LA UNION BANCARIA EN MARCHA

La Unión Bancaria (UB) acaba de iniciar su andadura: no hay mal que por bien no venga. Se trata, en efecto, de una de las pocas contrapartidas favorables de la larga crisis económica y financiera que está sufriendo la eurozona. Del carácter en gran medida existencial de esa crisis, en la medida en que ha llegado a cuestionar el diseño de la Unión Monetaria, la supremacía de las consideraciones políticas a las especificaciones técnicas, como las que sugería el paradigma de las “zonas monetarias óptimas”. Y otras exigencias complementarias como la existencia de una unión fiscal y la unión bancaria que ahora nace. Constituye de hecho una vía de perfeccionamiento la dinámica de integración monetaria.

La evaluación global a la banca – la revisión de la calidad de los activos y las pruebas de resistencia- cuyos resultados han sido conocidos hace quince días constituían la condición necesaria para que el Banco Central Europeo (BCE) asumiera, a partir del pasado día 4, la máxima responsabilidad del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), el primero de los cuatro pilares de esa vía de fortalecimiento de la todavía incompleta Unión Monetaria de Europa (UME).  Junto a esa supervisión común,  la UB descansa en una normativa común, un mecanismo único de resolución de crisis bancarias y un sistema de protección o  seguro de depósitos bancarios homogéneo. En un documento reciente del grupo “europeG” puede encontrase más detalle sobre su estructura.

Recordemos que en el desencadenamiento de ese horizonte de integración bancaria, el papel de España ha sido importante. Fue la crisis de su sistema bancario, la necesidad de rescate sectorial con el fin de fortalecer la capitalización del mismo, y la disposición del “memorando de entendimiento” que guio la condicionalidad correspondiente, los que actuaron como catalizadores de esa unión. Al igual que en el conjunto de las economías periféricas, el circulo vicioso entre el deterioro de las cotizaciones de la deuda pública y la calidad de los activos bancarios denunciaba el carácter incompleto de la UME.

La aplicación de la supervisión única, si se ajusta a  su correcta definición, significará un fortalecimiento de la credibilidad de la información concerniente a los bancos. No solo de la correspondiente a esas 130 entidades de crédito consideradas “significativas” que ya son objeto de supervisión directa por el BCE, sino a las casi 6.000 existentes en la eurozona. El sesgo nacional en la regulación y supervisión dejará de ser un elemento de desconfianza en la comunidad inversora, especialmente en momentos de mayor tensión o inestabilidad que es cuando puede emerger la percepción de “captura del supervisor”.

La importancia de esa homogeneización  es tanto mayor cuanto más importante es el peso de los bancos en la canalización de los activos y pasivos financieros de las familias, empresas y administraciones públicas. En la Unión Europea la intermediación bancaria tradicional representa más del 300% del PIB, muy por encima del existente en otras economías avanzadas.

Resultado de esas nuevas tareas es el fortalecimiento institucional del BCE. El denominado Consejo de Supervisión quedará subordinado al todopoderoso Consejo de Gobierno del BCE, el responsable de la definición de la política monetaria de la eurozona. No hay razones para dudar de la eficacia de la satisfacción de esos dos cometidos, la política monetaria y la supervisión bancaria, que la experiencia ha demostrado compatibles en otras instituciones. Con todo, no faltarán suspicacias en algunos países del núcleo de la eurozona acerca de ese renovado poder del BCE. Lo que es necesario es que esta institución de muestras de la agilidad decisional suficiente para que esa concentración funcional quede avalada por los resultados.

El inicio ha sido satisfactorio, como lo demuestran las exigencias técnicas aplicadas en la “evaluación global” de los bancos, la mayoría de ellos objeto de supervisión directa por el MUS, cuyos resultados hemos conocido hace dos semanas.  Han sido examinados 130 bancos de los 18 países de la eurozona, más los de Lituania, representativos del 82% de los activos ponderados por riesgo del conjunto del área monetaria. Junto a Italia, España ha sido con quince el país con mayor número de bancos examinados. Las necesidades de capital adicional detectadas en el conjunto de la eurozona son fácilmente asumibles, desde luego en España. El 50% de las entidades europeas tiene un capital regulatorio superior al 12%

Ya no es el momento de discusión detallada acerca de las especificaciones técnicas de esa evaluación, sino de cuestionarse hasta qué punto la fase que se ha iniciado la pasada semana se traducirá no solo en la evitación de futuras crisis bancarias, sino en mayor crecimiento económico. O, dicho de otra forma, hasta qué punto el horizonte ahora abierto estará acompañado de una completa normalización del funcionamiento de los sistemas bancarios: de crecimiento del crédito y reducción de la fragmentación financiera en el seno del área.

En condiciones normales, los resultados de la evaluación de la salud bancaria y la asunción de responsabilidades del BCE deberían mejorar la precepción de los inversores y reducir la aversión al riesgo que los propios bancos siguen manteniendo.

Pero la realidad es que las condiciones económicas en la eurozona no son hoy las más propicias. El crecimiento económico es muy reducido porque la demanda esta desplomada, el desempleo demasiado elevado y la inflación demasiado próxima a esa frontera deflacionista que mantuvo a la economía japonesa paralizada durante más de una década. En las economías periféricas, ese cuadro se combina con un elevado endeudamiento de las familias y de las empresas, especialmente las de pequeña y mediana dimensión. Son precisamente este tipo de empresas, más importantes en términos de generación de producción y empleo, las que sufren mayores costes financieros que las equivalentes de los países del núcleo del área monetaria.

