Indicador de coyuntura: Julio 2015

El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de junio con los datos publicados hasta mayo de ventas y producción industrial, y hasta junio de renta y afiliados. Aunque se observa un leve retroceso del indicador mensual, se sigue moviendo entorno a valores que muestran los síntomas de consolidación de la recuperación iniciada hace ya más de un año. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en junio es de 3,2 similar al dato que presentó en el mes de mayo de 3,9.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALdE, salvo las ventas, muestran un leve retroceso respecto a los meses anteriores. El crecimiento de la producción industrial baja de 2,5% abril a 1,7% en mayo, y la renta y los afiliados bajan de 4,9% y 3,6% en mayo a 4,1% y 3,1% en junio. Por su parte, el crecimiento de las ventas sube de 2,6% en abril a 5,9% en mayo.

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Otro referéndum

Es el que se celebrará el 27 de septiembre en Cataluña, si se mantiene el propósito de la presidencia de la Generalitat de convocar elecciones autonómicas con carácter plebiscitario, con la reafirmada determinación de proceder en su caso a una declaración unilateral de independencia. Y aunque el tema no se instale definitivamente en el centro del escenario público español hasta las vísperas de la próxima Diada —“Vía libre a la República catalana” es el lema elegido esa vez, hay que agradecer la franqueza—, su importancia bien merecería prestarle ya atención preferente.

La deriva durante el último lustro de una parte muy apreciable del nacionalismo catalán hacia una posición nítidamente independentista se resiste a explicaciones simplonas. Tiene que ver, sin duda, con la defectuosa gestación, en todos los tramos del proceso, del Estatuto de Autonomía de 2006. Asímismo, con el apoyo activo, y no poco paradójico, que la opción soberanista ha recibido por parte de la clase intelectual más cualificada, cosmopolita e influyente —la intelligentsia— de catalanes nacidos en los dos decenios posteriores a la Guerra Civil. Y también, claro está, con la crisis económica e institucional padecida: la independencia como tabla de salvación particular ante el riesgo de naufragio del país entero. Como fuere, no es un fenómeno susceptible de diagnóstico sencillo.

De ahí las obligadas reservas a la hora de vaticinar el futuro inmediato en este frente. Si una de las causas del auge independentista ha sido la crisis, en todas sus dimensiones, lo esperable será un reflujo del tal marea al superarse aquella: así lo evidenciaría ahora, en el marco de la bien apreciable recuperación económica, el declive del independentismo en los más recientes sondeos de opinión. Por su parte, las cuotas de votantes que también ahí sean capaces de captar Ciudadanos y Podemos restarán asimismo peso a las formaciones independentistas. Y es igualmente cierto que con el paso de las semanas se van haciendo más patentes las actividades y los pronunciamientos de aquella parte de la sociedad civil catalana contraria a la separación. La pelota está en el aire, y probablemente al partido le quede mucho… al menos por un cierto tiempo (que eso es, con unos u otros matices, lo que nos lega la historia, ya sea la experiencia de la Mancomunidad en la Restauración, o la del Estatuto de Autonomía en la II República o la del propio régimen autonómico en nuestros días).

El tema es muy serio, y todavía más si se pone en relación con la poco relevante presencia en el País Vasco y en Navarra de los partidos de rango nacional a escala de toda España. El “desanclaje” de cualquiera de esas piezas territoriales en la arquitectura constitucional española tendría efectos mayúsculos; el de las tres, sencillamente incalculables. De ahí que la del 27 de septiembre sea una prueba de enorme trascendencia, tanto para la integridad territorial de España como para la articulación constitucional de nuestra democracia.

Coda. Todo menos mirar para otro lado, o solo de soslayo. Ese otro referéndum, con la amenaza que conlleva de empujar hacia una fractura política y social dentro de la propia Cataluña y con su inevitable proyección fuera de nuestras fronteras, constituye hoy nuestro problema capital.

