Indicador de coyuntura: Junio 2014

crisis económica

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de mayo con los datos publicados hasta abril de ventas, producción industrial y renta, y hasta abril de afiliados. El indicador mensual muestra síntomas de consolidación de la recuperación iniciada hace ya más de un año. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en mayo es de 4,0 similar al dato que presentó en el mes de abril de 4,1.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE salvo los afiliados muestran un leve retroceso respecto a los meses anteriores. La producción industrial, las ventas y la renta suben 2,6% y 2.8% y 5,0 en abril, respecto las subidas de 5,1%, 6,9% y 5,1& en marzo, respectivamente. Los afiliados crecieron un 3,6% en mayo frente a la subida de 3,4% en abril.

indicadores

Impresoras 3D: La nueva revolución tecnológica?

En los últimos años hemos visto como han ido en aumento las noticias en torno al uso de una nueva forma de crear productos. Se trata de “fabricar” productos utilizando impresoras en tres dimensiones (3D), usando como inputs materiales plásticos y metálicos, entre otros. Como ejemplos de esta proliferación podríamos citar los artículos recientemente aparecidos en The Economist (“The printed world”, 2011; “Print me an Stradivarious”, 2011; “3D printing scales up”, 2013; “Boiprinters: Printing a bit of me”, 2014) y en The New York Times (“3D printers to make things you need or like”, 2013; “Will 3D printers change the world, 2014).

En caso de que el lector se esté preguntado ¿y esto qué es?, comenzaré por explicar en que consiste imprimir en 3D. La técnica de producción utilizada se denomina producción por adición (“additive manufacturing” en inglés) y presenta una serie de ventajas con respecto a técnicas de producción tradicionales, y como no, también algunos inconvenientes. Entre las ventajas cabe citar el uso racional de los materiales con una mínima generación de residuos, dado que el material se va depositando capa a capa hasta completar la fabricación del producto. Ello implica que no hay que cortar material de un bloque sólido y desechar el material sobrante. Además del ahorro en inputs y energía en el proceso de producción también se asocia con una reducción el los costes de inventario, al no ser necesario almacenar productos para servir a los clientes. Con un “clic” se crea una nueva unidad, que no tiene por qué ser exactamente igual a la anterior, sino que puede variar en color, diseño y forma, solo con un par de “clics”. Adicionalmente, dado que en algunos casos el bien se produce completamente por impresión, las cadenas de montaje y ensamblaje pueden perder la importancia que tienen actualmente para producir bienes de consumo. Finalmente, el uso creciente de esta tecnología ha incentivado la investigación en el diseño de productos online y en la experimentación con nuevos materiales híbridos. Si nos atrevemos a ser visionarios, el uso extendido de esta técnica podría eventualmente reducir el transporte de bienes entre continentes y también las emisiones de gases asociadas con los consiguientes beneficios para el medioambiente. Nos moveríamos así desde la globalización hacia la “glo-calización”, siendo solo necesario el transporte de los materiales y no de los bienes finales, para la producción de los cuales sería suficiente enviar por email (o descargar online) el diseño correspondiente.

Entre los inconvenientes asociados a esta técnica de producción que se suelen citar están los tiempos de producción, todavía substanciales, y el elevado coste tanto de las impresoras 3D como de los nuevos materiales que estas impresoras utilizan. Podrían también tener futuras consecuencias negativas para el mercado de trabajo, si se considera que permiten producir más con menos trabajadores. Sin embargo esto podría verse desde el lado positivo si fuese posible reducir las horas de trabajo por trabajador y mejorar las posibilidades de ocio.

La segunda pregunta que nos viene en mente es ¿Y que se puede producir?. Pues bien, las posibilidades se han ido ampliando en pocos años y hoy es posible producir con esta técnica desde audífonos hasta piezas de coches y aviones, pasando por joyas, zapatos, juguetes y prótesis dentales. Entre las empresas que ya la usan podemos destacar Ford (esta empresa ya ha producido más de medio millón de piezas), Nike (fabrica partes de bolsas y zapatillas), Starkey (audífonos que se producen así desde hace 10 años con más de 10 millones de aparatos producidos), Makielab (muñecas) y Hershey´s y Hasbro (chocolate).