Tampoco es un factor favorecedor de la normalización crediticia la concentración resultante en el propio sector bancario. La capacidad de negociación de los prestatarios más dependientes de la financiación bancaria se ha reducido de forma considerable como consecuencia del aumento en el grado de concentración. Desde luego en España, donde el número de “entidades significativas” ha pasado de 45 a las 15 evaluadas. Lejos de darse por ultimada esa consolidación, las autoridades europeas parecen empeñadas en favorecer la simplificación adicional del censo fomentando fusiones transfronterizas. En la dirección de ese afianzar el carácter verdaderamente paneuropeo de las mayores entidades bancarias actuarían eventuales limitaciones a las inversiones en deuda pública del país de origen de los bancos.

Por eso es igualmente importante que, además de vigilar las prácticas de los oferentes, la existencia de competencia suficiente, se avance en la extensión de modalidades de financiación no bancaria. Esa es una de las condiciones para minimizar el alcance de eventuales crisis bancarias, con independencia de que los pilares de la Unión Bancaria estén bien asentados. La otra es que la eurozona abandone la cercanía a ese escenario adverso simulado en los “stress test”, mediante el estímulo a la demanda agregada. Por ejemplo, mediante la rápida anticipación de los programas de inversión pública ya previstos por el nuevo Presidente de la Comisión Europea, además de actuaciones adicionales de estímulo monetario del BCE similares a las aplicadas en las economías estadounidense y británica, con envidiables registros de crecimiento y empleo.

Diario El País (8 de noviembre de 2014)

El valor económico de la paciencia

“La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”. Esta frase del filósofo Jean Jacques Rousseau refleja muy bien la percepción que existe sobre esta facultad humana. El mensaje es que cuesta ser paciente, pero si lo somos, obtendremos frutos de ello. De hecho, el cristianismo identifica la paciencia como una de las virtudes a desarrollar por las personas. Sin embargo, ¿es esta intuición correcta en el ámbito económico?, ¿es cierto que las personas pacientes obtienen mayores frutos económicos que las impacientes?

En un artículo que se publicará próximamente en Economic Journal, los profesores Golsteyn, Grönqvist y Lindahl desarrollan un estudio empírico para responder esta cuestión. El primer paso es medir el nivel de paciencia que tiene una persona. Para ello, se realizó la siguiente pregunta a 13.606 adolescentes suecos: “¿Preferís recibir 900 coronas suecas hoy (alrededor de 100€) o 9000 coronas suecas en 5 años (alrededor de 1000€)?”. Los adolescentes podían elegir entre cinco respuestas alternativas, que se graduaban desde el muy impaciente “por supuesto, 900 coronas hoy” al muy paciente “por supuesto, 9000 coronas dentro de 5 años”. Lo increíble del estudio es que esta pregunta se realizó en el año 1963, y los autores han sido capaces de “seguir” a estos alumnos durante cinco décadas, incluyendo su periodo escolar y gran parte de su vida adulta.

¿Y cuáles son los resultados? La respuesta es contundente. Los adolescentes que eran más pacientes han cosechado mayores frutos económicos que los impacientes. Los adolescentes con más paciencia, en primer lugar, obtuvieron mejores resultados académicos que los alumnos menos pacientes. En segundo lugar, una vez alcanzada la edad de trabajar, los alumnos más pacientes han tenido una menor probabilidad de estar desempleados y han alcanzado mayores ingresos. Finalmente, los investigadores concluyen que los adolescentes menos pacientes han tenido mayor probabilidad de tener sobrepeso, ser madres adolescentes o morir jóvenes. Es importante destacar que junto a la pregunta sobre el nivel de paciencia, en el año 1963 todos los alumnos realizaron un test para medir su capacidad cognitiva. Aun cuando se descuenta esta variable, los resultados positivos de la paciencia siguen siendo muy robustos.

No tengan ninguna duda: inculquen la virtud de la paciencia a sus hijos. El comienzo será amargo, pero los frutos serán muy dulces.

Es la política

La apuesta era afrontar sin dilación la crisis económica para que los primeros logros de la ansiada recuperación aseguraran un horizonte libre de incertidumbre política a medio plazo. Planteamiento tan plausible como simplista, al que la realidad, siempre compleja, está poniendo bocabajo, pues es una crisis de índole política lo que no sólo amenaza con desestabilizar el marco institucional sino también con poner palos en las ruedas de la recuperación económica. No es la economía; la política es el problema.

Y de los varios rostros que este presenta, el principal no es, con ser grave, el del nuevo independentismo catalán, sino el de la crisis de liderazgo y de credibilidad que afecta a muchos de los actores de la escena pública y de modo fundamental a los políticos. La interminable sucesión de casos de corrupción es demoledora, actuando de disolvente del vínculo representativo en que se basa la democracia, deslegitimando en la práctica a quienes, a través de las urnas, se les ha encomendado el ejercicio de unos u otros cargos y responsabilidades en la gestión de los intereses públicos. Un verdadero torpedo contra la cohesión social que distingue a las democracias de calidad y a las economías más abiertas y prósperas. La brecha de desafección —o hartazgo o, todavía peor, desmoralización— entre políticos y ciudadanos es enorme, tan grande como justificada. Dicho de otro modo: el reguero de casos de corrupción política —o en los aledaños del plano político— produce efectos perversos sobre la legitimidad de los representantes y, por ende, de las instituciones; su percepción generalizada es devastadora para la democracia, provocando un claro proceso de falta de credibilidad y de desapego que se proyecta hacia todo el sistema.