Aprobado el ambicioso Acuerdo de Libre Comercio entre Australia y China

FTA-banner-China

A finales de 2014, y casi 10 años después del inicio de las negociaciones, China y Australia firmaron un ambicioso acuerdo de libre comercio, conocido por sus siglas en inglés (China-Australia Free Trade Agreement, ChAFTA). Para Australia, la aprobación del ChAFTA,  representa otro éxito en su reciente política comercial, ya que a principios de 2014 ya firmó acuerdos de libre comercio con Corea del Sur (Korea Australia Free Trade Agreement, KAFTA) y con Japón (Japan Australia Economic Partnership Agreement, JAEPA). Por su parte, China ha hecho importantes concesiones a Australia, especialmente en la liberalización de los servicios y en las exportaciones agrícolas.

Estos son las principales partes del acuerdo ChAFTA:

Aranceles

– En la actualidad algunas exportaciones australianas tienen aranceles del 40%, pero en el horizonte de 4 años después de la entrada en vigor del acuerdo, el 93% de los productos estarán libres de aranceles.

– Los recursos naturales minerales y energéticos (70% del total de las exportaciones de Australia a China, 90.000 millones de dólares americanos) tendrán arancel cero. También tendrán arancel cero los productos manufacturados australianos.

Agricultura

Australia ha obtenido sustanciales ventajas comerciales para sus exportaciones agrícolas a China, lo que otorga ventajas competitivas frente a otros grandes productores agrícolas como los EE.UU.:

  • Un número elevado de productos lácteos no tendrán aranceles dentro de 9 años y carecerán de cláusulas de salvaguardia (excepto la leche en polvo).
  • La carne de vacuno y de cordero no soportarán aranceles dentro de 9 y 8 años, respectivamente, aunque la carne de de vacuno estará sujeta a controles de seguridad.
  • El vino australiano estará libre de aranceles dentro de 4 años, así como la mayoría de las frutas y hortalizas.

Servicios

China ha hecho importantes concesiones al sector servicios de Australia en diferentes ámbitos:

  • En los servicios financieros, los bancos australianos sólo tendrán que esperar 1 año (en lugar de 3) para participar en los servicios locales. Sin embargo, los bancos australianos sólo podrán aceptar depósitos de más de 1 millón de yuanes, y no podrán dar préstamos a personas físicas chinas.
  • En lo que respecta a los seguros, las compañías australianas ya podrán ofrecer seguros del automóvil, aunque con algunas limitaciones. Esta cuestión es un importante avance para las compañías de seguros australianas si se considera el tamaño del mercado chino del automóvil (154 millones a finales de 2014).
  • En el campo de los servicios de salud, las empresas australianas tendrán un acceso privilegiado a este sector que está en plena expansión en China, con la capacidad de construir y gestionar hospitales y residencias de ancianos (con la propiedad totalmente extranjera).
  • En el sector de los profesionales, los bufetes de abogados australianos podrán establecer asociaciones comerciales con firmas de abogados chinos en la Zona de Libre Comercio de Shanghai (SFTZ), y podrán asesorar a los clientes en toda China. La SFTZ también estará abierta a empresas australianas que inviertan en determinados servicios del sector de telecomunicaciones, junto con empresas conjuntas en servicios de procesamiento de datos en línea. Este acuerdo abre importantes oportunidades de negocio para la industria de las TIC (sector de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación) de Australia.

Inversiones

– Una de las principales concesiones hechas por China es que todas sus empresas estatales todavía tendrán que someterse a revisión de seguridad nacional antes de invertir en Australia, aunque China consiguió el aumento que querían en el umbral para las revisiones obligatorias de las adquisiciones chinas de empresas del sector privado de Australia: la cifra se elevó a mil millones de dólares americanos.

– También se acordó que la solución de posibles disputas entre el inversor chino y el Estado australiano se llevarían al International Centre for Settlement of Investor Disputes (ICSID), órgano de resolución de desacuerdos del Grupo del Banco Mundial.