También nos podríamos preguntar quienes son los principales países innovadores y exportadores. Claramente no es difícil de adivinar que entre los más innovadores se encuentran Estados Unidos, Alemania, Israel y Reino Unido, mientras que en el ranking de exportadores es Alemania la que ocupa el primer puesto.

Entre las empresas más importantes dedicadas a la producción y venta de 3D se encuentran Stratasis, 3D Systems Corporation y ExOn Co, las cotizan en bolsa (información para ávidos inversores). También existe un fondo dedicado a impresoras 3D denominado 3D Printing Fund LLC.

Con respecto al uso en la industria, cerca del 60 por ciento de las compañías pequeñas y medianas están adoptando de algún modo la tecnología y el 70 por ciento de las grandes las usa en cierta medida. Aplicaciones en la industria aeroespacial son ya comunes. En esta industria las 3D son usadas por General Electric, NASA, Boeing y Airbus, por ejemplo. Airbus imprimió en 2013 mas de 1300 frenos con un ahorro de 44 días en tiempo de entrega y Boeing fue una de las primeras empresas en adoptar la nueva tecnología, con más de 20000 partes ya impresas para 10 tipos diferentes de aviones militares y comerciales (Dreamliner 787 contiene 30 componentes producidos con 3D).

A pesar de la incertidumbre que nos depara el futuro, algunos analistas se han aventurado a predecir lo que pasará dentro de unos años en este campo, amparándose, como no, a una serie de hipótesis. De acuerdo con Wohlers Report (2014), se espera que la industria de la impresión en 3D en todo el mundo crezca de $ 3.07B en ingresos en el 2013 a $ 12.8B en 2018 y supere los $ 21B en ingresos en todo el mundo hacia el año 2020.

Todavía no es posible saber si esta innovación va a poner realmente en juego el proceso de globalización y crecimiento continuo del comercio en bienes y servicios en el que estamos inmersos, ni de si va a llevar al “fin” de las cadenas de producción globales que se han desarrollado en las últimas décadas, como predicen algunos artículos. Para ello habrá que esperar.

Responsabilidad versus alarma

Dado que los resultados del 24 M no constituyen sino la crónica de un cambio anunciado, ahora el alarmismo está de más. Las alarmas, de ser necesarias, deberían haber saltado antes, incluso mucho antes, pues el cambio profundo que las urnas han expresado se ha cocido a fuego lento; al persistente calor suministrado por la erosión de las clases medias y la creciente desigualdad durante largos años de crisis, por la carencia de iniciativas de los partidos hegemónicos para impulsar una regeneración creíble de la democracia y por la ausencia —o el desprecio— de cualquier asomo de pedagogía social a la hora de hacer entender a la ciudadanía los costes de sanear una situación económica comatosa. Ha habido mucho tiempo, en efecto, para alertar del impacto que todo ello acabaría teniendo en el escenario político habitual en las últimas tres décadas. Lo que conviene en este momento es llamar la atención sobre las oportunidades que abre.

Tres, al menos, son discernibles. Primera: los resultados electorales abren el juego político competitivo, con un doble beneficio: por una parte, incorpora a la política institucional movimientos o plataformas sociales que se movían únicamente en el terreno de la protesta; por otra, promueve movimientos adaptativos a las nuevas circunstancias en los viejos partidos (“o cambiamos o nos cambian”, esa es para ellos ahora la cuestión hamletiana). Segunda: la cultura de pactos y de cooperación política pasa a ser asignatura obligatoria, que no meramente optativa, con todas las ventajas —si prevalece la altura de miras— que ello supone, pues el pacto es el medio mejor para la solución de la mayoría de los problemas políticos y sociales en democracia, y más en sociedades plurales y complejas como es la española hoy. La cultura del compromiso, de la negociación para buscar puntos de encuentro al servicio de intereses generales. Si tal actitud y tal aptitud las tuvieran unos y otros actores políticos, los veteranos y los recién llegados, entonces el nuevo mapa, aunque más compartimentado —o fragmentado—, habría que contemplarlo no como amenaza sino como oportunidad de construir una democracia más vigorosa. No se olvide que ineficacia o corrupción es lo que más mina la credibilidad del sistema y lo deslegitima. ¿Alguien lo duda a estas alturas? Precisamente ello conduce a la tercera oportunidad que crea el nuevo contexto: la necesidad de acuerdos de gobernabilidad entre diversos partidos facilitará mayor transparencia, mayor disciplina y exigencia frente a la corrupción, mejor control de la gestión, una prioridad indiscutible en las circunstancias actuales.