Téngase en cuenta, además, que la corrupción se retroalimenta al menos de dos formas. En primer lugar, el corruptor necesita de alguien corruptible, que se transforma a su vez en posible futuro corruptor; en segundo lugar, el corrupto se protege de la vigilancia de superiores e inferiores incorporándolos al botín, lo que ellos harán de nuevo más adelante. Lo que equivale a decir que la corrupción propiamente política brota con especial fuerza allí donde existe una cultura cívica tolerante con otras conductas corruptas menos visibles o llamativas. Por eso combatirla concierne a toda la ciudadanía.

De ahí que sean especialmente saludables las iniciativas que desde la sociedad civil se brindan con ese objeto, como la que acaba de hacer pública el Círculo Cívico de Opinión (www.circulocivicodeopinion.es) volviendo sobre anteriores pronunciamientos de meses atrás: la propuesta de un gran pacto por la regeneración y revitalización de la democracia, con todas las medidas necesarias para rehacer la legitimidad perdida por parte de la política y sus titulares. Un pacto que exija una nueva regulación del sistema representativo —partidos políticos, sistema electoral, régimen de incompatibilidades, aforamientos—, de las fuentes encargadas de preservar la transparencia y la ética pública, y, en general, de cuanto contribuya a suturar el distanciamiento producido entre ciudadanía y clase política.

Es, más que en ningún momento anterior de nuestra democracia, el tiempo de la política.

La burbuja del sector de la construcción en China y el consumo de cemento

Los medios financieros internacionales y algunos organismos internacionales como el FMI están alertando del posible pinchazo del sector de la construcción en China, uno de los pilares básicos de las altas de crecimiento económico de la última década. La prueba de que la burbuja del sector de la construcción puede explotar se manifiesta en las ciudades y barrios “fantasma” que están por ocupar a lo largo y ancho del país, los numerosos centros comerciales vacíos por doquier, y el exceso de crédito bancario otorgado al sector inmobiliario.

La economía de China depende en gran medida del sector de la construcción, ya que el 14% de los empleos urbanos (90 millones de personas) y el 12,5% del PIB se concentran en este sector. En el gráfico siguiente se puede observar como la inversión en el sector de la construcción (real estate) ha crecido en los últimos años muy por encima de las impresionantes cifras del crecimiento real del PIB de la economía: una media del 25% frente a una media del 10%.

 china burbuja

Pero quizá las cifras del siguiente gráfico muestren mejor la magnitud del problema. China ha consumido más cemento sólo en los últimos tres años (2011-2013) que los EE.UU. en todo el siglo XX (1901-2000): 6,6 gigatones frente a 4,5 gigatones. [1]

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[1] gigatón o gigatonelada = mil millones de toneladas métricas.

El teorema de Bayes y el ébola: una remedio contra otras patologías contagiosas

En 1763 se descubrió una de las vacunas más eficaces contra la mayoría de las enfermedades infecciosas. La cura del miedo no es otra que el teorema más famoso del matemático inglés Thomas Bayes, el cual lleva su nombre. Desde entonces, la inferencia bayesiana se ha aplicado a la bioestadística, y en espacial al diseño de políticas relacionadas con enfermedades infecciosas e incluso para trazar su origen.

La epidemia de ébola es un asunto serio y preocupante. Tanto, que deberíamos aplicar todo nuestro razonamiento para tratar de paliar la epidemia que se cobra miles de vidas en África. Por ejemplo, ¿es razonable poner en cuarentena a todo aquel pasajero que desembarque de un vuelo procedente de un país afectado por el contagio?

La alarma suscitada por el primer caso de ébola en Nueva York ha propiciado que varios estados Norteamericanos (Nueva York , Nueva Jersey e Illinois) decidieran poner en cuarentena obligatoria a todos los médicos el personal sanitario proveniente de África, con sus consiguientes críticas. Esta reacción solo es comparable a la de Corea del Norte, que ha decidido cerrar sus fronteras a todos los vuelos de África, y de paso a los de EEUU. Parece que algunos países necesitarían también la ayudas de los estadísticos sin fronteras.

Sin embargo, una enfermera americana tenía unas décimas de fiebre cuando aterrizó de un vuelo de África ha decido huir de su confinamiento obligatorio. Han saltado todas las alarmas posibles. En cambio Kaci Hickox, se pasea con su bicicleta feliz y sonriente. Es la sonrisa de quien conoce el teorema de Bayes: “No voy a quedarme aquí y dejar que se violen mis derechos civiles porque no hay base científica”

Realicemos algunas sencillas operaciones matemáticas y entenderemos mejor la sonrisa de la enfermera. Pongámonos en el supuesto más restrictivo y que los aeropuertos tuvieran acceso al test PCR para detectar el ébola. El test para detectar el ébola (PCR) acierta (da positivo) en el 99.6% de los pacientes que tienen ébola (positivo). El test también acierta en (da negativo) en el 99.7% de los pacientes que no tienen ébola. Digamos que un 0.2% de los pasajeros provenientes de África viajan infectados con el virus. Por tanto, ¿cuál es la probabilidad de tener ébela para una persona que ha dado positivo?