Concesiones de Australia a China

Como Australia ya es un mercado bastante abierto, los beneficios para los exportadores de China serán relativamente pequeños. Australia eliminará el resto de las barreras al comercio para los productos agrícolas, aunque en algunos casos particulares con periodos transitorios. Todos los aranceles que recaen en la actualidad en los productos electrónicos de chinos también serán eliminados.

Indicador de coyuntura: Junio 2014

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El Ind-ALdE se ha actualizado para el mes de mayo con los datos publicados hasta abril de ventas, producción industrial y renta, y hasta abril de afiliados. El indicador mensual muestra síntomas de consolidación de la recuperación iniciada hace ya más de un año. Una vez incorporados los nuevos datos, el valor del indicador en mayo es de 4,0 similar al dato que presentó en el mes de abril de 4,1.

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Atendiendo a las tasas de crecimiento interanuales, todos los indicadores individuales que forman parte del Ind-ALDE salvo los afiliados muestran un leve retroceso respecto a los meses anteriores. La producción industrial, las ventas y la renta suben 2,6% y 2.8% y 5,0 en abril, respecto las subidas de 5,1%, 6,9% y 5,1& en marzo, respectivamente. Los afiliados crecieron un 3,6% en mayo frente a la subida de 3,4% en abril.

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Impresoras 3D: La nueva revolución tecnológica?

En los últimos años hemos visto como han ido en aumento las noticias en torno al uso de una nueva forma de crear productos. Se trata de “fabricar” productos utilizando impresoras en tres dimensiones (3D), usando como inputs materiales plásticos y metálicos, entre otros. Como ejemplos de esta proliferación podríamos citar los artículos recientemente aparecidos en The Economist (“The printed world”, 2011; “Print me an Stradivarious”, 2011; “3D printing scales up”, 2013; “Boiprinters: Printing a bit of me”, 2014) y en The New York Times (“3D printers to make things you need or like”, 2013; “Will 3D printers change the world, 2014).

En caso de que el lector se esté preguntado ¿y esto qué es?, comenzaré por explicar en que consiste imprimir en 3D. La técnica de producción utilizada se denomina producción por adición (“additive manufacturing” en inglés) y presenta una serie de ventajas con respecto a técnicas de producción tradicionales, y como no, también algunos inconvenientes. Entre las ventajas cabe citar el uso racional de los materiales con una mínima generación de residuos, dado que el material se va depositando capa a capa hasta completar la fabricación del producto. Ello implica que no hay que cortar material de un bloque sólido y desechar el material sobrante. Además del ahorro en inputs y energía en el proceso de producción también se asocia con una reducción el los costes de inventario, al no ser necesario almacenar productos para servir a los clientes. Con un “clic” se crea una nueva unidad, que no tiene por qué ser exactamente igual a la anterior, sino que puede variar en color, diseño y forma, solo con un par de “clics”. Adicionalmente, dado que en algunos casos el bien se produce completamente por impresión, las cadenas de montaje y ensamblaje pueden perder la importancia que tienen actualmente para producir bienes de consumo. Finalmente, el uso creciente de esta tecnología ha incentivado la investigación en el diseño de productos online y en la experimentación con nuevos materiales híbridos. Si nos atrevemos a ser visionarios, el uso extendido de esta técnica podría eventualmente reducir el transporte de bienes entre continentes y también las emisiones de gases asociadas con los consiguientes beneficios para el medioambiente. Nos moveríamos así desde la globalización hacia la “glo-calización”, siendo solo necesario el transporte de los materiales y no de los bienes finales, para la producción de los cuales sería suficiente enviar por email (o descargar online) el diseño correspondiente.

Entre los inconvenientes asociados a esta técnica de producción que se suelen citar están los tiempos de producción, todavía substanciales, y el elevado coste tanto de las impresoras 3D como de los nuevos materiales que estas impresoras utilizan. Podrían también tener futuras consecuencias negativas para el mercado de trabajo, si se considera que permiten producir más con menos trabajadores. Sin embargo esto podría verse desde el lado positivo si fuese posible reducir las horas de trabajo por trabajador y mejorar las posibilidades de ocio.

