El índice Nasdaq alcanza los niveles récord de 2000: ¿nueva burbuja tecnológica en el horizonte?

Una burbuja especulativa es un fenómeno económico que consiste en un aumento desproporcionado del precio de algún activo, de forma que dicho precio se desvía sustancialmente de su valor teórico. Esta situación aparece como consecuencia de la especulación, de ahí el nombre de burbuja especulativa, y se mantiene hasta que finaliza la euforia y se produce un cambio en las expectativas de los inversores, que pierden la confianza en el mercado. La pérdida de confianza en el valor genera un período de pánico financiero en el que los inversores se apresuran a vender el activo con el objetivo de minimizar sus pérdidas o de obtener beneficios, provocando con su actitud una caída repentina y brusca de los precios del objeto de la especulación, que en determinadas circunstancias puede ocasionar un crack bursátil que produce una enorme caída de la riqueza financiera, e incluso una recesión económica.

La llamada burbuja “puntocom” fue una burbuja especulativa tecnológica que se generó entre 1995 y 2000 en el mercado de valores tecnológicos de EEUU, representado por el índice Nasdaq composite de Nueva York, donde las empresas tecnológicas, de telecomunicaciones y de internet (llamadas “puntocom”) vieron incrementado rápidamente el valor de su acciones. La salida a Bolsa de Netscape (compañía que ofrecía un navegador con el mismo nombre) en 1995, marcó el inicio de esta burbuja. Desde entonces y hasta el año 2000, se produjo una avalancha de operaciones en el sector “online”, en su mayoría fruto de la especulación.

En concreto, la burbuja especulativa tecnológica se sustento en promesas de grandes ganancias con baja inversión, fácil disponibilidad de capitales de riesgo, y nuevas empresas que ya no utilizaban los modelos de negocios y de organización tradicionales. Por ejemplo, estas empresas veían crecer de una manera desmesurada el número de sus clientes, a pesar de que tenían enormes pérdidas anuales o escasos beneficios.

La cima de la burbuja se alcanzó el 10 de marzo de 2000, cuando el mercado de empresas tecnológicas que formaban parte del índice Nasdaq composite llegó al punto máximo de 5048,62 puntos. El nivel de especulación era tan alto, que el valor de las empresas subía simplemente por tener en su nombre una “e-” (de “electronic”) como prefijo o un “.com” como sufijo.

Entre el 10 de marzo de 2000 y el 30 de septiembre de 2002, el índice Nasdaq composite de Nueva York perdió el 76,8% de su valor, al pasar de 5048,62 a 1172,06 puntos. La burbuja especulativa se pincho y provoco la crisis de las “puntocom”, una fuerte caída del valor bursátil de las empresas y las posteriores quiebras, fusiones y adquisiciones. Algunos estudios estiman que en el periodo 2000-2003 desaparecieron casi cinco mil compañías de internet por quiebra, fusión o adquisición.

No obstante, pese a la gran caída de sus acciones en el mercado de valores, muchas de estas empresas sobrevivieron, incluso utilizando estos nuevos tipos de negocios que habían hecho quebrar a muchas otras.

En el siguiente gráfico se representa la evolución temporal histórica de los índices Nasdaq:

- El índice Nasdaq composite es un índice bursátil de Estados Unidos, que refleja la evolución de aproximadamente las 3.000 empresas nacionales y extranjeras con mayor capitalización que cotizan en el Nasdaq Stock Market. Toma el valor 100 el 5 de febrero de 1971. Entre las empresas que forman parte de este índice, se encuentran algunas como, por ejemplo, Apple, Amazon, Microsoft, Cisco, Dell, Intel Corporation, Google, Oracle, Yahoo y Elizabeth Arden.

- El índice Nasdaq 100 es un índice bursátil de Estados Unidos, que refleja la evolución de las 100 empresas nacionales y extranjeras con mayor capitalización bursátil que cotizan en el mercado electrónico del Nasdaq (Nasdaq Stock Market). Toma el valor 100 el 2 de enero de 1986. Se incluyen dentro de este índice, empresas de telecomunicaciones, venta al comercio al por mayor y al por menor, empresas de hardware y software y de biotecnología, siempre y cuando formen parte del Nasdaq Stock Market.

Los mercados financieros viven en la actualidad con un miedo latente a que se haya desencadenado una nueva burbuja tecnológica y que esta pueda pinchar como en el año 2000. Una prueba que se introduce en este debate son los niveles récord que alcanzan los índices Nasdaq.

Como se puede ver en el gráfico, los últimos datos del 8 de diciembre de 2014 sitúan al índice Nasdaq composite y al índice Nasdaq 100 a un 6% y 6,7% de alcanzar los récord históricos del 10 de marzo de 2000, fecha de inicio del pinchazo de la burbuja tecnológica “puntocom” del 2000.

En este contexto, en la prensa estadounidense y en los círculos financieros de Wall Street ha vuelto a aparecer la temida palabra burbuja financiera tecnológica. Parte de los analistas se cuestiona ya si las empresas tecnológicas están sobrevaloradas, tal y como sucedió en el año 2000. Sin embargo, los analistas más optimistas señalan que la naturaleza y el comportamiento de las compañías tecnológicas incluidas en los índices Nasdaq ha cambiado desde el año 2000. En aquella burbuja tecnológica, las empresas eran valoradas por los mercados sin contar con un recorrido previo y las altas valoraciones de sus acciones se sustestaban en función del éxito futuro potencial. Los inversores formaban sus expectativas en función del futuro y en lo intangible. En la actualidad, las empresas tecnológicas tienen que demostrar que son capaces de generar beneficios y que tienen un proyecto solvente para obtener el apoyo de los inversores.

¿Se puede reindustrializar España? (y II)

En una entrada anterior se ha hecho referencia a las propuestas de reindustrialización surgidas en la UE y EE.UU en fechas recientes. En esta entrada vamos a analizar hasta qué punto puede decirse que España está experimentando un proceso de desindustrialización y también hablaremos de los factores que contribuyen a la pérdida de peso de la industria.

La relación entre la participación de la industria en el empleo total y el nivel de renta per cápita de los países  tiene forma de U invertida. En las fases iniciales del desarrollo crece la participación de la industria y a partir de un punto comienza a descender de forma regular. Se trata de un fenómeno bastante documentado: ver, por ejemplo, el  Gráfico 4 de este artículo de M. Sposi y V. Grossman, (aquí).

En el Gráfico que se reproduce a continuación se compara la trayectoria de las manufacturas en España con la senda media de los países de la OCDE. El trazo negro es la relación en forma de U invertida, mencionada en el párrafo anterior, para la trayectoria promedio que han seguido los países de la OCDE. Los puntos azules describen la trayectoria que ha seguido España desde 1980.