Visto lo visto, si fuéramos médicos (o incluso políticos) seguramente diríamos que más del 99% (22/24 de médicos fallaron la respuesta a una pregunta muy similar relacionada con el cáncer). Pero la enfermera Hickox no se saltó la clase de estadística el día que explicaron que la probabilidad a priori no es la misma que la conjunta. Es decir que no es lo mismo tener ébola y dar positivo que tener ébola cuando he dado positivo.

Si queremos averiguar qué porcentaje de viajeros tendrán ébola cuando den positivo utilizaremos la fórmula de Bayes:


P(\textbf{Ebola}|\textbf{Positivo}) = \frac{P(\textbf{Ebola})P(\textbf{Positivo} |\textbf{Ebola})}{P(\textbf{Positivo})},

donde P(\textbf{Ebola}|\textbf{Positivo}) es la probabilidad de estar realmente enfermo dado que he dado positivo, P(\textbf{Positivo} |\textbf{Ebola}) es la probabilidad de dar positivo cuando realmente se tiene ébola y   P(\textbf{Positivo}) es la probabilidad de dar positivo.

La probabilidad de dar positivo es la suma de todos los que dan positivo, contando los “falsos positivos”, aquellos que sin tener ébola dan positivo:

P(\textbf{Positivo})=P(\textbf{Ebola}|\textbf{Positivo})+P(\textbf{No Ebola}|\textbf{Positivo}),

y la probabilidad buscada es:

P(\textbf{Ebola}|\textbf{Positivo}) = \frac{\textbf{0.002*0.996}}{\textbf{0.002*0.996+0.998*0.003}}=0.40.

Por lo tanto, tan solo un 40% de los viajeros que den positivo por ébola en los aeropuertos tendrán realmente la enfermedad. Este porcentaje es muy distinto al 99%. Si en vez del test PCR se toma la temperatura, este porcentaje se reduce drásticamente. Además también habrá un número reducido de viajeros que darán negativo aun con el virus inoculado. Por tanto no tienen ningún sentido la cuarentena discrecional de todos los viajeros.

Afortunadamente un juez de Maine ha recuperado el sentido de la proporción y ha dado la razón a la enfermera Hickox apoyándose en razonamientos científicos. Desafortunadamente, el teorema de Bayes no ha conseguido prevenir  otras patologías contagiosas. La cuarentena “Gangnam Style” Norcoreana tan solo puede ocasionar más confusión y privar de atención médica a los países necesitados sin ninguna base razonada. Esperemos que los responsables de salud pública de nuestro país (incluso aquellos con la vida resuelta) se decanten más por Bayes que por los bailes coreanos.

 

Indicador de coyuntura: Octubre 2014

El Ind-ALDE se ha actualizado para el mes de septiembre con los datos publicados hasta agosto de producción industrial y ventas y hasta septiembre de renta y afiliados. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en septiembre es de 1,81, frente a un 1,48 del mes de agosto. Este valor está en línea con el movimiento horizontal que observamos en el indicador desde que se inició el verano.

factor

En tasas de crecimiento interanuales, los indicadores individuales que forman parte del indicador compuesto muestran síntomas de deterioro, con excepción de las ventas. La producción industrial cayó en agosto un 1,8% frente a la subida de 1,1% en julio. La renta y los afiliados subieron en septiembre 2,7% y 2,0% frente a las subidas de 3,2% y 2,1% en agosto. Por contra, las ventas subieron en agosto 3,2%, bastante más que en julio cuando subieron 1,1%.

indicadoresComo conclusión, la tendencia de las variables observadas indica que la recuperación de la economía española continua, aunque parece que el ritmo de recuperación se ha estancado por lo que el indicador experimenta un movimiento lateral desde el verano.

África: ¿Buenas o malas noticias?

Durante las últimas semanas, las noticias que llegan desde África, ligadas al ébola, están contribuyendo a reforzar los lugares comunes que tenemos sobre este continente: pobreza, violencia, falta de infraestructuras o la incapacidad de los Estados para responder ante una crisis humanitaria.

Sin embargo, a esta imagen pesimista deberíamos contraponer otra mucho más optimista, ya que desde el comienzo de este siglo África Subsahariana ha experimentado un ritmo de crecimiento que algunos autores han calificado de milagroso. De acuerdo a los datos del Banco Mundial, en el periodo 2001-2013, África Subsahariana creció a un ritmo medio del 5,5%, por encima de los países de la Unión Europea y de América del Norte, pero también del Norte de África, el Medio Oriente, y Latinoamérica. De hecho, entre los diez países que más crecieron en ese periodo encontramos cinco países de África Subsahariana: Angola, Chad, Etiopía, Guinea Ecuatorial, y Nigeria. Además, este crecimiento económico ha venido acompañado por una reducción de la pobreza, que ha pasado del 58% en el año 2000 (porcentaje de la población que vive con menos de 1,25 dólares al día) al 48% en 2010, y por una reducción en la mortalidad infantil. Incluso en el plano empresarial, firmas africanas han logrado reconocimiento internacional en actividades, como la exportación de flores, con un alto grado de complejidad logística.

¿Está África Subsahariana entrando, por fin,  en una senda de crecimiento estable? ¿o es este crecimiento pasajero y África volverá a ser el continente sin esperanza? Los que apunta a la naturaleza pasajera de este proceso, señalan que el crecimiento de África Subsahariana se explica por el fuerte aumento del precio de las materias primas que exporta esta región. Y algo de cierto hay en este argumento. Casi el 60% del valor de las exportaciones africanas en el periodo 2001-2013 es petróleo, metales preciosos y minerales; y el precio de estas materias primas ha crecido de manera muy importante durante este periodo. La historia económica nos enseña que el precio de las materias primas sufre vaivenes muy importantes; por tanto, si se produce un cambio de tendencia en la evolución de los precios, el crecimiento se podría detener.