La segunda pregunta que nos viene en mente es ¿Y que se puede producir?. Pues bien, las posibilidades se han ido ampliando en pocos años y hoy es posible producir con esta técnica desde audífonos hasta piezas de coches y aviones, pasando por joyas, zapatos, juguetes y prótesis dentales. Entre las empresas que ya la usan podemos destacar Ford (esta empresa ya ha producido más de medio millón de piezas), Nike (fabrica partes de bolsas y zapatillas), Starkey (audífonos que se producen así desde hace 10 años con más de 10 millones de aparatos producidos), Makielab (muñecas) y Hershey´s y Hasbro (chocolate).

También nos podríamos preguntar quienes son los principales países innovadores y exportadores. Claramente no es difícil de adivinar que entre los más innovadores se encuentran Estados Unidos, Alemania, Israel y Reino Unido, mientras que en el ranking de exportadores es Alemania la que ocupa el primer puesto.

Entre las empresas más importantes dedicadas a la producción y venta de 3D se encuentran Stratasis, 3D Systems Corporation y ExOn Co, las cotizan en bolsa (información para ávidos inversores). También existe un fondo dedicado a impresoras 3D denominado 3D Printing Fund LLC.

Con respecto al uso en la industria, cerca del 60 por ciento de las compañías pequeñas y medianas están adoptando de algún modo la tecnología y el 70 por ciento de las grandes las usa en cierta medida. Aplicaciones en la industria aeroespacial son ya comunes. En esta industria las 3D son usadas por General Electric, NASA, Boeing y Airbus, por ejemplo. Airbus imprimió en 2013 mas de 1300 frenos con un ahorro de 44 días en tiempo de entrega y Boeing fue una de las primeras empresas en adoptar la nueva tecnología, con más de 20000 partes ya impresas para 10 tipos diferentes de aviones militares y comerciales (Dreamliner 787 contiene 30 componentes producidos con 3D).

A pesar de la incertidumbre que nos depara el futuro, algunos analistas se han aventurado a predecir lo que pasará dentro de unos años en este campo, amparándose, como no, a una serie de hipótesis. De acuerdo con Wohlers Report (2014), se espera que la industria de la impresión en 3D en todo el mundo crezca de $ 3.07B en ingresos en el 2013 a $ 12.8B en 2018 y supere los $ 21B en ingresos en todo el mundo hacia el año 2020.

Todavía no es posible saber si esta innovación va a poner realmente en juego el proceso de globalización y crecimiento continuo del comercio en bienes y servicios en el que estamos inmersos, ni de si va a llevar al “fin” de las cadenas de producción globales que se han desarrollado en las últimas décadas, como predicen algunos artículos. Para ello habrá que esperar.

Responsabilidad versus alarma

Dado que los resultados del 24 M no constituyen sino la crónica de un cambio anunciado, ahora el alarmismo está de más. Las alarmas, de ser necesarias, deberían haber saltado antes, incluso mucho antes, pues el cambio profundo que las urnas han expresado se ha cocido a fuego lento; al persistente calor suministrado por la erosión de las clases medias y la creciente desigualdad durante largos años de crisis, por la carencia de iniciativas de los partidos hegemónicos para impulsar una regeneración creíble de la democracia y por la ausencia —o el desprecio— de cualquier asomo de pedagogía social a la hora de hacer entender a la ciudadanía los costes de sanear una situación económica comatosa. Ha habido mucho tiempo, en efecto, para alertar del impacto que todo ello acabaría teniendo en el escenario político habitual en las últimas tres décadas. Lo que conviene en este momento es llamar la atención sobre las oportunidades que abre.