Relación entre el peso del empleo manufacturero y el PIB per cápita en los países de la OCDE. En azul la trayectoria de España

Grafico desindustrializacion

 Fuente: Elaboración propia con datos de OCDE, STAN Rev. 2008

Los rasgos más sobresalientes de la comparación se pueden resumir en tres puntos. En primer lugar,  España se sitúa por debajo de la senda media de la OCDE. Esto quiere decir que, para un nivel dado de PIB per cápita, el peso de las manufacturas en el empleo es en España aproximadamente 3 puntos porcentuales inferior al que le correspondería de acuerdo con el patrón medio de la OCDE. En segundo lugar, este fenómeno se produce desde los primeros años de la década de 1980, coincidiendo con el proceso de Reconversión industrial que se produjo entonces. En tercer lugar, en los diez últimos años, el peso de las manufacturas cae relativamente más en España, pudiendo afirmarse que hay una divergencia creciente con respecto al patrón medio de la OCDE. En resumen, de la comparación parece desprenderse que España está experimentando un proceso de desindustrialización semejante al de otros países desarrollados pero de magnitud más intensa, sobre todo en los quince últimos años.

Constatado lo anterior, podemos preguntarnos por los factores que hay detrás de la pérdida de peso de la industria en la actividad económica. En principio, estos factores pueden agruparse en tres grandes categorías.

La primera podría calificarse con el término: cambio estructural. La productividad de la industria crece más que la del resto de sectores y da lugar a una disminución de sus precios relativos. En paralelo, la demanda relativa de los bienes industriales no ha respondido a estos menores precios relativos con un aumento del consumo relativo de bienes industriales sino, al contrario, con reducciones sistemáticas (en las últimas décadas el gasto nominal en bienes respecto a servicios ha estado cayendo a tasas anuales superiores al 1% anual en la mayoría de países desarrollados). Por tanto, la evolución del empleo industrial ha quedado, durante las últimas décadas, en todos los países desarrollados, por detrás de la evolución de los servicios. Es decir, el crecimiento económico desencadena un mecanismo de cambio estructural que hace que el sector industrial, a través del juego de su productividad, precio y demanda relativas, reduzca su peso en el conjunto de la economía. R. Lawrence y L. Edwards (aquí) lo han analizado para EEUU y su conclusión es que este fenómeno, el cambio estructural, es el factor explicativo más importante para dar cuenta de la disminución del tamaño relativo de la industria de EEUU, hasta suponer, en la actualidad, menos del 10% del empleo total. Para los países de la UE, R. Veugelers (aquí) ofrece evidencia similar.

La segunda está relacionada con el comercio exterior. Una demanda interna abastecida de forma creciente por importaciones puede erosionar el empleo de los sectores más expuesto a la competencia exterior. El conocido artículo de D. H. Autor, D. Dorn y G. H. Hanson (aquí), que analiza el impacto de las importaciones chinas (estrechamente relacionadas con el offshoring) sobre el empleo manufacturero de EEUU, tomando como referencia más de setecientas áreas metropolitanas, llega a la conclusión de que el 25% de la caída del empleo manufacturero se ha debido al aumento de dichas importaciones. Un ejercicio de enfoque similar hecho con datos de provincias españolas por V. Donoso, V. Martín y A. Minondo (aquí) obtiene como resultado un efecto de magnitud similar. Sobre esta cuestión A. Minondo ha escrito una interesante entrada en este blog (aquí).

Hay una tercera categoría de carácter residual que, a falta de mejor nombre, llamaré: otros factores. Éstos incluyen la externalización de actividades de servicios que antes se realizaban dentro del perímetro del sector y que pasan a contratarse fuera de él. La compra externa de servicios (publicidad, auditoria, sistemas de información, formación de personal, etc.) representa una fracción creciente del output industrial (aquí, evidencia para varios países europeos). Otro factor que hay que incluir en esta tercera categoría es la creciente terciarización de la industria. Las empresas industriales producen cada vez más, de forma integrada, servicios. Por esta razón, muchas dejan de realizar como actividad principal tareas industriales. Un estudio reciente sobre Dinamarca, de A. Bernard, V. Smeets y F. Warzinski (aquí), concluye que en torno a la mitad de la reducción en la cuota del empleo manufacturero, la desindustrialización a la que nos estamos refiriendo, se debe a cambios de actividad de las empresas desde la industria hacia los servicios.

Los factores señalados han sido examinados en un artículo que aparecerá próximamente en un número monográfico sobre la industria española de Papeles de Economía Española (aquí), escrito en colaboración con Ana Martín-Marcos y Francisco J. Velazquez. En él llegamos a la conclusión de que los tres factores indicados contribuyen al proceso de desindustrialización de España, así como al de otros países de la UE. Aunque no podemos decir la magnitud con la que contribuye cada uno de ellos, se desprende del análisis que el cambio estructural, la externalización de servicios y la terciarización de la industria, que son factores relativamente permanentes, van a seguir actuando en los próximos años. Por tanto, es un poco temerario formular objetivos de reindustrialización en términos de incrementar el peso de la industria. La pérdida de peso relativo de la industria, tanto en empleo como en valor añadido, es previsible que continúe los próximos años.

Las reflexiones anteriores no pretenden agotar, como es obvio, un tema muy amplio y con muchas vertientes de análisis. El cambio tecnológico actual está modificando la naturaleza de la industria, como en el pasado el desarrollo industrial modificó la posición de la agricultura en el sistema económico. Comprender estos cambios es clave para diseñar una política industrial nueva que contribuya al crecimiento económico. He tratado de argumentar que la fijación de objetivos cuantitativos sobre el porcentaje que debe alcanzar la industria en el PIB no ayuda demasiado a formular políticas que promuevan el fortalecimiento de la industria.

 

¿Se puede reindustrializar España? (I)

 

La crisis ha hecho renacer el interés por la industria. La situación de declive relativo en que se encuentra la actividad industrial frente a los servicios, ha dado impulso a la idea de desarrollar políticas que promuevan la existencia de un sector manufacturero sólido y estable. Aunque no se diga, detrás de este planteamiento subyace la idea de buscar una especialización productiva con mayor peso de sectores de alto valor añadido, elevada productividad y con cualificación del empleo y salarios altos. En el sector manufacturero hay un núcleo amplio de actividades que cumple estos requisitos.