Otra variable que ha apoyado el crecimiento, pero que tiene, en parte, un componente temporal, es la inversión china en las infraestructuras de transporte en África Subsahariana. Estas inversiones han permitido que zonas remotas de África hayan mejorado su acceso a los mercados nacionales e internacionales, aumentando notablemente las oportunidades de negocio de muchos productores. La expansión de las telecomunicaciones y, especialmente, de los teléfonos móviles, también han jugado un papel importante en la integración de los mercados.

A favor de la visión de que el crecimiento africano no es pasajero están aquellos que señalan la mejora de la calidad de las instituciones en África. Por calidad de las instituciones nos referimos a la reducción de los episodios de violencia, la estabilidad política, una mejora en el cumplimiento de los contratos y una reducción de la corrupción. Ciertamente, los datos indican que durante este siglo se ha producido una reducción de los conflictos armados en África Subsahariana y que la democracia ha ganado terreno. Además, según los datos del Doing Business del Banco Mundial, algunos países del África Subsahariana, aunque todavía se encuentren muy lejos de los países más avanzados, han logrado mejorar en aspectos tales como el cumplimiento de los contratos.

Sin embargo, el proceso que nos otorga más confianza en la continuidad del crecimiento es algo que ya destacaban los primeros teóricos del desarrollo económico hace más de 50 años: el cambio estructural. La simple comparación de los países más ricos con los países más pobres nos pone de manifiesto que el peso de la agricultura en el conjunto de la economía es muy pequeño en los primeros y muy grande en los segundos. En cambio, el peso de la industria y de los servicios es más grande en los países más ricos que en los países más pobres. La productividad de la industria y de los servicios es superior a la productividad en la agricultura (aunque también existen actividades de alta productividad en la agricultura, tal como señalábamos al inicio del post). Por tanto, si se produce una migración de trabajadores de la agricultura a la industria y los servicios, aumenta la productividad por trabajador. Y según han mostrado los profesores Margaret McMillan y Kenneth Harttgen en un reciente estudio, el 50% del crecimiento en la productividad del trabajo en África Subsahariana se ha debido a este cambio estructural.

¿Qué factores explican este proceso de cambio estructural? En primer lugar, McMillan y Harttgen muestran que los países africanos que partían con un mayor porcentaje de trabajadores en el sector agrícola han logrado mayores reducciones en el peso de la agricultura. Esto parece lógico, ya que las posibilidades de reducción siempre serán mayores para aquellos países que parten de un mayor porcentaje. En segundo lugar, se han producido mayores reducciones en el peso de la agricultura en aquellos países en el que el aumento del precio de las materias primas ha estado acompañado de una mejora en la calidad de las instituciones. La explicación sería que un aumento del precio de las materias primas permite unos mayores ingresos a los Estados. Si estos mayores ingresos se invierten en acciones que fomente el crecimiento a largo plazo, como mejorar el acceso y la calidad de la educación, aumentará la probabilidad de que se puedan desarrollar oportunidades de negocio en la industria y los servicios. De hecho, McMillan y Harttgen muestran que la mejora en la educación de las mujeres en las zonas rurales está correlacionada positivamente con la reducción del peso de la agricultura. Es interesante observar que una variable de carácter coyuntural, como los mayores ingresos por la exportación de materias primas, si se conjuga con un elemento estructural, la calidad de las instituciones, también puede contribuir al crecimiento a largo plazo.

Allá por el año 1954, el Premio Nobel de Economía Arthur W. Lewis ya defendió que el desarrollo económico estaba unido al crecimiento de los sectores modernos y el declive de los sectores tradicionales. Parece que África Subsahariana ha logrado, por fin, tomar esta senda. Por el bienestar de millones de personas es preciso que siga recorriendo este camino.

Una agenda para Europa

Son los objetivos, es el programa lo que importa, más que los nombres de quienes integrarán la próxima Comisión Europea, el nuevo Ejecutivo comunitario cuya toma de posesión está prevista para dentro de pocas semanas (1 de noviembre), después de un largo proceso de gestación, que alcanza su clímax en el examen de los candidatos por la Eurocámara. Lo principal ahora, dicho de otro modo, es acertar con la agenda de las instituciones europeas en la legislatura que se inicia.

Una legislatura crucial, probablemente, por la suma de factores y acontecimientos que en pocos meses han coincidido: dentro, los resultados de las elecciones del pasado 25 de mayo, expresando el alto grado de descontento y contestación ciudadana respecto a una situación sin nervio político y mediocres resultados económicos; fuera, en la frontera oriental, el conflicto de Ucrania y, al sur, en territorios de Siria e Irak, el desafío del Estado Islámico. La suma de todo ello le está dando a 2014, sin duda, un relieve especial: un año de aniversarios redondos en la Europa del siglo XX (comienzo de las dos Guerras Mundiales y caída del Muro de Berlín: 100, 75 y 25 años, respectivamente), parece así aportar suficientes hechos de envergadura para tener su propia entidad histórica, planteando en todo caso prioridades inexcusables. Tres son muy obvias: economía, defensa y energía.