Tres, al menos, son discernibles. Primera: los resultados electorales abren el juego político competitivo, con un doble beneficio: por una parte, incorpora a la política institucional movimientos o plataformas sociales que se movían únicamente en el terreno de la protesta; por otra, promueve movimientos adaptativos a las nuevas circunstancias en los viejos partidos (“o cambiamos o nos cambian”, esa es para ellos ahora la cuestión hamletiana). Segunda: la cultura de pactos y de cooperación política pasa a ser asignatura obligatoria, que no meramente optativa, con todas las ventajas —si prevalece la altura de miras— que ello supone, pues el pacto es el medio mejor para la solución de la mayoría de los problemas políticos y sociales en democracia, y más en sociedades plurales y complejas como es la española hoy. La cultura del compromiso, de la negociación para buscar puntos de encuentro al servicio de intereses generales. Si tal actitud y tal aptitud las tuvieran unos y otros actores políticos, los veteranos y los recién llegados, entonces el nuevo mapa, aunque más compartimentado —o fragmentado—, habría que contemplarlo no como amenaza sino como oportunidad de construir una democracia más vigorosa. No se olvide que ineficacia o corrupción es lo que más mina la credibilidad del sistema y lo deslegitima. ¿Alguien lo duda a estas alturas? Precisamente ello conduce a la tercera oportunidad que crea el nuevo contexto: la necesidad de acuerdos de gobernabilidad entre diversos partidos facilitará mayor transparencia, mayor disciplina y exigencia frente a la corrupción, mejor control de la gestión, una prioridad indiscutible en las circunstancias actuales.

No son, pues, vaticinios agoreros lo que se necesita en esta hora. Sí, en cambio —y así se ha pronunciado el Círculo Cívico de Opinión—, apelar a la responsabilidad de quienes gobiernen para hacer realidad lo que desea la sociedad española: superar la crisis en todas sus dimensiones, dando por hecho que los servicios públicos van a continuar funcionando como corresponde a un país desarrollado y que no asistiremos a una parálisis provocada por conflictos institucionales; que se va a combatir enérgicamente la corrupción y la apropiación de las instituciones por los partidos; que se buscará solución a los conflictos territoriales, y que no se abandonará la dirección adecuada para la recuperación económica, porque el empleo de calidad lo crean las políticas apropiadas, no el voluntarismo.

Tendencia a largo plazo de la tasa de actividad de los EE.UU., 1948-2015

La tasa de participación de la fuerza laboral (o tasa de actividad en las estadísticas españolas) es el porcentaje de la población estadounidense de 16 años o más que trabaja o que busca trabajo (se excluye los menores de 16 años, el personal militar y los individuos sin libertad en prisiones y en otras instituciones).

La dinámica reciente de la tasa de participación de la fuerza laboral en EE.UU. es uno de los principales problemas a los que se enfrenta en la actualidad la economía americana, ya que el crecimiento de esta variable es uno de los factores determinantes del crecimiento económico a largo plazo.

El crecimiento económico a largo plazo puede ser aproximado por la evolución de la renta per cápita, macromagnitud que depende de la evolución de tres factores (los dos primeros económicos y el último demográfico):

PIB/población total = (PIB/población ocupada) x (población ocupada/población activa) x (población activa/población total)

o equivalentemente [1]:

renta per per cápita = productividad aparente del trabajo x tasa de ocupación x tasa de participación de la fuerza laboral

En dos gráficos adjuntos se presenta la evolución de la tasa de participación de la fuerza laboral en EE.UU. en el periodo 1948-2015 (último dato abril) y su evolución desde el inicio de la Gran Recesión de 2008 hasta la actualidad.

Durante la “época de oro”, de 1960 a 1990, la tasa de participación de la fuerza laboral aumento constantemente, pasando del 59,7% al 66,4%. Ese aumento espectacular fue consecuencia de la llegada a la edad adulta del “baby boom” de la posguerra (II Guerra Mundial) y el importante crecimiento de la fuerza laboral femenina.