La UE parece estar a favor de este enfoque reindustrializador. El actual Presidente de la Comisión Europea, en la presentación de sus orientaciones políticas al Parlamento Europeo, en julio de 2014, dice: “debemos elevar el peso de la industria en el PIB de la UE, desde el 16% actual al 20% en 2020” (aquí). Este punto de su agenda se apoya en una Comunicación de la anterior Comisión Europea (COM-508), del año 2012, donde se define un esquema nuevo de política industrial para los países de la UE. El esquema está basado en seis líneas de actuación prioritarias: tecnologías avanzadas de fabricación, tecnologías facilitadoras esenciales, bioproductos, construcción y materias primas sostenibles, vehículos limpios y redes inteligentes. (aquí)

El objetivo de la agenda de Jean-Claude Juncker está basado, por tanto, en una estrategia bastante elaborada que recoge explícitamente un planteamiento de reindustrialización de la UE. Este nuevo enfoque define objetivos sectoriales concretos y rompe en cierta medida con una política anterior de corte más horizontal.

Al otro lado del Atlántico encontramos planteamientos de política industrial similares. En su Discurso del Estado de la Unión de 2012, Barak Obama defiende un programa de medidas para conseguir que “la recuperación económica comience por las manufacturas” (aquí).

Aunque puede decirse que el objetivo de reindustrialización es similar en Europa y en EE.UU, sin embargo hay diferencias importantes de planteamiento. El de la Administración Obama se basa en la idea de conseguir relocalizar en suelo de EE.UU. actividades manufactureras de empresas que practicaron con intensidad el offshoring durante las dos últimas décadas. En el caso de la UE el planteamiento está más relacionado con la idea de invertir la tendencia de declive industrial en Europa y de recuperación del terreno perdido en el ámbito de las nuevas tecnologías.

Siguiendo una orientación parecida, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo ha presentado, en septiembre de 2014, una Agenda para el fortalecimiento de la industria en España que establece como criterio la “necesidad de cambiar el modelo productivo para que la industria tenga un mayor peso en el PIB nacional” (aquí). El documento no cuantifica, como ha hecho la UE, el porcentaje en que debe incrementarse el peso relativo de la industria.

Se advierten algunas otras diferencias de enfoque con respecto a la UE. La Agenda contiene una lista muy amplia de medidas agrupadas en diez líneas de actuación que pertenecen, en la mayoría de casos, al ámbito de las políticas horizontales (I+D+i, apoyo a la internacionalización, etc.). Es decir, la propuesta no está tan orientada a objetivos sectoriales o tecnológicos concretos ni tiene un enfoque novedoso como el documento de la Comisión Europea.

Es fácil justificar el interés de promover un sector manufacturero sólido y con un peso relativo creciente. El gráfico ilustra el papel que juega este sector en la exportación (el porcentaje que supone de las exportaciones totales), en el gasto empresarial en I+D o en el crecimiento de la productividad agregada. En la UE el peso relativo del sector está entorno al 15% y las contribuciones superan todas el 50%. En España la situación no es muy distinta salvando la contribución algo menor de la productividad.

grafico UE

Grafico Spain

 Fuente: R. Veugelers (2013) Manufacturing Europe’s future (2013), para los datos de la UE e INE para España

 

Respecto al planteamiento más frecuente de política económica que busca cambiar el modelo productivo a través de reformas de los mercados de factores y de productos, modificando las condiciones en que se produce, la propuesta de reindustrialización apunta de manera más directa hacia cambios en qué producir. ¿Es realista este planteamiento en el contexto de España? En una próxima entrada seguiremos tratando esta cuestión.

La mejor “Marca España”

Con tanto ruido ambiente en nuestro escenario nacional, se corre el riesgo de no prestar atención a hechos tan alentadores como ajenos al alboroto; ya lo dijo Goethe: “solo el bien es silencioso”.

Por eso conviene dar aquí la bienvenida a una obra (“España en la inversión directa internacional”) que ofrece un análisis excelente de la inversión extranjera directa (IED) española, acaso el flanco más positivo y prometedor del desempeño de nuestra economía en el curso de los dos últimos decenios. Dirigida por un prestigioso economista académico, Rafael Myro, y editada con esmero por el Instituto de Estudios Económicos, reúne las firmas de una decena de reconocidos expertos que abordan, siguiendo un esquema eficazmente vertebrado, la inserción de España, como receptora y como emisora, en un proceso global de flujos internacionales de capital extraordinariamente dinámico desde finales de los años noventa. Proceso en el que España avanza a pasos agigantados, pasando de receptor neto a importante inversor en el exterior, de modo que el volumen de stock de capital de nuestras empresas multinacionales ya iguala al que poseen las extranjeras en el territorio nacional.

Una buena parte de las aportaciones más llamativas del libro se centra precisamente en el estudio del espectacular crecimiento de la inversión de las empresas españolas en el exterior. Son ya 2.500 con 4.500 filiales en el exterior. Las grandes, por supuesto, absorben un gran porcentaje del total, pero ese universo está cada vez más nutrido de empresas medianas con una admirable vitalidad. Son empresas de banca, telecomunicaciones, energía y comercio, pero también de manufacturas, ocupando ahí posición prominente metalurgia, minerales no metálicos, química, alimentación y vehículos y piezas. La Unión Europea (41 por ciento del total) y Latinoamérica (30 por ciento) son las localizaciones preferentes, en un caso por cercanía geográfica e institucional y en otro por esa valiosísima proximidad que procuran lengua y cultura comunes. Es un esfuerzo inversor que resulta rentable para quienes lo hacen y que tiene efectos muy positivos para el conjunto de la economía española. La rentabilidad obtenida por las empresas españolas en el exterior (promedio del 12 por ciento sobre los fondos propios) supera holgadamente a la lograda en el mercado nacional, lo que debe interpretarse como un respaldo a su estrategia de internacionalización, buscando afirmar las economías de escala y rentabilizar activos intangibles, de la mano casi siempre del incremento de las exportaciones. Al tiempo, la repercusión de esas inversiones foráneas de empresas españolas ha sido muy favorable —tómese buena nota— en términos de creación de empleo aquí, de igual modo que sobre la cualificación laboral, la intensidad tecnológica y las exportaciones. Incidencia positiva, en suma, de la IED sobre la economía española, que debe actuar como estímulo para reforzar la política de promoción de nuestra inversión en el exterior, complementando las acciones de las agencias especializadas —ICEX a la cabeza— con algunas otras que exhiben las oficinas innovadoras de los principales países desarrollados. Nos va a todos —esto es, a los intereses generales del país— mucho en ello. Nuestras empresas en el exterior son —nadie lo dude— la mejor “Marca España”.

¿Clases del mismo sexo o amigos del mismo sexo?