No son, pues, vaticinios agoreros lo que se necesita en esta hora. Sí, en cambio —y así se ha pronunciado el Círculo Cívico de Opinión—, apelar a la responsabilidad de quienes gobiernen para hacer realidad lo que desea la sociedad española: superar la crisis en todas sus dimensiones, dando por hecho que los servicios públicos van a continuar funcionando como corresponde a un país desarrollado y que no asistiremos a una parálisis provocada por conflictos institucionales; que se va a combatir enérgicamente la corrupción y la apropiación de las instituciones por los partidos; que se buscará solución a los conflictos territoriales, y que no se abandonará la dirección adecuada para la recuperación económica, porque el empleo de calidad lo crean las políticas apropiadas, no el voluntarismo.

Tendencia a largo plazo de la tasa de actividad de los EE.UU., 1948-2015

La tasa de participación de la fuerza laboral (o tasa de actividad en las estadísticas españolas) es el porcentaje de la población estadounidense de 16 años o más que trabaja o que busca trabajo (se excluye los menores de 16 años, el personal militar y los individuos sin libertad en prisiones y en otras instituciones).

La dinámica reciente de la tasa de participación de la fuerza laboral en EE.UU. es uno de los principales problemas a los que se enfrenta en la actualidad la economía americana, ya que el crecimiento de esta variable es uno de los factores determinantes del crecimiento económico a largo plazo.

El crecimiento económico a largo plazo puede ser aproximado por la evolución de la renta per cápita, macromagnitud que depende de la evolución de tres factores (los dos primeros económicos y el último demográfico):

PIB/población total = (PIB/población ocupada) x (población ocupada/población activa) x (población activa/población total)

o equivalentemente [1]:

renta per per cápita = productividad aparente del trabajo x tasa de ocupación x tasa de participación de la fuerza laboral

En dos gráficos adjuntos se presenta la evolución de la tasa de participación de la fuerza laboral en EE.UU. en el periodo 1948-2015 (último dato abril) y su evolución desde el inicio de la Gran Recesión de 2008 hasta la actualidad.

Durante la “época de oro”, de 1960 a 1990, la tasa de participación de la fuerza laboral aumento constantemente, pasando del 59,7% al 66,4%. Ese aumento espectacular fue consecuencia de la llegada a la edad adulta del “baby boom” de la posguerra (II Guerra Mundial) y el importante crecimiento de la fuerza laboral femenina.

En la década 1990-2000, la tasa de participación de la fuerza laboral fue creciendo pero a un ritmo muy lento, alcanzando su máximo histórico en el año 2000, con un 67%. Esto fue consecuencia de la llegada a la jubilación de la generación de la posguerra y la caída de las tasas de participación de la fuerza laboral femenina.

Desde el año 2000 hasta la actualidad, incluyendo por tanto el periodo de la Gran Recesión iniciado a finales de 2007, la tasa de participación de la fuerza laboral inició una senda descendente hasta situarse en abril de 2015 en el 62,8%, el dato más bajo desde 1978.

¿Qué parte de esta disminución de la tasa de participación de la fuerza laboral en EE.UU. se debe a causas estructurales y a causas cíclicas?

En un reciente estudio del FMI [1] se muestra que los cambios estructurales, fundamentalmente el envejecimiento de la población, han provocado casi el 50% del descenso de la tasa de participación de la fuerza laboral después de 2007, mientras que los factores cíclicos (oferta de empleos y la dinámica de los salarios) representan entre un 30-40% del descenso.

El resto del descenso de la tasa de participación desde finales de 2007 es consecuencia de la caída de la participación de la fuerza laboral de la población joven (por  la disminución  del número de estudiantes que trabajan además de estudiar) y por el aumento de las solicitudes del seguro de discapacidad de la población de más de 50 años.