En la década 1990-2000, la tasa de participación de la fuerza laboral fue creciendo pero a un ritmo muy lento, alcanzando su máximo histórico en el año 2000, con un 67%. Esto fue consecuencia de la llegada a la jubilación de la generación de la posguerra y la caída de las tasas de participación de la fuerza laboral femenina.

Desde el año 2000 hasta la actualidad, incluyendo por tanto el periodo de la Gran Recesión iniciado a finales de 2007, la tasa de participación de la fuerza laboral inició una senda descendente hasta situarse en abril de 2015 en el 62,8%, el dato más bajo desde 1978.

¿Qué parte de esta disminución de la tasa de participación de la fuerza laboral en EE.UU. se debe a causas estructurales y a causas cíclicas?

En un reciente estudio del FMI [1] se muestra que los cambios estructurales, fundamentalmente el envejecimiento de la población, han provocado casi el 50% del descenso de la tasa de participación de la fuerza laboral después de 2007, mientras que los factores cíclicos (oferta de empleos y la dinámica de los salarios) representan entre un 30-40% del descenso.

El resto del descenso de la tasa de participación desde finales de 2007 es consecuencia de la caída de la participación de la fuerza laboral de la población joven (por  la disminución  del número de estudiantes que trabajan además de estudiar) y por el aumento de las solicitudes del seguro de discapacidad de la población de más de 50 años.

El estudio es pesimista respecto a la posibilidad de revertir el descenso de la tasa de participación de la fuerza laboral desde finales de 2007. Sólo un tercio de los 3,8 puntos porcentuales podría ser reversible mientas que el otro tercio seguirá condicionado por las tendencias demográficas.

Aunque no es posible revertir los factores demográficos si que se podrían anular los factores cíclicos mediante una combinación de las siguientes políticas:

  • Políticas macroeconómicas que impulsen el crecimiento económico, propicien la fortaleza del mercado laboral, la recuperación de los salarios y que la población vuelva nuevamente a la fuerza laboral (población activa).
  • La mejora de los programas de formación y de búsqueda de empleo.
  • La mejora de los programas de beneficios familiares para el cuidado de los hijos, para ayudar al aumento de las tasas de participación de la fuerza laboral femenina.
  • Una reforma de las leyes de inmigración que de oportunidades a inmigrantes altamente cualificados para reforzar a la parte de la fuerza laboral más envejecida.

En síntesis, el problema a largo plazo del crecimiento a largo plazo de la renta per cápita de la economía americana no es sólo dar un mayor impulso al crecimiento de la productividad del trabajo y de la tasa de ocupación (factores económicos), sino también revertir la tendencia a la baja de la tasa de participación de la fuerza laboral (factor demográfico).

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[1] IMF (2014): “Recent US Labor Force Participation Dynamics: Reversible or Not?”, United States. Selected Issues.

Responsabilidad versus alarma

Dado que los resultados del 24 M no constituyen sino la crónica de un cambio anunciado, ahora el alarmismo está de más. Las alarmas, de ser necesarias, deberían haber saltado antes, incluso mucho antes, pues el cambio profundo que las urnas han expresado se ha cocido a fuego lento; al persistente calor suministrado por la erosión de las clases medias y la creciente desigualdad durante largos años de crisis, por la carencia de iniciativas de los partidos hegemónicos para impulsar una regeneración creíble de la democracia y por la ausencia —o el desprecio— de cualquier asomo de pedagogía social a la hora de hacer entender a la ciudadanía los costes de sanear una situación económica comatosa. Ha habido mucho tiempo, en efecto, para alertar del impacto que todo ello acabaría teniendo en el escenario político habitual en las últimas tres décadas. Lo que conviene en este momento es llamar la atención sobre las oportunidades que abre.