Uno de los debates clásicos, y de los que genera más polémica, en educación es si las clases con alumnos del mismo sexo conducen a mejores rendimientos académicos que las clases en las que se mezclan chicos y chicas. Los primeros estudios empíricos que analizaron esta cuestión concluían mayoritariamente que los alumnos de clases del mismo sexo obtenían mejores resultados académicos que los alumnos de clases mezcladas. La explicación de esta asociación positiva es que los chicos y las chicas aprenden de forma diferente y, por tanto, si los métodos de enseñanza se adecúan mejor a las características de cada grupo, los resultados serán mejores. Sin embargo, como explicaba muy bien el profesor Antonio Cabrales en un post en el blog Nada es Gratis, gran parte de estos resultados positivos se debían a un efecto de autoselección. Los alumnos con padres más motivados por la educación y con una educación, y recursos económicos, superiores a la media tienen una mayor probabilidad de elegir colegios con clases del mismo sexo para sus hijos. Esto genera una correlación positiva artificial entre los resultados académicos y estudiar en clases con alumnos del mismo sexo. Sin embargo, si se controlan estos factores, la ventaja de estudiar en una clase con alumnos del mismo sexo sería muy pequeña o nula. Un reciente meta-estudio, realizado por Pahlke, Hyde y Allison, avala esta conclusión.

Sin embargo, un estudio que se publicará próximamente en el American Economic Journal: Applied Economics, realizado por el profesor Andrew Hill, ha analizado esta cuestión desde otro prisma. El profesor Hill no analiza si en las clases hay muchos o pocos alumnos del sexo opuesto, sino si el tener amigos del sexo opuesto en la misma clase tiene efectos sobre el rendimiento académico de los alumnos. Es decir, si los chicos que tienen un menor número de amigas en su clase tienen un mejor rendimiento académico que los chicos que tienen un mayor número de amigas en su clase. El estudio empírico está cuidadosamente diseñado para salvar los posibles problemas de auto-selección y captar, lo más claramente posible, la relación entre tener una mayor proporción de amigos del sexo opuesto en clase y los rendimientos académicos. La muestra está compuesta por adolescentes entre los 12 y 18 años que asisten al colegio en Estados Unidos. El estudio concluye que los alumnos con una mayor proporción de amigos del sexo opuesto en clase, una vez que se han controlado el resto de factores, tienen un peor rendimiento académico que los alumnos que tienen una menor proporción de amigos del sexo opuesto en clase. El estudio concluye también que el efecto es muy parecido para las chicas y para los chicos.

¿Por qué se produce esta relación negativa? El autor ofrece dos explicaciones. Por una parte, para mantener viva la amistad es importante interactuar con tus amigos. Parte de esta interacción se da fuera de la escuela. Para los adolescentes parte de las actividades que se realizan fuera de la escuela tienen que ver con el deporte, y en las actividades deportivas, la mayoría de las ocasiones, los chicos y las chicas forman grupos separados. Si un alumno tiene amigos del mismo sexo y ellos también realizan actividades deportivas en el mismo equipo, tiene más probabilidades de interactuar con sus amigos fuera de la escuela. Por ello, durante las horas de clase, tendrán una menor necesidad de estar hablando con sus amigos. En cambio, los amigos del sexo opuesto tienen menos oportunidades de interactuar fuera de clase y, por tanto, tienen que recurrir a las horas de clase para hablar. El hablar en clase hace que pierdan atención a lo expuesto por el profesor y que su relación con el profesor sea peor, ya que es más probable que les llame la atención. De hecho, el profesor Hill encuentra una relación positiva entre tener amigos en clase del sexo opuesto y que los alumnos señalen que tienen problemas de seguir la clase o que tienen problemas con el profesor. La segunda explicación es que el tener amigos en clase del sexo opuesto aumenta la probabilidad de tener una relación sentimental, lo cual también podría estar correlacionado con una menor atención en clase, y con una menor dedicación al estudio fuera de clase.

Me imagino que los resultados de este estudio se utilizarán como munición para aquellos que defienden las clases con alumnos del mismo sexo. Si las clases son con alumnos del mismo sexo, ya no puede existir el efecto negativo sobre el rendimiento de tener amigos del sexo opuesto en clase. Sin embargo, como se ha recordado muchas veces, además del rendimiento académico se deben ponderar otros factores para decidir sobre la bondad de la mezcla de sexos en clase. Tener alumnos de diferentes sexos en el aula permite que los chicos y las chicas aprendan a socializar, a trabajar juntos, y apliquen esas enseñanzas ya como adultos en las empresas, en la familia, y en la sociedad en su conjunto.

La ANECA acaba con el monopolio “JCR”

Con una ligera demora con respecto a años anteriores, el BOE ha publicado hoy los criterios por los que se regirá la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) para evaluar la calidad investigadora en el 2014. La principal novedad con respecto al año pasado en el campo de las Ciencias Económicas y Empresariales es la equiparación de los índices Journal Citation Reports (JCR) de Thompson Reuters con SCOPUS de Elsevier.

Mientras en el BOE del 2013, la mención al índice SCOPUS estaba en el apartado 3b)

“Podrán considerarse también los artículos publicados en revistas que ocupen posiciones relevantes en los listados de SCOPUS”

En el BOE del 2014, SCOPUS sube de nivel hasta el 3a):

“Los trabajos publicados en revistas de reconocida valía, aceptándose como tales( …) Journal Citation Reports (JCR) Social Sciences Edition (…) así como en SCOPUS.”

Con la anunciada fusión entre la ANECA y la CNEAI, se ha reparado la “el acusado JCR-centrismo” que impuso el BOE del 2005 (Ruiz-Pérez, Delgado y Jiménez-Contreras 2010, p. 907). Es decir, la ANECA ha terminado con el monopolio del JCR. Bienvenidos al duopolio.

Es cierto que los cambios de criterio que dificultan la planificación de la investigación a largo plazo (piensen que el criterio que se establece hoy establece unos criterios retroactivos para un periodo de seis años). Sin embargo, es previsible que la supresión del monopolio de la indexación científica  tenga efectos positivos (asumiendo que la calidad científica de ambos índices es similar). Se me ocurren las siguientes razones:

  1. Se amplía el número de revistas consideradas de alta calidad.  La cobertura de ambos índices es distinta (SCOPUS indexa 15,000 journals y JCR 9,000.
    1. Una mayor cobertura puede contribuir a reducir el lag editorial y la tasa de rechazo (Conley 2012).
    2. Se fomenta la creatividad al abrirse el abanico a revistas más especializadas o independientes.
  2. La forma de calcular el impacto científico también difiere. SCOPUS suele referenciar un número de citas mayor que JCR (Pislyakov, 2009). Ello implica que un mismo artículo suele tener unos indicios de calidad mayores en SCOPUS que en JCR.
  3. La plataforma de SCOPUS SCImago Journal & Country Rank es totalmente abierta y gratuita, a diferencia de la JCR.
  4. Los criterios de indexado de SCOPUS parecen más transparentes que JCR. Las revistas JCR bailan fuera y dentro del índice sin unos criterios claros de inclusión o exclusión (o al menos yo no he podido encontrarlos en su web).