El estudio es pesimista respecto a la posibilidad de revertir el descenso de la tasa de participación de la fuerza laboral desde finales de 2007. Sólo un tercio de los 3,8 puntos porcentuales podría ser reversible mientas que el otro tercio seguirá condicionado por las tendencias demográficas.

Aunque no es posible revertir los factores demográficos si que se podrían anular los factores cíclicos mediante una combinación de las siguientes políticas:

  • Políticas macroeconómicas que impulsen el crecimiento económico, propicien la fortaleza del mercado laboral, la recuperación de los salarios y que la población vuelva nuevamente a la fuerza laboral (población activa).
  • La mejora de los programas de formación y de búsqueda de empleo.
  • La mejora de los programas de beneficios familiares para el cuidado de los hijos, para ayudar al aumento de las tasas de participación de la fuerza laboral femenina.
  • Una reforma de las leyes de inmigración que de oportunidades a inmigrantes altamente cualificados para reforzar a la parte de la fuerza laboral más envejecida.

En síntesis, el problema a largo plazo del crecimiento a largo plazo de la renta per cápita de la economía americana no es sólo dar un mayor impulso al crecimiento de la productividad del trabajo y de la tasa de ocupación (factores económicos), sino también revertir la tendencia a la baja de la tasa de participación de la fuerza laboral (factor demográfico).

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[1] IMF (2014): “Recent US Labor Force Participation Dynamics: Reversible or Not?”, United States. Selected Issues.

Responsabilidad versus alarma

Dado que los resultados del 24 M no constituyen sino la crónica de un cambio anunciado, ahora el alarmismo está de más. Las alarmas, de ser necesarias, deberían haber saltado antes, incluso mucho antes, pues el cambio profundo que las urnas han expresado se ha cocido a fuego lento; al persistente calor suministrado por la erosión de las clases medias y la creciente desigualdad durante largos años de crisis, por la carencia de iniciativas de los partidos hegemónicos para impulsar una regeneración creíble de la democracia y por la ausencia —o el desprecio— de cualquier asomo de pedagogía social a la hora de hacer entender a la ciudadanía los costes de sanear una situación económica comatosa. Ha habido mucho tiempo, en efecto, para alertar del impacto que todo ello acabaría teniendo en el escenario político habitual en las últimas tres décadas. Lo que conviene en este momento es llamar la atención sobre las oportunidades que abre.

Tres, al menos, son discernibles. Primera: los resultados electorales abren el juego político competitivo, con un doble beneficio: por una parte, incorpora a la política institucional movimientos o plataformas sociales que se movían únicamente en el terreno de la protesta; por otra, promueve movimientos adaptativos a las nuevas circunstancias en los viejos partidos (“o cambiamos o nos cambian”, esa es para ellos ahora la cuestión hamletiana). Segunda: la cultura de pactos y de cooperación política pasa a ser asignatura obligatoria, que no meramente optativa, con todas las ventajas —si prevalece la altura de miras— que ello supone, pues el pacto es el medio mejor para la solución de la mayoría de los problemas políticos y sociales en democracia, y más en sociedades plurales y complejas como es la española hoy. La cultura del compromiso, de la negociación para buscar puntos de encuentro al servicio de intereses generales. Si tal actitud y tal aptitud las tuvieran unos y otros actores políticos, los veteranos y los recién llegados, entonces el nuevo mapa, aunque más compartimentado —o fragmentado—, habría que contemplarlo no como amenaza sino como oportunidad de construir una democracia más vigorosa. No se olvide que ineficacia o corrupción es lo que más mina la credibilidad del sistema y lo deslegitima. ¿Alguien lo duda a estas alturas? Precisamente ello conduce a la tercera oportunidad que crea el nuevo contexto: la necesidad de acuerdos de gobernabilidad entre diversos partidos facilitará mayor transparencia, mayor disciplina y exigencia frente a la corrupción, mejor control de la gestión, una prioridad indiscutible en las circunstancias actuales.