La primera para contrarrestar la desafección de una generación en riesgo de malograrse y las pulsiones populistas (y nacionalistas) avivadas por las secuelas de la crisis. Evitar, desde luego, un tercer episodio recesivo, pero sobre todo encontrar una senda de crecimiento que reduzca el desempleo y asegure los niveles del sistema de protección social que es santo y seña del modelo europeo de bienestar. La segunda —defensa— para contrarrestar la vulnerabilidad de las fronteras europeas ante la recuperada agresividad de la potencia rusa y el terrorismo islámico, esa otra forma no convencional de guerra en nuestros días. La UE gasta poco comparativamente en defensa y lo gasta mal, sosteniendo ejércitos nacionales de corte westfaliano que han perdido sentido al consolidarse la unión continental. La tercera —energía— para contrarrestar una gran dependencia con más amenazas en el nuevo escenario geoestratégico. Una política energética común que suponga unificar normas reguladoras, planificación de inversiones en infraestructuras para multiplicar las conexiones internas, adquisiciones centralizadas a terceros, un adecuado mix energético. Una PEC que pueda llegar a codearse con la PAC.

Tres entradas principales para una agenda que ha de dedicar también lugar destacado a la política migratoria común (3.000 vidas se ha cobrado en lo que va de año la travesía del Mediterráneo entre quienes, procedentes de aquella ribera, ven en esta el cielo de sus esperanzas) y una política exterior mejor definida y más activa, para combatir el peligro de una creciente irrelevancia global (bienvenida sea, en este punto, la remisión a las Cortes por nuestro Consejo de Ministros de la primera “Estrategia de Acción Exterior” de la democracia española, con serias y ambiciosas propuestas en lo que respecta, precisamente, a la Unión Europea). Es la suerte toda del proyecto europeo lo que está en juego.

Evolución histórica de las variables macroeconómicas fiscales de la economía española, 1964-2013, y proyecciones 2014-2017

En esta entrada del Blog se presenta la senda temporal de las principales variables macroeconómicas fiscales de las AA.PP. españolas (medidas en % del PIB) actualizadas para el periodo 1964-2013. En concreto, se ha añadido la cifra provisional del año 2013 y se han corregido también todas las cifras anteriores con datos actualizados de las nuevas series elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los datos provienen de las Cuentas Financieras de la Economía Española elaboradas por el Banco de España y de la Contabilidad Nacional de España elaborada por el INE. También se presentan previsiones de déficit público total (incluyendo los pagos de intereses de la deuda pública acumulada), del déficit público primario (sin incluir los pagos de intereses de la deuda pública acumulada) y del stock de deuda pública bruto (según la metodología del Déficit Público Excesivo), previsiones presentadas en el pasado mes de abril por el Ministerio Economía y Competitividad y en el pasado mes de mayo por la Comisión Europea para el periodo 2014-2017.

Me gustaría destacar los tres últimos periodos de la historia presupuestaria de la economía española: a) el ajuste fiscal del periodo 1996-2007; b) el deterioro brusco y profundo de las finanzas públicas en los años 2008 y 2009, después del inicio de la crisis económica derivada de la crisis financiera internacional; y c) el nuevo periodo de ajuste fiscal que comenzó en el año 2010 que avanza a un ritmo excesivamente lento para garantizar la sostenibilidad de las finanzas pública a largo plazo.

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) aparece la evolución de los ingresos totales, los gastos totales y los gastos netos de intereses de la deuda pública o gastos públicos primarios. En primer lugar, destacar el hundimiento de los ingresos en 2008 y 2009, y el espectacular crecimiento de las dos variables representativas de los gastos públicos en los años posteriores a 2008. En segundo lugar, a pesar de los esfuerzos realizados, los gastos totales y los gastos sin intereses de la deuda pública se situaron a finales de 2013 en el 45,3% y el 41,9% del PIB, respectivamente, lejos todavía de las cifras registradas antes del inicio de la crisis de 2008. Por último, los ingresos públicos no logran apenas recuperarse (suben tan sólo 0,6 puntos porcentuales en 2013) y se sitúan a niveles del año 1996 (38,6% del PIB), lejos todavía del máximo de recaudación alcanzado en 2007 (41,5% del PIB), último año del reciente periodo de expansión económica registrado en la economía española (1995-2007).

En el segundo gráfico se presenta la evolución del ahorro bruto total y del ahorro bruto excluido los pagos de intereses de la deuda pública del total de las AA.PP. La primera variable se obtiene del saldo conjunto de las cuentas corrientes (ingresos y gastos corrientes) de las AA.PP. (cuentas de producción, distribución y utilización de la renta). El ahorro bruto total y primario, que había crecido ininterrumpidamente en una década (desde 1997 a 2007), retrocedió bruscamente en el año 2008 y alcanzó en 2009 niveles negativos no conocidos en esta serie histórica. En el periodo 2010-2013 el ahorro público primario ha registrado una ligera mejora (1,1 puntos porcentuales en % del PIB), mientras que el ahorro público total incluso ha empeorado (0,3 puntos porcentuales del PIB) por el fuerte aumentos de los pagos de los intereses de la deuda pública acumulada. Ambas variables se sitúan todavía en 2013 en niveles negativos no deseables que incumplen la “regla de oro” de la política fiscal (emitir deuda pública solamente para financiar la inversión pública).

En el gráfico 3 se presenta la evolución temporal del superávit o déficit de las AA.PP. total y primario (excluidos los pagos de intereses de la deuda). Con más precisión, se trata de la capacidad (+) o necesidad de financiación (-) total y neta de intereses, obtenida como suma del ahorro bruto y del saldo de la cuenta de capital de las AA.PP. En este caso, se incluye además de los ingresos y gastos públicos corrientes, los ingresos y los gastos de capital de las AA.PP., incluida la inversión pública, entre otras partidas.