Puede que algún día Google Scholar acabe barriendo a estos dos índices. Pero de momento el paso del monopolio al duopolio aumentará el bienestar de una parte de la sociedad (como mínimo de los que tratamos de investigar).

ECONOMIA DE PODEMOS

Junto al líder de Podemos, Pablo Iglesias, los dos economistas que asesoran a la formación política, presentaron ayer en Madrid su programa económico. Vicenç Navarro es un conocido profesor de políticas públicas en la Universidad Pompeu Fabra, después de haber enseñado durante muchos años en la prestigiosa Johns Hopkins University, de EEUU. Juan Torres, con quien me une una buena amistad desde hace años, cuando trabajábamos en la universidad de Malaga, lo es ahora en la universidad de Sevilla. Ambos son profesores instruidos, con una notable formación y me merecen respeto intelectual. Pero esto no es óbice para estar en desacuerdo con los puntos fundamentales de su diagnóstico y con las medidas que proponen para salir de la crisis.

La afirmación de que la desigualdad es la causa fundamental de la actual situación, no es cierta. Los economistas estamos de acuerdo en señalar al enorme endeudamiento, a los excesos por el lado de la demanda, como la causa fundamental en el origen de la crisis, aun cuando pueda haber matices para algunos países. La desigualdad ha sido una causa aparecida posteriormente y que ayuda a explicar las dificultades para salir de la actual situación, aunque no es la única.

Si estamos de acuerdo en que es uno de los principales problemas que padecemos, junto al desempleo y la deuda. Pero lo que no compartimos es la panoplia de medidas que proponen para combatirlos. La reducción de salarios no ha causado la crisis. De hecho, durante los primeros años, estos siguieron aumentando por encima de la inflación y del crecimiento de la productividad. Fue el colapso en el crédito y la posterior contracción de la actividad los que dispararon el desempleo.

En consecuencia, la reducción de salarios no provocó la contracción de la demanda agregada y la renta. La reducción salarial posterior no ha hecho sino recuperar parte de la competitividad perdida durante los años del boom y los primeros de la crisis. Es cierto que ahora tanto la UE como la OCDE están aconsejando una subida salarial. Podemos estar de acuerdo, pero habrá que ver el efecto final sobre la actividad.

No olvidemos que la economía española es muy abierta y pequeña. No nos encontramos en el  mundo keynesiano de hace siete décadas, en el que las economías estaban muy cerradas y el tipo de cambio de las monedas era fijo. Hoy estamos en economías muy abiertas. Aunque no hay riesgo de tipo de cambio porque compartimos el euro, si padecemos riesgo de crédito, de manera que somos muy dependientes de la financiación internacional, tanto del BCE como del resto de la banca y ahorradores internacionales. Cualquier medida que se proponga para impulsar la demanda de consumo de las familias y el gasto público, tienen que tener en cuenta esa restricción exterior. Tenemos que seguir exportando a un ritmo elevado. En otro caso, un rápido deterioro del sector exterior y un rescate sobre la deuda española estarían asegurados.

Otras de las medidas que proponen para salir de la crisis, no pueden llevarse a cabo porque no dependen solo de la voluntad política -como ellos afirman- sino de circunstancias económicas mas generales. Como ejemplo, abogan por un plan de infraestructura sociales -guarderías, residencias para ancianos, etc- que generarían en España más de 3,5 millones de empleo si igualasen el nivel de Suecia. Igualmente, si la participación de la mujer en el mercado laboral igualase al de Suecia, se generaría mucho empleo. Pero estas dos medias, como muchas otras, no se pueden adoptar por decreto, como si solo dependiera de la voluntad política de los gobernantes. Construir y mantener esa infraestructura social requiere de enormes recursos -que ni la propia Suecia puede mantener debido a su altísimo coste, en una sociedad envejecida. La participación tan elevada de la mujer en el mercado de trabajo, depende de su formación, de la escasez relativa de activos del otro genero, de un crecimiento continuo y de otras variables, en un proceso que ha tardado décadas en producir esos resultados.

En fin, proponer una elevación de las pensiones y una reducción de la edad de jubilación, aun con flexibilidad -cuando el actual sistema no se sostiene-, o una renta mínima garantizada para aquellos desempleados de larga duración que no encuentren trabajo, requiere de unos recursos de los que este país carece. No es el mejor ejemplo el del País Vasco, que disfruta de unos privilegios inaceptables y no trasladables a otras geografías. Tendrían también que explicar con detalle que significaría introducir el derecho a acceder al crédito y la recuperación de la banca pública, tanto en términos de recursos como de objetivos. La práctica desaparición de las 46 cajas de ahorro que había en España, ¿no es suficiente lección para no intentar nada parecido otra vez?

No obstante, con una reforma fiscal que elevara la recaudación, seria posible atender algunas de las propuestas presentadas. Se puede recaudar algo mas por el patrimonio, por sociedades y grandes rentas, aunque algunas medidas tendrían que ser coordinadas con otros países. Es posible reducir el fraude fiscal. Pero no olvidemos que no depende solo de los acciones del gobierno. El fraude es reducido cuando hay poca economía sumergida -en España es del 20% del PIB- y cuando existe un consenso social y cultural para combatirlo, que en España es débil.

Solo con buenos deseos y confiando en grandes decisiones tomadas por los gobiernos, no se resuelven los problemas. La gente y las instituciones de todo tipo, tienen que funcionar adecuadamente. Juan Torres afirmó -con razón- que una política económica no se puede importar.  Tampoco podemos pretender importar el modelo institucional y cultural de Suecia, que a los suecos les ha costado dos siglos construir.

(diariodesevilla.es 29/11/2014)

España en la inversión directa internacional

20141130_170025-1

Un amplio grupo de colegas hemos publicado una extensa investigación acerca la IED española, que profundiza en su evolución, sus determinantes y sus efectos sobre la economía española. A continuación, resumo algunos de sus principales aspectos.

1.- Evolución comparada de la IED española

El análisis de la inversión exterior directa de España ha de insertarse en el marco de imparable aumento del stock acumulado de inversión mundial durante las tres últimas décadas, con crecimientos espectaculares en los años finales del decenio de 1990 y en buena parte de los años 2000, en los que por fin ha tenido lugar una destacad desviación de los de las operaciones de las empresas multinacionales (EMN) hacia las economías emergentes, auspiciando más su desarrollo, al tiempo que atraídas por él.