No son, pues, vaticinios agoreros lo que se necesita en esta hora. Sí, en cambio —y así se ha pronunciado el Círculo Cívico de Opinión—, apelar a la responsabilidad de quienes gobiernen para hacer realidad lo que desea la sociedad española: superar la crisis en todas sus dimensiones, dando por hecho que los servicios públicos van a continuar funcionando como corresponde a un país desarrollado y que no asistiremos a una parálisis provocada por conflictos institucionales; que se va a combatir enérgicamente la corrupción y la apropiación de las instituciones por los partidos; que se buscará solución a los conflictos territoriales, y que no se abandonará la dirección adecuada para la recuperación económica, porque el empleo de calidad lo crean las políticas apropiadas, no el voluntarismo.

El efecto económico a largo plazo de las misiones jesuitas

Seguro que al leer el título de este post muchos lectores habrán recordado la película La Misión, en la que Jeremy Irons, encarnando a un jesuita, establece una misión en una región habitada por los guaraníes. Me imagino que muchos de los lectores también recordarán a Robert de Niro, que en penitencia por haber matado a su hermano, escala descalzo una montaña arrastrando con él todas sus armas.

Hay una muy extensa literatura sobre las misiones de los jesuitas en la región guaraní, actualmente dividida en tres países (Argentina, Brasil y Paraguay). Sin embargo, no ha habido hasta la fecha ningún estudio que haya analizado cuál ha sido el efecto económico a largo plazo de estas misiones. Gracias al magnífico trabajo de Felipe Valencia Caicedo, de la Universidad Pompeu Fabra, ya tenemos evidencia sobre esta cuestión. El estudio compara el nivel de educativo y la renta de las personas que viven en la actualidad cerca del lugar en que se ubicaban las misiones jesuitas con la educación y la renta de las personas que viven más lejos del lugar en que se ubicaban las misiones. El profesor muestra que el nivel educativo y el ingreso de las personas que viven cerca de donde se ubicaban las misiones son más elevados. Asimismo, a partir de encuestas realizadas entre la población, el profesor concluye que las personas que viven cerca de donde se ubicaban las misiones tienen habilidades no-cognitivas más elevadas y un mayor grado de altruismo.

¿Qué relación puede existir entre unas misiones que se establecieron a partir de 1609, y que fueron disueltas con la expulsión de los jesuitas de Latinoamérica en 1767, y la educación y la renta en la actualidad? La respuesta tiene dos partes. La primera es la importancia que dieron los jesuitas a la educación y al aprendizaje de diferentes oficios en sus misiones. En las misiones se enseñaba a los niños, y a las niñas, a leer y escribir, y a realizar operaciones aritméticas básicas. Asimismo, se enseñaba a los adultos oficios como la albañilería, la carpintería y el bordado. Para contrastar la validez de este argumento el profesor Valencia Caicedo compara las misiones jesuitas con las misiones franciscanas, que ponían un menor acento en la educación. A diferencia de las misiones jesuitas, el estudio no encuentra ninguna relación entre la cercanía a las misiones franciscanas y un mayor nivel educativo y de renta. La segunda parte de la respuesta tiene que ver con el mecanismo que hace que persista el efecto de las misiones jesuitas tras más de 300 años desde su desaparición. El primer mecanismo es mediante el desempeño de oficios, como los señalados anteriormente, que generan una mayor renta que la actividad agrícola. En la medida en que los oficios se transmitan de padres a hijos, se produce un mecanismo para perpetuar el efecto positivo. El segundo mecanismo es la cultura. Si los padres transmiten a sus hijos valores como la importancia de acudir a una biblioteca, o de escribir un diario, se generan mecanismos que perpetúan el efecto positivo de la lectura o la escritura.

Las misiones jesuitas no son el único caso en el que observamos el efecto a largo plazo de un acontecimiento histórico. Por ejemplo, hace un par de años, expliqué en esta entrada el efecto negativo que había tenido la esclavitud sobre la confianza en las regiones africanas y el efecto que esa menor confianza tiene sobre el nivel de renta en la actualidad. Afortunadamente, en esta ocasión el efecto a largo plazo ha sido positivo.

¡Qué roben otros!