Tres, al menos, son discernibles. Primera: los resultados electorales abren el juego político competitivo, con un doble beneficio: por una parte, incorpora a la política institucional movimientos o plataformas sociales que se movían únicamente en el terreno de la protesta; por otra, promueve movimientos adaptativos a las nuevas circunstancias en los viejos partidos (“o cambiamos o nos cambian”, esa es para ellos ahora la cuestión hamletiana). Segunda: la cultura de pactos y de cooperación política pasa a ser asignatura obligatoria, que no meramente optativa, con todas las ventajas —si prevalece la altura de miras— que ello supone, pues el pacto es el medio mejor para la solución de la mayoría de los problemas políticos y sociales en democracia, y más en sociedades plurales y complejas como es la española hoy. La cultura del compromiso, de la negociación para buscar puntos de encuentro al servicio de intereses generales. Si tal actitud y tal aptitud las tuvieran unos y otros actores políticos, los veteranos y los recién llegados, entonces el nuevo mapa, aunque más compartimentado —o fragmentado—, habría que contemplarlo no como amenaza sino como oportunidad de construir una democracia más vigorosa. No se olvide que ineficacia o corrupción es lo que más mina la credibilidad del sistema y lo deslegitima. ¿Alguien lo duda a estas alturas? Precisamente ello conduce a la tercera oportunidad que crea el nuevo contexto: la necesidad de acuerdos de gobernabilidad entre diversos partidos facilitará mayor transparencia, mayor disciplina y exigencia frente a la corrupción, mejor control de la gestión, una prioridad indiscutible en las circunstancias actuales.

No son, pues, vaticinios agoreros lo que se necesita en esta hora. Sí, en cambio —y así se ha pronunciado el Círculo Cívico de Opinión—, apelar a la responsabilidad de quienes gobiernen para hacer realidad lo que desea la sociedad española: superar la crisis en todas sus dimensiones, dando por hecho que los servicios públicos van a continuar funcionando como corresponde a un país desarrollado y que no asistiremos a una parálisis provocada por conflictos institucionales; que se va a combatir enérgicamente la corrupción y la apropiación de las instituciones por los partidos; que se buscará solución a los conflictos territoriales, y que no se abandonará la dirección adecuada para la recuperación económica, porque el empleo de calidad lo crean las políticas apropiadas, no el voluntarismo.

El efecto económico a largo plazo de las misiones jesuitas

Seguro que al leer el título de este post muchos lectores habrán recordado la película La Misión, en la que Jeremy Irons, encarnando a un jesuita, establece una misión en una región habitada por los guaraníes. Me imagino que muchos de los lectores también recordarán a Robert de Niro, que en penitencia por haber matado a su hermano, escala descalzo una montaña arrastrando con él todas sus armas.

Hay una muy extensa literatura sobre las misiones de los jesuitas en la región guaraní, actualmente dividida en tres países (Argentina, Brasil y Paraguay). Sin embargo, no ha habido hasta la fecha ningún estudio que haya analizado cuál ha sido el efecto económico a largo plazo de estas misiones. Gracias al magnífico trabajo de Felipe Valencia Caicedo, de la Universidad Pompeu Fabra, ya tenemos evidencia sobre esta cuestión. El estudio compara el nivel de educativo y la renta de las personas que viven en la actualidad cerca del lugar en que se ubicaban las misiones jesuitas con la educación y la renta de las personas que viven más lejos del lugar en que se ubicaban las misiones. El profesor muestra que el nivel educativo y el ingreso de las personas que viven cerca de donde se ubicaban las misiones son más elevados. Asimismo, a partir de encuestas realizadas entre la población, el profesor concluye que las personas que viven cerca de donde se ubicaban las misiones tienen habilidades no-cognitivas más elevadas y un mayor grado de altruismo.