Pues bien, España ha participado de forma muy notoria de este proceso, más pronto como receptor neto de inversiones exteriores que como emisor sobresaliente, situación en la que alcanza relieve ya mediada la década de 2000. En efecto, las inversiones procedentes del exterior iniciaron su rápido ascenso en torno a 1990, cuando ya anotaron el 3,2 por 100 del total mundial, un porcentaje que perderían enseguida, dada la notable expansión de los flujos internacionales, pero que recuperarían en 2007. En cambio, la inversión de las empresas españolas en el exterior es un proceso más lento en sus orígenes, pero se convierte en espectacular en el decenio de 2000, logrando el 3 por 100 del total mundial en 2007.

Así pues, durante la década de 2000, España avanza a pasos agigantados por la senda propia seguida por los Países desarrollados, pasando de receptor neto de inversiones a importante inversor en el exterior, con un volumen de stock de capital de las EMN extranjeras en el territorio nacional que iguala el que poseen en el exterior las EMN con origen en España.

La crisis actual ha hecho a España retroceder posiciones relativas, pero sin que se haya resentido el volumen de ambos stocks financieros, el de las inversiones recibidas y el de las enviadas al exterior, que, por el contrario, ha seguido creciendo, y más que en otros países europeos. Esta aparente paradoja se explica porque todos los Países Desarrollados se han visto negativamente afectados en sus cuotas en la inversión mundial por el ascenso de los Países en Desarrollo, no sólo como receptores, sino también como activos emisores de inversiones exteriores, realizando por un amplio elenco de nuevas multinacionales.

En la atracción de inversiones exteriores, España ha alcanzado ya ratios de intensidad inversora, es decir de stock de inversión recibida en relación al PIB, solo inferiores a los de Reino Unido. Aumentarlos supone pues todo un reto, que debe y puede conseguirse. Las inversiones realizadas en otros países permiten aún un recorrido más amplio, dado que es posible aspirar a detentar los mismos porcentajes de actividad inversora con respecto al PIB que poseen los otros socios comunitarios de gran dimensión. Baste decir al respecto que la relevancia de las EMN españolas como compradoras de empresas extranjeras es todavía débil en comparación con la que registran como vendedoras, rasgo que las separa de las alemanas, británicas o francesas.

2.- Distribución sectorial

Desde una perspectiva de los grandes agregados sectoriales, las inversiones recibidas por España se han implantado sobre todo en las actividades de servicios, si bien anotan una magnitud desproporcionada, en comparación con los países comunitarios de mayor dimensión, en energía, agua y electricidad, fundamentalmente merced a la venta de la empresa Endesa a la italiana Enel. En las manufacturas, sobresalen las posiciones de las EMN extranjeras en minerales no metálicos, alimentos bebidas y tabaco, metalurgia, química, vehículos automóviles y productos farmacéuticos. Todas estas actividades, excepto la química, acrecientan su peso en el total durante el periodo contemplado. Algunas, como alimentos, complementan un tejido productivo muy extenso creado por el capital nacional, pero las demás han contribuido a generar una estructura productiva con un buen desarrollo de los sectores de contenido tecnológico medio-alto y medio-bajo, lo que pone de manifiesto el interés de las empresas extranjeras de buscar los huecos existentes en el mercado nacional, sustituyendo con frecuencia importaciones. De ahí el carácter horizontal de la IED recibida. Esta inclinación hacia los espacios menos competidos por las firmas nacionales se capta bien en los análisis realizados acerca de los determinantes de las inversiones recibidas.

Las inversiones de las firmas españolas en el exterior han seguido un patrón sectorial análogo al de las empresas de los países comunitarios de mayor dimensión, primando igualmente las actividades de servicios, sobre todo las de intermediarios financieros y telecomunicaciones, y las de energía. En las manufacturas, sobresalen los productos de minerales no metálicos, metalurgia, química y alimentación, bebidas y tabaco, y vehículos y piezas.

3.- Países de origen y destino

En lo que concierne a este aspecto, hay que señalar la importancia de los países europeos en ambos frentes, más en las inversiones recibidas que en las realizadas en el exterior. Entre los inversores en España también despunta EEUU. El período más reciente ha visto afirmarse el peso de Italia, cuyas empresas detentan el primer lugar por volumen de stock de inversiones en 2011, y una creciente penetración de economías en desarrollo, particularmente México y Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Israel y Argentina, a las que se une Portugal.

En la distribución de las inversiones extranjeras dentro del territorio nacional, se han calculado “efectos sede”, que indican una fuerte disociación entre la localización de las sedes -y en especial del stock de IED- y la de los activos reales, representados por el inmovilizado material. La Comunidad de Madrid es la región que cuenta con “efectos sede” de forma generalizada, en el plano agregado y en las agrupaciones sectoriales, percibiéndose la aparición de más regiones con efectos sede en algunas de las diversas actividades manufactureras, Cataluña especialmente. Resulta interesante comprobar que el reparto regional de los inmovilizados materiales de las filiales del capital extranjero guarda una relación mucho más palmaria con la dimensión de las regiones que el reparto de los capitales accionariales de las empresas.

Como en el caso de las recibidas, en las inversiones realizadas en el exterior se aprecia también una clara especialización en Iberoamérica, explicable por los lazos culturales e idiomáticos de España con esa zona, que resulta paralela a la que otros países tienen, por razones semejantes, en otras áreas (Reino Unido en Norteamérica, Asia y África). En todo caso, España disminuyó con celeridad la entidad de América Latina en la localización de sus inversiones exteriores en los primeros años de este siglo, continuando la trayectoria de progresiva y amplia diversificación propia de los países más desarrollados y el notable estímulo recibido de la integración en la Unión Europea. No obstante, tiene pendiente una mayor penetración en los países asiáticos, en los que los socios comunitarios (con apenas relieve en América Latina) gozan de una superior implantación.

4.- Rentabilidad

La rentabilidad implícita de las inversiones en España, tanto de las realizadas por EMN extranjeras en el territorio nacional, como de las acometidas por empresas ubicadas en España en otros países, se encuentran en línea con las alemanas y por encima de las francesas e italianas, todas ellas inferiores a las británicas. Durante los años de crisis, la rentabilidad se ha aminorado, aunque manteniéndose en niveles muy aceptables en el caso de la inversión de España en el exterior. La apreciable rentabilidad obtenida es un resultado sumamente relevante, porque indica la presencia de estímulos y atractivos esenciales de cara a la continuidad de ambos tipos de inversiones y, sobre todo, porque sanciona y consolida las estrategias practicadas por las EMN extranjeras y nacionales, con promesas de continuidad que deberían facilitar el ascenso de la actividad inversora en los años venideros.

Más concretamente, los resultados económicos cosechados por las EMN extranjeras que se obtienen del Registro de Inversiones Exteriores han sido notables, no muy distintos de los de sus competidoras nacionales, máxime en la etapa expansiva de 2003 a 2007, un año este último con cifras del 14,2 por 100 en relación a los fondos propios de las empresas. La crisis ha reducido estas cifras sensiblemente.