Como se puede observar en el gráfico, un periodo significativo de ajuste fiscal comenzó después de 1995 (año en el que se alcanzó un déficit público récord hasta entonces del -6,6%), para posteriormente reducirse en años sucesivos el déficit hasta el año 2004, y generándose superávit públicos crecientes en el periodo 2005-2007. Nuevamente, el año 2008 marca un cambio de tendencia brusco, al aparecer cifras de déficit público total del -4,5%, cifras no registradas desde el año 1996. En el año 2009 se alcanzó una nueva cifra récord: un -9,4% de déficit público primario y un -11,1% de déficit público total en estos 50 últimos años de historia de la hacienda pública española. El proceso de consolidación fiscal que había tenido relativo éxito en el periodo 2010-2011, se frenó significativamente en 2012, aunque se ha vuelto ha encauzar en el año 2013. De hecho, el déficit público total se ha reducido en 3,5 puntos porcentuales del PIB en 2013 hasta alcanzar el 7,1%, mientras que el déficit público primario se ha reducido en 3,9 puntos porcentuales del PIB, hasta situarse en el 3,7% del PIB.

No obstante, el déficit público total actual (-7,1% del PIB) se mantiene en una cifra aún muy alejada del límite del -3,0% vigente para los países de la zona del euro. El problema fiscal refleja tanto la insuficiente caída del gasto público, como la insuficiente recaudación impositiva.

En el gráfico 4 se muestra la senda temporal de dos variables representativas del stock de deuda pública de las AA.PP. La primera es el stock de deuda pública total medido por el conjunto de los pasivos financieros totales de las AA.PP. En el segundo caso, la segunda variable representativa del stock de deuda pública (menor en niveles por las partidas que incluye) es construido según la metodología del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE) incluido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la zona del euro (esta es la cifra oficial que pública el Banco de España y el Banco Central Europeo sobre el total de la deuda pública española). En ambos casos, la reducción es espectacular desde el año 1996 hasta el año 2007, y nuevamente se produce un deterioro muy significativo y persistente desde el inicio de la crisis financiera internacional en el año 2008. Con más detalle, en el año 2013 el stock de deuda pública según la metodología del PDE ha vuelto a crecer hasta alcanzar la cifra récord del 93,9% del PIB, sobrepasando ampliamente el límite impuesto por el Tratado de Maastricht (60% del PIB).

En los gráficos 5 y 6 se han añadido a los gráficos 3 y 4, algunas previsiones disponibles para el periodo 2014-2017 de las cifras del déficit público total y del stock de deuda pública según la metodología PDE. Las previsiones del Ministerio de Economía y Competitividad provienen de la publicación Actualización del Programa de Estabilidad, 2014-2017 remitida a la Comisión Europea el pasado mes de abril, mientras que las previsiones de la Comisión Europea aparecen en el informe European Economic Forecast, Spring 2014, publicado el pasado mes de mayo.

Por una parte, las previsiones disponibles para el déficit público total (gráfico 5) del Ministerio de Economía y Competitividad indican que la continuidad del proceso de ajuste fiscal en 2014-2017 posibilitarán que el déficit del conjunto de las AA.PP. alcance a finales de 2016 y 2017 el 2,8% y el 1,1%del PIB, respectivamente, situándose ya por debajo del límite impuesto por el Tratado de Maastricht del -3%. Las previsiones de la Comisión Europea son mucho más pesimistas y los técnicos del organismo estiman que en 2015 volverá a empeorar el déficit público total hasta situarse en el 6,1% del PIB.

¿A qué se deben estas significativas diferencias en las previsiones del déficit público total nivel stock de deuda pública (en % del PIB) del Ministerio y la Comisión Europea?

Las diferencias se sustentan en las importantes divergencias que existen entre las respectivas previsiones de la tasas de crecimiento real de la economía, de las tasas de interés real de la deuda pública y del nivel de déficit público primario (variable dependiente a su vez de la dinámica de ingresos públicos y de gastos públicos excluidos los pagos por intereses de la deuda pública), variables responsables de la dinámica temporal de la deuda pública (junto al nivel actual del stock de deuda pública).

Por otra parte, las previsiones de la Comisión Europea sobre la evolución del stock de deuda pública según la metodología del PDE (gráfico 6) son claramente pesimistas. Los técnicos del organismo estiman que el stock de deuda pública se situará a finales de 2014 en el 100,2% del PIB, mientras que a finales de 2015 ya alcanzará el 103,8% (cifras muy alejadas del límite impuesto en el Tratado de Masstricht del 60% del PIB). Por otra parte, el stock de deuda pública alcanzó a finales de julio de 2014 los 1.005.714 millones, lo que representa ya el 98,2% del PIB, según las cifras difundidas el 17 de septiembre por el Banco de España.