En cuanto la interpretación de los resultados electorales del paso domingo caben dos interpretaciones no necesariamente excluyentes. La primera sería el grito profundamente Ortegiano “¡Qué roben otros!” Es decir una sustitución de un partido y unos dirigentes marcados por la corrupción por otros partidos con personas en principio honestas (o que no han estado en posición de poder corromperse). La segunda interpretación sería un cambio en las preferencias de la población sobre la política económica y en particular el gasto público a nivel local y autonómico.

Sin desmerecer el factor Ortegiano, la segunda explicación tiene unas implicaciones más profundas en las políticas que implementen nuestros dirigentes a partir de ahora. La más evidente es que la austeridad simplemente no funciona. No es que los modelos macro de reacción fiscal se equivoquen (que también podría ser) ni por el acierto de las políticas Keynesianas de expansión del gasto público.

La austeridad no funciona porque la propensión marginal al suicidio político tiende a cero. Puede que las medidas de adelgazamiento de a deuda, reducción del gasto público, racionalización del sector público, devaluación interna y reducción de salarios para aumentar la competitividad, apertura comercial etc. sean justo lo que necesite nuestra economía en estos momentos. Pero atendiendo a los resultados electorales, ningún político tiene incentivos para continuar con este tipo de políticas, ya que los votantes han premiado a los partidos con políticas opuestas a las ortodoxas. Es decir, era previsible que los votantes se hartaran de esperar pacientemente recorte tras recorte a que se ajuste la economía en periodo indeterminado.

Tal como lo explicaba Keynes en The Economic Consequences of Mr. Churchill (1925):

The working classes cannot be expected to understand (..) Those who are attacked first are faced with a depression of their standard of life, because the cost of living will not fall until all the others have been successfully attacked too; and, therefore, they are justified in defending themselves. Nor can the classes which are first subjected to a reduction of money wages be guaranteed that this will be compensated later by a corresponding fall in the cost of living, and will not accrue to the benefit of some other class. Therefore they are bound to resist so long as they can; and it must be war, until those who are economically weakest are beaten to the ground”.

¿Qué alternativas hay para compatibilizar las preferencias de los votantes a corto plazo con un modelo de crecimiento a largo plazo? La primera es la Marxista: “Estos son mis modelos, si no le gustan, tengo otros”. La segunda es la Ortegiana: “¡Qué recorten otros!” La tercera es confiar que entre los miles de papers que producen las mentes económicas más brillantes haya al menos uno que encuentre la solución.

Indicador de coyuntura: Mayo 2015

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de abril con los datos publicados hasta marzo de ventas y producción industrial, y hasta abril de renta y de afiliados. El indicador sigue mostrando la mejoría de la economía española que se inició a mitad de 2013. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en abril es de 4,5 un poco inferior que el 4,7 del mes de marzo.

factor

Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, la producción industrial y las ventas aumentan a 4,8% y 6,8% en marzo respecto de 1,2% y 6,2% en febrero. La renta y los afiliados mantienen en abril las tasas de crecimiento del mes anterior en 5,1% y 3,4%, respectivamente.

indicadores

El crecimiento económico necesita estabilidad política, fortaleza institucional y una buena gestión de la política económica: Venezuela vs. Colombia y Ucrania vs. Bielorrusia

Encontrar la manera de acelerar el crecimiento económico es un prioridad máxima de todos los gobiernos. Los economistas hemos llegado al consenso de que para fomentar el crecimiento económico hay que crear un marco propicio para impulsar el emprendimiento y la inversión productiva. Y para lograr este objetivo son imprescindibles la disciplina macroeconómica (financiera, fiscal y monetaria), la promoción de la competencia y flexibilidad de los mercados, pero también es fundamental la fortaleza institucional y la estabilidad política.

En está entrada del Blog vamos a ocuparnos de dos países que han fracasado en comparación con sus dos vecinos en la generación de un crecimiento económico significativo y sostenible en el tiempo. La clave del fracaso y del éxito ha sido la presencia o la ausencia de fortaleza institucional y de una buena gestión de la política económica.