En lo que se refiere a la rentabilidad de la inversiones españolas en el exterior creció con enorme pujanza entre los años 2003 y 2007, alcanzando en el último de ellos una cifra ciertamente muy elevada (17,1 por 100), empujada por la expansión del PIB mundial. La situación cambió radicalmente en 2008 y 2009 con motivo de la crisis, al reducirse las cifras prácticamente a la mitad. Pero su singular impacto acaba aquí, pues en los años siguientes, en este plano agregado, la rentabilidad no se aleja mucho del promedio de la fase expansiva, beneficiándose del mayor crecimiento de las economías en desarrollo.

Por lo demás, la rentabilidad obtenida por las empresas españolas en el exterior supera la que se obtiene en el plano nacional, por firmas nacionales y extranjeras, lo que debe interpretarse como un respaldo de la estrategia seguida por las empresas españolas en sus inversiones exteriores, que ha redundado en su fortalecimiento competitivo. Es también la expresión de que el acceso a los mercados en rápida expansión ha sido un determinante principal, como concluyen los estudios disponibles sobre los determinantes de esta inversión.

5.- Determinantes de la IED

En la vertiente de la IED recibida, el acceso al gran mercado español en rápida expansión figura como el principal determinante, especialmente en las actividades de intensidad tecnológica media-alta y alta, muy dependientes de las importaciones. La integración en la Unión Europea también ha desempeñado un notorio papel, pues ha incrementado significativamente el atractivo de España como país de establecimiento de EMN, al garantizar políticas más abiertas y competitivas, en mayor sintonía con las de sus socios comunitarios. La estabilidad macroeconómica y el crecimiento sin desequilibrios aparecen también como grandes atractivos.

De aquí se infiere que la recuperación económica y un crecimiento más equilibrado, asentado en una economía más flexible y con funcionamiento más competitivo de los mercados, con menos trabas para los negocios y una decidida apuesta por la innovación y el capital humano, son piezas claves del estímulo de la IED recibida.

En la esfera de la inversión realizada por España en otros países, el condicionante básico ha sido la expansión de las compañías españolas, buscando afirmar sus economías de escala de empresa y rentabilizar sus activos intangibles, con mercados cercanos geográfica y culturalmente y con gran potencial de crecimiento, como los de los países al norte de España, y máxime los de Iberoamérica. Han escapado así de las limitaciones del mercado nacional y de las barreras de entrada para introducirse en esos otros mercados a través de las exportaciones, que en el caso de los servicios derivan de la naturaleza propia de las actividades. Es un proceso que ha avanzado de la mano de la expansión de las exportaciones, protagonizado por las compañías de mayor tamaño y productividad más elevada, que son también las que se han dirigido a destinos más lejanos.

De ello se deduce que el fortalecimiento de las empresas españolas, el incentivo al acrecentamiento de su productividad y a la acumulación de intangibles son puntos esenciales del avance en sus inversiones. En realidad, las mismas políticas que atraen inversiones exteriores auspician inversiones en el exterior.

6.- Efectos sobre la economía española

El impacto de la actividad de las filiales de EMN extranjeras sobre la economía española ha sido positivo, propiciando el crecimiento del PIB, el aumento del empleo y de las exportaciones y una mayor eficiencia de las empresas nacionales. A través de un modelo de equilibrio general computable, este libro ofrece una valoración global de los efectos de diversa índole derivados de sus inversiones en España entre los años 2006 y 2013, concluyéndose que habrían ayudado a elevar el empleo en un 5,25 por 100, a recortar la tasa de paro en 3,15 puntos porcentuales, a incrementar los salarios reales en un 1,89 por 100, brindando con ello un aumento del bienestar de los españoles de un 2,79 por 100. Por otro lado, también se estima la contribución de las EMN a las exportaciones que resulta ser apreciable (un 30 por 100 del total), sobre todo en aquellos sectores en los que su presencia es mayor.

También ha sido muy favorable el impacto de las inversiones realizadas por las empresas ubicadas en España en otros países. En efecto, a pesar de tratarse fundamentalmente de inversiones horizontales, potenciales sustitutivas de las efectuadas en el mercado interior, la repercusión sobre el empleo nacional parece haber sido positiva, según se desprende de la estimación contenida en este libro, y también parecen haberlo sido los efectos sobre la cualificación laboral, el esfuerzo tecnológico y las exportaciones de las empresas involucradas, aspectos sobre los que igualmente se ofrecen sendos análisis.

Las empresas inversoras en el exterior, entre las que se encuentra una apreciable proporción de las filiales extranjeras en España, destacan por su dimensión, su productividad del trabajo, su esfuerzo tecnológico, la cualificación de su mano de obra y su elevado gasto en formación, aspectos que probablemente remiten a una mayor calidad de su gestión.

Pues bien, esta incidencia positiva de la IED sobre la economía española debe actuar como estímulo para reforzar la política de promoción de la inversión exterior seguida, que merece una alta calificación, pero cuyos frutos pueden aumentarse en los próximos años, complementando las buenas prácticas que caracterizan a sus agencias de promoción, con el ICEX en un lugar muy prominente, con algunas otras que exhiben las oficinas más innovadoras de algunos de los países desarrollados.

 

Indicador de coyuntura: Noviembre 2014

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de octubre con los datos publicados hasta septiembre de producción industrial y ventas y hasta noviembre de renta y afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en octubre es de 2,31, frente a un 1,60 del mes de septiembre. Este valor está en línea con el movimiento horizontal que observamos en el indicador desde que se inició el verano aunque podría apuntar una leve mejoría en el ritmo de la recuperación.

blog

En tasas de crecimiento interanuales y a excepción de las ventas, todos los indicadores individuales que forman parte del indicador compuesto muestran síntomas de mejora. La producción industrial subió en septiembre un 3,6% frente a la caída de 2,3% en agosto. La renta y los afiliados subieron en octubre 2,9% y 2,4% frente a las subidas de 2,5% y 2,0% en septiembre. Por contra, las ventas sólo subieron en septiembre 1,6%, menos más que en agosto cuando subieron 2,5%.

indicadores

Como conclusión, la tendencia de las variables observadas indica que la recuperación de la economía española continua. Aunque parece que el ritmo de recuperación se ha recuperado un poco este mes, no podemos descartar de momento que el indicador siga en el movimiento lateral iniciado el pasado verano.

 

LA UNION BANCARIA EN MARCHA

La Unión Bancaria (UB) acaba de iniciar su andadura: no hay mal que por bien no venga. Se trata, en efecto, de una de las pocas contrapartidas favorables de la larga crisis económica y financiera que está sufriendo la eurozona. Del carácter en gran medida existencial de esa crisis, en la medida en que ha llegado a cuestionar el diseño de la Unión Monetaria, la supremacía de las consideraciones políticas a las especificaciones técnicas, como las que sugería el paradigma de las “zonas monetarias óptimas”. Y otras exigencias complementarias como la existencia de una unión fiscal y la unión bancaria que ahora nace. Constituye de hecho una vía de perfeccionamiento la dinámica de integración monetaria.

