más inmediato en el que la economía española se desenvolverá.

3. La transición española.

Es difícil que la economía española se sustraiga a las contingencias comentadas. En especial cuando en su recuperación han sido tan determinantes esos vientos de cola asociados a un entorno exterior favorable desde 2013: el descenso en los precios de las materias primas, la política monetaria expansiva del BCE y la consiguiente depreciación del tipo de cambio del euro. El mejor de los escenarios es el previsto por la mayoría de las agencias multilaterales y analistas en otoño en el que anticipaban un crecimiento para este año apenas medio punto inferior a ese 3,2% para 2015.

A esa incertidumbre se añade la más específica vinculada a la situación política española: a la capacidad para definir un gobierno en un plazo relativamente cercano. La situación en Cataluña, y las exigencias de negociar con la Comisión Europea nuevos objetivos de déficit público son las tareas más perentorias. Que los mercados financieros, en especial los más sensibles de deuda pública, no hayan dado hasta ahora muestras de gran inquietud por esa transición no debería servir de excusa para tratar de prolongar excesivamente la transición abierta hacia un nuevo gobierno.No solo porque las necesidades de renovación y emisión de deuda pública en 2016 serán elevadas, sino porque la ampliación del potencial de crecimiento de nuestra economía requiere de decisiones rápidas y de amplio respaldo.

(Diario El País: 10/01/2016)

Los empleos de empresas de alta tecnología se concentran en algunas ciudades de EE.UU.

Los empleos en las empresas de alta tecnología (high-tech industries) van en aumento en EE.UU. pero se concentran cada vez más en un número reducido de ciudades o áreas metropolitanas que constituyen clústers tecnológicos.

En el siguiente gráfico se presenta con cifras de 2014 el porcentaje de empleos de empresas de alta tecnología (19 categorías de empleos en su mayoría del ámbito del software) sobre el empleo total de las 49 mayores ciudades y áreas metropolitanas de EE.UU.

Lidera el ranking San Jose, California, con un 16,2% de empleos en empresas de alta tecnología, seguidos de Washington D.C. (8,2%), Seattle, Washington State (7,7%), Austin, Texas (7,4%), San Francisco, California (6,6%), Boston, Massachussets (6,3%), Raleigh, Carolina del Norte (6,2%), Denver, Texas (5,5%), Baltimore (5,2%) y Dallas, Texas (5,1%). En el conjunto del país los empleos de las empresas de alta tecnología representaban en 2014 el 3,5% de los empleos.

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En el siguiente cuadro (hacer clic para verlo más grande) se muestra para el año 2014 los números de empleos en empresas de alta tecnología (subdividido en 19 categorías de empleos) y el % de estos empleos en el total de empleo de 11 ciudades y áreas metropolitanas de EE.UU. (y en el conjunto del país). Aparecen ahora en la lista dos nuevas ciudades pequeñas pero que también tienen alta concentración de empleos en estas industrias: Durham-Chapel Hill, Carolina del Norte (8%) y Salt Lake City, Utah (4,1%).

Por tipo de empleo, de los 4.782.260 de puestos en EE.UU. se concentran más de 1/3 en los desarrolladores de software y aplicaciones (14,4% del total), en especialistas en apoyo a los usuarios de ordenadores (11,8%) y en  analistas de sistemas de ordenadores (11%).

El Austin Technology Council publicó en mayo de 2015 un informe sobre la situación de la demanda y oferta de empleo de las empresas de alta tecnología en EE.UU. En el informe se presentaba una estimación del crecimiento de estos empleos para el periodo 2014-2020. Como se muestra en el siguiente gráfico, la estimación era superior al 10% en alguna de las ciudades ya mencionadas anteriormente. En concreto, la demanda de trabajadores altamente cualificados crecerá por encima del 10% en Seattle (un 16%), Salt Lake City (15,5%), San Francisco (14.8%), Raleigh (11,4%) y Austin (11,0%).

Los trabajadores extranjeros son vitales para las empresas de alta tecnología de los EE.UU. porque cubren una brecha creciente en la demanda de titulados en ciencias, matemáticas e ingeniería. El número de ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes legales con títulos de posgrado en ingeniería eléctrica se redujo en un 5% para los programas de doctorado y un 11% para los grados de maestría entre 1995 y 2013, según un estudio publicado recientemente por la National Foundation for American Policy, una organización no lucrativa que tiene entre sus objetivos el estudio de las cuestiones relacionadas con la inmigración.

Los visados H-1B son los que que permiten a las empresas de EE.UU. contratar a trabajadores extranjeros altamente cualificados. En 1990, el Congreso de los EE.UU aprobó una ley que limitaba el número máximo de visados generales de empleo (tarjetas verdes) a 140.000 y a los visados especiales H-1B a 65.000 al año, y no se ampliado estas restricciones desde entonces. Hay 20.000 visados adicionales para extranjeros que hayan obtenido títulos de posgrado y de doctorado de las universidades americanas. En este año 2015, la asignación de H-1B se cubrió en la primera semana de solicitudes. Este tema ha entrado con fuerza en la actual campaña presidencial y varios empresarios de compañías de alta tecnología están demandando que el nuevo Presidente solicite al Congreso la ampliación del cupo máximo de visados H-1B.

Canadá se ha adelantado a los EE.UU. y recientemente ha introducido un nuevo tipo de visado especial (start-up visa) para empresarios extranjeros altamente cualificados.

Indicador de coyuntura: Diciembre 2015

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de noviembre con los datos publicados hasta octubre de ventas y producción industrial, y hasta noviembre de renta y de afiliados. Como mensaje para terminar el año 2015, el indicador indica que la recuperación de la actividad que se inició en 2013 se confirma en 2014 y se afianza en 2015. No obstante, parece que el ritmo de la actividad económica ha perdido vigor desde la segunda mitad de 2015. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en noviembre es de 3,5, un poco por debajo de los valores que presentaba a principio de año cercanos a 5.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE presentan valores por debajo de los registrados en el mes anterior. La producción industrial y las ventas crece en octubre -0,3% y 2,8%, frente a los valores que presentaron en septiembre de 3,7% y 3,4%. Por su parte, la renta y los afiliados pasan de crecer 5,8% y 3,8% en octubre a crecer 4,2% y 2,8% en noviembre.

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Como es costumbre en la última entrada del año me gusta hacer un pequeño balance de la evolución económica anual. El 2015 comenzó con valores del indicador cercanos al 5% aunque desde el pasado verano la evolución del indicador muestra síntomas de agotamiento. Esta evolución coincide con la que han marcado otros indicadores de actividad económica como el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que elabora el Ministerio.

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La pérdida de vigor en el movimiento de los indicadores coincide con la evolución del PIB de la economía española. El primer trimestre del año empezaba creciendo un 0,9%, el segundo trimestre aceleró su ritmo de crecimiento al 1% y acabó el tercer trimestre subiendo un 0,8%.

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¿Qué podemos esperar en el cuarto trimestre? De consolidarse las tendencias registradas en los indicadores disponibles a la fecha de cierre del último observatorio económico del Servicio de Estudios del BBVA publicado a comienzos de diciembre y siguiendo el modelo de previsión de corto plazo conocido como MICA-BBVA, se estima que el avance trimestral del PIB podría alcanzar un 0,8%, situándose en valores cercanos a los del trimestre precedente. Por tanto, se confirmaría que el crecimiento de la economía española seguiría siendo sólido.

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