¿Qué relación puede existir entre unas misiones que se establecieron a partir de 1609, y que fueron disueltas con la expulsión de los jesuitas de Latinoamérica en 1767, y la educación y la renta en la actualidad? La respuesta tiene dos partes. La primera es la importancia que dieron los jesuitas a la educación y al aprendizaje de diferentes oficios en sus misiones. En las misiones se enseñaba a los niños, y a las niñas, a leer y escribir, y a realizar operaciones aritméticas básicas. Asimismo, se enseñaba a los adultos oficios como la albañilería, la carpintería y el bordado. Para contrastar la validez de este argumento el profesor Valencia Caicedo compara las misiones jesuitas con las misiones franciscanas, que ponían un menor acento en la educación. A diferencia de las misiones jesuitas, el estudio no encuentra ninguna relación entre la cercanía a las misiones franciscanas y un mayor nivel educativo y de renta. La segunda parte de la respuesta tiene que ver con el mecanismo que hace que persista el efecto de las misiones jesuitas tras más de 300 años desde su desaparición. El primer mecanismo es mediante el desempeño de oficios, como los señalados anteriormente, que generan una mayor renta que la actividad agrícola. En la medida en que los oficios se transmitan de padres a hijos, se produce un mecanismo para perpetuar el efecto positivo. El segundo mecanismo es la cultura. Si los padres transmiten a sus hijos valores como la importancia de acudir a una biblioteca, o de escribir un diario, se generan mecanismos que perpetúan el efecto positivo de la lectura o la escritura.

Las misiones jesuitas no son el único caso en el que observamos el efecto a largo plazo de un acontecimiento histórico. Por ejemplo, hace un par de años, expliqué en esta entrada el efecto negativo que había tenido la esclavitud sobre la confianza en las regiones africanas y el efecto que esa menor confianza tiene sobre el nivel de renta en la actualidad. Afortunadamente, en esta ocasión el efecto a largo plazo ha sido positivo.

¡Qué roben otros!

En cuanto la interpretación de los resultados electorales del paso domingo caben dos interpretaciones no necesariamente excluyentes. La primera sería el grito profundamente Ortegiano “¡Qué roben otros!” Es decir una sustitución de un partido y unos dirigentes marcados por la corrupción por otros partidos con personas en principio honestas (o que no han estado en posición de poder corromperse). La segunda interpretación sería un cambio en las preferencias de la población sobre la política económica y en particular el gasto público a nivel local y autonómico.

Sin desmerecer el factor Ortegiano, la segunda explicación tiene unas implicaciones más profundas en las políticas que implementen nuestros dirigentes a partir de ahora. La más evidente es que la austeridad simplemente no funciona. No es que los modelos macro de reacción fiscal se equivoquen (que también podría ser) ni por el acierto de las políticas Keynesianas de expansión del gasto público.

La austeridad no funciona porque la propensión marginal al suicidio político tiende a cero. Puede que las medidas de adelgazamiento de a deuda, reducción del gasto público, racionalización del sector público, devaluación interna y reducción de salarios para aumentar la competitividad, apertura comercial etc. sean justo lo que necesite nuestra economía en estos momentos. Pero atendiendo a los resultados electorales, ningún político tiene incentivos para continuar con este tipo de políticas, ya que los votantes han premiado a los partidos con políticas opuestas a las ortodoxas. Es decir, era previsible que los votantes se hartaran de esperar pacientemente recorte tras recorte a que se ajuste la economía en periodo indeterminado.

Tal como lo explicaba Keynes en The Economic Consequences of Mr. Churchill (1925):

The working classes cannot be expected to understand (..) Those who are attacked first are faced with a depression of their standard of life, because the cost of living will not fall until all the others have been successfully attacked too; and, therefore, they are justified in defending themselves. Nor can the classes which are first subjected to a reduction of money wages be guaranteed that this will be compensated later by a corresponding fall in the cost of living, and will not accrue to the benefit of some other class. Therefore they are bound to resist so long as they can; and it must be war, until those who are economically weakest are beaten to the ground”.

¿Qué alternativas hay para compatibilizar las preferencias de los votantes a corto plazo con un modelo de crecimiento a largo plazo? La primera es la Marxista: “Estos son mis modelos, si no le gustan, tengo otros”. La segunda es la Ortegiana: “¡Qué recorten otros!” La tercera es confiar que entre los miles de papers que producen las mentes económicas más brillantes haya al menos uno que encuentre la solución.

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