La evaluación global a la banca – la revisión de la calidad de los activos y las pruebas de resistencia- cuyos resultados han sido conocidos hace quince días constituían la condición necesaria para que el Banco Central Europeo (BCE) asumiera, a partir del pasado día 4, la máxima responsabilidad del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), el primero de los cuatro pilares de esa vía de fortalecimiento de la todavía incompleta Unión Monetaria de Europa (UME).  Junto a esa supervisión común,  la UB descansa en una normativa común, un mecanismo único de resolución de crisis bancarias y un sistema de protección o  seguro de depósitos bancarios homogéneo. En un documento reciente del grupo “europeG” puede encontrase más detalle sobre su estructura.

Recordemos que en el desencadenamiento de ese horizonte de integración bancaria, el papel de España ha sido importante. Fue la crisis de su sistema bancario, la necesidad de rescate sectorial con el fin de fortalecer la capitalización del mismo, y la disposición del “memorando de entendimiento” que guio la condicionalidad correspondiente, los que actuaron como catalizadores de esa unión. Al igual que en el conjunto de las economías periféricas, el circulo vicioso entre el deterioro de las cotizaciones de la deuda pública y la calidad de los activos bancarios denunciaba el carácter incompleto de la UME.

La aplicación de la supervisión única, si se ajusta a  su correcta definición, significará un fortalecimiento de la credibilidad de la información concerniente a los bancos. No solo de la correspondiente a esas 130 entidades de crédito consideradas “significativas” que ya son objeto de supervisión directa por el BCE, sino a las casi 6.000 existentes en la eurozona. El sesgo nacional en la regulación y supervisión dejará de ser un elemento de desconfianza en la comunidad inversora, especialmente en momentos de mayor tensión o inestabilidad que es cuando puede emerger la percepción de “captura del supervisor”.

La importancia de esa homogeneización  es tanto mayor cuanto más importante es el peso de los bancos en la canalización de los activos y pasivos financieros de las familias, empresas y administraciones públicas. En la Unión Europea la intermediación bancaria tradicional representa más del 300% del PIB, muy por encima del existente en otras economías avanzadas.

Resultado de esas nuevas tareas es el fortalecimiento institucional del BCE. El denominado Consejo de Supervisión quedará subordinado al todopoderoso Consejo de Gobierno del BCE, el responsable de la definición de la política monetaria de la eurozona. No hay razones para dudar de la eficacia de la satisfacción de esos dos cometidos, la política monetaria y la supervisión bancaria, que la experiencia ha demostrado compatibles en otras instituciones. Con todo, no faltarán suspicacias en algunos países del núcleo de la eurozona acerca de ese renovado poder del BCE. Lo que es necesario es que esta institución de muestras de la agilidad decisional suficiente para que esa concentración funcional quede avalada por los resultados.

El inicio ha sido satisfactorio, como lo demuestran las exigencias técnicas aplicadas en la “evaluación global” de los bancos, la mayoría de ellos objeto de supervisión directa por el MUS, cuyos resultados hemos conocido hace dos semanas.  Han sido examinados 130 bancos de los 18 países de la eurozona, más los de Lituania, representativos del 82% de los activos ponderados por riesgo del conjunto del área monetaria. Junto a Italia, España ha sido con quince el país con mayor número de bancos examinados. Las necesidades de capital adicional detectadas en el conjunto de la eurozona son fácilmente asumibles, desde luego en España. El 50% de las entidades europeas tiene un capital regulatorio superior al 12%

Ya no es el momento de discusión detallada acerca de las especificaciones técnicas de esa evaluación, sino de cuestionarse hasta qué punto la fase que se ha iniciado la pasada semana se traducirá no solo en la evitación de futuras crisis bancarias, sino en mayor crecimiento económico. O, dicho de otra forma, hasta qué punto el horizonte ahora abierto estará acompañado de una completa normalización del funcionamiento de los sistemas bancarios: de crecimiento del crédito y reducción de la fragmentación financiera en el seno del área.

En condiciones normales, los resultados de la evaluación de la salud bancaria y la asunción de responsabilidades del BCE deberían mejorar la precepción de los inversores y reducir la aversión al riesgo que los propios bancos siguen manteniendo.

Pero la realidad es que las condiciones económicas en la eurozona no son hoy las más propicias. El crecimiento económico es muy reducido porque la demanda esta desplomada, el desempleo demasiado elevado y la inflación demasiado próxima a esa frontera deflacionista que mantuvo a la economía japonesa paralizada durante más de una década. En las economías periféricas, ese cuadro se combina con un elevado endeudamiento de las familias y de las empresas, especialmente las de pequeña y mediana dimensión. Son precisamente este tipo de empresas, más importantes en términos de generación de producción y empleo, las que sufren mayores costes financieros que las equivalentes de los países del núcleo del área monetaria.

Tampoco es un factor favorecedor de la normalización crediticia la concentración resultante en el propio sector bancario. La capacidad de negociación de los prestatarios más dependientes de la financiación bancaria se ha reducido de forma considerable como consecuencia del aumento en el grado de concentración. Desde luego en España, donde el número de “entidades significativas” ha pasado de 45 a las 15 evaluadas. Lejos de darse por ultimada esa consolidación, las autoridades europeas parecen empeñadas en favorecer la simplificación adicional del censo fomentando fusiones transfronterizas. En la dirección de ese afianzar el carácter verdaderamente paneuropeo de las mayores entidades bancarias actuarían eventuales limitaciones a las inversiones en deuda pública del país de origen de los bancos.

Por eso es igualmente importante que, además de vigilar las prácticas de los oferentes, la existencia de competencia suficiente, se avance en la extensión de modalidades de financiación no bancaria. Esa es una de las condiciones para minimizar el alcance de eventuales crisis bancarias, con independencia de que los pilares de la Unión Bancaria estén bien asentados. La otra es que la eurozona abandone la cercanía a ese escenario adverso simulado en los “stress test”, mediante el estímulo a la demanda agregada. Por ejemplo, mediante la rápida anticipación de los programas de inversión pública ya previstos por el nuevo Presidente de la Comisión Europea, además de actuaciones adicionales de estímulo monetario del BCE similares a las aplicadas en las economías estadounidense y británica, con envidiables registros de crecimiento y empleo.

Diario El País (8 de noviembre de 2014)

Anteriores Entradas antiguas

Visita nuestra web para información sobre actividades

http://www.alde.es
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 253 seguidores