Si el crecimiento económico de la economía española no se acelera significativamente (a tasas de crecimiento real del PIB cercanas al 3%),  la situación de las finanzas públicas podría desembocar en un futuro no muy lejano en un “default” (impago) de la deuda pública. Y no sería la primera vez. En el siguiente cuadro se recogen las 14 veces que España ha iniciado un procedimiento puro de impago de su deuda pública desde 1557.  Además somos lo que más veces nos hemos declarado en alguna variante de “default” entre 1340 y 2011. [1]

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[1] Fuente: Reinhart, C.M. y  & Kenneth S. Rogoff, K.S. (2014): “This Time is Different: A Panoramic View of Eight Centuries of Financial Crises”, Annals of Economics and Finance, Society for AEF, vol. 15(2), pp. 1065-1188; Domínguez Martínez, J.M. y López del Paso, R. (2011): “Situaciones de impago de deuda soberana”, eXtoikos, No. 4, pp. 147-152.

¿Es efectiva la publicidad en Internet?

Hace algunos días estuve mirando en Internet el precio de unos billetes de avión a una ciudad europea. Desde aquel momento, vaya a donde vaya en Internet me encuentro con un anuncio de una super-oferta de alguna compañía: “Vuele por 7€” “Últimas plazas”. Da lo mismo si he ido a mirar las últimas noticias del periódico o si he consultado cómo se traduce una palabra al inglés; ahí aparece el anuncio, incansable. No sé a vosotros, pero a mi esta publicidad intrusiva me pone un poco de los nervios. Motivado por esta experiencia, este post lo voy a dedicar a hablar sobre la publicidad en Internet y a mostrar alguna evidencia de si es rentable para las empresas que nos persigan con anuncios en la red.

Si lo pensamos un poco, Internet es una herramienta estupenda para hacer publicidad de un producto o servicio. Cuando una empresa pone un anuncio en la televisión o en el periódico (de papel) sabe que mucha gente que va a ver el anuncio no está interesada en el producto, y tampoco sabe en qué medida el anuncio va a ayudar a que las personas interesadas compren finalmente el producto. Con Internet, las empresas pueden encontrar el consumidor que les interesa. Por ejemplo, si yo escribo “móviles” en Google, es bastante razonable pensar que estoy interesado en comprar un móvil. Además, si hago click en el primer resultado de la búsqueda, que en este caso es un link promocionado (pagado por una empresa para que aparezca en primer lugar), y finalmente compro el móvil en esa página web, la empresa podrá comprobar la efectividad de la publicidad.

Utilizando las herramientas que ofrece Internet, tres economistas que trabajan en el laboratorio de investigación de eBay, de los cuales dos son también profesores en la Universidad de Chicago y en Berkeley han realizado varios experimentos para analizar si la publicidad en Internet conduce a mayores ventas. Estos experimentos, recogidos en un artículo, se publicarán próximamente en Econometrica, una de las cinco revistas más prestigiosas de economía. El primer experimento analiza los anuncios promocionados (pagados) ligados a la marca. Por ejemplo, si yo tecleo “Ford” en Google el primer resultado es un link promocionado que me lleva a la página web de Ford en España, y el siguiente resultado es un link natural (no pagado) a la página corporativa de Ford. Si hago click en el primero, Ford tendrá que pagar a Google; pero si hago click en el segundo, no. El grupo de investigadores diseñó el siguiente experimento: en marzo de 2012 quitaron el link promocionado ligado a la búsqueda del término “eBay” en Yahoo y en MSN. Después compararon si las entradas a la página web de eBay se habían reducido desde estas plataformas en el periodo en el que se dejó de poner la publicidad. El resultado fue que las entradas a la página de eBay solamente se redujeron en un 0,5%. Al no estar el link promocionado, las personas simplemente habían utilizado el link natural que aparece tras la búsqueda.

El segundo experimento estaba relacionado con la publicidad ligada a las búsquedas genéricas, como el ejemplo del móvil que he explicado más arriba. Lo que hicieron es retirar esta publicidad en algunas poblaciones de Estados Unidos pero no en otras. El resultado fue que en las poblaciones en las que se habían mantenido los links promocionados las ventas solamente habían sido superiores en un 0,66%. Según los cálculos realizados por los autores, este aumento de las ventas no justificaba el gasto en publicidad. También encontraron que la publicidad aumentaba las compras de clientes que apenas habían utilizado anteriormente eBay. Para los que usaban esta plataforma asiduamente la ausencia de links promocionados no había tenido ningún efecto.

Como hemos explicado, los dos estudios se han basado en experimentos. Utilizar esta técnica de investigación no es una casualidad; responde a un problema que sufrimos los que nos dedicamos a los contrastes empíricos: la endogeneidad. Voy a tomar un ejemplo de un post anterior para explicar este problema. Imaginemos que quiero saber si un mayor número de policías de tráfico reduce el número de accidentes. Si el número de policías de tráfico se asignase de forma aleatoria entre los diferentes municipios podría analizar si realmente un mayor número de policías de tráfico está correlacionado con un menor número de accidentes. Sin embargo, si los municipios determinan el número de policías de tráfico en función de los accidentes que hay en el municipio (más accidentes, más policías) entonces no puedo extraer ninguna conclusión del análisis de los datos. En la publicidad por Internet ocurre una cosa similar: las personas que están más interesadas en un producto son las personas que más veces entran en la página web donde se puede comprar ese producto, y las que finalmente realicen un mayor volumen de compras. Si estas personas utilizan los links promocionados para entrar en la página web de la empresa encontraremos una correlación positiva entre links promocionados y ventas. Sin embargo, como muestran en su estudio los investigadores de eBay, estas personas también hubieran ido a la página web de la empresa si no existiese un link promocionado.

Cuando escribía este post he puesto varias veces el término eBay en Google para ver si aparecía algún link promocionado. No he encontrado ninguno. Parece que eBay hace caso a sus economistas.

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