En el primer gráfico se muestra la evolución del PIB per cápita real (dólares americanos de 2005) de la República Bolivariana de Venezuela y Colombia de 1960 a 2013. La República Bolivariana de Venezuela ha pasado de 5939 dólares per cápita en 1960 a 6401 dólares per cápita en 2013. Ello supone un aumento de tan sólo el 7,78% en 54 años y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del +0,13%. Por el contrario, su vecina Colombia ha pasado de 1452 dólares per cápita en 1960 a 4394 dólares per cápita en 2013. Ello supone un aumento del 471% en el mismo periodo y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa +2%. El mayor crecimiento económico se ha registrado desde 2002 a 2013 (una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del +2,9%), periodo del impulso de las negociaciones con la guerrilla para poner fin al conflicto armado interno.

En el segundo gráfico se muestra la evolución del PIB per cápita real (dólares americanos de 2005) de Ucrania y Bielorrusia de 1990 a 2013. Ucrania ha pasado de 2640 dólares per cápita en 1960 a 2138 dólares per cápita en 2013. Ello supone una caída del 19% en 24 años y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del -0,87%. Por el contrario, su vecina Bielorrusia ha pasado de 2329 dólares per cápita en 1990 a 4913 dólares per cápita en 2013. Ello supone un aumento del 111% en el mismo periodo y una tasa de crecimiento real media anual acumulativa del +3,11%.

No solo viento de cola

Es un dato que despeja dudas: el crecimiento del PIB en el primer trimestre de este año, nueve décimas respecto al trimestre anterior (que coloca la tasa interanual en un 2,6 por ciento), indica un vigor más que notable en la fase de recuperación de la economía española. Nada que ver con el desmayado repunte que se conoció en 2010 (entonces el aumento del PIB, en tasa interanual, no sobrepasó el 0,5 por ciento), breve interludio entre las dos recesiones padecidas entre 2008 y 2013. Ahora los sucesivos registros trimestrales ofrecen consistencia (son ya siete positivos en medida intertrimestral) y están acompañados de múltiples indicadores en la misma dirección.

Al Gobierno le ha faltado tiempo para airearlo, pues supone un verdadero “vuelco” de la situación comatosa que se encontró al comenzar su andadura. Y ha aprovechado para presentar el Programa de Estabilidad, 2015-18, antes de remitirlo a la Comisión Europea, en el que se dibuja un nuevo ciclo propiamente expansivo, con crecimientos altos y mantenidos del PIB y del empleo, reducción sustancial del déficit público y buenos registros en el sector exterior. Su cumplimiento permitiría recuperar en 2016 el PIB perdido en los años de recesión más aguda (hasta 7,5 puntos porcentuales) y rebajar en el cuatrienio casi diez puntos la tasa de desempleo (dejándola en 15,6 por ciento en 2018): buen balance, aunque no para tirar cohetes: nos habrá costado cinco años más que Alemania o a Francia esa recuperación del valor de nuestra producción de bienes y servicios, y al terminar la década el desempleo estaría todavía lejos de bajar de los dos dígitos.

Hay motivos, en todo caso, para la autoestima (algo muy distinto de la autocomplacencia, siempre mala compañera, por decirlo al modo ramoniano) y también para el elogio. Es verdad que varios factores ajenos han concurrido para empujar con fuerza en los últimos meses: facilidades de financiación del BCE, abaratamiento del petróleo, depreciación del euro; pero todos ellos también han estado soplando las velas de los demás, y prácticamente nadie en la Eurozona los ha aprovechado tanto como la economía española. Algo habrá que poner también en el haber de la agenda reformista desplegada durante la legislatura que ya emboca su final. Y también, y no desde luego en último lugar, convendrá subrayar el meritorio comportamiento de las empresas españolas, que han sabido capear el temporal demostrando una sobresaliente capacidad de gestión: tómese como referencia que, en las más adversas circunstancias, han ampliado su radio de acción en los mercados internacionales (más del 50 por ciento de las exportaciones españolas ya se colocan fuera de la Eurozona), aumentando año a año el censo de las empresas exportadoras (ya en torno a 150.000). Un desempeño ciertamente elogiable, dado el papel decisivo que en una economía avanzada y en una sociedad abierta le corresponde al empresario, uno de los pilares fundamentales del tejido social. Y se necesitará la movilización de toda la sociedad civil para dejar definitivamente atrás una crisis que tan profundas heridas ha causado. No bastará con el viento de cola.

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